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ALONSO, SUS CUENTOS Y LOS CHICOS DE MI CLASE

Fernando Alonso, el brillante escritor de Literatura Infantil y Juvenil (no el brillante piloto de Fórmula I), lleva muchos años imaginando, escribiendo y publicando obras para niños y niñas. Su currículo es amplio, como amplio es también el reconocimiento recibido.

Hace unas semanas les fui leyendo en voz alta a mis chavales el libro “El faro del viento y otros cuentos”. Formado por ocho cuentos de temática distinta, al ritmo de un cuento diario, el libro nos permitió leer, escuchar, comentar, debatir, valorar... Conjugar, en definitiva, algunos verbos relacionados con la lectura y sus consecuencias.

El libro es una edición de 1981, de Editorial Bruguera, de la colección Historias – Biblioteca Amarilla; colección dirigida por Lolo Rico. El libro en cuestión contiene los siguientes cuentos: “Los zapatos de cristal”, “El muñeco de nieve”, “El viejo tranvía”, “La dragoncita de escamas rosadas”, “Una casa en el tejado”, “El faro del viento”, “La voz de todos” y “Tristes estrellas de tiza”.

 Una niña con aficiones poco “femeninas” resiste los deseos de su madre y consigue liberar sus pies y su vida; Los deseos pueden hacerse realidad, sobre todo cuando se cuenta con la fuerza de un grupo; la iniciativa de la gente puede poner en evidencia las palabras vacías de los políticos y edificar sobre ellas una singular biblioteca; Los dragones inofensivos reivindican su lugar en los sueños, dando una buena lección a los sanguinarios caballeros; la amistad entre niño, gato y gorrión es una reivindicación del valor de la amistad que puede germinar en cualquier contexto; la imaginación y el reciclaje se enfrentar a los intereses económicos de los poderosos hasta desenmascararlos; un pueblo se ve sojuzgado por un individuo, pero la comunidad se unirá y conseguirán expulsar al tiranuelo; una iniciativa nacida en la escuela consigue despejar la contaminación de una ciudad y recuperar el fulgor de las estrellas y la esperanza ... Por ahí, por esos territorios de ficción, reflexión y sorpresa nos conducen los cuentos imaginados por Fernando.

 Completada la lectura, realizadas algunas precisiones y explicaciones, puestas en común reflexiones y puntos de vista, los chicos y chicas de la clase han escrito cartas a Fernando y realizado algunas ilustraciones. A continuación, coloco algunos extractos de la correspondencia generada, para dar idea de los gustos, ideas y reflexiones de este colectivo de gente menuda :

 

.. “Estimado Fernando Alonso: nuestro profesor Mariano Coronas nos ha estado leyendo cuentos tuyos. Aunque no me gusta leer mucho, me gusta que los demás me lean, por eso le agradezco a mi profesor que lo haya hecho. En uno de los cuentos me he dado cuenta que si nos proponemos algo y trabajamos juntos, podremos lograrlo, como los ciudadanos que quisieron quitar la nube de contaminación que no les dejaba ver las estrellas... Espero que sigas escribiendo mucho. Un saludo”. (Alba)

 .. “Hola, estimado Fernando Alonso: Me han gustado todos los cuentos del libro; sinceramente, algunos son un poco tristes, pero luego se arreglan y todos contentos. Especialmente el del viejo tranvía: fue una buena idea convertirlo en biblioteca, ya que no hacía nada allí parado y el de la casa en el tejado también me gustó por esa amistad entre el gato, el gorrión (me hizo gracia que al principio se persiguieran) y el niño que se quejó de ello y logró las paces... Adiós Fernando, que te vaya bien.” (Víctor)

 ..”Hola, Fernando: me ha gustado tu libro. Me ha gustado mucho tu idea de convertir un tranvía en biblioteca y también la de construir molinillos de viento para alejar la nube negra... Yo creo que eres un buen escritor y debes haberte esforzado mucho y tener una imaginación muy grande. Bueno, aquí me despido. Espero que te vaya bien y tengas buena salud”. (Cristian)

 .. “Hola, Fernando: Me han gustado mucho tus cuentos cortos del libro “El faro del viento y otros cuentos”. Me ha gustado mucho “Una casa en el tejado” porque enseña a convivir en un mismo espacio. También habla un poco de convivir “La dragoncita de escamas rosadas”, aunque todo acabe en una guerra final. Me ha hecho “gracia” que los caballeros recordasen la historia como ejemplo de violencia (cuando fueron ellos los que atacaron), mientras que los dragones la recordaban como un ejemplo de romance de amor. Tienes mucho talento e imaginación para inventarte tantos cuentos. Yo también he escrito dos cuentos: uno está en el ordenador y el otro en sucio... Saludos”. (Lucía)

 .. “Estimado Fernando Alonso: durante varios días hemos estado leyendo cuentos tuyos. Quiero decirte que de todos los cuentos me ha gustado algo, porque de cada cuento aprendíamos algo nuevo. “Los zapatos de cristal” estuvo bien porque hablaba de la realidad: a veces la gente se ve obligada a hacer lo que no le gusta hacer... “Una casa en el tejado” también me ha gustado mucho porque los vecinos en la realidad hacen lo mismo... Espero poder leer más libros tuyos. Un saludo.” (Ester)

.. Estimado Fernando: te escribo esta carta porque me ha gustado “Tristes estrellas de tiza”. Estuvo bien que los niños no quisieran contaminar y quitar esa nube de encima del pueblo para poder ver el sol por primera vez. El invento de los molinillos de los niños estuvo muy bien. El cuento del viejo tranvía fue el que más me gustó porque me imaginé cuando el tranvía funcionaba y hacía sonar su campana; luego también me lo imaginé siendo una biblioteca. Creo que eres un escritor excelente. Mariano cada día nos leía uno de tus cuentos. Me ha gustado tu libro, así que adiós”. (Jorge)

 .. Estimado Fernando Alonso: A mí me han parecido muy originales tus cuentos porque no hablan de principitos buenos y de princesitas malas si no de cosas nuevas. Me han gustado varios cuentos: el del muñeco de nieve que hablaba y eso me pareció divertido; “La dragoncita de escamas rosadas” me gustó porque los dragones acaban con los caballeros y no al revés como pasa siempre y “Una casa en el tejado” porque al final el gato y el gorrión acaban llevándose bien por el niño de la casa... Espero que te hayan gustado mis palabra y mis gustos y espero que sigas escribiendo”. (Inés)

.. “Estimado Fernando: Hemos leído unos cuantos cuentos que has escrito. A mí el que más me ha gustado es el de los zapatos de cristal porque la niña le dice a su madre lo que piensa y ella, al mismo tiempo, es libre de hacer lo que más le apetece... A mí antes no me gustaba la lectura, pero ahora con los libros que nos lee Mariano me empieza a gustar mucho. Hasta ahora cuando iba a la librería y le decía a mi madre que me comprara un libro, ella me decía que no porque no me los leía. Ahora he decidido que de regalo de mi cumpleaños me voy a pedir un libro; espero que me compre uno de tus libros porque me gustan los cuentos que escribes y que son de la vida real... Fernando, espero que estés bien. Un saludo”. (Camila)

.. Estimado Fernando: El cuento de la dragoncita de escamas rosadas me ha encantado y también me ha gustado mucho  el cuento del viejo tranvía. Eres muy bueno haciendo cuentos. Espero leer más libros tuyos. Un saludo. (Sakira)

.. Querido Fernando: Hemos leído uno de tus libros de cuentos. A mí, el que más me ha gustado ha sido el del muñeco de nieve porque está lleno de personajes: hay niños, hombres, mujeres, nieve... Es maravilloso habernos encontrado un escritor como tú. Si no porque Mariano nos ha leído en voz alta, no tendríamos tanto interés por la lectura... ¿Cuántos libros de más de un cuento has escrito? Todos los cuentos de este libro tienen un mensaje, que es el de que nunca hay que dejar de imaginar; al menos para mí. Bueno, me despido, que sigas escribiendo...” (Hugo)

.. “Hola, Fernando: hemos leído muchos cuentos tuyos; eran bonitos y muy interesantes. Leímos el último cuento el día 7 de octubre. Los cuentos no eran, como algunos, con princesas y con príncipes. A mí me ha gustado mucho el del muñeco de nieve. Hemos hecho algunos dibujos del cuento que más nos gustó para mandártelos...” (Biser )

.. “Hola, estimado Fernando: hemos estado leyendo los cuentos del libro “El faro del viento y otros cuentos”. Me han gustado el de los zapatos de cristal y el del faro del viento y también los demás. Espero poder leer más libros tuyos... Usted es un escritor muy bueno. Un saludo y adiós” (Lilija)

 .. “Hola, querido Fernando: Durante varios días, el profesor Mariano nos ha ido leyendo los cuentos de tu libro “El faro del viento y otros cuentos”. El que más me ha gustado ha sido “El faro del viento” en el que a Juan le “roban” el invento y lo llevan a una isla desierta, pero consigue volver con otro invento y también el que se titula “Una casa en el tejado”... Espero conocerte algún día para ver cómo te inspiras para escribir tus libros. Un saludo”. (Xavier)

 . “Hola, Fernando: nuestro tutor nos ha estado hablando de ti y nos ha leído uno de tus libros... También te hemos dedicado unos dibujos sobre algunos de tus cuentos. Lo que más me gustaría es que toda la clase nos pudiéramos comunicar contigo (por e-mail, teléfono, blog, cartas...). Hace unos años leí un libro tuyo, que era de mi hermana; ahora estoy leyendo un libro que habla de la juventud...” (Eva)

 .. “Querido Fernando: hemos leído su libro; bueno, lo ha leído Mariano en voz alta y él nos ha explicado el significado de cada cuento... Me gustó el del viejo tranvía y también el del muñeco de nieve. Me gustaría seguir leyendo sus libros. Fin”. (Hamed)

 .. “Hola, estimado Fernando Alonso: aunque yo no creo mucho en la fantasía, algunos cuentos también me han gustado. Por ejemplo, el del muñeco de nieve, me encantó que lo hicieran entre todos los niños. También me gustaron el del viejo tranvía y el de los zapatos de cristal, cuando suelta la niña los peces y tira los zapatos a la trituradora... Un saludo y adiós” (Miguel)

 Llegados a este punto de este texto colectivo, vamos a intentar que le llegue al amigo Fernando y que pueda darnos su opinión. Estoy en Barcelona, la tarde empieza a esfumarse entre las brumas y yo que llevo dos horas tecleando, leyendo y revisando (sumergido también en una bruma post-comida) acabo este post que coleaba hace unos días. Que tengan un final de octubre glorioso.

UN MENÚ OTOÑAL, NUTRITIVO Y NOSTÁLGICO

Mi compromiso con el blog se convierte, algunos días, en una pequeña preocupación hasta que encuentro el tema sobre el que escribir, mientras contemplo el discurrir de los días a enorme velocidad. Hoy quería alejarme de la escuela y he resuelto ocuparme de cinco temas que, el azar ha hecho girar en mi cabeza, hasta ponerlos en el papel.

1. El bosque y las setas. El sábado, día 9 de octubre, subimos a Labuerda. Y nada más terminar de comer, nos acercamos al monte con una cesta pequeña a ver si pillábamos alguna seta. Fuimos a nuestro rincón talismán y entre las que cogimos allí y las de los alrededores, llenamos la cesta y tuvimos que utilizar una bolsa para poner las últimas localizadas. Llegados a ese punto, decidimos regresar a casa. La tarde se oscurecía cada vez más y dentro del bosque había poca luz para ver con nitidez a distancia o para intuir que debajo de un abultamiento del humus, seguramente habría un robellón. Nos metimos en zonas de monte casi imposibles de transitar. Por un lado, por la abundante vegetación: sabinas, enebros, pinos, bojes, coscojas…; por otro, por los “cadáveres” de árboles que se desplomaron derrotados por el rayo, por la edad o por las lluvias excesivas que provocaron la caída definitiva, (ya anunciada por la excesiva inclinación con la que crecían en la ladera) y también por una acumulación de hojarasca que convierte el suelo en superficie de falsa consistencia, sólo adivinada cuando pisas encima y se hunde el pie provocando amagos de esguince cada poco rato… Un bosque que si se incendiara ardería como la yesca porque está lleno de combustible vegetal y su accesibilidad es algo complicada. Por el contrario, caminamos también por otra ladera que fue limpiada hace un par de años y que ha dejado un bosque abierto, con visibilidad y a salvo del fuego potencial que pudiera declararse, puesto que aquí habría más posibilidades de atajarlo a tiempo. Los bosques de Sobrarbe, convertidos en muchas partes en espesas selvas, empiezan a mostrarse como cuadros maravillosos, llenos de tonalidades que ningún pintor podrá retratar con exactitud. Este traje otoñal, renovado cada año, les sienta maravillosamente bien y nos regala a quienes los caminamos o contemplamos, estampas cromáticas inolvidables. Y aún irán a más, a lo largo de este mes de octubre.

2. El río Cinca es una de las arterias fluviales que con más caudal alimenta al padre Ebro. Fruto de las lluvias de esa tarde noche y de las del día siguiente, volvía a bajar con majestuosidad. Aprovechamos la mañana del día 10 para caminar por la escollera que discurre al lado del cauce; para pararnos a contemplar los saltos y remolinos que hacía el agua impetuosa y para hacer algunas fotos de toda esa fuerza desatada de la naturaleza. Yo lo he visto bastante más “gordo” en múltiples ocasiones, pero ya daba gozo contemplarlo: con el cauce de lado a lado, lleno de agua. Un río como el Cinca resulta un espectáculo realmente atractivo cuando arrastra un importante caudal de agua. En cambio, verlo con un aporte escuálido da más pena que alegría. El color oscuro de las aguas, la velocidad a la que se desplazan, el suave oleaje que llega a las orillas y algunas aves que lo sobrevuelan… Y el color de las laderas de los montes que, ahora, mueren en sus aguas o las nubes y neblinas que se forman en las alturas, ocultando las cimas de los montes o de los picos altos más lejanos forman una estampa natural muy atractiva. Los ríos son siempre garantía de vida; realizan con frecuencia una renovación o reestructuración del cauce, pues con su fuerza lo cambian de lugar, amontonando gravas en el lugar por donde pasaban y abriendo nuevas rutas de deslizamiento; y siempre nos proponen algunas reflexiones: ¿Cuántos años hace que labraron el cauce y siguen bajando, más o menos, por el mismo sitio, sin interrumpir nunca esa aportación de agua que acabará en el mar? ¿Cuántos ojos lo vieron pasar por estas tierras? ¿Cuántas personas lo vadearon o lo atravesaron con barcas, lo navegaron con navatas?... Y, sobre todo, cuando dejemos este mundo, el Cinca seguirá su discurrir diario, ajeno a los avatares de los seres humanos…

 3. Como la tarde era nefasta, decidimos quedarnos en casa y avanzar al máximo el trabajo de leer para la RED de Selección de Libros Infantiles y Juveniles, en la que estamos involucrados, ya que la próxima reunión en Madrid será los días 18 y 19 de este mes. Subimos de Fraga con una bolsa cargada de libros y nos dimos a la tarea de leerlos y anotar algunos apuntes. La persistente lluvia que cayó toda la tarde y que hizo imposible o, al menos, desaconsejable, volver al monte o salir de casa a pasear, nos facilitó ese trabajo. Y en esas lecturas, uno siempre encuentra algunos títulos y algunas historias que le llaman más la atención. En este caso, me referiré a dos de ellas construidas a partir de hechos reales que nos han parecido significativas y elocuentes de la capacidad de imaginación, de sueño de algunas personas y de las posibilidades reales de hacer algo memorable, precisamente “porque parecía o era imposible”.

Uno de los libros lleva por título “Wangari y los árboles de la paz” y lo ha escrito Jeannette Winter. Cuenta la iniciativa de Wangari Maathai, nacida en una aldea keniata en 1940 y receptora del Premio Nobel de la Paz de 2004. Wangari, como estudiante brillante que era, pudo obtener una beca internacional y estudiar en los Estados Unidos. Terminó sus estudios en la universidad de Nairobi y fue la primera mujer en obtener un doctorado en toda África Oriental. Actualmente es miembro del Parlamento de Kenia. En 1977 comenzó en ese país el Movimiento Verde, plantando nueve pequeños árboles en el patio trasero de su casa. Gracias a su iniciativa y a la expansión de la misma, en 2004, sus miembros (sobre todo mujeres) habían conseguido plantar treinta millones de árboles. “La tierra estaba desnuda. Mi misión fue tratar de vestirla de verde”, ha dicho en alguna ocasión.

 La otra historia se esconde en el libro: “La señora de los libros”, escrito por Heather Henson e ilustrado por David Small. En él se habla de “las bibliotecarias a caballo”, conocidas como “las señoras de los libros” en la zona de los montes Apalaches, en Kentucky (EEUU). El proyecto de la Biblioteca a Caballo se fundó en tiempos del Presidente Franklin D. Roosevelt, en los años treinta del pasado siglo XX. Tenía por finalidad acercar los libros a zonas aisladas donde había pocos colegios y ninguna biblioteca. Cada dos semanas, las bibliotecarias acudían a los lugares habitados, al margen del tiempo que hiciese (en ocasiones infernal y por caminos casi impracticables). Casi todas fueron mujeres, haciendo gala de una resistencia y una entrega extraordinaria. Hoy día aquella extraordinaria iniciativa ha dado paso a los bibliobuses, las bibliotecas ambulantes que siguen acercando libros a quienes los necesitan… El resto tendrás que leerlo en los dos libros comentados…

4. José Antonio Labordeta. No había subido por Labuerda desde que falleció José Antonio y he vuelto a reencontrarme con él de nuevo, a través de varios elementos físicos que guardo en los estantes de mi cuarto de trabajo y lectura. Por ejemplo, algunos de los libros que escribió: “Aragón en la mochila” (1983), dedicado y firmado por él a las 3, 30 de la madrugada (según tengo anotado bajo su firma) del 30 de julio del 83, en la zona de los cuarteles de Boltaña, con motivo de una fiesta de cultura aragonesa en la que había participado. O el “Labordeta” (1977) de José Carlos Mainer, de Ediciones Júcar, donde ya se reproducen un buen número de sus canciones; “Método de lectura” (1980) de Editorial Ayuso: “El mundo era una bola sumida en el silencio, sumida en el olvido, en el lejano llanto de la noches vacías…” O “Diario de náufrago” (1988), de Prensas Universitarias, donde releo el poema dedicado a “un libro”: “Guarda las más bellas notas / del sublime concierto de la vida. / Lo abres, / lo cierras / y toda la plenitud / de un hombre solitario / te acompaña / bajo los árboles dorados / del otoño”. O su “Poemas y canciones” (1982), de Editorial Lumen o “Tierra sin mar” (1995), editado por Xordica, donde podemos leer: “Siempre he tenido envidia de los poetas o escritores que vivían en casas frente al mar o que, en paseos cotidianos, se acercaban hasta él para comprobar su belleza, su inmensidad y su paisaje cambiante y lleno de emoción…

Y he podido escuchar de nuevo, íntegro, el último concierto que dio en Labuerda, el 19 de agosto de 1995: escucharle presentar las canciones y cantar las 17 que ofreció aquella noche. Entre ellas, una que no he encontrado en ninguna de sus grabaciones y que aquella noche me emocionó, porque estaba dedicada a una ciudad europea que estaba sufriendo matanzas y violencia incomprensibles; me refiero a Sarajevo, la capital de Bosnia Herzegovina: “Si Sarajevo cae”, lleva por título… Guardo las grabaciones de sus actuaciones en Labuerda, incluida la de su primer concierto. A ver si consigo que alguien me los pase a CD para “salvarlas” del deterioro…

 5. Miguel Hernández. El día 30 de este mes de octubre se cumplirán cien años de su nacimiento. Me he reencontrado con él, hojeando un ejemplar de la revista “triunfo” (el 639) del 28 de diciembre de 1974. Treinta pesetas valía aquel ejemplar en el quiosco. La portada está dedicada al poeta de Orihuela, con la reproducción en grande del popular dibujo que de él hizo su compañero de cárcel Buero Vallejo. Bajo el retrato podemos leer “Evocación de Miguel Hernández”. En aquel momento, todavía vivía su viuda Josefina Manresa y es a partir de sus vivencias y recuerdos, de los papeles que ella guardaba, como el autor del artículo –José Monleón- redacta el texto-entrevista que acaba siendo, como dice la portada, una evocación del poeta. No voy a incidir en el contenido del artículo (que ocupa siete páginas completas de la revista) y sí fijarme en las fotografías que lo ilustran. Una en la que se ve a Josefina delante de la casa de Cox, donde vivió con Miguel. Otra en la que vemos a Miguel leyendo unas cuartillas dedicadas a su amigo muerto, Ramón Sijé, en la plaza que lleva su nombre. Una imagen de la casa de la calle Arriba, adosada a la montaña, en Orihuela donde el poeta vivió muchos años; Una vieja instantánea en la que se ve a Miguel con sus hermanos Vicente, Encarna y Elvira, siendo niños; otra imagen de la casa de Miguel, donde se ve el granero y un trozo del pequeño huerto de sus versos; el retrato de portada de nuevo y una foto, sentado, con pantalones de pana y sus alpargatas blancas. Un sonriente Miguel, posa en París en 1938 y cierra el artículo una reproducción del programa en el que se anuncia una “comida en honor de nuestro poeta”, organizada por sus compañeros del Penal de Ocaña y que está fechada el 27 de diciembre de 1940. Dice Josefina, en un momento de la entrevista: “Me mantiene el recuerdo de Miguel. Y recibo mucha correspondencia, a la que no siempre contesto. Cosa que me duele, pero que no puedo evitar, pues me cuesta mucho escribir… De Miguel se han dicho cosas muy hermosas. A mí me gusta mucho todo lo que ha escrito Neruda sobre Miguel. Se ve que Neruda también había sufrido mucho…” Recordado y leído Miguel, víctima también del encono brutal que se desató en los sublevados ganadores de aquella terrible Guerra Civil.

 Y así, casi sin querer, este otoño incipiente y lluvioso ha unido al monte y las setas, a la lluvia y al Cinca, a las hojas que caen y a las que se dejan leer en forma de libro y ha abierto, una vez más, las puertas del recuerdo y del reconocimiento; en este caso, personificado en José Antonio Labordeta, recién desaparecido de nuestra geografía física (y más presente si cabe en la emocional) y en Miguel Hernández, de quien hace ya mucho tiempo que paladeamos su herencia hecha palabras.

YO DE MAYOR...

 Estrategia de acercamiento al blog para el nuevo alumnado con quien compartiré mañanas y tardes de este curso escolar. Para mí, después de un curso completo sin acudir al colegio regularmente, también es este el momento se retomar un tipo de texto que llevaba tiempo sin publicar: el texto colectivo. Más o menos, este es el contenido del primer “Libro libre” de este nuevo tiempo. Versión en papel reciclado, con el formato desplegable de un DINA-3 y versión digital (la que estás viendo). Hoy lunes, cada cual con su tablet, podrá ya leer el primer post del curso y podrá plantearse hacer una valoración de los resultados: oral y/o escrita.

 A modo de presentación:

 Desde que somos muy pequeños, nuestros juegos son en ocasiones una forma de decir lo que nos gustaría ser o a quien nos gustaría parecernos.

Hoy, más que ayer, debido a los medios audiovisuales que han hecho el mundo más pequeño y más conocido, el catálogo de profesiones, trabajos, aficiones que tiene delante de sí un niño o una niña es infinitamente más amplio. Hay más donde elegir.

Lo cierto es que, a lo largo de nuestra vida, solemos querer ser varias cosas y no es raro escuchar aquello de “yo de pequeño o pequeña quería ser…” Bueno, pues esto que sigue son las respuestas a esa pregunta, con algunos añadidos. Antes de terminar septiembre nos regalamos este pequeño documento en el que hemos participado toda la clase.

 

.. Yo de mayor quiero ser cocinero porque veo por la tele que los cocineros hacen comidas exquisitas y yo también quiero hacerlas como Karlos Arguiñano y muchos más. Desde pequeño, me gustaba guisar con mi madre y ayudarle en la cocina. (Miguel)

 .. Desde que era pequeño me gustaba ser un pintor magnífico, porque me gustaba mucho la pintura. Cada día, al llegar del colegio cogía un papel y empezaba a pintar muchísimas cosas de colores, como por ejemplo: casas, coches y muchas cosas más. (Xavier)

 .. Quisiera ser peluquera porque cuando era pequeña cortaba el pelo a mis muñecas y me gustaba mucho. Me gusta mucho hacer peinados, cortar el pelo, pero quisiera hacer peinados a gente mayor como mi madre. A ella le hago peinados, aunque no me deja cortarle el pelo. (Lili)

 .. Lo que me gustaría ser de mayor es futbolista. Cada año me apunto a Miguel Servet con el entrenador que se llama Álvaro. Vamos cada sábado a jugar partidos y quiero ser de mayor futbolista del Barça. (Ahmed)

 .. Cuando era pequeña me gustaba ser profesora, porque me imaginaba que estaba en una clase con unos niños, y peluquera porque peinaba a mi madre. Ahora me gustaría ser secretaria en una empresa grande porque me gustan los números, pero aún no he pensado realmente lo que me gustaría ser. También me gustaría tener una tienda de ropa. (Ester)

 .. Cuando sea mayor quiero ser policía con moto, con mis amigos. Y un poco también con coche. (Gyunduan)

 .. De mayor quiero ser bombero porque no me gusta el fuego y además podría salvar vidas. Puedo ganar mucho dinero con esa profesión y si mi casa se incendiara sabría lo que habría que hacer. (Hugo)

 .. Yo de mayor quiero ser profesor de educación física, porque me gustan los deportes y los juegos. También porque te dan, creo, mucho dinero. Les enseñaré juegos que me sé e igual ellos no se los saben. Yo también me enrollaré con los alumnos, como Mariano. (Jorge)

 .. De mayor me gustaría ser notaria porque te pagan mucho. También me gustaría ser profesora de educación física o de infantil y primer ciclo, porque lo encuentro muy fácil. De pequeña me gustaba ser peluquera porque me parecía muy fácil. También me gustaba ser veterinaria o enfermera porque me gustaba jugar a médicos. (Lucía)

 .. Quiero ser de mayor peluquera y esteticiene, así podré tener mi peluquería. Pero para eso yo tengo que estudiar mucho porque si no estudio no podré serlo. A mí me gusta peinar, pintar las uñas, etc. Cuando tenga la peluquería la voy a poner de violeta y de rosa, mis colores favoritos. Peinaré  a mi madre, a mis tías, a mis abuelos y a mucha más gente que venga a la peluquería. (Sakira)

 .. Querría ser pintor, porque me gusta pintar. Me gusta mucho el color azul. Me gusta mucho dibujar los coches y también me gusta dibujar en la calle, en las paredes. Cuando sea mayor me sacaré una tarjeta para poder pintar en las paredes… (Biser)

 .. Cuando era pequeña me gustaba ser camarera o peluquera. Ahora que soy mayor, ya no me gusta porque creo que trabajan mucho y cobran poco. Ahora me gustaría ser veterinaria porque me gustan mucho los animales; también me gustaría ser profesora de educación física porque me gustan los deportes y los niños pequeños. Pero aún no estoy segura de lo que quiero hacer. Supongo que cuando sea mayor lo sabré mejor. (Inés)

 .. El trabajo de peluquera me parece honesto, por una parte, pero por otra parte me parece que debes estar muchas horas de pie, aunque eso no debe importar. Me gusta el tacto del pelo, suave y fino, porque eso también influye en este trabajo. Cuando terminas la jornada te sientes satisfecha porque ves que el trabajo que tú has realizado está bien. (Eva)

 .. Yo de mayor quiero ser astronauta porque creo que va a ser muy divertido estar flotando en el espacio y porque me gustaría descubrir cosas nuevas que aún no se han descubierto y ganar mucho dinero. Me gustaría ir a la luna para investigar y también quiero ir a una estación espacial. Lo más bonito sería ir viendo cómo es el mundo desde el espacio. Me gustaría investigar todo los planetas y los meteoritos; saber de qué se componen, de qué material están hechos… Lo malo de ser astronauta es que estás muy lejos de la familia. (Cristian)

 .. Quiero ser veterinario porque me gustan los animales. Antes quería ser bombero, pero al final pensé que no era lo mío ser bombero. Lo pensé mejor y se me ocurrió veterinario. Sé que tendré que levantarme pronto y sé que tendré que estudiar bastante, pero me gusta trabajar con animales. (Víctor)

 .. De mayor quisiera ser azafata porque me gustaría viajar por muchos lugares del mundo, conocer costumbres nuevas y tradiciones de otros países. Me gusta el trato con la gente de muchas nacionalidades, otros idiomas, gastronomías diferentes, especies de animales y plantas y aficiones distintas de las que hay en España. (Camila)

 .. Me gustaría ser de mayor Jefa de una tienda de ropa porque me gusta mucho la ropa y cada vez que puedo me voy a comprar a Lérida. En mi tienda tendría pantalones tejanos y pitillos, camisas cortas y largas, pantalones cortos, chaquetas y unos cuantos collares. Me gustaría mucho que la tienda fuera mía y le diría a mi hermana que me la decorara por dentro porque ella quiere ser decoradora y a una amiga mía le diría que me hiciera ropa y yo se la pagaría, así todos salimos ganando. Espero que lo que quiero ser de mayor se haga realidad. (Alba)

 .. Cuando sea mayor quiero ser policía con mis amigos. Cuando las mafias hacen algo los tenemos que pillar y quiero conducir una moto. (Gyunay)

 .. Y la colaboración de Macoca, aportando un nuevo ABCdario que nos puede dar pistas para construir otros, individuales o colectivos.

 ABCdario de lo que me gustaría ser…

 Quiero ser Artesano, y fabricar objetos con las manos.

Quiero ser Barbero, para cortar la barba y el pelo.

Quiero ser Comediante, para chicos y para grandes.

Quiero ser Diferente, provocando dudas en la gente.

Quisiera ser Escultora, de rostros bellos de la historia.

Quisiera ser Futbolista, y salir en periódicos y revistas.

Quisiera ser Ganadero, criando gallinas y corderos.

Quisiera ser Hortelana, cultivando tomates y manzanas.

Quisiera ser Ingeniero, de minas, de pozos o de suelos.

Quisiera ser una Jueza, y dictar sentencias con cabeza.

Quisiera ser Karateka, usando, con sentido, la fuerza.

Quisiera ser buena Lectora, de páginas de antes y de ahora.

Quisiera ser Marinero, y recorrer el mundo entero.

Quisiera ser Narradora, regalando palabras e historias.

Quisiera ser Oculista, para mejorar el punto de vista.

Quisiera ser un Poeta, y escribir contra el hambre y la guerra.

Quisiera ser Quincallera, y vender dedales y tijeras.

Quisiera ser Repartidora, de noticias que alegren las horas.

Quisiera ser Sembradora, y sembrar futuras mejoras.

Quisiera ser Traductor, para mejorar la comunicación.

Quisiera ser Universal, y luchar por la fraternidad.

Quisiera ser Velocista, para no perderte la pista.

Quisiera ser Xilofonista, de música alegre y con chispa.

Quisiera ser buen Yesero, para enyesar la caseta del perro.

Quisiera ser Zurcidor, y coser las heridas del dolor.

 Y, aún podríamos añadir para terminar algunos versos de aquella canción de Joaquín Sabina, titulada “La del pirata cojo”, en la que decía que “Con un poco de imaginación, partiré de viaje enseguida a vivir otras vidas, a probarme otros nombres, a colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré”. Y ofrecía uno de esos inventarios que le han hecho tan popular

 … tahúr en Montecarlo, / gitanito en Jerez, / deportado en Siberia, / sultán en un harén; / confesor de la Reina, / taxista en Nueva York, / legionario en Melilla / mercader en Damasco, / costalero en Sevilla, / negro en Nueva Orleáns; / banderillero en Cádiz, / tabernero en Dublín; / ahogado en el Titanic, / flautista en Hamelín …

 Cuando hablamos de sueños y de anhelos para el futuro, tenemos un excelente camino trazado para recorrerlo con la imaginación y para pensarlo con algunas sonrisas. Aquí lo dejo por hoy.

 

JOSÉ ANTONIO LABORDETA. GRACIAS POR TU EJEMPLO

 Se ha muerto Labordeta con 75 años cumplidos. Precisamente en el año 75 actuó por primera vez en Labuerda y dejó un recuerdo inolvidable. Hay números que se repiten misteriosamente, uniendo acontecimientos o destinos…

 Finalicé la lectura de su último libro: “Regular, gracias  a dios” el pasado jueves y pensé en escribirle a José Antonio para darle ánimos nuevamente y comentarle algunas impresiones del libro. La anterior carta se la envié el día 9 de septiembre para felicitarle por la entrega de la Cruz de Alfonso X el Sabio. En el último momento, pensé en que era mejor dejar pasar unos días más, hasta el inicio de esta semana para cumplir con esa intención. Ahora lamento haber dejado sin hacer algo que pensé realizar, aunque tal como se han desarrollado los acontecimientos, no creo que la hubiera podido leer; tampoco sé si pudo leer la anterior… ¡Joder, la vida siempre acaba mal!

Hoy lunes, 20 de septiembre, me encuentro notablemente afectado con este suceso. De hecho, siento como una congestión interna, como algo que no acabo de digerir, que me intranquiliza y desasosiega; una tensión que lleva mi cabeza por derroteros que me impiden pensar en otra cosa… Estoy tratando de liberarme de todo ello escribiendo; una terapia que suele funcionar, pues ayuda a sacar del interior aquello que nos preocupa o intranquiliza; en este caso, la desolación de la pérdida.

 Se ha muerto Labordeta y nos hemos quedado sin un referente moral; eso que no resulta fácil explicar pero que se torna tan necesario cuando las cosas se tuercen, cuando los desmanes cometidos por tanta gente a quien le extirparon los escrúpulos inundan nuestra vida y la salpican con la mierda viscosa de la mentira, de la prepotencia o de la intolerancia. Cuando se te muere alguien así (como cuando se te muere el padre o la madre que te trajeron a la vida y te cuidaron en la infancia) vives con un sentimiento de orfandad, de desvalimiento, que sólo el tiempo logra mitigar y convertir en energía positiva… Ahí están sus libros y sus canciones, las palabras necesarias que recomponen, que orientan, que gritan, que defienden, que acompañan… Ayer pasé la tarde escuchando canciones suyas y ahora mismo no dejan de sonar en la habitación donde trabajo: “He posado mis manos en tus hombros, igual que el viento sobre el mar…” y esa voz recia y modulada a la vez, que suena a mi espalda, desgranando las doce canciones que se incluyen en el CD “Canciones de amor” me emociona una vez más y me ofrece el registro intimista de un cantautor que con sus “poemas-canciones” recorrió y recogió los más variados sentimientos.

 Se ha muerto Labordeta y se agolpan en mi memoria algunos recuerdos de las actuaciones en las que fui espectador. Desde luego, inolvidable la primera, en Labuerda, el 19 de agosto de 1975. Aún no había muerto el dictador y mi amigo José María Pardina, que tan joven nos dejó en la más incomprensible orfandad, tuvo la clarividente idea de que debíamos organizar un recital de canción con José Antonio Labordeta. Yo tenía 20 años cuando hicimos la solicitud al Gobierno Civil de Huesca para pedir la correspondiente autorización. Como puede verse en el número 60 de El Gurrión, el documento lo firmamos los dos y necesitamos la intervención de Sebastián Calvo para arrancar el permiso oficial que abundaba en advertencias y prohibía dos canciones de toda la lista que tuvimos que mandar para ser visadas y autorizadas o denegadas… Creo que hay muchas personas en Sobrarbe que recuerdan aquellos recitales de Labuerda como un hito memorable; ni el paso del tiempo ha conseguido diluir aquellos recuerdos. No en vano, sólo entre el 75 y el 79 pasaron por Labuerda: tres veces Labordeta, dos veces Carbonell y una La Bullonera… Algo bastante insólito para un pueblo tan pequeño. Unos días después de esa primera actuación de José Antonio, subimos a la Peña Montañesa con José Mari Pardina, Antonio Blan, Enrique Campo, Jacques (el francés) y Lorenzo Buil y henchidos de alegría escribimos en el libro de visitas con amplitud y profusión haciendo referencia a aquel recital que había llenado la Plaza de Labuerda de gentes cargadas de emoción y de esperanza y cantamos en la cima, como cantamos tantas veces en cenas y encuentros nocturnos un amplio repertorio de nuestros emblemáticos cantautores… José Mari y Enrique, los dos Pardinas, los dos desaparecidos también en la nebulosa del tiempo amarillo y antes de tiempo y para quienes Labordeta tuvo palabras de recuerdo que se publicaron en su momento en El Gurrión.

 Se ha muerto Labordeta y sigue siendo actual el inicio de otra de sus múltiples canciones: “Quisiera con tus manos hacer una muralla y detener el tiempo brutal que nos atrapa…” y sigue estando vigente esta otra declaración: “El amor es el silencio, la palabra guardada en el pecho… A tu corazón y el mío se lo pueden preguntar…” Y todavía podemos encontrar suficientes motivos para desempolvar notas y estrofas como aquella que dice: “Canta compañero, canta, que aquí hay mucho que cantar: este silencio de hierro ya no se puede aguantar”. Y aún podemos recordar la crueldad del régimen de Chile (y la crueldad extrema de todas las dictaduras) personificada en el asesinato de Víctor Jara: “Pienso en tu muerte sucia, batido por los golpes, los gritos y las balas…” Y sigue siendo necesario cantar de vez en cuando las estrofas de ese himno que ya es universal, patrimonio colectivo, y que encierra una utópica reivindicación: “…También será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver, pero habrá que forzarla para que pueda ser…” Porque no debemos olvidar, compañeros: “Qué larga ha sido la noche y el alba que tanto tarda. Salid al camino, hermanos, que no amanece por nada…” O recordar las razonables razones del “nonato”: “Dijo que no… Y se quedó detenido en la tripa de su madre, mirando por el ombligo todo lo que ya se sabe: que si el político miente, que si el militar conspira y el ladrón paga las culpas para que haya policía…” No faltan las letras a medio camino entre reivindicativas y festivas, con su personal sentido del humor: “Para Santa Orosia creo que este verano irá bien…” o aquella tan popular de “Arremójate la tripa que ya llega la calor que luego, en el mes de agosto, no suelta el agua ni Dios…”  y sus enigmáticas Crónicas de Paletonia: “A orillas del Paletón la Zaralonia levantan y urbanizando la huerta al zaralonio contratan…” o los emocionados versos dedicados a su inseparable compañera Juana: “…Eran días de tedio y cine malo, días de soledad sólo salvados por la ilusión de estar siempre a tu lado, pequeña isla de paz en un mundo asustado…” Son éstos unos breves apuntes, una mínima muestra de las múltiples citas y mensajes que encierran los poemas cantados, las canciones que Labordeta popularizó a través de innumerables recitales y de todos sus discos (ahora CDs); una obra que resume un amplio catálogo de inquietudes compartidas por muchas personas en la segunda mitad del siglo XX, cuando este país iniciaba una nueva senda y quienes vivíamos ese tiempo confiábamos que sería un tiempo nuevo, una oportunidad de cambiar definitivamente todo lo malo que había a nuestro alrededor… ¡Vana ilusión, claro, para un esfuerzo tan generoso!

 Se ha muerto Labordeta, en vísperas de un nuevo otoño; ese tiempo amarillo de tardes breves y soles apaciguados; un tiempo que invita necesariamente a la nostalgia, que nos sume poco a poco en el temible invierno, azote de muchos de los pequeños pueblos y aldeas de los montes de Aragón en aquella sangría constante que fue la emigración y el despoblamiento. Y para este otoño-invierno que se anuncia, nos va a faltar esa fuente de calor que proporcionaba la existencia de quien fue un ejemplo de compromiso, de autoridad moral, de dignidad y defendió esos y otros valores a golpe de voz y de verso, pero también mandando  a la mierda a algunos representantes de la derecha cavernícola; esos que gozaron de tantas prebendas y que nunca soportaron del todo que las gentes que proceden de otros estratos sociales nada privilegiados, alcen su voz en las instituciones democráticas (en las que ellos no creen o creen poco) y tengan la oportunidad de defender la esperanza y la vida de quienes viven con notables e inaceptables carencias… Y esa cuadrilla, al carecer de argumentos y de educación, menosprecian e insultan a quienes están y estarán siempre muy por encima de ellos. Hay una imagen maravillosa de la diferencia entre quienes tienen autoridad moral y quienes ejercen, careciendo de ella: Labordeta lee un poema en pleno debate sobre la guerra de Irak en la tribuna del Congreso de los Diputados, con voz recia y decidida; la cámara recoge su intervención y, en un barrido, se ve la cara retorcida y despreciativa de aquel infausto presidente que quiere minimizar su actuación. Hay gestos que consagran y otros que condenan. Yo aprecié allí esa notable y abismal diferencia entre el humanismo solidario y el autoritarismo retrógrado.

Se ha muerto Labordeta, pero nos quedamos con múltiples recuerdos de cuando estaba vivo. El 5 de junio de 2009, tuvo lugar una cena-homenaje a José Antonio en Murillo de Tou, organizada por el Ayuntamiento de L´Aínsa (ver las páginas 18 y 19 del número 116 de El Gurrión). Allí estuvimos unas setenta personas, acompañándolo: Eloy, Gonzalo, Ánchel, José Miguel, Severino…) Después de la cena, los discursos y las canciones de La Ronda de Boltaña, José Antonio no tuvo más remedio que coger la guitarra y entonar (con la ayuda de los presentes) la Albada o el Canto a la Libertad. Fue la última vez que pudimos hablar un rato, sobre todo al final de la cena, cuando le llevé un ejemplar del número 60 de El Gurrión y estuvimos leyendo y recordando (ayudados de los documentos allí publicados) lo que costaba organizar un recital de canción aragonesa en 1975, en cuanto a trámites y riesgos... Fue la noche que me confesó “te aseguro, Mariano que El Gurrión es ya una de las pocas revistas que leo y que guardo”, pues la recibía en su domicilio puntualmente. Esa noche le transmití la sugerencia de mi hija Ana de que en Labuerda nos gustaría poder oírlo cantar otra vez. Le expliqué la organización de la cena popular y que podría ser esa noche la que nos cantara unas canciones. Le pareció la idea muy bien y se entusiasmó de tal manera que se comprometió a cantar en las fiestas de 2009; año en el que ya estaba contratada la actuación de la Orquestina del Fabirol. Hablamos con Roberto (jefe de la Orquestina) que también estaba en el acto y todo quedó ya ultimado. Yo le insistí en que podía pensarlo con más tiempo y que, de todos modos, no haríamos pública su actuación (previendo alguna posible contingencia de salud). La semana antes de comenzar las fiestas, comunicó que había tenido que dejar Villanúa (desde donde pensaba trasladarse a Labuerda) y regresar a Zaragoza pues su salud se hallaba de nuevo delicada y ahí se frustró la posibilidad de una nueva actuación de Labordeta, en Labuerda. Otro recuerdo entrañable, anterior a éste, del 29 de mayo de 2007, fue el viaje que hicimos con Mercè a Madrid para recoger el Primer Premio Nacional de Bibliotecas Escolares. Ese día, por la tarde estuvimos en el Congreso de los Diputados y, gracias  a las gestiones de los diputados José María Becana  y Tere Villagrasa, asistimos a una sesión y luego bajamos a saludar y charlar un rato con el amigo Labordeta, mezclados por allí con diputados y diputadas que solíamos ver en la TV. Por aquellos días, Raúl Usón nos había comunicado que compartiríamos horario de firmas de libros en la caseta de Xordica de la Feria del Libro de Zaragoza, y yo bromeaba con él ofreciéndome a firmar también los suyos (en su nombre, claro) para no aburrirme... Y así nos echamos unas risas. A primeros de este mes de septiembre, recibí una nueva carta de mi amigo Julián Olivera, fechada el 31 de agosto, en la que me decía: “Hace dos días he hablado con Labordeta y me recordaba su estancia en Labuerda, del que su apellido parece un gentilicio; acabo de mandar a Labordeta unos papeles que ya te envié a ti…”  Siempre que hablabas con él mostraba un sincero agradecimiento “por haberme llevado a cantar en tiempos difíciles a un pueblo como Labuerda”.

 Se ha muerto Labordeta, pero esta tarde de septiembre (el mes en el que murieron Allende y Neruda), escuchando sus canciones, mientras repiquetea la lluvia en los tejados y todo tiene ya un sabor a cambio estacional, Labordeta sigue vivo a mi lado y pienso reunirme frecuentemente (como he hecho siempre) con su voz para que me refresque con sus palabras aquellos frentes de combate que no debemos abandonar, porque aunque “Somos como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar…” y hacemos nuestro aquello que José Antonio convirtió en otro himno popular: “Esta albada que yo canto es una albada guerrera, que lucha porque regresen los que dejaron su tierra”, no está de más recordar que “Serenamente hablando digo hoy que hace falta valor para seguir aquí…” Gracias, José Antonio, por tu amistad y por tu ejemplo. Aquí va este recuerdo personal, como pequeño homenaje a tu memoria.

 

SEIS AÑOS DE BLOG

Esta herramienta inmaterial que sustenta algunas de mis reflexiones, cumple hoy seis años. ¡No me lo puedo creer! Todo se va haciendo viejo… Cierto que envejecer es un signo de vitalidad (aunque ésta se vaya perdiendo progresivamente), pero sorprende que en ese proceso natural de cumplir años, uno perciba el tiempo pasado como algo que sucedió a una velocidad brutal. Continuamente nos referimos al “parece que fue ayer…” y de golpe nos damos cuenta que han pasado un montón de años.

Bueno, no tengo intención de hacer ninguna celebración, je, je, pero debo decir que me siento feliz y contento del trabajo que he realizado con esta herramienta y sobre todo, el haber podido convertir una tercera parte de los contenidos del blog en una publicación especial que puede leerse como un libro. Aquí tenéis la dirección:

 http://macoca.org/diario-de-un-maestro-septiembre

 Las cosas por el cole se van sucediendo con normalidad. Estamos en plena pretemporada, conociéndonos con los chavales, descubriendo puntos fuertes y débiles, tratando de armonizar el trabajo y las necesidades; intentando ofrecer una panorámica de lo que iremos haciendo a lo largo del curso; presentando algunos cuadernillos de trabajo (hoy le ha tocado el turno al Cuaderno de contraseñas literarias). En los próximos días, se entregarán el Cuaderno de aventuras bibliotecarias; el Diario de lectura; el Cuaderno de Noticias; el Cuaderno de Valoraciones Personales… Materiales de diseño y fabricación propia que pretenden poner en valor algunas actuaciones, algunas actitudes y que serán compartidos con el otro curso del mismo nivel y su tutora correspondiente.

 De nuevo, algunas antologías poéticas preparadas por la amiga desaparecida y recordada, Ana Pelegrín, me han servido para escribir en la pizarra  las primeras contraseñas y para iniciar el proceso de normalización poética en el aula: lectura diaria y en voz alta de uno o varios poemas…

 “La tarde está tendida

a lo largo del río

y un rubor de manzana

tiembla en los tejadillos”. (Federico García Lorca)

 ***

La puerta de Toledo

tiene una cosa:

que se abre y se cierra

como las otras”. (Anónimo)

 ***

Antonio viaja que viaja

por tierra, por mar, por aire,

va de un continente a otro

porque el mundo ya no es grande”. (Jorge Guillén)

 

 Ayer iniciamos las primeras pruebas con las noticias. A las nueve menos diez ya estábamos en el aula con dos niñas poniendo en marcha el ordenador y centrando nuestra mirada en la edición digital de un periódico. Nos fijamos en la noticia de la celebración en México del Bicentenario de su independencia de la corona española. Anotamos en la pizarra algunas palabras para clarificar su significado y para tenerlas en cuenta a la hora de explicar la noticia al resto de la clase. Hoy hemos repetido la acción con otra pareja y hemos hablado de los mineros enterrados en las profundidades de una mina chilena: mina, minero, galería, desprendimiento, rocas, profundidades, perforación… Hemos visto que cada noticia tiene un vocabulario específico, según de qué trata y también lo hemos copiado en la pizarra para señalarlo y para que no se nos olvidara comentar ese punto… Curiosamente, ayer y hoy, hemos “viajado” por territorios de América Latina (concepto que también hemos clarificado).

Estamos empezando y la “pretemporada” sirve para eso, para ir cogiendo ritmo y para acercarnos a otras maneras de trabajar. Una vez que la noticia ha sido comentada, explicada y relacionada, copiamos en el cuaderno (ayer y hoy, de lengua; la semana que viene “de Noticias”) un resumen de tres líneas para dejar constancia de la actividad.

 Enlazando cosas que pasan, esta tarde en la sala de espera del centro donde me encontraba he podido ver, colgado en la pared, un montaje curioso de doce imágenes de la Gioconda que simulaban los estilos pictóricos de distintos pintores conocidos: Picasso, Botero, Dalí, Modigliani, Gauguin, … Me ha recordado ese montaje al que se podría hacer con ese mismo cuadro o con otros, si juntásemos los realizados el pasado curso con la actividad impulsada desde la biblioteca escolar, bajo el título “Y tú, ¿cómo pintas?” En ese caso, los chicos y chicas, ayudados por sus familias, fueron capaces de pintar diversas versiones de varios cuadros que vistos todos juntos o uno a continuación de otro, producen un efecto muy sugerente… Es posible que acabemos colgando cuadros con cuatro versiones de algunos de esos trabajos… ¡Es curioso!, uno nunca sabe dónde va a encontrar una idea nueva que redondee o estire un trabajo realizado.

 En otro orden de cosas, hoy se reseña en las páginas del Escolar del Diario del Altoaragón, el número 62 de Bibliotelandia (el boletín periódico de la Biblioteca Escolar del colegio que publicamos en junio pasado) http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=4&Id=648881  y el último ABCdario que he publicado… “para ayudar a tus hijos e hijas en los estudios, en el trabajo, en la vida…” http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=4&Id=648880

Ahí tenéis los enlaces para ver las pequeñas reseñas que hacen publicidad de esas dos iniciativas.

 Volviendo al comienzo de este artículo, la idea es seguir manteniendo vigente y actualizado este espacio de escritura, lectura, reflexión y comunicación. En los próximos días presentaré la herramienta a los chicos y veremos cómo articulamos la participación de los mismos. Aquí lo dejo, por hoy.

PRIMEROS DE SEPTIEMBRE

El pasado día 1 dio comienzo para el profesorado un nuevo curso escolar. Curiosamente se estaban produciendo simultáneamente la Vuelta a España y la Vuelta al Cole. En mi caso, después de un año de Licencia por estudios, con libertad horaria, dedicado a otras faenas, sin la obligación de acudir diariamente al colegio,... era un momento especial. Y así lo viví, como un reingreso, con una mezcla de nervios estomacales, preocupación ancestral, sorpresa ante lo nuevo, reencuentros amables y esperados, ausencias celebradas…

A la media hora de estar allí y tras los oportunos saludos, ya tenía otra vez esa sensación increíble de que no había pasado el tiempo, de que nunca me había ido de allí y de que mi cabeza se estaba reconfigurando en clave educativa y pedagógica. Recorrer los pasillos y las estancias, abrir los armarios que dejé cerrados en junio de 2009, entrar en la biblioteca, abrir la correspondencia acumulada durante el verano también ayudó lo suyo, je, je.

Al margen de las reuniones preceptivas, el viernes, día 3, tuve tiempo de revisar algunos rincones de la clase y tomar la decisión de tirar un buen volumen de cosas. Con la excusa de este parón de un año y esta vuelta a la actividad, aproveché para hacer “limpieza” seriamente y desprenderme de muchos objetos, materiales, publicaciones… que hace un tiempo que no han sido usadas y que mirando al futuro es probable que no vuelva a retomar.

 En casa también han sido días de remover y revisar cajas, archivos, carpetas, carpesanos… con el fin de su reubicación en otros lugares, aligerar espacios y generar huecos en algunas estanterías o armarios para colocar lo que tendrá que venir. El caso es que el día 2 cargamos el coche hasta los topes con una veintena de cajas-archivo de materiales impresos y nos subimos a Figols de Tremp a dejarlo todo en la falsa de la casa, bien colocado y tapado con un plástico para preservarlo del polvo. Éste ha sido sólo el primer viaje, pero tenemos previsto hacer otros.

Ahí iba toda la correspondencia recibida en Aula Libre, durante más de veinte años: carpesanos llenos de cartas y comunicaciones ordenadas que aguardan una necesaria revisión o que soportarían perfectamente una curiosa investigación; varias cajas con “babelias”, ese suplemento sabatino de El País, en el que se habla de libros fundamentalmente y que uno lee por encima y guarda con la buena intención y el propósito de retomar su lectura a lo largo de la semana, pero que acaba formando parte de esa pila de papel que no cesa de crecer… Varias cajas con materiales medioambientales: por ejemplo publicaciones, bibliografía diversa y referencias del huerto escolar; o bien pequeños reportajes sacados de la revista El País semanal; recortes de prensa de temas variados; guías de lectura de distintos organismos y otros documentos relacionados con los libros y la lectura… Un amplio muestrario de periódicos escolares, desde los tiempos de la “gelatina” hasta la habitual multicopista; materiales propios, por un lado y obtenidos como intercambio con los amigos y otros colegios, por otro…

  Bueno, tampoco se trata de inventariar exhaustivamente todo lo que hemos dejado en ese archivo de Figols (en el que el espacio, de momento, nos permite guardarlo todo, pero la distancia nos imposibilita poderlo consultar con frecuencia), sino dar una idea de esta tarea de remodelación de espacios y de contenidos, en la que estamos inmersos. Lo cierto es que si hubiese aplicado alguna máxima racional, de las que te van sugiriendo los amigos, como que si algunos materiales llevan diez años sin utilizarse es posible que no los necesites nunca y lo mejor es deshacerse de ellos, es probable que hubiese podido prescindir de casi todo, pero el gen del “por si acaso” se impone y uno anda siempre buscando localizaciones adecuadas donde poder colocar lo que ha ido “amasando” ( y no una fortuna precisamente) con el paso del tiempo… No en vano, a medida que se abren cajas y se ojean materiales contenidos en ellas, es fácil recordar sus orígenes, su génesis, en ocasiones, y esas sensaciones proporcionan una suerte de energía especial: hay un reconocimiento de lo hecho, una reafirmación en lo que se hizo (en general), incluso una sorpresa positiva ante lo que parece un “faenón” que en su momento se sacó adelante… Y todo eso produce una sensación de bienestar, por un lado, y de orgullo ante el trabajo por otro… Sin duda, se traduce en energía positiva. Lo dejo aquí, de momento, porque seguro que hablaré de nuevo del tema más adelante.

 Y ayer, día 4 de septiembre, viajamos con Daniel hasta Monzón para participar en la VII edición de REPLEGA: Feria Nacional del Coleccionismo General y Popular. Sin duda, todo un espectáculo visual y de participación. Y lo primero que se aprecia es que es realmente popular, por la gran participación de personas en la, cada año más amplia, zona de “cambio continuo”. Asistir como observador a la llegada de gente a esta zona (cosa que ocurre a lo largo de todo el día) es un espectáculo divertido y sorprendente; lo hacen con bolsas, maletas de gran tamaño, carritos repletos de paquetes, mochilas, grandes cajoneras plásticas con bandejas, grandes botes de plástico o cristal,… en busca del lugar donde se encuentran los más madrugadores que coleccionan los mismos objetos que ellos han traído. Una vez instalados empieza la mecánica del cambio que cada pareja gestionará como bien le parezca.

En muchos casos, Replega es un lugar de reencuentro para gente que no se ve desde el año anterior para esas fechas y en otros casos para establecer nuevas relaciones; hay muchos asistentes que curiosean por entre las mesas y otros que vienen con intención de adquirir algunos objetos para sus colecciones; hay espacios expositivos de coleccionistas que acumularon un gran volumen de objetos y muchos expositores que, generalmente, venden su mercancía… Es difícil de explicar por escrito algo tan vivo y, en cambio, es facilísimo de entender si acudes un día a Monzón y te sumerges en esta original feria.

 En la zona de "cambio continuo" no paran de pasar de mano en mano calendarios de bolsillo, marcapáginas, postales, placas de cava, botellas de cerveza, pins, cajas de cerillas, chapas de todo tipo de bebidas (cervezas, refrescos, aguas…), sobres de azúcar, posavasos, bolígrafos y lápices de propaganda, pegatinas, tebeos, cajetillas de tabaco, sellos, vitolas, barajas, kinder, tarjetas telefónicas, etiquetas, corchos… Y una lista interminable de los objetos más variados que uno pueda imaginar. Eso, sin contar con todo lo que puede verse en los espacios interiores de exposición que ponen  a la venta sus contenidos… Todo lo que el ser humano ha ido fabricando a lo largo de la historia, es susceptible de ser coleccionado, como también lo son algunos elementos legados directamente por la naturaleza sin intervención humana: conchas de univalvos y bivalvos, rocas, minerales, fósiles, arenas, cortezas de árboles, piedras con líquenes, piedras especiales, esqueletos de animales,…

 Las exposiciones invitadas por la organización eran siete en esta edición: "Soldados de papel. Recortables de la Guerra Civil (1936-1939)", de Manuel Ortega (Barcelona), "El envase de hojalata en la alimentación", de Antonio Ibáñez (Albalate), "Cajetillas de tabaco del siglo XX", de Ángel Laporta, "Décimos de lotería: bellezas de España, arquitectura popular, castillos de España y arte románico", de Leonardo del Río, "Pegatinas: 1º de Mayo. Día Internacional del Trabajo", de Chorche Paniello, "Marcofilia Aragonesa", de Salvador Alriols; y "Figuras de búhos", de Cristian Santisteve.

 Aproveché para acercarme a un par de “stands” que tenían material fotográfico e impreso antiguo. Localicé algunas cosas de Sobrarbe, pero no las compré todas, claro, porque los precios eran arbitrarios y prohibitivos, en algunos casos. Compré una “Descripción del Parque Nacional del Valle de Ordesa”, escrita por Francisco Lordán Penella (finalizada de escribir en Sabiñánigo, junio de 1942, según se lee en la penúltima página del librito). El documento fue impreso en los talleres de El Noticiero de Zaragoza y tiene 62 páginas. La Diputación Provincial de Huesca costeó la edición. En la primera página, bajo el título, puede leerse la siguiente advertencia: “Aprobado por el Consejo Nacional de Educación”. Lo demás, fueron 18 postales de Labuerda, Javierre de Bielsa, Torla, Broto, Sarvisé, Jánovas, Boltaña, Aínsa, Bielsa y Bujaruelo. En cuanto al precio, es cierto que se trata de un material prescindible, pero aún así, en algunos casos piden cantidades excesivas. Lo cierto es que el las postales realizadas a partir de fotos de Zerkowitz ofrecen testimonios valiosos de los pueblos y de los paisajes de Sobrarbe. Imagino que deben estar todas en la fototeca de la DPH y, por tanto, al servicio de cualquier iniciativa cultural que se realicé en la comarca y pase por tenerlas como referencia.

 Daniel se bajó con 550 chapas cambiadas y me comentaba que el primer año que fuimos a la feria, él llevaba un carpesano debajo del brazo, con las repetidas para cambiar. Este año, una maleta grande y una cajonera de plástico con bandejas, repletas de chapas. Claro que entonces debía tener una colección de unas quinientas chapas y ahora se aproxima a las nueve mil. Yo también aproveché para saludar a algunos coleccionistas de marcapáginas que pertenecimos a la Asociación y hurgar en nuestras respectivas cajas para cambiarlos. Al final, con las prisas, camino ya de Fraga, recordé que la caja de los repetidos que dejé en la mesa de cambios, no la recuperé y allí quedaron para quien los quisiera recoger y aprovechar.

Bueno, ya veis en qué movidas ando metido. Ahora mismo, en cuanto publique este texto, atenderé a una “voz exterior” que hace ya un rato me ha recordado que, aunque sea domingo, debemos retomar nuestra actividad limpiadora, expurgatoria, y reordenatoria y volveré a las cajas, las carpetas, los papeles, los estantes, los armarios… Espero sobrevivir a tanto ajetreo.

 P.D. Hoy es cinco de septiembre y mi madre cumple 90 años. ¿Cuántas vivencias y recuerdos ha ido “replegando” a lo largo de su extensa vida? Dice últimamente que se le olvidan las cosas. Todo vamos perdiendo memoria a medida que crecemos o borrando algunas cosas para que quepan otras. Mi sobrina Sonia también cumple años hoy, pero no digo cuántos.

ÚLTIMA SEMANA DE AGOSTO

Hay cosas y situaciones que por más que estén ya muy repetidas, vuelven a vivirse siempre como si fuera la primera vez (o, al menos, eso es lo que a mí me parece). Descartado el sueldo (que, sin duda, no es para tirar cohetes, pero que es razonable y muy alejado de los tiempos del “pasas más hambre…”), son las vacaciones el activo más valioso de maestros y maestras. Un tiempo, sin duda, que cada cual puede ocupar en lo que estime oportuno, claro, pero que –creo- tiene una utilidad evidente: recomponer cada año los desgarros, la tensión y las heridas que las relaciones personales (a varias bandas) derivadas del trabajo cotidiano marcan el exterior y sobre todo el interior de cada maestro o maestra (al menos de quienes nos tomamos el trabajo con espíritu anarquista: diario, innovador, comprometido, continuado y a fondo).

Por eso, la última semana de agosto, tiene siempre un regusto especial. Marca cada año, el fin de una época y el comienzo de otra. Yo la estoy viviendo con emoción e inquietud (no en vano, el pasado curso estuve exento de asistir diariamente a clase); con ganas de iniciar un nuevo tiempo de contacto diario con un nuevo grupo de chicos y chicas, con la posibilidad de emprender pequeñas aventuras innovadoras o pequeños desafíos, pero también con cierto grado de pereza de retomar una singladura que uno ya ha vivido más de treinta veces (en otros más de treinta años) y de la que ya conoce ciertos lugares comunes, ciertos peajes en los que habrá que detenerse y “pagar”. Estas cosas, estos detalles, teñidos de inmovilismo, de tradición mal entendida (“Muchas tradiciones, como muchas estadísticas, están para romperlas”, ¡coño!; no para reproducirlas sin cesar, hasta incluso cuando ya dejaron de tener sentido).

Contaré algunas cosillas de esta semana que anda justo por la mitad; de ese tiempo apresado (es lo que trato de hacer, pero no se deja) y vivido con sosiego, mientras caen las hojas del calendario anunciando el viaje de regreso al tajo y anunciando también encuentros y reencuentros: unos celebrados y deseados y otros algo menos (incluso alguno indeseable, que de todo hay).

El lunes anduvimos por el Valle de Bujaruelo: ese espacio natural, cercano al Valle de Ordesa, hermoso y verde; fresco y soleado a la vez, dibujado por el río Ara a lo largo del tiempo, al que tanto nos gusta viajar de vez en cuando, en busca de un subidón energético, de rellenar nuestros depósitos interiores con imágenes conocidas, pero siempre renovadas y con sensaciones ya vividas, pero siempre sorprendentes.

Viajamos con Ana y Mercé, con el fin de hacer el suave recorrido circular, con salida y llegada al puente medieval, parando a la orilla del río cuantas veces nos apeteciese. Y eso hicimos, sin aglomeraciones, charlando y paseando y haciendo fotos y mojándonos los pies y –sobre todo- escuchando al Ara. Nos encanta el sonido del agua, el ronroneo continuo que produce el río; los diferentes tonos percibidos cuando caminas algo alejado del curso del mismo o cuando te acercas a su orilla y dejas que el agua vaya lamiendo tus pies. El Ara, por estos parajes “bujaruelianos” es un río muy hablador: sentarse en cualquier piedra de sus orillas, en silencio, y escuchar y mirar es una de las acciones más relajantes y plenas. De regreso en el puente, tomamos la decisión de seguir el camino que acompaña al río por su derecha hasta el camping de Fenés: Ana se bajaría el coche y nos esperaría para comer y Mercé y yo haríamos esos tres kilómetros, andando, metidos por tupidos y, por tanto, sombríos bosques de hayas y abetos, aproximándonos o alejándonos del cauce, pasando por tramos de camino que había que transitar con cuidado de no despeñarse, escuchando siempre la voz del Ara, quejumbrosa y brava mientras chocaba contra peñascos inmensos o salvaba desniveles en tendidas, blancas y sonoras cascadas… Tras una hora de caminata, con muy poco desnivel, llegamos al camping: pasó con rapidez la cervecita con limón, preámbulo de la comida. Nos gusta comer en el restaurante de Fenés; conocemos a la dueña y la comida casera está muy rica; también el espacio es acogedor y, para nosotros, después de tantas visitas realizadas, muy entrañable. Hemos estado solos, con los dos hijos, con uno solo, con la familia y con muchos amigos a los que hemos acompañados por estos parajes.

De bajada, paramos en Sarvisé a ver a la familia, charlar un rato con ellos y tomar un café.

Ayer, en cambio, la actividad principal del día la desarrollamos en casa, en el “cuarto del patio”. Cuando uno estrena un cuarto, una habitación, en la que se van a ir colocando diversos objetos, lo hace con ilusión y pensando que esa era la solución para tener más ordenada la casa, más localizados según qué elementos o desembarazadas otras habitaciones. Pero lo cierto es que, pasa el tiempo, se siguen colocando cosas en su interior con mucha frecuencia y llega un momento en el que se van desbordando las previsiones iniciales: ya no son suficientes las estanterías, se colocan objetos en el suelo; la altura de cada montón crece de manera vertiginosa, ya no se respetan las ideas iniciales de ordenación y aquello termina siendo un caos, donde ya es casi imposible encontrar nada concreto, porque (por otra parte) ya hemos perdido la noción de las cosas que allí se guardan…Estaba yo en ese punto en el que detectas la necesidad de quitar, seleccionar, tirar, recolocar y ordenar y, por otra parte, cada vez que piensas en todo ello, sientes una enorme pereza para empezar a realizar ese listado de acciones. En esas estaba, digo, cuando llegó mi hija Ana –una chica muy resuelta y con una capacidad de organización muy notable- y, poco menos, que me obligó a empezar los trabajos anunciados. Ayer a última hora de la tarde, el cuarto del patio presentaba un estado ya casi desconocido; en realidad, no lo conocería, como suele decirse, “ni la madre que lo parió”.

Y lo bueno es que en estos procesos de limpieza y reordenación uno encuentra siempre cosas que ni sabía que guardaba. Fueron muchas y eso que no abrí todas las cajas o carpetas para mirar exhaustivamente su interior. De todos modos, hubo algunos descubrimientos que me hicieron gracia o que me llenaron de alegría. Uno de ellos, una agenda pequeña del antiguo Banco Central del año 1968. ¿Por qué la guardaba? Abriéndola lo descubrí: allí están las firmas (algunas con dedicatoria) de los compañeros y compañeras del tercer curso de Bachiller Elemental (1967-68); de modo que pude leer todos sus nombres y recordar algunos rostros.

Otro de los descubrimientos (y éste no tenía ni idea de que lo guardara, pues no lo había visto nunca antes) fue el de una carpetilla con algunos papeles de mi estancia en el campamento de magisterio que estábamos obligados a realizar en mis tiempos. De los papeles que guardo, hay dos documentos que me hicieron gracia; son de revistas que se editaban en el citado campamento. Guardo el número 1 del 6 de julio de 1972 y el número 5 del día 10 de julio del citado año. En la primera está la lista de todos los que hacíamos el campamento, ordenados por tiendas. Sonreí al leer los nombres y recordar algunos cuartetos célebres (estábamos cuatro en cada tienda); en mi caso, compartía habitáculo con José Mª Fantova, Santiago Sánchez y Emiliano Córdova. La revista se llamaba “Mástil”, ¿quién elegiría el título? En el número 5 me encuentro con un poema, en la sección “El poema de hoy”, titulado “Pensamiento del alma” y escrito por el amigo Jesús Castiella, hoy colaborador de la revista “El Gurrión”, con sus precisos y preciosos dibujos. Le mandaré a Jesús una fotocopia por si no hubiera guardado un ejemplar.

Y el último descubrimiento al que voy a referirme me causó una gran alegría porque el libro que escribí hace más de una docena de años “Así nos divertíamos, así jugábamos…” y que aún me lo siguen pidiendo, ya hace unos cinco años que lo daba por agotado (me he guardado los diez ejemplares de rigor, como “archivo histórico”). Pues bien, en la parte baja de una estantería apareció una caja precintada, tal como la recogí en su día en la imprenta, y mi sorpresa fue mayúscula al abrirla y descubrir que allí había 36 ejemplares impolutos del citado libro. De modo que, si alguno de los que leen estas páginas, estaba interesado en él, que sepa que vuelvo a tener ejemplares antes de plantearme una reedición del mismo.

Por otra parte, llevo dos tarde dedicando un par de horas a cascar almendras y nueces. Es una faena curiosa. Sentado en un lugar en sombra, armado de un martillo y con la cesta o el saco con las provisiones de frutos secos al lado, uno va metiendo la mano en la cesto o el saco –como digo- y golpeando con el martillo, una por una, cada nuez o cada almendra para luego extraer de la cáscara coriácea y dura, el fruto correspondiente… Y lo bueno es que, como es una faena bastante mecánica, puedes tener la cabeza ocupada en otros asuntos: planificar acciones inmediatas, rememorar otros momentos, recordar un viaje o una persona… En ocasiones, del ensimismamiento en el que puedes caer, te despierta el martillo que, erró el golpe y fue a dar con uno de tus dedos y que te hace exclamar alguna imprecación de manera automática.

Las nueces las recogimos hace más de tres años, por indicación de mi padre, de un curioso nogal. Hace treinta años, probablemente más, el río Cinca, en una de sus crecidas, se llevó varios huertos de la partida conocida como “Huerta Vieja”. Donde estaba el huerto de casa, quedó una glera llena de cantos rodados mondos y lirondos, salvo una esquina de tierra en la que creció un nogal. Aunque cuando se producen estos fenómenos en los que el río hurta al agricultor, de manera sorprendente y descarada, sus posesiones, el agricultor pierde sus derechos sobre aquel suelo (creo que está así la cosa); mi padre siempre reivindicó la propiedad de aquel nogal y dada su querencia natural por estos árboles, recogió algunos años sus nueces.

Y así, como una metáfora envolvente, pensé que el Cinca se llevó la tierra y dejó un nogal; la vida (o la muerte) se llevó  a mi padre hace dos años y ayer tarde, aquellas nueces de aquel nogal, recogidas hace tres años por expreso deseo de mi padre, me trajeron a la mente algunas imágenes entrañables y en ese silencio sólo roto por el monótono “chas, chas” de cada golpe, lo fui recordando una vez más. Por cierto, las nueces estaban muy ricas y también las almendras del día anterior. Además dicen que los frutos secos son muy saludables. Buen final de agosto, amigos.

 

OTRO VEINTE DE AGOSTO

La verdad es que este verano he descuidado mucho más de lo habitual el hecho de escribir en el blog. Es normal que uno, cuando está de vacaciones, abra un paréntesis en las actividades cotidianas que suele ir haciendo y las deje en suspensión, pero yo me venía resistiendo como un cosaco a abandonar esta práctica de escribir cuatro o cinco textos mensuales para dejarlos expuestos a las miradas curiosas.

“¡Este verano, este hombre ha sucumbido a la pereza!”, diréis… Y no es del todo cierto. Uno de los elementos desanimadores más potentes lo constituye el deterioro de la señal con la que se recibe Internet por estas tierras. Hasta hace unos meses, conectándome a la línea telefónica desde casa, podía leer y usar el correo electrónico, pero desde las pasadas navidades no se cargan las páginas y me resulta imposible. La alternativa es acudir a la biblioteca a usar el “Internet rural” que ha ido perdiendo potencia y ya no permite publicar un texto en el blog, ni subir unas fotos al facebook, ni mantener actualizada la página web… Tantas dificultades obran como un lastre y uno se deja llevar y piensa que después de casi seis años de blog muy activo, bien estará descansar un poco este verano…Y ahí están las razones de este parón momentáneo. Aunque ahora tengo dos bocas electrónicas que alimentar: el blog (http://gurrion.blogia.com) y la web: (http://macoca.org), espero que cuando llegue septiembre vaya cogiendo la forma (tras una rápida pretemporada) y “les vaya dando de comer” sin más problemas, je, je.

 Como ya el azar dejó instituido en 2008, hoy es un día especial para nosotros: de alegría porque nuestro hijo Daniel cumple años y de añoranza y tristeza porque también se cumplen dos años del fallecimiento de mi padre. El 20 de agosto, por obra del azar, se ha convertido para mí en una de las fechas más significativas del año. Ahora mismo, a las nueve de la mañana, tras las tormentillas de la tarde-noche de ayer, el día ha comenzado soleado y fresco de temperatura. Imagino que por la tarde, acompañaremos a mi madre al cementerio, a depositar un ramo de flores, mientras se aviva el pensamiento y el recuerdo hacia él. Ayer tarde, mientras dábamos un paseo por los caminos de la huerta con Mercé, lo recordaba una vez más, viendo los huertos que trabajaba en vida (muchos de ellos yermos ahora), evocando los trabajos que hacíamos en ellos o su ligero caminar con la azada al hombro yendo a comprobar el caudal de agua en la derivación de la acequia, recorriendo la distancia entre un huerto y otro cuando habíamos acabado la faena en el primero o regresando a casa por la tarde para empezar las faenas con las vacas… Daniel, por su parte, anda inmerso en los entrenamientos de pretemporada, de modo que tendremos que felicitarlo a distancia y posponer la celebración para más adelante.

 Ya hace días que se editó y distribuyó el número 120 de la revista El Gurrión. El mes de agosto es siempre “mes de nacimiento” de un “gurrión”, junto con febrero, mayo y noviembre. Precisamente, cuando lleguemos a noviembre y salga a la luz un nuevo capicúa, el 121, se cumplirán 30 AÑOS desde que el número 0 comenzó, en noviembre de 1980, esta singular aventura. Si alguien necesita ejemplos de constancia, aquí tiene uno bien evidente, sobre todo si lo que necesita es un ejemplo de “trabajo constante no remunerado”. Como otras aventuras en las que uno participa, “El Gurrión” es una fuente incesante de buenas noticias y aunque hay cenutrios identificados, que sin comprarlo ni leerlo, lo critican o quieren descalificarlo (la envidia, la impotencia y la mediocridad suelen ser letales para mantener el equilibrio psíquico de algunas personas), aquí “en la fábrica”, tenemos la moral muy alta, la autoestima perfectamente alimentada y no pensamos reblar ni de broma. Creemos en lo que hacemos y además, creemos que lo hacemos bastante bien, je,je. Aquí os dejo con el texto de presentación del último número:

 

PRESENTACIÓN – EL GURRIÓN 120

 ¡Que lleguen las fiestas!

 La vida de los seres humanos resulta complicada, puesto que las interacciones que uno se ve obligado a establecer no siempre son favorables. Entonces no queda más remedio que apechugar con lo que nos toca y tratar de minimizar los efectos negativos que tales cuestiones pudieran tener. Es muy probable que, a la hora de la verdad, tengamos menos poder de elección del que nos parece y sea el azar quien coloque a nuestro lado o frente a nosotros, personas, circunstancias, encuentros, olvidos, lugares, alegrías, sinsabores, etc. elementos, en definitiva, que ayudarán a levantar nuestro ánimo o que contribuirán a mantenerlo en niveles deplorables… Como estamos de vacaciones y tendrán tiempo, no dejen pasar la ocasión de reflexionar sobre todo esto, para encarar con alguna estrategia nueva el otoño y el invierno que acechan en el horizonte.

 El caso es que últimamente (aunque ya hace tiempo que viene siendo habitual) si miramos los informativos o la prensa diaria, encontramos pocos motivos para alegrarnos: pinchazo de la burbuja inmobiliaria, aumento del paro laboral, abaratamiento de los despidos, crisis económica, dinero para los bancos que presumen de magros beneficios, pérdida de conquistas laborales del pasado, justicia envuelta en constantes injusticias, sinvergüenzas enriquecidos sin dar palo al agua, especuladores ladrones, magos de las finanzas que se han quedado sin magia (pero con la pasta),visionarios que han resultado cortos de vista, enfrentamientos bélicos reiterados, guerras inútilmente alargadas, deplorables y continuos conflictos religiosos, hambrunas, desastres naturales en todas las latitudes y una lista aún más larga que a nadie se le escapa. Y también es cierto que, por estos pagos nacionales tan maltratados, es el deporte el que, de unos años a esta parte, proporciona de cuando en vez alegrías para compartir, noticias para celebrar: Nadal, Alonso, Gasol, Lorenzo, Pedrosa, Elías, Casado, Domínguez, Jiménez, Contador, la selección nacional de Baloncesto, la selección nacional de Fútbol…, por poner solo unos ejemplos, agitan el orgullo y permiten sacar pecho a quien quiera hacerlo…

 De modo que, uniendo lo anterior con lo que sigue, recibamos las fiestas veraniegas (y mantengamos la misma disposición para las que celebremos el resto del año) como expresión máxima de la alegría necesaria, del optimismo recomendable, de la vida misma. Este tiempo de vacaciones que nos permite romper rutinas, olvidarnos de relojes y horarios, que nos proporciona otras compañías y nos ofrece nuevos paisajes, que nos dibuja itinerarios diferentes y nos propone actividades nuevas, vivámoslo con la suficiente intensidad interior para que nos fortalezca y cargue nuestras baterías de energía y con la suficiente complicidad exterior para que nos sintamos relacionados y reconocidos y eso también se transforme en energía vital. En este tiempo veraniego, las fiestas están por todas partes y pueden ser el mejor antídoto contra la oscuridad del actual horizonte laboral, del otoño político que viene, del próximo curso escolar… Ahí tenemos una oportunidad de cultivar algo el optimismo, celebrar la cultura, intensificar las relaciones y mejorar nuestros estados de ánimo de cara a vivir con renovadas ilusiones, con serenidad y sentido común y para mantener la esperanza de que saldremos de esta situación, simplemente, porque ya hemos salido de situaciones peores. Que las Fiestas Mayores de Labuerda y todas las que vivas este verano, te ayuden a ser más optimista y un poco más feliz.

 Y aunque el anterior texto se titula “¡Que lleguen las fiestas!”, debo decir que cuando escribo esto ya hace unos días que han acabado. Creo que han sido unas fiestas inolvidables (y también parecían interminables). Cinco días de actos, músicas y bailes (del 12 al 16, ambos inclusive). Muchas felicitaciones para Ana, Sonia y Sandra, las tres mujeres que hace cinco años cogieron las riendas de la organización y que han dejado un perfil nuevo: dando entrada a la participación directa de personas casadas (madres y padres que organizan los juegos infantiles; casados que se ocupan directamente de organizar la Ronda de la Bandeja o la cena popular)… incorporando cada año novedades (la “batucada” de este año fue un puntazo y todo un acontecimiento y la celebración de la II Muestra de Coleccionismo confirmó que es posible mantener esta línea complementaria de actos). Por supuesto, la cena popular del último día (este año se ha celebrado su cuarta edición) ha sido un gran invento y no sólo está consolidada, sino que es esperada especialmente. De hecho, hay personas que acuden exclusivamente a ese acto de las fiestas, desplazándose desde su lugar de residencia.

Aunque este no sea el lugar para desgranar con detalle lo que dieron de sí las pasadas fiestas, sí es obligado mencionarlas en este texto “agosteño”; sobre todo, porque quienes las organizan dan muestras de una profunda responsabilidad en todo momento lo que, desde luego, contradice muy claramente la imagen que se da de la juventud. En Labuerda, las fiestas mayores nunca las organizó el ayuntamiento; siempre se ocuparon de ello los jóvenes y, aunque en cada época han primado unos actos u otros, han tenido un perfil u otro, en líneas generales ha habido una importante dosis de responsabilidad organizativa. En estos últimos años, Ana, Sonia y Sandra han subido el listón probablemente y han dejado un gran ejemplo para quienes tomen el relevo.

 Y por lo que a mí me toca (la II Muestra de Coleccionismo, que realizamos la mañana y la tarde del día 16) estoy satisfecho, aunque reconozco que podría haber hecho bastante mejor la labor de coordinador voluntario del evento. Espero mejorar notablemente el próximo año. Nos juntamos nueve expositores y pudimos ofrecer lo siguiente: Luis Vidaller, sus relojes; Encarna García su colección de minerales y fósiles; José Luis Mur, la de programas de mano de películas españolas y algunas cámaras relacionadas con la fotografía o con el cine; Daniel Coronas, la de banderines de equipos de fútbol y la de chapas de bebidas de algunos países del mundo; Antonio Blan, la de sellos y monedas; Ricardo Coronas, la de latas viejas de productos farmacéuticos y alimentarios; Esther y Prudencio subieron desde Fraga y nos dejaron cuatro álbumes de calendarios; Anny y Luc llegaron desde Gante con tres pósteres gigantes con más de cien señales de tráfico “de escolares cruzando la calle” de distintos países ordenados alfabéticamente y yo dejé por allí una colección de posavasos, una muestra de periódicos de distintas comunidades y diferentes países y una treintena de viñetas relacionadas con el libro y al lectura (ampliadas a DINA-3 y plastificadas). Acudió gente a verla, aunque nos hubiera gustado que hubieran venido más, claro y salió una reseña de la misma en el Diario del Altoaragón el día 17. Ya hemos anotado algunos nombres nuevos para la próxima edición y comentado con los de todos los años algunas ideas; de modo que, si nadie lo remedia, en las fiestas de 2011 estaremos montando la III Muestra.

 Y ya voy acabando porque este texto se ha alargado más de la cuenta. Que terminen bien este mes vacacional por excelencia. Septiembre se asoma en el horizonte y abre los brazos para acogernos en la vuelta al trabajo, ¡qué cabrón!