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JORNADAS DE BIBLIOTECAS ESCOLARES DE GALICIA

Se han celebrado en la ciudad de Santiago de Compostela, durante los días 7 y 8 de octubre y han reunido a más de 300 personas en cada una de las conferencias. Teniendo en cuenta que el día 8 de octubre era sábado y que los parques de Santiago estaban en un punto muy atractivo, pues comenzaba el llanto otoñal de hojas desprendidas, tuvo mérito que a las ocho de la tarde siguiesen allí encerradas todas aquellas personas escuchando propuestas y reflexiones sobre la biblioteca escolar.

Comencé el viaje en Fraga, a las 16 horas del día 7 de octubre y lo continué con incertidumbre, pues al llegar a Lérida, el tren que debía llevarme a Barcelona o la vía por la que debía circular habían tenido un contratiempo, así que otro pasajero y yo fuimos desplazados hasta Tarragona en un taxi, para allí coger el tren hasta la ciudad condal. Nada más llegar a la estación también había problemas con el tren que debía llevarme al aeropuerto, así que… Luego, el avión salió a la hora anunciada y ya el viaje se realizó sin más contratiempos. Llegué al hotel en el que me hospedaba en Santiago a las 00:30 del día 8 de octubre. Me encontré con Cristina Novoa (organizadora de las Jornadas), con Juan Mata y Andrea (que venían de Granada), con Antonio Tejero (de Extremadura), con José Antonio Camacho (de Castilla-La Mancha) y con Laura Andreu (de Madrid). Con estos dos últimos nos fuimos a pasear por la parte vieja de Santiago para charlar y tomar una cerveza. La Plaza del Obradoiro estaba sola y en penumbra (la última vez que había estado en aquel lugar era un 24 de julio por la noche de hace tres años y no se podía ni dar un paso por la ciudad).

La jornada del día 8 comenzó a las diez de la mañana y terminó pasadas las 20 horas, con la consiguiente parada para comer. A lo largo del día, diferentes ponentes: hombres y mujeres, contaron sus experiencias personales; pusieron en común sus reflexiones y puntos de vista y trataron de orientar a quienes habían acudido hasta aquel foro bibliotecario buscando ideas, buscando ánimos, buscando palabras cálidas que activaran esfuerzos, voluntades, proyectos… Admirable su actitud, su comportamiento y su presencia. No sé si en algún sitio los responsables políticos se percatan de esa fuerza que la voluntad personal pone a disposición de las ideas y del trabajo: maestras y maestros que desean mejorar sus conocimientos y su práctica educativa y que ponen a disposición de esa causa parte de su tiempo. Personalmente, la asistencia a esas Jornadas (después de la imposibilidad de estar en otras dos, celebradas en otros puntos a finales del pasado curso, debido a un problemilla cardiaco) supuso el reencuentro con la tensión de las exposiciones orales ante un público que merece que quienes tenemos el privilegio de acudir de ponentes ofrezcamos un discurso honesto, sorprendente e ingenioso, expresión de la inteligencia.
Compartir esa tarea con Juan Mata, con Antonio Tejero, con José A. Camacho, con Laura Andreu… fue un lujo para mí. Me vine con la sensación de haber aprendido mucho de todos ellos; no sólo de lo que dijeron sino también de lo que uno intuye o de lo que el otro transmite aún sin proponérselo. Cristina Novoa y todo su equipo de colaboradoras y colaboradores hicieron un excelente trabajo y también todas las personas que expusieron sus experiencias y que mostraron algo del mucho trabajo que hay detrás de la fundación y el sostenimiento de una biblioteca escolar en cualquier parte de este desmembrado país: Fernando Méndez, Agripina Aalfeirán, Dolores Mantiñán, Mercedes Rey, Concha Costas, Mario Pereira, Dolores Barreiro, Juana Vázquez, Carmen Loriga, Puerto Menéndez, Rosario Sánchez, Gabriel Sánchez, Margarida Sampaio…hablaron de todo ello en sus intervenciones.
Muy grato fue encontrarme y escuchar a Xavier P. Docampo y poder hablar con él y darnos un abrazo.
El sábado cenamos juntos unos cuantos de los nombrados y celebramos esa red que vamos tejiendo en estos encuentros. En mi caso, curiosamente, hace algo más de nueve años (primavera de 1996) que hice el primer viaje fuera de Aragón con este cometido. Fue precisamente a Galicia, a participar en las Segundas Jornadas de Bibliotecas Escolares que organizaba el Ayuntamiento de A Coruña. El tiempo pasa, sigue habiendo esfuerzos individuales y continúan la indiferencia y en algunas ocasiones la hostilidad hacia quienes quieren dedicar parte de su tiempo a abrir caminos al conocimiento, a familiarizar a chicos y chicas con la información, a fomentar la lectura, a acercar a las criaturas a las manifestaciones culturales… Esperemos que Jornadas como éstas modifiquen algunas conductas y algunas viejas tendencias. Yo, mientras tanto, continuaré instalado en ese pesimismo activo, que me permite ir tirando y celebraré cada encuentro y cada reencuentro, como debe ser, claro.

EL GUSTO ES NUESTRO

En la escuela, hay días que las cosas salen más redondas o más dulces o más apetitosas... Eso les ha pasado esta tarde a las clases de 4º A y 4º B del CEIP Miguel Servet de Fraga. Mercè Lloret y Mercè Arbonés son las tutoras de esas clases y Trini Lapeña la profesora de catalán. Entre las tres pensaron que podían unir el estudio de los sentidos, de los alimentos y de las próximas fiestas del Pilar con, entre otras varias, una propuesta especial. Les sugirieron a chicos y chicas la posibilidad de traer un plato elaborado en casa con ayuda de la madre, del padre, de la abuela... Hoy por la tarde, cada cual ha llegado con una sorpresa alimenticia, bajo papel de aluminio, o bajo una servilleta. Una vez en clase, cada chico y cada chica ha presentado lo que ha traído: ha explicado los ingredientes y el proceso de elaboración; las dificultades que presenta la realización, las ayudas recibidas; seguidamente ha enseñado a todos sus compañeros su aportación para que la vieran y la olieran y la ha depositado en una mesa con mantel. Como era tiempo de “conocimiento del medio” y éste, en nuestro colegio, se hace en catalán (en los ciclos primero y segundo) las explicaciones, la expresión oral en este caso se ha realizado en catalán.
Al final de las intervenciones, se mezclaban en la mesa la tortilla de patata con los frijoles mexicanos; el flan de galletas, con las tortitas y empanadillas guatemaltecas; la torta de limón con el tiramisú; la tortilla de jamón con la torta marroquí... Todo un universo de olores y colores que se ha completado con lo más esperado: un universo de sabores, cuando ordenadamente niños y niñas iban probando todos los platos cocinados. ¡Menuda merienda! Y aún les ha quedado para almorzar mañana. Muy destacable la animosa y decidida ayuda de las familias para conseguir una tarde tan diferente; una tarde de pedagogía gastronómica que tardarán en olvidar. Esto va dedicado para quienes piensan que la escuela es, por definición, una institución aburrida. En este caso, una Mercè, otra Mercè y una Trini han propuesto un camino para hacerla entretenida y compartida. Hoy, gustosamente, hago de corresponsal.

A COGER ALMENDRAS

A eso, precisamente, fuimos el pasado viernes por la tarde: a coger almendras a Figols de Tremp. Ya hablé de este pequeño pueblo del Pallars Llussá (Lleida) en un texto de este blog; concretamente en el que escribí el pasado 6 de noviembre de 2004. Cuidamos la casa natal de Mercè y recogemos algunos frutos de los árboles que plantó su padre. Como estamos algo lejos, no podemos cuidar la hacienda como deberíamos hacerlo y por eso, las cosechas no son tan abundantes como en años atrás.
Subir a Figols nos permite situarnos en un punto vital diferente: estamos solos prácticamente pues la casa está separada del resto del pueblo; la carretera está también alejada y hay pocos ruidos; la ausencia de iluminación exterior ofrece un cielo nocturno plagado de estrellas. La noche es totalmente silenciosa; sólo se escucha el crepitar de la leña quemándose en el fogaril, pues en este tiempo de otoño las noches son frescas y apetece algo de calorcillo. Además, siempre encontramos momento para tomar por el mango una distraída parrilla y poner algo al fuego: unos choricillos, longaniza, panceta, churrasco, sardinas de la costa... o enterrar en el “calibo” o “caliu” unas patatas, una cabeza de ajos... Manjares que allí apetecen y tienen un sabor especial.
Los almendros o almendreras (en aragonés) son árboles generosos y sufridos. En nuestro caso, les damos pocos cuidados: una poda y este año ni eso, por falta de tiempo y en cambio hemos podido recoger un buen montón de frutos; por eso lo de generosos y lo de sufridos tiene que ver con los procedimientos utilizados para arrancar esos frutos: a golpe limpio, con largas varas. Árboles nada resentidos, porque después de esos tremendos azotes, al año siguiente, vuelven a ofrecerse preñados de almendras para que volvamos a ordeñarlos.
Aunque bien mirado, un almendro o una almendrera (como decimos en aragonés) es un árbol terapéutico si se quiere. Basta con que la persona que lo varea vaya imaginando la cara de algunas de las personas a las que les daría algún golpe por su comportamiento indecente, los vaya nombrando en voz baja antes de cada golpe y descargue el palo con fuerza a continuación; además de liberar la agresividad o curar las frustraciones o sacarse la rabia de encima, sobre las mantas del suelo caerá una lluvia de almendras como premio a ese esfuerzo.
Por todo lo anterior, el almendro o la almendrera (como decimos en aragonés) debería ser declarado árbol de alto interés terapéutico, promocionar su plantación y subvencionar su cultivo.

Una vez recogidas las almendras, es necesario “escoscarlas” (como decimos en aragonés)o "escarfollarlas", aunque suene mal (como dicen en catalán de la zona). Por la noche, emulando viejos tiempos de infancia, nos sentamos con Mercè alrededor de la mesa y allí pasamos unas horas dejándonos las yemas de los dedos pulgares, arrancando los “cascos” de cada fruto, mientras charlamos sobre éste o aquel tema e intercalamos algunos silencios. Es esa una de las faenas que reunía a la familia alrededor de una mesa y animaba a la gente a contar batallitas, historias, anécdotas, cuentos,... La desaparición de esos trabajos, asumidos por el colectivo familiar, y la aparición de la televisión han sido los dos golpes más letales para la postergación o la inexistencia actual de la transmisión oral de la vida y de la cultura popular. Aunque, a lo mejor lo que digo es excesivo...

Yo creo que es un privilegio poder hacer estos trabajos agrícolas, sudar un poco, sentir el cansancio de verdad y reencontrarse con el propio cuerpo, aunque sea dolorido de golpear, de agacharse, de caminar, de acarrear... Luego uno duerme a pierna suelta y al día siguiente amanece como nuevo y con la cabeza muy despejada porque no le dio tiempo a pensar en ninguno de los estúpidos “problemas” en los que está sumergido cada día en el trabajo cotidiano. Así que ya lo saben, cuando aprieta el estrés, lo mejor es agarrar los bártulos e irse a coger almendras.

EL LIBRO DE LOS NOMBRES

Hoy por la tarde hemos repartido y hemos podido leer en voz alta el primer "librito" de este curso, realizado íntegramente en clase y de autoría colectiva. Ha sido un juego con el nombre de cada uno (una sencilla rima), más una pequeña información familiar de por qué la elección de ese nombre y más un dibujo personal que ha hecho cada uno. El librito tiene 24 páginas y hemos hecho una tirada de 50 ejemplares, para enviar a las amistades. Como tenemos esta oportunidad, aquí dejamos el contenido íntegro del mismo, para que quienes se sumergen de vez en cuando en este océano informativo, puedan llegar hasta nuestras costas y conocernos...
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Ficha Bibliográfica

Título: “El libro de los nombres” - Autoría: Alumnado de 5º A de Primaria
1ª Edición: Septiembre de 2005 - Tirada: 50 ejemplares
CEIP Miguel Servet de Fraga (Huesca) - Curso escolar 2005 - 2006
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PRESENTACIÓN

El artículo tercero de la Declaración de los Derechos del Niño dice que “El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre”. A continuación, el padre y la madre de cada cual -en la mayoría de los casos- se encargan del resto. Es decir, de elegir cómo nos llamaremos.

Lo que hemos hecho, en este caso, es, además de hacer una rima divertida presentándonos, preguntar en nuestras casas para conocer algunos detalles de por qué nos llamaron como nos llamaron. Con todas esas rimas, esas informaciones y unos dibujos muy salados, hemos confeccionado el primer “Libro libre”(*) de este curso, esperando que a éste le sucedan otros, desarrollando los más variopintos temas o partiendo de las más curiosas circunstancias.


(*) La expresión “Libros libres”, para este tipo de trabajos, se la inventó mi amigo Víctor J. Borroy

Me llamo SANTIAGO
y no sé lo que hago...

Mi madre me puso Santiago en homenaje a Santiago Apóstol. Aunque nací el 26 de julio y el Santo es el 25, ella pensó que le gustaría que me llamara Santiago.

Me llamo IVÁN
y soy un galán.

Me ha dicho mi madre:
- “Cuando estás embarazada llega el momento de elegir el nombre del niño o de la niña, si aún no sabes lo que llevas. Como nombre de niño había pensado en Héctor o en Elías, pero no estaba muy convencida; entonces escuché por la televisión el nombre de Iván y me gustó, en caso de que lo que esperaba fuera niño, claro”. Y así fue...

Me llamo ÁLEX CABRERA
y me gustan las carreras.

¿Por qué me llamo Álex? Porque es un nombre con carácter, que reúne muchas cualidades. Me han dicho mis padres que pensaron también en ponerme Carlos, Álvaro, Áxel, Santi, Miguel Jorge...

Soy YAIZA G. ESTUDILLO
y me gusta mucho el bolillo.

Mis padres me pusieron este nombre porque fueron de luna de miel a visitar un pueblecito llamado Yaiza, que se encuentra en la isla de Lanzarote, en el que había una virgen muy bonita y decidieron que si el primer hijo era una niña, le pondrían Yaiza. Mi nombre es de origen árabe y significa “flor blanca”.

Me llamo JESÚS
y me gusta mucho el “mus”.

Me llamaron Jesús porque mi padre y mi abuelo se llaman Jesús.

Me llamo LUPE PASCUAL
y no está nada mal.

Me llamé Yurai hasta los siete años en que vinieron mis padres a buscarme a México, que es donde nací. Un día me preguntaron si quería cambiar de nombre y dije que me gustaría llamarme Lupita.
Lupita es el diminutivo de Guadalupe y en México es la forma en que nos llaman a todas las que nos llamamos Guadalupe. Escogí este nombre porque me quería llamar igual que la virgen patrona de mi país. Y llevo este nombre de Guadalupe Yurai con mucho orgullo.


Soy GUILLEM ARNAU
y me gusta el “bacalau”.

Estos nombres les gustaban mucho a mis padres porque vienen de la Edad Media, época en la que nació la cultura catalana. En aquel tiempo había muchos Guillem y muchos Arnau, como Arnau de Vilanova. Guillem es un nombre de origen alemán que significa “el escudo protector” o “fuerza protectora”.

A SILVIA PLAZA MORÓN
le gusta mucho el rok and roll

A mi madre siempre le había gustado el nombre de Silvia y en vez de ponérselo a m is hermanas, me tocó a mí. En mi familia sólo estoy yo con este nombre y me gustaría que algún otro miembro de mi familia se llamara Silvia. También me hubiera gustado el nombre de Meri.

Yo soy PAULA SERVETO
y contigo no me meto.

La razón de por qué me llaman Paula es porque mis padres querían que fuese chico y llamarme Pablo. Como salí chica, en lugar de chico, me llamaron Paula que es el femenino de Pablo.

Me llamo NOELIA IBARZ
y me gusta mucho cantar.

Mis padres me pusieron Noelia porque a mi padre le gustaba mucho el cantante Nino Bravo y una de sus canciones, que decía precisamente: “Noelia, Noelia, Noelia...”

Me llamo ANDREA
y soy gallega.

Mis padres me llamaron Andrea porque mi abuela le iba a llamar Andrea a mi madre, pero al final le pusieron Marta. Mi madre se decidió por el nombre de Andrea porque a ella le hubiese gustado llamarse así.

Yo me llamo MAIKA
y no soy de Jamaica.

Mi abuela y mi madre se llaman Mª Carmen y para no ponerme también Mª Carmen, me pusieron Maika, que significa Mari Carmen, pero en vasco. En el registro pone Maika y no Mª Carmen.

Me llamo KAMILE
y me gustan los desfiles.

Me han llamado Kamile porque mi madre, cuando era joven, conocía a una señora que tenía una hija que se llamaba Kamile. La niña era muy guapa, muy morena, tenía el pelo muy rizado y tenía los ojos marrones. Mi madre cuidaba a esa niña; era su canguro.
Esa familia se fue a Estados Unidos y mi madre echaba de menos a esa niña, y cuando nací yo me puso el nombre de Kamile.

Me llamo ELENA
y me lavo la melena.

Mis padres hicieron una lista con los nombres que más les gustaban. Entre ellos estaban: Irene, Mónica, Lidia... A mi madre le gustaba Irene, pero mi hermana se empeñó tanto en que me llamara Elena que mis padres dejaron que fuese ella quien lo eligiera.

Yo me llamo SERGIO
y quiero montar un comercio.

Dudaban entre ponerme Javier o Sergio. Javier porque se llama así mi padre; Sergio le gustaba a mi madre. Se decidieron por éste porque es un nombre español muy común y fácil de pronunciar. Escogieron Sergio porque dejaron elegir a mi madre, ya que en el parto lo había pasado muy mal.

Me llamo TÍFFANY CAÑAS MOLINA
y me gustan mucho las mandarinas.

Cuando mi madre se quedó embarazada, mis padres pensaron en muchos nombres: Laia, Sara, Andrea..., pero cuando una amiga de mi madre supo que estaba embarazada, le dijo que Tiffany era un nombre de chica. Mis padres lo hablaron y les gustó mucho la idea.


Me llamo YOUNES
y no me gustan los lunes.

A mí me llaman Younes, pero casi me llaman Mohamed.


Soy ROBERTA
y acabo de entrar por la puerta

Más adelante, cuando mejore mi español, podré explicaros por qué me llamo así.

Yo me llamo PASCUAL
y canto bastante mal.

Me iban a poner Jonathan, pero mi abuelo me quería poner Pascual. Un día mi abuelo se murió y entonces me quedé de Pascual.


Me llamo MARIANO
y cuando saludo
siempre doy la mano.

En mi caso, la cuestión era mantener un nombre que se venía poniendo a un varón de cada generación. Como fui el primero de los hermanos, me tocó la china. El lío lo tenía mi madre. Al principio me llamaba Marianito, para diferenciar, pero de mayor, cuando llamaba: - “¡Mariano!”, solíamos contestar los dos: mi padre y yo, o preguntábamos antes de contestar: - “¿El padre o el hijo?”. Bueno, un follón, de cualquier manera...

INTERCAMBIO DE REVISTAS

Una de las tareas más satisfactorias en las que participo es la de recibir y abrir los sobres que me traen revistas amigas. Desde hace muchos años, colaboro de manera decidida en impulsar el mantenimiento de algunas publicaciones periódicas. Al margen de las colaboraciones más o menos esporádicas en otras, hay tres en las trabajo con ahínco: El Gurrion, Aula Libre y Bibliotelandia. Las tres surgen en ámbitos o entornos distintos y ejemplares de las tres envío periódicamente –además de a los suscriptores y suscriptoras- a colectivos, centros de documentación, entidades, etc. Muchos de ellos publican también sus revistas. Como consecuencia de ese intercambio, pasan por mis manos a lo largo del año un montón de publicaciones que puedo hojear o leer a placer y que me proporcionan frecuentemente recursos, puntos de vista, noticias, descubrimientos, opiniones, etc. de mucho interés. Tengo por cierto que la lectura de esos ejemplares intercambiados es para mí una fuente de aprendizaje de mucho valor.
Ayer recibí los números 7 y 8 de “Nuevas Hojas de Lectura”, desde Colombia. La revista la publica de forma trimestral la Asociación Fundalectura (www.fundalectura.org). Gracias a ello he podido leer el artículo “Una lectora llamada Béatrice” y saber que en Grenoble (Francia) hay un programa de los Servicios Sociales que impulsa, entre otras acciones, la posibilidad de que personas mayores, muy mayores que no pueden leer, reciban la visita en sus domicilios de una persona como Béatrice Devanciard que les lee, les cuenta, les tiene en cuenta... y recibe emocionada estas palabras de una de esas ancianas, receptora de su voz y su lectura:
- “Me gusta mucho su manera de leer. No me cansa y me interesa y sobre todo usted se toma el tiempo de explicarme. La espero la semana que viene con impaciencia. Gracias señora”.
Nunca había oído hablar de una iniciativa semejante, pero me ha gustado conocerla. Creo, además, que la lectura para esas personas debe ser un bálsamo formidable para su salud y un auténtico regalo para su sensibilidad.
Bueno, pues eso, que me apetecía contarlo.

SENSACIONES EN UN NUEVO COMIENZO DE CURSO

Les he preguntado a los chicos y chicas de 5º A qué esperan de este curso, con qué ánimo vienen... Anoto algunas de sus afirmaciones:

"Veo el curso difícil y llego con el cuerpo bien lleno de energía", dice Maika.
Andrea confiesa que le gustaría aprender cosas nuevas que no sabe y que ya tenía ganas de empezar el curso.
"Me gustaría que Mariano me enseñe mucho más de lo que yo sé", dice Lupita.
Guillem dice que de este curso "espero que todos trabajemos y nos ayudemos de unos a otros".
"Me gustaría hacer cosas más fáciles", Pascual.
"Lo que espero de mi tutor es que seamos buenos amigos y que me enseñe mucho". Esta es parte de la opinión de Santiago.
"El lunes pasado me levanté muy triste porque había que ir al colegio, pero al llegar tuve más ánimos", afirma Noelia.
"Yo creo que nos lo vamos a pasar muy bien porque este profesor es muy gracioso", comenta Younes.
"Empiezo con ánimos. Quiero trabajar". Iván
"Me gusta este curso porque empezamos a ser mayores", lo dice Álex.
"Ya estamos en el tercer ciclo. Yo soy muy formal". Jesús
"A mí este curso me parece un poco difícil, pero no me importa porque tengo ánimos de estudiar y hacer las cosas bien". Silvia
"Quiero escribir y leer mucho": Sergio.
"Espero que el tutor sea bueno conmigo. Quiero aprender muchas cosas de Mariano", Yaiza.
"Al profesor que tengo le gustan mucho las poesías y creo que haremos muchas. Este año voy a trabajar", Elena
"De momento el curso va bien, pero después, más adelante, a lo mejor se me puede complicar un poco, porque habrá cosas más difíciles", dice Paula.
"Del tutor que me ha tocado, espero que nos enseñe muchas cosas, y creo que lo va a hacer", Kamile
"Yo les he prometido a mis padres que me iba a esforzar mucho y voy a cumplir mi promesa", comenta Tiffany.

Creo que entre todos y todas ofrecen un panorama completo de sensaciones, anhelos, deseos, espectativas... de indudable interés. Forman todos juntos un eco de voces necesarias, que deben ser tenidas en cuenta. Son expresiones sencillas, breves; yo creo que sinceras. Suficientes para mí, su tutor, teniendo en cuenta que me considero "Guardián de cosas pequeñas".

EL LUNES AL COLEGIO

Cada principio de curso escolar, las televisiones suelen dar noticias breves relacionadas con el tema e ilustran las mismas, con mucha frecuencia, con niñas y niños que lloran desesperadamente al ir a la escuela.
Hoy por la tarde (día 10 de septiembre), hemos ido a comprar a un supermercado con Mercè. Estábamos ya recorriendo el último pasillo antes de hacer cola en la caja, cuando una niña la ha saludado con mucha alegría: “¡Hola, Mercè!” y con toda naturalidad ha abandonado la compañía de su madre y se ha colgado del cuello de su maestra del año pasado, expresando una gran alegría por el reencuentro. La niña en cuestión es Ani, de nacionalidad búlgara, que llegó a mediados del curso pasado desconociendo totalmente el castellano. Cinco meses después lo habla con bastante claridad. Ani no podía reprimir su alegría: “El lunes al colegio,¡qué bien!" le recordaba a su maestra y añadía “Yo, contigo”… Y todo ello con una amplia sonrisa y con una gran naturalidad. A su maestra (a Mercé) se le han enrojecido los ojos al recibir unas muestras de cariño tan espontáneas y tan sinceras y la madre de la niña sonreía y también se emocionaba. Cuando nos hemos despedido, Ani ha vuelto a recordarle a Mercè: “El lunes al colegio”, sonriendo abiertamente. ¡Qué lástima que no hubiese un cámara recogiendo este pequeño suceso! Si ilustrasen el comienzo de curso con alguna de estas imágenes ayudaríamos a cambiar algunas miradas y algunos tópicos. Como testigo directo del mismo he sentido que vivía “un momento nescafé”, uno de esos momentos en los que uno se siente feliz y orgulloso de ser maestro de escuela."

VIAJE A FRANCIA

Ayer, domingo, nuestra hija Ana viajó desde Fraga hasta Barcelona. Hoy ha cogido un avión con dirección a París. Desde el aeropuerto de Orly se ha trasladado hasta Cergy Saint Christophe ( a 25 kilómetros de París) donde tiene la residencia y donde cursará el primer cuatrimestre de tercero de Turismo, en la facultad de Pontoise. Se va con el “Erasmus ese” que dicen que facilita el intercambio entre estudiantes en Europa. Lo que no suelen decir es que, al menos en España, son las familias quienes deben costear el famoso Erasmus, porque nadie te da facilidades para nada. Bueno, sabemos que ha llegado bien y que ya se estará instalando en su habitación de la residencia.
En casa estamos un poco inquietos porque es la primera vez que se marcha tan lejos para un tiempo tan largo. Son cosas que una vez u otra deben suceder y debemos estar preparados para que los hijos y las hijas se separen de nosotros y vayan encauzando su vida. Para ella tampoco será fácil al principio: ha viajado sola, está en otro país, con otra lengua y con otras concepciones culturales. Además es un país con mayor nivel de vida y, por tanto, con argumentos para gestionar el dinero de manera más rigurosa.
Recuerdo, al hilo de este viaje de mi hija, que mi primera salida de casa (de Labuerda) fue también para estudiar. Fui interno a un colegio de Huesca a hacer el bachillerato superior. Había cumplido 15 años en julio y me incorporé al colegio en septiembre. Me acompañaron mis padres y mis tíos y, sin ninguna dificultad, puedo evocar el momento en el que me despedí de ellos, un domingo lluvioso de septiembre. Estuve un rato sentado en el patio de dicho colegio, sólo y llorando. En aquellos tiempos viajar de Labuerda a Huesca costaba bastante más que volar de Barcelona a París. No teníamos teléfono en mi casa y la comunicación más utilizada era la carta. Durante casi un mes mantuve la maleta sin deshacer del todo, porque en muchas ocasiones tuve la tentación de escaparme a la estación de autobuses y volverme para mi pueblo. Luego, pasó el tiempo y acepté aquel desgarro como algo necesario en mi formación, animado como estuve siempre por mis padres. Pasaba meses sin ir a casa y la comunicación más agradable se producía cada unos quince días. Era el tiempo que tardaba en enviar un saco-bolsa de ropa sucia a Labuerda y en recibir el mismo saco-bolsa con la ropa limpia y SIEMPRE con una caja dentro; una caja sorpresa que podía contener: un bote de mermelada de tomate, una latita de leche condensada, un trozo de torta casera, media longaniza y medio chorizo, unos caramelos, una tableta de chocolate... recibir aquello era una auténtica fiesta y algo que nunca le agradeceré bastante a mi madre. Un día de estos, tendremos que mandarle algún paquetito a Ana y procuraremos que contenga alguna de estas sorpresas que te conectan directamente con el nido familiar, con el sitio del que viniste. Y es que la vida no para de dar vueltas y vueltas y vueltas...