Blogia

gurrion

VIEJOS PAPELES (V)

 

Acompaña la tarde… Cuando comienzo este texto, está lloviendo de manera suave y pausada y yo creo que la lluvia y la nostalgia casan muy bien; como el pan con chocolate, el huevo frito y el chorizo o el hogar encendido y la lectura de un libro… Creo que es el momento adecuado para retomar la serie de  VIEJOS PAPELES y abordar el capítulo cinco de la misma.

 

Hace ya unos días, me había quedado hablando del periódico escolar LA FIGA (números 1 y 2). Hoy tengo delante de mí el número 3, que igual que el 4, tienen tamaño cuartilla. Corresponde a los meses de enero/febrero de 1984 y comienza con un curioso diagrama de barras con los datos de la presión atmosférica correspondientes al mes de diciembre de 1983, tomados en el exterior de la ventana de la clase. Tomábamos datos con termómetros y barómetros con el fin de manejar mediciones reales a la hora de calcular medias o de construir gráficas.

Una página está dedicada a “Las cuentas de la clase”, con un movimiento de caja (en el que se anotan como cantidades totales) 19.081 pesetas de ingresos y 18.040 pesetas de gastos. La partida más grande en uno y otro apartado correspondía a la compra de libros de lectura para la biblioteca de aula. Me resultaba más cómodo acudir a la librería y comprar tantos libros (todos diferentes y de diferentes precios) como niños o niñas hubiera en clase, dividir el total por el número de chavales y que todos pagaran lo mismo. Al final de curso, tras sorteo, cada cual se llevaba un libro a su casa. Dentro del capítulo de ingresos, anotamos una cantidad de 1.695 pesetas que correspondía a la venta de postales. Con ese dinero comprábamos también libros para la clase. Elegíamos tres o cuatro modelos de postales diseñadas por los chicos y hacíamos copias en cartulina blanca, utilizando la “gelatina” como técnica de impresión. Luego, poníamos cada una en un sobre amarillo y las vendían en casa o por la calle en vísperas de Navidad, puesto que podían utilizarse para felicitar a la familia o a los amigos en esas fechas.

 

La revista narra la celebración a mediados de enero de la fiesta de San Antón, con bendición de los animales y encendido de hogueras (unas sesenta, se aporta en la noticia). Se dice que la Peña Fragatita entregaba la noche de las hogueras, cinco kilos de longaniza en cada una de las que se habían encendido y en la ilustración del texto, se recuerda al “saltador de hogueras” que suele aparecer cuando ya las llamas han decaído y que suele contagiar su ejercicio a algunos presentes que se animan también a atravesar de un salto las pequeñas llamas o la extensión de brasas… En otra página se recogen algunos aspectos de la tradición, como que se adornaba a los animales, que ese día no se les sacaba al campo a trabajar y que, en ocasiones, se les daba un trozo de pan bendecido previamente, entre otras cosas.

 

Antonia ilustra un poema suyo, con un dibujo silueteado en sombra. El poema se titula “bonitos recuerdos” y dice así: “Qué bonito es / lo que estoy recordando: / cuando tú me mirabas / y el sol nos enviaba un rayo. / Cuando estábamos juntos / el cielo nos alumbraba / y cuando nos separábamos / éste se apagaba”.

Hay más poemas en este ejemplar de veinte páginas. Veamos qué dice Amaya sobre LA NOCHE: “Silenciosa, con paso callado / llega la noche / cuajada de estrellas / apagando sonidos / del diario trajinar. / Desde mi ventana, / también yo en silencio, / presencio esa llegada / que en mi alma infunde / ideas y anhelos / de amor y de paz”.

Alberto, por su parte, nos habla de “El Parque”: “Niebla. Soledad. / Bancos vacíos. / Y junto a todo eso, / la tristeza./ Tristeza del anciano / porque los niños no están. / ¿Qué ha pasado? / La época invernal / ha hecho que los niños… / no corran por allí, / no griten por allí. / Los niños han marchado, / como los pájaros / a lugares cálidos”.

Curioso, cuando menos, que los nombres de los tres poetas comiencen por la letra “A”.

 

Hay una página llena de eslóganes que hablan de la guerra y de la paz. El 30 de enero es el Día Escolar de la No Violencia y de la Paz y, seguramente, estuvimos reflexionando sobre ello y decidimos escribir algo: “Las personas que viven la guerra se desesperan, mientras que las que viven en paz, contentas están”. “Vida a la paz y muerte a la guerra; ese es el principio de una nueva era”. “La guerra ha llegado y yo me he marchado”. “La paz es bonita y ojalá sea infinita”. “Cuando te vi con la bomba, pensé que llevabas una zambomba”. “Palomita de la paz, tienes que trinar y con la rama en el pico no lo conseguirás”

 

Tres páginas ocupa un precioso dibujo y unos textos sobre la visita al taller de cerámica Arellano de Fraga. La visita la realizamos el día 13 de enero, entre las cuatro y las cinco de la tarde: “… El Señor Arellano nos hizo demostraciones con un torno eléctrico de cómo se manejaba el barro. Nos hizo tres figuras: una vasija, un cenicero y una especie de jarrón; también nos demostró la diferencia entre las figuras hechas a mano y las que se hacen con moldes (…)  Hablando con él anotamos las siguientes cosas: La tradición alfarera en la familia viene de muchísimos años, por lo menos cuatro generaciones. Para que puedan cocerse las figuras, la temperatura del horno tiene que llegar a unos mil grados. Para hacer el modelo de “la fragatina” (la escultura de bronce que hay en el centro de la Plaza de España de Fraga) estuvieron trabajando durante dos meses. Venden piezas en países europeos y en EE.UU. La decoración de las piezas se hace con barnices y esmaltes especiales. (…) En una de las paredes del taller hay un cuadro de cerámica con una poesía que dice: “Oficio noble y bizarro, /entre todos el primero. / Porque en el trajín del barro / Dios fue el primer alfarero / y el hombre el primer cacharro”.

 

Ha dejado de llover, pero la bruma asoma por el horizonte. El cielo sigue nublado, las últimas hojas otoñales se han desprendido en silencio y yacen mojadas alfombrando el suelo. La noche abre su enorme boca para tragar con rapidez los últimos minutos de luz que le quedan a este domingo que casi pone fin al mes de noviembre…

 

Tomo en mis manos el número 4 de LA FIGA, dedicado, casi monográficamente, a la fiesta de carnaval. El ejemplar tiene fecha de marzo de 1984. Leo una especie de editorial que escribí para iniciar el número: “… A lo largo de la historia, el carnaval ha sido una fiesta extraordinariamente controvertida y ha gozado intermitentemente de ardientes defensores y frecuentes prohibiciones (¡cuántas palabras largas, ¿no?!). A pesar de todo, ha sido y es una fiesta que se ha conservado en casi todas las culturas del planeta, prueba de ello son las múltiples manifestaciones que podemos contemplar de la misma…”

En ocasiones, me hace gracia releer lo que escribí hace tantos años y calibrar si hoy escribiría lo mismo o lo rompería directamente…

 

Esta es la crónica que cuenta cómo se desarrolló la segunda celebración del carnaval en el colegio: “Un día se propuso celebrar el carnaval como lo habíamos hecho el año anterior. Días más tarde hicimos una asamblea para ver de qué nos disfrazábamos. Al final, y tras varias propuestas, hicimos una votación, decidiendo disfrazarnos de personajes de terror o de trogloditas. Llegó el día y algunos vinieron de casa disfrazados. Cuando ya estábamos todos listos, salimos al patio y fuimos viendo cómo desfilaban los demás cursos que también iban disfrazados: unos de abuelos, otros de cocineros, de indios, de payasos, de brujas, de robots, de cartas de baraja… Cuando terminó el desfile quemamos un muñeco que habíamos hecho en nuestra clase y los cuatro cabezudos que también habíamos hecho, participaron en el desfile. Al final hubo una gran chocolatada que fue preparada por las madres”.

 

Una página recoge un bonito dibujo del patio con el “rei carnestoltes” ardiendo, los cabezudos y algunas personas disfrazadas y otra página reproduce la letra de una canción que “se cantaba o recitaba durante el carnaval por las calles, antes de la pasada Guerra Civil” y que finaliza con una enigmática estrofa: “¡Adiós, Pepe, que me voy!, / tengo otro que me espera, / si quieres saber quién soy, / soy tu amante verdadera”.

 

Se recogen anotaciones del ayer y del hoy del carnaval en Fraga, así como una lista de refranes y dichos de la fiesta y también se dedica un pequeño informe a ”La rifa del tocino”, costumbre veterana en la que se sortea uno o dos cerdos entre los poseedores de un boleto que han comprado con anterioridad. La rifa se suele hacer en la Plaza se San Pedro de Fraga, momentos antes de comenzar la fiesta de Carnaval…. Otra página ofrece detalles de cómo construimos cuatro cabezudos en clase; un trabajo realizado en grupos y que dio resultados muy vistosos. Pone el punto y final al tema central, Esther con esta poesía: “Fraga es hermosa en carnaval, / pues nada en un mar de alegría. / Los fragatinos se transforman en personajes imaginarios. /Todo son burlas de los humanos serios. / Nadie piensa en la avaricia. / Todos corren y saltan, / van a quemar a carnestoltes / y, junto a él, las tristezas. / Pasados esos días, todo es serio, / y se sumergen en un mundo de monotonía”.

 

Otra página describe nuestro trabajo realizando mosaicos de verdad, con las teselas en que, el padre de un niño de la clase (albañil), convirtió unas cuantas baldosas de colores. Buscamos información sobre los mosaicos romanos de la cercana Villa Fortunatus y realizamos ese trabajo plástico aprovechando que en la asignatura de Sociales estudiábamos el Imperio Romano.

 

Amaya vuelve a escribir un poema titulado “La ciudad”: “La ciudad es agobiante, / llena de coches, / de humo / y de edificios / hasta las nubes. / De noche / es un espectáculo / digno de ver. / Todas las calles / están iluminadas / por grandes farolas. / Bancos, tiendas, / fábricas y parques / se quedan vacíos. / La ciudad / está en silencio / hasta que despierte/ del profundo sueño.”

Una página de pasatiempos; otra que nos recuerda el tiempo del mes de febrero de aquel año, otra que guarda un poema y una ilustración de Óscar, el cómic de la última: “Rigo celebra el carnaval” y la de las noticias de clase:

..“Hemos enviado varias cartas a distintas embajadas de países extranjeros en España. De momento hemos recibido contestación de Estados Unidos, Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Austria, República Federal Alemana y la URSS” (evidentemente, eran otros tiempos).

.. “Estamos barnizando los cabezudos para que no se les pegue el polvo de la clase. Ahora quedan mejor y ya estamos terminando los mosaicos”.

.. “El pasado día 15, jueves, tres alumnos de la clase, elegidos por votación, se trasladaron al pueblo de Alcolea de Cinca para participar en una mesa redonda en la que se habló de la escuela: trabajo, deberes, exámenes, notas, experiencia escolar… fueron algunos temas. Antes se habían debatido en la clase, en asambleas”. Curioso que en 1984 hasta los chavales pudiesen hablar y cuestionar NOTAS, EXÁMENES, DEBERES… Hoy día ni los maestros y maestras (salvo una pequeña minoría) se atreverían con ello. Yo hace tiempo que digo que AVANZAMOS HACIA ATRÁS; curiosa forma de avanzar, sin duda…

 

La noche ya es cerrada y todo lo anterior, el trabajo de esta tarde de domingo. Trabajo que me gustaría ofrecer a los posibles lectores y lectoras de este blog, como un testimonio de algunos fragmentos de vida escolar de hace más de 25 años. Una mirada al pasado suele informarnos de dónde venimos y centrar las coordenadas de por dónde andamos, no lo olvides. Buena semana.

VIAJE A TIERRA ASTURIANA

Hemos vuelto de Oviedo, capital del Principado de Asturias, después de vivir una experiencia singular. El jueves pasado tras una secuencia de viaje que podríamos resumir así: casa-taxi-tren-taxi-avión-taxi-hotel, llegamos a la hora de comer, a la ciudad de Oviedo, muy nombrada y celebrada hace pocas fechas en los medios de comunicación, con motivo de la entrega de los premios Príncipe de Asturias.

 

A lo largo de los días 19, 20 y 21 de noviembre se celebraban las VII Jornadas de Animación a la Lectura, con el tema de “Bibliotecas escolares. Recursos y materiales”. A pesar de que el título de las jornadas contenía esa rima espontánea, no era la poesía el tema central de las mismas, aunque también estuvo presente.

Para mí, decía, ha sido una nueva experiencia porque he viajado acompañado de dos mujeres que son madres de niños o niñas del colegio y que colaboran en el funcionamiento de la biblioteca escolar. El hecho de poder desplazarnos fuera de la comunidad autónoma y participar en una actividad de formación del profesorado siempre es un acto de reconocimiento de un trabajo realizado a lo largo del tiempo. En este caso, no estamos hablando de un experimento o de una experiencia (¡estamos incomprensiblemente rodeados de supuestas experiencias que, como han funcionado tan bien y así se suelen contar…, ya no se repiten!), sino del desarrollo constante de un equipamiento que quiere mejorar las condiciones de enseñanza-aprendizaje del alumnado del centro y el centro mismo.

 

Habíamos sido invitados a dar un taller y, en este caso, los “talleristas” éramos tres personas: dos madres (que aún podrían ser maestras, si retomaran los estudios) y un maestro (que nunca podrá ser madre). Titulamos el taller: “Biblioteca escolar. Un puente entre la palabra y la mente” y allí nos presentamos con una maletita de materiales escritos e ilustrados y dos grandes cajas, enviadas previamente por recadero, con otros materiales de mucho interés.

 

Debíamos realizar tres veces el taller: viernes por la mañana, viernes por la tarde y sábado por la mañana; tres horas seguidas para cada uno de ellos. En contra de lo que podría parecer, un tiempo escaso que suele dar para presentar muchas cosas, pero no poder profundizar más que en unas pocas.

El taller lo iniciaba con una presentación (de la que utilizaba unas pocas diapositivas) para centrar el tiempo del que venimos y la situación en la que nos encontramos; algunos documentos electrónicos que mostraban posibilidades de escribir partiendo de fotografías o hacer pequeños trabajos de investigación; alguna referencia a este blog que es ya un cuaderno de vida, un orificio por donde mirar y comunicarnos (de boca a oreja) y una permanente invitación a la lectura, la reflexión y la escritura… Continuaba con la descripción del protocolo que seguimos para realizar dos actividades de dinamización cultural del colegio al año, partiendo de la biblioteca escolar, e iba mostrando materiales impresos o electrónicos que confirmaran y certificaran lo que estaba diciendo.

Mostrar, explicar y colocar en las manos de las personas asistentes, para promover el contagio (esperemos que no el de la jodía gripe alfabética): libros libres: plegables y desplegables, de tamaño cuartilla, de tamaña folio y estrechos, de tamaño folio sin doblar; álbumes de cromos o pósteres para completar en el desarrollo de algunas actividades; libros con los que habíamos finalizado algunas de las actuaciones y que llegaban a todas las familias como recordatorio, resumen y con expresa invitación a ser leídos; publicaciones monográficas que recopilaban folklore oral infantil; repertorios alfabéticos para trabajar la búsqueda documental; varios ejemplares del boletín Bibliotelandia que recoge la memoria de todo lo que se gesta en la B.E. o se genera a partir de la misma; libritos construidos a partir de la lectura de un libro y el intercambio de opiniones con el autor o autora del mismo con quien nos habíamos puesto en contacto a través del correo electrónico o del blog… Todo ello, aderezado con las palabras que deben ser el hilo conductor de todo lo que se muestra, se explica y se justifica. En cada taller propuse una pequeña actividad de escritura para mostrar qué poco cuesta producir “libros libres colectivos”, cuya lectura posterior, por habernos aportado datos de interés, puede darnos pie a establecer sorprendentes debates. Una lista de “meacuerdos”, una interesante “cabreoterapia” o un texto resumen de un tiempo pasado, usando solamente parejas de palabras “nombre-adjetivo calificativo” fueron las estrategias empleadas, junto con la invitación a los presentes a afinar el sentido de búsqueda en las lecturas de libros, de poemas, de periódicos y encontrar algunas “fórmulas” que podemos desarrollar en el aula.

 

Tras ocuparme, por espacio de dos horas de todo lo anterior. Fina E. y Nati I. (las dos madres) contaban a los presentes cómo y desde cuándo colaboraban activamente con la biblioteca escolar; qué pasó por su cabeza cuando dieron ese paso; qué razones consideran aún válidas para hacer ese esfuerzo; cómo ha sido la trayectoria de este grupo, después de siete años de funcionamiento; la importancia de que uno o varios maestros y maestras apoyen decididamente su trabajo para contrarrestar los efectos de quienes pueden no ver con buenos ojos su presencia en el colegio; El gran valor que tiene el hecho de que los miércoles de tres a cinco de la tarde tengan reservada la biblioteca para uso exclusivo de las madres; hablaron también del trabajo que hacen las madres que ornamentan la biblioteca y mostraron la página web nueva  http://www.madrescuentacuentos.com/ en la que van colocando los diferentes capítulos de su ya importante trayectoria. Mostraron algunos materiales que habían traído, que ellas mismas dibujan, pintan, visten, etc., como soportes necesarios para contar los libros, siempre dentro de la biblioteca, y contaron cuentos al profesorado asistente. Contestaron todas las dudas que el profesorado planteaba y ya en la fase final del taller, mostrábamos unas fotografías que hice el pasado miércoles en la biblioteca, en la que diez madres estuvieron trabajando para dejarla casi lista, con el tema de “animales salvajes”; unas fotos que mostraban un lugar de encuentro y de trabajo, en el que nadie posaba, simplemente era sorprendida haciendo una tarea: una arrodillada en el suelo pintada, otra también sentada en el suelo recortando una silueta; dos o tres colgando una enorme serpiente enroscada en una cuerda; otras colocando animales de peluche en los huecos de las ventanas… Al final, recogíamos los aplausos que nos dedicaron siempre y nos íbamos de la sala algo cansados, pero muy contentos. En todas las sesiones hubo quien se quedó un rato la final para tomar una dirección, dedicarnos unas amables palabras, reconocer las muchas ideas nuevas con las que se iban a casa, felicitarnos, ofrecernos su dirección de contacto, etc.

 

Elvira N. fue quien nos llamó para participar en ese evento y quien nos atendió en todo momento. Con Emilio U., ilustrador de primer orden, charlamos mucho (recordábamos nuestro encuentro en Cuenca, el pasado mes de julio), escuchamos su charla sobre ilustración y asistimos al nacimientos de “nuevos manolitos” en cada libro que nos firmó. Maryta B., venida de Argentina, contó cuentos tras el acto inaugural y ofreció también tres talleres con el título de  La palabra, base de la animación a la lectura”; Mar M. y César M. se ocuparon del tercer bloque de talleres, centrados en la creatividad y la expresión, como posibles caminos hacia la literatura. Ramón L. habló de la LIJ en la RED; Juan José L., con Paco A. y Elvira N., en una mesa “rectangular”, comentaron aspectos de la LIJ en la actualidad y Dolors I. se ocupó de blogs y de Webs que invitan a leer y escribir.

 

Las comidas y cenas, en compañía de esas y otras personas fueron momentos memorables. Conversaciones, sentido del humor, comentarios sobre el trabajo que habíamos venido a desarrollar o el que hacemos habitualmente,  descubrimientos sorprendentes… Osvaldo B., argentino, con una dialéctica brillante, con sentido del humor, ojos de pillastre, expresión de felicidad y una buena mano para improvisar caricaturas y textos breves acompañándolas, amenizó esas reuniones gastronómicas, en las que participó con tanta fruición que nos animaba a todos. No me olvido de Daniel, de su cadenciosa "habla argentina", que se ocupó de los asuntos administrativos y de intendencia con mucha eficacia. Probamos “tablones” con embutidos y quesos, “buey a trocitos”, pixín, chipirones encebollados, cecinas… regados con sidra escanciada con todo el arte imaginable en la zona de la Gascona, pisando los suelos húmedos de sidrerías como “El Pigüeña” o “Tierra Astur”… Poco turismo pudimos hacer porque los horarios eran apretados y no había tiempos muertos para poder salir a caminar…

 

Tiempo también para el reencuentro personal con amigas asturianas con las que ya hace años tenemos relación y hemos tejido una consistente red de afectos e intercambios: Rosa P., Leticia S., Rosa S. Ana Jesús F. Cuando viajas o regresas a una tierra y puedes hilar una conversación sosegada con personas con las que te unen algunos lazos afectivos es un regalo añadido e impagable y con todas ellas, maestras con definido criterio, larga experiencia bibliotecaria, itinerario pedagógico significativo, sentido común, dilatada experiencia y mucho trabajo a sus espaldas, la conversación no es banal, sino un peldaño más de aprendizaje, salpicada de risas y de guiños afectivos.

 

El sábado, 21 de noviembre, hicimos la secuencia de viaje inversa: hotel-taxi-avión-taxi-tren-taxi-casa y pusimos fin a una aventura bibliotecaria de tres días en tierras astures. Fuimos con la idea de aportar una visión constructiva y razonable de cómo puede actuarse desde una biblioteca escolar para favorecer algunas prácticas o algunas modificaciones metodológica (si hay voluntad de hacerlo) y cómo crear canales de participación para las familias. Ojalá lo hayamos conseguido, al menos en parte, porque, en definitiva, hemos tratado de ofrecer algunas estrategias, mostrar algunos materiales, definir algunos itinerarios para que el personal se ponga a trabajar ya, porque nunca es bueno esperar tiempos mejores, ya que corremos el gravísimo riesgo de que no lleguen. Creo que Nati y Fina podrían contar las mismas u otras impresiones y espero que lo hagan en los comentarios, pero me parece que han vivido una experiencia muy especial; también lo ha sido para mí, compartir el tiempo de trabajo con ellas (sobre todo porque es una situación inhabitual, esa de juntarse un maestro y dos madres e ir a un lugar a “dar clase”) y por eso me alegro mucho de haber contribuido a que haya sido posible este viaje y esta pequeña aventura. Regresamos con un buen recuerdo de Asturias.

 

P.D.:

1.- El Gurrión 117 ya está en mis manos y espero que esta semana lo esté en las de suscriptoras y suscriptores.

2.- Fuerza para mi amigo Kepa O,, que hoy pasaba por el quirófano; por tanto: “¡San Perico de los Palotes, que se cure bien y pueda pegar botes!”

 

 

TRES EN UNO: CURSO, CARTAS, HUMOR...

 

1.- Esta semana que se cierra hoy, participé en el curso que deben hacer las maestras y maestros que aprobaron el pasado año las oposiciones. Son gente de variada edad, de composición intergeneracional, me parece a mí, puesto que algunos y algunas da la sensación de que no hace mucho que terminaron los estudios y han trabajado muy poco en la escuela, mientras que otros y otras ya llevaban un buen puñado de años en el tajo, por tanto ya saben de qué va el asunto.

 

El curso tiene un título sugerente “La voz de la experiencia”. Sugerente porque da la sensación de que quienes lo han pensado han apostado decididamente porque transmitir la experiencia personal puede resultar beneficioso para quien escucha. Cierto que la experiencia suele estar bastante denostada en nuestra sociedad occidental (a veces, utilizada como sinónimo de viejo o anticuado) y que suele servir de bien poco, porque cuanta más experiencia tienes, menos oportunidades te quedan de beneficiarte de ella. De todos modos, no es lo mismo tener experiencia (que puede ser sinónimo simplemente de tener muchos años), que tener experiencia significativa, que es la que acumula alguien que dedicó su vida a un trabajo activo y estuvo siempre en la pomada de la innovación, del aprendizaje, del intercambio (sea el campo que sea).

 

Mi misión era la de ofrecer a las personas asistentes unos datos personales y de vida y luego incidir en el tema de las bibliotecas escolares. Aproveché, de paso, para darles algunos consejos, relacionados con la profesión: que guarden muestras de lo que hacen, que lean y escriban, que intercambien materiales, que divulguen su trabajo, que no se funcionaricen, que sean innovadores, que no se rindan fácilmente, que no sean invisibles, que se sientan orgullosos del oficio elegido, que vayan conformando un itinerario pedagógico personal…

 

Sobre Bibliotecas Escolares poner de manifiesto, una vez más, las carencias formativas en origen (primer problema) que impiden, ya de entrada, que las personas que terminan la carrera lo hagan con un conocimiento y una práctica del equipamiento que ¿van a encontrar en el centro? ¡Segundo problema! Es muy probable que dicha instalación no se halle en la mejor situación, que nadie quiera saber nada o que no haya habido un trabajo constante con suficientes referencias y ejemplificaciones que sirvan de punto de mira o de banco de experiencias desde donde “reiniciar”… El trabajo voluntarioso que se nos exige para ocuparnos de dignificar la biblioteca escolar requiere una buena dosis de militancia, de convencimiento ético… Pero luego, mostré una amplia gama de trabajos y actividades que podemos hacer a partir de las potencialidades documentales de la Biblioteca Escolar. Por enumerados ya en anteriores ocasiones, no lo hago esta vez; sólo señalar el interés de muchos asistentes por tener en las manos “libros libres”, álbumes de cromos”, recopilaciones de folklore oral, pósteres, boletines informativos, cuadernillos de trabajo, repertorios alfabéticos, recortables… documentos que nacieron de trabajos íntimamente relacionados con la biblioteca escolar: centro de dinamización cultural del colegio, lugar donde se anima a escribir, se fomenta la lectura y se practica la educación documental… Si se quiere, claro.

 

2.- Llegaron, una vez más, esta semana las cartas de Nicaragua. Me encargo de mantener activo el intercambio epistolar con el colegio Doris María Morales Tijerino de Managua, por propia iniciativa; colegio con el que hay un hermanamiento establecido. Cada cierto tiempo, un par de veces al año normalmente, sale un paquete hacia Managua conteniendo material sensible para el profesorado y los chicos del citado colegio y llega otro de vuelta, con cartas nicaragüenses. La asimetría de los cursos, nos perjudica un poco. Por ejemplo, allí tiene las vacaciones de verano para estas fechas; eso significa que hasta primeros de febrero del próximo año no volverán al colegio. Por el contrario, cuando llega junio somos nosotros quienes nos vamos de vacaciones y ellos siguen el curso con normalidad. Como todas las cosas requieren tiempo, entre que se envía el paquete, llega, leen las cartas los chicos y chicas, elaboran otras de respuesta, esperamos un poco más para tener más materiales para enviar, etc. pues eso, que el tiempo pasa rápido y gracias que podemos mantener esos dos envíos anuales para refrescar esa relación epistolar y transoceánica.

 

 Envié el último sobre a finales del mes de junio pasado. Contenía cartas escritas por el alumnado de sexto y una selección de materiales realizados en el colegio desde el anterior envío: ejemplares de la revista escolar “Mírame”, kit completo de los materiales elaborados en la biblioteca para desarrollar el trabajo sobre “maletas de poesía y de poetas”: el póster para los pequeños y el álbum de cromos y antología poética para el resto; los dos “Bibliotelandias” del curso; los “libros libres” realizados: “Meacuerdos”, “Todos nosotros”, “Siguiendo la estela”, “Cinco lobitos tiene el recuerdo”, “Nuestras poesías”… Y una amplia muestra del glorioso final de temporada del Barça. Fui recogiendo las páginas de los periódicos generales: El País, La Vanguardia, Público… que reflejaban las victorias en la Copa, Liga y Liga de Campeones, porque en las cartas que habíamos recibido con antelación, muchos niños y niñas se declaraban seguidores del Barça… En definitiva, todo aquello que uno piensa, puede resultar curioso y motivador para unos chicos y un profesorado que vive en otro lugar y padece, en general, algunas carencias materiales.

 

Esta semana, como digo, ha llegado una nueva remesa de cartas y también algunas sorpresas. Una de las más agradables ha sido una pequeña muestra de fotos en la que se ven chicos y chicas del “Doris” leyendo las revistas o los “libros libres” o las páginas de los periódicos que he nombrado. Emma y Karen son las dos personas adultas que se encargan de recibir y de enviar. Emma trabaja de administrativa y su entusiasmo lo muestra en las comunicaciones que nos intercambiamos y en lo cuidado que llega todo y Karen es la profesora que debe convencer a los chavales para que escriban las cartas-respuesta a las que han recibido de España. Emma nos ha enviado un tríptico del Centro Educativo Doris María Morales Tijerino, encabezado por un lema que dice: “Por una educación plena e integral” y un triángulo jalonado por tres palabras (tantas como lados) que son: “Patriotismo, Estudio, Disciplina”. En la contraportada del tríptico aparecen tres fotografías en color, entre las que está la de nuestra clase del pasado año, que certifican los intercambios culturales que mantienen con Noruega y con España.

 

Esas cartas “subirán” el lunes al colegio para que alguna compañera posibilite que las lean los chicos y chicas de quinto o de sexto y poder empezar ya a escribir otras que serán enviadas a finales de trimestre para que cuando nuestros amigos empiecen el nuevo curso las tengan ya sobre la mesa y comience la relación con un grupo nuevo. Palabras que van y vienen sobrevolando el océano; palabras y dibujos; curiosidad y esperanza.

 

3.- “Con sentido del humor” es el título de una sección quincenal que mantengo y alimento en el Escolar del Heraldo de Aragón. Este es el sexto año consecutivo que escribo intentando proponer actividades de lectura y de escritura que tengan, como denominador común, el humor.

 

Creo que no había escrito sobre este tema en el blog y el hecho de que lo haga hoy tiene una raíz futbolística. Ayer por la noche, tuvo lugar un partido internacional de fútbol entre las selecciones de España y Argentina. El portero español, Iker Casillas, jugó el partido número 100 como internacional y ya por la mañana, cuando fui al quisco a comprar el periódico, lo vi en la portada de un diario deportivo ataviado con una indumentaria de mediados del pasado siglo, al estilo de Ricardo Zamora, el primer gran portero de la historia de nuestra selección… Total que ese ambiente y esa efeméride personal del amigo Casillas, me llevó casi inconscientemente a sumar los artículos que he escrito “con sentido del humor,” en estos cinco años y algo más, que llevo con ello y el resultado es que este miércoles pasado se publicó el número 91 y, por tanto –si todo va bien- a lo largo de este curso cumpliré yo también los cien artículos (cifra a la que, por cierto, ya ha llegado mi amigo Pepe López escribiendo la sección “P&R”, con preguntas y respuestas relacionadas con los padres y los niños y que se alterna con la mía del humor en el mismo espacio del periódico).

No voy a contar mucho más, porque quedo citado con ustedes para cuando se cumpla ese artículo número cien que, más o menos coincidirá con la llegada de la próxima primavera.

 

En todo caso, una reflexión final podría tener que ver con las dificultades progresivas que uno va teniendo para encontrar argumentos, filones por explorar, después de tanto tiempo. Al principio de la aventura, tienes tanto donde elegir que te muestras excesivamente generoso, ofreciendo tres estrategias en cada artículo (y eso que son necesariamente cortos). El segundo año, reduces las propuestas  a dos por artículo, por si no llegas al final del curso con material suficiente y el tercer año, explicas una y la vas alargando para que pueda hacerse sosegadamente y quede bien explicada… El sexto año estás todo el día con una libretita en el bolsillo trasero del pantalón, para anotar cualquier idea que surja al mirar un escaparate, al leer un libro, la prensa o una revista, al ver la televisión, al mantener una conversación con un amigo o con una amiga, en el momento de las comidas con la familia, …

 

Y ya con esto, lo dejo por hoy. Espero que les haya gustado esta fórmula del “tres en uno” y que les resulte un post de lectura agradable y distendida.

 

P.D.: El número 117 de EL GURRIÓN se está cociendo en la imprenta. Con esa revista, por cierto, tuve la ocasión de disfrutar de la llegada al número 100. De hecho, como no tengo ninguna esperanza de cumplir cien años, me conformaré con haber convertido en centenarias algunas ideas o algunos esfuerzos individuales y colectivos.

NOVIEMBRE: TIEMPO DE SEMENTERA, TIEMPO DE CONTEMPLACIÓN...

Noviembre tiene refrán largo: “Noviembre dichoso mes, qu´en tosantos escomienza y remata en San Andrés”. Noviembre huele a sementera, a tierra labrada, también a cosecha, a sol amarillo, a tardes escasas y noches tempranas, a fogaril encendido, a mundo rural, a faenas familiares y colectivas… Para mí, noviembre es uno de los meses de la memoria; es un tiempo en el que evoco con facilidad mi infancia (seguro que si me pongo a pensar, me pasa con otros meses) y me veo, también con facilidad, haciendo labores de niño o de hombre, en aquella incorporación natural al mundo del trabajo de la mano de los padres.

 

Este pasado fin de semana estuvimos en Figols de Tremp y la meteorología nos ofreció un par de días de tiempo muy inestable y cambiante: algo de lluvia racheada, un poquito de sol, nubes veloces que atravesaban el cielo en pocos minutos, fuertes ráfagas de viento que, en ausencia de sol, era extremadamente frío para la época.

 

A pesar de todo, en un pueblo pequeño todo lo que pasa es extraordinario y así solemos vivirlo. ¿Cómo calificar sino el despegue de media docena de buitres leonados, delante de nuestras narices, desde un posadero soleado que nunca antes habíamos visto, a cinco minutos de la casa familiar? ¿Y la recolección de unas cuantas granadas (las maravillosas “minglanas” de mi infancia, repletas de rubíes tallados con mil caras, que explotan refrescantes en la boca) de un árbol-arbusto amarillento? ¿Y los viajes hasta el “leñero” para alimentar al insaciable fogaril que favorece nuestra quietud de miradas y palabras? ¿Y ese silencio creativo para la lectura y la escritura, con la música intermitente que ponen las ráfagas de viento? ¿Y esa posibilidad de escuchar cómo se acerca una bandada de pájaros que acabarán posándose en las amarillentas parras del huerto cercano?...

 

Cuando el frío arrecia y el viento enloquece la tarde, te sientas al lado de la ventana y miras a través de los cristales las baqueteadas copas de los árboles, el peinado que, a ras de suelo, sufren las pequeñas hierbas o los brotes de los tempranos sembrados, contemplas las enormes dificultades que tienen los cuervos, las palomas y algunas aves rapaces para poder mantener un vuelo equilibrado; te fijas en las formaciones de nubes que atraviesan el cielo a toda velocidad, empujadas por las ventoleras que se hacen presentes por el ruido que generan al chocar con las paredes de la casa o que se cuelan por la chimenea produciendo sonidos de espanto…

 

Noviembre es tiempo de sementera, pero también de tardía recolección, sobre todo, si uno vive alejado de la tierra y recoge, si queda algo, cuando viaja hasta ella. Es una sensación muy placentera la de “ordeñar” olivos y almendros suavemente, sin prisa, para tomar del árbol los frutos que han tardado todo un año en madurar: aceitunas y almendras; unas para macerar y tomar más adelante y las otras para cascar ya y degustar el fruto; o vendimiar los últimos racimos, pasados de tiempo es verdad, pero dulces como si contuvieran gotas de miel envasada o la posibilidad de hacer acopio de un buen puñado de gordas bellotas de encina para sembrar en tiestos y recogerlas en un suelo alfombrado que seguro hará las delicias de algún jabalí en sus correrías nocturnas…

 

El tiempo de recolección es tiempo de memoria. A mí me resulta muy fácil acordarme de mi infancia y de mis padres, que eran quienes capitaneaban la cuadrilla cuando íbamos a realizar alguno de esos menesteres de otoño, recolectar: judías secas, uvas, maíz, nueces, almendras, aceitunas, bellotas, leña… Era un tiempo de enseñanzas indirectas, un tiempo de economía productiva: una nuez se podía comer o se podía vender; era algo tangible y material, algo que tenía un principio y un final, un fruto al que se le podía seguir la pista desde el nogal a la mesa, desde el nogal hasta el postre que adornaba… Y lo mismo podríamos decir de todos los demás, anteriormente nombrados. Compartimos con Mercè esa forma de ver la vida y esos recuerdos, florecidos a kilómetros de distancia, pero tan parecidos, tan intensos… No lo puedo evitar, en este tiempo sufro un amontonamiento de imágenes en mi cerebro o donde quiera que se formen; imágenes unidas a sensaciones muy a flor de piel que me ponen triste por las ausencias o que me hacen sonreír por lo cálidas y agradables que resultan.

 

Así es la vida, un constante ir y venir del pasado al presente y de éste al pasado, con pequeñas y furtivas miradas a la incertidumbre con la que se ofrece el futuro. Vivimos el pasado, la infancia en nuestro respectivos pueblos, no como un tiempo antiguo, sino como un humus que nos alimenta, del que extraemos energía y ánimo porque tuvimos a nuestro lado personas importantes que nos indujeron a ser respetuosos, tener un orgullo razonable, valorar el esfuerzo, cultivar la paciencia, experimentar e innovar y mantener los pies pegados a la tierra, aunque la imaginación pueda volar por los lugares más remotos…, realizando una fecunda labor de sementera. Mi padre y su padre: Mariano y Josep, están muy presentes en estos tiempos del calendario, ahora que los dos nos acompañan desde esa ausencia definitiva que se acepta a regañadientes.

 

Noviembre es también un tiempo de contemplación… Cuando éramos pequeños y luego jóvenes caminábamos por los campos y los montes para acceder a los tajos de trabajo y no recuerdo que sintiéramos nada especial contemplando copas de árboles, tonalidades de hojas, soles y reflejos… ¿Quién inventó ese otoño amarillo y rojizo que tanto admiramos actualmente? Desconozco la respuesta –si es que esa pregunta puede responderse-, pero da igual, por mi parte, felicidades a quien miró por primera vez a la hilera de chopos que jalonaban el río de su pueblo y vio una formación hermosa de “árboles encendidos”.

 

El primer fin de semana de noviembre estuvimos en Labuerda y nos acercamos unas horas hasta Escuaín. No es la primera vez que hablo de este enclave pintoresco de Sobrarbe en este blog. Recuerdo que es una de la cuatro entradas naturales del parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y probablemente la menos transitada. También he dicho ya que cuesta imaginar la vida en invierno en pueblos como éste, a mediados del siglo pasado, por poner una fecha. Las condiciones humildes de las viviendas, las intensas nevadas, las deficientes o nulas comunicaciones… condicionaban la vida diaria y de qué manera. Hoy día, sigue siendo un pequeño núcleo que se va reconstruyendo con esfuerzo y que acoge a un muy reducido grupo de personas que viven allí buena parte del año… Pero Escuaín, en otoño, es algo especial; el pueblo y su entorno, se entiende. Uno no sabe dónde mirar porque en cualquier dirección que lo haga, va a encontrarse con un paraje maravilloso, que ningún pintor será capaz de reproducir con tantas tonalidades, con tanto brillo y con tanta perfección. Si alguien pudiera imaginar una gigantesca exposición de cuadros otoñales, ésta sería la pinacoteca donde ubicarla, con la ventaja de que los cuadros no habría que pintarlos, bastaría con enfocar la vista en distintas direcciones y a diferentes distancias.

 

La variedad de especies vegetales, la gran diversidad de las mismas, favorece esa mezcla de tonalidades que, siendo yo una calamidad para ponerles nombre, no voy a desmenuzar, aunque hablaré de tonos amarillos, anaranjados, marrones, rojizos… Tonalidades que confieren a los caminos, las laderas de los montes, los barrancos, los setos naturales poblados de arbustos o los árboles que han crecido en antiguos terrenos de cultivo, al amparo del abandono de tantos años de soledad, una belleza especial; un disfraz llamativo que nos conmueve con solo mirar a: encinas, robles, pinos, abetos, acacias, chopos, álamos, arces, avellanos, fresnos, nogales, serbales…

 

La máquina fotográfica es el mejor aliado para intentar apresar en un momento fugaz, una mirada llena de luz amarilla que, al cabo de unos pocos días será imposible repetir y ayudado de la cámara, disparo a diestro y siniestro, a sabiendas de que algunas imágenes no estarán ni mucho menos a la altura de lo que yo estoy viendo con mis propios ojos, pero sabiendo también que, cuando las lluvias y los vientos más inclementes despojen a todos los árboles y arbustos de hoja caduca de sus atractivas vestimentas, sentado en casa, podré encender el ordenador y hacer un recorrido virtual por un bosque que, año tras año, se viste y se desnuda; se disfraza con una amplia gama de verdes o lo hace agotando todos los tonos del amarillo.

 

Por cierto, no cogimos setas, pero tomamos una sobredosis de otoño en todo su esplendor… Y uno vuelve a la normalidad cargado de sensaciones hermosas, con fuerza redoblada para capear cualquier temporal, incluido el que pretenden desatar los miembros y miembras de la tribu de los conspiradores y envidiosos, en cuanto tienen ocasión; esos que te pone la vida alrededor y que durante años han empujado para que otras aventuras memorables con otras hojas (las de los libros) no tuvieran la más mínima importancia. Su estulticia perenne siempre nos ha fortalecido y el reconocimiento de fuera del corralito que crearon ha sido tan grande y generoso que estamos más contentos que unas pascuas.

 

Noviembre se derrama sobre la naturaleza, apagando antes la luz del día y alargando la noche, pero sin saber que nos ha llenado los ojos de luz y los recuerdos de esperanza.

 

 

MÉRIDA. V JORNADAS DE BB.EE.

Si estamos de acuerdo en que cada vez que empezamos la lectura de un libro, comenzamos un viaje, no es menos cierto que para poder ir de Fraga a Mérida es necesario también –con libros o sin ellos- realizar un largo y emocionante viaje. Y ahí es donde entro yo que, el pasado 26 del corriente salí de aquella localidad a las diez de la mañana y llegué a la capital administrativa de Extremadura, prácticamente a las ocho de la noche, con esta secuencia de medios de transporte: taxi – tren – taxi – autobús – taxi. Es evidente que por algún sitio tenía que empezar esta crónica que, es posible que acabe siendo bibliotecaria, pero que empieza siendo circulatoria.

 

Cuando viajo en este tipo de transportes, tanto en tren como en autobús, me gusta ir atento y mirando por la ventanilla para observar los paisajes por los que atraviesa el vehículo en cuestión y hacerme una idea más exacta de la diversidad del territorio. Como el tramo Lleida-Madrid, lo hago con frecuencia, presté menor atención y ahí aproveché para leer el periódico del día, entre otras cosas.

Mi situación en el autobús (Madrid-Mérida) facilitaba la satisfacción de esa curiosidad geográfica que he manifestado, puesto que estaba en el asiento 3 y tenía visión delantera y lateral derecha: un privilegio (por cierto, últimamente, en todos los autobuses que he subido hay algo en común: todos tienen el parabrisas delantero roto. En éste con una grieta, en forma de “L” que intranquilizaba por su longitud. Se ve que no tienen tiempo de cambiarlo o debe resultar muy caro. Yo siempre imagino que nos damos un golpecito o que descarga una inmisericorde pedregada que acaba de romperlo y dibujo diversas hipótesis de actuación en mi mente, ¡formas de pasar el rato!).

 

Resumiendo; el viaje en autobús para salvar casi 350 kilómetros, duró cuatro horas con parada en Trujillo para estirar las piernas, tomar un café y echar un cigarrillo o acercarse a saludar a “Mister Roca”. A lo largo del recorrido, por la Autovía del Sudoeste vi, en varias ocasiones, hermosas postales otoñales que ya me hubiera gustado fotografiar; especialmente, formaciones de chopos en pequeñas vaguadas o jalonando mermados cursos de agua (de esos que llamamos ríos, pero que no pasan de riachuelos escuálidos que entristecen la mirada por su escasez o por el sospechosos color de sus aguas). Pude contemplar extensos campos de cultivo, sembrados que brotaban con fuerza y dehesas que también me hubiera gustado recorrer y fotografiar; especialmente algunas encinas que parecían esculturas celebrando la sensatez y la serenidad. Me gusta mucho el árbol llamado encina (en Sobrarbe, “carrasca”) y me gusta ver hermosos ejemplares aislados unos de otros, porque en mi tierra no es fácil encontrarlos así, ya que allí forman bosques abigarrados, donde una crece al lado de la otra y en compañía, en muchas ocasiones de otros “quercus”, como los coscojos, los robles… Vi muchos conejos en los sembrados o en los rastrojos y aves zancudas en campos que estaban arando con grandes tractores y hasta tres perdices correteando cerca de la autovía. Por supuesto, ganado vacuno, lanar y probablemente lo que despaché por una ganadería de toros de lidia… Vi ríos y algún pantano. Vi zonas llanas sin un árbol y montañas lejanas donde es posible que sí los hubiera y vi la central nuclear de Almaraz y una enorme instalación de paneles solares en las cercanías de la misma; también formaciones de gigantes aerogeneradores en algunas sierras.  Vi diversos pueblos y ciudades, con nombres o conocidos o intuidos por los indicadores de salida de la autovía y, de ese modo, el viaje de ida se hizo bastante agradable…

 

Cuando entrábamos en la ciudad de Mérida, me quedé muy gratamente sorprendido al poder leer en una rotonda (el conductor tomaba las rotondas como si fuera una competición de slalon gigante) una indicación que decía “Escuela Libre Paideia”. Al poco de llegar a Mérida, saludé a Ana N. y a Casildo M., dos personas a las que ya conocía desde mi participación en las I Jornadas, allá por el año 2005. A los dos les debo mucho agradecimiento por volverme a invitar a un evento bibliotecario que congregó a unas 400 personas (profesorado de Infantil, Primaria y Secundaria, principalmente) de toda Extremadura y por el acompañamiento mientras duró la estancia, y por más cosas. Con Ana N. intercambiamos frecuentemente materiales y correos electrónicos y lecturas de nuestro respectivos blogs (el de Ana se llama “Biblioabrazo” y hay un enlace en la columna de nombres del mío). Reencuentro, como en el caso de los anteriormente citados, también con Raúl V. (con quien ya compartí en Burgos las Jornadas Provinciales de aquella provincia castellana, hace un mes). Conocí a Chus M. y a Jordi S. y nos fuimos a cenar y luego a tomar un arranque.

 

El Palacio de Congresos (dos enormes cubos en la orilla derecha del pacífico Guadiana, a pocos metros del puente de Calatrava) era la sede de las V Jornadas de Bibliotecas Escolares. A las doce de la mañana del día 27 de octubre, tras la presentación muy amable de mi amiga Ana N., desarrollé mi ponencia: “La biblioteca escolar. Otra forma de ver el mundo”; una parte leída y una segunda parte explicada mostrando algunos materiales que, como siempre hago, transporto en maleta o en mochila. Terminé mi intervención como la empecé, leyendo en voz alta el texto resumen que escribí en este blog, en abril de 2005, sobre las I Jornadas de BB.EE. en que participé, como queriendo mostrar una más de las virtualidades de esta herramienta electrónica que va almacenando (si los escribes antes) pedacitos de la vida.

Antes de comenzar con al ponencia, hice una mención al rótulo visto el día anterior en una rotonda y nombrado con anterioridad. Durante muchos años, me encargué de coordinar las publicaciones del MRP Aula Libre y de atender la correspondencia y los intercambios. Uno de los colectivos con los que intercambiábamos materiales, de manera regular, era precisamente con la Escuela Paideia de Mérida: un proyecto libertario, al frente del que se hallaba Josefa Martín Luengo. Resulta que Pepa falleció el pasado mes de julio y yo me enteré de ello a través del periódico: “Catalunya”, Órgano de expresión de la CGT de Catalunya (www.revistacatalunya.cat), en cuyo número 110 se dedican las dos páginas centrales a hablar de ella y de los treinta años de la Escuela Paideia. En aquel intercambio que he nombrado, yo enviaba las publicaciones de Aula Libre: revista, cuadernos, libros y desde Mérida recibíamos las revistas “A Rachas” y “A Rachitas”. Hice ese breve recuerdo ante el auditorio y luego pude hablar con algunas personas que agradecieron el gesto porque conocían su trayectoria y su esfuerzo.

 

Volviendo a la ponencia, disponía de una hora y media para desarrollarla y a ese tiempo me atuve. Aquí un breve apunte de la misma:

“… Y si nos introducimos en el bosque de los adjetivos, podemos definir una o varias retahílas alfabéticas, porque allí, en ese espacio público, colectivo y multidisciplinar que es la Biblioteca Escolar, podemos vivir con sensaciones muy variadas; de hecho, podemos vernos: Acunados y Acompañados – Batidos y Burlados – Conectados y Crecidos – Distraídos y Documentados – Elegidos y Esperanzados – Fuertes y Furtivos -  Geniales y Gozosos – Huérfanos y Hospitalarios – Iluminados e Imaginativos… No es necesario seguir porque, en definitiva, si exploramos el diccionario y seleccionamos aquellas palabras que podríamos identificar como acciones, cualidades o nombres, relacionadas con la biblioteca escolar y que nos permitirían percibir el mundo de otra manera, cada cual podría elaborar sus particulares listas, así que dejo esa posibilidad a los oyentes. Y es que, estoy convencido de que las fuerzas que generan las palabras son fuerzas modificadoras que inciden en los fundamentos de lo que somos y lo hacen de maneras diferentes. Su fuerza radica en los conceptos que sugieren, en las conexiones que propician, en las emociones que activan, en las ideas que fomentan, en las percepciones que inducen…”

 

Seguidamente, sin salir del auditorio 2 donde nos encontrábamos, disertaron dos maestras y un maestro del CEIP Ntra. Sra. de la Caridad de la Garrovilla (quienes recibieron el pasado curso el Primer Premio Nacional… El mismo que recibió la biblioteca de mi colegio en 2006). Cuando finalizó su relato, disfruté un rato viendo a parte de las personas asistentes acercándose al escenario para mirar, hojear y hacer preguntas sobre los materiales que llevé y había mostrado y que había colocado a modo de exposición.

A continuación en el mismo Palacio se celebró la comida de todos los participantes: saludé a Antonio T. convertido temporalmente en Director General y a algunas maestras: Dolores (conocida y premiada), Beatriz O. (otra de las ponentes, con quien coincidí felizmente en las páginas del número 12 de la revista gallega FADAMORGANA) y a algunas animosas, divertidas y autodefinidas “marianistas” que me conocían desde el congreso de Edelvives de Santander y que leen asiduamente este blog y a quienes debo agradecer su fidelidad. Siempre hay encuentros interesantes en el plano personal, en estos lugares.

 

Por la tarde, decidimos con Raúl V. (que ya había dinamizado por la mañana dos talleres a alumnado y a profesorado) caminar hacia la ciudad. Fuimos del palacio al hotel y de allí, a través del puente romano nos aproximamos a la zona del teatro y anfiteatro. Cruzar el puente, supuso descubrir unas vistas maravillosas del quieto Guadiana, en cuyas aguas se reflejaban las islas de vegetación, las formaciones vegetales de la orillas, el mismo puente romano o el espectacular de Calatrava. Disparé, con gusto, fotos y fotos, con la intención de publicar un álbum en el facebook (cosa que ya hice). El paseo por esta zona fue lento, pero hermoso; luego ya aligeramos el paso para llegar a las ruinas romanas. En taquilla se nos informó de que faltaban dos minutos para cerrar y, por tanto, ya no iban a vendernos una entrada. Nos acercamos a la entrada y dialogamos con el guarda: “Mire usted, este viene de Salamanca y yo de Huesca y sólo queríamos hacer un par de fotos…” Accedió el hombre y nos recordó el tiempo que faltaba y nos invitó a que regresáramos con su compañero guarda que estaba más abajo. Éste ya no dejó terminar nuestra explicación apremiándonos a que hiciéramos las fotos. Primero fuimos al teatro, disparé cinco instantáneas (sin ascender por el graderío) y luego le dije a Raúl que entrase en el “anfi” que yo ya lo había visto, pero el guarda que nos veía, nos gritó: “¡vayan, vayan, hagan la foto!” Y salimos del recinto con mucha dignidad, con la respiración movida, dando las gracias a los guardas y pensando que en poco más de dos minutos habíamos dado cuenta de dos restos emblemáticos de la civilización romana a su paso por la ilustre Emérita Augusta… ¡Quién dijo que no había tiempo! ¿Conoces a alguien que haya hecho una visita más rápida?

 

Luego recorrimos el Museo Romano en grupo pequeño con guía y yo, que ya lo había visto, deduje que es incomparablemente mejor visitarlo de día (pues entra luz natural suficiente para verlo casi todo) que de noche. De cualquier modo, impresiona, sobre todo la galería central y los mosaicos colocados verticalmente en algunas paredes laterales.

En la cena saludé a Jaume C. que venía de L´Hospitalet y con quien habíamos coincidido en Fuenlabrada, hacía ya unos años. Y antes de irnos a dormir, terminamos con Ana, Raúl, Casildo y Jaume tomando unas tónicas y viendo el final del “Alcorconazo”, un acontecimiento futbolístico del que se habla estos días con profusión.

 

P.D. El día 28 lo dediqué al largo viaje de vuelta. Vi los paisajes de la ida desde el mismo asiento, pero mediatizado por un energúmeno que estuvo hablando por el móvil, casi sin parar, desde Trujillo hasta Madrid y al que ojalá se le estropeen los negocios que fue cerrando con los dieciséis interlocutores que le conté, todos llamados por él.

 

VIEJOS PAPELES (IV)

Este es un nuevo viaje en el tiempo. Me permito retroceder 26 años para hablar de LA FIGA, una revista escolar que nació en el curso 1983-84. Cursábamos sexto de EGB y el alumnado era el que el curso anterior había participado en los tres números de la revista “La actualidad de 5º B”.

Era evidente que había que cambiar de nombre aquella publicación que habíamos hecho con tanta ilusión y que había dado mucho de sí. La propuesta que salió ganadora fue la de llamar a la nueva revista, “La Figa”. En tierra de higos, aunque ya entonces iba la cosa en retroceso, parecía un nombre razonable.

Lo más singular de aquel proyecto es que pudimos hacer seis números a lo largo del curso, alternando dos formatos diferentes: los números 1, 3 y 4 se hicieron en tamaño cuartilla e impresos por las dos caras y los números 2, 5 y 6 se imprimieron en folios por una sola cara. Todos, en cualquier caso, usando la multicopista, pero echando mano de los clichés electrónicos.

 

Estas publicaciones rememoran una parte de lo que hicimos en un tiempo determinado y tienen ese valor de refrescar la memoria y también el de ver que, hace todo ese tiempo, se hacían cosas que ahora, en ocasiones, parecen marcianas: por el esfuerzo realizado, por la cantidad de trabajo que era necesario aportar para sacar el proyecto adelante, por los planteamientos abiertos y divergentes que facilitaban la puesta en marcha de esas iniciativas, por el empujón que suponía para la participación del alumnado, por las características propias del proyecto, ya que fomentaba la escritura, la autoedición, la labor de planificación, la cooperación, el intercambio y las relaciones… A veces, uno tiene la sensación de que se ha retrocedido mucho…

 

Echemos un vistazo a estas revistas: la número 1 (formato cuartilla) sale en noviembre de 1983 y contiene: un informe del tiempo y una gráfica de las temperaturas del mes de octubre; una pequeña crónica de la serie de televisión “Érase una vez el hombre”, que el maestro recomendaba que se viera; otra pequeña crónica de la celebración de la castañada (el viernes 28 de octubre) en clase (todavía no se celebraba en el colegio): “Recogimos dinero y compramos bebidas (sin alcohol), pastas, aceitunas, etc. También nos comimos un par de brazos de gitano, una tarta-flan, unas galletas, etc. que nos enviaron algunas madres. La primera parte de la fiesta la dedicamos a comérnoslo todo, mientras leíamos tebeos… Luego hicimos un corro con las sillas y fuimos hablando por turno, contando cada uno lo que quería. Sólo hablaron 12 porque se acabó el tiempo”. Otra página recoge un poema dedicado a La OTAN, que empieza así: “Hacen bombas atómicas / y bombas de neutrones, /pero nosotros no entraremos / porque somos españoles…”

 

Tres páginas recogen las noticias comentadas en clase hasta ese momento: “Nelson Piquet se proclama campeón del mundo de Fórmula I”. “La isla de Granada, en la zona del Caribe, parece que ha sido invadida por soldados de EE.UU.” “La madre de Chu-Lin, el oso panda que nació en el zoo de Madrid, murió por una enfermedad intestinal”. “Más de cien mil vascos se manifestaron en Bilbao contra ETA”. “Estos días se ha cumplido un año de las inundaciones que sufrió Fraga en 1982”. “Dos comandos suicidas cogieron dos camiones de explosivos y se estrellaron contra dos edificios del Líbano, provocando la muerte de 150 marines estadounidenses y 60 soldados franceses”… Tres páginas también hablan de las fiestas del Pilar que habían terminado hacía pocas fechas y cerraba el número de 20 páginas un cómic mudo, titulado “RIGO a través del mundo”.

 

El número 2 de La Figa sale a la luz en diciembre del 83. El papel de la portada es una hoja marrón de papel de embalar, impresa con la multicopista, que le da una apariencia bonita. En la presentación se felicita a todos el año 84 y se desea que vivamos un año “donde todos podamos trabajar, donde no estallen más bombas, donde se acaben las guerras, donde todos tengan diariamente algo que llevar a su boca, donde nadie se sienta amenazado, donde se respete a la naturaleza, donde todos nos sintamos un poco mejor y empecemos a darnos cuenta que el vuelo de un gorrión o el nacimiento de una nueva flor son hechos tan importantes que vale la pena detenerse a contemplarlos…” Ya se sabe, toda una lista de deseos que podríamos seguir repitiendo para el 2010 porque no se ha cumplido ninguno… 

Debajo del “Editorial” leemos un pequeño poema: “Un niño en la calle, / llora sin parar / porque tiene cinco años / y casi no sabe andar. / Su padre y su madre / lo han abandonado. / La gente lo mira / porque tiene la cara bonita, / pero él sigue llorando”. También el poemita de Santi podría estar de actualidad, sin duda.

 

Una de las alumnas de la clase –Antonia- que se desplaza cada año a otras tierras, con su familia, a coger aceitunas, hace un bonito dibujo a toda página de un olivo y dos personas que están realizando esa actividad; de paso nos sirve para hablar de la emigración laboral y estacional (todavía interior, en aquellos años). Un texto de ciencia ficción, una historia basada en un  hecho real y titulada “El alumno que atrapó un gorrioncillo”; textos sobre la huerta o sobre la pertenencia a la banda de cornetas y tambores, dan paso a una gráfica comparativa entre las temperaturas máximas de noviembre de 1982 y las del mismo mes de 1983 y un comentario interpretativo de las mismas, junto con otros datos meteorológicos.

En el apartado titulado “Cosas de clase”, se explica cómo funciona el tablón de noticias: una gran caja de cartón (de la que aprovechamos dos caras) y en la que pinchamos noticias relacionadas con Fraga, Aragón, España y el mundo; nuestra participación en el número 1 de la revista comarcal El Chillo en la que participamos activamente; los murales realizados con motivo del Día de la Constitución, dos de los cuales fueron bajados al Ayuntamiento, junto con los de otros colegios para una exposición colectiva; se habla de las últimas incorporaciones al pequeño museo de clase (el germen del actual Museo de Ciencias Naturales que ocupa seis vitrinas acristaladas): “una mandíbula fosilizada de rumiante, una culebra de escalera que nos trajo el padre de Gloria, dos escarabajos rinocerontes, un trozo de corteza de alcornoque…” y se explica también la biblioteca de clase: “cada quince días nos encargamos dos alumnos o alumnas de llevar el control. Cada libro tiene una ficha de préstamo con el mismo número que el que hay en el lomo del libro. Tenemos libros que hemos comprado, libros regalados, revistas, periódicos de otras escuelas, folletos informativos… Hacemos una valoración crítica del libro leído en unas fichas especiales…

Una página entera se hace eco de 28 noticias comentadas en clase y relacionadas con los cuatro ámbitos geográficos descritos anteriormente; recordamos: “Un avión Jumbo colombiano, se estrelló en el aeropuerto de Barajas, poco antes de aterrizar, muriendo casi doscientas personas”. “Seis soldados israelíes son canjeados por 4.400 combatientes palestinos”. “Empiezan a llegar a la República Federal de Alemania y a Gran Bretaña los primeros elementos de los misiles Pershing-2”…

 

A continuación, una página con cuatro poemas, titulados “Las estrellas”, “El agua”, “La ciudad” y “El petróleo”. Leemos las primeras estrofas: “Estrellas del firmamento, / que en la noches negras / del frío invierno, / brilláis gozosas / por el cielo inmenso /…”, escrita por Antonio o la que firma Julio: “¡Cómo está el petróleo! / Al precio que va / no hay quién lo compre / ni lo pueda pagar /…” o la que firma Jesús y que escribe al revés: “saciopre guaa que / jasba de la ñatamon, / rresco y rresco por / los loschuería y dascacas /…” Para terminar con la de Dolores: “Ya es de noche en la ciudad. / No se ve a nadie por las calles, / ni tampoco se oye hablar /…”

 

La siguiente página presenta el juego del tangram (que cada cual se había construido con madera o cartón duro) y presenta algunas soluciones fuera de catálogo, encontradas por distintos chicos jugando con las siete piezas de que consta.

Las siguientes dos páginas están ocupadas por un proyecto de trabajo que resultó largo pero muy interesante. Voy a dejar que sea Julio, uno de los alumnos de entonces, quien lo cuente: “En la clase hemos hecho, por grupos, diferentes maquetas sobre construcciones típicas españolas: un castillo, la masía, el hórreo gallego y el hórreo asturiano, un molino de viento, la barraca, el cortijo andaluz y la casa altoaragonés. El trabajo unos lo hemos hecho con cartón y otros con madera. En general todas las maquetas ahn salido bien. Este trabajo lo empezamos la tercer semana de ir a clase este curso y lo iniciamos muy ilusionados. Después de terminar la maqueta hemos ido haciendo una relación de todos los materiales empleados. Nuestros padres han podido verlas al tiempo que han subido a recoger las notas. Con este trabajo hemos podido aprender las construcciones típicas de España, además de hacer plástica. En este trimestre, este trabajo ha sido el más importante de los que hemos hecho en grupo, por eso no podíamos dejarlo sin hacer un comentario en nuestra revista”.

 

Aquellas maquetas fueron fotografiadas (con carrete de diapositivas) por el amigo Miguel C. y aún hoy son un testimonio de un trabajo interesante. Hicimos una exposición en uno de los pasillos del colegio e hicimos un pequeño montaje con aquellas diapositivas, más otras hechas a mano en papel cebolla que completaban la proyección, a las que añadimos un casete con músicas “autonómicas” que sonaba de fondo mientras los chicos iban explicando un poco el proceso de realización de cada una.

La penúltima página de este número 2, está dedicada a la navidad y al año nuevo, con algunos refranes recogidos en las dos lenguas, deseos y dibujos: “De nadal en t´allá, calces no´n caldrá”. “Para Navidad cada oveja en su corral”. “Pa Nadal mataren lo gall”. “En el corral, buen lechón para matar; si no me lo dan, buena caguera que les durará hasta la candelera”…

Y finaliza esta Figa con las aventuras de “Rigo a través del mundo”, unas viñetas mudas que llevan a nuestro personaje hasta China y Rusia.

 

Dejamos para futuras entregas los comentarios y resúmenes de los restantes cuatro números de que constó la aventura y así vamos, poco apoco, recuperando la memoria. A mí, particularmente, con todas las imperfecciones, me produce una contenida emoción poder leer ahora esos textos primitivos, frágiles, esas noticias que hoy podríamos rastrear por Internet, los dibujos, las pequeñas crónicas, en unas páginas en las que la tinta ha traspasado de una cara a la otra y empieza a amarillear como este otoño que se extiende a mi alrededor.

 

 

P.D.- Hoy, día 24 de octubre, se celebra desde hace unos años el DÍA DE LA BIBLIOTECA. Un ratito de lectura para celebrarlo no estaría mal…

EL PAÍS VASCO (y II): SAN SEBASTIÁN

 El día 12 de octubre, a primera hora de la tarde, llegamos a San Sebastián. Habíamos estado unas horas en la ciudad hacía seis años. Entonces, subimos directamente desde Pamplona y nos encontramos que estaba celebrándose el conocido Festival de Cine. Una de las atracciones de aquel año, sin que nosotros lo supiéramos, era la presencia en la capital donostiarra de Kevin Costner. En las pocas horas que estuvimos en la ciudad “nos lo encontramos dos veces”: una a la entrada de su hotel, el hotel Londres (los empleados del hotel María Cristina estaban de paro laboral), literalmente tomado por una buena cantidad de gente que iba en aumento a medida que se corría el rumor o la noticia de que el actor estaba al llegar. Horas más tarde, mientras paseábamos por la zona trasera del Kursaal (los dos cubos traslúcidos creados por el arquitecto Rafael Moneo), volvimos a verlo cuando salía de la rueda de prensa que había dado en el interior. Igual que la primera vez, firmó algunos autógrafos y saludó –sombreo en mano- al respetable. Guardo algunas fotos del “acontecimiento”.

 

Esta vez, llegamos a la ciudad días después de haber finalizado el afamado festival anual de cine. Nada más entrar en Donostia, cruzamos el río Urumea y “el coche nos llevó” a las inmediaciones del Kursaal. Comimos en un restaurante del barrio de Gros y caminamos hasta la zona del paseo y la playa. La primera sorpresa fue encontrarnos con una exposición al aire libre de esculturas de gran tamaño, del escultor Manolo Valdés: éstas recreaban personajes históricos y resultaban muy atractivas. Estaban situadas en el Paseo de la Zurriola. Eran de bronce y de gran tamaño y ese era el último día que se exhibían, al menos teóricamente, porque seguro que hizo falta más de un día para desmontarlas y trasladarlas a otro lugar. Es una exposición que ya ha visitado otras ciudades españolas. Pasamos un rato contemplándolas, tocándolas y retratándolas (en mi página de facebook hay varias fotografías que dan fe de ello). Fue un encuentro muy grato y totalmente inesperado. Después de los días nublados y lluviosos de Vizcaya, saboreamos el sol que iluminaba la Bella Easo y nos asomamos por encima del malecón que nos separaba de la playa de Zurriola, donde muchos valientes surfeaban con gusto.  Tras el paseo, volvimos al coche para dirigirnos al hotel. Ahí sí vivimos una pequeña odisea hasta poder encontrarlo, pero aunque alejado del centro, la recompensa fue agradable porque era nuevo y bien equipado y porque estábamos a cinco minutos del centro con parada de autobús delante de la puerta. En dos días no íbamos a acordarnos del coche porque el transporte público nos facilitaba el acceso al centro de la ciudad; el resto corría de nuestra cuenta y de nuestras piernas.

 

El reencuentro con la Concha fue muy emotivo porque esa bahía es de una belleza excepcional. A la izquierda, el monte Igeldo; a la derecha, el monte Urgull y en medio la isla Santa Clara. Había nubes en el cielo, que no amenazaban lluvia pero que ofrecían generosamente colores y reflejos a la tarde. El paseo fue largo y las sensaciones profundas. No quisimos salir del perímetro de la playa para empaparnos bien de toda su belleza. Mucha gente paseando y también, a pesar de estar ya en otoño, algunas personas bañándose o caminando por la playa aprovechando las horas de marea baja. Detrás del Ayuntamiento, concentración-manifestación por el casco viejo de quienes reclaman la independencia de Euskadi, vigilados de cerca por furgones policiales. El parque  que hay delante del edificio noble del Ayuntamiento (antiguo Gran Casino, en el que llegó a jugar la mismísima Mata-Hari), lleno de niños y niñas correteando, jugando con los columpios, sentados en los bancos… con sus progenitores: vida ciudadana variada y en plenitud, en definitiva.

 

El día 13, volvimos de nuevo a la Concha. Caminamos hasta la parte oeste de la bahía para acercarnos al Peine del Viento, la triple instalación de Eduardo Chillida, en los rompientes que, sin ser un día de mar excesivamente agitada, respondían bien a ese nombre. De vez en cuando, una sucesión de olas golpeaba violentamente contra las rocas que acogen las estructuras metálicas forjadas por Chillida y se deshacían en una masa lechosa sorprendente; a la vez, un sistema de canales subterráneos acercaban el agua del mar hasta unos orificios por los que se oía un sonoro ruido acorde con la intensidad de la ola. Es presumible que cuando el oleaje sea más contundente, por esos orificios saldrá agua directamente… El sol invitaba a quedarse un buen rato escuchando y viendo la fuerza del mar y contemplando ahora la bahía desde dentro y eso hicimos y eso hacían otras parejas: algunas posando, cual sirenas insinuantes o “majas vestidas”, para las fotos con la digital…

 

Con el viejo funicular ascendimos el monte Igeldo y paseamos por todos los caminos y recovecos que hay en la cima. Las vistas de las playas de Ondarreta y la Concha son excepcionales;  a veces enmarcadas en pinos que crecen por la ladera del monte devienen en postales de esas que ya no se irán de la retina por mucho tiempo. Definitivamente, San Sebastián es una ciudad muy hermosa. La luminosidad del día contribuye también a verla con un color especial. En el torreón que corona el Igeldo puede contemplarse, sobre todo, una exposición de fotografías antiguas y algunos objetos de otras épocas; es un pequeño museo etnológico sobre la capital, sobre Donostia. Desde lo más alto, la vista es extraordinaria y nos resistimos a bajar. Al final, tomamos de nuevo el funicular y, en poco más de un minuto y medio, estamos de nuevo abajo. Recorremos el perímetro de la playa de Ondarreta y nos acercamos hasta las inmediaciones del Palacio de Miramar, para terminar en una terraza al aire libre, al inicio de la Concha. Allí tomamos el sol y tomamos vermut, mientras tres o cuatro gorriones merodean por las mesas, se colocan dentro de los platos picoteando migajas, suben y bajan, demostrando una vez más su perfecta adaptación al medio urbano, su viveza e “inteligencia”… En su pequeña lucha con las palomas por picotear las sobras, los gorriones ganan de largo y siempre.

La tarde nos lleva a caminar, de nuevo, hasta las inmediaciones del Kursaal y a degustar las delicias de una pastelería en la que ya estuvimos en la anterior visita a la ciudad. Luego, recorremos las calle del casco viejo, todas bien limpias, con edificios notables (como en el resto de la ciudad) y nos llama mucho la atención la Plaza de la Constitución (nos recuerda un poco a la Plaza Nueva de Bilbao); pasamos por el puerto y contemplamos a un grupo de mujeres que, con gran pericia, se afanan en coser las redes de los pescadores y terminamos en la parte este de la bahía, a los pies del monte Urgull, visitando y fotografiando la gran escultura de Jorge Oteíza “Construcción vacía”.

A las cuatro o cinco de la tarde, el sol luce esplendoroso y el calor resulta muy agradable. Hay mucha gente paseando y tomando el sol. San Sebastián tiene kilómetros de paseos ciudadanos y muchas zonas peatonales. Puedes estar todo un día entero caminando, sin pasar casi por el mismo sitio y sin salir de la ciudad (esto igual es una exageración, pero yo creo que no).

 Es martes y hoy es el día que cierra el Museo Chillida-Leku, que dejaremos para otra ocasión porque esta vez el objetivo era la capital. Como también dejaremos para otra ocasión recorrer la provincia de Guipúzcoa y poder llegar hasta Deba, Zumaia, Getaria, Zarautz, Hondarribia, Irún, Hernani o Tolosa, por citar sólo algunos enclaves que, seguro, merecen ser visitados.

Cuando ya comienza a anochecer, realmente cansados de caminar, regresamos al hotel para relajarnos, leer la prensa, tomar un refresco y prepararnos para el regreso.

 

El día 14, miércoles, salimos con facilidad del estacionamiento del hotel y cogemos la autovía que debe llevarnos dirección Pamplona (por la zona de Leizarán) hasta la autopista que, pasando por Zaragoza, nos acercará a Fraga.

Una vez que pasamos los tramos de autovía con más tráfico y cuanto más nos alejamos del punto de partida, empezamos  a ver, fugazmente, paisajes preciosos: montañas cubiertas de verde: pastos y ovejas y bosques… Luego vendrán los túneles cuya apertura redujo las distancias por esta parte de la geografía peninsular: no la más alta, pero sí muy accidentada. Dejaremos Gipuzkoa y entraremos en Nafarroa y continuarán los hermosos y verdes parajes, hasta que los relieves empiecen a tornarse más suaves, más llanos y cambien los cultivos, las coloraciones de la tierra y de los montes, la arquitectura de los pueblos…

 

Como al final íbamos bien de tiempo, decidimos parar en Olite, villa desconocida para nosotros, en tierras de Navarra, de la que sólo sabíamos que tenía castillo. Visitamos su mencionado emblema medieval (con la compañía de dos o tres grupos numerosos y ruidosos de chavales) y luego recorrimos sus calles reconociendo en la vetustez de sus piedras, en los arcos de las puertas, en las ventanas trabajadas, en las balconadas y aleros, etc. un pasado importante. No en vano, “el Palacio Real (el castillo, en definitiva) de Olite vivió durante la Baja Edad Media una época de esplendor que lo situó a la altura de las cortes europeas más lujosas”. Allí vivían los Reyes de Navarra. Olite cuenta con Museo del vino (que no vimos) y con afamados vinos (que sí compramos). Nos gustó la placidez de aquel pueblo en un día laborable y comentamos que fue un buen remate para finalizar esta estancia de cinco días en territorios vascos. Llegamos a Fraga a primeras horas de la tarde con la urgencia de poner lavadoras, de recomponernos y descansar. Los viajes te permiten desconectar de lo cotidiano y, en ese sentido, tienen  algo de medicinales, pero son extremadamente cansados: estar fuera de casa, comer más y más fuerte, caminar más de lo habitual… y se agradece el regreso para sedimentar lo visto y vivido y volver a la rutina de la que quisimos, por unos días, alejarnos. Así somos de contradictorios.

 

P.D.

1.- Hablando de esculturas, en el Palacio Montcada de Fraga podemos disfrutar de una preciosa exposición de esculturas del artista Lorenzo Quinn. Interesante el vídeo donde muestra procesos creativos, reflexiones en torno a su trabajo y secuencias de la realización del mismo. Las “manos”, la “mano” son protagonistas centrales de su obra.

 

2.- Anoche, Ángeles Caso fue distinguida con el suculento Premio Planeta de 2009 por su libro “Contra el viento”, con la emigración como protagonista. Ángeles fue una de las autoras elegidas para leer sus libros en el Grupo de Lectura NOSOTRASLEEMOS (http://www.nosotrasleemos.bitacoras.com), hace ya un tiempo. Personalmente me alegro por ella. Me gusta cómo escribe y cómo habla.

EL PAÍS VASCO (I): BILBAO Y PARTE DE VIZCAYA

Hay geografías que uno no acaba de conocer nunca porque la vida y el azar lo transportan hasta allí siempre fugazmente… Durante varios años, el regreso del Viaje de fin de Primaria desde Cantabria tenía como penúltima parada Bilbao. La intención, desde que se abrió el museo, era visitar el Guggenheim con los chicos y chicas. La parada duraba lo que nos costaba dar una vuelta por el exterior y visitar los interiores del complejo y muy atractivo edificio. Finalizada la visita, vuelta al autocar y salida de la ciudad por el mismo lugar que habíamos entrado.

 

Estos días de octubre, coincidiendo con las fiestas del Pilar, hemos viajado con Mercè hasta el País Vasco, con intención de conocerlo un poco mejor. Conocerlo bien supondrá regresar hasta allí unas cuantas veces más, pero eso ya es hablar del incierto futuro.

Llegamos a Bilbao el sábado día 10 de octubre a primera hora de la tarde. El viaje desde Fraga, por autopista, cuesta menos de cuatro horas, aunque tomándolo con calma y parando un par de veces se alargue hasta las cuatro y media, aproximadamente. Una vez instalados en el hotel, salimos a caminar y recorrer el casco viejo de la ciudad: Ayuntamiento, Iglesia de San Nicolás, Teatro Arriaga, Mercado de la Ribera, Plaza Nueva y calles aledañas, para empezar. Sorprende la Plaza Nueva llena de elevados soportales y arcos espectaculares que cierran un gran recinto rectangular, lleno de bares y terrazas, donde poder comer excelentes pinchos y donde tomar unos cafés con leche, llenos de espuma cremosa. Al día siguiente comprobaríamos que los domingos por la mañana, los soportales de dicha plaza se llenan de puesto de mercadillo donde comprar libros viejos, plantas, minerales y fósiles, recuerdos de todo tipo…

 

Las calles del casco viejo son bastante espaciosas y hay una animada afluencia de público que callejea o se sienta en las terrazas de los bares, al aire libre, aunque esté goteando o lloviznando ese tozudo chirimiri que, poco a poco, va calando en la ropa.

Cuando salimos de esa zona, nos dirigimos a los alrededores del Guggenheim y allí comienzo mi festival fotográfico. Exteriormente, el museo es ya una grandiosa obra de arte y desde cada ángulo puedes percibir una nueva forma, un nuevo reflejo. Como la tarde está por lloviznar y parar y medio salir el sol, la luz va cambiando y la visión también. Toda la ría se ha vuelto peatonal y se aprecia una transformación que la ha devuelto a la ciudad, convirtiendo lo que, sin duda eran recintos industriales o portuarios, en un espacio ciudadano por el que pasa gente incesantemente, la atraviesa por puentes de nueva factura y puede contemplar el esplendor de los viejos edificios pero también el de las nuevas construcciones, en las que el vidrio gana la partida.

 

Una de casualidades, de las que tanto me gustan. Ese sábado compramos El País en Fraga, pero no lo leímos hasta el anochecer, antes de salir a cenar, tras un descanso en el hotel. En el suplemento Babelia, descubrimos que en las páginas 16 y 17, se le hace una entrevista precisamente a Frank O. Gehry, el arquitecto autor del Guggenheim de Bilbao. No deja de ser curioso que, en el mismo día, coincida esa entrevista en el número 933 de dicho suplemento y nuestra llegada a la ciudad. Es probable –casi seguro- que en algún otro número o en varios del suplemento hayan hablado también de Gehry, pero sonreímos por la coincidencia. Al día siguiente, domingo día 11, volveremos a sorprendernos porque en El País Semanal, aparecen cuatro páginas con este título: “La mujer que enseñó arte a Guggenheim”, un reportaje en el que se explica la relación de Hilla von Rebay con Solomon R. Guggenheim que desembocó en la creación y apertura del Museo Guggenheim de Nueva York, (en 1937), aunque posteriormente, en 1959, se abrió en su definitiva ubicación con el edificio obra del arquitecto Frank Lloyd Wright. Y ahí quedó la cosa.

 

El domingo por la mañana, el viaje terminó en la localidad de Plentzia. Lluvia intermitente mientras recorrimos sus callejas, situadas como gradas escalando el promontorio en el que sobresale la torre de la iglesia con funciones de campanario y torre vigía sobre la ría. En el escudo que hay en la fachada de la casa Torre Barri se encuentra, según dicen los papeles, uno de los epígrafes más antiguos documentados en euskera: “Muxica arerioacaz aginca, Butroe celangoa da oroc daquie garaia nago eria gordeazo”. La leyenda está traducida en varios sitios, así que te la dejo como un ejercicio de búsqueda documental para lograr descifrarla. Bonito el museo dedicado a las actividades pesqueras y a los viajes marinos a tierras americanas de esta villa volcada al mar. Situadas ahora en un pequeño parque se encuentran algunas piedras de molino: molino de marea de Gazteluondo, que funcionó en la margen derecha de la ría hasta 1960. Al verlas no pude evitar acercarme y fotografiarlas, como homenaje al esfuerzo de mis amigos belgas Luc y Anny que han escrito un precioso artículo para el próximo “gurrión” y que viajaron hasta Epernon (cerca de París) para recabar información y realizar algunas fotos sobre la fabricación en esa localidad francesa de piedras de molino que llegaban hasta el Sobrarbe. En el regreso hacia Bilbao nos acercamos a unos preciosos acantilados, en las cercanías de Sopelana, y a un parque-paseo que permitía una bonita vista de la villa de Getxo.

 

Ya de vuelta, Bilbao nos recibió con un tiempo inestable; subimos en ascensor hasta una zona alta de la ciudad desde la que pudimos contemplarla con un nuevo ángulo de mira. Allí, curiosamente, una ciudadana a quien preguntamos por el santuario de Begoña, nos animó encarecidamente a que bajáramos de nuevo a la zona de la ría para volver a subir en romería hasta la ermita (junto con toda la gente que empezaría la ascensión hacia las siete de la tarde) puesto que ese día era precisamente Nuestra Señora de Begoña, “…y por eso van las niñas vestidas así”, nos dijo, señalando a sus hijas pequeñas balanceándose en un columpio. Agradecimos el consejo pero lo dejamos correr. No habíamos venido a Bilbao para ir de romería y mucho menos para bajar desde donde estábamos y volver a subir andando y continuar hasta lo alto del monte. No obstante, la propuesta fue divertida…Tomamos varias fotografías y descendimos caminando para salir casi delante de la Universidad de Deusto.

 

La primera vez que escuché ese nombre fue de labios de mi padre. Estuvo allí tres meses confinado cuando aquello cambió de centro universitario a campo de concentración, en la pasada Guerra Civil. Allí vivió experiencias agridulces. Las primeras, relacionadas con el régimen disciplinario interno, el hacinamiento, la escasez de alimentos, el mercado negro y, en general, con el estado del prisionero que no sabe ni por qué ni hasta cuándo. En el número 91 de la revista El Gurrión (correspondiente a mayo de 2003), páginas 22 y 23, escribí un artículo titulado “Mi padre estuvo en la Universidad” en el que contaba algunos de sus recuerdos de ese tiempo y de esa experiencia. Decía que los recuerdos eran agridulces: el único recuerdo dulce era la presencia, cada dos o tres días, de la mujer de un teniente que le traía, sobre todo, alimentos recién cocinados: “un pan redondo abierto y lleno de sardinas rebozadas o carne empanada o costillas rebozadas…” Cuando lo recordaba aún le parecía mentira que aquello hubiese sido verdad; alimentos que compartía inmediatamente con los “amigos” que el azar colocó a su lado. La casualidad hizo que el teniente que había almorzado muchos días en nuestra casa de Labuerda viviese en Bilbao y que mi padre fuese a parar allí. Cuando se enteró, se puso en contacto con su esposa y le rogó que fuera a visitar a mi padre y le llevase todo lo que le hiciese falta.  El teniente servía en el bando nacional y mi padre estaba preso por servir en el republicano. La humanidad en aquel tiempo ya no sabía de colores ni banderas (en algunos casos). Lamenté interiormente, delante de la fachada del noble edificio, que mi padre no pudiera nunca más viajar a Bilbao y pasearse por delante de aquella Universidad en la que estuvo un tiempo sin pagar la correspondiente matrícula, pero pagando un peaje inolvidable.

 

El paseo, ría abajo y ría arriba, del resto de la tarde nos desveló definitivamente lo que la ciudad ha recuperado, muy probablemente, a la sombra impulsora de ese gran centro de la cultura que es un Museo Guggenheim: los puentes del Ayuntamiento, de Zubi Zuri, de la Salve, de Deusto, de Euskalduna permiten pasar de un lado a otro de la ría con facilidad; otros edificios como el controvertido (por su imagen externa) Palacio de Congresos y de la Música, el Museo Marítimo, el Palacio Euskalduna, la futura sede de Iberdrola, el extenso parque que se sitúa delante del museo y los paseos y las zonas peatonales que permiten caminar horas y horas.

 

El día 12 partimos con lluvia de la capital de Vizcaya y nos dirigimos hacia Gernika-Lumo (camino de San Sebastián). Queríamos visitar esta ciudad (que imaginábamos más pequeña) y que tanto simbolismo acumula, tras el bombardeo que sufrió por parte de la aviación alemana en la pasada Guerra Civil. Mientras estuvimos en sus calles, no cesó ni un momento la lluvia. Aparcamos cerca del mercado que cada lunes se llena de productos hortícolas y artesanales y que atrae a una gran cantidad de gente: frutas, verduras, ristras de pimientos rojos para secar, setas, planta de lechuga, de coles, etc., alubias de distintas formas y colores, quesos, flores, herramientas… La lista es realmente interminable. El euskera se escucha por todas partes, como lengua de comunicación. Compramos un kilo de las afamadas judías de Gernika y un queso. De allí fuimos a la Casa de Juntas. Visitamos la Sala de Juntas, donde se celebran algunas reuniones políticas y donde se produce el juramento del Lehendakari. Siguió lloviendo. Nos hicimos fotos en el exterior, junto al tronco del roble cuyo ciclo de vida finalizó en 2004 y fue sustituido por el actual, plantado en 2005, con 19 años de edad. Recogí algunas bellotas del suelo que tenían buena pinta y salimos de ese entorno simbólico e histórico para dirigirnos a visitar las esculturas de Eduardo Chillida y Henry Moore, situadas en el Parque de los Pueblos de Europa y posteriormente hacer una fotografía del Guernica de Picasso, reproducido en cerámica, a tamaño natural. También fotografié el bonito rótulo de las “Escuelas Públicas” de la ciudad, esculpido en las fachadas de dos grandes edificios que se miran de frente; lo hice con gusto porque, incomprensiblemente, los responsables políticos de cargaron hace tiempo esa denominación de escuela o de colegio público, sustituyéndola por esas inefables siglas que no quiero ni reproducir. El tiempo inclemente nos disuadió de otras visitas y volvimos al coche para continuar nuestro viaje hacia la capital de otra de las provincias vascas… Pero eso tendrá que ser contado en otra ocasión.

 

P.D.: José Saramago está en Italia y afirma que no hay diferencia entre la escritura de un blog y la literatura. Su último libro “El cuaderno”, es un repaso literario de la actualidad mundial escrito a lo largo de un año y medio en su blog (http://cuaderno.josesaramago.org). Y como esto es un blog también, pues me alegro mucho.