GURRION: Una palabra para proteger
Hace unos años, la gente del Rolde de Estudios Aragoneses tuvo una idea original. Propuso amadrinar o apadrinar palabras en aragonés. Para ello era necesario rellenar y firmar un “Compromiso” que decía:
“mediante este documento apadrino o amadrino la palabra aragonesa que me sea asignada comprometiéndome a protegerla usándola cuantas veces pueda y transmitiéndola a las generaciones venideras como parte integrante del patrimonio cultural aragonés”.
Al cabo de un tiempo, los organizadores mandaban un certificado nominal de ama/apadrinamiento, en el que se especificaba la palabra que te habían asignado. Posteriormente, y una vez finalizada la campaña, se editó un libro titulado: “Toma la voz y la palabra/Prene a boz y a parola”, que es un pequeño diccionario donde aparecen todas las palabras aragonesas con su significado en castellano y el nombre de la persona que va a custodiar cada una de ellas. A mí me asignaron la palabra “GURRIÓN” y aquí sigo usándola y promocionándola hasta donde puedo; por un lado con el mantenimiento de la revista trimestral y, por otro con la constitución de este blog que, por eso, lleva ese nombre.
Estos días de agosto estoy distribuyendo precisamente el número 104 de EL GURRION. El ejemplar ha salido con 44 páginas, más de treinta fotografías, actuales y de archivo y casi treinta colaboradores y colaboradoras. Dentro de unos días, si no estás suscrito a la edición en papel, podrás leerlo en internet, en la siguiente dirección: http://www.elgurrion.com
Para que te hagas idea de algunos contenidos, te diré que hay un paseo por el “Tozal del mallo y los pasillos aéreos de Ordesa”, que firma Mª Victoria Trigo; un interesante trabajo sobre “La leyenda de San Killián, patrón de los bibliófilos” de José A. de Juan; dos colaboraciones de Luis Buisán: “Vacaciones y fotografías” y “Mujeres legendarias”; la salida de fin de curso que realizamos los de 5º del Miguel Servet de Fraga a Sobrarbe; algo sobre nuestro antepasados contado por Mª José Fuster y titulado de manera muy gráfica así: “Juan de Lascorz de Olsón, el hijo que no se fiaba ni de su padre”; “El episodio de la Bolsa de Bielsa en primera persona”, sacado de la prensa y contado por Mamen Pardina; Tres páginas literarias de Vicky, Gonzalo y Joaquín; unas coplas populares de Lorenzo Cebollero; la celebración de la fiesta de Santa Waldesca de Pablo Urós; la repercusión de la estancia del Osasuna y el Real Zaragoza en Boltaña; las noticias comarcales más relevantes; la entrevista con la coleccionista de azucarillos: Ana Campo: cosas de la Asociación Cocullón y del Ayuntamiento de Labuerda, contadas por Emilio Lanau; la entrevista de Irene Abad con Águeda Mata Torres que continuará en el próximo número; los correos electrónicos recibidos; los juegos aragoneses de la mano de José Luis Ara y algunos de mis artículos: “Recuerdos de instituto”, en los que hablo de Ánchel Conte (profesor inolvidable) y de “El partido más largo del mundo” (se suspendió por la nieve y lleva aplazado casi cuarenta años), “Calores de verano” donde hablo de algunos de los desastres ecológicos y humanitarios que hemos vivido este verano a través de las pantallas y los medios y algo, la primera parte sobre una curiosa Cofradía de San Vicente de Labuerda…
Bueno, pues ese es, grosso modo, el contenido de este número 104. Yo, por mi parte, ya llevo unos días preparando el número 105, porque eso es lo que tiene haber asumido voluntariamente la función de impulsar trimestralmente una revista cultural, que no puedes dormirte en los laureles; que mientras las lectoras y lectores tienen en sus manos el último número aparecido, tú ya estás pensado en el siguiente para que llegue a tiempo. Y ya de paso, si tienes algo que contarnos, estás invitada o invitado a escribir y a participar en la revista El Gurrión. Cuantos más seamos, más la podremos conservar y defender: la revista y la palabra que la nombra.