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"CON SENTIDO DEL HUMOR" SE HACE CENTENARIA

Esta serie quincenal, que aparece en el suplemento Heraldo Escolar del Heraldo de Aragón, publica este miércoles, 14 de abril (Día de la República), su entrega número cien. La verdad es que no pensaba durar tanto, no porque me canse de escribir, sino porque preveía dificultades para encontrar temas y para ofrecer propuestas que cumpliesen, al menos en parte, con lo que sugiere el título de la sección.

El día 22 de septiembre de 2004 publiqué la primera columna, con el título de “¿Qué pasaría si…?” y estoy en el sexto curso escolar consecutivo, enfilando ya la recta de finalización del mismo. Como veis es una efeméride de poco calado, pero de importante significación personal porque enaltece el valor de la constancia. Éste fue el texto completo de la primera colaboración:

 

El humor nos permite tomar distancia ante la realidad y ofrece la posibilidad de mirarla desde otros puntos de vista, diseccionarla o reinterpretarla. No pretendo “enseñar humor” porque, entre otras cosas, dudo que pueda enseñarse, pero sí podemos romper determinados comportamientos tradicionales y darnos algunas alegrías en las aulas. Los chicos y chicas lo agradecerán.

 

  Desde el primer momento, pienso ponerme bajo la protección de Gianni Rodari, maestro italiano que defendió siempre el valor pedagógico del humor y de la risa. Hablaba de proponer acciones que hagan de la niña, del niño seres creadores e indagadores que vean (y vivan) el trabajo escolar como una ocasión de disfrutar. Hay muchos niños y niñas que se sorprenden cuando un maestro o una maestra plantea actividades donde la risa y el divertimento forman parte de las mismas. Quizás se sorprenden porque, tradicionalmente, la seriedad se ha unido con el rigor, con lo políticamente correcto; aunque en ocasiones, produzca sobre todo tedio y aburrimiento.

 

Hace un año aproximadamente, recogí una noticia aparecida en este periódico titulada así: “Una octogenaria causa revuelo en una discoteca”. La noticia explicaba, entre otras cosas, que ya de madrugada se había presentado en una discoteca una anciana, se había sentado en la barra y había pedido una coca cola y un aguardiente. Los policías que acudieron a la llamada de los dueños comprobaron que la anciana no tenía malas intenciones y que sólo había acudido allí con la intención de ver cómo era una discoteca por dentro.

 

  La noticia contaba un hecho real, que podríamos haber imaginado si hubiéramos propuesto en el aula que niños y niñas escribieran un texto con un comienzo que podría ser así: “¿Qué pasaría si una noche cualquiera se presenta en una discoteca una anciana o un anciano?”  Aunque en el caso que nos ocupa, la realidad ha superado a la ficción, podemos aprovechar uno de los planteamientos que Rodari hace en su “Gramática de la fantasía” para escribir.  Por eso,  podríamos en estos primeros días de septiembre, proponer a las criaturas que escriban algunos textos, con estos comienzos, con estas hipótesis fantásticas, que podemos sugerir o que podemos pedir que ellos y ellas sugieran: “¿Qué pasaría si nuestra clase se pusiera a volar?”, “¿Qué pasaría si aterrizase un platillo volante en el patio del colegio?”, “¿Qué pasaría si en el aula hubiera más risas y alegría?”...

Éstos, los cien títulos, por orden de aparición, de las columnas publicadas hasta la fecha:

 

Curso 2004-2005: ¿Qué pasaría si…? – Rimas y geografía – Los números y la rima – Las frases hechas – Trabajando con la prensa – Interrogantes creativos - ¡Qué animales! – Viajes imaginarios – Construir ABCdarios – El índice del atlas – Palabras con números – Dibujando sonrisas – Poemas y rimas – Nombres y apellidos – Dúctil y maleable – Desde la tradición oral – Practicando la lectura.

 

Curso 2005-2006: Matrículas de coches – Noticias inventadas – Sólo nombres y adjetivos – Palabras monosílabas – Preposiciones – Rimas colectivas – Anuncios y villancicos – Geografía autonómica – El orden alfabético – Con derecho de admisión – En la biblioteca escolar – De la tele al libro – El significado de las siglas – Contraseña literaria – La catástrofe vocálica – Dibujando greguerías – Pérdidas gozosas – Viñetas humorísticas.

 

Curso 2006-2007: Personajes de cuento – Memorizar y recitar – Palabras escondidas – Juegos de diccionario - ¿Qué pudo pasar? – Coplas populares – Un zoo-ilógico (I) – Un zoo-ilógico (II) – Preguntas y respuestas – Lectura y rimas – Periodistas virtuales – Motivos para alegrarnos – Coplas de agua – Cajas lectoras – Poner el acento – Horizontes geográficos – Veraneo virtual.

 

Curso 2007-2008: Conjugaciones verbales – Formulillas para elegir – Biblioteca imaginaria – Siglas intercaladas – Desafíos alfabéticos – Masculino y femenino – Preposiciones en titulares – La maleta del humor – Retoques gramaticales – Versos robados - ¿Estiramos los cuentos? – Conjugar errores – Versos vegetales – Versos animales – Ana Pelegrín – Títulos generadores – Palabras espejo – Nombres “inadecuados”.

 

Curso 2008-2009: Autores y libros – Preguntas y libros – Poemas en la gloria – Cuentos y bichos – Refranes sorprendentes - ¿Interrogantes científicos? – La lectura y el humor – Extraña familia – Palabras modificadas – Lanzamiento de zapato – Versos con alas -  Rimas de luna – Cuadernos de escritura – Sátira y humor - ¿Parentesco de palabras? – Diez palabras – Siguiendo la estela.

 

Curso 2009-2010: Deseos y peticiones – El libro de los “meacuerdos” – El libro de los “meacuerdos” (y 2) – Juegos silábicos – Manolito Lindo – Cabreoterapia – Horizontes deseables – Anécdotas escolares – Territorio facebook – Palabras homónimas – ABCdarios de versos – Noticias sorprendentes – Geografía sorprendente…

 

Y, a continuación, la columnita número 100, publicada hoy, 14 de abril de 2010, titulada “Geografía sorprendente”:

La toponimia estudia el origen de los nombres geográficos con los que designamos a pueblos, ciudades, montes, ríos, etc. Una de las singularidades de la toponimia es la creencia de que existe una conexión entre el nombre de cada lugar con lo que ese nombre significa. En realidad, no es nada extraña que algunos topónimos estén relacionados con algún rasgo físico o alguna particularidad del lugar designado, según los expertos.

Vamos a tomar hoy el atlas de España y nos vamos a ir directamente a las páginas finales, donde está el índice toponímico: ese que nos permite localizar cualquier nombre geográfico con relativa facilidad. Vamos a fijarnos en los nombres curiosos de algunas poblaciones y vamos a preparar un ABCdario con todos ellos. Como el concepto “curioso” es algo ambiguo, vamos a pensar en nombres que nos llamen la atención por diversas razones, que nos hagan sonreír o que nos extrañen y vamos a colocar el nombre de la provincia a la que pertenecen. Si nos apetece y tenemos tiempo, podemos realizar un powerpoint, individualmente o en pequeño grupo, añadiendo una foto del pueblo o algunos otros datos que decidamos…

Esta es mi propuesta de ABCdario: Alquerías del niño perdido (Castellón) – Brazatortas (Ciudad Real) – Contamina (Zaragoza) – Delgadillo (Granada) – El Payo (Salamanca) – Feas (Orense) – Guarromán (Jaén) – Hoyocasero (Ávila) – Inés (Soria) – Javier (Navarra) – La Colilla (Ávila) – Mansilla de las Mulas (León) – Novales (Cantabria y Huesca)) – fuentidueÑa (Segovia) – Obeso (Cantabria) – Peleas de Abajo (Zamora) – Quintanaluegos (Palencia) – Robregordo (Madrid) – Saladavieja (Málaga) – Triste (Huesca) – Uña (Cuenca) – Vozpornoche (Cantabria) – Xunqueira de Espadanedo (Orense) – Ye (Las Palmas) – Zapateros (Albacete).

Os aseguro que no he agotado la “mina” y que podéis formar muchos ABCdarios diferentes, mientras dais una vuelta por la geografía sorprendente de la península Ibérica.

No sé cómo terminará esta serie; si el próximo curso, Silvia Rubio, mi mentora en el periódico me ofrecerá la posibilidad de seguir o si deberemos cambiar la orientación. Yo me he ido sorprendiendo de encontrar nuevas posibilidades donde pensaba que nos la había. En todo caso, la lectura ha sido una de las herramientas más eficaces para descubrir propuestas nuevas de escritura: unas con más perfil humorístico que otras, es cierto, pero siempre con un punto de creatividad. A la vez, para mí, constituye un reto eso de cumplir cada quince días con el rito de escribir unas líneas aportando un punto de vista nuevo o sugiriendo un camino de escritura.

En todo caso, ha resultado gratificante que, precisamente, un número redondo como es el 100 se haya publicado precisamente el día 14 de abril: día de proclamación de la Segunda República Española. Y lo es porque la palabra República va unida indisociablemente a la de un tiempo de esperanza malogrado por una rebelión militar de la que todavía padecemos consecuencias nefastas. Un tiempo en el que muchos colegas de profesión se vieron perseguidos, encarcelados y fusilados por creer que unos nuevos tiempos debían amanecer con nuevas ideas y nuevas pedagogías. Un tiempo malogrado que nos sumió en un retraso histórico. Hoy, mi recuerdo y pequeño homenaje es para todos aquellos maestros y maestras a los que se les privó de ejercer su trabajo con entusiasmo y dignidad; para todos aquellos hombres y mujeres a los que se les arrebató el futuro y la vida.

 

EL BARZING

Dice un sherpa, amigo mío, que “la barza no admite ni la caricia ni el abrazo” y a fe que es cierto.

En julio de 2008, escribí ya en este blog un par de entradas consecutivas que se referían a distintas actividades y deportes de aventura que realizábamos de niños y de jóvenes. (http://gurrion.blogia.com/2008/071101-actividades-y-deportes-de-aventura-i-.php y http://gurrion.blogia.com/2008/071801-actividades-y-deportes-de-aventura-ii-.php).

Hacía una relación de todos ellos, convertidos en actividades “ing” (ya sabéis, la terminación de los deportes de aventura modernos) y medio en serio, medio en broma, quería contar cosas de un tiempo en el que despertábamos al trabajo diario y esforzado; un tiempo en el que no hacían ninguna falta estas actuales actividades de aventura, porque ya teníamos bastante con lo que la vida nos ponía por delante. Uno de esos deportes de aventuras que nombraba muy de pasada era el “barzing”, al que hoy quiero dedicarme en exclusiva.

 

Ayer, (10 de abril) estuvimos en Figols de Tremp disfrutando de un día primaveral y me dediqué, durante un buen rato, a hacer barzas (BARZING, por tanto) y, consecuentemente, a hacer barzales. Quien no haya practicado este deporte de aventura y riesgo, no sabe lo que se pierde, de verdad. Hoy tengo manos y parte de los brazos moteados de los pinchazos y de los trocitos de espinas que aún no he podido quitarme. Ya sé que podría haberme puesto unos guantes, pero no suelo hacerlo porque respeto mucho el viejo refrán de que “gato con guantes no caza”, aunque me cueste…

 

En aragonés llamamos “barza” y “barzal” a lo que en castellano se llama zarza y zarzal. La “barza” tiene como nombre científico: Rubus fruticosus L. y es de la familia de las  Rosáceas. Ésta es la descripción de sus características: “Arbusto caducifolio de hasta 2 m de altura, muy ramificado y armado de aguijones. Tallos primero erectos, luego colgantes, algunos reptan por el suelo y otros trepan mediante las espinas. Hojas muy aserradas de color verde oscuro por la haz y verde grisáceo y con pilosidad por el envés. Flores blancas o rosadas, de 2 cm de diámetro. Frutos negros, brillantes, de sabor agradable. Se distribuye por toda Europa en los claros de los bosques, matorrales, así como en los bordes de los campos y caminos. Es una especie muy variable. Se distinguen hasta 200 subespecies debido a la facilidad con que hibridizan (característica común en todas las rosáceas)

 

Tengo para mí (como he leído que escriben algunos) que el problema de las “barzas” es que constituyen una maldición bíblica no explícita, pero evidente. Basta leer este pasaje evangélico para percatarnos de lo que digo: Éxodo 3c... y llegó Moisés al Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yhaveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía… Pues, ahí está la cuestión; porque si se hubiera consumido, ¡adiós barzas! Yo creo que hubo en ese momento un defecto de fabricación y que fue un error hacerlas de material incombustible. Los niños de mi quinta que nacimos y vivimos en los pueblos, seguro que recordamos haber visto a nuestros padres quemar barzales en otoño o en invierno (todos los años) y comprobar cómo brotaban de nuevo, como si tal cosa, en la siguiente primavera.

 

El caso es que practicábamos el barzing todos los años y con mucho fundamento, que decía el otro. Recordando tiempos pasados, vienen a mi memoria varios momentos relacionados con las barzas. Durante el mes de diciembre de cada año, los chavales en edad escolar recorríamos las huertas, la glera del río y los montes próximos al pueblo para ir recogiendo materiales que alimentasen la “hoguera de Nochebuena” que cada 24 de diciembre encendíamos en la Plaza. Una de las piezas más cotizadas eran los barzales porque arden con facilidad y animan con rapidez el fuego para que se enciendan a su vez troncos y “tozas” de árboles (conjunto formado por la base del tronco y las raíces, mezclado con algo de tierra…). Si veíamos a alguien del pueblo que estaba limpiando alguna margen de un campo o de un huerto, le decíamos que nos guardara el barzal para la hoguera de Nochebuena (también llamada por nosotros hoguera de Navidad, porque, en realidad se encendía a las 12 de la noche del día 24 de diciembre, un poco antes de la misa de gallo). Luego las peripecias que pasábamos para transportarlo hasta el depósito de leña y hasta la Plaza solían ser curiosas. Lo mismo hacíamos cuando éramos nosotros mismos los ayudantes de nuestro padre a la hora de ejecutar alguna de esas limpiezas de márgenes: reservábamos el barzal para la gran hoguera colectiva. Las barzas se cortaban con tijeras de podar, con “dallos” (guadañas) o con el “cortabarzas” y en todos los casos, acababa uno señalado, con gotitas de sangre, espinas clavadas, rasguños de variadas dimensiones y cien veces repetida la fina expresión: “las putas barzas”, cada vez que nos acariciaba alguna de ellas.

En las épocas de siega manual, en las que se hacían gavillas en el campo y luego se ataban en fajos, solía haber unas barzas poco desarrolladas que se extendían por el suelo y que llamábamos “richoleras”… Al tratar de coger las gavillas, esas barzas constituían frecuentemente desagradables sorpresas “acariciando” nuestras manos y brazos.

En cambio, en primavera cortábamos, pelábamos y nos comíamos los brotes verdes de las barzas (a pesar de que no eran un manjar exquisito). Ya tenían espinas, pero eran tiernas y no se clavaban y al final del verano asaltábamos los barzales para darnos algunos atracones de moras. Las moras nos las comíamos tal como las íbamos cogiendo, pero nos gustaba ensartarlas en unas hierbas que llamábamos “lastón” y así, cuando regresábamos al pueblo, teníamos una pequeña reserva de dulce alimento antes de refugiarnos en casa.

 

En Labuerda, aún vive quien hizo de la frase (¡hay que comer barzas!) una sentencia que glorificaba el esfuerzo y la escasez para saber apreciar luego las bondades y la abundancia que te regala la vida (que te las regala o que te la encuentras o que te la ganas…) o que la utilizaba en el sentido de que sólo si has comido barzas, sabrás apreciar suficientemente las mejoras que vayas encontrando en tu vida. Bueno, la filosofía popular está llena de sentido común y de originalidad, sin duda.

 

Y para terminar este post, añado un pequeño relato recreado de una anécdota que tuvo como protagonistas a un sastre y una zarza y que se cuenta en muchos pueblos de Sobrarbe. La escribí y publiqué hace ya unos años en la revista El Gurrión.

 

“Hace un montón de años, cuando las carreteras eran caminos y la mayor parte de los coches tenían cuatro patas en lugar de cuatro ruedas, los sastres practicaban su oficio de aguja, dedal y tijera, de pueblo en pueblo, de aldea en aldea.

Acudían a cualquier sitio al que eran llamados para cortar y coser unos pantalones, un traje completo, camisas, batas, etc. También se ocupaban de arreglar la ropa que se le había quedado pequeña a uno de los críos y todavía le venía grande al siguiente, y además eran capaces de convertir una falda en desuso en unos pantalones cortos a la última moda.

Recorrían los caminos, llegaban a los pueblos, comían y dormían en las casas para las que trabajaban, establecían nuevas relaciones…; bueno, a decir verdad, eran personas con mucho “mundo”. Además las gentes los apreciaban porque desarrollaban un trabajo necesario y, como la economía de los lugareños eran más bien débil, siempre les salía más barato el trabajo del sastre que la compra de vestimentas nuevas; por otro lado, escasas y de venta en pueblos grandes o en ciudades alejadas de la aldea o del pueblo.

Cuando se acababa la faena en el lugar donde se hallaban, empaquetaban sus frágiles y poco voluminosas herramientas y al amanecer o al atardecer recorrían el camino hasta el pueblo siguiente, aquél en el que debían arreglar un par de chaquetas, coser un traje para el alcalde y hacerle un vestido a la mujer del médico que tenía que ir de bodas a la capital.

 

En tierras de Sobrarbe, vivía Joselón de Agueda; sastre con oficio bien aprendido que, andando por un camino pedregoso y angosto, y con la noche temprana de octubre cayendo sobre la tarde desvanecida, notó que “alguien” lo agarraba por la manga de la chaqueta y se quedó clavado, sin decir ni pío. Nunca había sido un hombre valeroso y aquella situación lo desbordó por completo.

Con el cuerpo inclinado hacia delante para intentar soltarse de aquella “mano” siniestra e inesperada, permaneció toda la noche. Tiritaba sin cesar, más como consecuencia del miedo que le embargaba, que del frío acumulado a medida que avanzaba la noche. Por su cabeza pasaban imágenes desagradables y presentía su fin de un momento a otro. No volvió su vista hacia atrás en toda la noche, tal era el pánico que sentía, y de haberle visto el color de su cara, éste hubiera sido el blanco más pálido imaginable.

Cuando el alba trajo la luz a la mañana, el sastre comprobó que aún seguía vivo y decidió que debía hacer algo porque aquella situación ya duraba demasiado tiempo. Volvió la vista y se quedó de piedra viendo que estaba enganchado a una zarza del borde del camino. Recuperando la compostura, tranquilizando el ánimo y sacando lentamente la afilada tijera de la alforja, cortó el frágil apéndice vegetal que lo había mantenido toda la noche preso, a la vez que exclamaba en tono desafiante:

 

-          Si en vez de barza, yes un hombre, te corto o pescuezo

 

Y el sastre siguió su camino hasta el siguiente pueblo, en donde las malas lenguas aseguran que se pinchó muchas veces con la aguja mientras cosía, debido al sueño que tenía por haber pasado tantas horas sin dormir”. (El Gurrión, número 56, verano de 1994, páginas 17 y 18)

 

Hay lugares en los que sería necesario realizar campañas de barzing: aquellos pueblos y aldeas que han sido pasto del olvido y la despoblación y que han sido engullidos y borrados por las barzas y otras plantas trepadoras, tapando a la vista los esqueletos de sus casas, restos de la vida de otro tiempo, despojos de la muerte de esos núcleos de población donde tan a gusto crecen las putas zarzas incombustibles.

 

 

SEMANA SANTA

 En el calendario individual, estos días de marzo o abril suelen estar debidamente subrayados porque son días de escapada general; y es tanta la alegría con la que llegan, como la velocidad a la que pasan. De modo que si hace “cuatro días” estábamos a punto de iniciar estas peculiares vacaciones de primavera, escribo ya cuando han finalizado las mismas. Para empezar, ahí va una colección de “meacuerdos”, relacionados con otros tiempos personales, de otras “semanas santas”:

 “Me acuerdo de mis tres años de monaguillo. Me acuerdo que el cura hacía una misa diaria y muchos días, además de los que me “tocaba”, me venía a buscar a mí para “ayudarle”. Me acuerdo que sólo “cobrábamos” en las celebraciones extraordinarias: bodas, bautizos y entierros, además del día de San Roque (Fiesta Mayor). Me acuerdo que cuando venían los curas de Robres no les faltaban ayudantes porque, cada día nos daban una moneda de 2´50 pesetas. Me acuerdo de la desagradable sensación de que me cayera ceniza por la ropa en el miércoles de idem. Me acuerdo de la profusión de actos religiosos en cada semana santa. Me acuerdo del cumplimiento pascual y de las confesiones multitudinarias. Me acuerdo de los pecados de pensamiento, imposibles de controlar. Me acuerdo que el domingo de ramos, los chicos y las chicas íbamos a la iglesia con la rama de olivo cargada de dulces de azúcar, caramelos y galletas. Me acuerdo que algunos mayores que ya no llevaban ramo, intentaban coger algo del de los pequeños. Me acuerdo que el domingo de ramos se salía en procesión hasta la Plaza y que era una procesión corta. Me acuerdo que íbamos por las calles del pueblo tocando matracas y carraclas para anunciar los oficios de los días de semana santa, porque estaba prohibido tocar las campanas. Me acuerdo que cantábamos-gritábamos: “¿Dónde está Judas? –En casa Saludas. ¿Dónde está el diablo? –Por aquí ha pasado. Pues a matracalo que ye muy malo”. Me acuerdo que se tapaban las imágenes de la iglesia. Me acuerdo que los que ayudábamos a misa, esa semana, debíamos sustituir la campanilla por la matraca y que ninguno quería tocarla porque resultaba complicado. Me acuerdo que tenía que ir a casa a buscar brasa con el incensario. Me acuerdo que debía hacer el trayecto de casa a la iglesia balanceando el incensario y seguir así en la sacristía hasta que me llamara el cura para utilizarlo. Me acuerdo de los apuros pasados para que las brasas no se apagaran o para evitar que se cayeran por el suelo, con el follón de cadenas del aparato. Me acuerdo que años después supe que en Santiago de Compostela tenían uno mucho más grande que se llamaba “Botafumeiro”. Me acuerdo que mi madre iba a comprar una bula a la iglesia para poder comer carne. Me acuerdo que los viernes de cuaresma comíamos de vigilia. Me acuerdo que el día de viernes santo sacábamos a un cristo en procesión y que había un balcón por donde casi no pasaba. Me acuerdo que íbamos a hacer visitas al “monumento”. Me acuerdo que las madres y abuelas hacían turnos de media hora para custodiar el “monumento”. Me acuerdo que, cuando salía la procesión, los hombres que estaban jugando a cartas en el bar, cerraban los porticones para disimular su presencia. Me acuerdo que me contaban cómo eran las procesiones unos cuantos años antes, con un largo recorrido, fuera del pueblo. Me acuerdo que un año vino un misionero que enardecía a la gente. Me acuerdo verlo subido en la fuente (en una de las procesiones) e imprecar a un conductor que –cosa rara, entonces- trataba de entrar en el pueblo con su coche. Me acuerdo que era un hombre que gritaba, que asustaba y que algunas personas estaban fascinadas con su verbo. Me acuerdo que el lunes de pascua recorríamos el pueblo con el cura. Me acuerdo que bendecía, casa por casa, desde el patio, a cambio de una ración de huevos y, a veces, algo más. Me acuerdo que, tanto el cura como los monaguillos, íbamos vestidos como tales. Me acuerdo que uno de los monaguillos llevaba y hacía sonar la campanilla y el otro llevaba el agua bendita con el hisopo. Me acuerdo que yo no entendía qué podía hacer el cura con tantos huevos. Me acuerdo que pensaba que igual estaba tan gordo de comer tantos huevos. Me acuerdo que decían que los conservaba “enronados” en cal. Me acuerdo que empezamos a tener roces con el cura porque cantábamos algunas noches de la semana santa y porque organizábamos cenas de gente joven. Me acuerdo de la “chiretada”. Me acuerdo que un centenar de personas nos juntábamos a cenar en Casa Turmo el día de sábado santo. Me acuerdo que cenábamos, entre otras cosas, chiretas. Me acuerdo que luego hacíamos baile. Me acuerdo que la semana santa empezó a dejar de ser santa y pasó a ser festiva. Me acuerdo que lo más importante de esas fechas era el reencuentro con los amigos para compartir unos días de vacaciones. Me acuerdo que lo que intentábamos era hacer todos los días baile, con un tocadiscos, para poder mezclarnos con las chicas. Me acuerdo que en las viñas florecían las almendreras y en las huertas otros árboles frutales. Me acuerdo que nosotros (chicos y chicas) también “florecíamos”. Me acuerdo que, alrededor de esos días, todo el mundo sembraba las patatas. Me acuerdo que, sin darnos cuenta, aumentaba la presencia de pájaros y el sonido de sus trinos. Me acuerdo que éramos mucho, mucho más jóvenes. Me acuerdo que un día de sábado santo legalizaron al Partido Comunista…”

 Este año ha hecho un tiempo típico de estas fechas, marcado como siempre por cierta o total inestabilidad. Ha hecho sol, ha habido nubes, ha llovido, ha hecho algo de frío, ha nevado en las alturas… Los días soleados han permitido el disfrute del entorno. Las lluvias de este invierno han regalado una primavera esplendorosa. En Labuerda, los campos de cereal o de hierba, verdean con pujanza y brillantez, entre los setos naturales formados por distintos arbustos y algunos árboles, especialmente robles (“caixigos”) que todavía no han recuperado sus hojas después de la obligada desnudez invernal. Las márgenes de los campos jalonan esos mantos verdes que auguran una buena cosecha.

 Y si el monte está viviendo tiempos de exhuberancia, qué decir del río. El Cinca baja crecido, bravo, cantarín y rumoroso. Sus aguas, algo oscurecidas por los aportes continuos y por pequeños e intermitentes deshielos, recorren veloces el cauce y dan una sensación de abundancia, de fuerza… El Cinca ha hecho perfectamente sus deberes y mantiene llenas sus presas y sus pantanos: accidentes que le impusieron tiempo atrás los seres humanos. En los picos hay una notable acumulación de nieve que anuncia abundantes mayencos cuando la primavera esté más avanzada y seguro que el estado actual de la cuenca dibuja más de una sonrisa entre los regantes de la tierra baja, pensando en los frutales y en el verano.

 Pasear por el monte o hacerlo por las orillas del río, son dos actividades que hemos practicado estos días y que contribuyen a solazar el espíritu, a descargar tensiones y a cargar pilas para abordar el último trimestre del curso. Cierto que cualquier otro fin de semana uno va más tranquilo por la carretera y por algunos caminos; más tranquilo y más relajado, sin que un grupo numeroso preceda tu marcha o vigile tu retaguardia, pero esa multitudinaria coincidencia vacacional, hace inevitables las aglomeraciones.

 Viajamos un día a Figols de Tremp a “recordar” la casa. Salimos lloviendo de Labuerda (parece que cada vez que vamos en aquella dirección, empeora el tiempo e incluso llueve. Parecemos una “rogativa”). Luego el día se arregló y pudimos dar un paseo, aunque bien batido por el viento del norte que llegaba cargado de frío de la nieve caída en las alturas. En casa comimos alrededor del fogaril encendido escuchando el sonido del fuerte viento en el hueco de la chimenea. Las nubes eran zarandeadas violentamente y el fenómeno resultaba vistoso; cada pocos minutos se oscurecía el cielo porque una nube tapaba el sol, pero con rapidez llegaba un claro, al que le sucedía otra nube… Y con esa situación de sol y sombra intermitentes transcurrió la tarde. Dejamos atrás Figols y al cabo de una hora, más o menos, hicimos un alto en el camino para visitar la población de Perarrúa (en el Valle del Ésera). Nos llamaba la atención, cada vez que pasábamos por la carretera, la torre de su iglesia, un puente medieval que vislumbrábamos al pasar por la carretera y la iglesia que hay construida en una plataforma natural elevada pintorescamente del terreno anejo. Dimos una vuelta por el pueblo y visitamos algunos de esos monumentos o los fotografiamos con tranquilidad.

 El día de jueves santo viajamos a Sabiñánigo por la carretera de la Guarguera: una vía poco transitada, que atraviesa montes y pequeños pueblos con poca gente: Campodarve, Mesón de Fuebla, Laguarta, Molino Villobas…, amén de varios anuncios de otros pueblos o aldeas. En Sabiñánigo fuimos directos a visitar el espacio Pirenarium, con la reproducción en miniatura de edificios emblemáticos de Aragón, sobre todo de la provincia de Huesca. La idea nos pareció buena, pero el estado de las maquetas empieza a no ser el adecuado. Creemos que se puede mejorar el mantenimiento de la instalación, aunque es previsible que al estar al aire libre la cosa no sea nada fácil. Comimos y nos acercamos al campo de fútbol, pues esa tarde iba a celebrarse un partido de Tercera División, entre la U.D. Sabiñánigo y la U.D. Fraga. Daniel estaba convocado y lo acompañamos. Nos alegró comprobar que Daniel salía de titular y ver que la jugada más peligrosa del Fraga, en la primera parte, fue una vaselina que Daniel realizó sobre la portería contraria y que el portero evitó el gol en el último momento. Jugó hasta el minuto 20 de la segunda parte y el partido terminó con empate a cero. El regreso lo hicimos por Cotefablo, con bastante más tráfico de autos. Al final, comprobamos que el tiempo invertido había sido el mismo, a la ida que a la vuelta: una hora y media, en cada caso. Fue un día bien aprovechado y muy satisfactorio.

 El domingo por la tarde bajamos con Daniel hasta Samitier. Subimos caminando hasta la zona de los “castillos”: restos de un castillo medieval y ermitas de San Emeterio y Celedonio (en lo alto) y de Santa Valdesca (un poco antes). Creo que no hay otra atalaya en Sobrarbe desde la que se observe un panorama tan espectacular (ya lo comenté en otro post de este blog). Acompañaba el día (a pesar de que había algo de ventisca en Treserols y la masa de agua del pantano se veía de color verde) y disparé un montón de fotografías… Los campos de Lamata y del entorno de Mediano, etc. ofrecían además otro punto de atracción, verde y primaveral. Hacía un viento fuerte en las alturas, pero el sol dulcificaba el ambiente. Descendimos, tras recoger algunos fósiles interesantes y visitamos Samitier: la fuente con cuatro enigmáticas caras, un reloj de sol, varias construcciones viejas y sugerentes, un murciélago en un “trucador” y la torre-ermita del final del pueblo nos llamaron la atención. Iniciado el regreso, paramos de nuevo en las orillas del pantano de Mediano para hacer aún algunas fotografías de la punta de la torre emergiendo, de la Peña Montañesa y Cotiella, de las tres Marías y de Treserols que, a esa hora, se había desprendido ya de las nubes de ventisca que lo cubrían…

 Y hoy, lunes de pascua, “sin huevos que recoger”, cargaremos los bártulos y volveremos a Fraga, después de esta semana de paréntesis que tanto nos ha ofrecido.

 P.D.: Un saludo para José Luis C. y Paula y para Anny  A.y Luc V. que, en días diferentes, pasaron por casa y con quienes pudimos charlar un rato y con quienes esperamos volver a coincidir.

TRABAJOS DE OTOÑO, FLORES DE PRIMAVERA

Hay cierta similitud entre la siembra y la escritura, la floración y la edición. De mi infancia y mi juventud recuerdo el trajín de algunas temporadas de otoño, preparando la tierra y enterrando las semillas. Faenas ésas, que hacía mi padre, y en las que yo ayudaba con distintos niveles de entusiasmo (algunos días, muy poco, porque lo que me apetecía era echar un partidillo de fútbol con los amigos, claro). Si no se malograban las labores agrícolas realizadas y acompañaban las lluvias, al despuntar la primavera del año siguiente, los campos verdeaban intensamente, ofreciendo una imagen muy esperanzadora que satisfacía al esforzado labrador y que premiaba su tesón y su trabajo, aunque aún faltaran algunos sobresaltos hasta poder recoger la cosecha…

 

Con la escritura, en estos días, he tenido la misma o parecida sensación. Me explicaré. En distintas fechas del primer trimestre de este curso escolar, recibí varias propuestas e invitaciones a escribir algunos textos que más adelante formarían parte de publicaciones de autoría colectiva. Uno se afana en hacerlo lo mejor que sabe o, en tratar de ofrecer algo diferente de lo escrito hasta la fecha, para contribuir a que aquella publicación futura tenga un contenido sorprendente y llame la atención a sus potenciales lectores. Y, ahora, recién estrenada la primavera, estoy disfrutando de algunos alumbramientos que quedaron “embrionados” hace unos meses.

 

Marta Martínez, directora de la revista Educación y Biblioteca (revista bimestral que se edita en Madrid) me invita con frecuencia a realizar la reseña de alguno de los libros que llegan hasta la redacción de la misma. Siempre le digo que sí porque es una manera de autoexigirme disciplina en la lectura de un documento que no tenía pensado leer y de escribir de una manera determinada. Suelen ser, en la mayoría de las ocasiones, libros de autoría colectiva y por tanto, libros que requieren reseñas amplias para poder hablar mínimamente de todas las aportaciones. En el último número de la revista, el 175, correspondiente a los meses de enero-febrero participo con una de esas contribuciones: una reseña sobre el libro “Guía para bibliotecas escolares”, editado por la Universidad de A Coruña (páginas 30-33). Así termina mi reseña:

Resulta complicado reseñar un libro de estas características y mucho más hacer una lectura crítica para verterla en las páginas de una revista que debe administrarlas con mesura. Por tanto, dejo aquí esta especie de radiografía de contenidos para que si alguien está interesado, a la vista de las temáticas desarrolladas, pueda consultarlo de vez en cuando. Este volumen de 376 páginas, publicado por “a Universidade da Coruña”, creo que es una obra completa e interesante, aunque es de justicia reconocer que muchos de sus contenidos podemos encontrarlos en otros documentos ya publicados y que estas obras podrían perfectamente “habitar” uno de esos mundos virtuales de los que el mismo libro habla, como obra de consulta.”

Para el próximo número de la revista, el 176, que saldrá a finales de abril, ya le mandé la reseña de otro libro colectivo, el que recoge las ponencias, talleres, conferencias, etc. de las XVII Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares que organiza la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca: más “floraciones primaverales”, por tanto, aunque en este caso la siembra se realizara (como el cereal de ciclo corto) a mediados de febrero.

 

José Luis Polanco, también en ese tiempo otoñal, nos invitó a escribir una aportación para la revista PEONZA. Ahora, a mediados de marzo hemos recibido el número 91 de la revista, con el título genérico de “Mundo rural y universo urbano”. Su sugerencia era que nos ocupáramos de leer y reseñar dos libros de LIJ, en el que los protagonistas fueran niños y niñas; en un caso, niños de pueblo y en otro, de ciudad. Compartí con mucho gusto el encargo con Mercè, de modo que tras una introducción general, ella leería “Manolito Gafotas” y haría la reseña de ese libro y yo iba a leer “La guerra de los botones”, haciendo luego la reseña correspondiente. Intentamos ponernos de acuerdo en unos cuantos puntos de desarrollo común para que resultase más didáctica la realización de las reseñas y la lectura de las mismas. Y ésta es la introducción del artículo, que lleva por título: “Niños de pueblo y  niños de ciudad”:

 

La literatura y el cine parecen las artes más apropiadas para testimoniar o recrear la vida de una época determina. Escritores y cineastas suelen ofrecernos retratos bastante precisos de épocas pasadas que, de ese modo, podemos conocer con más detalle o bien dibujan perfectamente los rasgos característicos de las sociedades en las que les tocó vivir. También se ocupan de prospectar el futuro. En realidad, la Literatura y el Cine son las dos grandes “máquinas del tiempo”, a través de las que podemos viajar hacia el pasado, recrear el presente y mirar hacia el futuro.

 

 La sociedad rural y la sociedad urbana coexisten desde hace siglos, pero parece evidente que en la misma proporción que disminuye la influencia de la primera, crece la preponderancia de la segunda. Es más, hoy día, el progreso y el triunfo se miden por la insultante presencia de la segunda respecto de la primera. De hecho, suele considerarse que un país es avanzado y moderno si la mayor parte de su población vive en ciudades y trabaja en el sector servicios; mientras que si trabaja en el sector primario y vive en zonas rurales, se considera que el país en cuestión está en vías de desarrollo…

¿Y la infancia? ¿Es lo mismo vivirla en una ciudad que en un pueblo? ¿Son los niños de los pueblos muy distintos a los de las ciudades?

 

 Centrándonos en la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), podríamos preguntarnos si sería posible encontrar obras que reflejen esa evolución o esos cambios, y si podríamos rastrear, merced a algunos libros, las diferencias entre lo rural y lo urbano y, especialmente, entre los niños y niñas nacidos y crecidos en un pueblo y los que viven su infancia en una ciudad. A modo de aproximación, hemos elegido dos libros, publicados en distintos países y en distintas épocas. Ochenta años separan las vivencias contadas; uno en la Francia de las vísperas de la Primera Guerra Mundial y el otro en un barrio de Madrid, en la última década del siglo XX.

 

Los longevernos y los velranos, protagonistas de “La guerra de los botones” y los chicos de Carabanchel Alto, protagonistas de “Manolito Gafotas”, tienen algunos parecidos y algunas diferencias, como no podía ser de otra manera. Son diferentes las condiciones que dibujan uno y otro entorno (lo que permite un tipo de actividades naturales, propias de la infancia, u otras) y el tiempo en el que se sitúan las historias. Por el contrario, la vitalidad y la despreocupación de la que hacen gala; el uso de un lenguaje límite en muchas ocasiones; la agresividad física y verbal; el uso de motes para llamarse entre ellos; el poco aprecio por la escuela; el equilibrio entre obediencia debida y la desobediencia practicada al padre y a la madre…son características que definen a todos ellos, rurales o urbanos, aunque podríamos matizarlas. Quizás, hoy día, la TV, los juegos electrónicos, Internet, etc. están limando las diferencias y globalizando los comportamientos, los juegos, el lenguaje, los gustos, los mitos y los héroes y heroínas…dando como resultado unos niveles preocupantes de uniformidad…”

 

Enrique Satué, Director del CPR de Huesca, me invitó, junto con otras personas, a escribir una colaboración para un libro que iba a llamarse “La voz de la experiencia”. En él íbamos a participar, maestros y maestras que íbamos a ofrecer unas charlas, testimonios o ponencias en un curso de igual nombre que se ofrecía a las maestras y maestros que habían aprobado las oposiciones el pasado año. El curso se desarrolló a lo largo del primer trimestre y el libro ha visto la luz, con el comienzo de la primavera. Cada una de las 15 personas que fuimos invitadas a escribir respondimos a cuatro puntos: “Algo sobre mí”; “Carta para noveles”; “Uno de mis fuertes” y “A modo de deberes”. Sin duda, un esquema muy sugerente que, por lo que he visto hasta donde he leído, puede ser una buena fuente de sugerencias y de sostenimiento del ánimo para quienes empiezan, porque hay una gran variedad de testimonios personas, una larga lista de sugerencias, una aportación concreta y explicada del aspecto que cada cual ha ido relatando y algunos consejos que pueden orientar a quienes comienzan esta andadura. Coincido en el libro, como ya he dicho, con otras catorce personas, pero me hace especial ilusión encontrarme en él con Miguel Calvo y con Alfredo Larraz, por las coincidencias que hemos ido teniendo desde hace muchos años. El libro, además del título que ya he nombrado tiene un subtítulo expresivo: “Sentimiento y ciencia para el profesorado novel” (ISBN: 978-84-8127-219-2).

 

La presentación del mismo tuvo lugar el pasado 26 de marzo: Día de la Educación Aragonesa, en un acto celebrado en la sede de la Diputación Provincial de Huesca. El acto estuvo presentado por Enrique Satué y presidido por la Consejera Mariví Broto, con asistencia de un centenar largo de personas. A lo largo del mismo también se presentó y proyectó un DVD de 62 minutos de duración, sobre “el Plan 67”. Una tarde del pasado otoño, Enrique y Ramón, urdidores del plan, bajaron a Fraga y estuvieron filmando en mi casa materiales, recuerdos, opiniones, documentos… relacionados con mi época de estudiante de magisterio, con la época social que vivíamos, con mis primeros destinos,… Nunca supe qué iban a hacer con aquel material, en qué convertirían aquellas aportaciones y con quienes las cotejarían... Lo descubrí el pasado viernes, cuando contemplaba atónito el documental. Compartiendo “cartel”, con Elena Ruiz (maestra y amiga) y Gloria Medrano (profesora de psicología de entonces), con aportaciones musicales y documentos audiovisuales de aquellos años, fuimos desglosando recuerdos de una época importante para nosotros porque fue cuando nos formamos e iniciamos nuestro recorrido profesional… : http://vimeo.com/10390383

Una jornada llena de sorpresas, de encuentros y reencuentros, de saludos y felicitaciones, de agradecimientos… que finalizó con una cena, mucha conversación y algunas canciones (que es como terminaban todas las cenas de mis tiempos de estudiante). Por el momento, la última “flor primaveral”, unos minutos después de iniciar las vacaciones de semana santa.

Ayer tarde, sentados con Mercè, a las orillas del Cinca, ya en Labuerda, saboreábamos esa jornada del viernes, mientras la música de fondo la ponía un río esplendorosamente primaveral que, con las últimas lluvias y las últimas nieves augura una hermosa primavera de mayencos, un deshielo que ayudará a fertilizar las tierras bajas.

BIBLIOTECAS ESCOLARES DE AHORA

1.- Hace unos días, recibimos un documento que estábamos esperando hace un tiempo. A comienzos del curso pasado: noviembre de 2008, llegaron al colegio dos personas de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca para realizar algunas observaciones sobre el funcionamiento cotidiano de la biblioteca escolar. Previamente se nos había comunicado la intención de realizar un estudio, a nivel nacional, sobre bibliotecas escolares. Para ello se habían seleccionado cuatro centros de Primaria y otros cuatro de secundaria; centros que habían recibido algún premio en las últimas convocatorias del Ministerio de Educación, concretamente en las de 2006 y 2007, identificadas como Concurso nacional de buenas prácticas para la dinamización e innovación de las bibliotecas de los centros escolares. A esos ocho centros iniciales, se añadieron al final dos más: uno de primaria y otro de secundaria. Voy a nombrarlos a todos:

CEIP Cossetània (Vilanova i la Geltrú – Barcelona) – CEIP José Mª de Calatrava (Mérida – Badajoz) – CEIP Miguel Servet (Fraga – Huesca) – CEIP Virgilio Nieto (San Esteban de Pravia – Asturias) y CEIP Jaume I (Barcelona ). IES Bajo Cinca (Fraga – Huesca) – IES nº 5 (Avilés – Asturias) – IES Marqués de Suances (Ferrol – A Coruña) – IES Pedro Jiménez Montoya (Baza – Granada) y el IES Juan de Herrera (San Lorenzo del Escorial – Madrid ).

 

El trabajo de campo lo realizó, con visitas por parejas, el Equipo de la FGSR y la dirección del proyecto corrió a cargo de cinco personas de currículo relevante en estos temas. En nuestro caso, tuvimos la oportunidad de cambiar impresiones, ideas y afectos con Tita y Rebeca, la pareja de investigadoras que acudieron a nuestro centro en dos momentos distintos de ese primer trimestre.

 

El documento que resume este proyecto de investigación tiene formato apaisado y lleva por título: Bibliotecas escolares “entre comillas” y como subtítulo: “Estudio de casos: buenas prácticas en la integración de la biblioteca en los centros educativos”.

 

Copio unas ideas de la Introducción: “El trabajo que se presenta en las páginas que siguen expone los testimonios de los responsables de la biblioteca, de los directivos, de los docentes y de los estudiantes procedentes de diez centros que han destacado por su trayectoria en el desarrollo de la biblioteca escolar. Su voz, la literalidad de sus palabras, es lo que da sentido al trabajo, y de ahí el título de la obra y la constante referencia a sus declaraciones (convenientemente entrecomilladas)… Este no es un libro sobre el debería ser de la biblioteca escolar, ni un manual para desarrollarla… Pretende ser un reflejo en primera persona del deseo de cambio y de la búsqueda, desde dentro, de prácticas adecuadas a cada situación…

 

El grueso del libro lo ocupan 15 apartados, organizados bajo el título general de LO PECULIAR ES IMPORTANTE. Creo que es una acertada apuesta anticlonación; es cierto que las bibliotecas comparten una base común en cuanto a la organización, las funciones, los objetivos…, pero deben tener personalidad propia y esta manera de mostrar las observaciones realizadas en el estudio, me/nos parece muy acertada porque pone en valor, lo singular, lo característico de cada centro; reflejo muchas veces de su adecuación a un entorno específico, con características propias. Los títulos de esos quince apartados son: Integración de la biblioteca en el proyecto de centro. Planificación y evaluación. Difusión y marketing. Apoyo del equipo directivo. Liderazgo y profesionalización del bibliotecario. Habilitación del espacio. Biblioteca como espacio docente. Formación de usuarios. Formación del profesorado. Fomento de la lectura. Servicios al profesorado. Implicación de los profesores. Participación de los alumnos. Implicación de las familias. Colaboración con la biblioteca pública.

 

Cada uno de ellos se desarrolla en varias páginas: en la primera, se explica un poco el título. En la segunda, en todos los casos, se ofrecen tres columnas de análisis, relacionadas con esa peculiaridad y encabezadas por los siguientes conceptos: Factores favorecedores – Barreras – Repercusiones (interesantes reflexiones, en todo caso). A continuación, tomando algunas declaraciones u opiniones textuales de algunas de las personas entrevistadas se ejemplifica la peculiaridad y se ofrecen rasgos percibidos que la precisa. Se termina con la sección “Buenas prácticas”, en la que se ofrece uno o varios testimonios más minuciosos que hacen referencia a ese aspecto peculiar previamente definido. Este sería el esquema de esos 15 apartados que son el meollo de la investigación (de la página 21 a la 131). Como en otros casos, es más fácil de entender el trabajo con el libro delante que explicado de este modo, pero quien esté interesado en echarle un vistazo o consultarlo con detenimiento, puede solicitarlo a la citada Fundación o pedir en su biblioteca pública de referencia que se hagan con un ejemplar.

El trabajo es una coedición de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Educación y de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y tiene el siguiente ISBN: 978-84-89384-79-8

 

Ojalá la difusión del trabajo sea la que debe ser y su lectura y consulta ofrezca  algunas posibilidades, ideas y ánimos a quienes andan en similares faenas. Quienes participamos en esa investigación (en ningún caso se nombra a nadie, aunque las ejemplificaciones son reconocibles para quienes trabajan / trabajamos alguno de los aspectos nombrados) nos sentimos reconocidos y honrados, aún sabiendo que hay otros muchos sitios donde mirar, porque también se están haciendo la cosas con sentido común y una gran dosis de entusiasmo.

 

2.- Y, al hilo de todo ello, voy a permitirme un ejercicio de memoria y recuerdo. Tomo prestada la idea de texto que desarrolla Joe Brainard en su libro “I remember”, del que en anteriores post de este blog ya he hablado por utilizar su idea para que los chicos escribiesen con distintos fines, y voy a remontarme al inicio de la década de los ochenta para contar, con esos recuerdos puntuales, la evolución de los tiempos de “prebiblioteca”. Ésta sería la relación particular de “meacuerdos”:

 

Me acuerdo de cuando los libros antiguos se apoyaban aburridos en baldas metálicas en un cuarto lleno de sillas y mesas viejas, cubiertos de polvo. Me acuerdo de que no había ningún horizonte posible para iniciar la constitución de una biblioteca. Me acuerdo de formar con ladrillos y tablas (pintado todo de blanco) el soporte más primitivo posible con el que iniciar un rincón de biblioteca de aula. Me acuerdo de escribir a embajadas extranjeras en España, a revistas de naturaleza y de viajes, a editoriales, a entidades bancarias, etc. para pedir materiales: libros, folletos, revistas con los que ir llenando los espacios que habían creado las tablas y los ladrillos (nada que ver con la burbuja inmobiliaria). Me acuerdo de realizar christmas navideños con la técnica de la gelatina y comprar, con los dineros de su venta, algunos libros para el aula. Me acuerdo de pedir una cantidad de dinero a cada chico de clase para comprar tantos libros como alumnos, todos diferentes, y de “contrastada calidad”, con los que enriquecer el rincón de lectura del aula. Me acuerdo de sugerir hacer un fichero de opiniones, tras la lectura de los libros, y así poder descartar para otros años aquellos que no gustaban. Me acuerdo de hacer un documento de análisis de los libros que los chicos iban leyendo, atendiendo a sus resúmenes y sus opiniones. Me acuerdo de las lecturas en voz alta que hacíamos en clase. Me acuerdo de los carnets de lector-a que hacíamos cada curso escolar para anotar los libros que leíamos de la biblioteca de aula. Me acuerdo que participábamos con resúmenes y opiniones en el boletín periódico de la Biblioteca pública. Me acuerdo que hablábamos de todo ello en la distintas revistas de aula que fuimos publicando: “La actualidad de 5º B”, “La Figa”, “Lo Pardal”. Me acuerdo que escribimos algunas cartas a algunos autores y recibimos contestación. Me acuerdo que llegó al colegio, enviado por el MEC un lote con 600 libros de lectura e informativos. Me acuerdo que, como seguía sin haber espacio para colocarlos, ofrecí mi clase para poder tenerlos, registrarlos y prestarlos a las aulas. Me acuerdo que compramos una estantería metálica y realizaba préstamos en bloque al profesorado que quería utilizarlos. Me acuerdo que se iniciaron obras en el colegio y se construyó un nuevo edificio. Me acuerdo que, cuando las obras terminaron, había un espacio que podía servir para nuestros propósitos de crear la biblioteca escolar. Me acuerdo que, efectivamente, aquel espacio parece que estaba destinado a biblioteca. Me acuerdo que no teníamos ni estanterías ni mesas ni sillas. Me acuerdo que el ayuntamiento consintió en prestarnos las estanterías de la vieja biblioteca municipal y que se instalaron en esa sala del nuevo edificio del colegio. Me acuerdo que hablamos con el bibliotecario municipal para ver cómo organizábamos los fondos. Me acuerdo que utilizamos gomets de colores y algunos signos para diferenciar los libros de Preescolar, Ciclo Inicial, Ciclo Medio y Ciclo Superior (que así se denominaban en la década de los ochenta), tanto los libros de lectura recreativa como los de información. Me acuerdo que nos quedábamos algunas tardes con chicos y chicas mayores para ir registrando, haciendo la ficha de autor y la de título y poder alimentar dos ficheros. Me acuerdo que no sabíamos dónde nos conduciría aquello. Me acuerdo que buscábamos información sobre esfuerzos similares en otros lugares geográficos.Me acuerdo que casi nadie hablaba de biblioteca escolar. Me acuerdo que ni había subvenciones, ni horas libres, ni daban puntos, ni nada que asegurase que el esfuerzo y las ilusiones terminasen bien. Me acuerdo que hacíamos actas de las reuniones y tomábamos nota de los planes y de los acuerdos. Me acuerdo que el 14 de marzo de 1988 se abrió por primera vez a la consulta y al préstamo. Me acuerdo que, quienes estábamos ilusionados y animados con aquella posibilidad, empezamos a funcionar como Seminario de Biblioteca, de adscripción voluntaria. Me acuerdo que ya han pasado 22 años desde entonces; ya han pasado muchos años y muchas cosas…, pero eso ya lo recordaremos otro día…”

 

P.D. Después del número doble 246-247, del que ya hablé en un post anterior, por haberlo coordinado. La Revista de Literatura de Primeras Noticias ha publicado ya el número 248: un especial dedicado, precisamente, a las “Bibliotecas escolares”, coordinado por Begoña García y en el que participan, entre otras personas, algunas conocidas (por mí) como Guillermo Castán, Gloria Durban, Inmaculada Vellosillo y Luis Miguel Cencerrado… Nuevas reflexiones sobre un tema que avanza despacio, pero que no pare.

 

 

 

BIBLIOTEQUEANDO POR ALMERÍA

De nuevo en danza por tierras andaluzas. Esta vez, en una provincia en la que todavía no había estado, llevado por estos asuntos de la lectura y las bibliotecas (para simplificar): Almería. El pasado 10 de marzo utilicé una vez más esa secuencia viajera que repito frecuentemente: taxi-tren-taxi-avión-taxi-hotel… hasta llegar al lugar de destino. Por la tarde, debía dar una charla o conferencia (esta palabra siempre la percibo grande y ampulosa) en la Biblioteca Villaespesa:

Los orígenes de la Biblioteca Pública Provincial - Biblioteca Pública del Estado "Francisco Villaespesa" se remontan a 1845, cuando, con 500 volúmenes, se creó la Biblioteca del Instituto Provincial de 2ª Enseñanza de Almería. La Biblioteca Villaespesa ha venido desempeñando un importante papel en la educación y ocio de los almerienses, habiéndose celebrado en 1997 el cincuentenario de su fundación.

Había sido invitado por las personas del CEP de Almería que prefirieron ese espacio para el desarrollo del acto: Carmen Cañabate, Ana Gregorio y María José Irigaray. Le pusimos el título de “Leer, escribir, investigar. Repertorios alfabéticos”. Tras la presentación que hizo Carmen, leí algunas páginas que había escrito resaltando la singularidad de las miradas que proponen los distintos libros que pueden caer en nuestras manos, a través de su lectura… Y cómo, a través de dicha lectura, debemos afinar nuestra capacidad de atención y descubrimiento para que, tal vez algunos de ellos, nos sirvan de modelos de escritura en otro momento. Quise también dejar claro el papel de las bibliotecas escolares, su enorme potencial -si son equipamientos como deben ser-, acordes al tiempo que vivimos. Por todo ello, una de las primeras referencias fue ya “en orden alfabético”:

“… Cuando nos introducimos en esa instalación, a través de la lectura, tenemos muchísimas posibilidades de cambiar de personalidad y sentirnos, cada uno: Artista – Bucanera – Conspirador – Detective – Exploradora – Fugitivo – Guardiana – Héroe – Ídolo – Jinete – Labriego – Maestra – Navegante – Oráculo – Pastora – Quimera – Rapsoda – Sabio – Tabernera – Ufólogo – Vendedor – Zíngaro Y es que en la biblioteca escolar puedes probarte un amplio muestrario de trajes a tu medida y compartir vivencias con personajes extraños, y en principio desconocidos, que se dedican a las profesiones más raras y más emocionantes…”

Quería sugerir el trabajo con repertorios alfabéticos; tanto el de creación libre y sorprendente, como el que nos permite realizar pequeños trabajos de investigación manejando la información que en la biblioteca se guarda o se ofrece en variados soportes. Llevé muestras variadas de ABCdarios recogidos en distintos medios: muchos en periódicos. Es posible escribir la crónica-resumen de un acontecimiento deportivo o de otra índole, seleccionando algunas palabras por orden alfabético o hablar de un personaje de actualidad o de una parte del mundo haciendo una selección de términos relacionados, que puedan ordenarse alfabéticamente; o escribir un poema iniciando cada verso con una palabra que siga un orden alfabético e incluso utilizar el alfabeto para realizar un anuncio impreso… Tengo ya unos cuántos ejemplos de todo ello que certifican esa querencia y esa posibilidad… Allí presenté una muestra fotográfica de los mismos para animar al personal, antes de explicar y mostrar los que yo he venido haciendo o impulsando desde hace tiempo. Algunas entradas anteriores de este blog, contienen ejemplos de lo que digo y también los mostré y expliqué su génesis y desarrollo. Algunas personas se quedaron muy impresionadas con la utilización y la construcción de los ABCdarios mostrados y descubrieron un campo o un camino inexplorado por el que les apetecía transitar. Algunos los mostré en formato marcapáginas, como el extraído del libro “Konrad, o el niño que salió de una lata de conservas” en el que aparece un listado de insultos ordenados alfabéticamente o los juegos de “verbo-nombre-adjetivo” sobre lo que son capaces de hacer las brujas, realizados con chicos y chicas de sexto: “Acosan Animales Acuáticos … Fabrican Fabadas Fáciles … Muerden Manzanas Moradas … Roban Radios Ruidosas …Visitan Volcanes Vacíos…” En otros casos, fueron páginas del blog donde plasmé listados alfabéticos para que trabajaran los chicos o ya publicados en formato cuadernillo… Bueno, tampoco es el momento de relacionarlos todos, sólo quería comentar el hecho. Al final, algunas preguntas, algunas direcciones, algunas peticiones y el gusto de conocer y conocernos con Mariángeles Gonzálvez quien me escribió hace ya unos meses contándome un innovador proyecto de librería, en el que anda enfrascada. Este viaje, no previsto entonces, ha posibilitado que nos conociéramos y pudiéramos hablar un rato.

Y, ahora, una pequeña reflexión sobre el coleccionismo de lo “inútil”, de lo que no tiene valor económico, pero que, en ocasiones, puede proponernos nuevas miradas. El pasado curso ya fuimos testigos de iniciativas parecidas en algunos sobres de azúcar, cuando los coleccionamos en clase e hicimos una pequeña exposición. Desayunaba en el hotel y observé que los sobres de los azucarillos tenían frases curiosas:

“¡Esto del medio ambiente! ¿Será porque ya destruimos la mitad?” – “El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad” (Albert Einstein) – “Hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” (Albert Einstein) – “No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas” (Albert Einstein) – “Cuando el último árbol sea cortado, el último río contaminado y el último animal aniquilado, nos daremos cuenta que el dinero no se come” (Sabiduría Indoamericana) – “No hay nadie tan rico que no necesite una sonrisa ni tan pobre que no la pueda dar” – “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí (Confucio)”…

 

Y seguro que había más, pero yo me quedé con estas lecturas y estos ejemplares. A veces, es suficiente un trocito de papel para ofrecer un breve pensamiento, una reflexión que puede hacernos meditar e incluso que nos alegra o nos incomoda. De todos modos, está bien empezar la jornada laboral con estas breves lecturas matinales.

El día 11 de marzo (aniversario del 11-M) nos trasladamos hasta El Ejido, advirtiendo desde la carretera lo que ya había visto el día anterior, cuando el avión se acercaba a tomar tierra: un mar de plásticos que albergan invernaderos para cultivar muchas de las frutas y verduras que comemos en invierno en otras partes de la península. Se celebraban las III Jornadas Provinciales de Lectura y Bibliotecas, en el Gran Hotel Victoria de El Ejido. Alicia Navarro fue quien me invitó a participar en las mismas. Me había encargado la conferencia matinal y un taller vespertino. La organización había previsto cuatro talleres simultáneos que había que repetir dos veces. Titulamos el taller: "Leemos y escribimos para que lean y escriban".

El título de la conferencia era: “Lectura, escritura y autoedición desde la Biblioteca Escolar”. Tras la generosa presentación que hizo Ana Gregorio, comencé abriendo este blog y leyendo un breve texto acumulativo y colectivo realizado cinco años atrás, con motivo del primer aniversario del 11-M. Me pareció significativo empezar leyendo un texto del alumnado, escrito cinco años atrás, que hacía referencia a unos hechos luctuosos que tuvieron lugar hace seis años y, además, aprovechar la circunstancia que estuviera escrito en este blog, una de las herramientas que iba a mostrar para hablar de lectura y escritura en la escuela: http://gurrion.blogia.com/2005/031101-11-de-marzo.php Me ocupé posteriormente de presentar el trabajo realizado en nuestra biblioteca escolar a lo largo de los 22 años que cumplió ayer (se abrió a la consulta y el préstamo el día 14 de marzo de 1988), explicando un PowerPoint que resume esa trayectoria modesta pero imparable y mostrando algunos de los materiales singulares que hemos ido produciendo en ese tiempo, conectando de esta manera los conceptos de lectura, escritura y autoedición. Desde la Biblioteca escolar podemos implementar acciones tendentes a leer y escribir y elaborar documentos escritos, con formato de pequeños libros libres. Nos convertimos entonces en modestos editores de obras que sólo existen porque nuestro trabajo y nuestros desvelos han sido encaminados en esa dirección creativa y en esa línea de dejar memoria escrita de lo que vamos haciendo…

Después de una copiosa comida colectiva, en la que nos afanamos con devoción, todas las personas participantes en las jornadas, comenzaron los talleres de la tarde (de una hora y media de duración, cada uno). Los inicié leyendo algunos titulares de noticias encontradas aquella mañana y el día anterior en periódicos serios de Almería. Empezamos con cierto humor y explicando la posibilidad de aprovechar lo que iba a leer para hacer un texto nuevo distinto del desarrollo de la noticia, partiendo de un titular verdadero, pero algo sorprendente. ¡Veamos! Periódico IDEAL (10.3.10): “La alcaldesa de Gérgal vota a favor de urbanizar sus terrenos”. “El senador homófobo de EEUU reconoce que es gay”. “Carla Bruni recibió al presidente ruso sin sostén”. “La cigüeña pasa de María Carey”… ¿No me diréis que aquí no hay tema literario? Y mirando el DIARIO DE ALMERÍA de aquel día (11.3.10): “El Misterio de Coronación preside en Exfiliana la presentación de un disco”. “PSOE y PP se llaman nazis y dictadores en la Diputación de Cádiz”. “Detienen a dos gemelos, expertos en artes marciales, con 2.200 kilos de hachís”. “El 20% de los nuevos medicamentos lanzados en 2009 eran huérfanos”… El sentido del humor era el denominador común del “Cuaderno de escritura” que había preparado para poder ir escribiendo de vez en cuando y para mostrar a los asistentes cómo podemos buscar y encontrar pretextos para la escritura que salgan del abanico clásico de las redacciones escolares. Hacíamos breves paradas para escribir o para explicar algunas de las actividades propuestas y, entonces, iba mostrando los materiales que llevé en mi viaje: libros libres desplegables o no, álbumes de fotos, libritos de recopilación folklórica o de repertorios alfabéticos… Y también lo que podemos hacer a través de las nuevas tecnologías: blog, powerpoint, libros electrónicos… Agradecimiento a las personas que acudieron a los actos matinales y a los vespertinos; a las palabras cálidas y cariñosas con las que valoraron el trabajo y a la atención y al respeto mostrado en todo momento.

Y, cuando finalizó la jornada, algo cansado, mis hadas madrinas me devolvieron a la capital, Almería, y me depositaron en la puerta del hotel. Mucho agradecimiento hacia Carmen, Ana y Mª José por el acogimiento y la compañía, ¡lástima que sufriéramos el síndrome del futbolista!: no pudimos ver la ciudad con detenimiento, ya que la agenda estaba completa. ¡Otra vez será! Y ya al día siguiente, viaje de vuelta. Lluvia fina en la ciudad, antes de partir… Por eso, aproveché el santoral de la edición de La Vanguardia del día anterior (11.3.10) para, una vez acomodado en el avión de la compañía “Andalus”, escribir y recitar “por lo bajini” una letanía de rimas, solicitando a los santos del día anterior que frenen o moderen el asunto de la lluvia en Andalucía:

Santa Rosina, que si sigue la lluvia, sea muy fina”. “San Benito, ¡qué cierren el grifo un poquito!” “¡San Talo, que esto de que llueva tanto, da mucho palo!” “San Fermín, que ya se ha desbordado el Guadalquivir…!” “¡San Eulogio, que cada vez que piso la calle, me mojo!” “¡San Eutimio, llévate las nubes al quinto pino!” “¡Santa Áurea, coño, que deje de llover aquí y lo haga en Logroño!” “San Heraclio, si acaso, muy de tarde en tarde, o sea, un rato!” y “Glorioso San Ramiro, que llueva en Haití, pero bocadillos!”.

No sé si ese repaso al santoral del día ha hecho efecto en la climatología, pero estaba lleno de buenas intenciones. Vuelvo con un excelente sabor de boca y con las pilas recargadas.

 

¡SEÑORAS Y SEÑORES!: ¡LA POESÍA!

A veces, te ofrecen encargos gozosos. Ya me pasó hace un par de años, cuando coordiné el número 229 de la Revista de Literatura de Primeras Noticias (ISSN: 1695-8365). El monográfico de entonces estuvo dedicado a “Lectura y Biblioteca” y conté con la colaboración de 11 mujeres y hombres, amigas y amigos que nos encontramos en un territorio común, dibujado colectivamente. Fue muy estimulante y ahí quedó un documento que trataba de reflexionar sobre la lectura y las bibliotecas escolares y establecer puentes, ofrecer un amplio abanico de posibilidades de trabajo en esa dirección; propuestas reales, experimentadas, para llamar la atención sobre la necesidad de implementar la constitución o fundación de esos establecimientos en todos los centros de enseñanza y fomentar la lectura con distintos perfiles y variados objetivos. Escribí, sobre todo ello, un post resumen que puedes consultar en la siguiente dirección: http://gurrion.blogia.com/2007/122001-lectura-y-biblioteca.php

 

Bueno, pues hace pocas fechas, con algo más de retraso del previsto, ha aparecido un número 246-247 de la mencionada revista. En principio, iba a ser un monográfico dedicado a la “Poesía”, pero ha acabado siendo un monográfico doble, esas cosas raras que tienes los editores, dedicado a Poe y a la Poesía, sin que ambas cosas tengan nada que ver (salvo compartir las tres primeras letras “POE”). De nuevo, hemos dibujado un territorio común donde nos hemos encontrado las siguientes nueve personas, desarrollando esos titulares que veis a continuación:

 

  • Invitación a la poesía por Sylvia Puentes de Oyenard (Uruguay). (Nos habla la autora, de la poesía, como una experiencia emocional que empieza en la infancia y que, por diversas razones, pierde vigencia con el paso del tiempo. Convoca en su texto a distintas voces que iluminan su discurso).
  • La poesía en el aula de Educación Infantil por Sacra Rodríguez Suárez (Extremadura). (A través de una serie de propuestas, metodológica, recursos y actividades, se describe la manera de trabajar y llevar la poesía a clase en los tres niveles del ciclo de Educación Infantil. La autora ofrece múltiples ideas con ese propósito).
  • Un regalo en papel de colores y susurros. Poesía para dar y regalar por Mª Rosa Serdio (Asturias). (Para la autora, la poesía es un “regalo”,  también juego musical y como tal la vivió y la vive. A través del artículo acudimos a un colegio asturiano y compartimos versos y sueños con una maestra-poeta).
  • La poesía ha de vivir dentro del aula por Antonio García Teijeiro (Galicia). (El autor aboga porque la poesía esté presente en el aula de manera natural y ofrece algunas posibilidades e ideas para lograr ese hecho. Por último, ofrece también algunos testimonios de su experiencia personal y algunas reflexiones para lograr los propósitos que se intuyen en el enunciado).
  • Maletas de poesía y de poetas. Actividad desde la Biblioteca Escolar por Mariano Coronas Cabrero (Aragón). (El autor describe una actividad realizada en el CEIP Miguel Servet de Fraga, impulsada desde la Biblioteca Escolar. Tomando los libros de poesía como materiales generadores de lectura, escritura y otras acciones, todo el centro escolar se ve envuelto en esta actividad de dinamización cultural en la que participan directamente el alumnado, el profesorado y un nutrido grupo de madres).
  • Palabras en el aire por Andrea Villarrubia (Andalucía). (Estas líneas escritas por Andrea, profesora de Secundaria y decidida militante a favor de la poesía, sugieren perfectamente de qué trata este artículo: “Creo que el mismo placer que yo encuentro en unos versos deslumbrantes y emocionantes pueden sentirlo mis alumnos. Y esa creencia me sigue empujando a leerles poemas y a conversar sobre ellos”).
  • Verso a verso. Programa de lecturas poéticas para el alumnado de Secundaria por Evaristo Romaguera Escuder (País Valenciano). (El programa Verso a Verso forma parte del Plan de Lectura del Colegio Helios (L’Eliana, Valencia), está preparado por el Seminario del Plan de Lectura y Biblioteca y pretende fomentar las lecturas poéticas en todos los cursos de Educación Secundaria del centro. Un buen ejemplo de cómo trabajar la poesía en Secundaria).
  • Anotaciones sobre poesía y educación por Juan Mata Anaya (Andalucía). (Dice el autor que “la poesía es el territorio de las emociones” y que “el aprecio de la poesía afecta sobre todo a la voluntad y a la conciencia” y dice muchas más cosas en esta colaboración analítica y emocionada).
  • Edición y difusión de la poesía infantil y juvenil en España por Pedro Villar (País Valenciano). (La poesía está herida, se levanta de los versos de los poetas, sufre la indiferencia y la incomprensión hace equilibrios en editoriales y librerías,  pasea esperanzada en las bibliotecas,  en los colegios,  en los institutos y en la mirada de los lectores sensibles y curiosos).

Como veis, he añadido el pequeño resumen que figura, en la revista,  a continuación de cada título de la colaboración y, de ese modo, se puede intuir con algo más de precisión de qué trata cada una de las aportaciones. Personalmente, me he sentido muy contento de poder contar con todos ellos; amigas y amigos que han ofrecido una visión complementaria y dado suficientes pistas y muestras de cómo acercar a niños y adolescentes a la poesía.

Al coordinador de cada número le cabe el honor y la “obligación” de escribir un texto de presentación de la revista y con la reproducción íntegra del mismo, voy a terminar este primer post del mes de marzo:

 

 

¡SEÑORAS Y SEÑORES!: ¡LA POESÍA!

 

Empezó siendo recitada o cantada, pasó a los libros y encuentra perfecto acomodo en webs, blogs, presentaciones en powerpoint, CDs, DVDs… Da muestras de gran plasticidad y atraviesa la criba del tiempo para llegar hasta nuestros días en perfecto estado. Conquista espacios nuevos para que los potenciales lectores puedan ver estimulada o satisfecha su curiosidad desde diferentes frentes; desde distintos ángulos sensoriales. La poesía sigue vigente y, aunque sea patrimonio de una minoría, resultan irrenunciables sus aportes: la expresión de los sentimientos más personales e íntimos, el perfil de denuncia social, la prestidigitación verbal de que hacen gala sus autores, la épica, el verso y la rima, el reflejo que provoca el autor o la autora en el lector o en la lectora, la fascinación, la musicalidad…

 

Esta revista está dedicada monográficamente a la poesía. No es la primera vez que eso ocurre ni, probablemente, será la última. Creemos que la poesía sigue siendo una de las mejores maneras de expresar la sensibilidad, las emociones y que, además, puede tener un amplio potencial pedagógico. Las personas que participan en esta publicación dedican parte de sus esfuerzos educativos a buscar caminos que conduzcan a los niños y niñas, a los adolescentes y jóvenes, a descubrir y estimar esta forma de expresión, esta rama de la literatura. Son ellos quienes, con sus palabras, nos acercan el concepto y nos desvelan las posibilidades que ofrece:

 

 

Afirma Sacra Rodríguez que la poesía podríamos decir que es palabras, belleza, sentimientos, sensibilidad, ritmo, emoción, magia, musicalidad, rima, encantamiento, juego, sonido, imágenes, evocación, plasticidad, imaginación …” Pedro Villar, por su parte, opina que La poesía está herida, se levanta de los versos de los poetas, sufre la indiferencia y la incomprensión,  hace equilibrios en editoriales y librerías,  pasea esperanzada en las bibliotecas,  en los colegios,  en los institutos y en la mirada de los lectores sensibles y curiosos”.

Juan Mata nos recuerda que el amor por la poesía surge, sobre todo, a través del oído. “Aprender a leer poesía requiere un largo y previo periodo de escucha porque la poesía fue desde el principio un arte oral”. Para Sylvia Puentes, “La poesía para niños es un juguete sonoro y colorido que nace del pequeño universo que rodea al infante y se vuelve danza, vuelo, flor.

Antonio García Teijeiro se muestra contundente cuando afirma que Quien siente en su interior la punzada del verso, no se va a desprender jamás de su cicatriz”. De ahí lo importante que es contagiar a los pequeños el poder de la palabra poética. Si le preguntamos a Rosa Serdio por la poesía, entre otras cosas, nos dice “para mí la poesía es un don, un regalo rítmico, sobre todo a edades tempranas, en ese instante dorado de la infancia donde todo se graba con huella imperecedera”.

La poesía no se escribe para ser diseccionada o inspeccionada como si fuese un objeto en un laboratorio. Creo que la poesía es el género literario que mejor da expresión a las emociones”, escribe, desde su larga experiencia Andrea Villarrubia y Evaristo Romaguera, impulsor de recitales poéticos en su instituto, dice que “en cada recital, la biblioteca se llenó de palabras y silencios. Se oyeron baladas de otoño,  voces para el invierno, palabras de amor y  melodías de primavera”.

 

Por lo demás y, como coordinador accidental de todas estas personas, estas amigas y estos amigos, sólo me queda expresar el deseo de que los afortunados y afortunadas que se hagan con un ejemplar de esta revista, la lean con serenidad y curiosidad. De ese modo, es posible que descubran algunos secretos que hacen de la poesía un arte especial: el de mezclar las palabras más hermosas con los sentimientos más hondos para generar algo nuevo: el poema, como máxima expresión del vivir, del sentir, del percibir y del padecer del ser humano. Y de paso, podrán conocer algunos caminos, fácilmente transitables, para las niñas y niños de Infantil y Primaria y también para los adolescentes que cursan la Enseñanza Secundaria; caminos que Sacra, Pedro, Rosa, Sylvia, Antonio, Mariano, Juan, Andrea y Evaristo desbrozan con emoción, deslindan con pericia y en los que actúan como guías experimentados para acompañar, sugerir y sorprender.

 

POR TIERRAS DE JAÉN

Hay viajes que incorporan, sorprendentemente, un perfil circular; de modo que lo que quedó iniciado hace mucho tiempo se retoma y uno puede tener la sensación de que no ha pasado el tiempo al encontrarse cara a cara con algunas personas con las que coincidió en el pasado. Podríamos llamar a ese fenómeno “cerrar círculos” o completar itinerarios, que quedaron abiertos y difuminados hace muchos años y que, pasado el tiempo en grande o en pequeña cantidad, se presenta ante nosotros la posibilidad de retomarlos, rememorarlos y cerrarlos momentáneamente o realizar nuevas aperturas que se completarán en el futuro…¡Qué intriga!, ¿no?

 

Viajamos con Mercè al sur, con una reiterada información meteorológica desfavorable que nos tenía algo preocupados. Es posible que por esas tierras de Andalucía no hayan padecido una temporada de lluvias tan amplia e intensa como la que les ha azotado este otoño-invierno. Una vez finalizado el viaje, ya de vuelta en casa siguen las noticias de inundaciones sorprendentemente grandes e inesperadas, que causan enormes pérdidas y un tremendo dolor. No se han cebado en producir víctimas mortales, pero la pérdida de la casa y los enseres que uno ha ido construyendo y acumulando como parte de su propia historia debe producir un dolor hondo y desconsolado que te deja muy mermado de ánimo y energía…

 

El itinerario de salida siempre es movido: taxi hasta Lleida, tren hasta Barcelona, avión hasta Granada y taxi desde ésta ciudad, que no vimos, hasta Jaén… Ana Gómez puso todo el empeño para que fuéramos por esas tierras. Ya estuve hace un par de años y recibí un trato de alta consideración, de franca amistad, por tanto no hizo falta insistir mucho para convencerme. La ventaja y la novedad en este caso es que iba a viajar en compañía, cuestión siempre preferible, cuando las circunstancias lo permiten, claro.

El día 18 de este mes realizamos el viaje comentado y Ana nos vino a buscar al hotel para acercarnos al CEP de Jaén, que se halla ubicado en lo alto de la ciudad, muy cerca de un extenso castillo (castillo de Santa Catalina), devenido en Parador Nacional, desde el que se aprecia una vista magnífica de la ciudad. Pudimos comprobarlo horas más tarde, finalizada la sesión, cuando realizamos un curioso recorrido nocturno para poder apreciar una muy atractiva vista nocturna de la ciudad, en la que destacaban las dos “catedrales” de la misma  (si se me permite la broma): el edificio de El Corte Inglés y la Catedral de verdad, que es sorprendentemente grande, monumental, una pieza única del Renacimiento andaluz, construida entre los siglos XV y XVIII y en cuya construcción participó el arquitecto Andrés de Vandelvira.

 

Nada más entrar en el CEP tuvimos un encuentro inesperado, de los nombrados al principio. Una de las personas asistentes  a la Jornada era Paco Fuentes, maestro jienense, con quien compartimos los dos primeros cursos de nuestra andadura pedagógica en Canovelles (Barcelona), en la segunda mitad de la década de los setenta. Fue un encuentro inesperado que nos llenó de alegría porque tuvimos una estrecha relación, tanto personal como profesional. Y quedó para un próximo viaje (nuestro hacia Jaén o suyo hacia Huesca) poder estar más tiempo juntos (también con su compañera Gabri que ese día no estaba presente). A la vez saludamos también a Raúl Vacas (con quien vamos coincidiendo este curso en diversos sitios: Burgos, Mérida y ahora Jaén) y con quien tenemos ya una relación abierta y distendida, aderezada con componentes humorísticos de ida y vuelta y cultivada con el intercambio de cartas y materiales… Raúl está encantado con la publicación reciente de su libro “Esto y ESO” y sus amigas y amigos muy encantados también de verlo tan contento.

 

Comimos con todos los participantes a las “III Jornadas Provinciales para Coordinadores/as del Plan de Lectura y Bibliotecas Escolares” y conversamos también con Gloria Durban y con Ana, nuestra anfitriona, y nos echamos unas risas hasta la hora de comenzar la sesión de trabajo. A partir de las cuatro y media, Raúl con el profesorado de Secundaria y yo mismo con el de Primaria, tratamos de mostrar algunas posibles líneas de trabajo y algunos planteamientos animosos para que el personal encuentre caminos nuevos, creativos, más o menos sorprendentes a la hora de trabajar en el aula o desde la biblioteca escolar; ofrecer, en definitiva algunos recursos para potenciar el necesario proyecto personal que cada maestro, cada maestra debe ir definiendo a lo largo de su vida, como corresponde a cualquier persona que vaya perfilando y dominando su oficio.

Todo transcurrió sin problemas, funcionaron perfectamente las nuevas y las viejas tecnologías y las apersonas asistentes se mostraron receptivas, respetuosas e interesadas en lo que se les mostró, lo cual siempre deja un buen sabor de boca entre quienes “ponen” y entre quienes “sacan”…

 

Por la noche, paraguas en mano, iniciamos un recorrido por las calles de la capital, tendente a tomar unas tapitas para cenar; todo eso tras saludar a Jose, el compañero de Ana Gómez; un ejemplo de amabilidad y hospitalidad, quien ya me había acompañado en mi anterior viaje. Al poco de empezar el itinerario nocturno, una nueva sorpresa: conocer a Javier Milla, colaborador desde hace unos pocos números de la revista El Gurrión con una sección denominada “El fotógrafo y los pajaricos”. Javier, al margen de su actividad profesional, siente una atracción tremenda por el mundo de las aves y es capaz de recorrer varios cientos de kilómetros o cruzarse el país para poder fotografiar una especie, un “pajarico que aún no tiene”. Podríamos decir que es un coleccionista de fotos de aves. Sus fotos son realmente maravillosas. Estaba predestinado que en una ciudad –Jaén- donde hay una taberna desde 1888, llamada “EL GORRION”, un día, encontraríamos un fotógrafo que “trabajaría” para la revista “EL GURRIÓN” de Labuerda.

 

El día 19 amaneció como amanece en muchos puntos de Andalucía, últimamente, lloviendo. Aún así, nos desplazamos Ana, Jose, Raúl, Mercè y un servidor a Baeza y Úbeda, ciudades Patrimonio de la Humanidad desde 2003. Paseamos por sus calles, vacías de gente, con el paraguas abierto y los abrigos apretados porque no sólo llovía, también hacía un frío que pelaba. Interrumpimos nuestros paseos para echarnos al cuerpo bebida y comida caliente y contrarrestar el frío exterior en varias ocasiones. Las dos ciudades tienen mucho que ver y que disfrutar. Estando por allí era ésta una visita obligada. Además, en Baeza pudimos visitar el aula donde trabajó Don Antonio Machado, a quien profeso un amor poético viejo y consistente. Me acordé de la estancia en Baeza de hace un par de años y de la foto que nos hicimos con Antonio G. Teijeiro, flanqueando la imagen, el busto del poeta. Además de los edificios no puede irse uno de Baeza sin probar los “virolos”: “un poema comestible de hojaldre y viento” que lleva el nombre del mote de la familia que los fabrica.

 

Acompañamos a Raúl hasta Linares a coger el tren de regreso a su añorada y salmantina Rodasviejas y allí se produjo un nuevo reencuentro. En 1976, en el cuartel de Barbastro, coincidí haciendo la mili con José Faya, un maestro de Jaén. Desde la finalización del servicio militar no habíamos vuelto a vernos y ahora, las circunstancias han hecho posible retomar la conversación que dejamos aparcada hace 34 años. Allí, en Linares, frente a la estación de tren, recordamos brevemente algunos pasajes de aquella aventura que truncaba durante más de un año nuestro deseo de trabajar y nos sumía en “el tiempo de la inutilidad”, rodeados de unos mandos maleducados y gritones (la mayoría) que decían y nos hacían hacer cosas sin sentido… José es ahora director de un instituto y los dos nos vimos con la misma estatura, pero con muchas más arrugas, je, je.

 

Por la noche, tras pasar por la capital para recoger algunas cosas, estábamos ya en la casa de campo de Ana y Jose, en compañía también de dos “pequeñajas”, muy agudas, simpáticas revoltosas, que nos enseñaban palabras en inglés y que querían que les dijéramos palabras y frases en catalán (Y que traducían con sorprendente facilidad): Luna y Celia…Y de dos perritos, juguetes de las niñas, que aunque viven y se refugian en otra casa, cuando llega Luna y sus papás, acuden a ésta “ipso facto”. Al día siguiente salió el sol y aprovechamos el regalo para recorrer el monte. Estábamos frente a Martos (caserío blanco y muy atractivo en la distancia, al pie de una peña grande), aunque separados por varios kilómetros, en una casa rodeada de olivares colonizando las suaves y sucesivas colinas, en las que también quedaban restos de la vegetación original: coscojas, robles, encinas y otros arbustos. Un lugar precioso, en el que se apreciaban las manchas blancas de pequeños cortijos aislados donde, generalmente personas mayores, siguen trabajando esforzadamente para cultivar el olivo… El paseo nos regaló sensaciones y paisajes maravillosos: estar solos en el monte, rodeados de pequeñas colinas y vaguadas, todas cubiertas de olivos que, en filas interminables ascendían y descendían por ellas;  No escuchar ni un ruido estridente, sólo la cadencia de nuestras voces, acompañando el paseo o los breves descansos, más para mirar detenidamente que para descansar, porque los desniveles no eran fuertes; saludar a algunas de las personas que habitan los cortijos aledaños, personas que han vivido allí toda la vida y que nos hicieron sonreír con su visión de la vida, con su característico acento y que nos sorprendieron en algún caso con insólitas aficiones. Por la tarde llegó Javier de nuevo, el hombre de los “pajaricos”; venía de la Sierra de Cazorla de fotografiarlos. Nos mostró sus capturas fotográficas (www.javiermilla.es) y nos dejó boquiabiertos, una vez más. También llegaron los padres de Celia y me enteré que su padre –Jorge- ha trabajado e investigado en torno a los pozos de nieve en algunas zonas de Andalucía. Le regalé un “gurrión” y le hablé de que también en Huesca se han investigado y quedamos en ponernos en contacto y en intercambiar documentos. ¡De sorpresa en sorpresa, vaya! Fue un día intenso y muy agradable, haciendo fuego, paseando, comiendo, charlando y haciendo fotografías al entorno, aprovechando el sol inesperado que iluminó el paisaje y nuestra estancia.

 

Al día siguiente, domingo, amaneció lloviendo. Partimos a buena hora hacia Granada, parando a almorzar en Alcalá la Real, para iniciar el viaje de regreso: primero, avión hasta Barcelona. Allí aún pudimos comer con nuestra hija Ana y su abuela Leonor, y luego tren hasta Lleida y el taxi que nos dejó en Fraga pasadas las seis de la tarde...

 

Ana y Jose fueron unos anfitriones extraordinarios a quienes profesamos ya eterno agradecimiento y a quienes pensamos agasajar como se merecen cuando decidan explorar los rincones de Sobrarbe. Con ellos quedó abierto un nuevo itinerario, sembrado ya de sólidas sensaciones, de momentos inolvidables… A veces la vida es maravillosa porque te da la oportunidad de estar al lado de la gente que merece la pena; encuentros que organiza el azar y en los que descubres un montón de felices coincidencias… Por tierras de Jaén hemos realizado un hermoso viaje y vivido sensaciones “jondas”.