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MOHAR Y EL TSUNAMI

La verdad es que estas vacaciones de navidad serán recordadas por la catástrofe del Océano Índico. Una catástrofe natural nunca vista antes, con un saldo tremendo de vidas humanas perdidas y de daños materiales altísimos. Todos los días, desde que ocurrió la tragedia, los medios de comunicación dedican muchas páginas y muchos minutos a glosar pormenores de la tragedia, tareas de ayuda a los supervivientes, costes del desastre y a contar las dramáticas historias de muchas personas.
Hoy he escuchado la de Mohar (no sé si se escribe así), un maestro de Sri Lanka que el día de la tragedia decidió ir de excursión con sus alumnos y alumnas a la playa. Seguramente, Mohar quiso regalar a su alumnado una jornada diferente, de observación y convivencia, a orillas del Índico; probablemente pensaban jugar en la arena con una pelota, quizás construir castillos, correr y mojarse en el mar; probablemente recoger algunas caracolas, conchas diversas, mirar al horizonte viendo barcos pesqueros o la línea sinuosa de las pequeñas montañas por las que había salido el sol… De pronto una ola gigantesca se acerca amenazadora hacia la playa; tras la sorpresa inicial, el pánico. El maestro grita a los niños y niñas que corran para ponerse a salvo. Entre las alumnas, hay dos hijas suyas. El agua los empuja violentamente y cada cual trata de agarrarse donde puede para ponerse a salvo: hay gritos desgarrados, miedo colectivo, esfuerzos denodados por salvar la vida… y silencio. Un silencio desgarrador. El maestro Mohar no puede salvar a una de sus hijas y 25 niños y niñas de su escuela pierden la vida a causa del violento tsunami.
Cuando la escuela deje de ser un improvisado campo de refugiados, ¡quién no quedará sobrecogido ante tanta ausencia!

LA PLANA DE LABUERDA

La Plana es el nombre con el que conocemos en Labuerda a una parte del término municipal. Como su nombre indica es una zona llana, al pie de montes que rondan los mil metros de altitud. En la Plana hay campos de cultivo rodeados de setos naturales. En éstos encontramos una interesante variedad de arbustos y árboles: bojes, aliagas, coscollos, endrinos, zarzas…entre los primeros; junto a robles, encinas y pinos que constituyen fundamentalmente la masa arbórea. Es frecuente ver y escuchar mirlos, zorzales, arrendajos, pájaros diversos, palomas torcaces y distinguir en el suelo los excrementos del zorro, las patadas del jabalí y los rastros del corzo o de los pocos conejos y liebres que todavía habitan los bosques.
La Plana es un buen lugar para caminar, oír, oler y mirar. Cuando llevo muchos días sin subir desde Fraga (donde trabajo) a Labuerda, pienso en ese espacio natural y siento enormes deseos de darme un paseo por sus campos y bosquecillos. La poca distancia que hay desde el pueblo hasta la Plana no permite llamarle excursión a un paseo hasta ella. La recorrí muchas veces con mis hijos, mis sobrinos y sobrinas cuando eran pequeños con el afán de que les gustase caminar y de descubrirles algunos secretos: la identificación de los cantos de las aves, las huellas en el barro, los nombres de los arbustos, de los árboles y de los frutos silvestres…; mirábamos el musgo, la hiedra que abrazaba a los árboles, recogíamos piñas y bellotas y nos fijábamos en la variedad de setas que cada otoño nacían al pie de los árboles o en las manchas de colores que los líquenes dejaban en los troncos de encinas y robles; les contaba algunos recuerdos de aventuras vividas cuando yo era niño y con otros compañeros andábamos por esos parajes (algo más salvajes que ahora) plantando “losetas” para cazar pájaros o paseando medio asustados por los gritos del arrendajo, por el sonido del viento que agitaba las copas de los pinos o por las sombras que proyectaba el sol de la tarde.

Hoy, día 2 de enero de 2005, hemos subido con Mercè a darnos un paseo, aprovechando un día maravillosamente soleado para estas fechas. Hemos subido con el coche y luego hemos paseado por los caminos y por los campos. Hemos fotografiado el roble (“caixigo”) más gordo de todo el término y lo hemos vuelto a mirar asombrados por la circunferencia de su tronco y el porte centenario de su silueta desnuda. Hemos caminado por uno de los campos grandes y observado los esqueletos de varias ovejas, abandonadas allí tras su muerte para ser pasto de los buitres: restos de lana, de cráneos, de costillas… se hallaban esparcidas por encima de la hierba; hierba muy corta que en las zonas sombrías tapaba una capa blanca de escarcha.
Desde cualquier punto nos observaba, callada y enigmática, la mole caliza de la majestuosa Peña Montañesa. Hoy, recortada en un cielo intensamente azul y visible con una nitidez completa; sin un gramo de nieve en la cara por nosotros observada.
Aún hemos llenado una bolsa de piñas secas de pino para encender el fogaril, antes de comenzar el regreso. Las sensaciones de aire limpio, de mirada alta, de olor a humedad y de silencio son el mejor regalo de este paseo que repetimos con frecuencia. En el segundo día del año nuevo queríamos renovar este rito de subir a la Plana, de pasear sus entrañas para decirle que volveremos a lo largo del año a hacerle algunas visitas.

FIN DE AÑO

Confieso sin pudor estar harto de tanto espíritu navideño y de tanta felicidad universal, con fecha de caducidad. No me gusta el espumillón; detesto encontrarme con ejércitos de “papás noeles” trepando por los balcones; las luces de las calles me parecen ya el primer signo de un derroche innecesario y los árboles cortados estos días para “adornar” y poner calor en hogares gélidos el resto del año, un lujo que no nos deberíamos permitir. ¿Cuántos de los que cortan un árbol se preocupan de plantar el mismo día diez o veinte? Contesto de mala gana al felices pascuas y lo único que me produce cierto interés es tener algo de esperanza en que venga un tiempo mejor (¡y mira que hay que ser optimista hasta la desesperación par creer en ello!).
Tampoco quiero amargar a nadie este tránsito anual, que se repite machaconamente con las mismas palabras y los mismos símbolos, con el único objetivo de estimular un consumo irracional de objetos inútiles en muchos casos, pero que van llenando nuestro afán de poseer, de tener más, sin disfrutar de nada o disfrutando poco.
Haré, no obstante, para general desconcierto, mis peticiones al año nuevo. Me gustaría que se pusieran de moda algunas palabras y que todos los seres humanos las vieran como posibles en su horizonte vital: PAZ – LIBERTAD – AMISTAD – SALUD – ALIMENTOS – CASA – APRENDER – ESCUCHAR – PROTEGER – CUIDAR. Elijo diez, pero podrían ser algunas más.
Yo me pido algo más de silencio. Tiempo para leer, para pensar, para conversar, para aprender… Tiempo para escuchar cantar a los pájaros o murmurar al río… Tiempo para contemplar las flores y los árboles… Tiempo para cultivar la amistad, para cuidar los afectos, para acompañar a los hijos en su vivir diario… Tiempo para abrazar a las personas que uno tiene por importantes en su vida: abrazarlas físicamente, pero también con miradas, con palabras, con cuidados y atenciones… Tiempo para recordar a todas las personas que a lo largo de la vida me han ayudado con sus consejos, con sus ánimos, con sus críticas, con su afecto, con su reconocimiento, con su ejemplar dignidad, con su trabajo…
Pues eso era lo que quería escribir hoy en este blog, como último texto de 2004, del que no puedo despedirme sin acordarme de los múltiples agujeros abiertos a lo largo del año por las guerras, por las bombas, por la prepotencia, por las catástrofes naturales…; agujeros por los que se fue la vida de miles y miles de personas y el futuro y la esperanza de otros tantos… Un recuerdo que me llena de tristeza.

CATÁSTROFES NATURALES

Imagina un mundo donde todo estaba por hacer, donde ningún ser humano poblaba los paisajes, donde nadie había puesto una piedra sobre otra, donde sólo los animales campaban a sus anchas por los valles vírgenes, por las llanuras, por los bosques y selvas, mientras la vida vegetal crecía sin freno tiñendo de colores las tierras del planeta…

Imagina un mundo donde los herbívoros comían vegetales y los carnívoros daban buena cuenta de los herbívoros. Éstas eran las luchas más sangrientas, junto a aquellas resultantes de las disputas de los machos por aparearse con las hembras…

Imagina un mundo en el que los volcanes, los terremotos, las inundaciones, las sequías, los huracanes, las olas violentas, los maremotos, las enormes riadas, las lluvias torrenciales, los vientos fortísimos, las nevadas colosales, las fuertes heladas… acudían puntualmente a la cita causando transformaciones del relieve o del paisaje, devastando algunos rincones del planeta, borrando o levantando islas en lugares remotos…

Luego, ya se sabe, aparecieron unos seres que fueron desarrollando algunas habilidades para trabajar la piedra, se irguieron sobre sus patas traseras, liberaron dos extremidades transformadas en manos, aumentaron el tamaño de su cerebro, empezaron a relacionarse con palabras, se organizaron en grupos, inventaron la escritura y desarrollaron múltiples tecnologías para dominar aquel mundo primigenio… ¡Lástima que paralelamente a esos avances que convertían a aquellos seres en los más evolucionados y perfectos que poblaban el planeta, nacieran también los conflictos y su solución violenta! La piedra que, convenientemente tallada o pulimentada, servía como herramienta pacífica, también tuvo acomodo como arma letal… Y así ocurrió con los metales y con tantos otros descubrimientos que el ser humano ha venido haciendo hasta la actualidad. Y la violencia y las guerras fueron diezmando las poblaciones y la miseria, la conquista, la esclavitud, la indignidad, la vejación y el aplastamiento… fueron periódicamente castigando a grupos humanos que, en la mayoría de los casos, sólo querían vivir, amar, querer, proteger y ver amanecer cada día.
Y así seguimos… La naturaleza a lo suyo. De vez en cuando, desata su incontenible furia en forma de riadas imparables, de volcanes incendiarios, de sacudidas inimaginables, de vientos incontenibles, de sequías atroces y nos coloca en nuestro lugar: seres indefensos, incapaces de hacer frente a la magnitud de esas fuerzas naturales devenidas en catástrofes que, en el corto tiempo de unos segundos o unos minutos son capaces de eliminar a cientos de miles de seres humanos y destruir las obras que éstos han levantado con esfuerzo.
Los países que bordean el Océano Índico son hoy una improvisada y enorme tumba donde yacen miles de personas que en unos minutos pasaron de la vida a la muerte, que no se creían lo que estaba pasando y que no pudieron despedirse de sus familiares, ni dar el último beso, ni recibir la última caricia… que fueron arrancados violentamente de la tierra en la que nacieron o en la que disfrutaban… Si la naturaleza se cobra periódicamente su cuota de vidas y futuro no sería necesario que en esa inevitable “tarea” colaboren algunos seres humanos de manera tan alegre: organizando guerras, violentando a sus vecinos, maltratando, destruyendo y arruinando vidas… para aumentar aún más el sufrimiento, la miseria y la desigualdad… Las inevitables catástrofes naturales deberían hacernos reflexionar lo suficiente como para modificar en buena medida nuestro comportamiento y nuestra actitud ante las personas, los paisajes y la vida.

A VUELTAS CON EL AGUA

Hace unos días, nos invitaron a escribir sobre el agua desde el Heraldo Escolar. Sabrina Castillo es mi compañera de tutoría en el otro sexto y entre los dos acordamos hacerles a los chavales algunas propuestas para escribir. Fueron textos y poemas colectivos y estos fueron algunos resultados:

RECUERDOS DE AGUA

Me acuerdo del agua cada mañana,
Al sentirla fría en mi cara.

Me acuerdo del agua
Cuando pinto de color azul.

Me acuerdo del agua
cuando estoy jugando en la playa

Me acuerdo del agua
Al verla corretear por los ríos y caer por las cascadas.

Me acuerdo del agua
Cuando sueño que estoy en el desierto.

Me acuerdo del agua
Siempre que lloran las nubes y cojo mi paraguas.

Me acuerdo del agua
Cuando regamos el huerto y las flores.

Me acuerdo del agua
Cuando me quemo y veo llamas.

Me acuerdo del agua
Cuando veo la ropa en la lavadora.

Me acuerdo del agua
Cuando se me cae la baba.

Me acuerdo del agua
Las tardes de pesca.

Me acuerdo del agua
Cuando hierve en la cacerola.

Me acuerdo del agua
Al enjabonarme las manos.

Me acuerdo del agua
De la balsa, del pantano y de la presa.

Me acuerdo del agua
Cuando veo una máquina expendedora.

Me acuerdo del agua
Al tirar de la cadena.

Me acuerdo del agua cada noche
Cuando me levanto a buscarla.

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Agua de lluvia, agua de río.
Agua de nieve, agua de mar.
Agua de lago, agua de estanque.
Agua de charca, agua del canal.

Agua de hielo, agua de nubes.
Agua de fuente y de glaciar.
Agua verde esperanza
Agua azul, agua vital.

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Yo canto al agua que me lava la cara.
Yo canto al agua que me acaricia en el mar.
Yo canto al agua que me baña en el río.
Yo canto al agua, le quiero cantar.

Yo canto al agua, al agua de lluvia.
Yo canto al agua que sale del grifo.
Yo canto al agua que forma los charcos.
Yo canto al agua que beberán nuestros hijos.

Yo canto al agua azul transparente
Yo canto al agua, al agua corriente.

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Carta a cualquier río

Siento mucho, en nombre de todos los ciudadanos que viven en tus orillas y alrededores, haberte contaminado. Te pedimos perdón
Ahora dejemos apartadas las disculpas.
Te doy las gracias por estar embelleciendo nuestra ciudad, por estar ahí siempre (aunque alguna vez hayas subido más de la cuenta).
Tu cuenca es como si tú llevaras una camioneta y recogieras amigos (ríos afluentes), para ir a un museo (que en este caso es el mar).
En fin, eres el nacimiento de la vida. Besos

CARTA DEL RÍO CINCA

Hola, mi nombre es Cinca y, como ya sabéis, soy un río. Nazco a tres mil metros de altitud, en los glaciares del macizo de Monte Perdido. A medida que voy creciendo voy pasando por pueblos y ciudades. Paso por Bielsa, por Aínsa, por los pantanos de Mediano y El Grado (allí dicen que parezco un mar), por cerca de Barbastro, por Monzón, por Albalate y Alcolea, por Belver, por Fraga y por Torrente. Un poco más abajo, junto con el Segre, llego al Ebro, después de haber recorrido más de 170 kilómetros. Recibo varios afluentes: el Cinqueta, el Bellos, el Ara, el Ésera, el Alcanadre. Por los pueblos que paso doy mis aguas para el riego de árboles frutales, como manzanos, melocotoneros, perales, cerezos; también la vid y en algunos casos los cereales. En mis aguas viven muchos peces: carpas, gaburros, lucios... En mis orillas habitan muchos patos, gallinas de agua, garzas y vienen a pescar las cigüeñas. Desde muchos pueblos, recibo aguas sucias después de que vosotros las utilicéis para distintas cosas. Me gustaría que debajo de cada pueblo hubiera una depuradora y que los niños y niñas pudieran acercase y jugar con el agua que llevo o correr por mis orillas.
Y ya me despido de todos vosotros y vosotras. Un abrazo del río Cinca.

LA FERIA DEL LIBRO ARAGONÉS DE MONZÓN (FLA)

Por décimo año consecutivo, durante los días 4, 5 y 6 de diciembre, Monzón se ha convertido en la capital cultural de Aragón, tomando el libro como referencia. Lo que soñó Chorche Paniello en 1995 (fecha de la primera edición) fue tomando cuerpo (el alma la iba poniendo él) y se ha consolidado como un encuentro anual del mundo de las letras. Cada año, además de la presencia de editoriales y colectivos diversos que exponen sus publicaciones, se han ido celebrando muestras paralelas que trataban de potenciar el certamen. Este año, concretamente, se ha celebrado el Salón de la Prensa Aragonesa. Además de los periódicos diarios que se publican en nuestra comunidad, había una amplia muestra de publicaciones locales o comarcales. Para completar y redondear la cuestión, el sábado 4 de diciembre, el Diario del Altoaragón publicó un suplemento monográfico de 20 páginas, titulado LA PRENSA EN EL ALTO ARAGÓN, 1834 – 2004. En el citado suplemento, se hacía un exhaustivo repaso a todas las publicaciones que a lo largo de la historia han visto la luz en las distintas comarcas, ciudades y pueblos de la provincia de Huesca. Un suplemento de referencia que es conveniente leer y que es necesario guardar.

Personalmente siempre he visto con algo más que simpatía ese esfuerzo de reunir a tanta gente en torno al libro y, salvo en la primera edición, he acudido a todas como visitante y llevando publicaciones para enseñar y vender (los primeros años, en el stand de la extinta Mancomunidad del Sobrarbe). La iniciativa de Chorche me pareció arriesgada e imaginativa a la vez. Su tesón y el de todas las personas que voluntaria e ilusionadamente lo rodearon han hecho posible que Monzón sea punto de referencia para muchos aragoneses que han visto “amablemente dinamitado” el gozoso puente de la Constitución.

En los últimos tres años, además, nuestra presencia (EL GURRION – AULA LIBRE) ha sido más directa y comprometida pues hemos instalado allí un stand, junto al resto de “feriantes” y hemos establecido turnos para atender a quienes han acudido a visitarnos, a charlar un rato con nosotros o a comprar algunas de nuestras publicaciones. Junto con Pepe López, Miguel Calvo, Sebastián Gertrúdix, Teresa Arnal, Geles Domínguez, Fenando Vallés, Javier García, Pilar Gaval, Mª Asun Muzás, Ángel Ramírez, José Mª Escalona, Julio Nogués, Ricardo Blasco, Paz Ríos… Y Tomás, Dolores, Antonio, Mercé, Ana, Daniel…hemos dado vida a nuestro rincón y dedicado unas cuantas horas filantrópicamente a ese cometido. Y lo hemos hecho con enorme gusto, sabiendo que quienes creemos en algunas cosas, esto también nos comprometía de alguna manera. Los beneficios económicos, en nuestro caso, siempre han sido modestos, pero los relacionales (si existe este término) no tienen precio. Este año, hace unos pocos días en el seno de la Xª FLA, nos juntamos a comer 20 personas lo que dice mucho a favor de la vigencia y del mantenimiento de algunas idas de acción colectiva y solidaria. Aula Libre celebrará sus 30 años de existencia en 2005, con un bagaje más que notable: 81 revistas publicadas (algunos miles de páginas), siete más monográficas; ocho “Cuadernos”; siete “Creativas”; cuatro ABCdarios; un libro colectivo y algunos materiales más en coedición. Y con un bagaje difícilmente mensurable de gestos, de ideas, de contagios, de abrazos, de ánimos compartidos, de personas que se han sentido acogidas y empujadas en su quehacer cotidiano al ver a unas cuantas maestras y maestros que nos hemos mantenido en la brecha aportando con modestia pero con determinación y constancia algunas alternativas a la organización y al trabajo en la escuela. Esa legión de amigas y amigos con quienes hemos trabajado, que esperan y reciben con gozo (lo sabemos porque nos lo dicen) cada nueva publicación es desde luego nuestro mejor equipamiento, nuestro más legítimo orgullo.

Junto con los materiales de Aula Libre, estaban también las revistas de EL GURRION y los libritos de la colección “O Fogaril”. Llevo 24 años animando al personal para construir colectivamente una revista trimestral en Labuerda (comarca de Sobrarbe). El próximo mes de agosto, esa revista publicará su número 100. Y ese es un hito digno de celebración. Para entonces, serán 25 años y cien revistas (más de 3000 páginas encuadernadas) que recogen una parte de la vida, de las gentes, de los paisajes y de los acontecimientos de Sobrarbe. En la FLA del 2001, Chorche Paniello y su gente me entregaron un FLA CULTURAL; un reconocimiento sencillo que aprecié mucho; por eso, en el capítulo personal esta Feria tiene un significado especial.

Veo en el programa de este año que Chorche se despide. Después de diez años de alegrías y sinsabores dice adiós a esa responsabilidad asumida voluntariamente que le habrá dado muchas satisfacciones, pero también muchos quebraderos de cabeza. Mi deseo y seguro que el de todos los colegas de Aula Libre es que la Feria siga y que este monumento a la cultura, desde el libro, se mantenga en pie. Nosotros, desde nuestras posibilidades seguro que contribuiremos a ello.

TORTURAS

Cada año, los informes de Amnistía Internacional nos recuerdan que en muchos rincones lóbregos del mundo hay seres humanos que son torturados por otros semejantes. Reconozco que referirme como “semejantes” a individuos capaces de provocar en otras personas su degradación física y moral en medio de atrocidades sin nombre no es un término muy afortunado. No sé si es posible responder a la pregunta de qué puede provocar conductas humanas tan bárbaras y salvajes como las que muestran toda una legión de torturadores escondidos o protegidos, según las épocas, en la mayoría de los países del mundo. Eso mismo se pregunta Ricardo Lagos, actual presidente de Chile, al conocer el informe sobre las torturas practicadas durante la época del infame Pinochet (quien asistía regularmente a misa, junto con sus colegas militares y era bendecido y acompañado por los jerarcas de la iglesia chilena). La lectura de algunos de esos testimonios no sólo pone los pelos de punta y llena de espanto al lector; siembra la duda de si será posible de verdad un mundo donde las personas seamos capaces de respetarnos de un modo natural y se erradique para siempre este tipo de conductas para las que no hay adjetivos suficientes que las puedan calificar.

Cuenta Sabrina del Rosario, detenida cuando iba al instituto: “me quitaron el uniforme escolar, quedé desnuda, me violaron, quedé con quemaduras y lesiones en la vagina y perdí la capacidad de soñar”. La adolescencia de Jorge Flores terminó a los 16 años: detenido, desnudo, aterrado, le dieron culatazos, lo colgaron de los pies hasta que se desmayó del dolor. Dice que ya pasó el dolor físico después de tantos años, pero que todavía se despierta sobresaltado pensando que algo malo le ocurrirá a él o a alguien de su familia. “Ando todavía tratando de sobreponerme a este infierno”. Ricardo Aguilera soportó las mayores atrocidades imaginadas: “yo gritaba con todos mis pulmones, en un alarido interminable, para que el dolor saliera de mi cuerpo”.
No es mi intención reproducir aquí la interminable lista de barbaridades, ahora conocidas en Chile, pero ya sabidas de otras tantas dictaduras como han asolado este planeta. El mapa de la tortura a lo largo de los siglos coincide perfectamente con el mapa mundi que manejamos en las escuelas.

Hoy domingo, mientras me sentía aliviado por el calor que el sol filtraba a través de los cristales, he leído en el periódico dos páginas de testimonios sobre la tortura y sobre cómo se organiza una vida después de sufrir tantas vejaciones y de soportar tanto dolor físico y psicológico y no he podido evitar sentirme indefenso, pequeño, mientras las lágrimas acudían a mis ojos… Y me he preguntado qué anida en algunas conciencias para favorecer, permitir y perpetrar semejante brutalidad y dónde se esconden todo ese ejército de canallas torturadores y si sus mujeres o maridos, sus padres, sus hijos e hijas saben que ese ser con quien comparten su vida dedicó muchos días de la suya a hacer imposible la vida de tantas personas a las que no conocía, que no le habían hecho nada personal, pero a las que practicó toda suerte de acciones tendentes a arruinar su dignidad, a convertir el resto de sus vidas en un infierno en el que él y tantos como él debieran pudrirse por los siglos de los siglos.

Y uno se siente desolado ante esos testimonios y recuerda otros leídos de Argentina, de Guatemala, de El Salvador, de Irak, de Bosnia, de Palestina y de tantos países donde desaparecieron personas que fueron violentadas atrozmente y a las que se les negó la vida por obra y gracia de un oficial o de una pandilla o de un carnicero que se erigió en dueño de sus destinos.

LA ESCUELA DE MAGISTERIO DE HUESCA

Hacía algo así como 30 años que no paseaba los pasillos de la escuela de Magisterio de Huesca. He reconocido la estructura de las clases, los bancos del pasillo, las ventanas, el aula donde hice el primer curso y el aula donde cursé el segundo año de la carrera. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Qué poco cambian algunas cosas!
Los personas que han propiciado este regreso han sido los profesores Víctor J. Borroy y Rosa Tabernero. Me han invitado a pasar el día entre sus alumnas (amplia mayoria) y alumnos (franca minoría) para que les fuera hablando de algunas cosas: desarrollo de la competencia literaria en el aula, fomento de hábitos lectores, creatividad, el trabajo con las familias (en el caso del alumnado de Rosa) y sobre “¿por qué quiero ser maestro?”, el maestro ideal, ¿qué es la escuela?... (en el caso del alumnado de Víctor). Bueno, hemos hecho lo que hemos podido. Me he encontrado bien ante un público que no es el habitual en mi trabajo; creo que han escuchado con atención y han sido respetuosos con la persona nueva que les hablaba. Ha estado bien como toma de contacto, pero yo creo que puedo hacerlo algo mejor, con un poco más de tiempo, proponiendo alguna acción práctica, enviando un documento previo para debatirlo o desmenuzarlo el día de la visita... Yo, en realidad, siempre que acudo a contar algo a un sitio nuevo, analizo cómo he visto lo ocurrido para tratar de mejorar. De cualquier modo he vuelto satisfecho; también porque sé que tanto Víctor como Rosa hablan a sus alumnos y les cuentan las cosas que yo también les contaría. Esa sintonía, evidentemente, es la que ha hecho posible estos intercambios: ellos vinieron a mi clase y yo he estado en las suyas. También creo –se me ha olvidado preguntarles qué pensaban ellas y ellos sobre el tema- que es conveniente que pasen maestras y maestros por las aulas de esa Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación (antes Escuela de Magisterio o Normal), de vez en cuando, para ofrecer testimonios directos de modos de trabajar, para animar a las futuras maestras y a los futuros maestros, para traer a la Universidad la voz de la escuela o, al menos, alguna voz... Rosa y Víctor me han tratado con enorme cariño y delicadeza y me he sentido bien acogido y perfectamente ubicado.
En esas circunstancias ocurren cosas curiosas. Estando allí he recordado con fuerza a uno de los maestros que tuve, y algo de lo que sigue les he contado. Fue estando con él cuando recuerdo que sentí ganas de ser maestro (tenía yo entonces, entre siete y ocho años): apenas castigaba, hacíamos teatro, nos fuimos a visitar Ordesa con las ganancias de las dos representaciones que hicimos, nos animaba a ayudar a leer a quienes todavía estaban aprendiendo... Una mañana de octubre escuché a mi madre entrar en la habitación llorando y tratando de guardar la cartera de la escuela en un armario. Le pregunté y me respondió que por un tiempo ya no me haría falta porque se había muerto el maestro. Efectivamente, Don José María Lanao Orús había fallecido de “muerte repentina” (como se decía entonces). Creo que fue la primera vez que la muerte de una persona me dejó llorando y desamparado. Lo cierto es que quedamos un poco huérfanos y muy desolados. Poco tiempo después, alguien en el pueblo pronunció una frase brutal; yo no la entendí entonces, pero nunca la he olvidado; dijo: “Ya era hora que muriera ese rojo”. Quien es capaz de decir eso sólo merece desprecio y nadie debe pronunciar su nombre, para que nadie pueda recordarlo.

Bueno, sólo quería añadir algunas opiniones de media docena de niñas y niños de mi clase de 6º que, a mi pregunta de cómo les gustaría que fuera su maestro o maestra ideal, dijeron cosas tan sensatas como las siguientes:

ALGUNAS SUGERENCIAS SOBRE EL MAESTRO IDEAL

1.. Para un niño es casi imposible encontrar un profesor ideal. Para mí debería ser como un padre, que te educa, te enseña y te cuida. Que un niño quiere jugar, pues también hay formas de aprender jugando, cantando, riendo... A mí me gusta un maestro que me haga reír y que se comporte bien en clase, que sea ordenado y que tenga paciencia con los niños. Cuando uno es profesor, es bueno no perder los nervios... Yo con el maestro que tengo ya me conformo. (Sergio Ch.)

2.. Me gustaría que fuera simpático, alegre, que me diera las clases de manera que las entendiera. La edad del maestro no me importaría. Me gustaría que me animara a leer. Que me contara cómo era su vida cuando era pequeño y conocer sus aficiones. Me gustaría que pusiera pocos deberes y que la faena la hiciéramos en clase. (Marta)

3.. Yo querría que fuese amable, sensible, simpático/a. Que fuera curioso y así los niños también lo serían.
Me gustaría que fuese limpio, ordenado y que no se vuelva loco por nosotros y nosotras, a ver si van a tener que llevarlo a un psicólogo, porque los niños y niñas somos así. Todos hemos sido niños y niñas, ¿verdad? Eso no lo podemos cambiar, es la ley de la naturaleza. (Fiama)

4.. Me gustaría que fuera divertido, que no pusiera deberes y que nos contara muchas historias y que diera todas las clases.
Yo quiero que los maestros sean altos, guapos y sobre todo ¡listos! (Javi)

5.. Si tuviera la posibilidad de tener la fábrica de profesores, los haría de la siguiente forma: A los hombres: simpáticos, alegres, que insistieran en que los niños lean, que hicieran pocos exámenes, con pocos defectos, cariñosos y con un chip que desde la central del profesorado, los encargados los pudieran manejar y si alguno actuara mal o saliera defectuoso que él mismo se autodestruyese.
A las profesoras las fabricaría de otra forma: cariñosas, simpáticas, alegres, con ganas de enseñar divertidamente.
A mí me gustaría que los profesores fueran a clase con ganas de enseñar y de aprender y que algunos ratos les diera el puntazo de jugar con sus alumnos. (Dani)

6.. Mi profesor ideal sería simpático, gracioso, divertido, que nos hiciera reír mucho, que nos recitase poemas, que nos leyese, que una vez a la semana nos dejase jugar al bingo, que no pusiese deberes, que nos llevase a informática, que hiciéramos manualidades.
¿Cómo sería de cuerpo?: alto, fuerte, guapo, con pelo negro y corto; por supuesto que fuera un chico de 27 años, que fuera del Barça, que jugase con nosotros al básquet y que se llamara: Mario, Dani o Sergio (Ender)