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LAS GOLONDRINAS REGRESARON A ÁFRICA... NOSOTRAS Y NOSOTROS VOLVIMOS AL COLEGIO...

Leímos un texto aparecido en el “Pequeño País” del 7 de septiembre de 2008. Se titulaba “El regreso de las golondrinas”. Estaba escrito por Carolina Pinedo e ilustrado por Carmen G. Iglesias. Comentamos que, al mismo tiempo que las golondrinas regresaban a tierras africanas, nosotras y nosotros regresábamos al colegio… ¡Qué cosas! Leímos la noticia y nos pusimos a buscar refranes, poemas y a escribir rimas, acrósticos, etc. Es costumbre española hablar de las golondrinas en primavera y fue precisamente por eso, porque no estábamos en primavera, por lo que consideramos interesante hablar de las golondrinas… Con una parte de esos materiales nombrados hicimos este primer “libro libre” del curso (en papel plegable y desplegable), conteniendo tres tipos de documentos: una muestra de fragmentos de poemas en los que aparece la palabras golondrina; una retahíla rimada, de situaciones y palabras, con la palabras golondrina y una relación de refranes referidos a nuestra viajera alada. Hicimos copias para todos los niños y niñas de la clase y para regalar a las amistades, lo leímos en clase y cada cual lo tiene ya guardado en la caja de los objetos significativos (esperemos que así sea…)

 

A.- Fragmentos de poemas (nosotros les llamamos “contraseñas poéticas”) con la palabra golondrina:

 

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Golondrina amiga mía,

en tu pico de cristal

a una niña que yo amo

un suspiro has de llevar”.

(Antonio G. Teijeiro)

 

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“Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán”.

(Gustavo A. Bécquer)

 

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¿No sabéis, golondrinas errantes,

no sabéis,
que tengo el alma enferma

porque no puedo irme

volando yo también?

¡Golondrinas, llegaos!

¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales!

¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!

(Alfonsina Storni)

 

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Es invierno y hace frío.
Ya se van las golondrinas
a volar por otras tierras
donde hay sol en las esquinas.

Viajan muchas golondrinas
azuladas o con rayas.
Sonia va junto con ellas
a buscar cálidas playas.

(Carla Dulfano)

B.- RETAHÍLA RIMADA.

 

La palabra GOLONDRINA rima con muchas otras palabras. Entre todas y todos, fuimos haciendo esta retahíla rimada, como un juego interminable de relación de unas palabras con otras: enredando unas con otras con las piruetas de un vuelo zigzagueante que esa “flecha negra con plumas”, cada primavera y cada verano, dibuja en los cielos de nuestro pueblos y ciudades:

 

El nido de la golondrina

está dentro de mi cocina.

Las alas de la golondrina

brillan como las escamas de la sardina.

El vuelo de la golondrina

no necesita ni gasoil ni gasolina.

Una desfallecida golondrina

se ha encontrado una campesina.

Los ojos de la golondrina

son negros como los de Marina.

En primavera, las golondrinas

son mis ruidosas vecinas.

En las alas de la golondrina

parece que haya brillantina.

El pico de la golondrina

nunca probó la sardina.

El canto de la golondrina

alegra la cara de Yanina.

No hay ninguna golondrina

que se llame Isabel o Carmina.

Una o dos golondrinas

entraron en mi cocina.

El color de la golondrina

es como el pelo de Sabrina.

A todas las golondrinas

les gusta beber en las piscinas.

Los excrementos de la golondrina

ensucian el garaje de mi prima.

Los ojos de la golondrina

son de textura cristalina.

La cola de la golondrina

es del color del pelo de mi prima.

 

 

C.- REFRANES CON LA PALABRA GOLONDRINA

 

.. “Una golondrina no hace verano”.

.. “Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado”.

.. “Cuando viene la golondrina, el verano está encima”.

.. “De marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va”.

.. “Golondrina en bajo vuelo, anuncia lluvia en el suelo”.

.. “Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela”.

.. “Por San Raimundo viene la golondrina del otro mundo”.

.. “San Raimundo trae la golondrina del otro mundo”.

.. “Si alta la golondrina vuela, temperatura buena; pero si roza el suelo, aguacero”.

.. “Golondrinas altas, buen tiempo anuncian. Si vuelan bajas, próxima está la lluvia”.

.. “Más caga un buey que cien golondrinas”.

.. “A quince de marzo, da el sol en la umbría y canta la golondrina”.

.. “Golondrina anticipada, primavera muy templada”.

.. “Si quieres saber cuándo es abril, la golondrina te lo vendrá a decir”.

.. “Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina”.

.. “Si del quince al vente de marzu non llega la golondrina, vas ver el campu blancu comu si fuera fariña” (en bable – Asturias).

.. “Cuando la Virgen llega, la golondrina se va”.

 

Algunos de los materiales de arriba, los hemos seguido utilizando; unos como contraseñas poéticas, otros como elementos para la lectura, la explicación, la reflexión, la escritura…

LA FLOR DE LA MARAVILLA TODAVÍA BRILLA… EN RECUERDO DE ANA PELEGRÍN

Se ha muerto Ana Pelegrín cuando amanecía el día 11 de septiembre. Me lo ha comunicado Sara M. con un escueto mail. “La Flor de la maravilla” (y no sólo porque ya casi estamos en otoño) ha quedado momentáneamente marchita por la tristeza y las “Letras para armar poemas” se han desordenado sorprendidas y afectadas por la noticia, pero rápidamente se han reordenado, emocionadas, para recordarla:

  (P de poesía, E de expresión corporal, L de libro, E de escritora, G de gran corazón, R de recopiladora de folklore, I de investigadora, N de  niña grande ).

 Conocí a Ana a través de sus libros y me acerqué a ella por algunas preocupaciones o aficiones comunes. Se ocupó con esmero y dedicación de recopilar actividades lúdicas y folklóricas de la infancia (y varios de sus libros hablan de ello), ofreciéndonos un rico legado cultural que, sin su intervención habría quedado, muy probablemente, mutilado. Me puse en contacto con ella, cuando yo hice la recopilación de juegos y actividades lúdicas de mi infancia (“Así nos divertíamos, así jugábamos…”) y me pidió que le enviara el libro y me felicitó por el trabajo. Personalmente me sirvieron de gran estímulo sus palabras. Unos cuantos años después, desde la biblioteca escolar, impulsamos en el colegio, la recogida de materiales de tradición oral y publicamos cuatro libritos: “Una bolita de algodón”, “El patio de mi casa”, “De ayer a hoy”, “Así nos lo han contado”. Le envié estos libritos a Ana, en parte como reconocimiento al estímulo permanente que suponía su trabajo e investigación para los demás y también porque sabía que le haría ilusión tener en sus manos un sencillo trabajo de investigación de la tradición oral, hecho en la escuela.

 

 Nos conocimos “en carne mortal” en Madrid. Felicidad Orquín (buena amiga suya) me invitó a presentar una ponencia en el IX Simposio de la FGSR (“Leer en casa. Espacio privado. Espacios públicos”, llevaba por título el evento, en el otoño de 2003). Allí, en uno de los salones de la Casa de América, pudimos darnos un gran abrazo y charlar un rato. No he olvidado la viveza de sus ojos y la cadencia de su voz… El segundo día, me trajo un regalo, un ejemplar de un libro editado por el Instituto Nacional de Educación Física, titulado “Museo del INEF de Madrid” con preciosas fotografías de una colección de aparatos de Educación Física del siglo XIX; de una colección de juegos tradicionales españoles y de una colección de libros antiguos (reproduciendo láminas sobre diversos juegos). El libro tiene una dedicatoria larga y pensada, que me gusta mucho.

Coincidimos en algunos otros eventos de parecida índole y en uno de ellos (de nuevo un Simposio en la Casa de América) nos hicimos algunas fotos con Juan Mata, Luismi Cencerrado, Mª Ángeles Fernández, Ana y un servidor; la que disparaba la cámara era Mª Jesús Rodríguez que también estaba en la distendida y amable tertulia. Aquel día bromeaba con la actitud de exhibición del cuerpo que mostraban algunos jóvenes estudiantes de INEF… y que ella ya tenía una edad, nos decía…

Otra de las “coincidencias”, también muy agradable, fue la que nos reunió en la portada del número nº 160 de la revista Educación y Biblioteca. De los tres temas que se anuncian en dicha portada, el segundo se refiere a: “Bibliotecas escolares. Desde la biblioteca escolar: vivir, sentir, convivir” (un artículo de tres páginas que escribí hace poco más de un año y que relataba una de las actuaciones en nuestra biblioteca escolar). El siguiente tema era: “Dossier: Los repertorios de Ana Pelegrín”, un conjunto de páginas dedicadas a glosar su trabajo y escritas por personas que la conocieron bien o que trabajaron con ella. Una coincidencia, muy agradable, como decía, y una manera de quedar unidos para siempre en las páginas de esa apreciada revista.

Conocía su labor en “Acción Educativa”, un Movimiento de Renovación Pedagógica con el que manteníamos (desde “Aula Libre”, otro MRP de Aragón) un intercambio regular de publicaciones. También allí dejó su impronta de persona creativa, original, inteligente y trabajadora.

Desde hace ya unos cuantos años, he presentado regularmente al alumnado de mi clase una pequeña parte del trabajo de Ana. Los chicos y chicas, de quienes soy tutor, conocen los libros de Ana Pelegrín, porque me ven frecuentemente con ellos en las manos y han escuchado muchas lecturas de los poemas que guardan. En varias ocasiones, le enviamos a ella materiales escritos y dibujados, opiniones, agradecimientos, etc. y nos contestó muy amablemente agradeciendo los envíos. Muchas de las “contraseñas poéticas” que manejamos estos últimos cursos están sacadas de los libros prologados y seleccionados por Ana Pelegrín.

 

Hoy por la mañana (12 de septiembre) hemos dedicado la clase de lengua a recordarla y a leer algunos poemas y algunas palabras dedicadas por diversas personas en ese número ya nombrado de Educación y Biblioteca; hemos dibujado y decorado su nombre y hemos compuesto algunas coplitas en su memoria:

 Adiós Ana / Ana Pelegrín / no te olvidaremos / aunque haya llegado tu fin”. “Ana escritora / Ana poeta / Ana viajera / Ana maestra”.

 

Para terminar, reproduzco un articulito publicado el pasado curso en el Heraldo Escolar. Corresponde a la serie de textos que escribo quincenalmente “Con sentido del humor” y está dedicado a Ana; es un reconocimiento de admiración a su trabajo. Desde luego, en aquel momento no pasó por mi cabeza que tres meses y medio después volvería a escribir sobre ella lamentando su desaparición. Se publicó el día 31 de mayo:

 

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ANA PELEGRÍN

 

Quiero dedicar esta columnita quincenal a Ana Pelegrín por su extraordinaria contribución a la recuperación del folklore oral y por ocuparse, con dedicación, imaginación y esmero a divulgar la poesía. Algunos de los libros que ha ido publicando a lo largo del tiempo y aquellos otros (antologías poéticas) que ha prologado y para los que ha seleccionado materiales, son fuentes inagotables de lectura, inspiración y posibilidades de recreación.

La recopilación folclórica y el trabajo investigador y analítico que ha ido haciendo Ana a lo largo de su vida se ha traducido en la publicación de diversos libros: Cada cual atienda su juego; Repertorio de antiguos juegos infantiles; La flor de la maravilla: juegos, romances, retahílas… que contienen singulares y hermosas muestras de la riqueza y variedad de nuestro folclore oral, donde no faltan ejemplos evidentes del humor popular, el más genuino, el más auténtico posiblemente.

Leer los libros de esta española de origen argentino, de verbo pausado, musical e inteligente también puede servir a nuestros propósitos de tomar contacto con el sentido del humor e implementarlo. Lo mismo que los libros antológicos de poesía española para niños o para jóvenes, donde nos ofrece muestras para la lectura, la recitación o la recreación: “Cuando se murió el canario, / puse en la jaula un limón: / ¡Soy un caso extraordinario / de imaginación!”. “El día que yo nací / dijo una verdad mi abuela: / esta niña ha de vivir, / hasta el día que se muera”. “Tengo que pasar el río / a caballo en un mosquito, / y que me digan tus padres / ¡qué caballo tan bonito!”. ”Mira usted con la gracia / que mira un tuerto, / con un ojo cerrado / y el otro abierto”.

 

Y encontramos muestras de poetas conocidos y de otros que no habíamos oído nombrar; su lectura, en algunos casos, puede que nos haga sonreír, pero seguro que afina algo nuestra sensibilidad, porque, como dice Lorca: “Detrás de los cristales / turbios, todos los niños / ven convertirse en pájaros / un árbol amarillo”.

 

 

P.D. “La flor de la maravilla” y “Letras para armar poemas” son dos títulos de libros escritos por Ana Pelegrín. El primero lo publicó la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, dentro de la colección “El árbol de la memoria” y se subtitula “juegos, recreos, retahílas”; el segundo está publicado por Alfaguara y al igual que en “Poesía española para niños” o “Poesía española para jóvenes”, Ana escribe el prólogo y hace la selección de poemas, de juegos rimados que contienen esos libros.

HE VUELTO DEL SUR (y II)

Como el título de la entrada anterior del blog anunciaba al menos una segunda parte, aquí estamos de nuevo. En el anterior texto narrando mi viaje a Sevilla ya dejé claros rastros, indicios o testimonios de cómo fue la cosa. Por tanto no me repetiré. Hablo, por ejemplo, de lo que contaba Luis de sus tiempos de niño pequeño: cazaban con cepos en el Parque de María Luisa de Sevilla todos los mirlos que podían y luego se los comían en casa. Era un ejercicio de aportación de proteínas a la dieta familiar. Me hizo gracia ese testimonio porque yo también tengo esos recuerdos de mi infancia: cazar pájaros diversos utilizando cepos o “losetas”, en los campos y viñas, en los bosquecillos cercanos al pueblo. Y luego, cuando en el reposte o en la nevera había diez o doce, los desplumábamos y se guisaban con cebolla (“pajaricos con cebolla” era el nombre de un plato corriente para una o dos cenas semanales). Evidentemente, hoy seríamos perseguidos por estas prácticas antiecológicas… Juan me regaló un ejemplar del periódico quincenal “Diagonal”, subtitulado “periódico quincenal de actualidad crítica” (www.diagonalperiodico.net). Había oído hablar de él con motivo de su lanzamiento, pero no había tenido oportunidad de tener un ejemplar en mis manos. Los reportajes, las crónicas y noticias buscan ese lado oscuro que los otros medios más generales no ofrecen y pone en evidencia algunos comportamientos, algunos acuerdos, algunas poses… Domi (quien me explicó un viejo procedimiento para mantener a raya a las palomas, cuando quieren apropiarse de tu terraza y con la que coincidimos en acordarnos de la familia de quien tuvo la osadía de elegir a semejante bicho como símbolo de la paz, ahora que dan tanta guerra…), antes de marchar, me acercó un ejemplar de PAPAFRITA, una revista joven que se publica en el colegio… Conocí gente comprometida e intuí que había un acuerdo general para avanzar en una dirección, aunque luego haya quien vaya más deprisa, quien camine más despacio y quien tire en otras direcciones, claro…

 

Escribimos en un papelito cuatro o cinco situaciones que cabrean al personal y, tras la selección, éstos han sido los 70 motivos publicados en este blog, en esta particular serie de “cabreoterapias” que he ido publicando; en este caso, una CABREOTERAPIA SEVILLANA. Ahí va, pues, una lista de motivos por los que el personal de este colegio, asistente a dos jornadas de formación, se cabrea con más ímpetu:

 

  1. Cuando no me he enterado de un chiste y los demás se desternillan de risa. 2. La repetición estereotipada de las noticias en los telediarios, sobre todo “las malas”, que suelen ser la mayoría. 3. El cinismo de los que disimulan sus intereses y los disfrazan de buenas intenciones para conseguir lo que quieren. 4. Los chulos que pitan o insultan conduciendo porque se creen “mu” listos ellos o llevan más prisa que los demás. 5. La gente que enciende la televisión a todas horas y no se le ocurre vivir sin ella. 6. La gente que presume de que le sale todo bien, bien, bien: los hijos, los viajes, la comida… 7. Los que mienten y matan y se quedan impunes ante la mirada de todo el mundo. 8. Tener que madrugar. 9. Las dobles caras que muestran muchas personas. 10. Los niños caprichosos y mal educados, jugando alrededor tuya. 11. El ruido de los vecinos por la noche. 12. La idiotez. 13. La prepotencia. 14. El poder en manos de ineptos. 15. Que me duela el cuello cada vez que hablo del colegio. 16. Los exámenes, las reuniones inútiles y malformadoras y ser secretario del claustro. 17. La comunidad de propietarios donde vivo porque son unos imbéciles y no saben cuidar su casa. 18. Los hipócritas monjiles, con buenas palabras, que van jodiendo a todo el mundo. 19. Los sindicalistas oportunistas que olvidaron sus raíces. 20. Las capillas en las facultades y los crucifijos en las aulas. 21. Que el ordenador se cuelgue antes de haber guardado un documento después de horas de trabajo. 22. La burocracia y el tiempo que nos hace perder. 23. La gente que no se cabrea. 24. No cabrearme más, viendo el panorama. 25. El agua mineral. 26. Los chorizos que nos suben la gasolina hasta cuando baja el petróleo. 27. Cuando veo una peli y me forran de anuncios. 28. Los tíos o tías que se pegan a medio metro del coche para asustarme. 29. Cuando el perro se mea en las columnas del porche. 30. Cuando alguien se cree que hace las cosas mejor que nadie. 31. Los que creen que saben mucho de todo. 32. Los que deciden más de lo que pueden poner en práctica. 33. La gente machacona y sin sentido del humor. 34. Lo que olvido (cada vez con más rapidez). 35. Cuando no hago algo que me hubiera gustado hacer. 36. Que me controlen; me transmite desconfianza. 37. No poder pedir una excedencia de algunos meses. ¡La necesito! 38. Que no valoren lo que hago. 39. Que mi deseo de hacer algo con alguien no sea recíproco. 40. Que me cojan objetos personales sin pedírmelos. 41. Las normas inflexibles que impiden el trabajo creativo. 42. La gente que no participa en los proyectos educativos y “pa” remate es destructiva. 43. Que en la hora de la siesta me llamen por teléfono números privados con publicidad. 44. Que esté enjabonada y, en invierno, salga agua fría por la ducha. 45. Tener lleno el carro de la compra y comprobar que la cartera la dejé en casa. 46. Que el fontanero me diga que viene y no se presenta en todo el día. 47. Cuando prestas un libro y ya no vuelves a verlo en la vida. 48. Que miren mientras trabajo. 49. No ser capaz de entender mi nómina. 50. Que me despierten con brusquedad. 51. Que me interrumpan cuando hablo (si es repetidas veces). Mi ritmo es lento y las pausas no se tienen que rellenar todo el rato. 52. Las personas que ejercen de papás del resto. 53. Los que no tienen nada que decir y se empeñan en ser oídos. 54. Los que les exigen a los demás lo que no son capaces de exigirse a sí mismos. 55. Que no me dejen dormir cuando tengo sueño. 56. Que los conductores sean tan intolerantes. 57.  La falsedad. 58. Hablar con un ordenador cuando llamas a “atención al cliente”. 59. Que me impongan cosas y no me den opción a elegir.60. El talento desperdiciado. 61. Los repartos de los gastos presupuestarios en el 99% de los casos. 62. Los burócratas que se creen que son el ombligo de su entorno. 63. Los políticos corruptos. 64. Que estemos cerca de algo tan maravilloso y que ni lo veamos. 65. La ambición y la avaricia. 66. Los padres que son agobiantes con sus hijos. 67. Hacer las cosas con prisa cuando tengo sueño. 68. Los perfectos y las perfectas. 69. La perra Betti que me chupa la mano cuando como. 70.- Cuando duermo la siesta y los demás ponen la tele  fuerte o hablan fuerte;¡uf, uf!  

 

P.D.: 1. El pasado sábado nos encontrábamos en Figols de Tremp y pudimos ver pasar la caravana de la Vuelta a España, en la etapa que empezó en Barbastro y terminó en Andorra. Tuvimos un mirador privilegiado y, aunque hacía un frío intenso e inesperado y llovía, fue realmente espectacular ver pasar la serpiente multicolor por delante de nuestras narices en el descenso del puerto de Montllobá.  

 

2. Ese mismo día por la tarde estuvimos en Monzón, en la feria REPLEGA que, un año más, convocó a mucha gente amante del coleccionismo. Yo pude cambiar y charlar con los asiduos de los marcapáginas y Daniel se trajo una buena cosecha de chapas, gracias a los cambios con otros coleccionistas.

 

3. El lunes (ayer, para que nos entendamos), comenzó un nuevo curso escolar con los chicos y chicas. Es mi curso número 35. Empiezo a estar mayor…                       

HE VUELTO DEL SUR (I)

He vuelto del sur. Calor atmosférico y calor humano. Una experiencia reconfortante. El día 1 de septiembre viajé hasta Sevilla con un AVE que no tiene alas, pero “vuela”. Me había comprometido a mostrar y reflexionar sobre estrategias y materiales de trabajo en la escuela con las maestras y maestros del Colegio Aljarafe de Mairena del Aljarafe (Sevilla); un centro escolar con más de mil alumnos (desde tres años hasta completar el bachillerato); un centro laico, concertado que funciona como una cooperativa de maestros . Antonia, la Directora del centro, me esperaba en la estación de Santa Justa y me acompañó al hotel. Luego, ya con rapidez, acudimos al punto de encuentro con el CRAP (Comité de Recepción y Acompañamiento al Ponente). Recorrimos el centro de Sevilla, el Barrio de Santa Cruz, acompañados de las luminosas explicaciones de José María y de la calurosa compañía de Rosario, Domi, Antonia, el propio José María y Águeda, para tomar unas “servesas” y “saludar a los dueños de los establecimientos de buen tapeo”, hasta que la hora aconsejaba retirarse porque al día siguiente (o ese mismo día, unas horas más tarde) había que trabajar.

 

El día 2 nos reunimos desde las nueve de la mañana hasta las dos, con un descanso a eso de las 11 y algo, para tomar una “servesita”. Les llevé unos regalos en bolsa comercial: libros de la RED de selección de libros infantiles y juveniles, un ejemplar de Aulas Libres, cuadernillos de fomento de la lectura del Gobierno de Aragón, ABCdarios del cole, varios ejemplares de “Bibliotelandia”, algunos marcapáginas, el libro “Con H de humor”, el cuaderno “¿Nos vamos al huerto?”, carpetas ilustradas con el poemita “Para contar un cuento necesito algo de tiempo…”, Guía de la Biblioteca Escolar… Y por ahí empecé, por comentar un poco cada uno de esos documentos. Vimos la presentación sobre los veinte años de B.E. y las posibilidades de adecuar algunas de las actuaciones descritas a una situación en la que lo que funciona son las bibliotecas de aula y no hay una biblioteca central del colegio suficientemente estructurada. Hablamos de la maleta familiar, de las contraseñas poéticas; les sugiero algunos temas para escribir y poder hacer un “librito libre desplegable” con sus aportaciones… Reflexionamos sobre los componentes emocionales de la lectura y aprovecho para leerles algún texto escrito al hilo de lo dicho… Descanso por la tarde, y por la noche nuevas actividades aventureras por la geografía sevillana: caminata con pistas, sorpresas gastronómicas, visión nocturna, orientación bajo las farolas, reconocimiento de valores artísticos, descubrimiento de rincones populares… con una composición del CRAP parcialmente renovada: Charo, Antonia, José María, Cristina, José Ignacio, Juan, Lola y Paqui. Esta vez el recorrido es por Triana y la degustación de productos igual de variada y suculenta. José María vuelve a mostrarse como un consumado cicerone y nos descubre algunos rincones, llenos de encanto y tradición, de esta popular barriada sevillana.

 

El día 3, segunda sesión matinal de trabajo: presentación de las “cajas lectoras” y de un amplio abanico de posibilidades de trabajar con sentido del humor (echando mano del dossier de artículos del Heraldo Escolar y del libro “Con H de humor”); presentación del blog viendo cómo funciona y con qué sentido lo voy utilizando en el aula; una mirada a las presentaciones en PowerPoint que vamos haciendo con los chicos y los tablets; algunas reflexiones sobre el trabajo con prensa y una muestra de libritos de varias formas, medidas y temáticas, así como de cuadernillos para trabajar y desarrollar algunas actividades… Para terminar con la lectura de la “carta a maestras y maestros que empiezan”… Al final, hermosas palabras de agradecimiento y de felicitación, que tan bien se reciben cuando vienen de personas que trabajan en el tajo (como yo) y que les abren algunas posibilidades nuevas o que les sirven de inyección energética para retomar o continuar o implementar algunas actuaciones… Por mi parte, mucho agradecimiento por haberme sentido tan bien acogido y acompañado, por la asistencia, por los debates, por la atención y el respeto y por las risas que nos echamos…

Nos dio tiempo a escribir colectivamente un texto, una amalgama de pensamientos, que podríamos titular “En resumen” y que están formados, fundamentalmente por parejas “nombre-adjetivo calificativo”. Quieren ser pinceladas que hablan de un tiempo ya pasado: las vacaciones del último verano, y como cada cual habla de la feria según le va, pues eso, ahí queda este texto colectivo:

 

“Hogar motivador. Playa relajante. Amor caótico. Familia unida. Amistad noble. Deporte desestresante. Perro compañero. Noches estrelladas. Sol sofocante. Primero de septiembre horrible. Furgoneta aventurera. Cádiz paradisíaca. Jaén bailonga. Cabo tormentoso. Verano alegre. “Guayavito” inexistente. Familia envidiable. Amistad duradera. Cerveza fresquita. Amaneceres tiernos. Caminos largos. Regreso impactante. Noticias dolorosas. Noches inquietas. Tristeza permanente. Desgaste emocional. Niños irritantes. Familia agotadora. Placer merecido. Caricias compartidas. Paseo agradable. Mar relajante. Sueño interrumpido. Pensamientos extraños. Compañía deseada. Ilusión grandísima. Viaje deseado. Alegría desbordante. Sorpresa enorme. Viaje enriquecedor. Barco relajante. Gente encantadora. Luz brillante. Paisaje emotivo. Playa luminosa. Familia molesta. Vidas interesantes. Mosaicos azulados. Ruinas bellas. País acogedor. Viaje impresionante. Calor insoportable. Compañía agradable. Paisajes alucinantes. Momentos inolvidables. Arena blanca. Sitios encantados. Lugares insólitos. Verano especial. Cristales mojados. Bus mañanero. Viaje solitario. Siesta soporífera. Viejecitos familiares. Música lejana. Comunicación fatal. Latidos infinitos. Fuerza interior. Pasos perdidos. Atardecer asombroso. Tapitas suculentas. Sueño prolongado. Colegio ausente. Espuma salada. Mujer sorprendente. Crisis real. Viaje inexistente. Pueblo monótono. Compañía gratificante. Inicio caótico. Noches agradables. Libro deseado. Aeropuerto coñazo. Venecia idealizada. Madre escayolada. Amigas verdaderas. Recetas exquisitas. Padre cariñoso. Noche esperada. Días vacíos. Días llenos. Lecturas novedosas. Encuentros agradables. Vacío periodístico. Libertad prodigiosa. Sueño plácido. Viejos amigos. Comida copiosa. Lectura formativa. Descanso mental. Programa musical. Deporte olvidado. Barcos enormes. Mar limpia. Ruinas centenarias. Templo pagano. Atleta antiolímpico. Estadio fantástico. Rutas antiguas. Sardinas divinas. Calor acorralante. Tinto fresquito. Sobrinos felices. Amigos vitales. Sofá acogedor. Gotas mágicas. Galicia verde. Comilonas reventadoras. Siestas eternas. Despertares placenteros. Besos gustosos. Baños interminables. Vagancia bendita. Gozo gozoso. Temperatura cambiante. Londres trepidante. Rebajas imposibles. Familia dispersa. Casa abandonada. Plantas marchitas. Viaje largo. Convivencia extrema. Lugares nuevos. Situaciones cómicas. Temperatura agradable. Vuelta deseada. Hogar dulce. Lectura apasionada. Isla impresionante. Nacimiento bello. Estambul asombroso. Personas conciliadoras. Mujeres misteriosas. Agua fresca. Mar azul. Calor “joío”. Siesta estupenda. Piscina refrescante. Noche serena. Viaje largo. Niños alegres. Playa tranquila. Libros interesantes. Noche sensual. Barbacoa quemada. Helados buenísimos. Siesta relajante. Bailes alocados. Playa tranquila. Cartera vacía...”

P.D.: Mi madre, que anda asimilando con dificultad la ausencia definitiva de mi padre y resituándose, cumple mañana, día 5 de septiembre, 88 años; una cifra capicúa que, espero, le traiga suerte. ¡Felicidades, mamá!.

EL SONIDO DEL AGUA EN LA MONTAÑA

Cualquiera de los valles pirenaicos, dibujados desde hace millones de años por el incesante discurrir de un río, es un lugar recomendado para caminar, “llenarse los ojos de Pirineo”, respirar profundamente, descansar del jadeo de una caminata en una sombra, mojarse los pies en el río y escuchar el sonido del agua… Después de un verano durillo (por circunstancias ya explicadas en anteriores entradas de este blog), hemos utilizado dos días de esta última semana de agosto para pasarlos en el monte.

 

El martes, 26, el destino fue el Valle de Bujaruelo. Mercè y yo encontramos en ese lugar un rincón paradisíaco y procuramos darnos un paseo por él con cierta frecuencia. Recorrerlo, preferentemente en épocas de menos o de poca gente, es un festival para los sentidos. La combinación de pradera y río en un espacio amplio, casi llano, por donde se puede pasear, es ideal. La pradera que cubre el lecho de inundación del río Ara, está salpicada de grandes formaciones de boj y árboles aislados que le dan un aire de parque natural. El río en el tramo referido salva suavemente el desnivel y el agua, cantarina, hace un ruido de conversación. Nada es comparable a sentarse en una de las muchas piedras gordas de su cauce y poner los pies dentro del agua, mientras escuchas lo que el río quiere decirte. Trae historias de los tiempos de su formación, de las reatas de caballerías y personas que subían o bajaban de los puertos y cuenta episodios curiosos que le van sucediendo a medida que van pasando las estaciones… Un río, el Ara en Bujaruelo, que cobra vida con los reflejos: en cuanto llegas a un pequeño remanso, enseguida ves reflejadas en sus aguas las altas cimas de las montañas que jalonan el valle o los cercanos árboles que se inclinan en señal de agradecimiento por la “música” interminable y por la humedad que les proporciona.

Ni los “desorientados bañistas”, armados de bikini y toalla, tumbados al sol, como si de una playa mediterránea se tratara, consiguen romper la magia (aunque sí que uno suelte alguna imprecación, viéndolos en actitud tan indolente). La montaña se camina con botas o calzado adecuado no con chancletas, con mochila, máquina de hacer fotos y prismáticos; es conveniente mirar en todas direcciones, además de hacerlo hacia arriba y hacia abajo:¿has visto qué formas dibujan al azar los líquenes que colonizan las rocas?, ¿te has fijado en la cantidad de piedras graníticas erosionadas que dejan ver curiosísimas nerviaciones?, ¿y la culebrilla de agua que zigzaguea buscando un refugio cuando advierte tu presencia?, ¿has observado en la pradera multicolor el continuo ir y venir de abejorros y mariposas libando las ostentosas flores que aún resisten al final del verano?, ¿has mirado detenidamente las laderas de las montañas que te rodean, cubiertas de una ingente masa forestal, con una variada gama de colores?, ¿escuchas el sonido interminable del agua que pone música a todo el espectáculo?...

 

Bueno, son muchos los sentimientos que afloran cuando uno camina y el mundo natural se va ofreciendo a nuestra vista, a nuestro oído, a nuestro olfato, a nuestro tacto y a nuestro gusto (aún podemos probar algunos frutos que generosamente ofrecen arbustos y árboles). Ya he escrito varias veces sobre Bujaruelo y siempre que volvemos a ese precioso valle tenemos percepciones nuevas, aunque revivamos otras estancias con nuestros hijos, con todos los amigos y amigas a quienes se lo hemos “presentado”.

 

El día 28, dos días después, escogimos otra ruta diferente. Subimos a visitar los valles del Alto Cinqueta: Tabernés y Biadós. No habíamos recorrido nunca el primero y nos sorprendió muy gratamente. Al poco de iniciar el recorrido de su pista, nos topamos con una preciosa cascada, generosa en caudal y estruendosa en su caída interminable. El camino se adentra luego en un bosque tupido y sombrío hasta desembocar en una amplísima e inesperada pradera, con una caseta de pastores y un refugio para caminantes. Ese día no había vacas pastando, aunque sí restos de su reciente presencia (numerosa presencia, a juzgar por el número de boñigas que anduvimos sorteando). Elegimos uno de los caminos que nos acercaba al río Cinqueta de la Pez y continuamos por él, hasta que río y camino se encuentran: precioso espectáculo de árboles descuajados, de rocas enormes en el cauce, de pozas y remansos, de rápidos para salvar desniveles, de barranquitos aledaños que parecen fuentes caudalosas… Allí en la orilla, al abrigo de abetos de porte solemne y otros árboles frondosos, almorzamos escuchando el sonido desgarrado del agua que va lamiendo las piedras y empujando los troncos para abrirse paso en aquel lecho caótico que, con la próxima tormenta, se vera nuevamente modificado.

 

En la gran roca en la que nos encontramos, vemos varios ejemplos de la fuerza imparable de la naturaleza, cuando se le deja en libertad. Ha bastado que un poco de barro o una pequeña cantidad de tierra se acumulen en algunas grietas o hendiduras para que sobre ese suelo fértil crezcan con ímpetu algunos, diminutos aún, arbolitos, pequeños abetos que, posiblemente, dentro de unos años, asombren por su porte. El contrapunto a ese “milagro” de supervivencia, lo encontramos justo enfrente: un esqueleto de árbol se mantiene enhiesto después de morir: impresiona su imagen altiva; es una escultura moldeada por las nieves, las lluvias y los vientos… a la espera de algún violento vendaval que lo derribe. Cerca del refugio hay dos coches aparcados, pero no encontramos a nadie mientras dura nuestra estancia. El día es soleado, corre una brisa fresca y disfrutamos a base de bien.

 

A continuación, montamos en el coche y subimos a Biadós. Nada más llegar al collado, revivimos la imagen de la vez anterior: aquellas laderas salpicadas de bordas, con los campitos de hierba que, justo ese día, varios propietarios están segando con pequeños tractores. Las nubes y nubarrones que van creciendo por detrás del Posets dejan el paisaje en un continuo sol y sombra. Tomamos la senda que atraviesa el valle y vamos recorriendo pausadamente, con las piernas y los ojos, todo lo que se nos va poniendo por delante. Mientras asciendes por primera vez por la pista que hemos tomado un poco antes de llegar a Gistaín, es imposible imaginar que exista Biadós: tantas estrecheces, bosques, desniveles… para encontrar aquel regalo de la naturaleza domesticado por el ser humano. Algunos trozos de tierra ya no se siegan porque su inclinación es superior a la capacidad de un tractor para mantenerse sin volcar, pero en general, la vista sigue siendo hermosa y seguirá siéndolo mientras el paisaje se encuentre humanizado. Cuando regresamos de la caminata, esperamos que se hagan las dos para poder entrar a comer en el refugio (1.760 metros de altitud), donde nos guardan la mesa encargada: paté exquisito, ensalada variada, sopa o crema de calabacín y cordero asado o pollo guisado; postre y café… ¡Con ese menú ya pueden venir caminatas!

A media tarde comenzamos el regreso, con parada en las orillas del Cinqueta de Añes Cruces para mojarnos los pies y para contemplar, una vez más, esos esqueletos de árboles abatidos y esculpidos por los temporales; árboles sin corteza, de madera endurecida, con “tanos” como ojos de cíclopes que tan a gusto fotografío una y otra vez.

 

Hace tiempo, hace años que cuando salgo al monte me fijo en lo pequeño (también en lo grande): una hendidura, una piedra curiosa en el agua, las formas de los líquenes, las líneas de la madera, flores, animalillos que estén algo quietos, hojas, un reflejo en un charco, … Encuentro formas muy sugerentes y voy formando un museo virtual de la naturaleza (¡ya me gustaría a mí!). ¡Qué invento la cámara digital! En unas horas, puedo hacer entre cien y doscientas fotos y, aunque cuando las hago pienso que algunas las borraré, luego me cuesta hacerlo, aún con las que no tienen tanta calidad como sería deseable. La última parada, ya en territorio “civilizado” es en Plan, nos tomamos un helado de esos de chocolate por fuera y chocolate por dentro y luego nos acercamos a darles un abrazo a José Mari y Pilar que andan cuidando a su movida pareja de churumbeles. Más abajo entramos en Saravillo para hacer acopio de queso y yogur y, ya sin más pausas, llegamos a Labuerda.

 

LA TRAVESÍA DE LA VIDA (y II)

20 de agosto de 2008. Mi padre ha dejado escapar el último aliento. Amanecía cuando su respiración se iba apagando. Llegaba un nuevo día, pero para él, irremediablemente se ha hecho de noche. El azar, que organiza las cosas de una manera curiosa y sorprendente, ha cogido algunos números y los ha dejado entrelazados para siempre: mi padre nació en el año 18 y cumplió en abril 90 años. Mi hijo Daniel, nació en el año 90 y hoy ha cumplido 18 años (se ha hecho mayor de edad el día que su abuelo paterno fallecía). Curiosas coincidencias, sin duda.

 

 Despedir para siempre a tu padre no es un asunto fácil: uno piensa en las palabras que quedaron por decir o en algunas que se dijeron de más, pero sobre todo piensa que nunca más podrá escuchar su voz, ni contemplar su caminar ligero ni verle sudar con una azada en las manos o charlar en un corro un día de fiesta, tampoco mirarle a los ojos, verlo “mudado” con esmero y pulcritud, oírle responder con su clásico “¿bien y tú?” a cualquier saludo, escuchar su silbido característico para convocarnos a casa cuando éramos críos… Piensas en las enseñanzas directas e indirectas recibidas (imposible de enumerar), en los madrugones para ir al monte a buscar leña o a hacer “forquetas”; en las frías mañanas de final de otoño cuando había que recoger las olivas; en las días amarillos de septiembre vendimiando o vareando almendreras; en las huertas-jardín que cultivó con una entrega y un tesón difíciles de explicar, en su decidido deseo de que sus hijos estudiáramos para mejorar nuestro futuro en un tiempo en que tal actitud era infrecuente (y en el enorme precio en esfuerzo y trabajo que tuvo que pagar en compañía de mi madre para mantener esa apuesta)…

 

Una de las ideas que expresó con frecuencia y que más le rondaban la cabeza, era la de que la familia debía estar unida y que había que intentar superar los pequeños problemas cotidianos. Nunca vivimos discusiones importantes en casa, entre nuestros padres (y no sería porque no hubiera que pasar estrecheces y solventar problemas): esa fue una profunda lección de convivencia. Ese objetivo de unidad familiar lo hemos mantenido sus hijos e hijas y va por muy buen camino, viendo las relaciones de sus nueve nietos y nietas, de los que se sentía tremendamente orgulloso (y aún podría haberlos disfrutado más, si se hubiera despreocupado algo más del trabajo que le ocupó mucho tiempo, incluso a edades en las que buena parte de hombres y mujeres se entregan al placer de ver pasar la vida o recibirla sentados al borde de un camino, en un carasol, en un banco de parque o en un “pedriño” callejero).

 

Mi padre (y también mi madre) leía todos los días el periódico. Llevan muchos años suscritos al Heraldo de Aragón y estaban al corriente de lo que pasaba en el mundo. En los últimos tiempos estaba algo más pesimista con el futuro del mundo, leyendo las noticias que leía en la prensa o que escuchaba en la televisión. Para alguien que había vivido la Guerra Civil con toda su infinita crudeza, veía las deportaciones, los éxodos, los efectos directos y devastadores de las guerras con enorme preocupación y con gesto serio, al recordar episodios similares vividos en carne propia…

 

 

21 de agosto de 2008. Hemos enterrado a mi padre. Ha salido de su casa por última vez, acompañado de toda la familia, de los vecinos del pueblo y de muchas personas venidas de otros lugares de la comarca. Ha sido un día emotivo, como no podía ser de otra manera y muy de agradecer la compañía de la gente que se ha desplazado hasta Labuerda para estar con nosotros, sus familiares más directos. Mi padre no quería coronas de flores en su entierro; nos lo recordó con frecuencia (yo, bromeando, le decía que me parecía un deseo razonable en una persona que se apellidaba “Coronas”). Tenemos un sentimiento de tranquilidad por haberle podido cuidar en casa y acompañarle en sus últimos días y eso mitiga en gran medida el dolor que se siente al perderlo definitivamente. Sus mensajes flotan en el aire, sus consejos, sus palabras están esculpidas en el interior de cada uno de nosotros y todos podemos recordar algo que nos dijo o que le escuchamos decir, una sonrisa o un enfado, una orden o una explicación de por qué había que hacer esto o aquello…

 

Hoy, al finalizar el oficio religioso, sus nietas Patricia y Ana han leído en la iglesia unas líneas que escribí anoche, pensando en él:

 

“Nuestro abuelo Mariano tenía una apariencia menuda, un andar ligero y un porte poco exuberante, pero disponía de una savia inmejorable. Esa savia interior tenía unas características muy especiales: fortaleza, determinación, lealtad, honestidad y dignidad. Con estos sólidos conceptos es fácil construir una persona admirable, de la que nos sentimos orgullosas herederas.

 

Un día ya lejano, cuando éramos pequeñas, nos enteramos de que el abuelo Mariano sembraba árboles: nogales, carrascas, robles… crecían a partir de las semillas que él iba enterrando en el monte. Pasó algunos otoños acudiendo casi diariamente a realizar ese trabajo que a él le parecía noble y necesario.

 

Cuando alguien planta un árbol es porque cree en el futuro, es porque piensa que serán sus hijos o sus nietos quienes recogerán los frutos o podrán sentarse a descansar bajo su sombra.

 

Su ejemplo de persona leal, cultivadora de la amistad, respetuosa, responsable con el trabajo bien hecho, poco dado a presumir y muy dado a trabajar en silencio son valores que nos ha transmitido a través de esa ramificación familiar que, como un árbol casi centenario, nos cobija, nos orienta y nos ofrece los frutos nacidos y recogidos a lo largo de toda una vida. Nuestra abuela María Teresa, con quien compartió 55 años de vida, seguirá velando para mantener vigente esa herencia.

 

A nuestro abuelo Mariano no sólo lo vamos a echar de menos, lo vamos a echar siempre de más, porque va a seguir viviendo en nuestro emocionado recuerdo.

 

Nunca olvidaremos que:

 

Cada arruga de sus manos

era fértil surco, cosecha;

las de la frente eran fuentes,

manantiales de experiencia.”

 

 

Y para finalizar este post, recuerdo su agradecimiento por unas coplas que le dediqué en 1995, publicadas en el número 62 de la revista EL GURRIÓN y que pondrían punto final, al menos de momento, a LA TRAVESÍA DE LA VIDA de mi padre. Están escritas en aragonés.

 

Tiens as mans encallecidas / de treballar sin aliento, /de sofrir calor y fríos / en verano y en invierno.

 

De chicote me dezibas / que a tierra eba que amar, / cudiala con muito mimo / y sabe-la treballar.

 

Un diya bide o sudor / que te manaba d´a frente; /siñal de que os labradors / treballan bien de valiente.

 

Creziba y me feba gran / beyendo os tuyos esfuerzos / con as vacas, con as yerbas / con as tierras y os torruecos.

 

En os ibiernos charrabas / -rodiando o fogaril- /historias d´aquella guerra / y o que t´os tocó sofrir.

 

Tiens a mans bien arrugadas / y a mirada pensativa / de dignidá y rispeto / ye ejemplo a tuya vida.

 

 

 

 

SOBRE DOS LIBROS QUE ANIMAN A LEER

1. En 1927, Pedro Arnal Cavero, maestro nacido en Belver de Cinca, en 1884, publicó un libro titulado LECTURAS (ISBN: 978-84-8380-086-6), en el que se ofrecían 28 textos “que pretendían contribuir a que los niños de alrededor de 10 años comprendieran la necesidad de respetar a los animales, del cuidado de la naturaleza, desarrollaran actitudes de ayuda y de servicio a los demás, de respeto a los mayores, valoraran la laboriosidad, la sinceridad, la honradez…” (en palabras de Víctor Juan Borroy, Director del Museo Pedagógico de Aragón y autor del prólogo de la edición facsimil del libro). El libro está ilustrado por media docena de alumnos del maestro Pedro y lo traigo al blog, porque quiero copiar el primero de los textos, que lleva por título: “Niños y niñas, leed mucho siempre” (un mensaje que tiene ya 81 años y que sigue siendo una invitación muy actual a acercarse a los libros como fuentes del saber y como activadores de la imaginación y la fantasía).

 

El texto tiene tres partes, claramente diferenciadas: En la primera, se habla de las virtudes del acto de leer y de los beneficios que reporta esa práctica:

 

Casi todos vosotros sabéis leer con soltura cuando este libro cae en vuestras manos.

Pero no es bastante saber leer; es preciso, además, entender bien todo lo que se lee, hay que leer mucho y leer siempre cosas buenas. Vuestros maestros, vuestros padres y abuelos, vuestros hermanos mayores os dirán qué libros, qué revistas, qué periódicos son los que podéis y debéis leer.

Cuando encontréis alguna palabra cuyo significado no sepáis o cuando leáis un trozo cuyo sentido no entendáis, preguntad a vuestro profesor si estáis en la Escuela, o a vuestros padres si estáis en casa, aquello que ignoréis.

Si por algún motivo muy poderoso no fuerais a la Escuela todo el tiempo preciso, leed en vuestra casa una hora cada día, por lo menos. Tened muchos libros siempre y conservadlos bien, que ellos son los mejores amigos de los niños. Procurad, también, no olvidar cuanto vayáis aprendiendo en ellos.”

 

En la segunda parte del texto, el maestro Pedro inventa un ejemplo con el que pretende justificar el hecho de saber leer, de dominar la lectura:

 

Un muchacho abandonó muy pronto la Escuela de su pueblo porque fue a vivir con sus padres a una casa de camineros. Ya sabía leer algo cuando salió de la Escuela, pero olvidó pronto todo lo que había aprendido porque no se acordó más de coger un libro.

El padre del niño tampoco sabía leer, trabajaba en una carretera y enfermó en un día muy gris del mes de enero. El muchacho fue al pueblo a llamar al médico.

Después de visitarlo recetó el doctor dos medicinas: un jarabe para tomarlo a cucharadas y un líquido para frotar o untar el pecho del enfermo.

En la farmacia despacharon las dos recetas y en el frasco de la medicina que no se debía tomar a cucharadas puso el farmacéutico con letras grandes y claras: “USO EXTERNO. VENENO”. El chico confundió los frascos y como había olvidado la lectura no supo qué medicina había dado a su padre.

Al momento de tomar equivocadamente una cucharada de la medicina venenosa, el enfermo empezó a sentir un malestar muy grande y unos dolores muy agudos. Entonces se dieron cuenta padre e hijo de que tal vez habrían cambiado las medicinas y el muchacho y el muchacho corrió al pueblo a decir al médico lo que había pasado.

Afortunadamente llegó el remedio a tiempo para salvar al enfermo de una muerte próxima y terrible. El médico le dio un contraveneno y el paciente se repuso, pero tardó mucho tiempo en estar bien.

Ya veis, pues, qué consecuencias puede traer el no saber leer por no haber aprendido o por haberlo olvidado.”

 

La tercera parte, y la más breve, encierra algunos consejos finales:

 

No leáis nunca muy deprisa porque  la lectura no es una carrera de caballos en la que le dan el premio al que más corre. Poned vuestra atención en cuanto leáis, pensad en lo que habéis leído, hablad de aquello y no olvidéis las muchas cosas buenas que hayáis aprendido con la lectura”.

 

Es posible que alguien encuentre algunas ideas especialmente simples o ingenuas (tienen 81 años, he dicho más arriba), pero todas parecen salidas del sentido común; y yo he visto y he leído recomendaciones actuales que distan mucho de ser tan claras y tan oportunas. Seguro que en 1927 no había esta fiebre de la animación, fomento y planes de lectura que hay hoy día y, en cambio había maestros y maestras que tenían las ideas claras y trabajaban con sentido en tiempos en los que ni todos los niños y niñas del país iban a la escuela ni había los medios materiales que hoy tenemos a nuestra disposición.

 

2. El segundo comentario tiene que ver con la publicación del libro “LA BIBLIOTECA ESCOLAR COMO ESPACIO DE APRENDIZAJE”, por parte del Instituto Superior de Formación de Profesorado, dependiente del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte (ISBN: 978-84-369-4542-3). Este libro tiene que ver poco con el primero y no está dirigido a niños y niñas, sino al profesorado que puede apreciar y aprovechar al máximo todas las posibilidades que ofrece la B.E., como ya se insinúa en el título. En él se recogen las ponencias que se presentaron y se desarrollaron en un curso celebrado en el Palacio de la Magdalena de Santander, en el seno de Universidad Menéndez Pelayo, la última semana de junio de 2007. Allí estuvimos, bajo la dirección de Loles González: Mónica Baró, Luismi Cencerrado, Pedro Cerrillo, Teresa Corchete, Regina Pacho, Elisa Yuste, Antonio Tejero y Mariano Coronas. Fue un placer, realmente. Ahora, a mediados de julio recibí varios ejemplares del libro que recoge las ponencias, junto a una veintena de separatas de mi colaboración. Ésta ocupa las páginas que van de la 179 a la 206, ambas inclusive y se titula: “Biblioteca escolar: Diecinueve años, libro a libro…” Los epígrafes de mi ponencia llevaban estos títulos: Datos sobre el colegio; Breve historia de la biblioteca escolar del CEIP Miguel Servet de Fraga; Objetivos de trabajo; Acciones y estrategias utilizadas a lo largo de los años para organizar y dinamizar la B.E.; Cuadro de interacciones establecidas desde la B.E.; Cuadro que orienta sobre las acciones que podemos impulsar desde la B.E.; Acciones para la dinamización cultural del centro y el fomento de la lectura y la escritura; Temas abordados en el transcurso de los años; descripción de materiales diseñados; Valoración del trabajo.

Me sentí muy reconocido con la invitación a participar en ese curso, el pasado año; es realmente un lujo poder dar una clase en una de las aulas del Palacio de la Magdalena (donde ya había estado en otra ocasión, también como ponente) y me he sentido feliz al recibir este libro y las separatas con mi participación. Me gusta participar en libros de autoría colectiva y disfruto de esas oportunidades que me han ido dando, desde diversas instancias (en algunos casos, he dejado constancia de ello en otros post anteriores de este blog). Generalmente compartes territorio y tienes, por tanto, como vecinos de parcela, a otras personas que también trabajan e investigan sobre asuntos similares y eso ayuda a contrastar pareceres y a que el trabajo se divulgue en muchas direcciones.

 

LA PEÑA MONTAÑESA

Desde hace cuatro años, recibo a mediados de julio una invitación de Antonio Angulo (director del Diario del Altoaragón) para escribir un texto, de entre 2 y 5 folios de extensión, destinado a uno de los cuadernillos especiales de esa edición especial del periódico que hacen para el día de San Lorenzo. El texto que sigue es el que se publicó ayer, día 10 de agosto de 2008, en el Diario del Altoaragón, aunque allí, acompañado de una docena de fotografías. El lector y la lectora de estas líneas sabrán hacerse cargo de la situación e imaginar las instantáneas comentadas más abajo sin tenerlas presentes en este documento.

 

 

EN SOBRARBE, TODAS LAS MIRADAS APUNTAN A LA PEÑA… MONTAÑESA

 

Si hubiera que buscar un símbolo de la comarca de Sobrarbe, una marca de identificación, como se dice ahora, es muy probable que la inmensa mayoría de sus moradores elegirían la Peña Montañesa que, como un barco varado o como una diosa mitológica reclinada, guarda los sueños y hace fuertes a los montañeses de Sobrarbe. Con sus algo más de 2.200 metros se eleva al final de la Sierra Ferrera, como un farallón colgado sobre el valle del Cinca, pero visible desde otras muchas  partes de la comarca.

 Cuando miramos de frente a una gran montaña, tenemos en ocasiones la sensación de que también somos observados por el objeto de nuestra mirada. Esa sensación, probablemente, es la que justifica la complicidad creada entre las personas que habitan un territorio y algunos símbolos pétreos que se alzan altivos dominando el paisaje o sirviendo de intemporal referencia. En el catálogo fotográfico siguiente sobre la Peña Montañesa, se ofrecen algunos apuntes de la magia que destila, de su imperturbable rostro, de su imponente figura... mojada por la reciente lluvia, iluminada por el sol, casi tapada por las nubes o por la niebla, cubierta de nieve... y vista desde distintos puntos de nuestra comarca.

 

1. Empezamos nuestro recorrido por Labuerda. La torre de la iglesia, desde hace mucho tiempo, ha sido objeto de admiración por parte de quienes atraviesan nuestro pueblo. Recuerdo, de niño y de joven, con qué frecuencia paraban coches en la carretera, de los que salía una persona armada con una cámara para fotografiarla. En todas las fotos, la imponente torre salía beneficiada del telón de fondo, de la imagen de la Peña en la que se recortaba. La gente de Labuerda miramos a diario a la Peña, como una referencia constante, con una actitud de admiración y saludo.

 

2. Desde el ojo principal, el que permite la entrada, a la exconjuradera de San Vicente de Labuerda, una tarde de verano, contemplamos perfectamente la Peña Montañesa, coronada por nubes que no parecen amenazadoras. Algunas de las tormentas que, según la leyenda, se exconjuraron desde este lugar, es probable que bajaran de la Peña, amenazando los cultivos aterrazados de San Vicente. Quien diseñó este original templete supo orientarlo a la perfección para poder captar con nuestra mirada esta instantánea tan bien enmarcada.

 

3. Desde El Pueyo de Araguás, la Peña Montañesa se ve en primerísimo plano. Da la sensación de que sus estructuras calcáreas se van dulcificando y metamorfoseando en fértiles tierras de monte o de cultivo, a medida que se acercan a los pies del pueblo. Desde El Pueyo, la Peña se ve en todo su esplendor. En realidad, si la Peña Montañesa convenimos que es un colosal escenario, la gente de El Pueyo de Araguás ocupa una de las primeras filas del patio de butacas.

 

4. Subidos a la torre de “la catedral del Sobrarbe” (la espectacular iglesia de Santa Eulalia de Olsón) nos asomamos por el campanario y allá a lo lejos, en el horizonte, vemos recortarse de nuevo la Peña Montañesa. El día es soleado y la visión sin obstáculos llega con total nitidez. Cuando recorres Sobrarbe hacia el sur y te internas en el territorio del Viello Sobrarbe, no piensas que, después de subir y bajar cuestas, atravesar barrancos, tomar curvas a derecha y a izquierda, llegará un momento en el que se hará visible nuestra emblemática montaña y resultará hermoso disfrutar desde el campanario de una imagen tan lejana y próxima a la vez.

 

5. Un año, tuvieron que llegar los primeros días del mes de abril para que la Peña Montañesa cubriese la franja más alta de un manto blanco, nevado. Enmarcada entre dos jóvenes cajigos de la Plana de Labuerda, nuestro monumento pétreo adquiere una presencia majestuosa, con su cresta momentáneamente encanecida, con un penacho colocado allí por unas nieves tardías.

 

6. De una atalaya a otra. Abizanda es, sin duda, una atalaya privilegiada, desde la que mirar; especialmente cuando dirigimos nuestra mirada hacia el norte. Desde las cercanías de su torre legendaria, enfocamos la cámara hacia otra torre pétrea que vigila a los moradores de la comarca. La Peña coquetea con las nubes, que se esparcen por el cielo, una tarde de agosto en la que no acaba de formarse la tormenta, pero que nos regala una singular belleza.

 

7. Bestué guarda todavía uno de los aterrazamientos de laderas más espectaculares de la comarca, a pesar de que la mayor parte de los estrechos bancales dejaron ya de cultivarse por falta de gente, por falta de manos. Desde el camino a la montaña de Sesa, la peña cambia totalmente de fisonomía; es un pedrusco caído verticalmente en un mar de montes y una duda en el caminante venido del sur, que suele preguntarse: ¿dónde está la Peña Montañesa?...

 

8. Camino de Mirabal, un milagro cultivado donde parece imposible que nadie pudiera imaginar la domesticación de la naturaleza, la Peña Montañesa, enmarcada con este retorcido y viejo tronco de encina (de carrasca sobrarbesa), vuelve a tener la apariencia de pared imponente, de fortín inexpugnable, de castillo medieval en cuya cima se guarda un preciado tesoro o resulta ser la morada de un invisible dragón o el amargo hogar de una princesa cautiva...

 

9. El pantano de Mediano es el espejo en el que se mira la Peña Montañesa. Es el único lugar en el que ella, coqueta, algunos días de cielo transparente y aguas quietas, ve su rostro reflejado. El azul del agua remansada es continuación de las paredes azuladas del gigante de piedra que observa silenciosamente todo lo que ocurre en su entorno, que vigila el devenir de los sobrarbenses y su lucha diaria por la supervivencia, desde tiempo inmemorial...

 

10. Cuando subas a Puértolas, no olvides detenerte un rato y volver la vista atrás para contemplar la sinuosa serpiente de agua en que se convierte el Cinca. Desde lo alto, la Peña Montañesa es testigo mudo del sonoro descenso de las aguas que saludan a los distintos pueblos por los que el Cinca transcurre.

 

11. El núcleo de Escanilla, en primer término, abre esta panorámica del Pirineo Central. La Peña Montañesa está ahí delante, pero detrás de ella se extienden, en otro nivel superior, las imponentes Treserols y las Tres Marías; una barrera de crestas nevadas que nos separan o nos unen a Francia. La nieve es la esperanza del agua y, por tanto, la esperanza de la vida.

 

12. Y con esta imagen, pongo hoy punto final a este “homenaje” a la Peña Montañesa. El recorrido ha sido “circular”. Empezamos en Labuerda y terminamos en el citado pueblo (no en vano, es el mío). La instantánea final es una vista “semiclandestina”, de esta compañera omnipresente y cambiante. La he tomado desde mi lugar de trabajo, desde el sitio en el que estoy tecleando estas líneas y otras destinadas a distintas publicaciones. Es realmente un privilegio, estar sentado trabajando y encontrarse, al levantar la mirada con esta panorámica de la montaña más emblemática de Sobrarbe.

Cuando a un sobrarbés o a una sobrarbesa, vengan por donde vengan de viaje, se les hace visible la silueta de la Peña Montañesa, saben que han llegado a su casa, que aquello es territorio conocido y que estarán a salvo, protegidos por la altivez y la magia de la montaña, porque:

 

La Peña Montañesa

es un pétreo gigante

que protege y que vigila

a las gentes de Sobrarbe.