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gurrion

¡¡¡HA LLOVIDO!!!

Día 25 de julio. Ya ni nos acordábamos de cómo llovía; el calor, la sequía larga, el peligro de incendio en el bosque, la situación calamitosa de los pantanos… Imágenes y situaciones inquietantes que nos venían acompañando, desde hacía varios meses, por radio, prensa y televisión.
Ha llovido con una fuerza inusitada, con una rabia contenida, con fuerte viento, con granizo… Se han apagado las luces de las calles y los tejados eran cajas de resonancia, golpeados por el granizo y las gotas de lluvia.
Cuando llueve siempre llueve esperanza; a veces llueven ilusiones; otras llueven quimeras; en ocasiones, llueven palabras o sueños. Una vez oí contar que en un lugar remoto de las islas del Pacífico llovían amores y todas las personas salían a las calles sin paraguas para ser humedecidos con aquella lluvia maravillosa… Tendría que llover justicia, solidaridad verdadera, pan para todos, paz para todas las personas…
Hoy, por fin, ha llovido y se agradece el efecto refrescante producido en el ambiente. Mañana será otro día, más agradable por la lluvia caída hoy.
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P.D. Cambiando de tema, me dice mi hijo Daniel que, tras el último recuento y las últimas conseguidas, tiene 1.913 chapas diferentes en su colección. Me refiero a chapas de botellas de refresco (algunos les llaman tapón-corona. En México se llaman corcholatas). Hoy ha recibido un sobre desde CANADÁ, de la casa de cervezas BREWING, con 10 chapas, 9 posavasos y un montón de etiquetas de la citada marca. Todo un mundo. Si te apetece pasearte por algunas colecciones, puedes consultar la siguiente página: www.crowncaps.too.it

SOBRE ESCUELAS, NIÑOS Y VIOLENCIA

Para terminar, quería escribir lo que leo en el suplemento que los jueves encarta El Pais, en colaboración con The New York Times. En este caso, me refiero al ejemplar del 21 de julio de 2005. Son también dos noticias:

.1. En la página 4 el titular es ya de impacto: “Una lucha étnica en Tailandia lleva la muerte a los colegios”.
Lo copio como testimonio de las diferencias entre unos y otros países; en este caso, tomando como punto de referencia la escuela y sus principales protagonistas: las niñas, los niños y sus maestras y maestros.

Comienza la crónica: “En los fines de semana, el campo de tiro militar de Yala se llena de profesores que acuden a hacer prácticas con sus pistolas, objetos esenciales ahora en un lugar donde la docencia se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas. En una intensa campaña de violencia desatada en la zona sur, de mayoría musulmana, de Tailandia, un país budista, las escuelas públicas y los profesores que trabajan en ellas son blanco escogido de bombas y pistoleros”.

Y sigue: “Desde hace año y medio, muchas escuelas han sufrido desperfectos o han sido destruidas por incendios intencionados. El sindicato local de profesores revela que en ese periodo han muerto 18 maestros. (…)
Cientos de docentes, quizás miles, han solicitado su traslado fuera de la región y los funcionarios afirman que cada vez es más difícil encontrar a alguien dispuesto a sustituirlos, incluso si se les ofrece un suplemento salarial. El Gobierno ha anunciado que trasladará a todos los profesores que hayan solicitado abandonar la zona y los sustituirá por voluntarios no profesionales.
En los días lectivos los docentes se reúnen a las ocho de la mañana en una gasolinera de Yala y luego se dirigen juntos en convoyes escoltados que los trasladan hasta sus escuelas. Los profesores visten chándal, ropa ligera y zapatillas deportivas, listos para salir corriendo si tienen que hacerlo”.

Duangporn Visinchai, de 49 años, es director de un colegio. Ahora lleva un revólver allá donde esté, incluso dentro de su pequeña escuela y comenta “No vamos a ninguna parte solos. Si tengo que salir de la escuela durante el día, puedo llamar a un soldado para que me escolte”.
Algunos maestros han sido asesinados cuando salieron a hacer recados sin escolta militar. Numerosos docentes y sus escoltas han resultado heridos por bombas colocadas en las cunetas. Cuando termina la jornada escolar y los militares se retiran, nadie tarda en marcharse, ni profesores ni alumnos. Las actividades extraescolares han desaparecido”.

.2. Los niños de Darfur, en Sudán, los que sobrevivieron a las matanzas, dibujaron escenas terribles de lo que vieron y vivieron. En Nueva York, en un centro cultural de su universidad se ha inaugurado la exposición: “Los testigos de más corta edad: el conflicto de Darfur a través de los ojos de los niños”. Un dibujo de ceras de colores de Taha, que tiene 13 ó 14 años y vive al norte de Darfur, mostraba unos helicópteros en el cielo y casas envueltas en llamas. “Ahora las noches son duras porque tengo miedo”, dice la etiqueta que acompaña al dibujo. “Ya no tenemos casa”.
El rabino Yehuda Sarna, del Centro Judío donde se realiza la exposición cuenta que le conmocionó especialmente el dibujo de Musa, de 15 años, que muestra a una mujer que corre con dos niños, mientras arden sus casas al fondo.
La muestra se concibió casi por accidente. Trabajadores de Human Rights Watch dieron ceras y papel a niños de varios campamentos de refugiados de la frontera de Darfur con Chad, para tenerlos entretenidos mientras entrevistaban a sus padres sobre la violencia étnica y la hambruna que ha devorado a cientos de pueblos de Darfur, explica Annie Sparrow. Las obras de los niños, con ceras y lápices, muestran violaciones, hombres montando a caballo con pistolas, pueblos en llamas y helicópteros que escupen balas.
La intención de la muestra es centrar la atención sobre Darfur, una región al oeste de Sudán con un área de 700.000 kilómetros cuadrados. Naciones Unidas calcula que hasta 200.000 personas han muerto de hambre o han sido asesinadas, y 2,4 millones han sido desplazados desde el comienzo del conflicto en el que se enfrentan el Gobierno sudanés y grupos rebeldes.
En muchísimas partes del mundo, los niños y las niñas nacen con todas las carencias imaginables y condenados a llevar una vida terrible. Leyendo estas noticias, es fácil caer en la desesperanza y resulta difícil imaginar un tiempo futuro en que no existan estos episodios que tanto denigran a la especie humana.

DEPORTES DE VERANO

En estos días de playa y verano, uno de los momentos esperados de la jornada es el de comprar el periódico. Los que tenemos adicción a la prensa desde hace muchos años, necesitamos la ración diaria de titulares, fotografías, entradillas, crónicas, columnas, etc. con los que tomamos el pulso a lo que pasa en el mundo. Hoy (22 de julio) quería comentar dos noticias leídas en la sección de deportes del periódico (y no hablan de fútbol):

1. Como estamos en julio, es necesario hablar del Tour de Francia. Ayer (día de mi cumpleaños) ganó la etapa el corredor gallego Marcos Serrano, corredor del equipo Liberty Seguros. Hoy, el titular de la página 51 de El Pais decía, refiriéndose al ganador: “UN LECTOR EMPEDERNIDO”. Al final de la crónica, que firma Luis Martín desde Mende (Francia), puede leerse: “A Serrano se le nota que es hijo del dueño de una imprenta y que de niño le cogió afición a la lectura. Empedernido lector noctámbulo, no metió un solo libro en la maleta que se trajo al Tour porque luego por la noche, le dan las mil y hay que descansar”. Bueno, se le puede perdonar porque, evidentemente, un ciclista debe ir al Tour de Francia a correr no a leer. Yo, desde luego, puestos a elegir, prefiero que gane una etapa un corredor lector que otro que no lo sea…

2. Hoy (22 de julio), los periódicos hablan también de Edurne Pasaban, una joven montañera vasca que acaba de conquistar su octavo “ochomil”, el Nanga Parbat. Era la primera ascensión, tras la aventura del pasado año (21 de julio de 2004) en la que, bajando el K 2, sufrió congelaciones que le hicieron perder una falange en cada uno de los segundos dedos de sus pies. Sabemos que algunos montañeros tienen completa la colección de catorce “ochomiles”, pero ninguna mujer ha podido todavía alcanzar tantas cimas. Edurne va camino de ello y, en estos momentos, es la única mujer viva que cuenta en su haber con ocho cimas de los picos más altos del planeta: los que se hallan en las cordilleras asiáticas del Karakorum y del Himalaya. Quiero recordar sus nombres y sus alturas:
.. Picos hollados por Edurne, en el orden en que los ha ido conquistando: Everest (8.850) – Makalu (8.462) – Cho Oyu (8.201) – Lhotse (8.516) – Gasherbrum II (8.035) – Gasherbrum I (8.068) – K 2 (8.611) y Nanga Parbat (8.125).
.. Picos que todavía no ha subido, ordenados por alturas: Kangchenjunga (8.598) – Dhaulagiri (8.167) – Manaslu (8.156) – Annapurna (8.091) – Broad Peak (8.047) y Shisha Pangma (8.013)
Copiando los nombres de los 14 “ochomiles” me viene a la memoria el trabajo que realizamos con mi compañera Mª José Baila Truc, relacionado con el Año Internacional de las Montañas (concretamente el 2002), en el que invitábamos a los chavales a colocar los nombres de los catorce en un esquema de palabras cruzadas. Fueron varios los chicos y chicas que se los aprendieron y, probablemente aún hoy, recuerden unos cuantos…

SREBRENICA

Hoy se cumplen diez años de la caída de Srebrenica, que precedió a la matanza más grave cometida en suelo europeo desde el final de la II Guerra Mundial. Más de 8.000 musulmanes, la mayoría hombres de entre 16 y 60 años, fueron asesinados en siete días, del 12 al 19 de julio de 1995, por las tropas serbobosnias de un general sanguinario (que todavía no ha sido capturado y enviado a la justicia), de nombre Ratko Mladic.
Leer hoy los testimonios de algunos supervivientes es adentrarse en el pozo más oscuro y profundo de la maldad humana. Maldad que no conoce límites y que convierte a algunos representantes de la especie humana en seres abominables, capaces de urdir las mayores atrocidades para provocar y prolongar el sufrimiento de sus congéneres. Los países europeos “civilizados” miraron para otro lado y tienen una alta cuota de responsabilidad en que la ciudad de Srebrenica haya entrado en ese catálogo infame de ciudades devastadas por el odio y el instinto asesino de algunos seres llamados humanos, pero que son una vergüenza para la humanidad.
Sólo quería recordar esa fecha, para contribuir a que no caiga en el olvido, e invitar a que lean el periódico estos días, para rememorar un acontecimiento triste que no debería volver a repetirse.

No obstante, sabemos que no todas las vidas valen lo mismo. Por ejemplo, ¿alguien sabe cuántos iraquíes han muerto desde que se produjo la invasión del país por tropas de la coalición? O ¿cuántos han muerto desde que se decretó el famoso “final de la guerra”? Por aquí contamos a nuestros muertos con detalle, pero en otras partes, los bombardeos, los atentados, las explosiones, producen “decenas” de muertos, día tras día y escuchamos el dato con rostro imperturbable, acostumbrados a la cuota diaria de destrucción y de muerte, como si fuera algo inevitable y normal. Pensar en todas estas cosas sólo me produce asco y vergüenza.

REFLEXIONES DE JULIO (del mes de julio, se entiende)

. La primera es una celebración. Hoy hace veintidós años que me casé y hemos comido en Bielsa con Mercè, con Ana y con Daniel. Ana tenía que trabajar sus tres horas de mañana como guía del patrimonio en la iglesia de Javierre de Bielsa y nosotros tres hemos hecho tiempo subiendo hasta Pineta (he estado haciendo fotos a los símbolos solares esculpidos en una de las ventanas de la ermita), sentándonos un rato a la orilla de la presa, posteriormente y visitando el pueblo de Bielsa al que hemos llegado andando desde Javierre (un paseíllo). Había poca gente y hemos comido con tranquilidad. Digo celebración porque a mí, cuando conocí a Mercè me tocó la lotería (¡y a ver quién no celebra semejante acontecimiento!), pues es la responsable de buena parte de lo que soy.

. La segunda es un recuerdo. Hace treinta años, con el amigo Luis Araguás estábamos en Pamplona, tratando de hacernos un hueco en San Fermín. Habíamos trabajado todo el curso en la escuela de Boltaña. En mi caso era el primer curso que trabajaba como maestro. Había terminado los estudios en junio de 1974 y en septiembre del mismo año, con veinte recién cumplidos, estaba ya en la escuela con un curso de 33 niños y niñas de quinto de EGB. Desde entonces no he hecho otra cosa. Bueno, el caso es que con Luis decidimos acercarnos a Pamplona. Allí pasamos toda la semana, durmiendo en el coche con el que nos desplazamos, un SEAT 124 que se había comprado Luis de segunda mano. Aparcamos donde nos pareció que la cosa podía estar tranquila y allí se quedó el coche toda la semana. Nos “calzamos” el pañuelo en el cuello y empezamos a caminar y dar vueltas y saltar y beber y comer de vez en cuando y hacer fotos con una cámara de mil pesetas que compré en el mismo Boltaña el día que nos íbamos; dormir unas horas diarias (pocas), conocer gente, ver los encierros desde fuera de la valla… El día que regresamos nos bañamos en el primer río limpio que encontramos para ofrecer a la familia un aspecto presentable. Fue una experiencia interesante; a pesar de eso yo no la repetido; no sé si Luis habrá vuelto…

. La tercera es una lectura. En la página 40 del diario El Pais del día de hoy (9 de julio de 2005) se lee un titular espeluznante: “Un demoledor estudio revela el escaso interés de los profesores por la lectura”. El subtítulo todavía te hunde más en la miseria: “El 40% de los maestros de primaria y secundaria no visita nunca la biblioteca escolar” y la lectura del artículo en cuestión aún abunda en la herida: “El 77% de los profesores no realizó ninguna actividad relacionada con la biblioteca” o “El 76´4% se limita a trabajar con el libro de texto”. Uno de los autores del estudio que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez hará público en septiembre, Álvaro Marchesi, comenta que: “No existe el convencimiento de que la lectura es un instrumento poderoso para organizar la información y el conocimiento, para motivar a los alumnos”. Por su parte, Antonio Basanta, Director General de la citada Fundación calificó de “desidia, ineptitud y fraude el sistema educativo que no hace de la lectura su eje”… Y aún podríamos seguir con más citas que vienen a corroborar lo que algunos tantas veces hemos visto y comentado. En pleno siglo XXI resulta que todavía debemos descubrir la importancia de leer, como si tal cuestión no estuviera clara desde siempre. Personalmente debo decir que conocía esas y otras afirmaciones desde hace ya un par de meses cuando la Fundación nos remitió, con una nota de confidencialidad, un avance de los resultados a una docena de personas que participamos en Madrid en un acto complementario a ese trabajo. Ahora que se han hecho públicas, me veo liberado ya de guardar silencio.

. La cuarta es un ¿mal sueño? Me pareció soñar, hace unos días, que unos tipos de derechas que habían insultado reiteradamente a quienes se manifestaban, por ejemplo, contra la invasión de Irak (que tan buenos resultados democráticos y pacíficos está dando desde entonces ) y en contra de la guerra, en definitiva, iban por las calles de Madrid detrás de unas pancartas. No lo podía creer… Y además les acompañaba un coro de obispos y curas, que no quisieron participar en aquellas manifestaciones a favor de la paz y contra las guerras, pero que sí lo hacían ahora contra los homosexuales. “Dios los cría y ellos se juntan”, dice un refrán. Y todo por miedo a romper la familia, ¡como si no estuviera ya rota hace años como modelo único y conviviesen una cuantas versiones, inevitables y compatibles, claro ! ¿por qué acuñaría el pueblo aquel otro refrán que dice: “No digas nunca, de este agua no beberé ni este cura no es mi padre”? Decía el Roto en una de sus viñetas que el modelo de familia que defendían algunos de esos personajes la formaban: “un señor mayor, una joven virgen y una paloma”, ¿de qué familia estamos hablando?, ¿alguien se va a sentir amenazado u obligado, porque las personas del mismo sexo puedan casarse, a cambiar su vida o a cambiar de vida? Bueno, pues no sé si fue un mal sueño o fue un sueño o fue una manifestación (o procesión, para algunos) de verdad, y en esta tarde ventosa de julio me ha venido a la memoria.

.La quinta, y última por hoy, es una recomendación. Quienes leáis estas páginas no dejéis de entrar en el blog de Herminio Lafoz. Herminio es profesor e historiador; un lujo tenerlo como amigo. Su dirección es la siguiente: http://blogia.com/montborg
En mi blog, no obstante hay un acceso directo a su bitácora.

Gonzalo Moure responde

Algún problema hemos tenido para incluir como "comentarios" estas respuestas de Gonzalo Moure al texto de 26 de abril de 2005, titulado "Visita de Gonzalo Moure". Hasta tal punto, que hemos optado por colocarlas como un texto nuevo, con esta referencia inicial. Quien lea este texto necesitará irse a la fecha nombrada y leer aquél, junto con los comentarios para entender mejor las respuestas; respuestasal texto de Mariano y a las cartas de Fiama, Houda, Ainhoa y Marta, por este orden:

1.- ¡Menos mal que me he enterado de la existencia de ésta página! He escrito a
Mariano, para ver cómo se encontraba después del susto, y con su respuesta
venía la dirección de su blog. Ya veo que mejoras, Mariano, porque ahí abajo
tienes la respuesta: te doblarás en la huerta de los manzanos de los
chavales cuando hayas cumplido 87, nunca dejarás de ayudarles a plantar
nuevos manzanos.

2.- ¡Hola, Fiama! Sí, tu nombre es un relato, una llama dispuesta a quemar la
maleza, esa parte del bosque que sólo sirve para retrasar el crecimiento de
los árboles, para criar parásitos y dificultar la vida de sus habitantes más
sanos.

Lo que dices del dinero es verdad. He acabado el borrador de un cuento en el
que dos duendes amigos toman diferentes caminos, pese a vivir en un bosque
como el de antes, y tener a su alcance una felicidad sencilla y llena de
vida. Uno se va para ganar dinero en la ciudad, el otro se queda para ser
feliz en el bosque. El primero vuelve al bosque, ya rico, pero se da cuenta
de que ha quemado toda su vida para alcanzar la felicidad de la que su amigo
ha disfrutado durante toda la vida. La idea salió de un encuentro menores
que vosotros, entre los que había cuatro que decían que preferían el dinero
a la felicidad. ¡Han logrado que el dinero sea un dios al que adorar, no un
medio, sino un fin en sí mismo!

Sí, algún día usaré tu nombre, pero tranquila, que no lo desgastaré: lo
compartiremos.


3.- Este es el mejor regalo que me podías hacer, Houda. Y nuestra charla fue
estupenda, porque estaba fuera de programa. De vez en cuando hay que hacer
cosas así, imprevistas, porque nos dan más satisfacción que las muy
programadas. A mí me encantó estar ese rato con vosotros. Tu poesía tiene
algo que me encanta: alegría. Has conseguido que me riera, y eso que veo por
la ventana la playa y me voy a quedar escribiendo toda la tarde. Algo así:

El escritor veía la playa

Pero miraba el ordenador.

Así que guardó la toalla

Y se puso en lo peor.

Pero había carta de Fraga

Y “peor” se convirtió en “mejor”.

4.- Jo, Ainhoa, te voy a apodar como Doña Pero. ¡Deja de dudar! Y sobre todo de
ti misma. Mira, mientras dudas pasa el tiempo, y si al final te decides a
hacer eso que tanto dudas llegas al mismo punto, pero con menos tiempo.
¡Ponte a ello, y ya tendrás tiempo para cambiar si era demasiado! La
reflexión más importante sobre la vida es que hay que vivirla: ya nos ha
tocado la lotería de la vida, lo cual es mucho más difícil que acertar la
loto, así que, sin dudar.

”Soy Elisa y tengo 13 años. Me gusta leer, pero mis amigos creen que es una
tontería. Yo no lo entiendo”... O, bueno, digamos que no lo entendía. Una tarde
estaba con ellos y me había llevado un libro que se llamaba “La balsa de
plata”. Como la cosa estaba un poco aburrida abrí el libro y me puse a leer.
Entonces ellos, capitaneados por Marcos, que siempre se metía conmigo,
empezaron a burlarse. Al final me enfadé, cerré el libro de golpe, y dije:
”Vale, a ver qué cosas tan divertidas vamos a hacer. Os propongo una cosa:
primero yo hago lo mismo que vosotros, y luego vosotros os metéis conmigo en
el libro”. No sé por qué lo dije así, podía haber dicho “Leéis el libro
conmigo”, pero dije lo que dije. Y ellos, con unas cuantas risas, aceptaron.
Todo lo que se les ocurrió aquella tarde era de lo más aburrido. Hacía un
calor de mil demonios, así que ni hablar de excursiones. No teníamos entre
todos ni dos euros, así que ni hablar de irse a beber algo fresco. Lo único
fresco que había esa tarde en Fraga era la sombra de aquel árbol bajo el
cual estábamos. Uno se puso a criticar. ¡Puede ser un deporte! Criticar al
que no está, claro. Que si Fiama esto, que si Marta lo otro, que si Daniel
se ha creído que es no sé qué, que si Mariano va de culo si se piensa que
vamos a leer otro rollo de Gonzalo. Cuando acabaron de despellejar a la
gente, dije: “Bien, y ahora me toca a mí”. Pusieron cara de aburrimiento
infinito, pero no tenían más remedio que aceptar. Y entonces abrí el libro.
Juro que al abrirlo me dio vértigo. Debajo de las líneas de palabras se veía
un abismo. Quise levantar la cabeza, pero no podía. Y poco a poco fui viendo
entre las líneas: debajo de ellas, en el fondo del abismo, había una balsa
llena de plata líquida. Entonces hice, como siempre, lo que no debía: toqué
las líneas con un dedo, como si pudiera abrirlas un poco para ver mejor. Aún
oí la voz de Marcos gritando: “¡Elisaaaaa”!, pero me había escurrido de
cabeza entre las líneas y caía y caía por al abismo hasta que, ¡plas! Caí en
la balsa llena de plata líquida. Creí que me iba a abrasar, pero la plata no
estaba caliente, al revés: era fresca, como si en vez de plata fuera rocío.
Y de pronto, ¡Plas! ¡Marcos! Y uno, y otro, y mi mejor amiga, y... Poco a poco
fueron cayendo todos en la balsa. Nadar en la plata líquida es maravilloso,
porque como es más densa, no es que flotes, es que estás encima de ella. Por
una vez no tuve dudas: estaba tan a gusto que propuse que nos quitáramos...
Pero allí mismo prometí no contar nunca lo que pasó en la balsa de plata.
Cuando caía la tarde vimos que además de la tarde caía una escalera de
cuerda desde arriba, donde se veían las líneas del libro, muuuuuuy lejos.
Fuimos subiendo por ella, hasta que llegamos a la superficie, agarrándonos a
las líneas de palabras. No espero que me crea nadie, porque ya sé que es
imposible. Pero si por fin nos vemos en la piscina este verano fijaos bien:
todos lo que estuvimos allí tenemos ahora dos cosas en común: una pequeña
mancha de plata en alguna parte de nuestro cuerpo y un libro debajo del
brazo.

5.- Mariano y yo nos parecemos en que los dos creemos que lo que pase en el
futuro depende de todos, que no es cosa que tengan que decidir los adultos
solos, que os necesitamos a vosotros, porque vosotros seréis como adultos lo
que aprendáis a ser como niños, como jóvenes. Por eso dedicamos la mayor
parte de nuestro tiempo a ir por ahí haciendo lo contrario que los bomberos:
en vez de apagarlos, encendemos fuegos. Espero haber dejado alguna llamita
en mi visita a vuestra clase. Por cierto, me apunto.

Me acuerdo de la reunión en el Bajo Cinca, con tu madre. Estuvo muy bien, y
también me parecieron buena gente, de esa con la que merece la pena
compartir esta vida. Dile a tu hermano Jorge que le espero dentro del
Síndrome, gozando de la música.
Jo, cuanto trabajo me ponéis... A veeeeer.

”Eran las siete de la mañana. Era el primer día que iba a acudir al
instituto. Estaba ilusionada, pero muy preocupada. Por una parte me apetecía
entrar en ese mundo nuevo, del que tenía que hacer un informe detallado para
Casa Orionis, mi planeta. El informe del colegio les había gustado, pero me
respondieron diciéndome que tenía una “visión limitada” de la Tierra: niños,
mamás, maestras y un señor que se llamaba Director. “¿Son así de poco
variados los humanos?”. Pero estaba preocupada porque había oído decir que
había chicos muy descarados en el Instituto, y si descubrían mi estómago
bombona, el depósito de ácido de hidrógeno con el que respiraba, me iban a
poner en un apuro. Nadie se había enterado en el colegio, pero pasar por el
instituto sin que nadie te vea el ombligo... Y, además, se había puesto de
moda llevar el pantalón bajo y la camiseta alta, así que lo tenía muy mal.
No es que se notara a primera vista, no. Parecía un estómago normal, y tengo
que decir que bien bonito. Pero es que si alguien lo tocaba un día iba a
notar que era de metal humanizado, que estaba helado por el ácido de
hidrógeno, y que sonaba a hueco. Sabía que alguien lo iba a descubrir, y que
si eso pasaba me desintegraría en el aire, porque así lo había aceptado al
firmar el contrato de mi misión. Fue en clase de lengua donde se me ocurrió
la solución. El profesor estaba empeñado en que leyéramos el Quijote, y un
día dijo algo que me dio la clave: “Don Quijote tenía un problema: como
decía la verdad, su verdad, nadie le creía, o más bien le tomaban por loco.
Ya lo dijo Cervantes mismo: tuvo la ventura de vivir loco y morir con
cordura.” Así que en la primera clase de gimnasia me puse un top, y cuando
estábamos esperando al profe, en plan vago, dije: “Mirad, tengo algo que
enseñaros. Resulta que soy extraterrestre, de un planeta de la constelación
de Orión”. Todos se pudieron a reír. Entonces cerré el puño, y me di tres
golpes en el estómago, que sonaron como campanadas: cloin, cloin, cloin. Las
risas entonces llegaron al techo. Desde entonces soy mucho más popular. El
profesor de lengua dice que soy la chica con más imaginación que ha
conocido, y el chico más guapo del instituto empezó a pedirme que saliera
con él. Ya hemos salido varias veces, y creo que esta noche voy a mandar un
informe a Casa Orión que les va a resultar muy interesante.”

GRUPO DE LECTURA DE MADRES Y PADRES

Ayer por la tarde, los componentes del Grupo de Lectura del CEIP Miguel Servet de Fraga, tuvimos la última reunión de este curso. Nos juntamos en el “monte” (así nos referimos por aquí a las casas que el personal tiene en las huertas) de Alicia y Manel (o al revés, de Manel y Alicia, por aquello del “tanto monta, monta tanto”). Con ese encuentro cerramos el tercer año de funcionamiento de este grupo. Habitualmente, nos reunimos una tarde al mes en la biblioteca del colegio y acompañamos nuestra conversación sobre libros y lecturas, con algunos postres, café o té. Hasta ahora hemos funcionado leyendo cada cual los libros a los que tiene acceso, de un autor o autora que hemos elegido y consensuado. No leemos todas lo mismo, aunque en ocasiones nos intercambiamos lecturas comunes: un cuento, un poema, una crónica periodística, una entrevista de prensa... Fina, guarda en su tienda los libros y hasta allí acuden los componentes del grupo a cambiar los libros.
La de ayer fue una reunión especial, sobre todo para mí, por el lugar donde la hicimos, porque, como ya he dicho antes, era la última de este curso y porque el “descoordinador” (o sea, yo) no pude asistir a la anterior (el pasado 23 de mayo) por estar hospitalizado con una afección cardiaca. De hecho, mientras la mayor parte del grupo se reunía ese día en la biblioteca del colegio, yo viajaba en ambulancia, camino de Barcelona, para hacerme un cateterismo (y es que la vida y la literatura se entrelazan de mil maneras).
Bueno, a lo que iba, ayer echamos a faltar a Eva, a Montse y a Tere que, por unas razones u otras no pudieron venir. Allí nos encontramos –y escribo los nombres como me vienen, en claro “desorden” alfabético-: Alicia, Fina, José Luis, Rosa G., Yolanda, Mª Carmen, Rosa L., Mercè. Pili, Eli, Nati, Ana y un servidor. Para mí fue un más que agradable reencuentro con todas ellas. Comenzamos hablando del recientísimo fallecimiento de Jesús Moncada y Ana nos leyó uno de sus relatos, como sencillo homenaje a un autor de orígenes tan próximos (nació y vivió en Mequinenza) y que ya leímos en el primer año de funcionamiento del grupo. Tanto “Camí de sirga”, como los relatos de “El café de la granota” o “Històries de la mà esquerra”, son obras literarias muy reconocidas.
Luego se nos fue la tarde conversando de manera amable y distendida. Somos un grupo variopinto de personas, unidos por nuestra afición lectora, que hemos desarrollado unas relaciones personales entrañables. Probablemente esa posibilidad sea el aspecto más interesante de estos grupos que, a través de los libros y la lectura, generan otras complicidades, tejen redes invisibles entre sus componentes; redes que nos fortalecen anímicamente. Renovamos nuestro deseo de continuar el curso próximo y nos deseamos buenas lecturas para este verano. Nos hicimos unas cuantas fotos y yo me sentí emocionado cuando recibí, como “descoordinador” del grupo el regalo de dos libros y un marcapáginas personalizado con un acróstico con mi nombre y un dibujo de mi “careto”; un regalo inesperado que me dejó sin palabras. En el número 52 de Bibliotelandia (el boletín de la biblioteca escolar del colegio) ocupamos tres páginas de comentarios y reseñas de los libros leídos durante este curso.
Y luego, nos dimos unos abrazos, nos deseamos bonitas cosas y nos despedimos oficialmente hasta el próximo curso.

ENFERMEDAD Y LECTURA

1.- No es que haya que estar enfermo para leer más, pero, curiosamente, ese estado de pérdida de la salud personal invita (cuando la cosa no es muy seria) a refugiarse en los libros y a sumergirse en las historias que cuentan. Y no han dejado de recordármelo muchos amigos y amigas que me han llamado, escrito o venido a ver estos últimos días; “bueno, ahora podrás leer todo lo que tenías aparcado”. Dicho así, la verdad, no sé si tal aseveración me alegra o me intranquiliza, porque solemos tener aparcadas bastantes lecturas y, ahora, parece que me veo en la obligación de “ponerme al día” con todas ellas.
De momento, lo que sí leo más es el periódico. Tengo la costumbre de comprarlo todos los días, pero no tengo suficiente tiempo para leerlo a diario. En ocasiones, sólo los titulares para matar la mala conciencia de que lo he comprado y no he encontrado un rato para echar un vistazo a sus páginas.

2.- TESIS COINCIDENTE. Hace unos días, publicaba un artículo en El Pais, la escritora Carme Riera, titulado “Leyendo estamos a salvo”. Parte la autora de una referencia al Quijote, del que dice que es la historia de un lector, que a lo largo de la historia no ha dejado de generar lecturas. Confiesa Carme que a los ocho o nueve años descubrió el significado del título del artículo; justo cuando su padre le leyó la Sonatina de Rubén Darío. Aquellas palabras escuchadas (la lectura en voz alta que no deberíamos abandonar las maestras y maestros nunca), aún sin entenderlas del todo la empujaron a aprender a leer con todas sus fuerzas. Y en cuanto supo leer, su padre cerró la biblioteca familiar con llave, al ver la voracidad lectora de su hija. “Casi al mismo tiempo que me incitó al placer de la lectura, me lo prohibió”. Y añade Carme: “A estas alturas no me parece un mal método. De manera que cuando me preguntan ¿qué haría usted para que la gente leyera más?, suelo contestar, prohibir la lectura. En mi caso, funcionó; me las arreglé para abrir la puerta, coger los libros sin que lo notaran y a escondidas, a veces alumbrándome con una linterna, seguí leyendo”. Hace unos pocos años –en 1999- escribí un artículo en el nº 106 de la revista Platero (revista ovetense, que dirige el amigo Juanjo Lage) titulado “Animando la lectura desde la biblioteca escolar”. Tras una serie de sugerencias, terminaba diciendo: “En último caso, si todo esto falla, permítanme una pequeña frivolidad: entonces tendremos que considerar seriamente la posibilidad de prohibir los libros, de convertirlos en objetos raros e inaccesibles. Quizás de esa manera vuelvan a despertar la curiosidad de quienes se han entregado con vehemencia a consumir otros soportes de comunicación, justo cuando más posibilidades tenían de leer y acercarse a los libros”. Me alegro de compartir tesis con Carme Riera. No somos los únicos a los que nos ronda esa idea por la cabeza.

3.- SEGUNDA COINCIDENCIA. Hace unos días me regalaron un librito tres amigas que vinieron a verme a casa. Es un libro que cabe en una mano y que está editado primorosamente por José J. de Olañeta, el editor balear que tan bellos ejemplares entrega a los lectores. El libro es un clásico de la ecología y se titula “El hombre que plantaba árboles”, de Jean Giono. El protagonista es un pastor que se ha empeñado en una labor gigantesca, como es repoblar en silencio las montañas y laderas por las que transita con su ganado, sembrando bellotas, hayucos y cualquier otra semilla de árboles que pueda encontrar. El personaje de ficción, el pastor ecologista se llama Elzéard Bouffier. Es una fábula hermosa de lo que podría ser el planeta si estuviera poblado por seres responsables que, aún asumiendo la necesidad de progresar por los beneficios que comporta (o debería de comportar) para todos, no olvidasen que el referente imperecedero debería ser el mundo natural. Eso nos hubiera llevado, hace ya años, a establecer algunas barreras, algunos límites a muchas actividades para preservar la vida con otros niveles de pureza y de integridad.
Yo conozco a otro silencioso Elzéard. Se llama Mariano y es mi padre. Durante varios inviernos, con más de setenta años a sus espaldas (ahora tiene 87) pasaba las mañanas en el monte de Los Tozales, una zona de monte de su propiedad. En los pueblos de montaña, parte de los montes son de propiedad particular. Eran la cuarta “pata” de una organización económica por la que buen número de familias del pueblo disponían de tierras de secano para el cereal, algo de regadío para los productos de huerta, algo de monte para la leña y madera y algo de ganadería. Con todo ello y mucho trabajo se vivía con justeza. El caso es que mi padre se empeñó en limpiar el monte, cortando las ramas bajeras de los árboles ya hechos, aclarando el número de ejemplares en algunos bosquetes con excesivo número de plantones, cortando los arbustos y sembrando bellotas en los claros que admitían mayor densidad de árboles. Fue un trabajo callado, en soledad. Él siempre se defendía diciendo que en el bosque hacía menos frío que fuera de él; se sentía arropado y cobijado y hacía una faena que él juzgaba necesaria. Decía que los nietos a lo mejor podrían disfrutar de un monte más poblado y más limpio. Lo cierto es que si todos los bosques estuvieran como lo dejaba mi padre serían lugares hermosos para visitar, recorrer, pasear y contemplar las distintas especies vegetales que los componen.
Me gustó que al releer la historia de E. Bouffier la asociara mentalmente con la de mi padre y que la lectura, una vez más, hubiera obrado el milagro de establecer misteriosas, emocionantes o significativas conexiones con la vida, con las vivencia y los recuerdos. Este tipo de ejemplos son los que pongo yo cuando me piden que dé consejos para animar a leer.

4.- Y aunque es posible que sea verdad, que cuando uno está enfermo lee más, yo prefiero (y la inmensa mayoría, creo yo) leer menos y estar bien de salud, para decidir qué hacer en cada momento.