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CATÁSTROFES NATURALES

Imagina un mundo donde todo estaba por hacer, donde ningún ser humano poblaba los paisajes, donde nadie había puesto una piedra sobre otra, donde sólo los animales campaban a sus anchas por los valles vírgenes, por las llanuras, por los bosques y selvas, mientras la vida vegetal crecía sin freno tiñendo de colores las tierras del planeta…

Imagina un mundo donde los herbívoros comían vegetales y los carnívoros daban buena cuenta de los herbívoros. Éstas eran las luchas más sangrientas, junto a aquellas resultantes de las disputas de los machos por aparearse con las hembras…

Imagina un mundo en el que los volcanes, los terremotos, las inundaciones, las sequías, los huracanes, las olas violentas, los maremotos, las enormes riadas, las lluvias torrenciales, los vientos fortísimos, las nevadas colosales, las fuertes heladas… acudían puntualmente a la cita causando transformaciones del relieve o del paisaje, devastando algunos rincones del planeta, borrando o levantando islas en lugares remotos…

Luego, ya se sabe, aparecieron unos seres que fueron desarrollando algunas habilidades para trabajar la piedra, se irguieron sobre sus patas traseras, liberaron dos extremidades transformadas en manos, aumentaron el tamaño de su cerebro, empezaron a relacionarse con palabras, se organizaron en grupos, inventaron la escritura y desarrollaron múltiples tecnologías para dominar aquel mundo primigenio… ¡Lástima que paralelamente a esos avances que convertían a aquellos seres en los más evolucionados y perfectos que poblaban el planeta, nacieran también los conflictos y su solución violenta! La piedra que, convenientemente tallada o pulimentada, servía como herramienta pacífica, también tuvo acomodo como arma letal… Y así ocurrió con los metales y con tantos otros descubrimientos que el ser humano ha venido haciendo hasta la actualidad. Y la violencia y las guerras fueron diezmando las poblaciones y la miseria, la conquista, la esclavitud, la indignidad, la vejación y el aplastamiento… fueron periódicamente castigando a grupos humanos que, en la mayoría de los casos, sólo querían vivir, amar, querer, proteger y ver amanecer cada día.
Y así seguimos… La naturaleza a lo suyo. De vez en cuando, desata su incontenible furia en forma de riadas imparables, de volcanes incendiarios, de sacudidas inimaginables, de vientos incontenibles, de sequías atroces y nos coloca en nuestro lugar: seres indefensos, incapaces de hacer frente a la magnitud de esas fuerzas naturales devenidas en catástrofes que, en el corto tiempo de unos segundos o unos minutos son capaces de eliminar a cientos de miles de seres humanos y destruir las obras que éstos han levantado con esfuerzo.
Los países que bordean el Océano Índico son hoy una improvisada y enorme tumba donde yacen miles de personas que en unos minutos pasaron de la vida a la muerte, que no se creían lo que estaba pasando y que no pudieron despedirse de sus familiares, ni dar el último beso, ni recibir la última caricia… que fueron arrancados violentamente de la tierra en la que nacieron o en la que disfrutaban… Si la naturaleza se cobra periódicamente su cuota de vidas y futuro no sería necesario que en esa inevitable “tarea” colaboren algunos seres humanos de manera tan alegre: organizando guerras, violentando a sus vecinos, maltratando, destruyendo y arruinando vidas… para aumentar aún más el sufrimiento, la miseria y la desigualdad… Las inevitables catástrofes naturales deberían hacernos reflexionar lo suficiente como para modificar en buena medida nuestro comportamiento y nuestra actitud ante las personas, los paisajes y la vida.

A VUELTAS CON EL AGUA

Hace unos días, nos invitaron a escribir sobre el agua desde el Heraldo Escolar. Sabrina Castillo es mi compañera de tutoría en el otro sexto y entre los dos acordamos hacerles a los chavales algunas propuestas para escribir. Fueron textos y poemas colectivos y estos fueron algunos resultados:

RECUERDOS DE AGUA

Me acuerdo del agua cada mañana,
Al sentirla fría en mi cara.

Me acuerdo del agua
Cuando pinto de color azul.

Me acuerdo del agua
cuando estoy jugando en la playa

Me acuerdo del agua
Al verla corretear por los ríos y caer por las cascadas.

Me acuerdo del agua
Cuando sueño que estoy en el desierto.

Me acuerdo del agua
Siempre que lloran las nubes y cojo mi paraguas.

Me acuerdo del agua
Cuando regamos el huerto y las flores.

Me acuerdo del agua
Cuando me quemo y veo llamas.

Me acuerdo del agua
Cuando veo la ropa en la lavadora.

Me acuerdo del agua
Cuando se me cae la baba.

Me acuerdo del agua
Las tardes de pesca.

Me acuerdo del agua
Cuando hierve en la cacerola.

Me acuerdo del agua
Al enjabonarme las manos.

Me acuerdo del agua
De la balsa, del pantano y de la presa.

Me acuerdo del agua
Cuando veo una máquina expendedora.

Me acuerdo del agua
Al tirar de la cadena.

Me acuerdo del agua cada noche
Cuando me levanto a buscarla.

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Agua de lluvia, agua de río.
Agua de nieve, agua de mar.
Agua de lago, agua de estanque.
Agua de charca, agua del canal.

Agua de hielo, agua de nubes.
Agua de fuente y de glaciar.
Agua verde esperanza
Agua azul, agua vital.

*******************

Yo canto al agua que me lava la cara.
Yo canto al agua que me acaricia en el mar.
Yo canto al agua que me baña en el río.
Yo canto al agua, le quiero cantar.

Yo canto al agua, al agua de lluvia.
Yo canto al agua que sale del grifo.
Yo canto al agua que forma los charcos.
Yo canto al agua que beberán nuestros hijos.

Yo canto al agua azul transparente
Yo canto al agua, al agua corriente.

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Carta a cualquier río

Siento mucho, en nombre de todos los ciudadanos que viven en tus orillas y alrededores, haberte contaminado. Te pedimos perdón
Ahora dejemos apartadas las disculpas.
Te doy las gracias por estar embelleciendo nuestra ciudad, por estar ahí siempre (aunque alguna vez hayas subido más de la cuenta).
Tu cuenca es como si tú llevaras una camioneta y recogieras amigos (ríos afluentes), para ir a un museo (que en este caso es el mar).
En fin, eres el nacimiento de la vida. Besos

CARTA DEL RÍO CINCA

Hola, mi nombre es Cinca y, como ya sabéis, soy un río. Nazco a tres mil metros de altitud, en los glaciares del macizo de Monte Perdido. A medida que voy creciendo voy pasando por pueblos y ciudades. Paso por Bielsa, por Aínsa, por los pantanos de Mediano y El Grado (allí dicen que parezco un mar), por cerca de Barbastro, por Monzón, por Albalate y Alcolea, por Belver, por Fraga y por Torrente. Un poco más abajo, junto con el Segre, llego al Ebro, después de haber recorrido más de 170 kilómetros. Recibo varios afluentes: el Cinqueta, el Bellos, el Ara, el Ésera, el Alcanadre. Por los pueblos que paso doy mis aguas para el riego de árboles frutales, como manzanos, melocotoneros, perales, cerezos; también la vid y en algunos casos los cereales. En mis aguas viven muchos peces: carpas, gaburros, lucios... En mis orillas habitan muchos patos, gallinas de agua, garzas y vienen a pescar las cigüeñas. Desde muchos pueblos, recibo aguas sucias después de que vosotros las utilicéis para distintas cosas. Me gustaría que debajo de cada pueblo hubiera una depuradora y que los niños y niñas pudieran acercase y jugar con el agua que llevo o correr por mis orillas.
Y ya me despido de todos vosotros y vosotras. Un abrazo del río Cinca.

LA FERIA DEL LIBRO ARAGONÉS DE MONZÓN (FLA)

Por décimo año consecutivo, durante los días 4, 5 y 6 de diciembre, Monzón se ha convertido en la capital cultural de Aragón, tomando el libro como referencia. Lo que soñó Chorche Paniello en 1995 (fecha de la primera edición) fue tomando cuerpo (el alma la iba poniendo él) y se ha consolidado como un encuentro anual del mundo de las letras. Cada año, además de la presencia de editoriales y colectivos diversos que exponen sus publicaciones, se han ido celebrando muestras paralelas que trataban de potenciar el certamen. Este año, concretamente, se ha celebrado el Salón de la Prensa Aragonesa. Además de los periódicos diarios que se publican en nuestra comunidad, había una amplia muestra de publicaciones locales o comarcales. Para completar y redondear la cuestión, el sábado 4 de diciembre, el Diario del Altoaragón publicó un suplemento monográfico de 20 páginas, titulado LA PRENSA EN EL ALTO ARAGÓN, 1834 – 2004. En el citado suplemento, se hacía un exhaustivo repaso a todas las publicaciones que a lo largo de la historia han visto la luz en las distintas comarcas, ciudades y pueblos de la provincia de Huesca. Un suplemento de referencia que es conveniente leer y que es necesario guardar.

Personalmente siempre he visto con algo más que simpatía ese esfuerzo de reunir a tanta gente en torno al libro y, salvo en la primera edición, he acudido a todas como visitante y llevando publicaciones para enseñar y vender (los primeros años, en el stand de la extinta Mancomunidad del Sobrarbe). La iniciativa de Chorche me pareció arriesgada e imaginativa a la vez. Su tesón y el de todas las personas que voluntaria e ilusionadamente lo rodearon han hecho posible que Monzón sea punto de referencia para muchos aragoneses que han visto “amablemente dinamitado” el gozoso puente de la Constitución.

En los últimos tres años, además, nuestra presencia (EL GURRION – AULA LIBRE) ha sido más directa y comprometida pues hemos instalado allí un stand, junto al resto de “feriantes” y hemos establecido turnos para atender a quienes han acudido a visitarnos, a charlar un rato con nosotros o a comprar algunas de nuestras publicaciones. Junto con Pepe López, Miguel Calvo, Sebastián Gertrúdix, Teresa Arnal, Geles Domínguez, Fenando Vallés, Javier García, Pilar Gaval, Mª Asun Muzás, Ángel Ramírez, José Mª Escalona, Julio Nogués, Ricardo Blasco, Paz Ríos… Y Tomás, Dolores, Antonio, Mercé, Ana, Daniel…hemos dado vida a nuestro rincón y dedicado unas cuantas horas filantrópicamente a ese cometido. Y lo hemos hecho con enorme gusto, sabiendo que quienes creemos en algunas cosas, esto también nos comprometía de alguna manera. Los beneficios económicos, en nuestro caso, siempre han sido modestos, pero los relacionales (si existe este término) no tienen precio. Este año, hace unos pocos días en el seno de la Xª FLA, nos juntamos a comer 20 personas lo que dice mucho a favor de la vigencia y del mantenimiento de algunas idas de acción colectiva y solidaria. Aula Libre celebrará sus 30 años de existencia en 2005, con un bagaje más que notable: 81 revistas publicadas (algunos miles de páginas), siete más monográficas; ocho “Cuadernos”; siete “Creativas”; cuatro ABCdarios; un libro colectivo y algunos materiales más en coedición. Y con un bagaje difícilmente mensurable de gestos, de ideas, de contagios, de abrazos, de ánimos compartidos, de personas que se han sentido acogidas y empujadas en su quehacer cotidiano al ver a unas cuantas maestras y maestros que nos hemos mantenido en la brecha aportando con modestia pero con determinación y constancia algunas alternativas a la organización y al trabajo en la escuela. Esa legión de amigas y amigos con quienes hemos trabajado, que esperan y reciben con gozo (lo sabemos porque nos lo dicen) cada nueva publicación es desde luego nuestro mejor equipamiento, nuestro más legítimo orgullo.

Junto con los materiales de Aula Libre, estaban también las revistas de EL GURRION y los libritos de la colección “O Fogaril”. Llevo 24 años animando al personal para construir colectivamente una revista trimestral en Labuerda (comarca de Sobrarbe). El próximo mes de agosto, esa revista publicará su número 100. Y ese es un hito digno de celebración. Para entonces, serán 25 años y cien revistas (más de 3000 páginas encuadernadas) que recogen una parte de la vida, de las gentes, de los paisajes y de los acontecimientos de Sobrarbe. En la FLA del 2001, Chorche Paniello y su gente me entregaron un FLA CULTURAL; un reconocimiento sencillo que aprecié mucho; por eso, en el capítulo personal esta Feria tiene un significado especial.

Veo en el programa de este año que Chorche se despide. Después de diez años de alegrías y sinsabores dice adiós a esa responsabilidad asumida voluntariamente que le habrá dado muchas satisfacciones, pero también muchos quebraderos de cabeza. Mi deseo y seguro que el de todos los colegas de Aula Libre es que la Feria siga y que este monumento a la cultura, desde el libro, se mantenga en pie. Nosotros, desde nuestras posibilidades seguro que contribuiremos a ello.

TORTURAS

Cada año, los informes de Amnistía Internacional nos recuerdan que en muchos rincones lóbregos del mundo hay seres humanos que son torturados por otros semejantes. Reconozco que referirme como “semejantes” a individuos capaces de provocar en otras personas su degradación física y moral en medio de atrocidades sin nombre no es un término muy afortunado. No sé si es posible responder a la pregunta de qué puede provocar conductas humanas tan bárbaras y salvajes como las que muestran toda una legión de torturadores escondidos o protegidos, según las épocas, en la mayoría de los países del mundo. Eso mismo se pregunta Ricardo Lagos, actual presidente de Chile, al conocer el informe sobre las torturas practicadas durante la época del infame Pinochet (quien asistía regularmente a misa, junto con sus colegas militares y era bendecido y acompañado por los jerarcas de la iglesia chilena). La lectura de algunos de esos testimonios no sólo pone los pelos de punta y llena de espanto al lector; siembra la duda de si será posible de verdad un mundo donde las personas seamos capaces de respetarnos de un modo natural y se erradique para siempre este tipo de conductas para las que no hay adjetivos suficientes que las puedan calificar.

Cuenta Sabrina del Rosario, detenida cuando iba al instituto: “me quitaron el uniforme escolar, quedé desnuda, me violaron, quedé con quemaduras y lesiones en la vagina y perdí la capacidad de soñar”. La adolescencia de Jorge Flores terminó a los 16 años: detenido, desnudo, aterrado, le dieron culatazos, lo colgaron de los pies hasta que se desmayó del dolor. Dice que ya pasó el dolor físico después de tantos años, pero que todavía se despierta sobresaltado pensando que algo malo le ocurrirá a él o a alguien de su familia. “Ando todavía tratando de sobreponerme a este infierno”. Ricardo Aguilera soportó las mayores atrocidades imaginadas: “yo gritaba con todos mis pulmones, en un alarido interminable, para que el dolor saliera de mi cuerpo”.
No es mi intención reproducir aquí la interminable lista de barbaridades, ahora conocidas en Chile, pero ya sabidas de otras tantas dictaduras como han asolado este planeta. El mapa de la tortura a lo largo de los siglos coincide perfectamente con el mapa mundi que manejamos en las escuelas.

Hoy domingo, mientras me sentía aliviado por el calor que el sol filtraba a través de los cristales, he leído en el periódico dos páginas de testimonios sobre la tortura y sobre cómo se organiza una vida después de sufrir tantas vejaciones y de soportar tanto dolor físico y psicológico y no he podido evitar sentirme indefenso, pequeño, mientras las lágrimas acudían a mis ojos… Y me he preguntado qué anida en algunas conciencias para favorecer, permitir y perpetrar semejante brutalidad y dónde se esconden todo ese ejército de canallas torturadores y si sus mujeres o maridos, sus padres, sus hijos e hijas saben que ese ser con quien comparten su vida dedicó muchos días de la suya a hacer imposible la vida de tantas personas a las que no conocía, que no le habían hecho nada personal, pero a las que practicó toda suerte de acciones tendentes a arruinar su dignidad, a convertir el resto de sus vidas en un infierno en el que él y tantos como él debieran pudrirse por los siglos de los siglos.

Y uno se siente desolado ante esos testimonios y recuerda otros leídos de Argentina, de Guatemala, de El Salvador, de Irak, de Bosnia, de Palestina y de tantos países donde desaparecieron personas que fueron violentadas atrozmente y a las que se les negó la vida por obra y gracia de un oficial o de una pandilla o de un carnicero que se erigió en dueño de sus destinos.

LA ESCUELA DE MAGISTERIO DE HUESCA

Hacía algo así como 30 años que no paseaba los pasillos de la escuela de Magisterio de Huesca. He reconocido la estructura de las clases, los bancos del pasillo, las ventanas, el aula donde hice el primer curso y el aula donde cursé el segundo año de la carrera. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Qué poco cambian algunas cosas!
Los personas que han propiciado este regreso han sido los profesores Víctor J. Borroy y Rosa Tabernero. Me han invitado a pasar el día entre sus alumnas (amplia mayoria) y alumnos (franca minoría) para que les fuera hablando de algunas cosas: desarrollo de la competencia literaria en el aula, fomento de hábitos lectores, creatividad, el trabajo con las familias (en el caso del alumnado de Rosa) y sobre “¿por qué quiero ser maestro?”, el maestro ideal, ¿qué es la escuela?... (en el caso del alumnado de Víctor). Bueno, hemos hecho lo que hemos podido. Me he encontrado bien ante un público que no es el habitual en mi trabajo; creo que han escuchado con atención y han sido respetuosos con la persona nueva que les hablaba. Ha estado bien como toma de contacto, pero yo creo que puedo hacerlo algo mejor, con un poco más de tiempo, proponiendo alguna acción práctica, enviando un documento previo para debatirlo o desmenuzarlo el día de la visita... Yo, en realidad, siempre que acudo a contar algo a un sitio nuevo, analizo cómo he visto lo ocurrido para tratar de mejorar. De cualquier modo he vuelto satisfecho; también porque sé que tanto Víctor como Rosa hablan a sus alumnos y les cuentan las cosas que yo también les contaría. Esa sintonía, evidentemente, es la que ha hecho posible estos intercambios: ellos vinieron a mi clase y yo he estado en las suyas. También creo –se me ha olvidado preguntarles qué pensaban ellas y ellos sobre el tema- que es conveniente que pasen maestras y maestros por las aulas de esa Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación (antes Escuela de Magisterio o Normal), de vez en cuando, para ofrecer testimonios directos de modos de trabajar, para animar a las futuras maestras y a los futuros maestros, para traer a la Universidad la voz de la escuela o, al menos, alguna voz... Rosa y Víctor me han tratado con enorme cariño y delicadeza y me he sentido bien acogido y perfectamente ubicado.
En esas circunstancias ocurren cosas curiosas. Estando allí he recordado con fuerza a uno de los maestros que tuve, y algo de lo que sigue les he contado. Fue estando con él cuando recuerdo que sentí ganas de ser maestro (tenía yo entonces, entre siete y ocho años): apenas castigaba, hacíamos teatro, nos fuimos a visitar Ordesa con las ganancias de las dos representaciones que hicimos, nos animaba a ayudar a leer a quienes todavía estaban aprendiendo... Una mañana de octubre escuché a mi madre entrar en la habitación llorando y tratando de guardar la cartera de la escuela en un armario. Le pregunté y me respondió que por un tiempo ya no me haría falta porque se había muerto el maestro. Efectivamente, Don José María Lanao Orús había fallecido de “muerte repentina” (como se decía entonces). Creo que fue la primera vez que la muerte de una persona me dejó llorando y desamparado. Lo cierto es que quedamos un poco huérfanos y muy desolados. Poco tiempo después, alguien en el pueblo pronunció una frase brutal; yo no la entendí entonces, pero nunca la he olvidado; dijo: “Ya era hora que muriera ese rojo”. Quien es capaz de decir eso sólo merece desprecio y nadie debe pronunciar su nombre, para que nadie pueda recordarlo.

Bueno, sólo quería añadir algunas opiniones de media docena de niñas y niños de mi clase de 6º que, a mi pregunta de cómo les gustaría que fuera su maestro o maestra ideal, dijeron cosas tan sensatas como las siguientes:

ALGUNAS SUGERENCIAS SOBRE EL MAESTRO IDEAL

1.. Para un niño es casi imposible encontrar un profesor ideal. Para mí debería ser como un padre, que te educa, te enseña y te cuida. Que un niño quiere jugar, pues también hay formas de aprender jugando, cantando, riendo... A mí me gusta un maestro que me haga reír y que se comporte bien en clase, que sea ordenado y que tenga paciencia con los niños. Cuando uno es profesor, es bueno no perder los nervios... Yo con el maestro que tengo ya me conformo. (Sergio Ch.)

2.. Me gustaría que fuera simpático, alegre, que me diera las clases de manera que las entendiera. La edad del maestro no me importaría. Me gustaría que me animara a leer. Que me contara cómo era su vida cuando era pequeño y conocer sus aficiones. Me gustaría que pusiera pocos deberes y que la faena la hiciéramos en clase. (Marta)

3.. Yo querría que fuese amable, sensible, simpático/a. Que fuera curioso y así los niños también lo serían.
Me gustaría que fuese limpio, ordenado y que no se vuelva loco por nosotros y nosotras, a ver si van a tener que llevarlo a un psicólogo, porque los niños y niñas somos así. Todos hemos sido niños y niñas, ¿verdad? Eso no lo podemos cambiar, es la ley de la naturaleza. (Fiama)

4.. Me gustaría que fuera divertido, que no pusiera deberes y que nos contara muchas historias y que diera todas las clases.
Yo quiero que los maestros sean altos, guapos y sobre todo ¡listos! (Javi)

5.. Si tuviera la posibilidad de tener la fábrica de profesores, los haría de la siguiente forma: A los hombres: simpáticos, alegres, que insistieran en que los niños lean, que hicieran pocos exámenes, con pocos defectos, cariñosos y con un chip que desde la central del profesorado, los encargados los pudieran manejar y si alguno actuara mal o saliera defectuoso que él mismo se autodestruyese.
A las profesoras las fabricaría de otra forma: cariñosas, simpáticas, alegres, con ganas de enseñar divertidamente.
A mí me gustaría que los profesores fueran a clase con ganas de enseñar y de aprender y que algunos ratos les diera el puntazo de jugar con sus alumnos. (Dani)

6.. Mi profesor ideal sería simpático, gracioso, divertido, que nos hiciera reír mucho, que nos recitase poemas, que nos leyese, que una vez a la semana nos dejase jugar al bingo, que no pusiese deberes, que nos llevase a informática, que hiciéramos manualidades.
¿Cómo sería de cuerpo?: alto, fuerte, guapo, con pelo negro y corto; por supuesto que fuera un chico de 27 años, que fuera del Barça, que jugase con nosotros al básquet y que se llamara: Mario, Dani o Sergio (Ender)

LARGA VIDA A LA POESÍA

Soy nerudiano, lorquiano, machadiano, hernandiano (y otros “anos”, además de Mariano). Poco capaz, a mis años, de memorizar sus palabras, pero muy dispuesto (gustosamente dispuesto) a leerlas a menudo.

Dice Pablo en su “Canto general”:

“A las tierras sin nombres y sin números
bajaba el viento desde otros dominios,
traía la lluvia hilos celestes,
y el dios de los altares impregnados
devolvía las flores y las vidas”.

Canta Federico en su “Canción otoñal”:

“Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
Y el dolor de mi tristeza
Va mojando los recuerdos
En la fuente de la idea”.

Sentencia Antonio en “Proverbios y cantares”:

“¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
Si no puedes hacer barro”.

“Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón”.

Grita Miguel en “Viento del pueblo”:

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
La mano del corazón
y el alma que lo mantiene.
Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre”.

Escuchemos la voz de los poetas, prestidigitadores de la palabra. Leerlos es mantenerlos vivos y recordarlos. No debemos olvidar que los cuatro murieron tras un golpe de estado que implantó una dictadura en su país. Pero no, aquí no van a aparecer los nombres de los odiosos e indecentes dictadores. Aquí sólo van a aparecer los nombres de los poetas: Pablo, Federico, Antonio, Miguel. Sus palabras siguen alumbrando nuestro camino, manteniendo joven nuestro corazón y llenando el futuro de esperanza. Larga vida a la poesía.

EL GURRION

Cuando empecé a escribir en este cuaderno virtual, debí de haber explicado el por qué del nombre elegido para nombrarlo: “Gurrion”. Como no lo hice entonces, lo hago ahora. En noviembre de 1980 publicamos en Labuerda el nº 0 de una modestísima revista que llamamos El Gurrion. Le pusimos ese nombre en honor al mote que nos daban a los labuerdenses nuestros vecinos comarcales: “gurriones de canalera” o “gurrions de canalera”. La revista la confeccionábamos con una vieja multicopista (que aunque termina como autopista, era mucho más lenta). Posteriormente fuimos mejorando la impresión, aumentando el número de páginas, diversificando el de colaboradores y colaboradoras, dándole un perfil comarcal, incorporando la fotografía como ilustración de los textos... Los procesos lógicos en este tipo de empresas que esforzadamente salen adelante por la cabezonería y el trabajo de unas pocas personas. Ahora mismo, una vez incubado, está en la “sala de partos” (es decir, la imprenta Coso de Fraga) el nº 97 de EL GURRION. Saldrá la semana próxima con 40 páginas y se distribuirá rápidamente entre los suscriptores y suscriptoras que lo reciben puntual y trimestralmente en sus domicilios. Hace por lo tanto 24 años que un pájaro de papel revolotea (“esbolarzia”) por los cielos de Sobrarbe, en los meses de febrero, mayo, agosto y noviembre. El próximo mes de agosto llegaremos al número 100, una meta soñada que se antojaba imposible y que ahora, salvo imponderables, parece fácil de conseguir. En el año 2005 cumpliremos también los 25 años ininterrumpidos publicando la citada revista. Nunca antes en Sobrarbe ocurrió algo parecido; hace años que somos la publicación más longeva y la que más números ha editado en la historia de la comarca. Tampoco hay que hacer más ruido, pero está bien señalarlo. Por todo ello, me pareció que debía seguir escribiendo en un espacio que me recordase aquel en el que vengo escribiendo todo ese tiempo y pensé en llamarle "Gurrion" a este cibernético blog.

Ayer estuve en Huesca con Mercè. Daniel y Ana (los hijos) tenían cita con algunas de sus aficiones. Daniel con el fútbol en categoría cadete y Ana con la música, pues actuaba la banda municipal en la que colabora. Paseamos por el Parque (siempre me trae recuerdos de mis años de estudiante en esa ciudad), llegamos hasta el monumento a Ramón Acín y hablamos del homenaje que le están preparando algunas personas para el próximo 12 de diciembre. Recorrimos algunas calles (además del pasacalles que hicimos con las bandas asistentes) y ascendiendo por el Coso. Ya en la calle Joaquín Costa, nº 2 nos dimos de bruces con el BAR EL GURRION. Anteayer me había llamado por teléfono Clemente Fumanal (natural de Labuerda, “gurrion” de pura cepa, amigo) para comunicármelo. Me llevé una gran alegría al ver un rótulo luminoso con ese nombre tan familiar para mi y que ha ocupado tantas horas de mi vida. Estuvimos departiendo con Lorenzo Fumanal, (el hijo de Clemente y dueño del negocio) y con el resto de la familia que por allí fueron llegando. Ojalá les vaya bien. A partir de ahora, los suscriptores de Huesca, podrán acudir con “El Gurrion” debajo del brazo a leerlo al bar El Gurrion y tomarse un quinto o un café mientras “Pasean por el Sobrarbe”.

Por cierto, y volviendo a la revista, los días 4, 5 y 6 de diciembre estaremos en la Feria del Libro Aragonés de Monzón, una cita que desde hace unos años se ha hecho obligada. Si os acercáis por allí, veréis un estand con el nombre de “EL GURRION – AULA LIBRE”. Allí estaremos enseñando lo que hacemos, saludando a los amigos y amigas que nos visitan cada año y sumándonos a esa fiesta de los libros, de la lectura y de la cultura que es la FLA de Monzón.

MOMENTOS ESCOLARES

1.- Ayer por la tarde, abandonamos el aula de clase y nos fuimos al encuentro del otoño. Bajamos al huerto escolar y estuvimos recorriendo con la vista y con las palabras los efectos de la estación. Saludamos al nogal solitario que aún conserva sus hojas compuestas y grandes(este año no nos ha dado nueces), pero que empiezan a oscurecerse y a arrugarse, preludio de una inevitable caída. Nos fijamos en la alfombra amarilla, anaranjada y rojiza que formaban las hojas lanceoladas del sorprendente melocotonero. Éste, ya casi desnudo del todo, nos reservaba esa sorpresa multicolor bajo sus ramas: una hoguera que salía del suelo. El olivo, en cambio, joven aún, en la otra esquina presumía de mantener completo su verde equipaje vegetal. Tuvimos la oportunidad de recoger algún tomate y alguna berenjena y de contemplar las malas hierbas muy crecidas y de recordar el refrán aquel que dice: “mala hierba, nunca muere”. Dos abejas revoloteaban por entre el corro de mirones provocando aspavientos y precauciones para evitar una posible y molesta picadura. Los gorriones y algunos estorninos nos miraban desde el tejado de uno de los edificios del colegio. Siempre que andamos trajinando por el huerto provocamos su curiosidad.
Después, recorrimos el patio de recreo observando y recogiendo hojas de morera, de ciprés, de pino, de olmo y de acacia. Unas simples, otras compuestas; unas en árboles de hoja perenne y otras en los de hoja caduca. Vimos de cerca los conos del ciprés y localizamos dónde se esconden las diminutas semillas que hacen posible su reproducción y las hermosas hojas compuestas de la acacia, llenas de sol, a juzgar por sus tonalidades verdiamarillas. Empleamos una hora y media en el recorrido y fue una clase de auténtico conocimiento del medio; una clase especial, de esas que –de vez en cuando- satisfacen mucho a los chicos.

2.- Hoy viernes, habíamos cambiado de registro y andábamos por los territorios más difusos del Máximo Común Divisor (m.c.d.) y del Mínimo Común Múltiplo (m.c.m.). Cansados ya de descomposiciones factoriales, de controlar exponentes y de otros cálculos, nos hemos puesto a pensar en otros significados para las siglas que estábamos manejando. El parón ha sido realmente fecundo y así nos hemos podido reír un rato imaginando que el m.c.m. pudiese significar Mariano Come Manzanas – Mariposas Comiendo Melocotones – Mañana Cogeré Melones – Marta Compró Margaritas – Melendi Canta Melodías y enterándonos además que Manolo Conoce Madrid...
Luego hemos hecho lo propio con el m.c.d., pensando que podría significar, por ejemplo, que María Cogió Diarrea – que Matemáticas Complican Destino – que Mañana Compraré Diez – que Miguel Comerá Dátiles y que Mamá Correrá Descalza...

3.- Para terminar de rematar la tarde y al hilo de las matemáticas y de algún chaval que quería salir a trabajar a la pizarra con el cuaderno, les he propuesto que pensaran en una situación un tanto surrealista: “pasearse por la calle arrastrando un cuaderno de matemáticas atado a una cuerda, como si se tratase de un perrillo faldero y pensar en que podrían decir algunas personas que, sentadas en bancos, vieran la escena”. Respuestas:

- ¡Me habrá sentado mal el vino!
- Tendré que dejar de fumar porque veo alucinaciones.
- ¿Será del riego?
- ¿Estaré soñando...?
- ¡Cada vez me estoy haciendo más viejo!
- ¡Cómo está la juventud de hoy día!
- ¿A ver si van a ser las gafas?

¡Y lo que nos hemos reído imaginando la situación y poniéndonos en la piel de los abueletes que veían al chaval tirando del cuaderno...!
El sol, a esas horas, empezaba a despedirse, incomodado por unas nubes que no le dejaban asomarse convenientemente. A pesar de eso, hemos reparado en que era viernes y que este día, cada semana, nos regala dos más de descanso y la oportunidad de ocupar parte de ese tiempo en leer un buen libro, comernos unas nueces, pasear por una arboleda y Mirar Con Mimo y curiosidad a nuestro alrededor.