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De cunas y nubes

Con este título: “De la cuna a la nube. Un itinerario lector que involucra a la familia”, se ha celebrado en Casa del Lector (antiguo Matadero de Madrid) un Seminario que comenzó el viernes 25 de octubre por la tarde y continuó hasta las 19:30 horas del sábado, 26 de octubre. En los enlaces siguientes, hay más información:

 http://casalector.fundaciongsr.com/story.php?id=762 

 http://servetbiblio.blogspot.com.es/2013/10/hemos-vuelto-de-madrid.html

 Como Coordinador del Seminario, conté con la ayuda de un experto en estas lides, como es mi amigo Kepa Osoro, estimulador de cerebros y provocador necesario con sus planteamientos y reflexiones. Participaron también, Teresa Corchete, con quien había compartido mesa en uno de los simposios que organizaba Felicidad Orquín; dos madres del colegio que colaboran con la biblioteca escolar desde hace 11 años: Nati Ibarz y Mari Carmen Díaz, dos madres que llevan diez años colaborando activamente con la biblioteca escolar del CEIP Miguel Servet, y el gran Antonio Basanta, un hombre con una energía y un modo de entrelazar palabras y conceptos que nos dejó profundamente cautivados: lo más parecido a un sabio.

 Para el documento de convocatoria de este evento formativo, escribí una breve presentación y para la finalización del Seminario, un texto de cierre. He querido recuperarlos para conformar esta nueva entrada en el blog.

  

 Presentación

 Parece razonable pensar que el núcleo familiar es el espacio adecuado para iniciar la construcción de un lector, ya desde la primera infancia. Sobre todo, teniendo en cuenta que es en ese tramo de edad cuando puede comenzar y asentarse la educación de los sentidos y de los sentimientos.

 De la misma manera, podemos considerar que es el momento adecuado para degustar la oralidad, aportadora de ritmo, afecto, complicidad…, y los primeros libros. Es tiempo de escuchar las palabras que arrullan, que duermen, que sanan; de ver, leer e interpretar las imágenes que proyectan sueños, que construyen historias.

 No podemos pasar por alto el hecho de que el estatus de padre o de madre ha ido cambiando con el tiempo, que atendemos a una notable variedad de familias, con una notable diversidad de compromisos ante las necesidades de las criaturas. La escuela ha asumido algunas de las funciones educativas a las que han renunciado los padres y las abuelas y los abuelos, suplen en muchas ocasiones a sus hijos y se ven obligados a desempeñar un papel que ya no debería corresponderles. Todo está cambiando.

A los padres, no obstante, podemos considerarlos como mediadores importantes en la aproximación de niños y niñas a la lectura, al conocimiento y la cultura y es necesario pensar en su formación o en desarrollar programas que los capaciten para realizar esa labor con algo más de eficacia; que sepan cómo seleccionar lecturas, qué recursos analógicos o digitales les pueden ayudar, qué programas bibliotecarios les permiten participar con mayor intensidad…

 Las bibliotecas escolares y las bibliotecas públicas son espacios de uso colectivo; recintos de acciones complementarias en los que las familias pueden participar: colaborando activamente y usando sus recursos, en el caso de las primeras y participando plenamente como lectores, aprovechando al máximo todos los programas que sean capaces de generar con esas intenciones, en el caso de las segundas. En general y en todos los casos creando una necesidad social de funcionamiento de las mismas y generando vías de participación y de reivindicación de servicios.

 Y a los viejos soportes –los libros- donde se ha venido codificando la ficción, la información, el conocimiento…, hay que unir las nuevas tecnologías que han dispuesto un panorama cambiante e incierto. Los soportes electrónicos de lectura y escritura van avanzando inexorablemente y forman parte de nuestras vidas. Convivimos con unos y otros, ¿con naturalidad?, pero ¿cómo se percibe toda esta revolución desde la librería?, desde ese establecimiento próximo al que acudimos a hojear novedades, a comprar nuevos títulos, a encargar futuras adquisiciones, a pedir asesoramiento o recomendaciones…

De todo ello se pretende hablar, contar y reflexionar en las jornadas que se organizan con ese fin.

 

(Tras el desarrollo, creemos que muy satisfactorio, del programa del Seminario y, como despedida del mismo, por parte del Coordinador, leí en voz alta estas reflexiones, a medio camino entre el humor y la vida)

 

De la cuna a la nube. Despedida

 En mi pueblo, la interpretación de las nubes y los nublados corría a cargo de los mayores. Salían a la Plaza o a la calle, pronto por la mañana, y con una mirada rápida y las manos en los bolsillos afirmaban categóricamente que aquellas nubes que venían por el norte solo traerían aire, pero las que asomaban por encima de la sierra de San Vicente eran señales de que se avecinaba agua segura… Algunas veces, acertaban en el pronóstico. Más tarde, cuando la televisión en blanco y negro llegó a nuestras casas y a nuestras vidas, el intérprete de todo lo anterior era “El hombre del tiempo” quien, por su parte, anunciaba qué zonas se verían afectadas por nubes de evolución y borrascas amenazadoras…

  Hubo un tiempo en el que los niños pequeños, recién bajados de la cuna, miraban con fascinación las nubes. Veían cómo éstas se desplazaban por el firmamento a diferente velocidad, dependiendo de aquella con la que el viento soplaba. Su fascinación tenía que ver también con las formas reconocidas que las nubes iban adoptando en su deambular caprichoso… Hoy, todavía se pueden practicar esos juegos de reconocimiento del agua condensada por encima de nosotros… Cuando eran un poco más mayores y acudían a la escuela, las nubes eran un refugio temporal para quienes no entendían la explicación del profesor o preferían desconectar de los asuntos tratados en ese momento. Eran el maestro o la maestra quienes le recordaban al pequeño ciudadano “que bajara de la nube” (en singular o en plural)… Ahora, en cambio, lo que se nos pide es que subamos a la nube y que nos quedemos allí para siempre.

 La distancia de la cuna a la nube cada día se acorta un poco más. Los artilugios que los fabricantes ponen en nuestras manos, relacionados con las tecnologías de la comunicación y de la información, son muchos y enormemente variados; de modo que tenemos a nuestro alcance, un amplio abanico de posibilidades de practicar o de desarrollar estrategias de trabajo, de comunicación, de información, de construcción... Y, ya desde la más tierna infancia, los nuevos seres están en contacto con un muestrario enorme de aparatos  que pueblan nuestro hogares y que, supuestamente, harán nuestra vida más cómoda, fácil, sostenible, rápida, descansada, globalizada...

 Hoy, es una necesidad ineludible trabajar en la nube tecnológica que proporciona Internet... Por tanto, es conveniente subir a la nube con frecuencia, pero no quedarse allí demasiado tiempo. La vida sigue a ras de suelo y es ésa la que debemos cuidar porque es la que nos regala sensaciones y experiencias cálidas y emotivas; también la que nos curte con momentos dolorosos y ausencias definitivas. El destino, o quien sea, va jalonando nuestra vida, que al ser algo en continua evolución, nos coloca frecuentemente en situaciones insospechadas. La nube tecnológica y las nubes meteorológicas es muy probable que no tengan casi nada en común (o puede que sí, no lo he reflexionado), pero al margen de todo ello, cuando regresamos del trabajo diario, cuando hemos cerrado la ventana por donde hemos estado asomados toda una jornada laboral,  todavía debe emocionarnos una conversación, un abrazo, una mirada, un apretón de manos, una narración, una lectura, la contemplación de un paisaje, la visión de unas arrugas que certifican una vida de experiencia y trabajo... Está bien que subamos nuestras cosas a la nube, pero que bajemos de allí en cuanto podamos para seguir viviendo....

 Por lo demás, espero que lo que hemos compartido estos dos días en este espacio físico privilegiado, como es Casa del Lector, os haga buen provecho.  Si habéis podido apropiaros de alguna o de varias ideas; si habéis notado que crecía vuestro ánimo al ver cómo otros superaban algunas incertidumbres; si notáis que os vais con más energía para insuflársela al funcionamiento de la biblioteca escolar y que se han despejado algunas incógnitas que teníais enquistadas en vuestros horizontes particulares, creo que habrá valido sobradamente la pena habernos encontrado. La dichosa nube, por otra parte, nos permitirá seguir conectados si ese es el deseo.

 Gracias por vuestra asistencia y en nombre de quienes hemos participado en el desarrollo del Seminario, suerte, salud y buenas lecturas.

Sorpresas que provocan los libros y las bibliotecas...

1. Debo confesar, ya de entrada, que nunca había pensado en tener un bolso rojo; pero mira por donde, este pasado mes de septiembre comenzó a llegarme uno por capítulos…

 Ya estoy viendo el rictus de tu cara, como no entendiendo nada… “¿Un bolso rojo por capítulos?, ¿qué dice este tío?

Pues sí. Un día de septiembre, como decía, recibí en mi buzón una postal diferente de las que se suelen recibir habitualmente (aunque de tiempo en tiempo). La ilustración de la “cara A” estaba incompleta y por la “cara B” solo estaba escrita, con letra de avezada amanuense, la dirección de mi casa. A la izquierda de la misma había un texto impreso que comenzaba así: “Carlota colecciona cachivaches. ¿Y qué son los cachivaches?, pues todas aquellas cosas que los mayores consideran que no sirven para nada y que sin embargo los niños encuentran muuuuy útiles…”

 La letra con la que se había escrito la dirección postal, era bien conocida por mí y rápidamente adiviné quién era la que había tenido la sugerente idea de mostrarme una nueva forma de contar un cuento…

La postal, además, incorporaba en la parte inferior un código numérico (1/8); lo que me hizo pensar que aquella tarjeta era la octava parte de una ilustración grande y la octava parte de un relato… Cada día que llegaba una postal, la subía a clase, leía el dorso y la colgaba en la cartelera del aula para ir formando el puzzle de la ilustración. Los chicos y chicas de clase me preguntaban cada día si había llegado una nueva… Por fin, el día 14 de octubre recogí un sobre marrón certificado en correos. Dentro había una cajita con la postal que reproducía la ilustración completa que, en nuestra clase, habíamos ido completando a medida que íbamos recibiendo las tarjetas postales, junto con un libro de Ana María Matute. En la postal, unas palabras sabias: “... Sabed que todo se parece, pero que la originalidad estriba en hacer con alma lo que pensamos...”

 Y el mismo día, al bajar del colegio, tras la sesión de la tarde, recogí en el buzón la postal (8/8). El martes, antes de iniciar las clases, completé el puzzle y procedí a leer el cuento entero. Lo leí dos veces para facilitar la comprensión o para aumentar el efecto emotivo que pudiera tener el final de la pequeña historia. Después de comentar algunas palabras y echarnos unas risas tratando de pronunciar el nombre de dos de las cosas sorprendentes que encontraron Carlota y su hermana Ana, dentro de “El bolso rojo”: un afracalitríntico odintocálico y un esperticofláutico empedritonado, les pedí que escribieran un poco, contando la aventurilla…

 Dice Ana: “Cuando hemos entrado a clase, ya estaba colocada la última pieza del cuento. Nos hemos hecho una foto para enviarla a Rosa (que es el nombre de la profesora que nos ha mandado las postales). El cuento trata de una niña que se llama Carlota que guarda en un bolso rojo un montón de cachivaches…” Candela lo inicia así: “Una amiga de mi profesor nos manda cada semana dos postales de “El bolso rojo”. Hay ocho postales y detrás del texto del cuento hay un puzzle, que ya hemos terminado con la llegada de la última postal…” Y Anass piensa que: “Este cuento es increíble, porque está lleno de imaginación y de misterio. Yo recomendaría este cuento porque no importa la edad; es para adultos y pequeños”.

    El bolso rojo es una idea, escrita e ilustrada por Raquel Díaz Reguera. Forma parte de la colección “Cuentos por correo”, de ediciones TTT. En su página web se puede encontrar más información (por ejemplo, qué cuentos hay disponibles y cómo se pueden adquirir): www.trestigrestristes.com

 En mi caso, la descubridora del original recurso y la que nos ha enviado las tarjetas es mi amiga Rosa Serdio, una auténtica agitadora de las letras: lectura, poesía, promoción de ambas cosas, presentaciones de libros, entusiasta de las bibliotecas… Siempre está “felizmente conspirando” con esos asuntos y nos hace partícipes a los demás de sus descubrimientos y delirios... ¡Pues que sepa que igual nos “apropiamos” de la idea y generamos un pequeño universo de lecturas por tarjetas postales! ¡Sería la bomba!

 

2. COSAS QUE PASAN… PERO COMO DICEN QUE LAS CASUALIDADES NO EXISTEN, PUES A VER QUIÉN ME LO EXPLICA…

 Jueves 17 de octubre, a la hora del recreo. Abro la biblioteca, como hago todos los martes y jueves lectivos. A los diez minutos, hay quince chicos y chicas leyendo, terminando trabajos, charlando… He recogido un par de libros que me han devuelto y prestado otros dos… Me dirijo a la sección “PRF”, con más de dos centenares de documentos y cojo al azar un dossier de noticias relacionadas con la lectura, los libros y las bibliotecas y me pongo a leer.

  Durante muchos años, he ido realizando esta recolección de artículos o noticias que hablaban de esos temas, los he ido colgando en las carteleras o los he colocado, encuadernados “en fascículos”, en los expositores de la sala del profesorado o de la biblioteca… Me fijo en la portada del dossier y veo que corresponde al curso 2003-2004. Voy leyendo y copio algunos titulares: “Nélida Piñon reivindica la lectura para no ser manipulados”. “Alberto Manguel vindica el futuro del libro, la lectura y las bibliotecas”. “Millás revoluciona a editores y bibliotecarios” (y les dice para terminar su charla: “Lean mucho, por favor, aunque no me lean a mí”). Entrevista con Mario Benedetti: “Los otros géneros son de ficción. La poesía, no”: (Quisiera conocerme y conocerte / y calmar esta sed entre tus labios / olvidarme de todos los resabios / y jugar sin el miedo de perderte…) “La maleza acecha la casa del poeta Vicente Aleixandre”. “El mago Potter sembró la Concordia. El Premio Príncipe de Asturias reconoce la obra de J.K.Rowling por ser vínculo de unión entre generaciones”. “Barcelona dedicará un año temático al libro y la lectura en 2005”.

 Sigo avanzando, pasando páginas: aparecen Antonio Skármeta y Susana Fortes, ganador y finalista del Planeta de ese año 2003; aparece el escritor libanés, Amin Maalouf porque los editores de Madrid premiaron su labor de desarrollo del libro y de fomento de la lectura; Mariasun Landa gana el Premio Nacional de Literatura Juvenil con una obra en euskera; “La ciudad y los perros”, cumple cuarenta años…

  Algunas de las páginas de este dossier son de tamaño DINA-3 y están dobladas, como la que contiene el adiós definitivo a Vázquez Montalbán (del que estos días se celebra ya el décimo aniversario) o la siguiente que habla de que la edición en España sigue subiendo, por una cara, y de “Liberadores de libros” o bookcrossing, por la otra… Al pasar otra página doble, me encuentro con un título familiar y caigo en cuenta de que la última que he nombrado sobre edición y bookcrossing la puse dos veces, está repetida… La arranco del dossier, la coloco en una bolsa de papel que me he bajado de clase y, cuando toca el timbre señalando el final del recreo, me la subo de nuevo a mi aula.

 A las 12:45 tenemos reunión del Seminario de Biblioteca y Literatura Infantil del colegio. Reparto a las personas asistentes algunos documentos de lectura: un fragmento del relato “Noche”, de la recién elegida Premio Nobel de Literatura, Alice Munro; un artículo titulado “Cuentos crueles para niños sanos” de B. Ventura; el Pregón de Laura Gallego para el Día de la Biblioteca y también el documento-compromiso o Plan de trabajo para este curso, que se incluirá en la Programación Anual del Centro.

 Y, en estas estábamos, cuando una de las presentes interviene oralmente en la reunión porque acaba de venirle a la mente algo que no sabe cuándo le contaron o lo vio o lo escuchó… Se refiere a que algunas personas dejan un libro abandonado en un local o en un banco y otros se lo encuentran y… Mientras la compañera trata de poner en orden sus recuerdos, yo meto la mano en la bolsa de papel, saco el DINA-3 doblado que he arrancado hace una hora de un dossier y se lo dejo encima de la mesa… Hay un momento de estupefacción, de risas, de qué cosas pasan, no me digas que el artículo habla de eso… de las casualidades, de no es posible, de que las casualidades no existen, etc. Pero el caso es que yo hoy he elegido de entre los más de seis mil documentos que guarda la biblioteca, un dossier de noticias para leer a la hora del recreo y dentro de ese dossier había una hoja repetida; la he arrancado; me la he subido a clase dentro de una bolsa; estábamos hablando de temas que nada tenían que ver en absoluto con la “liberación de libros” y una de las personas presentes se ha puesto a recordar algo que había oído una vez sobre ese tema… Y ya me callo, porque, en estos casos, nunca sé qué decir.

Recopilación de folklore oral, durante el curso 2012-2013 (I)

Las buenas intenciones no siempre se pueden llevar a la práctica en el tiempo que convendría. Me pasó el curso pasado con un trabajito que hicimos sobre folklore oral. Introduje la cuestión, ayudado de recopilaciones anteriores (realizadas en el colegio o en mi clase) y de materiales más elaborados (libros de Ana Pelegrín o de Carmen Bravo Villasante, por ejemplo). Los chavales de clase anotaron en las hojas de las encuestas lo que recordaban en su casa: madre, abuela, padre… Recogí las hojas con el propósito de elaborar un libro desplegable (al uso de los libros libres que solemos editar en el aula) y también de trabajar un poco con ese material. Cumplimos con este segundo objetivo y algo de ello se puede ver en el siguiente enlace de La Cadiera de Macoca (http://macoca.org/folklore-oral-como-punto-de) pero quedó sin hacer el primero.

Pasan con rapidez las cosas y el tiempo, una faena lleva a otra; lo vas dejando y se acaba el curso sin haber podido encontrar motivación y tiempo para plasmar las aportaciones de los chicos en un post para alguno de los blogs. Y han sido estos pasados días de septiembre cuando me he reencontrado con los materiales y he realizado esta selección que pongo a disposición de quien la quiera consultar y copiar… Esta realizada en el Colegio Público Miguel Servet de Fraga, con aportaciones de Iván, Alba, Marc, Paula, Mónica, Rocío, Ana, Gerard, Yolanda, Eva, Sanae y corresponde a un trabajo del curso 2012-2013, cuando estos chicos y chicas cursaban 6º de Primaria. Son canciones de dedos y manos, nanas, formulillas para elegir, canciones de comba, canciones de goma, etc.

  Duérmete niña,

duérmete ya,

que vendrá el coco

y te comerá.

 .......................

 En la calle-lle

veinticuatro-tro

ha ocurrido-do

un asesinato-to.

Una vieja-ja

mató un gato-to

con la punta-ta

del zapato-to.

¡Pobre vieja-ja

pobre gato-to

pobre punta-ta

del zapato-to!

 ..............................

 Debajo del puente

hay una serpiente

con ojos de cristal

para ir al hospital.

¿Quiere usted salir?

Sí / No

 ...................................

 Cinco lobitos

tiene la loba;

blancos y negros,

detrás de la escoba.

Cinco tenía,

cinco cuidaba

y a todos juntos,

tetita les daba.

 ...........................

 Soy la reina de los mares.

Señores, lo van a ver:

tiro mi pañuelo al suelo

y lo vuelvo a recoger.

¡Pañuelito, pañuelito!

¡Quién te pudiera tener

guardadito en el bolsillo

como un pliego de papel!

Que una,

que dos

y que tres.

¡Qué salga la niña que va a perder!

 .............................................

 Al pasar la barca

me dijo el barquero

que las chicas guapas

no pagan dinero.

Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

¡Arriba la barca,

una, dos y tres!

 .....................

 Al pasar la barca

me dijo el barquero:

-Las niñas bonitas

no pagan dinero.

-Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

Al pasar la barca,

una, dos y tres.

Al volver la barca

me volvió a decir:

-Las niñas bonitas

no pagan aquí.

-Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

Al volver la barca,

una, dos y tres.

 ..........................

 Amarillo.

Yo conocí a un profesor

que de mates

me puso un dos;

de inglés

me puso un tres

y de lengua

me suspendió.

Amarillo

se puso mi papá

cuando le enseñé

las notas de este mes.

colorada también me puse yo

cuando me enseñó

su nuevo cinturón.

Me pegó, me castigó,

me tiró por el balcón;

menos mal, que había un colchón,

ésa fue mi salvación.

 .......................................

 Esta por esta, San Juan de la cresta.

Me ha dicho mi madre que coja ésta.

 ………………

 Una, dola, tela, catola,

quila, quilete

estaba la reina en su gabinete.

Vino Gil,

apagó el candil.

Candil, candilón,

cuenta las veinte

que las veinte son:

una, dos, tres…. veinte.

Justicia y ladrón.

 .............................

 Pinto, pinto, gorgorito

saca las cabras del veinticinco.

¿En qué lugar?

En Portugal

¿En qué calleja?

La Moraleja.

Saca la mano que viene la vieja.

 .............................

 Pinto, pinto, gorgorito

saca la vaca del veinticinco.

Tengo un buey que sabe arar

y un borrico que va a la era.

¡Pim, pam, pum, fuera!

 …………………………

 A la una, pirula.

Cabeza de mula

que tiene la (nombre)

 

Una y dos,

que viene Don Ramón,

con el escobón.

- Coge los libros,

vete a la escuela.

- Madre, no quiero

porque el maestro me pega.

Tiene razón

porque no te sabes la lección.

Lección una, dos, tres,….

 

Una, dos y tres,

pluma, tintero y papel;

para escribirle una carta

a mi querido Miguel,

que se ha marchado a la guerra

y no lo he vuelto a ver.

 ......................................

 Miliquituli que matuli la potingue

Hastalamatica política chifláutica;

Miliquituli que matuli la potingue

Menuda repotingue que tiene mala gaita ta ta.

 .......................................

 Viva la media naranja,

viva la naranja entera.

Vivan los guardiaciviles

que van por la carretera.

Ferrocarril, camino llano,

por el vapor se va mi hermano.

Se va mi hermano,

se va mi amor,

se va la vida que adoro yo,

que adoro yo.

El hueso de la aceituna,

de la aceituna, un tintero;

del tintero, una pluma,

de la pluma un palillero.

 ..................................

 Al cocherito, leré,

me dijo anoche, leré,

que si quería, leré,

montar en coche, leré.

Y yo le dije, leré,

con gran salero, leré;

no quiero coche, leré,

que me mareo, leré.

 ...........................

 El nombre de María

que cinco letras tiene:

la M, la A, la R, La I, la A:

¡M A R Í A!

Anotaciones feisbuseras septembrinas

 Antes de acabar el mes, extraigo los textos y reflexiones que he publicado a lo largo de septiembre en mi muro y los agrupo aquí para que se puedan leer todos seguidos, puesto que están ordenados cronológicamente. Sin más presentaciones, te invito a que les eches un vistazo.

 * Mañana a las 9, la cita es aquí. Buen curso para todos y todas. Mi amigo Pepe insistió a finales del pasado que éste sería nuestro año prejubilar... No sé, no sé... (1.9.2013) Foto de la fachada del Edificio A del Colegio Público Miguel Servet)

 * Hay que estar todos unidos para conseguir los juegos…” ¡Pero, bueno!, ¿estamos locos o qué? Estos mierdasecas se creen que somos tontos, ¿no?...

Y eso nos lo dicen algunos de los políticos que nos están jodiendo vivos desde hace dos años, los que nunca nos han consultado para hacer lo que hacen y si hemos protestado nos han dado de hostias con su ejército callejero… Esos políticos que nos bajan el sueldo, favorecen los despidos de los trabajadores; recortan en sanidad, en educación y en servicios sociales; los que quieren rebajar y precarizar las pensiones. Esos políticos que su único mérito es el servilismo y la obediencia a sus jefes, que no pasan ningún control de calidad en ningún momento y que se lavan las manos en cuanto les roza un asunto turbio (provocado, generalmente, por su incapacidad, tantas veces manifiesta, o por ese deseo vergonzoso y lascivo de amasar dinero ajeno; esos políticos que está imputados y siguen cobrando de las instituciones del estado porque nadie tiene vergüenza suficiente para ponerlos de patitas en la calle… Esa pandilla de cabrones son los que ante el dilema olímpico solicitaban unidad y, además, querían que estuviéramos todos ilusionados y contentos con que Madrid fuera capital olímpica. Pues a mí me importa un pimiento el asunto y, además, prefiero lo que ha pasado. Porque, después de la enumeración que he hecho de despropósitos (y no he nombrado la corrupción y la gestión irresponsable de la crisis) nada más hubiera faltado que hubieran elegido Madrid para tener que escuchar que esa elección les legitimaba, que se habían hecho las cosas bien y que, por ejemplo, esa lerda de alcaldesa, tenía alguna neurona activa… He escuchado en televisión como ponían a caldo a los miembros del COI, menos borrachos, de todo. Digo yo que, antes de la votación, ya debían pensar lo mismo del centenar de miembros (incluidos los tres representantes españoles)… ¿Y el pastón que ya se ha invertido en esta jodida y reiterada candidatura, después de oír continuamente que no hay dinero para nada? ¿Y el pedazo de delegación que ha volado y se ha alojado en Buenos Aires? ¿No hubiera sido igual que hubieran ido algunos menos? Sobre todo sabiendo que algunos deportistas para competir tienen que pagarse de su bolsillo parte del alojamiento y el desplazamiento… Yo siento vergüenza ante estas cosas y esta noche voy a dormir bien tranquilo… Y a ver si algunos de los que han ido para allá vuelven y se van a su casita, porque son unos y unas inútiles, y se dedican a ordeñar culebras, ¡tontolabas! ¡Hala, que paséis un buen domingo! (7.9.2013) Sin foto

 * Rafa Nadal, después de rechazar el avión oficial para transportarlo desde Nueva York a España, “porque el país no está para esos dispendios”, gana su Grand Slam número 13. Dos lecciones en 24 horas: la primera de ética y vergüenza y la segunda de esfuerzo y calidad... Un auténtico fuera de serie. Que vayan aprendiendo toda la cuadrilla de mamones políticos que se desplazaron a Buenos Aires a hacer el ridículo... (10.9.2013) (Con foto de Rafa Nadal, de tenista)

 * Necesitamos renovar las emociones. Un homenaje actual para todos los “Juan sin Tierra” y un recuerdo especial para Víctor y su trágica muerte, por pronunciar las palabras necesarias. Contra todos los “pinochos” y sus herederos, ¡mal nacidos! (11.9.2013) (Con un enlace con la versión de Juan sin Tierra, hecha por Ska-P)

 * Esta mañana, he recogido en la librería el tomo XIII de la colección completa de la revista El Gurrión. Me he entretenido en sumar las páginas: 3940, más las 52 páginas del número 132 que ya no ha entrado en ese tomo, hacen un total, prácticamente de 4.000 páginas. Todas juntas, todas indizadas en la web de la revista para poder encontrar cualquier artículo, cualquier autor o autora. En ese granero-salón del que os hablé recientemente, paso algunos ratos pasando páginas a algún tomo y recordando pequeños acontecimientos o releyendo artículos que me resultan mucho más interesantes con el paso del tiempo... “El que guarda siempre tiene...” Y el que escribe ayuda a luchar contra el olvido. Buena tarde-noche de sábado. (14.9.2013) (En la foto, la colección completa y encuadernada de “gurriones”, en el estante que están colocados en Fraga).

 

 * Mañana lunes, 16 de septiembre, prácticamente todos los que estáis en esta fotografía (menos quienes éramos vuestros tutores del pasado curso, je, je) iréis al instituto y comenzaréis vuestro estudios de Educación Secundaria. Hacedlo con convicción y ganas. Es una nueva etapa en vuestras vidas que requiere concentración y trabajo. Espero y deseo que nadie se pierda por el camino. Suerte y buena actitud. Un abrazo. (15.9.2013) (La foto la tomamos en el Parque de Huesca, en el monumento a Ramón Acín, en mayo de este año).

 * El Gurrión número 60. Agosto de 1995. Dedico cuatro páginas de dicho número a José Antonio Labordeta que actúa en Labuerda el día 19; es su quinta actuación en nuestro pueblo, veinte años justo después de la primera (19.08.1975). Una de esas páginas la dedico a colocar títulos de sus canciones en forma de estrofas de cuatro versos con rima. Utilizo solamente los títulos que se adecuan a esa premisa (en total, combino cuarenta títulos de otras tantas canciones). Aquel juego aparentemente inútil me sirve ahora, 18 años después, para recordarlo, justo cuando se cumplen tres años de su muerte, y lo hago también con una foto que le hice el día 5 de junio de 2009, cenando en Morillo de Tou:

 A veces me pregunto. / Qué queda de ti. / Serenamente hablando: / Una tarde sin fin.

...

Canta, compañero, canta.
Hay que levantar.
Porque avanzamos juntos.
Tú y yo y los demás.

(19.9.2013)

 * Con el fin de semana por delante, tendréis más tiempo para leer. Estaba navegando por las tripas de La Cadiera de Macoca y me he reencontrado con este artículo sobre José Antonio Labordeta que escribí y publiqué pocos días después de su muerte; os dejo el enlace por si queréis leerlo. Buen fin de semana. (21.9.2013) (Con una foto, tomada en Morillo de Tou, por Ramón Azón. Labordeta está leyendo la autorización oficial para su primer recital en Labuerda, en el número 60 de El Gurrión.

 * Noticias insólitas, a medio camino entre la risa y la desolación. Son titulares copiados textualmente del Heraldo de Aragón del pasado viernes (20.9.2013). Mañana empieza otra semana. ¡Ánimo!:


.. “El Ayuntamiento de Huesca gasta 30.000 euros para comprar 50 árboles de gran porte en Italia”
.. “No soy violento”, dijo el asesino de Tatiana a la Policía tras matar a su mujer”.
.. “Hallados en Caspe 300 kg de pescado podrido”.
.. “Cita previa para visitar el manto de la Virgen”
.. “La DGA calcula que unos 4000 peces murieron por el vaciado del embalse de Escarra”

 (22.9.2013) (Sin ilustración, ni falta que hace...)

 * Hoy hace cuarenta años que falleció Pablo Neruda; el poeta de las caracolas y de los mascarones de proa. Yo creo que septiembre es un mes “chileno”; triste mes, sin duda, puesto que en el septiembre de 1973 se fueron Allende, Víctor Jara, Pablo y miles de chilenos más... Cada año, en estas fechas que comienza el otoño, recordamos a ese país y a quienes se llevó la barbarie golpista. Escribió tanto Neruda que es fácil recordarle, simplemente leyendo. 

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos 
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

(23.9.2013) (Con una foto de Pablo Neruda y Salvador Allende, tomada de Internet)

  * Hoy es la Mercè, la fiesta mayor de Barcelona. Por eso, a mi Mercè (que es catalana y vivió muchos años en Barcelona) le “regalo” todo este rosal danés, color “carmín encendido”. 

Y es que Mercè es un compendio maravilloso de sentido común, visión de futuro, afectividad equilibrada, efectividad probada, serena belleza, optimismo contagioso, mente analítica...; una auténtica crack. (24.9.2013) (Con una foto tomada en Roskilde, en medio de una calle y al lado de un rosal)

 * Safari sensorial por un territorio alucinante. Con Manel, Alicia, María, Valentín y Mercè. Después de un día durillo, hemos visto una veintena de ciervos; hemos cenado a la luz de una creciente oscuridad; hemos visto todo el cielo lleno de estrellas y surcado por las luces intermitentes de algunos aviones y hemos escuchado algunas notas graves de la berrea. Todo genial; lástima que algunas fotos no están a la altura... Buenas noches (25.9.2013) (Acompañando un álbum de 15 fotos)

 * Tardes de verano-otoño de 2013: la sauna escolar aragonesa

Pues nada, que no sabía qué contaros y como llevamos toda la semana sudando como cabrones, pues quería felicitar a los chicos y chicas de la consejería del ramo que decidieron que, desde el 23 de septiembre, hubiera ya jornada de mañana y tarde. ¡Qué gran idea! Mientras en la mayoría del país hace años que viven todo el curso con la jornada única, aquí ya no se contempla ni en septiembre. Realmente somos un territorio ejemplar, que conserva las costumbres ancestrales de nuestros antepasados. Algún día veremos recompensada esta injustificada cerrilidad. De momento, seguiremos disfrutando de nuestra sauna escolar aragonesa, que nos sale muy barata y nos ayuda a mantener la línea (no sé si también la cordura) al eliminar de manera natural el exceso de fluidos inútiles.

¡Mecagüenlaputadeorosytóloquesemenea! (26.9.2013) (Sin ilustración, no hacía falta)

La maleta epistolar y otras cartas de verano

El pasado 19 de agosto, bajé con Daniel al pueblo de mi madre: Escanilla, a mirar unas botellas viejas que tenía mi primo Federico por la bodega. Daniel colecciona chapas de bebidas, pero también recoge cajas de botellas y botellas viejas… Cuando ya nos íbamos, quise enseñarle a Daniel dónde estaba la cuadra en la que tenían las vacas y criaban y engordaban terneros. Le pregunté a mi primo por un par de objetos que estaban amontonados junto con troncos de leña y me dijo que los había tirado allí porque pensaba quemarlos. Lo convencí para que no lo hiciera y, uno de ellos, una maleta de madera (con papeles dentro) nos la subimos a Labuerda, rescatándola de las futuras llamas. Un par de días después, ya en Labuerda, abrí la maleta y empecé a ver que, los papeles en cuestión, en muchos casos, eran cartas viejas, dobladas, plegadas, sacadas de los sobres; había también sobres, a los que les habían arrancado los sellos (seguro que con fines coleccionistas), papeles de seda en los que habían dibujado motivos que luego serían bordados (imagino), media docena de cuadernos escolares de los años 30, etc.

 Empecé a desdoblar cartas, a leer algunas de ellas y me di cuenta que allí estaba una buena parte de la correspondencia familiar de dos décadas, aproximadamente; las de los años veinte y treinta del siglo pasado. Mi madre está pasando buenos ratos, leyendo algunas de aquellas misivas y recordando a personas de su entorno familiar a las que conoció y a las que, gracias  a las cartas, recuerda con más precisión, porque las palabras también estimulan recuerdos escondidos (que ni sabía que tenía). De vez en cuando, sale algún hallazgo especialmente interesante y pasamos un rato riendo las ocurrencias de quien escribió aquello que, ochenta años después, mi madre casi recita de memoria (por ejemplo, unas coplas que escribió una tía suya, maestra, que trabajaba y vivía en Piñel de Abajo, provincia de Valladolid).

Y yo, que sigo escribiendo cartas manuscritas (además de e-mails, post en los blogs y entradas en la página de facebook) y que he defendido siempre el valor de las comunicaciones escritas, me siento enormemente feliz con este legado que ha caído en mis manos de pura casualidad, (por ir a ver cómo estaba la antigua cuadra donde mi tío y mi primo criaban terneros y vacas) y que se ha salvado de las llamas “in extremis”. Algunas de ellas son documentos muy interesantes para publicar en El Gurrión, debidamente contextualizados y salvaguardando nombres y algunos otros detalles. Me queda una faena por hacer y es restaurar la maleta para que acabe guardando, ordenadas y desplegadas, las cartas que encontré en sus tripas. Será una maleta más, de una larga lista que he ido utilizando y nombrando en charlas y artículos; esta será “La maleta epistolar”, como ya se anticipaba en el título.

Me repetiré, una vez más. Me gusta escribir cartas a mano, y en este intercambio personal, la única persona que me supera hasta el momento, es mi amigo nonagenario –Julián Olivera Martín-. Cuando comenzó nuestra relación epistolar, íbamos a la par, pero rápidamente se puso por delante y ahora mismo me lleva una ventaja de varias decenas de cartas. Él comprende mi situación y disculpa que no pueda contestarle a todo lo que me escribe y yo pongo de mi parte todo lo que puedo para enviarle una cartita cada tres o cuatro envíos suyos y darle noticias de mi vida. Este verano la cosa ha seguido la misma tónica, con ventaja para Julián…

 A principios de agosto, preparé un documento relacionado con un proyecto de trabajo para el próximo curso, impulsado desde la biblioteca escolar. Se trataba de unas reflexiones en torno a los “libros de agua”, de los que les hablé –sin concretar- a mis compañeras al finalizar el curso. Ahora les he enviado el documento por correo postal, junto con una cartita de acompañamiento. Quienes me han contestado –ninguno con carta a mano, je, je- celebran la llegada a su buzón de un sobre manuscrito con un contenido inesperado y agradecen el detalle, a pesar de que en este caso, había dentro una propuesta de “suaves deberes vacacionales”; en total, fueron ocho cartas las que envié aquel día.

 Como ya he dicho antes, practico varias modalidades de comunicación escrita (con otras no me siento cómodo). De modo que, cuando Nati me escribe un e-mail desde Fraga o SilviaLuz, hace lo propio con un comentario en un blog, desde la Patagonia argentina, suelo responderles “con la misma moneda”: e-mail o comentario al comentario. Es lo que ocurre también en territorio facebook. Si coloco una foto con un texto o un álbum de fotos y alguien lo comenta, procuro decir algo sobre el comentario o escribir una respuesta general o mandar, en algunos casos, un mensaje personal. Quiero decir con esto, que no le hago ascos a la comunicación electrónica; no tendría ningún sentido adoptar una actitud de confrontación o de ignorancia de estos medios tecnológicos que nos han cambiado la vida. Entre e-mails y mensajes internos o comentarios a los textos de facebook, uno da y recibe pulsiones de variado signo, con un punto de humor y evidentes “granos” de afectividad; se trata, en general, de una comunicación más rápida, breve y numerosa.

 Pero una carta es una carta. Estoy hablando de un trozo de papel o de cartón, una hoja reutilizada o una tarjeta en la que, de puño y letra, escribimos lo que pensamos de aquella persona que hemos colocado en el centro de nuestra mente y con la que nos disponemos a hablar de una manera especial. Hacemos bailar las palabras para elegir aquellas que mejor expresarán lo que queremos decir. Una carta manuscrita es más propensa a la pausa, nos sugiere dilatarnos algo más en el tiempo necesario para escribirla y, además, lleva impregnado el aroma personal de quien la escribe. Si al despedirnos queremos enviar un abrazo a nuestro/a corresponsal, lo que enviaremos será un ABRAZO; frecuentemente, cuando escribimos un e-mail y nos despedimos así, lo que enviamos o recibimos es un “abarzo”, que no es lo mismo, je, je. ¡Cuántas veces, cuando escribimos con el ordenador, cambiamos sin querer el orden de las letras y se forman palabras graciosas, inesperadas, imposibles que provocan la sonrisa!

 Habitualmente, cuando envío la revista El Gurrión a las amistades suelo colocar en el interior de la publicación, unas líneas de saludo a quien va dirigida. No son, por extensión, una carta propiamente dicha, pero quieren saludar y recordar al destinatario y sé que algunos las agradecen. En este último envío (de mediados de agosto) no incluí la citada nota, pero a cambio, dentro de la revista coloqué una nueva publicación de 42 páginas: “Cuadernos de Macoca – 1”, con textos y comentarios extraídos del blog “gurrion.blogia.com” y que forman parte de la publicación digital: “Diario de un maestro”. Por vía electrónica, preferentemente a través de facebook, pero también por e-mail, algunos amigos y amigas me han enviado el recibí de ambas cosas y algunas buenas y animosas palabras. Antonio G. Teijeiro, amigo maestro y poeta gallego, hizo un amplio comentario en su blog sobre el número 132 de El Gurrión. Le escribí una carta para agradecerle el amplio tratamiento y las generosas palabras que nos dedica (a El Gurrión y a mí, je, je). Mi amiga Mamen me sorprende, de vez en cuando, con una de esas cartas que se leen con placer y desprenden un aroma singular. Ante la recepción de una carta así, una vez leída y releída, suelo contestarla pocos minutos después de recibirla, tal es la emoción que me embarga. Le escribo a Joaquina Dorado, legendaria luchadora antifranquista, en momentos en los que su salud (a sus 95 años) está un poco deteriorada…

 Necesito algo más que una maleta para guardar todas las cartas que he recibido (las guardo todas). No sé, imagino que mis hijos o los nietos, si llegan, dudarán sobre qué hacer con este patrimonio afectivo que a ellos no les dirá nada o les dirá poco, pero a mí me cuesta tirar una carta al papel reciclado. Tendré que dejarles instrucciones claras para exculparlos de cualquier decisión que tomen, je,je. Guardo cientos de cartas. Tienen letras diferentes, cuentan historias distintas, son de procedencia muy variada y en cada una de ellas hay un trocito de la persona que la escribió.

 Este mes de agosto he recibido otro grupo de cartas que me han hecho mucha ilusión; son de niños y niñas de doce años que fueron alumnos míos los dos cursos pasados. Marc, que fue el primero, escribe una carta con un  dominio del idioma impropio de su edad: “…A veces, uno, con tanto tiempo libre no sabe qué hacer y se busca cualquier entretenimiento. Algunas tardes voy a casa de mi abuela a hacerle compañía un rato… Hablando sobre temas escolares, ¿qué te han parecido estos dos últimos años? Yo, personalmente, me llevo un buen recuerdo de ese tiempo. Nunca habíamos escrito sobre nosotros, nuestros pensamientos, poemas… Yo, entre otros, creo que jamás nos habíamos sentido tan integrados en el tema de la biblioteca y la lectura…” En segundo lugar llegó la carta de Yolanda, con un comienzo muy prometedor: “Te escribo para agradecerte la bonita foto que me enviaste hace unas semanas, felicitarte por tu pasado cumpleaños, mantener una correspondencia contigo y contarte qué he estado haciendo este verano, cómo me he sentido, en qué he pensado…” Yolanda me cuenta todos los libros que ha leído y su preocupación ante el reto de empezar en septiembre la secundaria y me desea un buen próximo curso “en caso de que no te jubiles”. La carta de Gerard llegó con un regalo añadido. Había estado, con sus padres, un rato el día de la “Ronda de la bandeja” en Labuerda y me mandaba cuatro fotos que nos hicieron mientras cantaban en casa y escuchábamos las jotas alusivas. Me pregunta por mi viaje a Dinamarca; me informa que quedó clasificado en quinto lugar en el Campeonato de España de billar, celebrado en Murcia y dice: “Después del mes de julio tan intenso, este mes de agosto me lo estoy tomando con calma: duermo más, no entreno tanto y leo libros”. El mismo día llegó la carta de Mónica: “Te escribo esta carta para que sepas que me acuerdo de ti y para contarte algunas cosas del veranito…” Y a ello se aplica, con todo lujo de detalles: “Este mes de agosto, los miércoles, vamos a comer y a cenar al monte. Allí pasamos el día. El resto de mañanas nos ponemos con los vecinos a vender cosas que hacemos. Yo vendo anillos. La venta no va nada mal. He ganado 37 euros en total…” y, casi al final, Mónica escribe: “Darte las gracias por todos los buenos momentos que hemos pasado, tanto yo como mis compañeros, junto a ti; es un honor para mí…” Paula fue la siguiente en escribir y su carta no empezaba demasiado bien: “Para mí este verano ha sido uno de los peores, porque las amigas casi no nos juntamos y yo a la piscina de Fraga casi no voy…” Luego, eleva ya el tono optimista al referirse a su viaje a Andorra y manifestar claramente que lo pasó muy bien haciendo la ruta del hierro (“… era una ruta que mientras caminabas encontrabas esculturas de hierro a los lados del camino”) y visitando el museo de miniaturas. Finalmente, manifiesta muy claramente sus sentimientos hacia el futuro inmediato: “Tengo muchas ganas de comenzar el instituto, y hacer ciencias naturales en inglés y matemáticas en catalán”, cosas del trilingüismo… Y Rocío, con una letra sensiblemente mejorada, me escribe una amplia y jugosa carta: “Sé que te escribo un poco tarde, pero es que…, no sé, esperaba un poco para contarte un par de cosas más”, je, je, me río de la naturalidad. Y continúa: “Quería empezar hablándote del libro que me empecé a leer la semana pasada. Se titula <Un capitán de quince años>, y es…, de un escritor muy peculiar que digamos que escribía sobre cosas que iban a suceder y al final sucedían de verdad, pero unos cien años más tarde. Supongo que ya sabrás de quién te estoy hablando…” Rocío es mundial, realmente.

 Las seis cartas mencionadas han sido auténticos regalos. Las he recibido con sorpresa y algunos pasajes me han emocionado. Todas las contesté el mismo día que las recibí e incluí en el sobre, además de mi larga carta manuscrita de respuesta, un puzzle de cinco marcapáginas sobre una foto vieja de Labuerda y el tríptico de coleccionismo. Creo que lo guardarán todo como un bonito recuerdo y sé que cuando vieron en el buzón un sobre con su nombre, se emocionaron un poco. Otro día hablaré de las comunicaciones “feisbuseras”, para recuperarlas y echarnos unas risas. Por hoy, ya tengo/tenéis bastante.

El viejo granero y el joven salón

Antes fue granero... El espacio en el que me encuentro ahora escribiendo, antes fue granero, pero no solo. Cada año, después de la siega y de la trilla, el trigo o el ordio recogidos eran subidos en pesadas “talegas” hasta este segundo piso de la casa familiar donde se ubicaba el granero. Aquí se vaciaban los sacos y, dependiendo del estado en que se encontrase el grano, mi padre iba removiéndolo con una pala de madera para que se airease y perdiese la humedad que pudiera tener. Si llegado el momento, era conveniente o necesario vender una parte de la cosecha, había que volver a llenar sacos y realizar el camino inverso, bajarlos hasta la calle para cargarlos en el remolque y llevarlos al Servicio Nacional del Trigo…

 Pero no era solo granero este espacio que ahora ocupo, totalmente remodelado. De la mayor parte de los dieciséis maderos de 4,5 metros de luz que forman el techo, colgaban en su momento racimos de uvas, blancas o negras; manzanas y membrillos; cestas con orejones; morcillas, longanizas, chorizos y salchichones en la época del mondongo; cestas vacías o llenas; algún jamón… Cuando se mataba el cerdo o los cerdos (muchos años eran dos), el primer lugar al que se llevaba carne era al granero, para lo que se habían habilitado un par de cañizos sobre los que se depositaban los jamones, las espaldas, los lomos y costillares, los blancos, patas y rabo, vísceras aprovechables, etc. Cuando se iniciaba el mondongo, se iban bajando las distintas piezas al primer piso (a la cocina o a la masadería) donde se realizaban las labores propias de “mondonguiar”: repelar, cortar, mezclar, especiar, cocer, embutir… Durante algunos años, aquellos cañizos que habían acogido los iniciales despieces, acogían las “tortetas” y las morcillas (éstas, hasta que, al cabo de unos pocos días, se colgaban de los maderos). La cosecha de nueces y de almendras también se esparcía por el suelo del granero para que se secaran los frutos y allí estaban también una o dos canastas de judías secas, blancas o pintas…Todo lo anterior dotaba a la estancia de un olor especial, con aromas variados, procedentes de los productos que he ido nombrando; un olor de esos que se quedan pegados a la memoria…

 Como ya he dicho, no solo era granero, este salón que me acoge y en el que leo y escribo; en el que me siento a charlar con los visitantes y amigos que acuden a casa… Cuando llegaban los veranos y el exceso de gente en casa no se correspondía con el número de habitaciones y de camas, un rincón del mismo servía de habitación para uno o dos de nosotros; dormir en el granero resultaba bien agradable, había menos ruido por las mañanas y, en ocasiones, se olvidaban que estabas allí y tardaban en llamarte para iniciar una nueva jornada laboral… Y en el balcón del granero, como en el de la sala, situado debajo del primero, solíamos colgar pinochas de panizo, atadas por as codas de dos en dos para que se secaran, antes de proceder a desgranarlas.

 Cuando se hicieron obras en la falsa de la casa, muchos de los trastes que albergaba ésta, acabaron en el granero (aunque ya hacía tiempo que no se utilizaba para guardar grano); de modo que el viejo granero que cumplió varios decenios con una honrosa función, como se ha explicado, pasó a convertirse en el cementerio momentáneo de todo lo inútil que suele guardarse en una casa. Hace unos pocos años, su remodelación fue total. Tan solo los viejos maderos del techo recuerdan al viejo granero y, aunque es un salón con armarios empotrados, armarios-vitrina que guardan libros, objetos variados, fósiles, colecciones de cajas de cerillas, etc. sillones, mesa de trabajo, cajas, estanterías, etc., en ocasiones aún nos referimos a él como “el granero”…

Y, bien mirado, no es un nombre que deshonre su nueva función. Si el granero guardaba el grano que se recogía cada año, del que saldría la harina y luego el pan… Ahora, este nuevo salón es un espacio que guarda libros, de cuya lectura se obtienen ideas y esas ideas se transforman en reflexiones y pensamientos o en textos escritos que acaban en libros, en revistas o en periódicos. Materias primas, el trigo y las palabras, de productos elaborados que colman y calman el cuerpo o el espíritu…

 En estos momentos, cuando escribo estas líneas, suena en el aparato de música un CD doble de José Antonio Labordeta. Se titula “Canto a la libertad” y contiene cuarenta canciones. Me lo regalaron los compañeros de CGT Huesca, hace un par de años, por lo menos, con motivo de participar en un curso, organizado por ellos y ellas en el que impartía una ponencia de nombre algo rimbombante y, a la vez, muy claro. El curso se titulaba “Filosofía para docentes (III). Pensar la educación” y la ponencia: “Tres horas de clase con Mariano Coronas”…, y cumplí con el tiempo establecido, je, je.

 La música de José Antonio Labordeta suena aquí de una manera especial; no en vano, estoy a un paso de la Plaza Mayor de Labuerda y hace 38 años que “el abuelo” actuó en nuestro pueblo por primera vez y 37 que lo hizo por segunda vez… y puedo asegurar que en los años 75, 76,… un recital de Labordeta no era cualquier cosa y menos en un pueblo tan pequeño como Labuerda, que se llenó aquella primera noche para escuchar a un tipo serio, con un poblado bigote y una voz que cuando probaba el micro a la luz de un atardecer de agosto, dejaba al personal petrificado… Cuando escucho muchas de sus canciones, no puedo evitar trasladarme años atrás con el pensamiento, activar el recuerdo de aquellas primeras actuaciones y acordarme de algunas ausencias ya definitivas: mi padre, José Mari Pardina, Enrique Pardina, Ramón Bosch,…

 “Ya ves / que fuimos puente herido / de abrazos detenidos / por ver la libertad”.

 “Siempre te recuerdo vieja / sentada junto al hogar / acariciando la lumbre / la cadiera y el pozal… Siempre te recuerdo vieja / sentada frente al portal / repasando antiguas mudas / que ya nadie se pondrá…”

 “Rosa, rosae / y también el valor de pi, / y el recuerdo final por los muertos / de la última guerra civil…”

 “… Que queda de ti, / viejo compañero / del primer impulso / contra tanto miedo / que hubo que empujar / para devolvernos / nuestra dignidad…”

 “… Me estoy quedando sin ti / igual que el monte en invierno / cuando la nieve lo duerme / bajo un manto de silencio / guardando bajo sus sombras / agosto con sus recuerdos…”

 “He puesto sobre mi mesa / todas las banderas rotas / las que nos rompió la vida / la lluvia y la ventolera / de nuestra dura derrota.”

 Son solo algunos de sus versos tomados al azar, a la vez que escucho, recuerdo y ubico cada canción… Lo cierto es que, cuando he comenzado este post, no tenía la intención de hablar de Labordeta, pero en la vida siempre pasan cosas inesperadas y ésta, además, resulta extraordinariamente agradable. Siempre es tiempo de escuchar a Labordeta y masticar sus canciones para sentir la fuerza de sus letras, la profundidad de sus mensajes. Ahora suena la “albada”, esa canción que casi te obliga a ponerte en pie para escucharla con emoción: “Esta albada que yo canto / es una albada guerrera / que lucha porque regresen / los que dejaron su tierra”. ¡Maldita sea! ¿Cuántos jóvenes se ven obligados a salir del país para buscar en otros lo que aquí se les niega? ¿No es actual este mensaje, esta denuncia?

 Miro algunas fotos que cuelgan de la pared o están depositadas sobre armarios y estantes y cada una va tocando una fibra, despertando un sentimiento: los padres de Mercè con nuestro hijos o mis padres también con Ana Y Daniel; mis padres con sus cuatro hijos… Hay fotos que cuando las haces no piensas que algún día adquirirán un simbolismo especial. Veo una en la que mi padre y el de Mercè están charlando apoyados en una barandilla que se asoma a un pequeño estanque en la pinada de Fraga… Eran tiempos de reuniones familiares y festivas, imposibles ya de repetir. Esa conversación quedó truncada con el fallecimiento de ambos… Hay varias fotos de Ana y Daniel, y algunas en las que estamos Mercè y yo. Éstas, unas y otras, son fotografías alegres que muestran el paso del tiempo, inexorable, pero agradable a la vez, porque muestran el crecimiento de los hijos y también la belleza serena de Mercè y las entradas (o salidas, depende desde dónde se mire...) que adornan mi cabeza… Estamos en el camino y no podemos saltarnos ninguna estación…

 Y libros por todos los armarios, encima y debajo de la mesita, que custodian los sofás, amontonados en un rincón. Ahora mismo, muy a la vista: “Futbolistas de izquierdas”, “Sobrarbe a tiempo parcial”, “El Pirineo aragonés antes de Briet”, “El primer hombre”, “La lectura y la vida”, “La palabra amenazada”…, por poner algunos ejemplos de los que ando leyendo y hojeando…

 Y la Peña Montañesa, iluminada en este momento por la luz del atardecer, que puedo ver desde esta mesa en la que escribo y que me produce un gran placer porque solo tengo que levantar la vista para contemplarla en su esplendorosa quietud, cada día con una cara diferente, siempre majestuosa, imponente, mítica…

 El viejo granero, devenido en salón de lectura, de conversación, de estudio, de escritura, de vientre acogedor de libros, colecciones, recuerdos, fotografías… sigue cumpliendo su fértil función: los granos de cereal ahora son las palabras; y la cosecha o el mondongo, los libros leídos y por leer; los textos escritos en diversos soportes, expresando nobles sentimientos, percepciones emotivas, fantasías soñadas… Hablo del viejo granero, que ya es un recuerdo amable en el nebuloso túnel del tiempo, por el que uno viene transitando hace ya varias décadas y lo hago desde el nuevo salón que me acoge y me inspira, que huele a papel encuadernado, a papel impreso…; pero que si cierro los ojos y me pongo a pensar, no me resulta difícil encontrarme con olores antiguos: de manzanas y orejones, de trigo recién “aventado” o de alegre mondongo...

Estampas danesas (y IV)

El regreso. Teníamos por delante casi 2500 km, en coche; de modo que decidimos volver en varias etapas. Planificamos la vuelta para aprovechar las visitas a algunas ciudades que no conocíamos y, aunque la estancia iba a ser breve en cada una de ellas, al menos nos haríamos una idea… El día 19 salimos de Horsens con el coche cargado a tope. Nos dirigimos hacia la frontera con Alemania; una frontera inexistente en lo físico, como tantas otras, y un paisaje continuación de lo que habíamos visto en Dinamarca.

Las autopistas alemanas iban llenas de coches, aunque no sufrimos ningún parón considerable. Cada hora y media o dos horas salíamos en algún área de servicio o “parking” a descansar un rato y sorprendía encontrarlos llenos de coches y de gente… En uno de ellos, paramos a comer.

 Habíamos pasado cerca de Kiel, de Hamburgo y de Bremen y enfilamos en dirección a una enorme “conurbación” (no sé si lo es, exactamente). Recuerdo, cuando estudiaba, que esa unidad urbanística se anunciaba como una solución de futuro para las grandes aglomeraciones humanas y urbanísticas y, recuerdo, que como ejemplo se ponían algunas áreas de Japón, concretamente, las ciudades de Osaka, Kioto, Kobe, Nagoya… Recuerdo, y como el recuerdo es lejano, es posible que no sea del todo exacto.

 Colonia. El caso es que nuestro destino -final de la primera etapa- estaba en la ciudad de Colonia (Köln), pegadita (por eso lo de la conurbación) a Dusseldorf, Bonn, Duisburgo, Essen…¡Vaya concentración de ciudades y de gente en pocos kilómetros! Con ayuda del GPS (hasta hora no nombrado, pero eficacísimo), llegamos, sin problemas al hotel, situado en el centro de la ciudad, en una plaza despejada y grande y con un hermoso lago delante (¡vaya nivel, Maribel!).

Una vez dejamos las maletas en la habitación y nos hicimos con un plano de la ciudad, salimos disparados a recorrer Colonia. Desde la ventana de la habitación habíamos visto las dos agujas de la catedral  relativamente cerca y hacia allí queríamos ir; y hacia allí fuimos. En el itinerario que seguimos, volvimos a comprobar que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos (desde la ventana de la habitación del hotel, veíamos la catedral mucho más cerca, je, je); aún así, en veinte minutos estábamos ya asombrados mirando hacia arriba… Habíamos visto fotografías de la catedral de Colonia y sabíamos que  era monumental, pero no imaginábamos que fuera tan alta, tan grande y que estuviera toda, toda llena de filigranas. ¡No había manera de tomar una foto para que cupiese entera! ¡Vaya con la “Hohe Domkirche Köln” o “Cologne Cathedral”!

 Entramos en el interior, sin necesidad de pagar, y también el interior nos impresionó por su altura, por los espacios y, sobre todo, por las enormes vidrieras, auténticas obras de arte que iluminan el interior de manera rotunda. En la plaza que rodea el templo se aglomeraba una gran cantidad de gente y se hacían cientos de fotos, tratando de meter en el encuadre aquel monumento. Y mientras miras en todas direcciones, no puedes dejar de pensar en quienes la pensaron y la construyeron; en quienes treparon a los rudimentarios andamios y se encaramaron a las agujas (que casi se pierden de vista); en cómo se pudo hacer una obra de esas características sin los artilugios que hoy día se emplean en la construcción… ¿Cuánto mide alto? ¿Cuándo comenzó su construcción? ¿Cuándo finalizó la construcción de la misma? ¿Cuántas corrientes o estilos arquitectónicos hay reflejadas en ella?... Preguntas que te vas haciendo a medida que miras y que no respondo aquí, para que quienes leáis esto busquéis esa información, si estáis interesados, je, je.

 Muy cerca de la catedral pasa el Rin, con una anchura y un caudal desconocidos por estas tierras nuestras. Llegamos hasta las orillas del río, cerca de un puente por donde circula el metro y los trenes. Delante se abre una amplia extensión de zona verde que, aquel viernes, estaba tomada por grupos de personas que no paraban de comer, de beber, de charlar, de reírse…; celebrando una gran fiesta ciudadana. Donde se acababa el verde, empezaban las terrazas de diversos bares y restaurantes, llenas también (desmintiendo ese tópico de que los alemanes solo salen de marcha en España); allí había cientos de personas comiendo y bebiendo… ¡Y, eso sí, el césped y los caminitos de alrededor estaban llenos de chapas! En lugar del “botellón” que se estila por aquí, allí el personal bebe “botellín” individual y la chapa la deja donde está sentado; los botellines no vimos si los tiraban a la papelera, los llevaba a algún contenedor de vidrio o los dejaban sobre la hierba esperando que la brigada de limpieza los recogiera por la noche o al día siguiente. Cenamos en la terraza de uno de los bares, en un ambiente más ruidoso y multitudinario que el que habíamos vivido en Dinamarca. Luego regresamos andando al hotel; volvimos a detenernos delante de la catedral, aprovechando la última luz del día y escuchando a un pianista que estaba tocando música delante de la puerta de la catedral para todos los viandantes.

 Llegamos a la plaza de nuestro hotel y también había una gran concentración de gente viendo un espectáculo musical y circense: ¿homenaje al Tour? Colgados de una grúa, dos tipos con bicicleta, pedaleaban en el aire. Noche oscura; iluminados con un potente foco, hicieron un sprint que nos dejó alucinados. Cansados del viaje, nos retiramos a dormir.

Al día siguiente, nos levantamos con hora y desayunamos en la terraza del hotel. La mañana era fresquita, pero lucía el sol. Disfrutamos del silencio de aquella mañana de sábado y tras engullir un copioso almuerzo, cogimos los bártulos, recogimos unas chapas, cargamos el coche y empezamos la segunda etapa. Ésta era la más corta de la cuatro, por lo que circulamos sin preocuparnos de horario. El destino era la ciudad de…

 Luxemburgo. Teníamos ganas de conocer esta ciudad, capital de un estado de esos que uno casi ni se cree que exista… Desde los tiempos de estudiante, cuando ya se había fundado una organización supranacional, denominada Benelux, me había llamado la atención Luxemburgo.

Tras dos horas y media de viaje, más o menos, llegamos desde Colonia a la capital y esta vez teníamos el hotel en las afueras. Como el tema de aparcamientos estaba delicado, según nos informaron, nos aconsejaron que cogiéramos el autobús y eso hicimos después de tomar posesión de la habitación.

En el viaje hasta el centro, pasamos por la zona moderna, con edificios elevados y acristalados, donde se encuentran distintos organismos de la UE, uno de los soportes económicos del país que, por otra parte, dispensa un trato fiscal a los que tienen mucho, muy favorable (y hasta ahí puedo leer).

 Tuvimos tiempo de pasear por la ciudad, que encontramos lujosa y limpia. Nos encontramos un mercado al aire libre, donde se vendían muchos objetos antiguos. Me llamó mucho la atención la gran cantidad de figuritas de búhos que ofrecía uno de los vendedores, todos diferentes. Seguramente, coleccionó toda su vida búhos y ahora, ya mayor, los vendía. Medité sobre el destino de las pequeñas colecciones que hacemos las personas y que pueden tener ese final… Compré por 4 euros dos cajitas metálicas de cigarros. Son guapas… Recorrimos la plaza donde estaba el edificio del Ayuntamiento y una de las calles aledañas que nos llevaban a uno de los palacios de los duques de Luxemburgo (Le Palais Grand-Ducal). En esa calle nos topamos con una tienda de vajillas, entre otras cosas, y de precios muy elevados. La menciono porque en su escaparate ofrecía platos, fuentes, bols, tazas, etc. decoradas con escenas de juegos infantiles: la pídola, las canicas, la gallina ciega, el columpio, los zancos, la comba, etc. Una taza salía por 40 euros y un bol por 63… Ver y no tocar, ¡vaya! pero, en todo caso, original y bonita la decoración.

Después de comer, recorrimos varias calles, plazas y rincones: la fachada de la Biblioteca Nacional y una enorme iglesia adosada al recinto bibliotecario, de interior espectacular. Curiosamente, para los fieles más alejados del altar, habían dispuesto un televisor de plasma y yo pensé que igual este enorme presidente que tenemos en el país, en alguno de sus viajes a Luxemburgo (donde no sé si ha estado, por otra parte) vio el artilugio y se le ocurrió utilizar el sistema para aquella declaración famosa…

 Delante de la biblioteca y la iglesia, nos encontramos con dos sorprendentes elefantes, instalados en pequeñas plataformas y decorados de manera distinta. En nuestro recorrido por la ciudad, nos encontramos con otros muchos, todos del mismo tamaño, pero todos pintados y decorados de manera diferente… Nos enteramos que se trababa de una campaña en defensa del elefante asiático. Cada uno de ellos había sido trabajado artísticamente por una persona diferente y tenía un nombre particular. Por ejemplo: Beauty in Freedom; Tartiphant; Farbenfant; Elefant im feuer; Beauty in pink; Dheva Ngen; etc. Sólo en los jardines, de la llamada Plaza de los Mártires (Place des Martyrs) había cuatro elefantes sorprendentes. Por cierto, la plaza recibía ese nombre “En conmemoración de los deportados, de los alistados a la fuerza y de todas las víctimas del nazismo”; un espacio público más para no perder la memoria. Habíamos visto otro memorial, dedicado a todos los voluntarios que participaron en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial para defender el país, en el que se habían grabado también unas palabras pronunciadas por la Grande-Duchesse Charlotte, en su homenaje, el 16 de abril de 1945.

En el parque mencionado, pudimos contemplar una preciosa escultura de Henry Moore: “Mother and child”, al lado de la que me hice una foto leyendo El Gorrión. Todavía nadie ha mandado una foto leyendo la revista desde Luxemburgo, de modo que “otro país conquistado”, je, je.

 Llegamos caminando hasta la estación de trenes, con edifico emblemático; como emblemáticos y ostentosos son los edificios que albergan a algunos bancos (y en este país hay muchos). Cuando me acercaba a un edificio que parecía un palacio, me sorprendió leer que era la sede de la Caisse de Epargne, una entidad financiera.

Y ya cuando la tarde se hacía tarde, cansados de caminar y caminar; de mirar, de hacer fotos… cogimos de nuevo el autobús y regresamos al hotel. Al día siguiente nos esperaba de nuevo un largo trayecto hasta la ciudad de Lyon.

 Día 21 de julio. Día de mi cumpleaños. Un año más, de viaje por esos mundos de dios. Madrugamos. Almorzamos en el hotel y partimos. Comimos bastante bien en un área de servicio y llegamos a Lyon por la tarde. Tuvimos que cruzar la ciudad hasta llegar al hotel (con nuestro fiel GPS, sin problemas). Llegamos ya casi sin fuerzas y con pocas ganas de movernos de allí. Estuve leyendo “Le Matin”, un diario que cogí por la mañana en Luxemburgo y estaba tan ensimismado practicando mi francés que el aire acondicionado se me metió dentro y cuando quise darme cuenta había pillado un buen resfriado (aún no me lo he quitado de encima, tres semanas después). Cuando el resto del personal se recompuso con una mediana siesta tardía, salimos con intención de cenar. Como era domingo estaba casi todo cerrado y nos salvó un Mcdonals. No pudimos acercarnos a Gerland (el campo del Olimpique de Lyon) ni visitamos nada de la ciudad. Era el día más caluroso. Cuando se está acabando un viaje, el cuerpo anda ya pidiendo reposo y aún nos quedaba la última etapa. El lunes, 22, madrugamos más que ningún día, pero aún así, las carreteras y autopistas ya estaban llenas; especialmente de caravanas holandesas que se dirigían a la zona de Marsella o a la Costa Brava española, supusimos. Con las paradas de rigor, los pagos en los peajes y calorcito del bueno porque se nos había medio averiado el aire acondicionado, llegamos a Barcelona a la hora de comer. Y comimos con mucho fundamento. Al día siguiente viajamos a Fraga y colorín colorado, este viaje fantástico se ha terminado.

Estampas danesas (III)

A estas alturas de viaje y todavía no he hablado del coleccionismo de chapas… ¡Imperdonable! Los viajes al extranjero suelen ser buenos momentos para aumentar la colección de chapas de Daniel, cuyo número sobrepasa los 10.500 ejemplares diferentes, de un centenar largo de países distintos. Y uno de los recursos más utilizados es recogerlas del suelo. Especialmente en parques, grandes o pequeños, si hay bancos, cerca de las estaciones, en los parterres donde crecen árboles… es fácil encontrar ejemplares que han sido tirados allí por los consumidores. Por eso es conveniente llevar una bolsita a mano, para ir colocando dentro los ejemplares encontrados, siempre que estén en condiciones aceptables y sin suciedad excesiva… Luego, de vuelta al hotel, se lavan convenientemente y, al día siguiente ya pueden guardarse en la bolsa o caja en la que llegarán a España. Aunque encontramos chapas en todas las ciudades danesas en las que estuvimos, las ciudades alemanas, aseguraba Daniel, eran una mina (según había leído reiteradamente en el foro de coleccionistas) y lo pudimos comprobar, sobradamente, en Colonia. Él ya lo había comprobado en anteriores viajes “erasmus”…

Bueno, y después de esta excursión dialéctica por las aficiones, volvamos al viaje y a los últimos apuntes del mismo.

 Aarhus. De todas las ciudades visitas en Dinamarca, Aarhus es la más próxima a Horsens, por lo que el viaje resultó breve; muy breve comparado con las “excursiones” de los días precedentes. Viajamos a Aarhus con la intención de visitar un museo singular: el “Den Gamle By”. Se trata de un amplísimo recinto cerrado, en el que se fueron levantando (y todavía se sigue construyendo) casas de diferentes épocas. Estas casas tienen varias particularidades. Están hechas a tamaño real, se puede entrar en casi todas ellas y recorrerlas tranquilamente por su interior y muchas de ellas albergan, a su vez, un pequeño museo o una muestra significativa de los instrumentos y de las realizaciones de algunos oficios. En estos casos, mamparas de vidrio o, en su defecto, de un material transparente separan al visitante de la exposición para evitar sustracciones y manipulaciones descuidadas.

 Una de las primeras casas con la que nos encontramos fue la reproducción de una escuela de mediados del siglo XIX. Al lado del edificio sorprendía encontrar “el huerto del maestro”, vallado y bien cuidado, y en el que crecían diferentes hortalizas. Entramos en la escuela para encontrarnos con largas mesas de madera con bancos incorporados, para cinco o seis niños cada una y con nombres grabados “a navaja”. Apoyados en la pared, una docena de réplicas en madera de fusiles de la época para que los niños, cuando hacían la gimnasia, fueran ya tomando contacto con algunas “faenas del futuro”. Nos sorprendió encontrar una pizarra de arena, horizontal, como un cajón largo que se abriera de la cajonera, en la que los principiantes, armados de palitos, podían ir haciendo letras o escribiendo las primeras palabras…Material pedagógico sorprendente, ¡vaya!

 Durante casi tres horas anduvimos recorriendo calles, entrando en las construcciones y echando un vistazo, más o menos largo, a lo que se guardaba dentro, fuera un taller de fabricación de sombreros, una imprenta, un taller de soplado de vidrio, uno de zapatería; un sastre, una farmacia, un huerto de plantas medicinales, una panadería (que además, vendía productos de verdad)…

 El citado recinto albergaba un museo del juguete, en el que se exhibían muchos ejemplares antiguos: coches, camiones de bomberos, dirigibles, aviones, bicicletas, motos con sidecar o sin, soldados, simulaciones de oficios, molinos de viento, trenes, estaciones, casas de muñecas, peonzas,… Había muñecas, yoyós, pelotas de trapos o de gomas, tirachinas, juguetes de madera, de construcciones… En general, creemos que había demasiadas cosas y poca iluminación, lo que impedía observar el interior de algunas vitrinas con nitidez, pero los materiales exhibidos parecían realmente interesantes.

 El segundo museo era sobre cartelería mural. En un edificio nuevo, construido de manera muy aparente para mostrar lo que guardaba, podían verse colgados de las paredes decenas de carteles sobre Dinamarca, tanto exaltando algunos de sus valores paisajísticos, literarios, culturales, etc.; como relacionados con acciones solidarias desarrolladas en países necesitados: impresionaba una sirenita sin cabeza y emocionaba uno dedicado a proteger la Amazonía; los había dedicados a Skagen o a la misma Aarhus y varios hacían referencia al icono nacional, Hans Christian Andersen… En la tienda del recinto no pude evitar comprar un pequeño librito sobre juguetes mecánicos(del que solo entiendo las fotografías) y que se titula: “Mekanisk Legetoj” y otro sobre un ABCdario (del que entiendo todavía menos, je, je, pero como soy adicto a los ABCdarios…) y que, por lo que he podido ver, han elegido una palabra para cada letra, del recinto del “Den Gamle By”, ilustrado con bonitas imágenes: Apoteket – Boghandlen – Cykler…; así como otros objetos relacionados con los carteles…

Finalmente, salimos del recinto y nos fuimos a comer a un parque próximo donde encontramos un hermoso banco a la sombra de unos árboles. Una vez finalizado el yantar y, tras una descansada sobremesa, recorrimos algunas zonas acuáticas y arbóreas del citado parque: cuidadas y muy bonitas. Caminamos, posteriormente, hasta la catedral de la ciudad y visitamos el interior (¡qué frescos estábamos sentados dentro!). ¡Cuánta madera albergan las iglesias y catedrales de las ciudades danesas!: bancos enormes con adornos esculpidos con gran delicadeza y precisión; púlpitos con bases de madera profusamente esculpida con caras, escenas diversas; retablos de buen tamaño…Callejeamos un rato todavía y subimos al primer piso de un establecimiento a tomarnos un capuchino y mirar por el ventanal el deambular de los transeúntes que subían y bajaban por la calle comercial en la que estábamos. ¡Qué descansado es ver caminar a la gente y observar sus movimientos o imaginar sus conversaciones…! Iniciamos el regreso y nos desviamos ligeramente del itinerario matinal para ver y llegar a un lugar realmente sorprendente: Ejer Baunehoj.

 Mollehoj/Ejer Baunehoj. Se trata, ni más ni menos, que del punto más elevado del país, con una altitud pasmosa: 170, 86 metros sobre el nivel del mar. En el punto exacto se eleva un monumento, de unos quince metros de altura. Se puede ascender hasta lo alto, a través de escaleras y también de un ascensor. Subimos caminando y nos quedamos pensando por dónde podía llegar, hasta dónde estábamos, el condenado ascensor que habíamos visto abajo. En esas estábamos, cuando escuchamos el ruido de subida del aparato y, a la vez, el de la apertura automática de una parte del suelo (una trampilla metálica de dos hojas). Cuando se detuvo el ascensor, se elevaba casi todo él por encima del nivel del suelo en el que estábamos y su techo se convertía por un momento en el punto más alto de Dinamarca. No pude evitar acordarme del famoso ascensor de cristal de Charlie, uno de los libros de Roald Dahl.

 Lo cierto es que en un país llano como la palma de la mano, una pequeña elevación como el Ejer Baunehoj, con 360 grados de visibilidad, permite ver hermosos paisajes, donde se alternan campos de cereal, campos de hierba, setos de separación, pequeños bosquecillos, granjas y casas rurales… Estuvimos un rato contemplando los alrededores y haciendo fotos de todo lo que, desde allí, se divisaba.

Cuando descendimos, nos acercamos a un edificio, que era como un centro de interpretación (que ya estaba cerrado a media tarde) en el que había distintas informaciones en danés y en inglés, en paneles exteriores. Una curiosa, titulada “Danske naturlige bjergtoppe – top 20”, era una lista de los veinte puntos más elevados del país, en orden decreciente. El número 1, como ya se ha dicho, alcanzaba los 170´86 metros y el número 20, 133 metros exactos… ¡Mal país para practicar la escalada!

Y ya, tras disfrutar un rato más del entorno, regresamos a nuestra base de Horsens, porque había que comprar algunas cosas para encarar el último día en Dinamarca y el inicio del regreso, en coche.

 Horsens de nuevo. Pasamos un día entero en nuestro campamento base. Había que hacer maletas y dejar el apartamento en buenas condiciones. Para ese último día en Dinamarca, habíamos dejado dar una vuelta por algunos espacios de la ciudad que todavía no habíamos visto. Nos acercamos a una zona marítima del Báltico, poco concurrida, con una franja de playa de un metro de ancho y, a continuación, una extensa pradera. Muy agradable la sensación de ver el mar delante de nosotros y donde se acababa el agua, una línea verde oscura de tupido arbolado. Nos acercamos seguidamente a un parque que no habíamos visitado, con árboles de circunferencia imponente y sorprendentes estatuas. No sé qué significa “Todesfigur” realizada por Christian Lemmerz, pero impresionaba aquella figura humana que se cubría con una capucha, pero que no tenía rostro y que te “miraba” (es un decir) desde lo alto de su pedestal. Un parque, como he dicho, lleno de estatuas solitarias o de conjuntos escultóricos más complejos y difíciles de interpretar. Otra de las que fotografié: un busto más convencional en lo alto de una columnata fue la dedicada a Emil Bojsen, que vivió entre 1854 y 1898. Me hizo gracia encontrarme con un “quinto” del 54, aunque de cien años antes. Un parque en el que había varios refugios subterráneos rehabilitados, señalados e indicados, aunque cerrados en aquel momento. A lo largo del viaje, los restos de la IIª Guerra Mundial o los monumentos que recordaban a las víctimas o a los combatientes daneses que dieron su vida por el país o que condenaban el nazismo, han sido bastante frecuentes. Muy diferente de lo que ocurre en nuestro país, que para honrar la memoria de los que fueron asesinados por el franquismo hay que hacerlo casi clandestinamente, mientras aún quedan lápidas en las fachadas de algunas iglesias y monumentos aislados que recuerdan a los que perpetraron el golpe de estado: ¡una auténtica vergüenza!

 Horsens es ya una ciudad importante en nuestras vidas. Sobre todo, por el tiempo que Daniel ha estado viviendo y estudiando en ella, claro (y aún estará, pues regresa la última semana de agosto de nuevo), pero también porque nosotros hemos pasado allí unos cuantos días y gozado de la oportunidad de ir conociendo el resto de Jutlandia, utilizándola como campamento base. El día 19 de julio, por la mañana, emprendimos el viaje escalonado de regreso.

Un último pensamiento me asalta antes de abandonar suelo danés; en ocho días solamente hemos visto una pareja de policías y no hemos pagado ni un céntimo en ninguna autopista. El único pago, como ya dije en el primer capítulo, el paso del largo puente que une las dos islas principales. 

 (Continuará…)