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Gonzalo Moure responde

Algún problema hemos tenido para incluir como "comentarios" estas respuestas de Gonzalo Moure al texto de 26 de abril de 2005, titulado "Visita de Gonzalo Moure". Hasta tal punto, que hemos optado por colocarlas como un texto nuevo, con esta referencia inicial. Quien lea este texto necesitará irse a la fecha nombrada y leer aquél, junto con los comentarios para entender mejor las respuestas; respuestasal texto de Mariano y a las cartas de Fiama, Houda, Ainhoa y Marta, por este orden:

1.- ¡Menos mal que me he enterado de la existencia de ésta página! He escrito a
Mariano, para ver cómo se encontraba después del susto, y con su respuesta
venía la dirección de su blog. Ya veo que mejoras, Mariano, porque ahí abajo
tienes la respuesta: te doblarás en la huerta de los manzanos de los
chavales cuando hayas cumplido 87, nunca dejarás de ayudarles a plantar
nuevos manzanos.

2.- ¡Hola, Fiama! Sí, tu nombre es un relato, una llama dispuesta a quemar la
maleza, esa parte del bosque que sólo sirve para retrasar el crecimiento de
los árboles, para criar parásitos y dificultar la vida de sus habitantes más
sanos.

Lo que dices del dinero es verdad. He acabado el borrador de un cuento en el
que dos duendes amigos toman diferentes caminos, pese a vivir en un bosque
como el de antes, y tener a su alcance una felicidad sencilla y llena de
vida. Uno se va para ganar dinero en la ciudad, el otro se queda para ser
feliz en el bosque. El primero vuelve al bosque, ya rico, pero se da cuenta
de que ha quemado toda su vida para alcanzar la felicidad de la que su amigo
ha disfrutado durante toda la vida. La idea salió de un encuentro menores
que vosotros, entre los que había cuatro que decían que preferían el dinero
a la felicidad. ¡Han logrado que el dinero sea un dios al que adorar, no un
medio, sino un fin en sí mismo!

Sí, algún día usaré tu nombre, pero tranquila, que no lo desgastaré: lo
compartiremos.


3.- Este es el mejor regalo que me podías hacer, Houda. Y nuestra charla fue
estupenda, porque estaba fuera de programa. De vez en cuando hay que hacer
cosas así, imprevistas, porque nos dan más satisfacción que las muy
programadas. A mí me encantó estar ese rato con vosotros. Tu poesía tiene
algo que me encanta: alegría. Has conseguido que me riera, y eso que veo por
la ventana la playa y me voy a quedar escribiendo toda la tarde. Algo así:

El escritor veía la playa

Pero miraba el ordenador.

Así que guardó la toalla

Y se puso en lo peor.

Pero había carta de Fraga

Y “peor” se convirtió en “mejor”.

4.- Jo, Ainhoa, te voy a apodar como Doña Pero. ¡Deja de dudar! Y sobre todo de
ti misma. Mira, mientras dudas pasa el tiempo, y si al final te decides a
hacer eso que tanto dudas llegas al mismo punto, pero con menos tiempo.
¡Ponte a ello, y ya tendrás tiempo para cambiar si era demasiado! La
reflexión más importante sobre la vida es que hay que vivirla: ya nos ha
tocado la lotería de la vida, lo cual es mucho más difícil que acertar la
loto, así que, sin dudar.

”Soy Elisa y tengo 13 años. Me gusta leer, pero mis amigos creen que es una
tontería. Yo no lo entiendo”... O, bueno, digamos que no lo entendía. Una tarde
estaba con ellos y me había llevado un libro que se llamaba “La balsa de
plata”. Como la cosa estaba un poco aburrida abrí el libro y me puse a leer.
Entonces ellos, capitaneados por Marcos, que siempre se metía conmigo,
empezaron a burlarse. Al final me enfadé, cerré el libro de golpe, y dije:
”Vale, a ver qué cosas tan divertidas vamos a hacer. Os propongo una cosa:
primero yo hago lo mismo que vosotros, y luego vosotros os metéis conmigo en
el libro”. No sé por qué lo dije así, podía haber dicho “Leéis el libro
conmigo”, pero dije lo que dije. Y ellos, con unas cuantas risas, aceptaron.
Todo lo que se les ocurrió aquella tarde era de lo más aburrido. Hacía un
calor de mil demonios, así que ni hablar de excursiones. No teníamos entre
todos ni dos euros, así que ni hablar de irse a beber algo fresco. Lo único
fresco que había esa tarde en Fraga era la sombra de aquel árbol bajo el
cual estábamos. Uno se puso a criticar. ¡Puede ser un deporte! Criticar al
que no está, claro. Que si Fiama esto, que si Marta lo otro, que si Daniel
se ha creído que es no sé qué, que si Mariano va de culo si se piensa que
vamos a leer otro rollo de Gonzalo. Cuando acabaron de despellejar a la
gente, dije: “Bien, y ahora me toca a mí”. Pusieron cara de aburrimiento
infinito, pero no tenían más remedio que aceptar. Y entonces abrí el libro.
Juro que al abrirlo me dio vértigo. Debajo de las líneas de palabras se veía
un abismo. Quise levantar la cabeza, pero no podía. Y poco a poco fui viendo
entre las líneas: debajo de ellas, en el fondo del abismo, había una balsa
llena de plata líquida. Entonces hice, como siempre, lo que no debía: toqué
las líneas con un dedo, como si pudiera abrirlas un poco para ver mejor. Aún
oí la voz de Marcos gritando: “¡Elisaaaaa”!, pero me había escurrido de
cabeza entre las líneas y caía y caía por al abismo hasta que, ¡plas! Caí en
la balsa llena de plata líquida. Creí que me iba a abrasar, pero la plata no
estaba caliente, al revés: era fresca, como si en vez de plata fuera rocío.
Y de pronto, ¡Plas! ¡Marcos! Y uno, y otro, y mi mejor amiga, y... Poco a poco
fueron cayendo todos en la balsa. Nadar en la plata líquida es maravilloso,
porque como es más densa, no es que flotes, es que estás encima de ella. Por
una vez no tuve dudas: estaba tan a gusto que propuse que nos quitáramos...
Pero allí mismo prometí no contar nunca lo que pasó en la balsa de plata.
Cuando caía la tarde vimos que además de la tarde caía una escalera de
cuerda desde arriba, donde se veían las líneas del libro, muuuuuuy lejos.
Fuimos subiendo por ella, hasta que llegamos a la superficie, agarrándonos a
las líneas de palabras. No espero que me crea nadie, porque ya sé que es
imposible. Pero si por fin nos vemos en la piscina este verano fijaos bien:
todos lo que estuvimos allí tenemos ahora dos cosas en común: una pequeña
mancha de plata en alguna parte de nuestro cuerpo y un libro debajo del
brazo.

5.- Mariano y yo nos parecemos en que los dos creemos que lo que pase en el
futuro depende de todos, que no es cosa que tengan que decidir los adultos
solos, que os necesitamos a vosotros, porque vosotros seréis como adultos lo
que aprendáis a ser como niños, como jóvenes. Por eso dedicamos la mayor
parte de nuestro tiempo a ir por ahí haciendo lo contrario que los bomberos:
en vez de apagarlos, encendemos fuegos. Espero haber dejado alguna llamita
en mi visita a vuestra clase. Por cierto, me apunto.

Me acuerdo de la reunión en el Bajo Cinca, con tu madre. Estuvo muy bien, y
también me parecieron buena gente, de esa con la que merece la pena
compartir esta vida. Dile a tu hermano Jorge que le espero dentro del
Síndrome, gozando de la música.
Jo, cuanto trabajo me ponéis... A veeeeer.

”Eran las siete de la mañana. Era el primer día que iba a acudir al
instituto. Estaba ilusionada, pero muy preocupada. Por una parte me apetecía
entrar en ese mundo nuevo, del que tenía que hacer un informe detallado para
Casa Orionis, mi planeta. El informe del colegio les había gustado, pero me
respondieron diciéndome que tenía una “visión limitada” de la Tierra: niños,
mamás, maestras y un señor que se llamaba Director. “¿Son así de poco
variados los humanos?”. Pero estaba preocupada porque había oído decir que
había chicos muy descarados en el Instituto, y si descubrían mi estómago
bombona, el depósito de ácido de hidrógeno con el que respiraba, me iban a
poner en un apuro. Nadie se había enterado en el colegio, pero pasar por el
instituto sin que nadie te vea el ombligo... Y, además, se había puesto de
moda llevar el pantalón bajo y la camiseta alta, así que lo tenía muy mal.
No es que se notara a primera vista, no. Parecía un estómago normal, y tengo
que decir que bien bonito. Pero es que si alguien lo tocaba un día iba a
notar que era de metal humanizado, que estaba helado por el ácido de
hidrógeno, y que sonaba a hueco. Sabía que alguien lo iba a descubrir, y que
si eso pasaba me desintegraría en el aire, porque así lo había aceptado al
firmar el contrato de mi misión. Fue en clase de lengua donde se me ocurrió
la solución. El profesor estaba empeñado en que leyéramos el Quijote, y un
día dijo algo que me dio la clave: “Don Quijote tenía un problema: como
decía la verdad, su verdad, nadie le creía, o más bien le tomaban por loco.
Ya lo dijo Cervantes mismo: tuvo la ventura de vivir loco y morir con
cordura.” Así que en la primera clase de gimnasia me puse un top, y cuando
estábamos esperando al profe, en plan vago, dije: “Mirad, tengo algo que
enseñaros. Resulta que soy extraterrestre, de un planeta de la constelación
de Orión”. Todos se pudieron a reír. Entonces cerré el puño, y me di tres
golpes en el estómago, que sonaron como campanadas: cloin, cloin, cloin. Las
risas entonces llegaron al techo. Desde entonces soy mucho más popular. El
profesor de lengua dice que soy la chica con más imaginación que ha
conocido, y el chico más guapo del instituto empezó a pedirme que saliera
con él. Ya hemos salido varias veces, y creo que esta noche voy a mandar un
informe a Casa Orión que les va a resultar muy interesante.”

GRUPO DE LECTURA DE MADRES Y PADRES

Ayer por la tarde, los componentes del Grupo de Lectura del CEIP Miguel Servet de Fraga, tuvimos la última reunión de este curso. Nos juntamos en el “monte” (así nos referimos por aquí a las casas que el personal tiene en las huertas) de Alicia y Manel (o al revés, de Manel y Alicia, por aquello del “tanto monta, monta tanto”). Con ese encuentro cerramos el tercer año de funcionamiento de este grupo. Habitualmente, nos reunimos una tarde al mes en la biblioteca del colegio y acompañamos nuestra conversación sobre libros y lecturas, con algunos postres, café o té. Hasta ahora hemos funcionado leyendo cada cual los libros a los que tiene acceso, de un autor o autora que hemos elegido y consensuado. No leemos todas lo mismo, aunque en ocasiones nos intercambiamos lecturas comunes: un cuento, un poema, una crónica periodística, una entrevista de prensa... Fina, guarda en su tienda los libros y hasta allí acuden los componentes del grupo a cambiar los libros.
La de ayer fue una reunión especial, sobre todo para mí, por el lugar donde la hicimos, porque, como ya he dicho antes, era la última de este curso y porque el “descoordinador” (o sea, yo) no pude asistir a la anterior (el pasado 23 de mayo) por estar hospitalizado con una afección cardiaca. De hecho, mientras la mayor parte del grupo se reunía ese día en la biblioteca del colegio, yo viajaba en ambulancia, camino de Barcelona, para hacerme un cateterismo (y es que la vida y la literatura se entrelazan de mil maneras).
Bueno, a lo que iba, ayer echamos a faltar a Eva, a Montse y a Tere que, por unas razones u otras no pudieron venir. Allí nos encontramos –y escribo los nombres como me vienen, en claro “desorden” alfabético-: Alicia, Fina, José Luis, Rosa G., Yolanda, Mª Carmen, Rosa L., Mercè. Pili, Eli, Nati, Ana y un servidor. Para mí fue un más que agradable reencuentro con todas ellas. Comenzamos hablando del recientísimo fallecimiento de Jesús Moncada y Ana nos leyó uno de sus relatos, como sencillo homenaje a un autor de orígenes tan próximos (nació y vivió en Mequinenza) y que ya leímos en el primer año de funcionamiento del grupo. Tanto “Camí de sirga”, como los relatos de “El café de la granota” o “Històries de la mà esquerra”, son obras literarias muy reconocidas.
Luego se nos fue la tarde conversando de manera amable y distendida. Somos un grupo variopinto de personas, unidos por nuestra afición lectora, que hemos desarrollado unas relaciones personales entrañables. Probablemente esa posibilidad sea el aspecto más interesante de estos grupos que, a través de los libros y la lectura, generan otras complicidades, tejen redes invisibles entre sus componentes; redes que nos fortalecen anímicamente. Renovamos nuestro deseo de continuar el curso próximo y nos deseamos buenas lecturas para este verano. Nos hicimos unas cuantas fotos y yo me sentí emocionado cuando recibí, como “descoordinador” del grupo el regalo de dos libros y un marcapáginas personalizado con un acróstico con mi nombre y un dibujo de mi “careto”; un regalo inesperado que me dejó sin palabras. En el número 52 de Bibliotelandia (el boletín de la biblioteca escolar del colegio) ocupamos tres páginas de comentarios y reseñas de los libros leídos durante este curso.
Y luego, nos dimos unos abrazos, nos deseamos bonitas cosas y nos despedimos oficialmente hasta el próximo curso.

ENFERMEDAD Y LECTURA

1.- No es que haya que estar enfermo para leer más, pero, curiosamente, ese estado de pérdida de la salud personal invita (cuando la cosa no es muy seria) a refugiarse en los libros y a sumergirse en las historias que cuentan. Y no han dejado de recordármelo muchos amigos y amigas que me han llamado, escrito o venido a ver estos últimos días; “bueno, ahora podrás leer todo lo que tenías aparcado”. Dicho así, la verdad, no sé si tal aseveración me alegra o me intranquiliza, porque solemos tener aparcadas bastantes lecturas y, ahora, parece que me veo en la obligación de “ponerme al día” con todas ellas.
De momento, lo que sí leo más es el periódico. Tengo la costumbre de comprarlo todos los días, pero no tengo suficiente tiempo para leerlo a diario. En ocasiones, sólo los titulares para matar la mala conciencia de que lo he comprado y no he encontrado un rato para echar un vistazo a sus páginas.

2.- TESIS COINCIDENTE. Hace unos días, publicaba un artículo en El Pais, la escritora Carme Riera, titulado “Leyendo estamos a salvo”. Parte la autora de una referencia al Quijote, del que dice que es la historia de un lector, que a lo largo de la historia no ha dejado de generar lecturas. Confiesa Carme que a los ocho o nueve años descubrió el significado del título del artículo; justo cuando su padre le leyó la Sonatina de Rubén Darío. Aquellas palabras escuchadas (la lectura en voz alta que no deberíamos abandonar las maestras y maestros nunca), aún sin entenderlas del todo la empujaron a aprender a leer con todas sus fuerzas. Y en cuanto supo leer, su padre cerró la biblioteca familiar con llave, al ver la voracidad lectora de su hija. “Casi al mismo tiempo que me incitó al placer de la lectura, me lo prohibió”. Y añade Carme: “A estas alturas no me parece un mal método. De manera que cuando me preguntan ¿qué haría usted para que la gente leyera más?, suelo contestar, prohibir la lectura. En mi caso, funcionó; me las arreglé para abrir la puerta, coger los libros sin que lo notaran y a escondidas, a veces alumbrándome con una linterna, seguí leyendo”. Hace unos pocos años –en 1999- escribí un artículo en el nº 106 de la revista Platero (revista ovetense, que dirige el amigo Juanjo Lage) titulado “Animando la lectura desde la biblioteca escolar”. Tras una serie de sugerencias, terminaba diciendo: “En último caso, si todo esto falla, permítanme una pequeña frivolidad: entonces tendremos que considerar seriamente la posibilidad de prohibir los libros, de convertirlos en objetos raros e inaccesibles. Quizás de esa manera vuelvan a despertar la curiosidad de quienes se han entregado con vehemencia a consumir otros soportes de comunicación, justo cuando más posibilidades tenían de leer y acercarse a los libros”. Me alegro de compartir tesis con Carme Riera. No somos los únicos a los que nos ronda esa idea por la cabeza.

3.- SEGUNDA COINCIDENCIA. Hace unos días me regalaron un librito tres amigas que vinieron a verme a casa. Es un libro que cabe en una mano y que está editado primorosamente por José J. de Olañeta, el editor balear que tan bellos ejemplares entrega a los lectores. El libro es un clásico de la ecología y se titula “El hombre que plantaba árboles”, de Jean Giono. El protagonista es un pastor que se ha empeñado en una labor gigantesca, como es repoblar en silencio las montañas y laderas por las que transita con su ganado, sembrando bellotas, hayucos y cualquier otra semilla de árboles que pueda encontrar. El personaje de ficción, el pastor ecologista se llama Elzéard Bouffier. Es una fábula hermosa de lo que podría ser el planeta si estuviera poblado por seres responsables que, aún asumiendo la necesidad de progresar por los beneficios que comporta (o debería de comportar) para todos, no olvidasen que el referente imperecedero debería ser el mundo natural. Eso nos hubiera llevado, hace ya años, a establecer algunas barreras, algunos límites a muchas actividades para preservar la vida con otros niveles de pureza y de integridad.
Yo conozco a otro silencioso Elzéard. Se llama Mariano y es mi padre. Durante varios inviernos, con más de setenta años a sus espaldas (ahora tiene 87) pasaba las mañanas en el monte de Los Tozales, una zona de monte de su propiedad. En los pueblos de montaña, parte de los montes son de propiedad particular. Eran la cuarta “pata” de una organización económica por la que buen número de familias del pueblo disponían de tierras de secano para el cereal, algo de regadío para los productos de huerta, algo de monte para la leña y madera y algo de ganadería. Con todo ello y mucho trabajo se vivía con justeza. El caso es que mi padre se empeñó en limpiar el monte, cortando las ramas bajeras de los árboles ya hechos, aclarando el número de ejemplares en algunos bosquetes con excesivo número de plantones, cortando los arbustos y sembrando bellotas en los claros que admitían mayor densidad de árboles. Fue un trabajo callado, en soledad. Él siempre se defendía diciendo que en el bosque hacía menos frío que fuera de él; se sentía arropado y cobijado y hacía una faena que él juzgaba necesaria. Decía que los nietos a lo mejor podrían disfrutar de un monte más poblado y más limpio. Lo cierto es que si todos los bosques estuvieran como lo dejaba mi padre serían lugares hermosos para visitar, recorrer, pasear y contemplar las distintas especies vegetales que los componen.
Me gustó que al releer la historia de E. Bouffier la asociara mentalmente con la de mi padre y que la lectura, una vez más, hubiera obrado el milagro de establecer misteriosas, emocionantes o significativas conexiones con la vida, con las vivencia y los recuerdos. Este tipo de ejemplos son los que pongo yo cuando me piden que dé consejos para animar a leer.

4.- Y aunque es posible que sea verdad, que cuando uno está enfermo lee más, yo prefiero (y la inmensa mayoría, creo yo) leer menos y estar bien de salud, para decidir qué hacer en cada momento.

"C" DE CANTABRIA Y CORAZÓN

1.- Hace tiempo que no escribo en el blog, aunque como explicaré, he tenido una razón poderosa para no hacerlo.
El pasado 16 de mayo, a las seis de la mañana, estaba previsto que iniciáramos el viaje de final de curso a Cantabria; tierra ésta a la que he viajado con frecuencia, en la que tengo buenos amigos y que me gusta especialmente. Combina paisajes marinos con otros de montaña y los colores verde y azul son los predominantes, cuando recorres sus valles, sus costas, sus pueblos y ciudades... Por este lado, justificaría ya lo que dice el título de este texto: en mi caso, mi corazón tiene cierta querencia especial por Cantabria. Pero hay más...
Ese día 16, antes nombrado, comenzó para mí de otra manera: con algunos dolores y molestias que me llevaron, primero al ambulatorio y luego al hospital de Lleida. Parece que mi corazón andaba excesivamente “emocionado” y me ponía en apuros. Bueno, no voy a detenerme en explicaciones profundas; el caso es que he pasado nueve días hospitalizado, a consecuencia de un infarto de miocardio (que por lo visto ha sido leve, pero que me obliga a estar de baja laboral para recuperar el tono anterior). ¡Cómo iba a imaginarme que llamándome “Coronas” tendría algún problemilla, precisamente en las “coronarias”! Pero ya veis, la vida nos sorprende a cada instante y nos va tallando en la piel los rastros de nuestra existencia.

Como siempre me han gustado los juegos de palabras, y en los hospitales tienes mucho tiempo para pensar, descubrí que dentro de la palabra INFARTO (o con las letras de dicha palabra) se podían formar dos con significados bien distintos. Por un lado, la palabra FIN, que es lo que produce en muchas personas (fin de la vida) cuando se manifiesta de manera brutal, como un zarpazo en el centro del pecho. La otra palabra que podemos formar es FINTA (o FINTAR, también). Una finta es un regate, como bien sabemos los aficionados al fútbol. En mi caso, la dolencia, me ha permitido –al menos, de momento- fintar, regatear a la palabra FIN. Por eso estoy contento y celebro cada día la existencia, el estar vivo y disfrutar de quienes me rodean.

2.- En este tiempo transcurrido he recibido tantos ánimos de tantas personas que he decidido dosificármelos para mantenerme con optimismo y utilizarlos como inyecciones afectivas e indoloras que ayuden a mi recuperación. Por vía telefónica, por correo electrónico, por visitas directas... han ido llegando hasta mí directamente o han sido recogidos por Mercé, Ana y Daniel... y también por mis padres y hermanos, la preocupación por el estado de salud y los deseos de una pronta recuperación. En este punto tendría que anotar una larguísima lista de nombres (que no tuve el cuidado de apuntar), pero que me han hecho sentir bien y acompañado. A todas esas personas, amigos y amigas, les agradezco enormemente sus palabras y sus buenos deseos.

3.- Una de las primeras cosas que me pasó por la cabeza, en las primeras horas (y en las siguientes) fue la continuidad del curso escolar. Luego, a medida que te van explicando lo que te ha pasado y te muestran los resultados de las diferentes pruebas, vas modificando el perfil de prioridades y la salud personal es ya lo único que te importa, porque todo lo demás, tiene arreglo. Mis alumnos y alumnas de 6º A tienen ya otro maestro que los atenderá hasta el final del curso y varios de ellos han venido a verme a mi casa o han escrito en distintas páginas del blog sus deseos y me han contado un poco cómo les fue la excursión por Cantabria.

4.- Bueno, chavales, no sé cuándo leeréis estas líneas, pero espero subir a veros un día de estos. Desde aquí os animo a que no perdáis la concentración en estas tres semanas, que quedan para finalizar el curso escolar y que trabajéis con la mirada puesta en que el próximo curso donde debéis estar es en el instituto, empezando una nueva etapa educativa. Un saludo para todos y todas. Portaros bien y seguid siendo respetuosos, espontáneos y alegres.

Aula Libre celebra sus treinta años

Escribo con algo de retraso, pero a veces, lo cotidiano nos supera y no tenemos tiempo de contar algunas cosas, que merecen ser contadas, en el momento justo.
Este año, el Movimiento de Renovación Pedagógica AULA LIBRE cumple 30 años y eso no es ninguna tontería. Y si no te lo crees, date una vuelta y pregunta a ver si alguien conoce algo parecido; que “un puñado de pájaros contra la gran costumbre”, al decir de Cortázar, haya permanecido todo ese tiempo –contra viento y marea; superando dificultades hasta más allá de lo que sería lógico y racional- reuniéndose, debatiendo, reflexionando, escribiendo y publicando sus puntos de vista, sus opiniones, sus experiencias… en diferentes formatos.
Y, por todo ello, los días 6 y 7 de este mes de mayo estuvimos de fiesta. Fueron dos jornadas de “glamour”; de “momentos nescafé”, de celebración ruidosa y divertida, y de sacar algo de pecho, ¡joder! (perdón) que ya nos tocaba.
El día 6 por la tarde, abandonamos por un rato el stand de la feria para acercarnos al salón de actos. Hacia las seis de la tarde, subí al escenario a recoger la Cruz de José de Calasanz, al mérito educativo. Abajo se quedaron Pepe, Sebastián Pilar, Gemma, haciendo fotos y participando del momento. Una cruz (no confundamos con ¡qué cruz!) que personificada en mí, entendí como de reconocimiento a un grupo de personas, inasequibles al desaliento (a veces los tópicos tienen sentido) que llevan muchos años de labor callada y contagiosa. El acto estaba refrendado por la plana mayor de la Consejería de Educación: Eva Almunia, Juan J. Vázquez, Marivi Broto, Nati Mendiara, Pilar Ventura y Carmen Martínez, así como por Mariano Buera y Felipe Faci. Luego nos tomamos unos pastelitos y una copa de cava, mientras departíamos con otros invitados.
El día 7 por la mañana, se celebró la presentación del libro “Aulas Libres”. Pepe, Sebastián y Pilar acompañaron a Juan J. Vázquez en la mesa. Los asistentes fueron obsequiados con un ejemplar del libro y escucharon las palabras amables de reconocimiento del Viceconsejero, las de los históricos Pepe y Sebastián y las de Pilar y tocaron la portada y miraron los tonos azules y lilas de la misma, y olieron el papel y se sumergieron en los textos e ilustraciones del interior y se quedaron un rato repasando las páginas del álbum de fotos para ver el paso de la barba negra a la barba blanca o de la barba al bigote o de la barba a la cara rasurada o de los rizos a la incipiente calva… para ver, poco a poco, y de manera festiva las huellas que deja el paso del tiempo. Fue un acto sincero y un lujo poder disponer de un libro que resume buena parte de nuestros anhelos y de nuestro modo de ser y hacer. Y yo que propugnaba otro tipo de libro, tuve que reconocer (y lo hice con mucho gusto) que ese era el libro que estábamos buscando.
En otra parte del recinto, colgaban 14 paneles grandes, con pequeños textos, con acrósticos, con fotografías, etc. que recreaban parte de la historia de Aula Libre y algunos de sus temas de trabajo más significativos. El conjunto es vistoso y muy propio para que circulen y se conviertan en elementos de una exposición itinerante.
El grupo de los Tirurirus se apoderaba de la carpa interior para desarrollar su espectáculo musical: "Cuento musicado: el Trébol Mágico de Monegros" y sembrar melodías por los oídos y el cuerpo de las personas que se acercaron a ver la actuación.
Por otra parte, Geles y Montse, con ayuda de Gemma entretuvieron a niños, niñas y progenitores en su taller de plástica. Al lado, Ángel, Fernando y Ricardo invitaban al personal a devanarse los sesos con el taller de matemáticas. Por ambos puntos de interés circularon todo el día gente curiosa que preguntaba, se sentaba y trataba de ofrecer respuestas a las preguntas o salía con más preguntas que respuestas… No sé, ¿quién puede montar una historia así si no es porque tiene alma de Aula Libre? Y, por la tarde, Lucía nos agrupó en el rincón menos bullicioso de la feria para contarnos unos cuentos deliciosos, para emocionarnos con sus palabras y sus silencios.
Y por la caseta o stand pasaron personas conocidas y desconocidas; unos a saludarnos y charlar un rato; otros a interesarse por nuestro trabajo y nuestras publicaciones (expertos, como somos ya en ferias).
Y por la noche nos fuimos a cenar todos juntos a un lugar increíble: “La Posada de las Almas”. El recinto, con techo artesonado y una luz mortecina estaba animado por dos camareros, salidos de cualquiera de los cuadros que decoraban el recinto; “reencarnados”, decía José Antonio. El uno era el retrato vivo de Napoleón (personaje histórico que durmió una noche en la posada) y el otro absolutamente indescriptible; las explicaciones que pretendió darnos sobre el origen del nombre estaban a medio camino entre el surrealismo buñueliano y el cubismo picassiano, por decir algo. Cenamos y reímos y todo tenía un ambiente un punto misterioso, irreal, ¿había invisibles entre los comensales? Tengo una foto del tal “Napoleón” en la que se ven unos efluvios etéreos en un plano superior que alimentan la sospecha. Allí nos juntamos José Antonio de Marco, Geles Domínguez, Fernando Vallés, Juan Salanova, Pilar Gabal, Gemma Sanz, Ángel Ramírez, Tere Rey, Concha Vidaller, Carmen Sancho, Reyes Lalueza, Pilar Yera, Chapi, Roberto Leborburu, Pepe López, Sebastián Gertrúdix, Pili , Lucía Montero, Ricardo Blasco, Montse Conejos, Mercé Lloret, Mariano Coronas, Emilio Gómez, Ima Melchor, Gemma Sanz, Pilar Andreu, José Miguel González, Gemma, Ángela… Y nos acordamos de Javier García y de Miguel Calvo que, a pesar de todo lo que pusieron de su parte en la preparación del libro y los paneles, circunstancias de la vida les impidieron estar presentes y de otros y otras que al final no pudieron venir Gabi, Teresa, Carlos, Pedro, Antonio, Julio, José Mª, Tere… Y algunos más que seguro habré olvidado.
Quiero nombrar especialmente a Pepe López que sacrificó todo su tiempo libre del último mes para dedicarse en cuerpo y alma a conseguir que el libro y los paneles quedaran como han quedado. Para él todos los elogios y todas las reclamaciones. También a Pilar Gabal que lo secundó en todo lo que pudo y se implicó con fuerza. A Sebastián que coordinó el libro, trató de organizarlo y se comió algunos marrones, a Miguel que le ayudó ( no sé si en lo de los marrones, pero sí en darle forma al libro), y a Javier que anduvo con negociaciones de dineros y con el tema de los paneles mientras pudo.
Por último, agradecer a la Consejería de Educación el trato exquisito que ha tenido con nosotros y el reconocimiento que hemos recibido: en las palabras dedicadas en sucesivos momentos y con la financiación del libro y los paneles.
Creo que todo esto es “gasolina” de la buena para continuar; así que no nos durmamos en los laureles que el número 82 de la revista debe ver la luz antes de que acabe el curso.

PUEBLOS Y CULTURAS

Un viaje por los cuentos y relatos del mundo

Durante el mes de mayo de 2005, culminará la actividad de dinamización cultural y fomento de la lectura impulsada desde la Biblioteca Escolar del CEIP Miguel Servet de Fraga, que hemos denominado PUEBLOS Y CULTURAS. Las últimas acciones relacionadas con esa actividad se desarrollarán dentro del programa del “Mayo cultural” que se viene celebrando en el colegio.

Nuestro centro responde claramente a ese nuevo perfil multicultural que va adquiriendo la sociedad de nuestro país. Niños y niñas –y por lo tanto, familias- procedentes de países muy diversos, comparten hoy el espacio y el tiempo escolar con el alumnado autóctono. Hemos querido, desde la literatura y desde la biblioteca escolar, hacer una propuesta lectora y cultural que incidiese en el conocimiento de lo lejano (aunque lo lejano sea ya próximo), convencidos de que mejorar el conocimiento de otras realidades, de otras culturas, es el mejor camino para aprender a respetarlas y mantener la curiosidad por seguir aprendiendo.

Un centenar de libros, organizados en tres grandes maletas viajeras, se han paseado por las distintas aulas del centro, durante los meses de febrero, marzo y abril. Pretendían acercar al alumnado, visiones distintas de los mitos, de los ritos, de la cultura de diferentes grupos humanos. A la vez que el alumnado y el profesorado tenía a su disposición los libros de las maletas, para poder leer en el aula, hacíamos llegar a las familias un documento de trabajo, junto con una carta solicitando su colaboración en la realización del mismo. Se trataba de una figura humana, dibujada sobre una cartulina, que debían “vestir” preferentemente con telas, convirtiéndola en un niño o una niña (según los gustos) con una indumentaria también al gusto de cada cual. Una vez realizado ese pequeño trabajo, debían devolverlo a su tutora o tutor para poder organizar finalmente una exposición.

Mientras eso ocurría en las casas y en las aulas, dos grupos de madres se iban reuniendo todos los miércoles –de 3 a 5 de la tarde- en la biblioteca escolar del centro. Uno de los grupos de “madres ilustradoras” iba preparando diversos materiales para acondicionar la biblioteca cuando llegase el momento: seis siluetas de más de un metro de altura, convenientemente vestidas se transformaban en representantes de etnias y culturas distintas y una gran estructura de cartón, en forma de “V” ofrecía la posibilidad de hacerse fotografías asomando la cabeza por el agujero preparado para ello, con un cuerpo de indio o de hawaiana, a elegir.

Por otro lado, el grupo de madres cuentacuentos, leía, seleccionaba y preparaba los cuentos que iban a ofrecer a todo el alumnado del centro en la primera semana de mayo, con las más variadas técnicas, entre las que estaba el sugerente teatro de sombras. Las historias de “Epamimondas”, “La hija del mago”, “Haz el bien y te harán el mal”, “Almendrita”, “Los niños abandonados”, “El panadero y la lavandera”, “El conejito y la casita de palma”, “Zogloboló” fueron haciéndose realidad a través de la palabra contada, así como unas cuantas poesías de la autora argentina, María Elena Walsh.

Durante los días 3, 4, 5 y 6 de mayo (en dos sesiones cada tarde), todo el alumnado del centro fue acudiendo a la biblioteca para asistir a las representaciones. Al final de las mismas, todos los niños y niñas eran obsequiados con un marcapáginas especial en el que podían leer “el cuento de la solidaridad” de Kurt Kauter. Dentro del recinto bibliotecario, cinco expositores, de cinco colores diferentes, ofrecían un centenar largo de libros para mirar y leer y en el pasillo previo a la sala de lectura, otros cinco expositores acristalados, ofrecían a los visitantes aquellas siluetas de niñas y niños que el alumnado, ayudado por su familia, había ido vistiendo previamente. Cada semana del mes de mayo fueron exponiéndose las realizadas por un ciclo del colegio. Todos los niños y niñas del centro, desde infantil-3 años hasta sexto de primaria pudieron ver expuestos sus trabajos.

Con el mes de mayo avanzado, todas las familias recibirán un libro especialmente editado para la ocasión. Un libro que contiene una selección de cuentos de diferentes partes del mundo, ilustrado con algunas de las siluetas vestidas por el alumnado y que será un regalo de agradecimiento por el apoyo de las familias a la actividad. Un libro, para leer y compartir en familia.

Y una vez más, la biblioteca escolar ha sido lugar de encuentro de los miembros de la comunidad escolar con los libros, con las historias que en ellos se cuentan y se habrá cubierto una etapa más en ese interminable camino del fomento de la lectura en el que estamos empeñados desde hace 17 años.

Visita de Gonzalo Moure

Hoy nos ha visitado en clase, el escritor y amigo Gonzalo Moure. Ayer por la tarde estuvo en el Palacio Moncada de Fraga. Hasta allí se acercaron cinco chicos de la clase: Iosu, Sebas, Javi Navarro, Daniel y Énder que le preguntaron por todo lo divino y humano y a quienes firmó libros, dedicatorias, autógrafos… Hoy por la mañana, a primera hora, hemos estado hablando de ello. Los asistentes a la reunión de ayer nos han contado su alegría por hablar con él y esa ha sido hoy la noticia que hemos escrito en nuestro “Cuaderno de noticias”. El pasado curso leímos en voz alta los libros: “El oso que leía niños” y “Palabras de caramelo”. Con el primero hicimos algunos trabajos que le enviamos por correo postal. Más adelante, Gonzalo nos escribió un correo electrónico agradeciendo las palabras que le dedicábamos. Este curso, relacionado con el tema “Pueblos y culturas” trabajado desde la biblioteca escolar, hemos leído “Maíto Panduro”.

A media mañana, nos han comunicado que iba a venir a vernos Gonzalo. Ha llegado cuando terminaba el recreo, acompañado por Carmen, y hemos subido todos con él hasta la clase. No ha necesitado ninguna presentación y, al hilo de lo que ayer le contaron, se ha puesto a hablar de la vida, como si nos conociera desde siempre. Les ha dicho algunas cosas importantes: “ahora os coméis las manzanas, pero estará bien que más adelante, decidáis plantar manzanos, para que otros puedan probarlas”. Este bienestar en el que estamos instalados no debería convertirnos en seres pasivos; todo lo contrario; puesto que tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas, deberíamos poner más empeño en comprometernos con algunas causas y leer y prepararnos para realizar nuestros sueños, con una proyección hacia otras personas.
Gonzalo ha escrito ya una extensa obra literaria. Además de los libros nombrados más arriba, podemos citar: “Lili, libertad”, “El movimiento continuo”, “Los caballos de mi tío”, “¡A la mierda la bicicleta!”, “El síndrome de Mozart”, “Nacho Chichones”…
La visita ha sido de media hora; los chicos han escuchado con mucha atención su ameno parlamento, le han pedido los correspondientes autógrafos y se han hecho una foto con Gonzalo. Seguro que recuerdan ese momento como algo muy especial; sobre todo, algunos a quienes se les veía emocionados con la visita. Los compañeros y compañeras de 6º B también han pasado un momento a la clase para saludar a Gonzalo, pues ellos también habían leído alguno de sus libros. Tras esta visita sorpresa tendremos la oportunidad de seguir leyendo sus libros, para conocer a los personajes salidos de su imaginación y para seguir el hilo de las historias imaginadas por Gonzalo, a quien agradecemos enormemente que haya hecho un hueco en su apretada agenda y haya venido a visitarnos. Con su visita, este martes vulgar, se ha convertido en un día lleno de significado.
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P.D.- Mi padre cumplió ayer (25 de abril) 87 años. Sigue cuidando la huerta y se dobla sobre los surcos de manera envidiable. En las arrugas del rostro está dibujado el mapa de toda una vida y sus manos empuñan con fuerza y decisión las herramientas que necesita para sembrar y plantar. Me enseñó el valor del esfuerzo y el trabajo para ganarse el pan de cada día y el valor de la dignidad como capital personal. ¡Felicidades!

LEYENDO EL PERIÓDICO

Hay días que el periódico nos acerca suficientes argumentos para leer y comentar. Una o varias noticias dan para mucho: lectura, comentarios, derivaciones hacia otros temas, asociaciones inesperadas, nombres propios, vocabulario…
El pasado martes nos fijamos en varias noticias. Fue como un “mañanadiario”, sugerente e inesperado. Leímos que “En China se había hallado un fósil de dinosaurio con huevos dentro”. Aún tiene presente los chicos la hipótesis de Parque Jurásico, la posibilidad inquietante de que los científicos sean capaces de “revivir” algunos animales extinguidos. Hace poco tiempo leímos también la noticia del hallazgo en EE.UU. de un fósil de otro dinosaurio con tejidos “frescos” en el interior… Otra noticia que llamó la atención fue la relacionada con los tesoros submarinos del Golfo de Cádiz; lugar éste en el que se han hundido a lo largo de la historia muchos buques. La frase de un catedrático de arqueología que asegura que “En el golfo de Cádiz hay más oro que en el Banco de España” les llamó mucho la atención.
Nos alegró mucho leer y comentar la entrevista y la noticia de la concesión del VIII Premio Alfaguara de Novela a Graciela Montes y Ema Wolf. Consideramos a Graciela como una amiga nuestra; no en vano, el pasado curso mantuvimos con ella, a raíz de la lectura de algunos de sus libros, una fluida correspondencia por correo electrónico, fruto de la cual salió un documento muy entrañable que cada uno guarda como un pequeño tesoro.
Al hilo de la semana en la que estamos (el sábado próximo se celebra el Día Mundial del Libro), leímos que el Gobierno de México ha comprado un millón de ejemplares de el Quijote y ha regalado un ejemplar a cada maestro mexicano. El Subsecretario de Educación Básica del Gobierno mexicano declaró que “Queremos construir México como un país de lectores” y que “Es una decisión que forma parte de las inversiones nacionales para fomentar la lectura”.
Otra iniciativa que nos llamó la atención fue la del Barça. En los prolegómenos del partido ante el Getafe, saltaron al Nou Camp un equipo de 11 escritores y escritoras con un libro en la mano cada uno de ellos. Además, se repartió entre el público asistente al partido un opúsculo con 11 textos escritos por cada uno de los autores que formaban la curiosa “alineación literaria”. El Barça se sumaba así a los actos del Año del Libro y la Lectura.
Por último, también comentamos otra noticia en la que se hablaba de que el Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya modernizará las bibliotecas escolares para impulsar la lectura, realizando una fuerte inversión económica en 300 centros de infantil y primaria e institutos. Esperamos que sea verdad y que esa iniciativa se extienda por las comunidades vecinas.
¿Conoces algún libro de texto que mejore esto?