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VIEJOS PAPELES (VI)

Antes de que finalice el año, quería yo dar un paso más en el asunto de reseñar esta serie de revistas escolares que publicamos en el curso escolar 83-84 con el nombre de LA FIGA. Supuso realmente una pequeña, pero muy interesante, (y, desde luego, costosa) aventura editorial. Editamos seis números y hoy quiero dedicar mi atención al número 5 cargadito de páginas (28, nada menos, en formato folio) y, por tanto, de noticias, textos, poemas, ilustraciones, refranes, etc. Materiales todos que nos refrescan la memoria y que nos permiten reconstruir lo que hicimos hace 25 años… De no haberlo escrito, casi todo estaría ya enterrado en el baúl negro del olvido. Por tanto, pedagógicamente, escribir viene a significar “luchar contra el olvido” y dar una segunda oportunidad o muchas más de que las cosas que se hicieron puedan recordarse de manera más exacta.

 

Este número 5 se publicó en abril de 1984: portada en cartulina azul con cinco grandes círculos que nos recuerdan temas de su contenido: primavera, vacaciones, semana santa y 23 de abril; además de la identificación de la revista.

Hay una página entera dedicada a los trabalenguas inventados: “Un tratante de tractores trató de tratar con tres tractoristas tratantes sobre trece tractores bien tratados…” (Julio). “Una teja muy teja dijo a un tejo muy tejo: ¡Hola, don Tejo! Y éste contestó: ¡Hola, doña Teja!, y los dos se fueron tejando por el tejado” (Santi). “Un yugoslavo yugoslavito se rompió un dedito. ¿Cómo le arreglarán el dedito al pobre yugoslavo yugoslavito? (Óscar)…

Según nuestras mediciones y nuestros cálculos, durante el mes de marzo de 1984 la temperatura media total (considerando las máximas y las mínimas) fue de 9´5 ºC.

Los juegos con la rima, dieron algunos refranes o frases como éstos: “La primavera llegó a y a mí me acatarró”. “Un año, un siglo, una era… y siempre, la primavera”. “Un árbol, una flor… Una primavera de amor”. Cantando viene la PRIMA; llorando se va de tu VERA”. “En marzo llega la primavera y hasta junio, ésta, se queda”…

 

El capítulo de “Noticias de la clase” se abre con la correspondencia y se reseña que desde el número anterior se ha recibido información de la embajada de Bulgaria (que entonces era un país lejano y desconocido). No podíamos imaginar, en aquel lejano 1984 (por otra parte, título de una novela muy celebrada, escrita por George Orwell) que, 25 años después, muchas personas de ese país vendrían a vivir y a trabajar a Fraga y sus hijos e hijas asistirían en número considerable a nuestra escuela. También dejamos constancia de la llegada de dos revistas o periódicos escolares de Torrente de Cinca y de Pont de Montañana, con quienes hacíamos intercambio.

 

Durante aquel segundo trimestre “estuvimos haciendo trabajos con cartón, marquetería, motores… Había que hacer algo que tuviese movimiento. Todavía no lo hemos terminado pero por la clase pueden verse: muñecos articulados, coches, una noria, aviones, robots…” “Estamos haciendo la colección de cromos de Willy Fog y ya casi la tenemos terminada. Nos faltan los números 21, 49, 53, 62 y 91, así que si alguien tiene alguno de esos, que se ponga en contacto con nosotros”. “Desde hace ya varios días, hemos ido trayendo a clase libros viejos y otros materiales que se emplearon hace años en la escuela. Una vez hecha la ficha de cada libro u objeto, los hemos ordenado y hecho una pequeña exposición”. “Esta última semana del trimestre van subiendo al colegio nuestras madres y padres para ser informados de nuestro trabajo y rendimiento por parte de Mariano”

La página 6 de ese número, hoy también resulta sorprendente, puesto que está compuesta por un diálogo en francés, entre François Miterrand y Philippe González (Presidentes entonces de Francia y de España), ilustrado. Una página preciosa compuesta por Julio (Jules, claro). La página resulta sorprendente porque hace ya muchos años que se desterró el francés de nuestra escuela.

 

A continuación, se ofrecen veinte páginas especiales. Como el número de la revista salía en el mes de abril, dedicamos buena parte del mismo al Día del Libro, de modo que todos los niños y niñas de la clase escribieron un texto literario o un poema para participar en él. Hago un repaso por algunas colaboraciones.

Amaya escribe “El futuro en sueños”: “…Una vez que llegó se instaló allí construyendo una casa de cristal. Pasaron los años y el astronauta seguía viviendo en al luna. En la Tierra se le daba por desaparecido. Durante los años que había permanecido en la Luna, el astronauta había hecho exploraciones e investigaciones en ella…”. Gloria escribe “La rosa, el musgo y la niña”: “Había una vez una niña que imaginaba que hablaba con una flor. Su madre la llamó para almorzar y mientras almorzaba, le contaba a su madre aquel sueño. Su madre le respondió que cómo era posible que soñara tales barbaridades…” Teresa y su “Cuento fantástico”: “… Cuando pasaron esos años, yo ya iba a sexto B y las actividades ya eran más difíciles… Así que un sábado estaba yo sola en casa y estaba fregando los platos y por la tele apareció una mujer que dijo: - Teresa, ya sé que tienes problemas y te vengo a ayudar, por eso te concedo siete deseos…

Rafa titula su aportación con un onomatopéyico: “¡…UUUUUUUUUUUhhhh! Y dice “Cuando estoy en la cama pienso, a veces, que si saco algún pie por debajo de la manta, vendrá algún monstruo a mordérmelo o comérselo…” Evelyn prefirió escribir un poema que comienza así: “Lluvia cristalina / que mojas los extensos campos, / que das de beber a las flores / y que alegras a los agricultores /…”

En casi todos mis sueños yo soy el protagonista. Siempre soñamos lo que no somos, lo que no podemos hacer…” Así comienza su texto “Sueños”, Santi y éste es el poema sentido y siempre actual de Esther: “Canta un pájaro. / ¿Será un gorrión o un ruiseñor? / ¿Dónde estará?, ¿en un árbol?, / ¿en el río bebiendo? / El apreciado pajarillo no aparece. / Si no fuera por la avecilla / no sé qué haríamos. / Él nos da ánimos y alegría / con su trino. / Pero la industria avanza… / Hasta que sólo quede uno / con una mascarilla de oxígeno / en una sombría jaula”. Loli también confecciona un poemita, más festivo que el anterior, con el título de “Mi amiga y yo”: “Tengo una amiga / que se llama Maribel / y tiene once años / como mi prima Esther…” Y termina con esta estrofa: “Vamos al colegio / Miguel Servet / porque stá muy cerca / y se pasa muy bien”.

 

Julio hace gala de su sentido del humor y de su atención a la actualidad con esta larga poesía que narra los problemas fronterizos entre España y Francia. Empieza así: “Los franceses y españoles / siempre están destrozando camiones, / y después dicen los ministros / que cada uno tiene sus razones. / Pasan sigilosamente / la frontera / y después van / por la carretera/…” Continúa con un “El otro día nos llevamos un chasco / por el ametrallamiento / de un pesquero vasco…” Y termina con un juicio severo: “Toda la culpa la tienen los franceses / los de los camiones / y los que se meten / con nuestras embarcaciones”. Con un título muy expresivo despacha su colaboración Miguel Ángel: “Aventuras que no hay quien se las crea”. Para muestra un botón: “De allí volamos a Bombay y menuda sorpresa cuando nos encontramos a Gandhi leyendo un libro en una cantina. A Eusebio (el mono que acompaña al protagonista multimillonario) le dio mucha alegría porque hacía tiempo que no lo leía. Lo entrevistamos, nos tomamos una naranjada y de regalo nos dio las gafas, ya que le caímos muy bien. Nosotros le regalamos un sombrero para que no tuviera frío en su gran calva…”

 

Antonia dice, en lo que titula “Adivinanza difícil”: Mi padre nos cuenta a menudo historias que sabe y que nos gustan mucho. Era una reina que estaba soltera y quería casarse. Para ello se comprometió a que todo el quisiera podía hacerle una pregunta; en el momento en que no supiera contestar se casaría con el que había hecho la pregunta. Pasaban los días y muchos hombres le iban preguntando cosas bien difíciles, pero la reina tenía contestación para todo tipo de preguntas, consultando libros, pensando, etc.

Un día apareció por allí un albañil que le recitó lo siguiente para que se lo explicase:

 

“Rosa, ¡qué triste fuiste! / Al primer paso que diste / tropezaste con la muerte. /Si te corto es cosa triste / y dejarte con la vida / es dejarte con la muerte”.

 

La reina empezó a pensar y no hallaba solución. Tampoco en los libros encontró la respuesta. Como tenía gran curiosidad, le pidió al albañil que le explicara el significado y esto fue lo que le contó: “Un día encontré una vieja calavera cubierta de tierra. Encima había nacido una rosa. Entonces pensé, si la corto es cosa triste, porque le quito la vida y si la dejo con vida, como se halla encima de una calavera, la dejo con la muerte”.

Lo que no sabemos es si la reina se casó con el albañil después de comprobar su ingenio”.

 

La vieja fuente” es el poema escrito por Amaya: “La fuente, / la vieja fuente del pueblo / ha visto risas y tristezas, / mozas con cántaros, / mozos a la espera. / ¡Cuántos sueños…! / ¡Cuántos amores…! / ¡Cuántas quimeras…! / Todas las conoce, / la vieja y sabia / fuente de piedra”. Toni, escribe unos versos dedicados a la amistad o al amor, describiendo un proceso totalmente natural como se puede leer… “Junto a un árbol / estaba yo, / en las orillas del río / viendo correr las cristalinas aguas. / Por la cabeza me pasaba una idea, / y pensaba en ella / aquel día de verano. / De repente, ella apreció por allí / y yo sin saber qué hacer. / Se me pusieron los carrillos rojos / igual que a ella / y los dos nos quedamos / sin saber qué decir. / Al cabo de un rato / nos pusimos ya de acuerdo los dos / y con una fuerte sonrisa / ya éramos nuevos amigos”. Un relato de “Ecología-ficción” es el compuesto por Alberto: “… Un día al amanecer se vio que toda la gente corría mucho pues decían que habían invadido la tierra. Todo el mundo abandonó la ciudad, todas las calles estaban desoladas. De pronto, una nave bajó del cielo, los dos árboles observaban… Minutos más tarde aparecieron unos seres y en un abrir y cerrar de ojos…

 

No es posible seguir por la extensión que está tomando este texto, pero debo decir que he pasado un buen rato releyendo estos escritos que compusimos con gran esfuerzo, para darles forma de revista escolar, hace un cuarto de siglo. Quedan aquí esbozados unos cuantos para significar, como decía al principio, la importancia de realizar este tipo de trabajos con los chicos. Hoy todo puede resultar más rápido y más cómodo, por la utilización de webs, blogs y demás instrumentos electrónicos, pero en el pasado, componer una revista o una monografía requería una buena inversión de tiempo. Precisamente con el paso del tiempo, todo aquello adquiere más valor. De todos modos, realizar este tipo de trabajos en el aula, requiere concebir la escuela y el trabajo a desarrollar en ella de una manera especial; sin esa concepción, la aparente facilidad de los nuevos medios no servirá de nada. Buen año 2010.

CASABLANCA

Casablanca es una película estadounidense de 1942, dirigida por Michael Curtiz. Protagonizada, entre otros, por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en los papeles principales. Narra una historia romántica durante la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad marroquí de Casablanca, bajo el control del gobierno de Vichy… La película se rodó completamente en estudios y no en la ciudad marroquí, como podría parecer… Pero no voy a hablar de la citada película, a pesar de que el título pudiera darlo a entender. Simplemente me ha parecido sugerente alimentar ese equívoco, para empezar.

Objetivo: Instituto Cervantes de Casablanca. Invitación a dar una charla-conferencia con el título: “Cómo hacer al niño lector”, en la biblioteca de dicho centro.

El viaje, una aventura en solitario hacia un país desconocido, con una cultura diferente y también con una organización de la vida distinta a lo que uno está acostumbrado. Los viajes en avión, con la RAM (que, en contra de lo que pudiera parecer, no es una marca de leche, sino la compañía aérea Royal Air Maroc). Tras la llegada al aeropuerto de la ciudad, paso los controles de pasaportes y busco al taxista que debe llevar una hoja de papel con mi nombre, pero al que no encuentro, en medio de una muchedumbre de gente que espera la salida de los pasajeros. Deambulo por entre los que esperan hasta que encuentro a un hombre alto y moreno con la hoja en la que está escrito mi nombre a la altura del muslo (y no levantada como estaban otras). Salimos de la sala y otra muchedumbre mayor se aglomera, formando dos extensas filas de personas, en la salida a la calle (son familiares de los peregrinos que están regresando de La Meca, me entero). Subimos a un viejo mercedes de gran tamaño y enfilamos la carretera y ¿autopista?, que desembocará en la ciudad. Las imágenes que voy viendo me hacen sonreír, en algunos casos y preocuparme en otros: rebaños de ovejas pastan en las cunetas de la citada autopista, pudiendo entrar en ella en cualquier momento… La entrada a la ciudad se ralentiza por el tráfico intenso y bastante caótico… Después de una hora llegamos al hotel…Y así será el regreso.

Javier C. también ha llegado desde Valencia para dar una conferencia sobre el músico  Ruperto Chapí. Nos presentamos y decidimos formar una “sociedad limitada” mientras dure la estancia. Él ha llegado por la mañana y ha encontrado un “italiano” para comer que está muy bien. Cenamos el primer día y comemos el segundo en el mismo restaurante. Damos un largo paseo que nos lleva hasta “La Grande Mosquée Hassan II” (La Gran Mezquita Hassan II), construida al lado del mar. Las aguas violentas del Océano Atlántico golpean los muros de la misma. Impresiona el monumento, con capacidad para 25.000 personas y la tercera más grande del islam. Su minarete tiene una altura de 200 metros y el recinto es tremendamente grande y maravilloso en los detalles: filigranas, arcos, columnas, azulejos y mosaicos… Todo es esplendoroso, una demostración tremenda de poder y de obra bien hecha… Contrasta que nada más bajar del nivel de la plaza, a un supuesto paseo marítimo, éste se halle sin asfaltar, con charcos y basura. La línea que separa la pobreza de la opulencia, como en tantos otros sitios es extremadamente delgada y poco racional.

Por otro lado, llaman la atención: terrazas llenas de antenas parabólicas; muchos mercedes viejos utilizados como taxis; los “petit taxi” más populares, son la mayoría de la marca peugeot, modelo 205, de color rojo; talleres mecánicos y de chapistería muy frecuentes; tráfico intenso y un punto caótico; peligrosos pasos cebra; convivencia de gentes de muy distinto nivel económico (al menos, en apariencia); los boulevares o calles importante contrastan enormemente con las estrechas calles que unen unos con otros; mucha gente por la calle; ningún problema; gente mostrándose con mucha amabilidad; el francés se escucha constantemente, (lo mismo que el árabe, claro); hay que pagar en dirham (DH), no aceptan euros. Y me enteré de lo que gasta un móvil...

En el Instituto Cervantes, me reciben Lucía, Laura y Rosa (la directora) y la charla transcurre de manera muy agradable, con mucho interés y muchas preguntas en francés (necesito traducción en algún caso) o en castellano, de modo que alargamos media hora más, pero no da tiempo a repasar todo lo escrito y preparado… Al poco de finalizar, comienza la otra en un salón de actos, sobre Chapí, alternando las palabras de Javier, con la actuación de un trío lírico, formado por María, Abel y Pablo. Una delicia escucharlos a los cuatro. Al finalizar, la cena, las risas, las anécdotas y el “after” posterior en una casa próxima… No desvelo más secretos de esta aventura marroquí. Este post lo termino con la inclusión de una parte de la introducción y otra del colofón de la conferencia que escribí:

A modo de introducción:

 “A los padres y a las madres, a las maestras y los maestros y a los representantes de otros grupos sociales relacionados con la infancia, nos gustaría que los niños y las niñas se hicieran lectores y lectoras sin ningún esfuerzo ni dedicación especial y con mucho contento; tal como, la mayoría de ellos y ellas, se hacen amantes de las golosinas, del chocolate en tableta, de los juegos callejeros, de los dibujos animados, incluso del desorden en su habitación… sin mediar recomendación alguna y sin dedicar un “día” al año a recordar la actividad… Pero sabemos que nuestro íntimo deseo está muy lejos de la realidad. Por eso, lamento decir, ya desde el comienzo, que este esperanzador título no tiene un final muy feliz.

 

La lectura, como el amor, no puede imponerse. Sobre por qué leemos o cómo nos enamoramos no sé si se ha escrito mucho, pero se sabe poco… Sobre ambas cuestiones tenemos poco control. Desconocemos qué se activa en nuestro interior pero un día nos enamoramos irremediablemente y desconocemos qué tecla y qué o quién la debe tocar para que nos hagamos lectores de por vida.

 

No es necesario gastar mucha saliva o dedicar mucho tiempo a predicar las virtudes de esta práctica. Los adultos, si estamos íntimamente comprometidos con la causa, debemos ejercer de modelos lectores, leerles en voz alta, sugerirles libros, ofrecerles espacios y tiempos para comentarlos… comportarnos con naturalidad ante un fenómeno, la adquisición de hábitos lectores, que nunca fue ni será multitudinario. Y no perder de vista la educación de la sensibilidad, habituándoles, desde pequeños, a otras lecturas, que no requieren libros, pero que preparan para la curiosidad, el respeto y la interpretación: “Leer una amplia sonrisa, leer una mirada, leer las arrugas de las manos, leer una caricia, leer un abrazo, leer una puesta de sol o la acogedora sombra de un árbol, leer el canto de los pájaros, leer una noche estrellada, leer la fuerza del río, leer la rebeldía, leer la alfombra amarillenta del otoño, leer un trabajo solidario, leer los sueños nocturnos, leer la salida del sol, leer la brisa fresca de la mañana, leer un apretón de manos, leer el fruto del árbol, leer la fertilidad de la hojarasca, leer la esperanza de la lluvia, leer la suavidad de una caricia, leer unas manos que han trabajado … 

 

A propósito de todo ello, como feliz coincidencia, encontré no hace mucho una cita del escritor recientemente fallecido, Francisco Ayala que me gustaría compartir, porque enlaza perfectamente con lo anterior:

 - “Nunca sentí yo esa contraposición de lo vital y lo libresco que parecen encontrar otros. Una lectura ha sido en todo instante para mi experiencia, de calidad análoga a la de un paseo por el campo, la visita de un museo, el viaje a la ciudad desconocida, una comida en compañía o en soledad, quizá alguna enfermedad y su consiguiente convalecencia, un concierto, una conversación amistosa… cosas todas que pueden ser tan memorables o tan triviales como la lectura de tal o cual libro…”

 

(…) (un paréntesis de 19 folios...)

 

 

Y ya, como colofón

 

Soy hijo de agricultores y quiero terminar tocando con los pies en la tierra. Aprendí de mis padres muchas cosas que no quisieron conscientemente enseñarme. No estuvieron repitiendo todo el día: deberías aprender esto o lo otro, fíjate aquí o allá… Acompañé, desde niño, algunos de sus trabajos, viendo lo que hacían y colaborando en algunas faenas, sintiendo el frío o el viento en el rostro y en las manos, el calor en todo el cuerpo; soportando el cansancio de una larga caminata hasta el monte; comprendí el significado del esfuerzo y del sudor, compartí las ilusiones de la siembra o de la plantación y la alegría o la decepción de las cosechas; supe que las cosas había que hacerlas siempre bien, porque ya había factores o personas que se ocupaban de enredarlas… A pesar del cuidado y el esmero, de la dedicación y del compromiso con la tierra; a pesar de enterrar las mejores semillas en una tierra acariciada y bien abonada, algunos años, la cosecha era desoladora, mientras que otros años, con el mismo tratamiento, invitaba a la fiesta y a la alegría. Pero nunca hubo un desmayo; cada nuevo año agrícola se trabajaba con el mismo interés, con igual ímpetu, con parecida esperanza de obtener, al final, la recompensa justa de una buena cosecha. Esa fue una buena lección que no he olvidado: el tesón, la constancia, el esfuerzo necesario…

 

No nos queda otra con el tema de la lectura. Sabemos ya que no es bueno obsesionarse; que hay que predicar menos y dar más ejemplo; que no hay que contraponer el ejercicio de la lectura con el cultivo de otras aficiones; que no es una actividad siempre divertida; que desde que los niños y las niñas son pequeños debemos estimular su práctica; que debemos regalarles lecturas en voz alta en casa y en la escuela; que debemos atender a las nuevas tecnologías y al futuro, que el libro puede ser un alargamiento de nuestra mano que lo deposita amablemente en otra mano; que es mejor tomar el asunto con naturalidad… Sabemos que podemos hacer algunas cosas que nadie juzgaría como contraproducentes, pero también sabemos –como el agricultor- que antes de recoger la cosecha puede cruzarse un elemento desestabilizador que la arruine y haya que volver a empezar. Nuestro papel como mediadores: padres, madres, maestros y maestras, bibliotecarios y bibliotecarias y demás personas en contacto con la población infantil es importante, pero no debemos nunca perder de vista que, al final, la decisión de engrosar la nómina de personas lectoras o no, está exclusivamente en manos de cada niño, de cada niña, de cada adolescente, de cada persona. Y que así será, nos traiga el futuro lo que nos traiga.”

 

LA HOJARASCA OTOÑAL

 Bajo los árboles caducifolios se congregan, cada otoño, todas las hojas que nacieron la pasada primavera. Es un rito de inmolación colectiva de la parte más frágil y cambiante de esos esbeltos seres vivos que causan admiración y nos proporcionan tantos beneficios. Las raíces, el tronco y las ramas van creciendo, en un caso ganando profundidad y en otros, grosor y altura casi ininterrumpidamente, contribuyendo a que el árbol tenga un porte más esbelto y distinguido… Las hojas, en cambio, son apéndices de vida efímera. Ponen una nota de color, visten al árbol en primavera y trabajan denodadamente para fabricar alimento y oxigenar el ambiente, sin saber que su existencia quedará reducida a seis o siete meses, después de los cuales, los designios de la naturaleza y la ley de la gravedad, las irá depositando –tras una lluvia vegetal avivada por el viento y por el tiempo- bajo el esqueleto transparente del árbol o el arbusto en el que nacieron y crecieron.

 

1.- Pasear por el monte, en estos días primeros de diciembre, con una benigna temperatura y con un sol espléndido es, realmente, un ejercicio gozoso. Me gustan especialmente los bosquecillos de robles (el entrañable “caixigo”, en lengua aragonesa), limpios de otros arbustos que conforman un suelo totalmente alfombrado con las hojas caídas: hojas lobuladas, en algunos casos con tintes amarillentos o ya obscurecidas por el incipiente proceso de descomposición. Hay toda un fauna invisible e inaudible que vive en los suelos montesinos, que se refugia debajo de esa capa protectora de hojas y que contribuye, junto con la humedad, a la descomposición gradual de estos restos vegetales que acabarán incorporados al humus del suelo y servirán de alimento, a su vez, a los mismos árboles o arbustos en los que nacieron y se desarrollaron: una aportación extraordinariamente fraternal, pues las hijas alimentan en parte a sus padres, si se me permite este símil.

 

Recorriendo estos días decembrinos, de anochecer temprano, los campos y los montes, uno va poniéndose en contacto con hojarascas diferentes. Cada árbol produce la suya. Por un lado, en los huertos y campos puedes ver la del almendro, la del manzano, peral o melocotonero; incluso la del avellano; también la del nogal o la de la morera… Cerca del río, los chopos ya hace días que soltaron las últimas hojas amarillas y algunas jóvenes hayas, crecidas en latitudes inhabitúales, debido al transporte fluvial de los hayucos, también han desprendido sus coloridas hojas, con tonalidades anaranjadas… En el monte, el roble es el rey de la hojarasca, pero también el rosal silvestre quedó desnudo y lo mismo le pasó al serbal y a los jóvenes arces… Y debajo de las perennes encinas hay una ligera alfombra de las hojas que se van renovando imperceptiblemente; lo mismo que ocurre con las sabinas, los enebros y los pinos… Y en ese humus fértil, cubierto ahora de hojas, está saliendo una cosecha espectacular de setas, en un tiempo poco habitual, pues a estas alturas del año, lo propio es que algunas heladas nocturnas hubieran acelerado todo el proceso descrito y los hongos se hubieran quedado sin pretexto para asomar sus vistosos sombreros que causan tanta admiración y tanto deseo.

Hemos disfrutado recorriendo el monte, armados de cesta y navaja (y, en mi caso, de máquina de fotos), porque hacía muchos años que no se producía una cosecha de robellones tan espectacular (incluidos tamaño, apariencia y sana constitución), así que además de comerlos acompañando variados guisos, es necesario poner algunos en conserva para reencontrarnos con ese sabor a monte con el discurrir del tiempo. Las fotos, por su parte, podrán convertirse en uno o varios bonitos álbumes en ese territorio universal y compartido que ha definido el sorprendente facebook.

 

2.- Otra tipo de hojarasca la forman las hojas de los periódicos que al ser de publicación diaria se acumulan de manera casi imperceptible pero constante. Estas hojas caducan cada día, por lo que hablando de prensa o de hojas de periódicos, estamos en un otoño permanente. Es cierto que se trata de una hojarasca especial porque, aunque haya pasado el tiempo, si revisamos ejemplares antiguos es fácil que encontremos un artículo, una fotografía, una viñeta, un titular que nos llama la atención y que, con el paso del tiempo, ya no recordamos si leímos en su día, pero que ahora tenemos una nueva oportunidad de recortar o de leer.

 

 

2A.- Aprovechando esta circunstancia, quería comentar un par de noticias, de las que he tenido noticia estos días de diciembre, extraídas o rescatadas de esa gran “hojarasca periodística”, aunque en este caso de reciente publicación. Por un lado, una que hace referencia a Víctor Jara, el cantautor chileno que nos dejó hermosas canciones y que pagó con su vida su compromiso inequívoco con la libertad y la justicia. Víctor fue asesinado en 1973 por los sicarios del inefable dictador chileno Pinochet (y con el consentimiento de éste), en las salas lúgubres del Estadio Nacional de Santiago de Chile. La casualidad de que un admirador suyo reconociera su cadáver acribillado y torturado, hizo posible que su viuda Joan Turner pudiera inhumarlo, de manera casi clandestina y en la más absoluta soledad, el 18 de septiembre de 1973, siete días después del golpe.

 

El pasado 4 de junio, la detención de uno de sus posibles asesinos obligó a  exhumar sus restos y proceder a la realización de una nueva autopsia de la que se ha derivado un informe brutal que no quiero pormenorizar, pero que se resume en 44 heridas de entrada y 32 de salida; heridas de bala, se entiende, que acribillaron su cuerpo de manera salvaje. El pasado 5 de diciembre  se celebró el entierro multitudinario de los restos (36 años después de aquel entierro clandestino). Esta vez, su viuda y sus dos hijas estuvieron acompañadas por miles de chilenos que no olvidan el dolor y la rabia, la brutal represión de una dictadura salvaje y consentida (como tantas otras) por las grandes potencias del mundo que, como en otras ocasiones, miraron hacia otro lado. Gervasio Sánchez habla de ello en su serie “Los desastres de la guerra” que publica en el Heraldo de Aragón y aporta un emotivo testimonio: “Durante la dictadura militar algunos autores populares cantaban sus canciones más emblemáticas en los autobuses de línea de Santiago. El silencio siempre era estremecedor y puedo asegurar que nunca escuché quejarse a un solo pasajero en mis múltiples viajes a Chile desde noviembre de 1986. En su tumba siempre se renovaban las flores colocadas por manos anónimas”.

 

Cuando escribo esto, no dejan de acudir a mi mente algunos de sus versos: “Te recuerdo, Amanda, / la calle mojada /corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel. / La sonrisa ancha, / la lluvia en el pelo, / no importaba nada / ibas a encontrarte con él, / con él, con él…” Y suenan como un presentimiento macabro aquellos otros de su canción “Preguntas por Puerto Montt”, que dicen: “Murió sin saber por qué / le acribillaron el pecho / luchando por el derecho / de un suelo donde vivir.“¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!”, dice en su canción “Estadio Chile”, pocos días antes de su muerte. ¡La muerte!..., que se había llevado ya a Salvador Allende y que, en pocos días visitaría también a Pablo Neruda… ¡La muerte! que dejó un país con cicatrices imposibles de cerrar en mucho tiempo.

 

He recortado esa hoja de periódico (rescatada de la “hojarasca periodística”) y, cuidadosamente doblada, la he depositado dentro del libro “Víctor Jara” escrito por Galvarino Plaza en 1976 y publicado por Ediciones Júcar en Madrid, que compré en Barcelona el 28 de enero de 1978.

 

2B.- La otra noticia se refiere al fallecimiento de Jordi Solé Tura, el pasado 4 de diciembre, enfermo desde hacía ya unos años de alzheimer. Nacido en 1930 en Mollet del Vallés (Barcelona), hijo de una familia de panaderos fue un hombre clave en el proceso de transición política española y uno de los siete padres de la Constitución. Activo militante comunista desde el PSUC (Partido Socialista Unificado de Catalunya), dirigió Radio España Independiente, fundó la formación Bandera Roja y conoció el rigor de las cárceles franquistas. Fue diputado en varias legislaturas y, bajo el Gobierno de Felipe González, fue Ministro de Cultura.

 

Siempre me pareció una persona de verbo inteligente y respetuoso y un hombre de honesta trayectoria política. Leí, en El País, los artículos que escribieron sus compañeros de aventura constitucional: Miquel Roca, Gregorio Peces-Barca y Miguel Herrero y, aunque ya se sabe que cuando uno se muere aumenta de valor para quienes lo recuerdan, no eran palabras desmesuradas ni alabanzas gratuitas.

 

Lo recuerdo especialmente en este post porque, el día 16 de agosto de 1991 compartió unas horas con la gente de Labuerda y de la comarca de Sobrarbe, con motivo de la inauguración de la emisora de Radio Sobrarbe. Hay pues, además, una razón de proximidad, estimulada en mi caso por la contemplación del álbum de fotos que guardo desde aquel día. Resulta que por aquellas fechas –era ya Ministro de Cultura- estaba pasando unas jornadas de descanso en el Parador Nacional de Pineta y los socialistas de la comarca lo invitaron a la citada inauguración, de modo que a media mañana se presentó en Labuerda, donde fue recibido por distintas autoridades y público en general. En la Casa-Escuela, en el segundo piso, se celebraron los parlamentos, el corte de la cinta y las entrevistas en la emisora comarcal. Posteriormente, fue acompañado hasta el primer piso (donde hoy se sitúa la Biblioteca Municipal) para visitar una exposición que habíamos montado, titulada “La escuela del ayer”, recreando un aula de los años sesenta. Le expliqué al Ministro lo que allí había y le invité a sentarse en uno de los pupitres y a escribir en el cuaderno de visitas, con la plumilla y la tinta de tintero de plomo. Puso interés en revisar cuadernos de distintos alumnos y alumnas, álbumes de labores, libros viejos, enciclopedias, estampas religiosas y algunos materiales escolares antiguos: medidas de capacidad, esfera del mundo, mapas murales, etc. Un buen puñado de fotos recogen algunos de esos momentos y ahora que leo los escritos que le recuerdan en vida y lo azarosa que le resultó en los últimos tiempos, privado de su memoria y de la posibilidad de reconocer a los suyos, también recuerdo su visita a Sobrarbe y a Labuerda y le veo en las fotos, con 18 años menos y pienso, una vez más, en lo rápido que pasa el tiempo.

 

Por cierto, la hojarasca, cuando alfombra los suelos de los montes, de los campos, de los huertos… esconde debajo formas de vida, rugosidades del terreno, frutos caídos…que pugnan por hacerse visibles de alguna manera. El tiempo también actúa como la hojarasca y sume en el olvido fragmentos de la vida personal, acontecimientos significativos, personas relevantes… Y luego, buceando en él (me refiero al "tiempo-hojarasca"), es posible que encontremos la forma de revivir aquellas sensaciones, de volver a recordar a personas que fueron importantes, de recuperar vivencias que parecían olvidadas… Porque de la hojarasca que siempre creímos unida a la muerte, en muchas ocasiones, surge la vida. Que tengan un buen mes de diciembre.

 

 

VIEJOS PAPELES (V)

 

Acompaña la tarde… Cuando comienzo este texto, está lloviendo de manera suave y pausada y yo creo que la lluvia y la nostalgia casan muy bien; como el pan con chocolate, el huevo frito y el chorizo o el hogar encendido y la lectura de un libro… Creo que es el momento adecuado para retomar la serie de  VIEJOS PAPELES y abordar el capítulo cinco de la misma.

 

Hace ya unos días, me había quedado hablando del periódico escolar LA FIGA (números 1 y 2). Hoy tengo delante de mí el número 3, que igual que el 4, tienen tamaño cuartilla. Corresponde a los meses de enero/febrero de 1984 y comienza con un curioso diagrama de barras con los datos de la presión atmosférica correspondientes al mes de diciembre de 1983, tomados en el exterior de la ventana de la clase. Tomábamos datos con termómetros y barómetros con el fin de manejar mediciones reales a la hora de calcular medias o de construir gráficas.

Una página está dedicada a “Las cuentas de la clase”, con un movimiento de caja (en el que se anotan como cantidades totales) 19.081 pesetas de ingresos y 18.040 pesetas de gastos. La partida más grande en uno y otro apartado correspondía a la compra de libros de lectura para la biblioteca de aula. Me resultaba más cómodo acudir a la librería y comprar tantos libros (todos diferentes y de diferentes precios) como niños o niñas hubiera en clase, dividir el total por el número de chavales y que todos pagaran lo mismo. Al final de curso, tras sorteo, cada cual se llevaba un libro a su casa. Dentro del capítulo de ingresos, anotamos una cantidad de 1.695 pesetas que correspondía a la venta de postales. Con ese dinero comprábamos también libros para la clase. Elegíamos tres o cuatro modelos de postales diseñadas por los chicos y hacíamos copias en cartulina blanca, utilizando la “gelatina” como técnica de impresión. Luego, poníamos cada una en un sobre amarillo y las vendían en casa o por la calle en vísperas de Navidad, puesto que podían utilizarse para felicitar a la familia o a los amigos en esas fechas.

 

La revista narra la celebración a mediados de enero de la fiesta de San Antón, con bendición de los animales y encendido de hogueras (unas sesenta, se aporta en la noticia). Se dice que la Peña Fragatita entregaba la noche de las hogueras, cinco kilos de longaniza en cada una de las que se habían encendido y en la ilustración del texto, se recuerda al “saltador de hogueras” que suele aparecer cuando ya las llamas han decaído y que suele contagiar su ejercicio a algunos presentes que se animan también a atravesar de un salto las pequeñas llamas o la extensión de brasas… En otra página se recogen algunos aspectos de la tradición, como que se adornaba a los animales, que ese día no se les sacaba al campo a trabajar y que, en ocasiones, se les daba un trozo de pan bendecido previamente, entre otras cosas.

 

Antonia ilustra un poema suyo, con un dibujo silueteado en sombra. El poema se titula “bonitos recuerdos” y dice así: “Qué bonito es / lo que estoy recordando: / cuando tú me mirabas / y el sol nos enviaba un rayo. / Cuando estábamos juntos / el cielo nos alumbraba / y cuando nos separábamos / éste se apagaba”.

Hay más poemas en este ejemplar de veinte páginas. Veamos qué dice Amaya sobre LA NOCHE: “Silenciosa, con paso callado / llega la noche / cuajada de estrellas / apagando sonidos / del diario trajinar. / Desde mi ventana, / también yo en silencio, / presencio esa llegada / que en mi alma infunde / ideas y anhelos / de amor y de paz”.

Alberto, por su parte, nos habla de “El Parque”: “Niebla. Soledad. / Bancos vacíos. / Y junto a todo eso, / la tristeza./ Tristeza del anciano / porque los niños no están. / ¿Qué ha pasado? / La época invernal / ha hecho que los niños… / no corran por allí, / no griten por allí. / Los niños han marchado, / como los pájaros / a lugares cálidos”.

Curioso, cuando menos, que los nombres de los tres poetas comiencen por la letra “A”.

 

Hay una página llena de eslóganes que hablan de la guerra y de la paz. El 30 de enero es el Día Escolar de la No Violencia y de la Paz y, seguramente, estuvimos reflexionando sobre ello y decidimos escribir algo: “Las personas que viven la guerra se desesperan, mientras que las que viven en paz, contentas están”. “Vida a la paz y muerte a la guerra; ese es el principio de una nueva era”. “La guerra ha llegado y yo me he marchado”. “La paz es bonita y ojalá sea infinita”. “Cuando te vi con la bomba, pensé que llevabas una zambomba”. “Palomita de la paz, tienes que trinar y con la rama en el pico no lo conseguirás”

 

Tres páginas ocupa un precioso dibujo y unos textos sobre la visita al taller de cerámica Arellano de Fraga. La visita la realizamos el día 13 de enero, entre las cuatro y las cinco de la tarde: “… El Señor Arellano nos hizo demostraciones con un torno eléctrico de cómo se manejaba el barro. Nos hizo tres figuras: una vasija, un cenicero y una especie de jarrón; también nos demostró la diferencia entre las figuras hechas a mano y las que se hacen con moldes (…)  Hablando con él anotamos las siguientes cosas: La tradición alfarera en la familia viene de muchísimos años, por lo menos cuatro generaciones. Para que puedan cocerse las figuras, la temperatura del horno tiene que llegar a unos mil grados. Para hacer el modelo de “la fragatina” (la escultura de bronce que hay en el centro de la Plaza de España de Fraga) estuvieron trabajando durante dos meses. Venden piezas en países europeos y en EE.UU. La decoración de las piezas se hace con barnices y esmaltes especiales. (…) En una de las paredes del taller hay un cuadro de cerámica con una poesía que dice: “Oficio noble y bizarro, /entre todos el primero. / Porque en el trajín del barro / Dios fue el primer alfarero / y el hombre el primer cacharro”.

 

Ha dejado de llover, pero la bruma asoma por el horizonte. El cielo sigue nublado, las últimas hojas otoñales se han desprendido en silencio y yacen mojadas alfombrando el suelo. La noche abre su enorme boca para tragar con rapidez los últimos minutos de luz que le quedan a este domingo que casi pone fin al mes de noviembre…

 

Tomo en mis manos el número 4 de LA FIGA, dedicado, casi monográficamente, a la fiesta de carnaval. El ejemplar tiene fecha de marzo de 1984. Leo una especie de editorial que escribí para iniciar el número: “… A lo largo de la historia, el carnaval ha sido una fiesta extraordinariamente controvertida y ha gozado intermitentemente de ardientes defensores y frecuentes prohibiciones (¡cuántas palabras largas, ¿no?!). A pesar de todo, ha sido y es una fiesta que se ha conservado en casi todas las culturas del planeta, prueba de ello son las múltiples manifestaciones que podemos contemplar de la misma…”

En ocasiones, me hace gracia releer lo que escribí hace tantos años y calibrar si hoy escribiría lo mismo o lo rompería directamente…

 

Esta es la crónica que cuenta cómo se desarrolló la segunda celebración del carnaval en el colegio: “Un día se propuso celebrar el carnaval como lo habíamos hecho el año anterior. Días más tarde hicimos una asamblea para ver de qué nos disfrazábamos. Al final, y tras varias propuestas, hicimos una votación, decidiendo disfrazarnos de personajes de terror o de trogloditas. Llegó el día y algunos vinieron de casa disfrazados. Cuando ya estábamos todos listos, salimos al patio y fuimos viendo cómo desfilaban los demás cursos que también iban disfrazados: unos de abuelos, otros de cocineros, de indios, de payasos, de brujas, de robots, de cartas de baraja… Cuando terminó el desfile quemamos un muñeco que habíamos hecho en nuestra clase y los cuatro cabezudos que también habíamos hecho, participaron en el desfile. Al final hubo una gran chocolatada que fue preparada por las madres”.

 

Una página recoge un bonito dibujo del patio con el “rei carnestoltes” ardiendo, los cabezudos y algunas personas disfrazadas y otra página reproduce la letra de una canción que “se cantaba o recitaba durante el carnaval por las calles, antes de la pasada Guerra Civil” y que finaliza con una enigmática estrofa: “¡Adiós, Pepe, que me voy!, / tengo otro que me espera, / si quieres saber quién soy, / soy tu amante verdadera”.

 

Se recogen anotaciones del ayer y del hoy del carnaval en Fraga, así como una lista de refranes y dichos de la fiesta y también se dedica un pequeño informe a ”La rifa del tocino”, costumbre veterana en la que se sortea uno o dos cerdos entre los poseedores de un boleto que han comprado con anterioridad. La rifa se suele hacer en la Plaza se San Pedro de Fraga, momentos antes de comenzar la fiesta de Carnaval…. Otra página ofrece detalles de cómo construimos cuatro cabezudos en clase; un trabajo realizado en grupos y que dio resultados muy vistosos. Pone el punto y final al tema central, Esther con esta poesía: “Fraga es hermosa en carnaval, / pues nada en un mar de alegría. / Los fragatinos se transforman en personajes imaginarios. /Todo son burlas de los humanos serios. / Nadie piensa en la avaricia. / Todos corren y saltan, / van a quemar a carnestoltes / y, junto a él, las tristezas. / Pasados esos días, todo es serio, / y se sumergen en un mundo de monotonía”.

 

Otra página describe nuestro trabajo realizando mosaicos de verdad, con las teselas en que, el padre de un niño de la clase (albañil), convirtió unas cuantas baldosas de colores. Buscamos información sobre los mosaicos romanos de la cercana Villa Fortunatus y realizamos ese trabajo plástico aprovechando que en la asignatura de Sociales estudiábamos el Imperio Romano.

 

Amaya vuelve a escribir un poema titulado “La ciudad”: “La ciudad es agobiante, / llena de coches, / de humo / y de edificios / hasta las nubes. / De noche / es un espectáculo / digno de ver. / Todas las calles / están iluminadas / por grandes farolas. / Bancos, tiendas, / fábricas y parques / se quedan vacíos. / La ciudad / está en silencio / hasta que despierte/ del profundo sueño.”

Una página de pasatiempos; otra que nos recuerda el tiempo del mes de febrero de aquel año, otra que guarda un poema y una ilustración de Óscar, el cómic de la última: “Rigo celebra el carnaval” y la de las noticias de clase:

..“Hemos enviado varias cartas a distintas embajadas de países extranjeros en España. De momento hemos recibido contestación de Estados Unidos, Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Austria, República Federal Alemana y la URSS” (evidentemente, eran otros tiempos).

.. “Estamos barnizando los cabezudos para que no se les pegue el polvo de la clase. Ahora quedan mejor y ya estamos terminando los mosaicos”.

.. “El pasado día 15, jueves, tres alumnos de la clase, elegidos por votación, se trasladaron al pueblo de Alcolea de Cinca para participar en una mesa redonda en la que se habló de la escuela: trabajo, deberes, exámenes, notas, experiencia escolar… fueron algunos temas. Antes se habían debatido en la clase, en asambleas”. Curioso que en 1984 hasta los chavales pudiesen hablar y cuestionar NOTAS, EXÁMENES, DEBERES… Hoy día ni los maestros y maestras (salvo una pequeña minoría) se atreverían con ello. Yo hace tiempo que digo que AVANZAMOS HACIA ATRÁS; curiosa forma de avanzar, sin duda…

 

La noche ya es cerrada y todo lo anterior, el trabajo de esta tarde de domingo. Trabajo que me gustaría ofrecer a los posibles lectores y lectoras de este blog, como un testimonio de algunos fragmentos de vida escolar de hace más de 25 años. Una mirada al pasado suele informarnos de dónde venimos y centrar las coordenadas de por dónde andamos, no lo olvides. Buena semana.

VIAJE A TIERRA ASTURIANA

Hemos vuelto de Oviedo, capital del Principado de Asturias, después de vivir una experiencia singular. El jueves pasado tras una secuencia de viaje que podríamos resumir así: casa-taxi-tren-taxi-avión-taxi-hotel, llegamos a la hora de comer, a la ciudad de Oviedo, muy nombrada y celebrada hace pocas fechas en los medios de comunicación, con motivo de la entrega de los premios Príncipe de Asturias.

 

A lo largo de los días 19, 20 y 21 de noviembre se celebraban las VII Jornadas de Animación a la Lectura, con el tema de “Bibliotecas escolares. Recursos y materiales”. A pesar de que el título de las jornadas contenía esa rima espontánea, no era la poesía el tema central de las mismas, aunque también estuvo presente.

Para mí, decía, ha sido una nueva experiencia porque he viajado acompañado de dos mujeres que son madres de niños o niñas del colegio y que colaboran en el funcionamiento de la biblioteca escolar. El hecho de poder desplazarnos fuera de la comunidad autónoma y participar en una actividad de formación del profesorado siempre es un acto de reconocimiento de un trabajo realizado a lo largo del tiempo. En este caso, no estamos hablando de un experimento o de una experiencia (¡estamos incomprensiblemente rodeados de supuestas experiencias que, como han funcionado tan bien y así se suelen contar…, ya no se repiten!), sino del desarrollo constante de un equipamiento que quiere mejorar las condiciones de enseñanza-aprendizaje del alumnado del centro y el centro mismo.

 

Habíamos sido invitados a dar un taller y, en este caso, los “talleristas” éramos tres personas: dos madres (que aún podrían ser maestras, si retomaran los estudios) y un maestro (que nunca podrá ser madre). Titulamos el taller: “Biblioteca escolar. Un puente entre la palabra y la mente” y allí nos presentamos con una maletita de materiales escritos e ilustrados y dos grandes cajas, enviadas previamente por recadero, con otros materiales de mucho interés.

 

Debíamos realizar tres veces el taller: viernes por la mañana, viernes por la tarde y sábado por la mañana; tres horas seguidas para cada uno de ellos. En contra de lo que podría parecer, un tiempo escaso que suele dar para presentar muchas cosas, pero no poder profundizar más que en unas pocas.

El taller lo iniciaba con una presentación (de la que utilizaba unas pocas diapositivas) para centrar el tiempo del que venimos y la situación en la que nos encontramos; algunos documentos electrónicos que mostraban posibilidades de escribir partiendo de fotografías o hacer pequeños trabajos de investigación; alguna referencia a este blog que es ya un cuaderno de vida, un orificio por donde mirar y comunicarnos (de boca a oreja) y una permanente invitación a la lectura, la reflexión y la escritura… Continuaba con la descripción del protocolo que seguimos para realizar dos actividades de dinamización cultural del colegio al año, partiendo de la biblioteca escolar, e iba mostrando materiales impresos o electrónicos que confirmaran y certificaran lo que estaba diciendo.

Mostrar, explicar y colocar en las manos de las personas asistentes, para promover el contagio (esperemos que no el de la jodía gripe alfabética): libros libres: plegables y desplegables, de tamaño cuartilla, de tamaña folio y estrechos, de tamaño folio sin doblar; álbumes de cromos o pósteres para completar en el desarrollo de algunas actividades; libros con los que habíamos finalizado algunas de las actuaciones y que llegaban a todas las familias como recordatorio, resumen y con expresa invitación a ser leídos; publicaciones monográficas que recopilaban folklore oral infantil; repertorios alfabéticos para trabajar la búsqueda documental; varios ejemplares del boletín Bibliotelandia que recoge la memoria de todo lo que se gesta en la B.E. o se genera a partir de la misma; libritos construidos a partir de la lectura de un libro y el intercambio de opiniones con el autor o autora del mismo con quien nos habíamos puesto en contacto a través del correo electrónico o del blog… Todo ello, aderezado con las palabras que deben ser el hilo conductor de todo lo que se muestra, se explica y se justifica. En cada taller propuse una pequeña actividad de escritura para mostrar qué poco cuesta producir “libros libres colectivos”, cuya lectura posterior, por habernos aportado datos de interés, puede darnos pie a establecer sorprendentes debates. Una lista de “meacuerdos”, una interesante “cabreoterapia” o un texto resumen de un tiempo pasado, usando solamente parejas de palabras “nombre-adjetivo calificativo” fueron las estrategias empleadas, junto con la invitación a los presentes a afinar el sentido de búsqueda en las lecturas de libros, de poemas, de periódicos y encontrar algunas “fórmulas” que podemos desarrollar en el aula.

 

Tras ocuparme, por espacio de dos horas de todo lo anterior. Fina E. y Nati I. (las dos madres) contaban a los presentes cómo y desde cuándo colaboraban activamente con la biblioteca escolar; qué pasó por su cabeza cuando dieron ese paso; qué razones consideran aún válidas para hacer ese esfuerzo; cómo ha sido la trayectoria de este grupo, después de siete años de funcionamiento; la importancia de que uno o varios maestros y maestras apoyen decididamente su trabajo para contrarrestar los efectos de quienes pueden no ver con buenos ojos su presencia en el colegio; El gran valor que tiene el hecho de que los miércoles de tres a cinco de la tarde tengan reservada la biblioteca para uso exclusivo de las madres; hablaron también del trabajo que hacen las madres que ornamentan la biblioteca y mostraron la página web nueva  http://www.madrescuentacuentos.com/ en la que van colocando los diferentes capítulos de su ya importante trayectoria. Mostraron algunos materiales que habían traído, que ellas mismas dibujan, pintan, visten, etc., como soportes necesarios para contar los libros, siempre dentro de la biblioteca, y contaron cuentos al profesorado asistente. Contestaron todas las dudas que el profesorado planteaba y ya en la fase final del taller, mostrábamos unas fotografías que hice el pasado miércoles en la biblioteca, en la que diez madres estuvieron trabajando para dejarla casi lista, con el tema de “animales salvajes”; unas fotos que mostraban un lugar de encuentro y de trabajo, en el que nadie posaba, simplemente era sorprendida haciendo una tarea: una arrodillada en el suelo pintada, otra también sentada en el suelo recortando una silueta; dos o tres colgando una enorme serpiente enroscada en una cuerda; otras colocando animales de peluche en los huecos de las ventanas… Al final, recogíamos los aplausos que nos dedicaron siempre y nos íbamos de la sala algo cansados, pero muy contentos. En todas las sesiones hubo quien se quedó un rato la final para tomar una dirección, dedicarnos unas amables palabras, reconocer las muchas ideas nuevas con las que se iban a casa, felicitarnos, ofrecernos su dirección de contacto, etc.

 

Elvira N. fue quien nos llamó para participar en ese evento y quien nos atendió en todo momento. Con Emilio U., ilustrador de primer orden, charlamos mucho (recordábamos nuestro encuentro en Cuenca, el pasado mes de julio), escuchamos su charla sobre ilustración y asistimos al nacimientos de “nuevos manolitos” en cada libro que nos firmó. Maryta B., venida de Argentina, contó cuentos tras el acto inaugural y ofreció también tres talleres con el título de  La palabra, base de la animación a la lectura”; Mar M. y César M. se ocuparon del tercer bloque de talleres, centrados en la creatividad y la expresión, como posibles caminos hacia la literatura. Ramón L. habló de la LIJ en la RED; Juan José L., con Paco A. y Elvira N., en una mesa “rectangular”, comentaron aspectos de la LIJ en la actualidad y Dolors I. se ocupó de blogs y de Webs que invitan a leer y escribir.

 

Las comidas y cenas, en compañía de esas y otras personas fueron momentos memorables. Conversaciones, sentido del humor, comentarios sobre el trabajo que habíamos venido a desarrollar o el que hacemos habitualmente,  descubrimientos sorprendentes… Osvaldo B., argentino, con una dialéctica brillante, con sentido del humor, ojos de pillastre, expresión de felicidad y una buena mano para improvisar caricaturas y textos breves acompañándolas, amenizó esas reuniones gastronómicas, en las que participó con tanta fruición que nos animaba a todos. No me olvido de Daniel, de su cadenciosa "habla argentina", que se ocupó de los asuntos administrativos y de intendencia con mucha eficacia. Probamos “tablones” con embutidos y quesos, “buey a trocitos”, pixín, chipirones encebollados, cecinas… regados con sidra escanciada con todo el arte imaginable en la zona de la Gascona, pisando los suelos húmedos de sidrerías como “El Pigüeña” o “Tierra Astur”… Poco turismo pudimos hacer porque los horarios eran apretados y no había tiempos muertos para poder salir a caminar…

 

Tiempo también para el reencuentro personal con amigas asturianas con las que ya hace años tenemos relación y hemos tejido una consistente red de afectos e intercambios: Rosa P., Leticia S., Rosa S. Ana Jesús F. Cuando viajas o regresas a una tierra y puedes hilar una conversación sosegada con personas con las que te unen algunos lazos afectivos es un regalo añadido e impagable y con todas ellas, maestras con definido criterio, larga experiencia bibliotecaria, itinerario pedagógico significativo, sentido común, dilatada experiencia y mucho trabajo a sus espaldas, la conversación no es banal, sino un peldaño más de aprendizaje, salpicada de risas y de guiños afectivos.

 

El sábado, 21 de noviembre, hicimos la secuencia de viaje inversa: hotel-taxi-avión-taxi-tren-taxi-casa y pusimos fin a una aventura bibliotecaria de tres días en tierras astures. Fuimos con la idea de aportar una visión constructiva y razonable de cómo puede actuarse desde una biblioteca escolar para favorecer algunas prácticas o algunas modificaciones metodológica (si hay voluntad de hacerlo) y cómo crear canales de participación para las familias. Ojalá lo hayamos conseguido, al menos en parte, porque, en definitiva, hemos tratado de ofrecer algunas estrategias, mostrar algunos materiales, definir algunos itinerarios para que el personal se ponga a trabajar ya, porque nunca es bueno esperar tiempos mejores, ya que corremos el gravísimo riesgo de que no lleguen. Creo que Nati y Fina podrían contar las mismas u otras impresiones y espero que lo hagan en los comentarios, pero me parece que han vivido una experiencia muy especial; también lo ha sido para mí, compartir el tiempo de trabajo con ellas (sobre todo porque es una situación inhabitual, esa de juntarse un maestro y dos madres e ir a un lugar a “dar clase”) y por eso me alegro mucho de haber contribuido a que haya sido posible este viaje y esta pequeña aventura. Regresamos con un buen recuerdo de Asturias.

 

P.D.:

1.- El Gurrión 117 ya está en mis manos y espero que esta semana lo esté en las de suscriptoras y suscriptores.

2.- Fuerza para mi amigo Kepa O,, que hoy pasaba por el quirófano; por tanto: “¡San Perico de los Palotes, que se cure bien y pueda pegar botes!”

 

 

TRES EN UNO: CURSO, CARTAS, HUMOR...

 

1.- Esta semana que se cierra hoy, participé en el curso que deben hacer las maestras y maestros que aprobaron el pasado año las oposiciones. Son gente de variada edad, de composición intergeneracional, me parece a mí, puesto que algunos y algunas da la sensación de que no hace mucho que terminaron los estudios y han trabajado muy poco en la escuela, mientras que otros y otras ya llevaban un buen puñado de años en el tajo, por tanto ya saben de qué va el asunto.

 

El curso tiene un título sugerente “La voz de la experiencia”. Sugerente porque da la sensación de que quienes lo han pensado han apostado decididamente porque transmitir la experiencia personal puede resultar beneficioso para quien escucha. Cierto que la experiencia suele estar bastante denostada en nuestra sociedad occidental (a veces, utilizada como sinónimo de viejo o anticuado) y que suele servir de bien poco, porque cuanta más experiencia tienes, menos oportunidades te quedan de beneficiarte de ella. De todos modos, no es lo mismo tener experiencia (que puede ser sinónimo simplemente de tener muchos años), que tener experiencia significativa, que es la que acumula alguien que dedicó su vida a un trabajo activo y estuvo siempre en la pomada de la innovación, del aprendizaje, del intercambio (sea el campo que sea).

 

Mi misión era la de ofrecer a las personas asistentes unos datos personales y de vida y luego incidir en el tema de las bibliotecas escolares. Aproveché, de paso, para darles algunos consejos, relacionados con la profesión: que guarden muestras de lo que hacen, que lean y escriban, que intercambien materiales, que divulguen su trabajo, que no se funcionaricen, que sean innovadores, que no se rindan fácilmente, que no sean invisibles, que se sientan orgullosos del oficio elegido, que vayan conformando un itinerario pedagógico personal…

 

Sobre Bibliotecas Escolares poner de manifiesto, una vez más, las carencias formativas en origen (primer problema) que impiden, ya de entrada, que las personas que terminan la carrera lo hagan con un conocimiento y una práctica del equipamiento que ¿van a encontrar en el centro? ¡Segundo problema! Es muy probable que dicha instalación no se halle en la mejor situación, que nadie quiera saber nada o que no haya habido un trabajo constante con suficientes referencias y ejemplificaciones que sirvan de punto de mira o de banco de experiencias desde donde “reiniciar”… El trabajo voluntarioso que se nos exige para ocuparnos de dignificar la biblioteca escolar requiere una buena dosis de militancia, de convencimiento ético… Pero luego, mostré una amplia gama de trabajos y actividades que podemos hacer a partir de las potencialidades documentales de la Biblioteca Escolar. Por enumerados ya en anteriores ocasiones, no lo hago esta vez; sólo señalar el interés de muchos asistentes por tener en las manos “libros libres”, álbumes de cromos”, recopilaciones de folklore oral, pósteres, boletines informativos, cuadernillos de trabajo, repertorios alfabéticos, recortables… documentos que nacieron de trabajos íntimamente relacionados con la biblioteca escolar: centro de dinamización cultural del colegio, lugar donde se anima a escribir, se fomenta la lectura y se practica la educación documental… Si se quiere, claro.

 

2.- Llegaron, una vez más, esta semana las cartas de Nicaragua. Me encargo de mantener activo el intercambio epistolar con el colegio Doris María Morales Tijerino de Managua, por propia iniciativa; colegio con el que hay un hermanamiento establecido. Cada cierto tiempo, un par de veces al año normalmente, sale un paquete hacia Managua conteniendo material sensible para el profesorado y los chicos del citado colegio y llega otro de vuelta, con cartas nicaragüenses. La asimetría de los cursos, nos perjudica un poco. Por ejemplo, allí tiene las vacaciones de verano para estas fechas; eso significa que hasta primeros de febrero del próximo año no volverán al colegio. Por el contrario, cuando llega junio somos nosotros quienes nos vamos de vacaciones y ellos siguen el curso con normalidad. Como todas las cosas requieren tiempo, entre que se envía el paquete, llega, leen las cartas los chicos y chicas, elaboran otras de respuesta, esperamos un poco más para tener más materiales para enviar, etc. pues eso, que el tiempo pasa rápido y gracias que podemos mantener esos dos envíos anuales para refrescar esa relación epistolar y transoceánica.

 

 Envié el último sobre a finales del mes de junio pasado. Contenía cartas escritas por el alumnado de sexto y una selección de materiales realizados en el colegio desde el anterior envío: ejemplares de la revista escolar “Mírame”, kit completo de los materiales elaborados en la biblioteca para desarrollar el trabajo sobre “maletas de poesía y de poetas”: el póster para los pequeños y el álbum de cromos y antología poética para el resto; los dos “Bibliotelandias” del curso; los “libros libres” realizados: “Meacuerdos”, “Todos nosotros”, “Siguiendo la estela”, “Cinco lobitos tiene el recuerdo”, “Nuestras poesías”… Y una amplia muestra del glorioso final de temporada del Barça. Fui recogiendo las páginas de los periódicos generales: El País, La Vanguardia, Público… que reflejaban las victorias en la Copa, Liga y Liga de Campeones, porque en las cartas que habíamos recibido con antelación, muchos niños y niñas se declaraban seguidores del Barça… En definitiva, todo aquello que uno piensa, puede resultar curioso y motivador para unos chicos y un profesorado que vive en otro lugar y padece, en general, algunas carencias materiales.

 

Esta semana, como digo, ha llegado una nueva remesa de cartas y también algunas sorpresas. Una de las más agradables ha sido una pequeña muestra de fotos en la que se ven chicos y chicas del “Doris” leyendo las revistas o los “libros libres” o las páginas de los periódicos que he nombrado. Emma y Karen son las dos personas adultas que se encargan de recibir y de enviar. Emma trabaja de administrativa y su entusiasmo lo muestra en las comunicaciones que nos intercambiamos y en lo cuidado que llega todo y Karen es la profesora que debe convencer a los chavales para que escriban las cartas-respuesta a las que han recibido de España. Emma nos ha enviado un tríptico del Centro Educativo Doris María Morales Tijerino, encabezado por un lema que dice: “Por una educación plena e integral” y un triángulo jalonado por tres palabras (tantas como lados) que son: “Patriotismo, Estudio, Disciplina”. En la contraportada del tríptico aparecen tres fotografías en color, entre las que está la de nuestra clase del pasado año, que certifican los intercambios culturales que mantienen con Noruega y con España.

 

Esas cartas “subirán” el lunes al colegio para que alguna compañera posibilite que las lean los chicos y chicas de quinto o de sexto y poder empezar ya a escribir otras que serán enviadas a finales de trimestre para que cuando nuestros amigos empiecen el nuevo curso las tengan ya sobre la mesa y comience la relación con un grupo nuevo. Palabras que van y vienen sobrevolando el océano; palabras y dibujos; curiosidad y esperanza.

 

3.- “Con sentido del humor” es el título de una sección quincenal que mantengo y alimento en el Escolar del Heraldo de Aragón. Este es el sexto año consecutivo que escribo intentando proponer actividades de lectura y de escritura que tengan, como denominador común, el humor.

 

Creo que no había escrito sobre este tema en el blog y el hecho de que lo haga hoy tiene una raíz futbolística. Ayer por la noche, tuvo lugar un partido internacional de fútbol entre las selecciones de España y Argentina. El portero español, Iker Casillas, jugó el partido número 100 como internacional y ya por la mañana, cuando fui al quisco a comprar el periódico, lo vi en la portada de un diario deportivo ataviado con una indumentaria de mediados del pasado siglo, al estilo de Ricardo Zamora, el primer gran portero de la historia de nuestra selección… Total que ese ambiente y esa efeméride personal del amigo Casillas, me llevó casi inconscientemente a sumar los artículos que he escrito “con sentido del humor,” en estos cinco años y algo más, que llevo con ello y el resultado es que este miércoles pasado se publicó el número 91 y, por tanto –si todo va bien- a lo largo de este curso cumpliré yo también los cien artículos (cifra a la que, por cierto, ya ha llegado mi amigo Pepe López escribiendo la sección “P&R”, con preguntas y respuestas relacionadas con los padres y los niños y que se alterna con la mía del humor en el mismo espacio del periódico).

No voy a contar mucho más, porque quedo citado con ustedes para cuando se cumpla ese artículo número cien que, más o menos coincidirá con la llegada de la próxima primavera.

 

En todo caso, una reflexión final podría tener que ver con las dificultades progresivas que uno va teniendo para encontrar argumentos, filones por explorar, después de tanto tiempo. Al principio de la aventura, tienes tanto donde elegir que te muestras excesivamente generoso, ofreciendo tres estrategias en cada artículo (y eso que son necesariamente cortos). El segundo año, reduces las propuestas  a dos por artículo, por si no llegas al final del curso con material suficiente y el tercer año, explicas una y la vas alargando para que pueda hacerse sosegadamente y quede bien explicada… El sexto año estás todo el día con una libretita en el bolsillo trasero del pantalón, para anotar cualquier idea que surja al mirar un escaparate, al leer un libro, la prensa o una revista, al ver la televisión, al mantener una conversación con un amigo o con una amiga, en el momento de las comidas con la familia, …

 

Y ya con esto, lo dejo por hoy. Espero que les haya gustado esta fórmula del “tres en uno” y que les resulte un post de lectura agradable y distendida.

 

P.D.: El número 117 de EL GURRIÓN se está cociendo en la imprenta. Con esa revista, por cierto, tuve la ocasión de disfrutar de la llegada al número 100. De hecho, como no tengo ninguna esperanza de cumplir cien años, me conformaré con haber convertido en centenarias algunas ideas o algunos esfuerzos individuales y colectivos.

NOVIEMBRE: TIEMPO DE SEMENTERA, TIEMPO DE CONTEMPLACIÓN...

Noviembre tiene refrán largo: “Noviembre dichoso mes, qu´en tosantos escomienza y remata en San Andrés”. Noviembre huele a sementera, a tierra labrada, también a cosecha, a sol amarillo, a tardes escasas y noches tempranas, a fogaril encendido, a mundo rural, a faenas familiares y colectivas… Para mí, noviembre es uno de los meses de la memoria; es un tiempo en el que evoco con facilidad mi infancia (seguro que si me pongo a pensar, me pasa con otros meses) y me veo, también con facilidad, haciendo labores de niño o de hombre, en aquella incorporación natural al mundo del trabajo de la mano de los padres.

 

Este pasado fin de semana estuvimos en Figols de Tremp y la meteorología nos ofreció un par de días de tiempo muy inestable y cambiante: algo de lluvia racheada, un poquito de sol, nubes veloces que atravesaban el cielo en pocos minutos, fuertes ráfagas de viento que, en ausencia de sol, era extremadamente frío para la época.

 

A pesar de todo, en un pueblo pequeño todo lo que pasa es extraordinario y así solemos vivirlo. ¿Cómo calificar sino el despegue de media docena de buitres leonados, delante de nuestras narices, desde un posadero soleado que nunca antes habíamos visto, a cinco minutos de la casa familiar? ¿Y la recolección de unas cuantas granadas (las maravillosas “minglanas” de mi infancia, repletas de rubíes tallados con mil caras, que explotan refrescantes en la boca) de un árbol-arbusto amarillento? ¿Y los viajes hasta el “leñero” para alimentar al insaciable fogaril que favorece nuestra quietud de miradas y palabras? ¿Y ese silencio creativo para la lectura y la escritura, con la música intermitente que ponen las ráfagas de viento? ¿Y esa posibilidad de escuchar cómo se acerca una bandada de pájaros que acabarán posándose en las amarillentas parras del huerto cercano?...

 

Cuando el frío arrecia y el viento enloquece la tarde, te sientas al lado de la ventana y miras a través de los cristales las baqueteadas copas de los árboles, el peinado que, a ras de suelo, sufren las pequeñas hierbas o los brotes de los tempranos sembrados, contemplas las enormes dificultades que tienen los cuervos, las palomas y algunas aves rapaces para poder mantener un vuelo equilibrado; te fijas en las formaciones de nubes que atraviesan el cielo a toda velocidad, empujadas por las ventoleras que se hacen presentes por el ruido que generan al chocar con las paredes de la casa o que se cuelan por la chimenea produciendo sonidos de espanto…

 

Noviembre es tiempo de sementera, pero también de tardía recolección, sobre todo, si uno vive alejado de la tierra y recoge, si queda algo, cuando viaja hasta ella. Es una sensación muy placentera la de “ordeñar” olivos y almendros suavemente, sin prisa, para tomar del árbol los frutos que han tardado todo un año en madurar: aceitunas y almendras; unas para macerar y tomar más adelante y las otras para cascar ya y degustar el fruto; o vendimiar los últimos racimos, pasados de tiempo es verdad, pero dulces como si contuvieran gotas de miel envasada o la posibilidad de hacer acopio de un buen puñado de gordas bellotas de encina para sembrar en tiestos y recogerlas en un suelo alfombrado que seguro hará las delicias de algún jabalí en sus correrías nocturnas…

 

El tiempo de recolección es tiempo de memoria. A mí me resulta muy fácil acordarme de mi infancia y de mis padres, que eran quienes capitaneaban la cuadrilla cuando íbamos a realizar alguno de esos menesteres de otoño, recolectar: judías secas, uvas, maíz, nueces, almendras, aceitunas, bellotas, leña… Era un tiempo de enseñanzas indirectas, un tiempo de economía productiva: una nuez se podía comer o se podía vender; era algo tangible y material, algo que tenía un principio y un final, un fruto al que se le podía seguir la pista desde el nogal a la mesa, desde el nogal hasta el postre que adornaba… Y lo mismo podríamos decir de todos los demás, anteriormente nombrados. Compartimos con Mercè esa forma de ver la vida y esos recuerdos, florecidos a kilómetros de distancia, pero tan parecidos, tan intensos… No lo puedo evitar, en este tiempo sufro un amontonamiento de imágenes en mi cerebro o donde quiera que se formen; imágenes unidas a sensaciones muy a flor de piel que me ponen triste por las ausencias o que me hacen sonreír por lo cálidas y agradables que resultan.

 

Así es la vida, un constante ir y venir del pasado al presente y de éste al pasado, con pequeñas y furtivas miradas a la incertidumbre con la que se ofrece el futuro. Vivimos el pasado, la infancia en nuestro respectivos pueblos, no como un tiempo antiguo, sino como un humus que nos alimenta, del que extraemos energía y ánimo porque tuvimos a nuestro lado personas importantes que nos indujeron a ser respetuosos, tener un orgullo razonable, valorar el esfuerzo, cultivar la paciencia, experimentar e innovar y mantener los pies pegados a la tierra, aunque la imaginación pueda volar por los lugares más remotos…, realizando una fecunda labor de sementera. Mi padre y su padre: Mariano y Josep, están muy presentes en estos tiempos del calendario, ahora que los dos nos acompañan desde esa ausencia definitiva que se acepta a regañadientes.

 

Noviembre es también un tiempo de contemplación… Cuando éramos pequeños y luego jóvenes caminábamos por los campos y los montes para acceder a los tajos de trabajo y no recuerdo que sintiéramos nada especial contemplando copas de árboles, tonalidades de hojas, soles y reflejos… ¿Quién inventó ese otoño amarillo y rojizo que tanto admiramos actualmente? Desconozco la respuesta –si es que esa pregunta puede responderse-, pero da igual, por mi parte, felicidades a quien miró por primera vez a la hilera de chopos que jalonaban el río de su pueblo y vio una formación hermosa de “árboles encendidos”.

 

El primer fin de semana de noviembre estuvimos en Labuerda y nos acercamos unas horas hasta Escuaín. No es la primera vez que hablo de este enclave pintoresco de Sobrarbe en este blog. Recuerdo que es una de la cuatro entradas naturales del parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y probablemente la menos transitada. También he dicho ya que cuesta imaginar la vida en invierno en pueblos como éste, a mediados del siglo pasado, por poner una fecha. Las condiciones humildes de las viviendas, las intensas nevadas, las deficientes o nulas comunicaciones… condicionaban la vida diaria y de qué manera. Hoy día, sigue siendo un pequeño núcleo que se va reconstruyendo con esfuerzo y que acoge a un muy reducido grupo de personas que viven allí buena parte del año… Pero Escuaín, en otoño, es algo especial; el pueblo y su entorno, se entiende. Uno no sabe dónde mirar porque en cualquier dirección que lo haga, va a encontrarse con un paraje maravilloso, que ningún pintor será capaz de reproducir con tantas tonalidades, con tanto brillo y con tanta perfección. Si alguien pudiera imaginar una gigantesca exposición de cuadros otoñales, ésta sería la pinacoteca donde ubicarla, con la ventaja de que los cuadros no habría que pintarlos, bastaría con enfocar la vista en distintas direcciones y a diferentes distancias.

 

La variedad de especies vegetales, la gran diversidad de las mismas, favorece esa mezcla de tonalidades que, siendo yo una calamidad para ponerles nombre, no voy a desmenuzar, aunque hablaré de tonos amarillos, anaranjados, marrones, rojizos… Tonalidades que confieren a los caminos, las laderas de los montes, los barrancos, los setos naturales poblados de arbustos o los árboles que han crecido en antiguos terrenos de cultivo, al amparo del abandono de tantos años de soledad, una belleza especial; un disfraz llamativo que nos conmueve con solo mirar a: encinas, robles, pinos, abetos, acacias, chopos, álamos, arces, avellanos, fresnos, nogales, serbales…

 

La máquina fotográfica es el mejor aliado para intentar apresar en un momento fugaz, una mirada llena de luz amarilla que, al cabo de unos pocos días será imposible repetir y ayudado de la cámara, disparo a diestro y siniestro, a sabiendas de que algunas imágenes no estarán ni mucho menos a la altura de lo que yo estoy viendo con mis propios ojos, pero sabiendo también que, cuando las lluvias y los vientos más inclementes despojen a todos los árboles y arbustos de hoja caduca de sus atractivas vestimentas, sentado en casa, podré encender el ordenador y hacer un recorrido virtual por un bosque que, año tras año, se viste y se desnuda; se disfraza con una amplia gama de verdes o lo hace agotando todos los tonos del amarillo.

 

Por cierto, no cogimos setas, pero tomamos una sobredosis de otoño en todo su esplendor… Y uno vuelve a la normalidad cargado de sensaciones hermosas, con fuerza redoblada para capear cualquier temporal, incluido el que pretenden desatar los miembros y miembras de la tribu de los conspiradores y envidiosos, en cuanto tienen ocasión; esos que te pone la vida alrededor y que durante años han empujado para que otras aventuras memorables con otras hojas (las de los libros) no tuvieran la más mínima importancia. Su estulticia perenne siempre nos ha fortalecido y el reconocimiento de fuera del corralito que crearon ha sido tan grande y generoso que estamos más contentos que unas pascuas.

 

Noviembre se derrama sobre la naturaleza, apagando antes la luz del día y alargando la noche, pero sin saber que nos ha llenado los ojos de luz y los recuerdos de esperanza.

 

 

MÉRIDA. V JORNADAS DE BB.EE.

Si estamos de acuerdo en que cada vez que empezamos la lectura de un libro, comenzamos un viaje, no es menos cierto que para poder ir de Fraga a Mérida es necesario también –con libros o sin ellos- realizar un largo y emocionante viaje. Y ahí es donde entro yo que, el pasado 26 del corriente salí de aquella localidad a las diez de la mañana y llegué a la capital administrativa de Extremadura, prácticamente a las ocho de la noche, con esta secuencia de medios de transporte: taxi – tren – taxi – autobús – taxi. Es evidente que por algún sitio tenía que empezar esta crónica que, es posible que acabe siendo bibliotecaria, pero que empieza siendo circulatoria.

 

Cuando viajo en este tipo de transportes, tanto en tren como en autobús, me gusta ir atento y mirando por la ventanilla para observar los paisajes por los que atraviesa el vehículo en cuestión y hacerme una idea más exacta de la diversidad del territorio. Como el tramo Lleida-Madrid, lo hago con frecuencia, presté menor atención y ahí aproveché para leer el periódico del día, entre otras cosas.

Mi situación en el autobús (Madrid-Mérida) facilitaba la satisfacción de esa curiosidad geográfica que he manifestado, puesto que estaba en el asiento 3 y tenía visión delantera y lateral derecha: un privilegio (por cierto, últimamente, en todos los autobuses que he subido hay algo en común: todos tienen el parabrisas delantero roto. En éste con una grieta, en forma de “L” que intranquilizaba por su longitud. Se ve que no tienen tiempo de cambiarlo o debe resultar muy caro. Yo siempre imagino que nos damos un golpecito o que descarga una inmisericorde pedregada que acaba de romperlo y dibujo diversas hipótesis de actuación en mi mente, ¡formas de pasar el rato!).

 

Resumiendo; el viaje en autobús para salvar casi 350 kilómetros, duró cuatro horas con parada en Trujillo para estirar las piernas, tomar un café y echar un cigarrillo o acercarse a saludar a “Mister Roca”. A lo largo del recorrido, por la Autovía del Sudoeste vi, en varias ocasiones, hermosas postales otoñales que ya me hubiera gustado fotografiar; especialmente, formaciones de chopos en pequeñas vaguadas o jalonando mermados cursos de agua (de esos que llamamos ríos, pero que no pasan de riachuelos escuálidos que entristecen la mirada por su escasez o por el sospechosos color de sus aguas). Pude contemplar extensos campos de cultivo, sembrados que brotaban con fuerza y dehesas que también me hubiera gustado recorrer y fotografiar; especialmente algunas encinas que parecían esculturas celebrando la sensatez y la serenidad. Me gusta mucho el árbol llamado encina (en Sobrarbe, “carrasca”) y me gusta ver hermosos ejemplares aislados unos de otros, porque en mi tierra no es fácil encontrarlos así, ya que allí forman bosques abigarrados, donde una crece al lado de la otra y en compañía, en muchas ocasiones de otros “quercus”, como los coscojos, los robles… Vi muchos conejos en los sembrados o en los rastrojos y aves zancudas en campos que estaban arando con grandes tractores y hasta tres perdices correteando cerca de la autovía. Por supuesto, ganado vacuno, lanar y probablemente lo que despaché por una ganadería de toros de lidia… Vi ríos y algún pantano. Vi zonas llanas sin un árbol y montañas lejanas donde es posible que sí los hubiera y vi la central nuclear de Almaraz y una enorme instalación de paneles solares en las cercanías de la misma; también formaciones de gigantes aerogeneradores en algunas sierras.  Vi diversos pueblos y ciudades, con nombres o conocidos o intuidos por los indicadores de salida de la autovía y, de ese modo, el viaje de ida se hizo bastante agradable…

 

Cuando entrábamos en la ciudad de Mérida, me quedé muy gratamente sorprendido al poder leer en una rotonda (el conductor tomaba las rotondas como si fuera una competición de slalon gigante) una indicación que decía “Escuela Libre Paideia”. Al poco de llegar a Mérida, saludé a Ana N. y a Casildo M., dos personas a las que ya conocía desde mi participación en las I Jornadas, allá por el año 2005. A los dos les debo mucho agradecimiento por volverme a invitar a un evento bibliotecario que congregó a unas 400 personas (profesorado de Infantil, Primaria y Secundaria, principalmente) de toda Extremadura y por el acompañamiento mientras duró la estancia, y por más cosas. Con Ana N. intercambiamos frecuentemente materiales y correos electrónicos y lecturas de nuestro respectivos blogs (el de Ana se llama “Biblioabrazo” y hay un enlace en la columna de nombres del mío). Reencuentro, como en el caso de los anteriormente citados, también con Raúl V. (con quien ya compartí en Burgos las Jornadas Provinciales de aquella provincia castellana, hace un mes). Conocí a Chus M. y a Jordi S. y nos fuimos a cenar y luego a tomar un arranque.

 

El Palacio de Congresos (dos enormes cubos en la orilla derecha del pacífico Guadiana, a pocos metros del puente de Calatrava) era la sede de las V Jornadas de Bibliotecas Escolares. A las doce de la mañana del día 27 de octubre, tras la presentación muy amable de mi amiga Ana N., desarrollé mi ponencia: “La biblioteca escolar. Otra forma de ver el mundo”; una parte leída y una segunda parte explicada mostrando algunos materiales que, como siempre hago, transporto en maleta o en mochila. Terminé mi intervención como la empecé, leyendo en voz alta el texto resumen que escribí en este blog, en abril de 2005, sobre las I Jornadas de BB.EE. en que participé, como queriendo mostrar una más de las virtualidades de esta herramienta electrónica que va almacenando (si los escribes antes) pedacitos de la vida.

Antes de comenzar con al ponencia, hice una mención al rótulo visto el día anterior en una rotonda y nombrado con anterioridad. Durante muchos años, me encargué de coordinar las publicaciones del MRP Aula Libre y de atender la correspondencia y los intercambios. Uno de los colectivos con los que intercambiábamos materiales, de manera regular, era precisamente con la Escuela Paideia de Mérida: un proyecto libertario, al frente del que se hallaba Josefa Martín Luengo. Resulta que Pepa falleció el pasado mes de julio y yo me enteré de ello a través del periódico: “Catalunya”, Órgano de expresión de la CGT de Catalunya (www.revistacatalunya.cat), en cuyo número 110 se dedican las dos páginas centrales a hablar de ella y de los treinta años de la Escuela Paideia. En aquel intercambio que he nombrado, yo enviaba las publicaciones de Aula Libre: revista, cuadernos, libros y desde Mérida recibíamos las revistas “A Rachas” y “A Rachitas”. Hice ese breve recuerdo ante el auditorio y luego pude hablar con algunas personas que agradecieron el gesto porque conocían su trayectoria y su esfuerzo.

 

Volviendo a la ponencia, disponía de una hora y media para desarrollarla y a ese tiempo me atuve. Aquí un breve apunte de la misma:

“… Y si nos introducimos en el bosque de los adjetivos, podemos definir una o varias retahílas alfabéticas, porque allí, en ese espacio público, colectivo y multidisciplinar que es la Biblioteca Escolar, podemos vivir con sensaciones muy variadas; de hecho, podemos vernos: Acunados y Acompañados – Batidos y Burlados – Conectados y Crecidos – Distraídos y Documentados – Elegidos y Esperanzados – Fuertes y Furtivos -  Geniales y Gozosos – Huérfanos y Hospitalarios – Iluminados e Imaginativos… No es necesario seguir porque, en definitiva, si exploramos el diccionario y seleccionamos aquellas palabras que podríamos identificar como acciones, cualidades o nombres, relacionadas con la biblioteca escolar y que nos permitirían percibir el mundo de otra manera, cada cual podría elaborar sus particulares listas, así que dejo esa posibilidad a los oyentes. Y es que, estoy convencido de que las fuerzas que generan las palabras son fuerzas modificadoras que inciden en los fundamentos de lo que somos y lo hacen de maneras diferentes. Su fuerza radica en los conceptos que sugieren, en las conexiones que propician, en las emociones que activan, en las ideas que fomentan, en las percepciones que inducen…”

 

Seguidamente, sin salir del auditorio 2 donde nos encontrábamos, disertaron dos maestras y un maestro del CEIP Ntra. Sra. de la Caridad de la Garrovilla (quienes recibieron el pasado curso el Primer Premio Nacional… El mismo que recibió la biblioteca de mi colegio en 2006). Cuando finalizó su relato, disfruté un rato viendo a parte de las personas asistentes acercándose al escenario para mirar, hojear y hacer preguntas sobre los materiales que llevé y había mostrado y que había colocado a modo de exposición.

A continuación en el mismo Palacio se celebró la comida de todos los participantes: saludé a Antonio T. convertido temporalmente en Director General y a algunas maestras: Dolores (conocida y premiada), Beatriz O. (otra de las ponentes, con quien coincidí felizmente en las páginas del número 12 de la revista gallega FADAMORGANA) y a algunas animosas, divertidas y autodefinidas “marianistas” que me conocían desde el congreso de Edelvives de Santander y que leen asiduamente este blog y a quienes debo agradecer su fidelidad. Siempre hay encuentros interesantes en el plano personal, en estos lugares.

 

Por la tarde, decidimos con Raúl V. (que ya había dinamizado por la mañana dos talleres a alumnado y a profesorado) caminar hacia la ciudad. Fuimos del palacio al hotel y de allí, a través del puente romano nos aproximamos a la zona del teatro y anfiteatro. Cruzar el puente, supuso descubrir unas vistas maravillosas del quieto Guadiana, en cuyas aguas se reflejaban las islas de vegetación, las formaciones vegetales de la orillas, el mismo puente romano o el espectacular de Calatrava. Disparé, con gusto, fotos y fotos, con la intención de publicar un álbum en el facebook (cosa que ya hice). El paseo por esta zona fue lento, pero hermoso; luego ya aligeramos el paso para llegar a las ruinas romanas. En taquilla se nos informó de que faltaban dos minutos para cerrar y, por tanto, ya no iban a vendernos una entrada. Nos acercamos a la entrada y dialogamos con el guarda: “Mire usted, este viene de Salamanca y yo de Huesca y sólo queríamos hacer un par de fotos…” Accedió el hombre y nos recordó el tiempo que faltaba y nos invitó a que regresáramos con su compañero guarda que estaba más abajo. Éste ya no dejó terminar nuestra explicación apremiándonos a que hiciéramos las fotos. Primero fuimos al teatro, disparé cinco instantáneas (sin ascender por el graderío) y luego le dije a Raúl que entrase en el “anfi” que yo ya lo había visto, pero el guarda que nos veía, nos gritó: “¡vayan, vayan, hagan la foto!” Y salimos del recinto con mucha dignidad, con la respiración movida, dando las gracias a los guardas y pensando que en poco más de dos minutos habíamos dado cuenta de dos restos emblemáticos de la civilización romana a su paso por la ilustre Emérita Augusta… ¡Quién dijo que no había tiempo! ¿Conoces a alguien que haya hecho una visita más rápida?

 

Luego recorrimos el Museo Romano en grupo pequeño con guía y yo, que ya lo había visto, deduje que es incomparablemente mejor visitarlo de día (pues entra luz natural suficiente para verlo casi todo) que de noche. De cualquier modo, impresiona, sobre todo la galería central y los mosaicos colocados verticalmente en algunas paredes laterales.

En la cena saludé a Jaume C. que venía de L´Hospitalet y con quien habíamos coincidido en Fuenlabrada, hacía ya unos años. Y antes de irnos a dormir, terminamos con Ana, Raúl, Casildo y Jaume tomando unas tónicas y viendo el final del “Alcorconazo”, un acontecimiento futbolístico del que se habla estos días con profusión.

 

P.D. El día 28 lo dediqué al largo viaje de vuelta. Vi los paisajes de la ida desde el mismo asiento, pero mediatizado por un energúmeno que estuvo hablando por el móvil, casi sin parar, desde Trujillo hasta Madrid y al que ojalá se le estropeen los negocios que fue cerrando con los dieciséis interlocutores que le conté, todos llamados por él.