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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2009.

SOBRARBE, LABUERDA Y URDICETO

Llevaba un mes sin viajar a Sobrarbe y tenía unas ganas enormes. Ya lo he dicho muchas veces, pero lo repetiré: Sobrarbe es el territorio de mi infancia y, eso, ni se elige ni se cambia. A pesar de que la movilidad geográfica, cuando yo era pequeño, era también pequeña, en el Instituto de L´Aínsa estudiaba con compañeros y compañeras de muchos pueblos de la comarca: de Lafortunada, de Escalona, de Boltaña, de La Fueva, de L´Aínsa, de Bestué, de Santa María de Buil, de Guaso, de Banastón, de El Pueyo de Araguás, de Puyarruego… y esa mezcla de gentes de un territorio (entonces sin la conciencia comarcal que se tiene hoy día) tan dispar, nos enriqueció a todos y contribuyó a crear lazos afectivos que todavía perduran hoy día.

 Y dentro de Sobrarbe, el trocito de comarca con el que más me identifico es, naturalmente, Labuerda. El pueblo de nacimiento, donde viví la infancia y a donde vuelvo siempre que puedo. Es un territorio emocional: los primeros recuerdos, unidos a mis padres y hermanos, a la casa familiar, incluso a las instalaciones anejas: las cuadras, los corrales, los pajares, los graneros… estancias de juegos pero también de las primeras actividades que te acercaban la noción de trabajo. La vida de un niño de pueblo que convivía con otros de diversas edades (en aquel tiempo de descubrimiento de las relaciones y de los conflictos). Todos los críos y crías éramos a la vez amigos y enemigos, dependía del día y del conflicto que nunca duraba más de un rato (como ahora, menos cuando intervienen los adultos agravando las situaciones siempre). Murió mi padre, pero todavía resiste mi madre para avivar la memoria y recordarte de donde venimos, de qué familia somos…

El sábado pasado, después de comer con ella y hacer una ligera sobremesa, partimos con Mercè remontando el valle del Cinca. La primera idea era subir hasta Escuaín a ver si cogíamos algunas setas, pero en el último momento, cambiamos de idea y continuamos viaje hasta más arriba de Parzán, para adentrarnos en el valle de Urdiceto. Una vez te desvías de la carretera que te conduciría a Francia (a 12 kilómetros de la frontera), tomas una pista de 11 kilómetros que te lleva al ibón de Urdiceto (http://www.geocities.com/Colosseum/field/3844/rutas9.htm); un lago represado, situado por encima de los 2.300 metros de altitud. La pista, en ocasiones, está poco transitable, ya que el desnivel que soporta es grande y en época de tormentas, se hacen canaluzos que la convierten en impracticable. Ya tuvimos que darnos la vuelta en una ocasión anterior. Esta vez, parece que han pasado máquinas recientemente para alisarla un poco y hacerla más llevadera. A pesar de eso, hay tramos que se hacen complicados y acaba uno golpeado y casi magullado de tanto movimiento y Mercè con los brazos doloridos de los golpes del volante.

 Hacemos una primera parada en un lugar que nos parece propicio para que haya setas, pero aunque damos unas vueltas mirando por debajo de los bojes y de los pinos y abetos, no encontramos nada. Aprovecho para hacer las primeras fotos de algunas setas no comestibles y de algunos paisajes. Volvemos al coche y seguimos subiendo. En la segunda parada tenemos suerte y encontramos ya una buena cantidad de robellones. Algunos especialmente bonitos: turgentes, de color brillante y muy sanos; otros también con gusanos en su interior o medio secos, de “floraciones” antiguas, que dejamos en el mismo lugar.

La tarde es espectacular, como los paisajes que nos rodean, embellecidos por los reflejos del sol que hacen brillar el agua o la hierba, o los innumerables líquenes que tapizan artísticamente todas las piedras. Además, el calorcillo del sol alivia el fresco de las zonas sombrías y el cielo está nítido y convierte los horizontes (aquí hay que mirar continuamente para arriba) en espacios bien visibles por la ausencia total de esa neblinas incómodas que estropean los paisajes de fondo.

 Cambiamos de ubicación y seguimos cogiendo robellones e imaginando que esa noche cenaremos un trozo de generosa naturaleza.

Convenzo a Mercè para seguir hasta el lago, ya que estamos a mitad de camino. La ascensión sigue siendo trabajosa y el movimiento de nuestros cuerpos dentro del coche, cada vez que cogemos una piedra, salvamos un desnivel, etc, continuo. Al final parece que llegamos, pero no llegamos, una curva más, otra que viene a continuación… Por fin arribamos a lo más alto. Encontramos cuatro coches aparcados al lado de la caseta refugio, de nueva construcción, pero nadie en el interior de los coches ni del refugio (como digo, nuevo y bien acondicionado para poder pernoctar allí, hacer de comer… siempre que te hayas acordado de subir leña, porque a esa altitud no hay árboles ni restos.leñosos de ningún tipo). El sol alumbra con fuerza desde lo alto y en esa posición echa por tierra mis intenciones de hacer fotografías en condiciones, pues sus reflejos queman las fotografías y se cuelan de manera imprevisible. Hago fotos parciales del lago y de las montañas circundantes. De una de ellas, vemos y escuchamos descender una pequeña cordada de unas diez personas que habrán ido de travesía, pero que ya regresan porque la tarde ya está avanzada. Hacemos algunas fotos más e iniciamos el regreso. La bajada es igual de complicada o más (pasa lo mismo cuando subes y bajas andando zonas de mucho desnivel; la bajada suele ser más dificultosa que la subida). Hay que frenar continuamente y conducir con tacto, para evitar que los traqueteos se multipliquen y lleguemos magullados.

 

Paramos un par de veces bajando y seguimos cogiendo setas. Ya hace rato que llenamos la cesta y ahora las vamos colocando en la parte trasera del coche, sueltas. El botín ha sido interesante y regresamos contentos de nuestra suerte. Aún paramos en Escalona para aprovisionarnos de carne de la comarca y ya en casa, ante el regocijo de mi madre que no come nunca pero que se alegra de la cosecha, limpiamos una buena ración y las guisamos para la cena.

 Ya en casa, ocupo parte del tiempo en buscar materiales de mis tiempos de estudiante de magisterio. Mi amigo Enrique S. quiere hacer un trabajo con algunas personas del Plan del 67 (un plan de formación que duró solamente 4 ó 5 años, pero que tenía buena pinta). Recupero alguna libretita donde apuntaba desde chistes (¡qué malo he sido siempre para contar chistes!) a películas que veía, alineaciones de equipos de fútbol, etc. Recupero revistas de los primeros años setenta: Dos ejemplares de la Gaceta Ilustrada, con páginas especiales dedicadas Los Beatles y a Los Rolling Stones; recortes de periódicos con los triunfos de Luis Ocaña; algún reportaje del legendario “7 Fechas”; un ejemplar de la revista Triunfo con Miguel Hernández en portada, etc. Recupero algunos cuadernos, algunos libros de texto y miro los subrayados y las notas copiadas directamente en los libros; libros de lectura de la colección Rotativa de Plaza y Janés (Vuelo nocturno, El mono desnudo, El desafío americano…); tebeos del Llanero Solitario y otros. Recupero la Memoria que tuvimos que hacer al finalizar la carrera (en mi caso en junio de 1974), fotos de viajes y salidas y algunos materiales del primer curso que trabajé en Boltaña (74-75). Cuando subo a Labuerda siempre paso algunas horas en el salón-cuarto de trabajo, rodeado de muchas cosas que tiene para mí un especial significado…

 

El domingo por la mañana bajamos a L´Aínsa comprar un ejemplar del Diario del Altoaragón. Se publica una página entera dedicada a  la revista EL GURRIÓN (http://www.elgurrion.com), en la que se cuenta su historia y el largo viaje de 29 años hasta la actualidad, con 116 números publicados. Es una serie de textos sobre las distintas asociaciones de Sobrarbe y la periodista que va a escribir sobre ellas –Inma Casanovas- decidió empezar por ésta, lo cual es muy de agradecer. Quien esté interesado, puede leer el texto en el siguiente link (http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=1&Id=593400). Un paseo por la orilla del Cinca en Labuerda, antes de comer, también es una idea activadora de todos los sentidos y eso que el río no baja en plenitud, pues hace días que no llueve y los “puertos” están sin una gota de nieve. Encontramos a dos personas que vienen de coger setas en abundancia; éstas son setas de chopo, encontradas en los tocones de estos árboles que se cortaron hace un par de años. Cuando pasamos por allí, todavía podríamos haber cogido un buen montón, pero no llevábamos recipiente alguno y aunque barajamos la posibilidad de regresar a por ellas, la pereza puede más y las dejamos para otros.

Por la tarde, tras la comida familiar, viaje de regreso a Fraga, con las pilas cargadas y una buena bolsa de robellones para seguir disfrutándolos.

 

P.D. Y en estas, que se muere Mercedes Sosa, “La Negra”, una mujer con una voz potente y comprometida. Escuchar “Alfonsina y el mar” o “Canción para mi América”, “Gracias a la vida”, “Sólo le pido a Dios”… es un momento emotivo e intenso. Todos los periódicos de ayer hablan de su muerte. En El País, José Antonio Labordeta escribe una minúscula columna y dice: “Un día tuve el honor de cantar junto a ella para denunciar la brutalidad de la dictadura argentina”.  La brutalidad de todas las dictaduras que en el mundo son y han sido y que segaron la vida y el futuro de millones de personas. Sus canciones la devolverán momentáneamente a la vida.

06/10/2009 20:55 gurrion #. sin tema Hay 6 comentarios.

EL PAÍS VASCO (I): BILBAO Y PARTE DE VIZCAYA

Hay geografías que uno no acaba de conocer nunca porque la vida y el azar lo transportan hasta allí siempre fugazmente… Durante varios años, el regreso del Viaje de fin de Primaria desde Cantabria tenía como penúltima parada Bilbao. La intención, desde que se abrió el museo, era visitar el Guggenheim con los chicos y chicas. La parada duraba lo que nos costaba dar una vuelta por el exterior y visitar los interiores del complejo y muy atractivo edificio. Finalizada la visita, vuelta al autocar y salida de la ciudad por el mismo lugar que habíamos entrado.

 

Estos días de octubre, coincidiendo con las fiestas del Pilar, hemos viajado con Mercè hasta el País Vasco, con intención de conocerlo un poco mejor. Conocerlo bien supondrá regresar hasta allí unas cuantas veces más, pero eso ya es hablar del incierto futuro.

Llegamos a Bilbao el sábado día 10 de octubre a primera hora de la tarde. El viaje desde Fraga, por autopista, cuesta menos de cuatro horas, aunque tomándolo con calma y parando un par de veces se alargue hasta las cuatro y media, aproximadamente. Una vez instalados en el hotel, salimos a caminar y recorrer el casco viejo de la ciudad: Ayuntamiento, Iglesia de San Nicolás, Teatro Arriaga, Mercado de la Ribera, Plaza Nueva y calles aledañas, para empezar. Sorprende la Plaza Nueva llena de elevados soportales y arcos espectaculares que cierran un gran recinto rectangular, lleno de bares y terrazas, donde poder comer excelentes pinchos y donde tomar unos cafés con leche, llenos de espuma cremosa. Al día siguiente comprobaríamos que los domingos por la mañana, los soportales de dicha plaza se llenan de puesto de mercadillo donde comprar libros viejos, plantas, minerales y fósiles, recuerdos de todo tipo…

 

Las calles del casco viejo son bastante espaciosas y hay una animada afluencia de público que callejea o se sienta en las terrazas de los bares, al aire libre, aunque esté goteando o lloviznando ese tozudo chirimiri que, poco a poco, va calando en la ropa.

Cuando salimos de esa zona, nos dirigimos a los alrededores del Guggenheim y allí comienzo mi festival fotográfico. Exteriormente, el museo es ya una grandiosa obra de arte y desde cada ángulo puedes percibir una nueva forma, un nuevo reflejo. Como la tarde está por lloviznar y parar y medio salir el sol, la luz va cambiando y la visión también. Toda la ría se ha vuelto peatonal y se aprecia una transformación que la ha devuelto a la ciudad, convirtiendo lo que, sin duda eran recintos industriales o portuarios, en un espacio ciudadano por el que pasa gente incesantemente, la atraviesa por puentes de nueva factura y puede contemplar el esplendor de los viejos edificios pero también el de las nuevas construcciones, en las que el vidrio gana la partida.

 

Una de casualidades, de las que tanto me gustan. Ese sábado compramos El País en Fraga, pero no lo leímos hasta el anochecer, antes de salir a cenar, tras un descanso en el hotel. En el suplemento Babelia, descubrimos que en las páginas 16 y 17, se le hace una entrevista precisamente a Frank O. Gehry, el arquitecto autor del Guggenheim de Bilbao. No deja de ser curioso que, en el mismo día, coincida esa entrevista en el número 933 de dicho suplemento y nuestra llegada a la ciudad. Es probable –casi seguro- que en algún otro número o en varios del suplemento hayan hablado también de Gehry, pero sonreímos por la coincidencia. Al día siguiente, domingo día 11, volveremos a sorprendernos porque en El País Semanal, aparecen cuatro páginas con este título: “La mujer que enseñó arte a Guggenheim”, un reportaje en el que se explica la relación de Hilla von Rebay con Solomon R. Guggenheim que desembocó en la creación y apertura del Museo Guggenheim de Nueva York, (en 1937), aunque posteriormente, en 1959, se abrió en su definitiva ubicación con el edificio obra del arquitecto Frank Lloyd Wright. Y ahí quedó la cosa.

 

El domingo por la mañana, el viaje terminó en la localidad de Plentzia. Lluvia intermitente mientras recorrimos sus callejas, situadas como gradas escalando el promontorio en el que sobresale la torre de la iglesia con funciones de campanario y torre vigía sobre la ría. En el escudo que hay en la fachada de la casa Torre Barri se encuentra, según dicen los papeles, uno de los epígrafes más antiguos documentados en euskera: “Muxica arerioacaz aginca, Butroe celangoa da oroc daquie garaia nago eria gordeazo”. La leyenda está traducida en varios sitios, así que te la dejo como un ejercicio de búsqueda documental para lograr descifrarla. Bonito el museo dedicado a las actividades pesqueras y a los viajes marinos a tierras americanas de esta villa volcada al mar. Situadas ahora en un pequeño parque se encuentran algunas piedras de molino: molino de marea de Gazteluondo, que funcionó en la margen derecha de la ría hasta 1960. Al verlas no pude evitar acercarme y fotografiarlas, como homenaje al esfuerzo de mis amigos belgas Luc y Anny que han escrito un precioso artículo para el próximo “gurrión” y que viajaron hasta Epernon (cerca de París) para recabar información y realizar algunas fotos sobre la fabricación en esa localidad francesa de piedras de molino que llegaban hasta el Sobrarbe. En el regreso hacia Bilbao nos acercamos a unos preciosos acantilados, en las cercanías de Sopelana, y a un parque-paseo que permitía una bonita vista de la villa de Getxo.

 

Ya de vuelta, Bilbao nos recibió con un tiempo inestable; subimos en ascensor hasta una zona alta de la ciudad desde la que pudimos contemplarla con un nuevo ángulo de mira. Allí, curiosamente, una ciudadana a quien preguntamos por el santuario de Begoña, nos animó encarecidamente a que bajáramos de nuevo a la zona de la ría para volver a subir en romería hasta la ermita (junto con toda la gente que empezaría la ascensión hacia las siete de la tarde) puesto que ese día era precisamente Nuestra Señora de Begoña, “…y por eso van las niñas vestidas así”, nos dijo, señalando a sus hijas pequeñas balanceándose en un columpio. Agradecimos el consejo pero lo dejamos correr. No habíamos venido a Bilbao para ir de romería y mucho menos para bajar desde donde estábamos y volver a subir andando y continuar hasta lo alto del monte. No obstante, la propuesta fue divertida…Tomamos varias fotografías y descendimos caminando para salir casi delante de la Universidad de Deusto.

 

La primera vez que escuché ese nombre fue de labios de mi padre. Estuvo allí tres meses confinado cuando aquello cambió de centro universitario a campo de concentración, en la pasada Guerra Civil. Allí vivió experiencias agridulces. Las primeras, relacionadas con el régimen disciplinario interno, el hacinamiento, la escasez de alimentos, el mercado negro y, en general, con el estado del prisionero que no sabe ni por qué ni hasta cuándo. En el número 91 de la revista El Gurrión (correspondiente a mayo de 2003), páginas 22 y 23, escribí un artículo titulado “Mi padre estuvo en la Universidad” en el que contaba algunos de sus recuerdos de ese tiempo y de esa experiencia. Decía que los recuerdos eran agridulces: el único recuerdo dulce era la presencia, cada dos o tres días, de la mujer de un teniente que le traía, sobre todo, alimentos recién cocinados: “un pan redondo abierto y lleno de sardinas rebozadas o carne empanada o costillas rebozadas…” Cuando lo recordaba aún le parecía mentira que aquello hubiese sido verdad; alimentos que compartía inmediatamente con los “amigos” que el azar colocó a su lado. La casualidad hizo que el teniente que había almorzado muchos días en nuestra casa de Labuerda viviese en Bilbao y que mi padre fuese a parar allí. Cuando se enteró, se puso en contacto con su esposa y le rogó que fuera a visitar a mi padre y le llevase todo lo que le hiciese falta.  El teniente servía en el bando nacional y mi padre estaba preso por servir en el republicano. La humanidad en aquel tiempo ya no sabía de colores ni banderas (en algunos casos). Lamenté interiormente, delante de la fachada del noble edificio, que mi padre no pudiera nunca más viajar a Bilbao y pasearse por delante de aquella Universidad en la que estuvo un tiempo sin pagar la correspondiente matrícula, pero pagando un peaje inolvidable.

 

El paseo, ría abajo y ría arriba, del resto de la tarde nos desveló definitivamente lo que la ciudad ha recuperado, muy probablemente, a la sombra impulsora de ese gran centro de la cultura que es un Museo Guggenheim: los puentes del Ayuntamiento, de Zubi Zuri, de la Salve, de Deusto, de Euskalduna permiten pasar de un lado a otro de la ría con facilidad; otros edificios como el controvertido (por su imagen externa) Palacio de Congresos y de la Música, el Museo Marítimo, el Palacio Euskalduna, la futura sede de Iberdrola, el extenso parque que se sitúa delante del museo y los paseos y las zonas peatonales que permiten caminar horas y horas.

 

El día 12 partimos con lluvia de la capital de Vizcaya y nos dirigimos hacia Gernika-Lumo (camino de San Sebastián). Queríamos visitar esta ciudad (que imaginábamos más pequeña) y que tanto simbolismo acumula, tras el bombardeo que sufrió por parte de la aviación alemana en la pasada Guerra Civil. Mientras estuvimos en sus calles, no cesó ni un momento la lluvia. Aparcamos cerca del mercado que cada lunes se llena de productos hortícolas y artesanales y que atrae a una gran cantidad de gente: frutas, verduras, ristras de pimientos rojos para secar, setas, planta de lechuga, de coles, etc., alubias de distintas formas y colores, quesos, flores, herramientas… La lista es realmente interminable. El euskera se escucha por todas partes, como lengua de comunicación. Compramos un kilo de las afamadas judías de Gernika y un queso. De allí fuimos a la Casa de Juntas. Visitamos la Sala de Juntas, donde se celebran algunas reuniones políticas y donde se produce el juramento del Lehendakari. Siguió lloviendo. Nos hicimos fotos en el exterior, junto al tronco del roble cuyo ciclo de vida finalizó en 2004 y fue sustituido por el actual, plantado en 2005, con 19 años de edad. Recogí algunas bellotas del suelo que tenían buena pinta y salimos de ese entorno simbólico e histórico para dirigirnos a visitar las esculturas de Eduardo Chillida y Henry Moore, situadas en el Parque de los Pueblos de Europa y posteriormente hacer una fotografía del Guernica de Picasso, reproducido en cerámica, a tamaño natural. También fotografié el bonito rótulo de las “Escuelas Públicas” de la ciudad, esculpido en las fachadas de dos grandes edificios que se miran de frente; lo hice con gusto porque, incomprensiblemente, los responsables políticos de cargaron hace tiempo esa denominación de escuela o de colegio público, sustituyéndola por esas inefables siglas que no quiero ni reproducir. El tiempo inclemente nos disuadió de otras visitas y volvimos al coche para continuar nuestro viaje hacia la capital de otra de las provincias vascas… Pero eso tendrá que ser contado en otra ocasión.

 

P.D.: José Saramago está en Italia y afirma que no hay diferencia entre la escritura de un blog y la literatura. Su último libro “El cuaderno”, es un repaso literario de la actualidad mundial escrito a lo largo de un año y medio en su blog (http://cuaderno.josesaramago.org). Y como esto es un blog también, pues me alegro mucho.

 

 

15/10/2009 20:53 gurrion #. sin tema Hay 9 comentarios.

EL PAÍS VASCO (y II): SAN SEBASTIÁN

 El día 12 de octubre, a primera hora de la tarde, llegamos a San Sebastián. Habíamos estado unas horas en la ciudad hacía seis años. Entonces, subimos directamente desde Pamplona y nos encontramos que estaba celebrándose el conocido Festival de Cine. Una de las atracciones de aquel año, sin que nosotros lo supiéramos, era la presencia en la capital donostiarra de Kevin Costner. En las pocas horas que estuvimos en la ciudad “nos lo encontramos dos veces”: una a la entrada de su hotel, el hotel Londres (los empleados del hotel María Cristina estaban de paro laboral), literalmente tomado por una buena cantidad de gente que iba en aumento a medida que se corría el rumor o la noticia de que el actor estaba al llegar. Horas más tarde, mientras paseábamos por la zona trasera del Kursaal (los dos cubos traslúcidos creados por el arquitecto Rafael Moneo), volvimos a verlo cuando salía de la rueda de prensa que había dado en el interior. Igual que la primera vez, firmó algunos autógrafos y saludó –sombreo en mano- al respetable. Guardo algunas fotos del “acontecimiento”.

 

Esta vez, llegamos a la ciudad días después de haber finalizado el afamado festival anual de cine. Nada más entrar en Donostia, cruzamos el río Urumea y “el coche nos llevó” a las inmediaciones del Kursaal. Comimos en un restaurante del barrio de Gros y caminamos hasta la zona del paseo y la playa. La primera sorpresa fue encontrarnos con una exposición al aire libre de esculturas de gran tamaño, del escultor Manolo Valdés: éstas recreaban personajes históricos y resultaban muy atractivas. Estaban situadas en el Paseo de la Zurriola. Eran de bronce y de gran tamaño y ese era el último día que se exhibían, al menos teóricamente, porque seguro que hizo falta más de un día para desmontarlas y trasladarlas a otro lugar. Es una exposición que ya ha visitado otras ciudades españolas. Pasamos un rato contemplándolas, tocándolas y retratándolas (en mi página de facebook hay varias fotografías que dan fe de ello). Fue un encuentro muy grato y totalmente inesperado. Después de los días nublados y lluviosos de Vizcaya, saboreamos el sol que iluminaba la Bella Easo y nos asomamos por encima del malecón que nos separaba de la playa de Zurriola, donde muchos valientes surfeaban con gusto.  Tras el paseo, volvimos al coche para dirigirnos al hotel. Ahí sí vivimos una pequeña odisea hasta poder encontrarlo, pero aunque alejado del centro, la recompensa fue agradable porque era nuevo y bien equipado y porque estábamos a cinco minutos del centro con parada de autobús delante de la puerta. En dos días no íbamos a acordarnos del coche porque el transporte público nos facilitaba el acceso al centro de la ciudad; el resto corría de nuestra cuenta y de nuestras piernas.

 

El reencuentro con la Concha fue muy emotivo porque esa bahía es de una belleza excepcional. A la izquierda, el monte Igeldo; a la derecha, el monte Urgull y en medio la isla Santa Clara. Había nubes en el cielo, que no amenazaban lluvia pero que ofrecían generosamente colores y reflejos a la tarde. El paseo fue largo y las sensaciones profundas. No quisimos salir del perímetro de la playa para empaparnos bien de toda su belleza. Mucha gente paseando y también, a pesar de estar ya en otoño, algunas personas bañándose o caminando por la playa aprovechando las horas de marea baja. Detrás del Ayuntamiento, concentración-manifestación por el casco viejo de quienes reclaman la independencia de Euskadi, vigilados de cerca por furgones policiales. El parque  que hay delante del edificio noble del Ayuntamiento (antiguo Gran Casino, en el que llegó a jugar la mismísima Mata-Hari), lleno de niños y niñas correteando, jugando con los columpios, sentados en los bancos… con sus progenitores: vida ciudadana variada y en plenitud, en definitiva.

 

El día 13, volvimos de nuevo a la Concha. Caminamos hasta la parte oeste de la bahía para acercarnos al Peine del Viento, la triple instalación de Eduardo Chillida, en los rompientes que, sin ser un día de mar excesivamente agitada, respondían bien a ese nombre. De vez en cuando, una sucesión de olas golpeaba violentamente contra las rocas que acogen las estructuras metálicas forjadas por Chillida y se deshacían en una masa lechosa sorprendente; a la vez, un sistema de canales subterráneos acercaban el agua del mar hasta unos orificios por los que se oía un sonoro ruido acorde con la intensidad de la ola. Es presumible que cuando el oleaje sea más contundente, por esos orificios saldrá agua directamente… El sol invitaba a quedarse un buen rato escuchando y viendo la fuerza del mar y contemplando ahora la bahía desde dentro y eso hicimos y eso hacían otras parejas: algunas posando, cual sirenas insinuantes o “majas vestidas”, para las fotos con la digital…

 

Con el viejo funicular ascendimos el monte Igeldo y paseamos por todos los caminos y recovecos que hay en la cima. Las vistas de las playas de Ondarreta y la Concha son excepcionales;  a veces enmarcadas en pinos que crecen por la ladera del monte devienen en postales de esas que ya no se irán de la retina por mucho tiempo. Definitivamente, San Sebastián es una ciudad muy hermosa. La luminosidad del día contribuye también a verla con un color especial. En el torreón que corona el Igeldo puede contemplarse, sobre todo, una exposición de fotografías antiguas y algunos objetos de otras épocas; es un pequeño museo etnológico sobre la capital, sobre Donostia. Desde lo más alto, la vista es extraordinaria y nos resistimos a bajar. Al final, tomamos de nuevo el funicular y, en poco más de un minuto y medio, estamos de nuevo abajo. Recorremos el perímetro de la playa de Ondarreta y nos acercamos hasta las inmediaciones del Palacio de Miramar, para terminar en una terraza al aire libre, al inicio de la Concha. Allí tomamos el sol y tomamos vermut, mientras tres o cuatro gorriones merodean por las mesas, se colocan dentro de los platos picoteando migajas, suben y bajan, demostrando una vez más su perfecta adaptación al medio urbano, su viveza e “inteligencia”… En su pequeña lucha con las palomas por picotear las sobras, los gorriones ganan de largo y siempre.

La tarde nos lleva a caminar, de nuevo, hasta las inmediaciones del Kursaal y a degustar las delicias de una pastelería en la que ya estuvimos en la anterior visita a la ciudad. Luego, recorremos las calle del casco viejo, todas bien limpias, con edificios notables (como en el resto de la ciudad) y nos llama mucho la atención la Plaza de la Constitución (nos recuerda un poco a la Plaza Nueva de Bilbao); pasamos por el puerto y contemplamos a un grupo de mujeres que, con gran pericia, se afanan en coser las redes de los pescadores y terminamos en la parte este de la bahía, a los pies del monte Urgull, visitando y fotografiando la gran escultura de Jorge Oteíza “Construcción vacía”.

A las cuatro o cinco de la tarde, el sol luce esplendoroso y el calor resulta muy agradable. Hay mucha gente paseando y tomando el sol. San Sebastián tiene kilómetros de paseos ciudadanos y muchas zonas peatonales. Puedes estar todo un día entero caminando, sin pasar casi por el mismo sitio y sin salir de la ciudad (esto igual es una exageración, pero yo creo que no).

 Es martes y hoy es el día que cierra el Museo Chillida-Leku, que dejaremos para otra ocasión porque esta vez el objetivo era la capital. Como también dejaremos para otra ocasión recorrer la provincia de Guipúzcoa y poder llegar hasta Deba, Zumaia, Getaria, Zarautz, Hondarribia, Irún, Hernani o Tolosa, por citar sólo algunos enclaves que, seguro, merecen ser visitados.

Cuando ya comienza a anochecer, realmente cansados de caminar, regresamos al hotel para relajarnos, leer la prensa, tomar un refresco y prepararnos para el regreso.

 

El día 14, miércoles, salimos con facilidad del estacionamiento del hotel y cogemos la autovía que debe llevarnos dirección Pamplona (por la zona de Leizarán) hasta la autopista que, pasando por Zaragoza, nos acercará a Fraga.

Una vez que pasamos los tramos de autovía con más tráfico y cuanto más nos alejamos del punto de partida, empezamos  a ver, fugazmente, paisajes preciosos: montañas cubiertas de verde: pastos y ovejas y bosques… Luego vendrán los túneles cuya apertura redujo las distancias por esta parte de la geografía peninsular: no la más alta, pero sí muy accidentada. Dejaremos Gipuzkoa y entraremos en Nafarroa y continuarán los hermosos y verdes parajes, hasta que los relieves empiecen a tornarse más suaves, más llanos y cambien los cultivos, las coloraciones de la tierra y de los montes, la arquitectura de los pueblos…

 

Como al final íbamos bien de tiempo, decidimos parar en Olite, villa desconocida para nosotros, en tierras de Navarra, de la que sólo sabíamos que tenía castillo. Visitamos su mencionado emblema medieval (con la compañía de dos o tres grupos numerosos y ruidosos de chavales) y luego recorrimos sus calles reconociendo en la vetustez de sus piedras, en los arcos de las puertas, en las ventanas trabajadas, en las balconadas y aleros, etc. un pasado importante. No en vano, “el Palacio Real (el castillo, en definitiva) de Olite vivió durante la Baja Edad Media una época de esplendor que lo situó a la altura de las cortes europeas más lujosas”. Allí vivían los Reyes de Navarra. Olite cuenta con Museo del vino (que no vimos) y con afamados vinos (que sí compramos). Nos gustó la placidez de aquel pueblo en un día laborable y comentamos que fue un buen remate para finalizar esta estancia de cinco días en territorios vascos. Llegamos a Fraga a primeras horas de la tarde con la urgencia de poner lavadoras, de recomponernos y descansar. Los viajes te permiten desconectar de lo cotidiano y, en ese sentido, tienen  algo de medicinales, pero son extremadamente cansados: estar fuera de casa, comer más y más fuerte, caminar más de lo habitual… y se agradece el regreso para sedimentar lo visto y vivido y volver a la rutina de la que quisimos, por unos días, alejarnos. Así somos de contradictorios.

 

P.D.

1.- Hablando de esculturas, en el Palacio Montcada de Fraga podemos disfrutar de una preciosa exposición de esculturas del artista Lorenzo Quinn. Interesante el vídeo donde muestra procesos creativos, reflexiones en torno a su trabajo y secuencias de la realización del mismo. Las “manos”, la “mano” son protagonistas centrales de su obra.

 

2.- Anoche, Ángeles Caso fue distinguida con el suculento Premio Planeta de 2009 por su libro “Contra el viento”, con la emigración como protagonista. Ángeles fue una de las autoras elegidas para leer sus libros en el Grupo de Lectura NOSOTRASLEEMOS (http://www.nosotrasleemos.bitacoras.com), hace ya un tiempo. Personalmente me alegro por ella. Me gusta cómo escribe y cómo habla.

16/10/2009 22:43 gurrion #. sin tema Hay 4 comentarios.

VIEJOS PAPELES (IV)

Este es un nuevo viaje en el tiempo. Me permito retroceder 26 años para hablar de LA FIGA, una revista escolar que nació en el curso 1983-84. Cursábamos sexto de EGB y el alumnado era el que el curso anterior había participado en los tres números de la revista “La actualidad de 5º B”.

Era evidente que había que cambiar de nombre aquella publicación que habíamos hecho con tanta ilusión y que había dado mucho de sí. La propuesta que salió ganadora fue la de llamar a la nueva revista, “La Figa”. En tierra de higos, aunque ya entonces iba la cosa en retroceso, parecía un nombre razonable.

Lo más singular de aquel proyecto es que pudimos hacer seis números a lo largo del curso, alternando dos formatos diferentes: los números 1, 3 y 4 se hicieron en tamaño cuartilla e impresos por las dos caras y los números 2, 5 y 6 se imprimieron en folios por una sola cara. Todos, en cualquier caso, usando la multicopista, pero echando mano de los clichés electrónicos.

 

Estas publicaciones rememoran una parte de lo que hicimos en un tiempo determinado y tienen ese valor de refrescar la memoria y también el de ver que, hace todo ese tiempo, se hacían cosas que ahora, en ocasiones, parecen marcianas: por el esfuerzo realizado, por la cantidad de trabajo que era necesario aportar para sacar el proyecto adelante, por los planteamientos abiertos y divergentes que facilitaban la puesta en marcha de esas iniciativas, por el empujón que suponía para la participación del alumnado, por las características propias del proyecto, ya que fomentaba la escritura, la autoedición, la labor de planificación, la cooperación, el intercambio y las relaciones… A veces, uno tiene la sensación de que se ha retrocedido mucho…

 

Echemos un vistazo a estas revistas: la número 1 (formato cuartilla) sale en noviembre de 1983 y contiene: un informe del tiempo y una gráfica de las temperaturas del mes de octubre; una pequeña crónica de la serie de televisión “Érase una vez el hombre”, que el maestro recomendaba que se viera; otra pequeña crónica de la celebración de la castañada (el viernes 28 de octubre) en clase (todavía no se celebraba en el colegio): “Recogimos dinero y compramos bebidas (sin alcohol), pastas, aceitunas, etc. También nos comimos un par de brazos de gitano, una tarta-flan, unas galletas, etc. que nos enviaron algunas madres. La primera parte de la fiesta la dedicamos a comérnoslo todo, mientras leíamos tebeos… Luego hicimos un corro con las sillas y fuimos hablando por turno, contando cada uno lo que quería. Sólo hablaron 12 porque se acabó el tiempo”. Otra página recoge un poema dedicado a La OTAN, que empieza así: “Hacen bombas atómicas / y bombas de neutrones, /pero nosotros no entraremos / porque somos españoles…”

 

Tres páginas recogen las noticias comentadas en clase hasta ese momento: “Nelson Piquet se proclama campeón del mundo de Fórmula I”. “La isla de Granada, en la zona del Caribe, parece que ha sido invadida por soldados de EE.UU.” “La madre de Chu-Lin, el oso panda que nació en el zoo de Madrid, murió por una enfermedad intestinal”. “Más de cien mil vascos se manifestaron en Bilbao contra ETA”. “Estos días se ha cumplido un año de las inundaciones que sufrió Fraga en 1982”. “Dos comandos suicidas cogieron dos camiones de explosivos y se estrellaron contra dos edificios del Líbano, provocando la muerte de 150 marines estadounidenses y 60 soldados franceses”… Tres páginas también hablan de las fiestas del Pilar que habían terminado hacía pocas fechas y cerraba el número de 20 páginas un cómic mudo, titulado “RIGO a través del mundo”.

 

El número 2 de La Figa sale a la luz en diciembre del 83. El papel de la portada es una hoja marrón de papel de embalar, impresa con la multicopista, que le da una apariencia bonita. En la presentación se felicita a todos el año 84 y se desea que vivamos un año “donde todos podamos trabajar, donde no estallen más bombas, donde se acaben las guerras, donde todos tengan diariamente algo que llevar a su boca, donde nadie se sienta amenazado, donde se respete a la naturaleza, donde todos nos sintamos un poco mejor y empecemos a darnos cuenta que el vuelo de un gorrión o el nacimiento de una nueva flor son hechos tan importantes que vale la pena detenerse a contemplarlos…” Ya se sabe, toda una lista de deseos que podríamos seguir repitiendo para el 2010 porque no se ha cumplido ninguno… 

Debajo del “Editorial” leemos un pequeño poema: “Un niño en la calle, / llora sin parar / porque tiene cinco años / y casi no sabe andar. / Su padre y su madre / lo han abandonado. / La gente lo mira / porque tiene la cara bonita, / pero él sigue llorando”. También el poemita de Santi podría estar de actualidad, sin duda.

 

Una de las alumnas de la clase –Antonia- que se desplaza cada año a otras tierras, con su familia, a coger aceitunas, hace un bonito dibujo a toda página de un olivo y dos personas que están realizando esa actividad; de paso nos sirve para hablar de la emigración laboral y estacional (todavía interior, en aquellos años). Un texto de ciencia ficción, una historia basada en un  hecho real y titulada “El alumno que atrapó un gorrioncillo”; textos sobre la huerta o sobre la pertenencia a la banda de cornetas y tambores, dan paso a una gráfica comparativa entre las temperaturas máximas de noviembre de 1982 y las del mismo mes de 1983 y un comentario interpretativo de las mismas, junto con otros datos meteorológicos.

En el apartado titulado “Cosas de clase”, se explica cómo funciona el tablón de noticias: una gran caja de cartón (de la que aprovechamos dos caras) y en la que pinchamos noticias relacionadas con Fraga, Aragón, España y el mundo; nuestra participación en el número 1 de la revista comarcal El Chillo en la que participamos activamente; los murales realizados con motivo del Día de la Constitución, dos de los cuales fueron bajados al Ayuntamiento, junto con los de otros colegios para una exposición colectiva; se habla de las últimas incorporaciones al pequeño museo de clase (el germen del actual Museo de Ciencias Naturales que ocupa seis vitrinas acristaladas): “una mandíbula fosilizada de rumiante, una culebra de escalera que nos trajo el padre de Gloria, dos escarabajos rinocerontes, un trozo de corteza de alcornoque…” y se explica también la biblioteca de clase: “cada quince días nos encargamos dos alumnos o alumnas de llevar el control. Cada libro tiene una ficha de préstamo con el mismo número que el que hay en el lomo del libro. Tenemos libros que hemos comprado, libros regalados, revistas, periódicos de otras escuelas, folletos informativos… Hacemos una valoración crítica del libro leído en unas fichas especiales…

Una página entera se hace eco de 28 noticias comentadas en clase y relacionadas con los cuatro ámbitos geográficos descritos anteriormente; recordamos: “Un avión Jumbo colombiano, se estrelló en el aeropuerto de Barajas, poco antes de aterrizar, muriendo casi doscientas personas”. “Seis soldados israelíes son canjeados por 4.400 combatientes palestinos”. “Empiezan a llegar a la República Federal de Alemania y a Gran Bretaña los primeros elementos de los misiles Pershing-2”…

 

A continuación, una página con cuatro poemas, titulados “Las estrellas”, “El agua”, “La ciudad” y “El petróleo”. Leemos las primeras estrofas: “Estrellas del firmamento, / que en la noches negras / del frío invierno, / brilláis gozosas / por el cielo inmenso /…”, escrita por Antonio o la que firma Julio: “¡Cómo está el petróleo! / Al precio que va / no hay quién lo compre / ni lo pueda pagar /…” o la que firma Jesús y que escribe al revés: “saciopre guaa que / jasba de la ñatamon, / rresco y rresco por / los loschuería y dascacas /…” Para terminar con la de Dolores: “Ya es de noche en la ciudad. / No se ve a nadie por las calles, / ni tampoco se oye hablar /…”

 

La siguiente página presenta el juego del tangram (que cada cual se había construido con madera o cartón duro) y presenta algunas soluciones fuera de catálogo, encontradas por distintos chicos jugando con las siete piezas de que consta.

Las siguientes dos páginas están ocupadas por un proyecto de trabajo que resultó largo pero muy interesante. Voy a dejar que sea Julio, uno de los alumnos de entonces, quien lo cuente: “En la clase hemos hecho, por grupos, diferentes maquetas sobre construcciones típicas españolas: un castillo, la masía, el hórreo gallego y el hórreo asturiano, un molino de viento, la barraca, el cortijo andaluz y la casa altoaragonés. El trabajo unos lo hemos hecho con cartón y otros con madera. En general todas las maquetas ahn salido bien. Este trabajo lo empezamos la tercer semana de ir a clase este curso y lo iniciamos muy ilusionados. Después de terminar la maqueta hemos ido haciendo una relación de todos los materiales empleados. Nuestros padres han podido verlas al tiempo que han subido a recoger las notas. Con este trabajo hemos podido aprender las construcciones típicas de España, además de hacer plástica. En este trimestre, este trabajo ha sido el más importante de los que hemos hecho en grupo, por eso no podíamos dejarlo sin hacer un comentario en nuestra revista”.

 

Aquellas maquetas fueron fotografiadas (con carrete de diapositivas) por el amigo Miguel C. y aún hoy son un testimonio de un trabajo interesante. Hicimos una exposición en uno de los pasillos del colegio e hicimos un pequeño montaje con aquellas diapositivas, más otras hechas a mano en papel cebolla que completaban la proyección, a las que añadimos un casete con músicas “autonómicas” que sonaba de fondo mientras los chicos iban explicando un poco el proceso de realización de cada una.

La penúltima página de este número 2, está dedicada a la navidad y al año nuevo, con algunos refranes recogidos en las dos lenguas, deseos y dibujos: “De nadal en t´allá, calces no´n caldrá”. “Para Navidad cada oveja en su corral”. “Pa Nadal mataren lo gall”. “En el corral, buen lechón para matar; si no me lo dan, buena caguera que les durará hasta la candelera”…

Y finaliza esta Figa con las aventuras de “Rigo a través del mundo”, unas viñetas mudas que llevan a nuestro personaje hasta China y Rusia.

 

Dejamos para futuras entregas los comentarios y resúmenes de los restantes cuatro números de que constó la aventura y así vamos, poco apoco, recuperando la memoria. A mí, particularmente, con todas las imperfecciones, me produce una contenida emoción poder leer ahora esos textos primitivos, frágiles, esas noticias que hoy podríamos rastrear por Internet, los dibujos, las pequeñas crónicas, en unas páginas en las que la tinta ha traspasado de una cara a la otra y empieza a amarillear como este otoño que se extiende a mi alrededor.

 

 

P.D.- Hoy, día 24 de octubre, se celebra desde hace unos años el DÍA DE LA BIBLIOTECA. Un ratito de lectura para celebrarlo no estaría mal…

24/10/2009 15:05 gurrion #. sin tema Hay 10 comentarios.

MÉRIDA. V JORNADAS DE BB.EE.

Si estamos de acuerdo en que cada vez que empezamos la lectura de un libro, comenzamos un viaje, no es menos cierto que para poder ir de Fraga a Mérida es necesario también –con libros o sin ellos- realizar un largo y emocionante viaje. Y ahí es donde entro yo que, el pasado 26 del corriente salí de aquella localidad a las diez de la mañana y llegué a la capital administrativa de Extremadura, prácticamente a las ocho de la noche, con esta secuencia de medios de transporte: taxi – tren – taxi – autobús – taxi. Es evidente que por algún sitio tenía que empezar esta crónica que, es posible que acabe siendo bibliotecaria, pero que empieza siendo circulatoria.

 

Cuando viajo en este tipo de transportes, tanto en tren como en autobús, me gusta ir atento y mirando por la ventanilla para observar los paisajes por los que atraviesa el vehículo en cuestión y hacerme una idea más exacta de la diversidad del territorio. Como el tramo Lleida-Madrid, lo hago con frecuencia, presté menor atención y ahí aproveché para leer el periódico del día, entre otras cosas.

Mi situación en el autobús (Madrid-Mérida) facilitaba la satisfacción de esa curiosidad geográfica que he manifestado, puesto que estaba en el asiento 3 y tenía visión delantera y lateral derecha: un privilegio (por cierto, últimamente, en todos los autobuses que he subido hay algo en común: todos tienen el parabrisas delantero roto. En éste con una grieta, en forma de “L” que intranquilizaba por su longitud. Se ve que no tienen tiempo de cambiarlo o debe resultar muy caro. Yo siempre imagino que nos damos un golpecito o que descarga una inmisericorde pedregada que acaba de romperlo y dibujo diversas hipótesis de actuación en mi mente, ¡formas de pasar el rato!).

 

Resumiendo; el viaje en autobús para salvar casi 350 kilómetros, duró cuatro horas con parada en Trujillo para estirar las piernas, tomar un café y echar un cigarrillo o acercarse a saludar a “Mister Roca”. A lo largo del recorrido, por la Autovía del Sudoeste vi, en varias ocasiones, hermosas postales otoñales que ya me hubiera gustado fotografiar; especialmente, formaciones de chopos en pequeñas vaguadas o jalonando mermados cursos de agua (de esos que llamamos ríos, pero que no pasan de riachuelos escuálidos que entristecen la mirada por su escasez o por el sospechosos color de sus aguas). Pude contemplar extensos campos de cultivo, sembrados que brotaban con fuerza y dehesas que también me hubiera gustado recorrer y fotografiar; especialmente algunas encinas que parecían esculturas celebrando la sensatez y la serenidad. Me gusta mucho el árbol llamado encina (en Sobrarbe, “carrasca”) y me gusta ver hermosos ejemplares aislados unos de otros, porque en mi tierra no es fácil encontrarlos así, ya que allí forman bosques abigarrados, donde una crece al lado de la otra y en compañía, en muchas ocasiones de otros “quercus”, como los coscojos, los robles… Vi muchos conejos en los sembrados o en los rastrojos y aves zancudas en campos que estaban arando con grandes tractores y hasta tres perdices correteando cerca de la autovía. Por supuesto, ganado vacuno, lanar y probablemente lo que despaché por una ganadería de toros de lidia… Vi ríos y algún pantano. Vi zonas llanas sin un árbol y montañas lejanas donde es posible que sí los hubiera y vi la central nuclear de Almaraz y una enorme instalación de paneles solares en las cercanías de la misma; también formaciones de gigantes aerogeneradores en algunas sierras.  Vi diversos pueblos y ciudades, con nombres o conocidos o intuidos por los indicadores de salida de la autovía y, de ese modo, el viaje de ida se hizo bastante agradable…

 

Cuando entrábamos en la ciudad de Mérida, me quedé muy gratamente sorprendido al poder leer en una rotonda (el conductor tomaba las rotondas como si fuera una competición de slalon gigante) una indicación que decía “Escuela Libre Paideia”. Al poco de llegar a Mérida, saludé a Ana N. y a Casildo M., dos personas a las que ya conocía desde mi participación en las I Jornadas, allá por el año 2005. A los dos les debo mucho agradecimiento por volverme a invitar a un evento bibliotecario que congregó a unas 400 personas (profesorado de Infantil, Primaria y Secundaria, principalmente) de toda Extremadura y por el acompañamiento mientras duró la estancia, y por más cosas. Con Ana N. intercambiamos frecuentemente materiales y correos electrónicos y lecturas de nuestro respectivos blogs (el de Ana se llama “Biblioabrazo” y hay un enlace en la columna de nombres del mío). Reencuentro, como en el caso de los anteriormente citados, también con Raúl V. (con quien ya compartí en Burgos las Jornadas Provinciales de aquella provincia castellana, hace un mes). Conocí a Chus M. y a Jordi S. y nos fuimos a cenar y luego a tomar un arranque.

 

El Palacio de Congresos (dos enormes cubos en la orilla derecha del pacífico Guadiana, a pocos metros del puente de Calatrava) era la sede de las V Jornadas de Bibliotecas Escolares. A las doce de la mañana del día 27 de octubre, tras la presentación muy amable de mi amiga Ana N., desarrollé mi ponencia: “La biblioteca escolar. Otra forma de ver el mundo”; una parte leída y una segunda parte explicada mostrando algunos materiales que, como siempre hago, transporto en maleta o en mochila. Terminé mi intervención como la empecé, leyendo en voz alta el texto resumen que escribí en este blog, en abril de 2005, sobre las I Jornadas de BB.EE. en que participé, como queriendo mostrar una más de las virtualidades de esta herramienta electrónica que va almacenando (si los escribes antes) pedacitos de la vida.

Antes de comenzar con al ponencia, hice una mención al rótulo visto el día anterior en una rotonda y nombrado con anterioridad. Durante muchos años, me encargué de coordinar las publicaciones del MRP Aula Libre y de atender la correspondencia y los intercambios. Uno de los colectivos con los que intercambiábamos materiales, de manera regular, era precisamente con la Escuela Paideia de Mérida: un proyecto libertario, al frente del que se hallaba Josefa Martín Luengo. Resulta que Pepa falleció el pasado mes de julio y yo me enteré de ello a través del periódico: “Catalunya”, Órgano de expresión de la CGT de Catalunya (www.revistacatalunya.cat), en cuyo número 110 se dedican las dos páginas centrales a hablar de ella y de los treinta años de la Escuela Paideia. En aquel intercambio que he nombrado, yo enviaba las publicaciones de Aula Libre: revista, cuadernos, libros y desde Mérida recibíamos las revistas “A Rachas” y “A Rachitas”. Hice ese breve recuerdo ante el auditorio y luego pude hablar con algunas personas que agradecieron el gesto porque conocían su trayectoria y su esfuerzo.

 

Volviendo a la ponencia, disponía de una hora y media para desarrollarla y a ese tiempo me atuve. Aquí un breve apunte de la misma:

“… Y si nos introducimos en el bosque de los adjetivos, podemos definir una o varias retahílas alfabéticas, porque allí, en ese espacio público, colectivo y multidisciplinar que es la Biblioteca Escolar, podemos vivir con sensaciones muy variadas; de hecho, podemos vernos: Acunados y Acompañados – Batidos y Burlados – Conectados y Crecidos – Distraídos y Documentados – Elegidos y Esperanzados – Fuertes y Furtivos -  Geniales y Gozosos – Huérfanos y Hospitalarios – Iluminados e Imaginativos… No es necesario seguir porque, en definitiva, si exploramos el diccionario y seleccionamos aquellas palabras que podríamos identificar como acciones, cualidades o nombres, relacionadas con la biblioteca escolar y que nos permitirían percibir el mundo de otra manera, cada cual podría elaborar sus particulares listas, así que dejo esa posibilidad a los oyentes. Y es que, estoy convencido de que las fuerzas que generan las palabras son fuerzas modificadoras que inciden en los fundamentos de lo que somos y lo hacen de maneras diferentes. Su fuerza radica en los conceptos que sugieren, en las conexiones que propician, en las emociones que activan, en las ideas que fomentan, en las percepciones que inducen…”

 

Seguidamente, sin salir del auditorio 2 donde nos encontrábamos, disertaron dos maestras y un maestro del CEIP Ntra. Sra. de la Caridad de la Garrovilla (quienes recibieron el pasado curso el Primer Premio Nacional… El mismo que recibió la biblioteca de mi colegio en 2006). Cuando finalizó su relato, disfruté un rato viendo a parte de las personas asistentes acercándose al escenario para mirar, hojear y hacer preguntas sobre los materiales que llevé y había mostrado y que había colocado a modo de exposición.

A continuación en el mismo Palacio se celebró la comida de todos los participantes: saludé a Antonio T. convertido temporalmente en Director General y a algunas maestras: Dolores (conocida y premiada), Beatriz O. (otra de las ponentes, con quien coincidí felizmente en las páginas del número 12 de la revista gallega FADAMORGANA) y a algunas animosas, divertidas y autodefinidas “marianistas” que me conocían desde el congreso de Edelvives de Santander y que leen asiduamente este blog y a quienes debo agradecer su fidelidad. Siempre hay encuentros interesantes en el plano personal, en estos lugares.

 

Por la tarde, decidimos con Raúl V. (que ya había dinamizado por la mañana dos talleres a alumnado y a profesorado) caminar hacia la ciudad. Fuimos del palacio al hotel y de allí, a través del puente romano nos aproximamos a la zona del teatro y anfiteatro. Cruzar el puente, supuso descubrir unas vistas maravillosas del quieto Guadiana, en cuyas aguas se reflejaban las islas de vegetación, las formaciones vegetales de la orillas, el mismo puente romano o el espectacular de Calatrava. Disparé, con gusto, fotos y fotos, con la intención de publicar un álbum en el facebook (cosa que ya hice). El paseo por esta zona fue lento, pero hermoso; luego ya aligeramos el paso para llegar a las ruinas romanas. En taquilla se nos informó de que faltaban dos minutos para cerrar y, por tanto, ya no iban a vendernos una entrada. Nos acercamos a la entrada y dialogamos con el guarda: “Mire usted, este viene de Salamanca y yo de Huesca y sólo queríamos hacer un par de fotos…” Accedió el hombre y nos recordó el tiempo que faltaba y nos invitó a que regresáramos con su compañero guarda que estaba más abajo. Éste ya no dejó terminar nuestra explicación apremiándonos a que hiciéramos las fotos. Primero fuimos al teatro, disparé cinco instantáneas (sin ascender por el graderío) y luego le dije a Raúl que entrase en el “anfi” que yo ya lo había visto, pero el guarda que nos veía, nos gritó: “¡vayan, vayan, hagan la foto!” Y salimos del recinto con mucha dignidad, con la respiración movida, dando las gracias a los guardas y pensando que en poco más de dos minutos habíamos dado cuenta de dos restos emblemáticos de la civilización romana a su paso por la ilustre Emérita Augusta… ¡Quién dijo que no había tiempo! ¿Conoces a alguien que haya hecho una visita más rápida?

 

Luego recorrimos el Museo Romano en grupo pequeño con guía y yo, que ya lo había visto, deduje que es incomparablemente mejor visitarlo de día (pues entra luz natural suficiente para verlo casi todo) que de noche. De cualquier modo, impresiona, sobre todo la galería central y los mosaicos colocados verticalmente en algunas paredes laterales.

En la cena saludé a Jaume C. que venía de L´Hospitalet y con quien habíamos coincidido en Fuenlabrada, hacía ya unos años. Y antes de irnos a dormir, terminamos con Ana, Raúl, Casildo y Jaume tomando unas tónicas y viendo el final del “Alcorconazo”, un acontecimiento futbolístico del que se habla estos días con profusión.

 

P.D. El día 28 lo dediqué al largo viaje de vuelta. Vi los paisajes de la ida desde el mismo asiento, pero mediatizado por un energúmeno que estuvo hablando por el móvil, casi sin parar, desde Trujillo hasta Madrid y al que ojalá se le estropeen los negocios que fue cerrando con los dieciséis interlocutores que le conté, todos llamados por él.

 

31/10/2009 23:26 gurrion #. sin tema Hay 9 comentarios.


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