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Un texto poliédrico

Es poliédrico porque tiene varias caras o varias entradas. No tienen nada que ver, unas con otras. Los textos cortos se escribieron para facebook y tienen imágenes que se intuyen al leerlos, para ilustrarlos en esa red social. Finalmente, añado la crónica que he escrito, para enviar a algunos medios de comunicación, sobre la salida que realizamos esta semana que acaba de terminar. Espero que os guste este post variado y, posiblemente, inesperado.

 1. Noviembre (28 fotos)

 Fuimos a buscar el amarillo, pero encontramos otros colores y otras formas; en algunos casos, sin pensar. Algunos, fueron descubrimientos inesperados. Estas fotos son un pequeño puzzle de lo dicho. Que tengáis buena semana, la que empieza mañana... Fotos de Figols de Tremp, Graus, Aínsa y Labuerda. (3 de noviembre de 2013)

 2. Una carta de agradecimiento

  Mañana, 7 de noviembre, Albert Camus hubiera cumplido 100 años. Quiero recordarlo con la carta que le escribió a su maestro de la infancia (Louis Germain), pocos días después de recibir la noticia de haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Un gesto de agradecimiento profundo, realizado a través de una carta manuscrita. (6 de noviembre de 2013) 

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19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus. 

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 3. La luz de la morera en otoño

 Redundancia... Si la morera es una fuente de luz otoñal que ilumina y cautiva, ¿para qué quiere una farola a cada lado? Buenas tardes de noviembre.

El 25 de noviembre de 1939, Albert Camus escribió un artículo que fue censurado y no se publicó nunca. Era un alegato a favor de la libertad de prensa. Finalmente, fue en marzo de 2012 cuando se pudo publicar, tras ser hallado por una periodista en los Archivos Nacionales de Ultramar, en Francia.
“Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia. Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto”, escribía Camus.

Leer esta reflexión y mirar la prensa, la radio y la tv que tenemos (ocultista y manipuladora, en muchos casos) y conocer la interminable lista de sinvergüenzas y deshonestos que pueblan este país, nos produce enorme intranquilidad y un profundo malestar. Como dice mi amigo Ángel, tengan cuidado ahí fuera, porque están ellos. (7 de noviembre de 2013)

4. Otoño fotografiado

 Hoy quería salir un rato a ver si el otoño se ponía a tiro en algún parque o en las orillas del Cinca, pero el día ha estado desapacible y se me han desactivado las ganas. De modo que voy a echar mano de una de las muchas fotos que hice el pasado otoño para que os acompañe en estas últimas horas de esta tarde de noviembre:

“Las hojas caen, vienen los recuerdos, las tardes se acortan, ladran los perros. El diario sigue, hablando de muertos; hay una tristeza y un gran desaliento”. (10 de noviembre de 2013)

 5. Recibo una postal

 Hoy por la tarde, al llegar a casa después de la jornada laboral, he recogido en el buzón una postal de la Patagonia argentina, donde se pueden observar fotografías de orcas, elefantes marinos, ballena franca austral, delfín común, lobos marinos y pingüinos de Magallanes.

Me la envían conjuntamente Anny, Luc, SilviaLuz y Osvaldo, desde Puerto Madryn. ¡Con qué alegría se reciben estas cosas! Dos parejas: una de belgas y otra de argentinos, que se conocieron a través de El Gurrión y de facebook (y que ya se han encontrado en carne mortal, en otras ocasiones)... 
Le doy la vuelta a la postal y leo: “¡La reunión de los gurriones argentinos y belgas. Un evento especial!”

Por cierto, El Gurrión número 133 se está cocinando en la imprenta y en dicho número hay textos de Anny, Luc y SilviaLuz; ya solo queda por animar a Osvaldo. Un abrazo para todos ellos y muchas gracias por este bonito regalo, que viene adornado con tres sellos de: Ushuaia (Tierra del Fuego); Mina Clavero (Córdoba) y P.P. Aconcangua (Mendoza). (11 de noviembre de 2013)

  6. Naturaleza e historia: Visita a la Laguna de Sariñena y a la casa natal de Miguel Servet en Villanueva de Sijena

  El pasado día 13 viajamos hasta la comarca de los Monegros desde la del Bajo Cinca. Queríamos visitar dos centros culturales muy diferentes: por un lado, queríamos una lección de naturaleza y por eso decidimos visitar la Laguna de Sariñena y por otra parte íbamos a acercarnos un poco a la historia conociendo el tiempo en el que vivió y la vida del sabio aragonés, Miguel Servet, que da nombre a nuestro colegio; visitamos, para ello, su casa natal en Villanueva de Sijena. Formábamos la expedición 32 personas: 29 chicos y chicas de 5º de Primaria y tres profesores.

 En la Laguna nos recibió y atendió, el biólogo Ramiro. Dentro del centro de visitantes o centro de interpretación, fue contando a los chicos algunas curiosidades de la formación del humedal (curiosamente, en sus inicios era una laguna de agua salada y ahora es de agua dulce) y repasó las especies que lo pueblan o que merodean y viven conectadas al mismo: invertebrados y vertebrados; éstos con representación de ejemplares de los cinco grandes grupos: peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Por este orden, les dio una clase muy sugerente de evolución de las especies. Les proyectó un amplio catálogo de diapositivas con imágenes representativas de todos esos grupos. Finalmente, subimos al autocar para acercarnos a la caseta de observación, a orillas de la laguna. Allí les mostró colmillos de jabalí, un panal de avispas, una cabeza y pico de buitre, insectos palo, huevos de diferentes especies: avestruz, pájaro moscón y tortuga... y pudimos mirar a través de las ventanas de la caseta una vista distinta de la laguna, aunque las aves –con buen criterio para su supervivencia- volaron hasta las zonas opuestas a nuestra ubicación, “por si los chicos” (o “por si las moscas”)...

 Después de comer a la salida de la población, en el recinto de la ermita de Santiago, continuamos viaje hasta Villanueva de Sijena. Nos acercamos a la casa natal de Miguel Servet, donde Gemma nos recibió y atendió con mucha amabilidad. Nos mostró el patio empedrado, el pozo-nevera, el lagar donde se pisaban las uvas y los depósitos de grano, las bodegas... Vimos una casa grande, como correspondía a una familia que tenía ingresos económicos notables, ya que el padre de Servet era notario.

En el primer piso nos sentamos en el suelo y la guía fue explicando aspectos de la vida del sabio aragonés: sus estudios, sus trabajos y descubrimientos, los libros que escribió y los problemas que tuvo por defender unas ideas que chocaban con las que tenían otros... En tiempos de intolerancia, quien tenía más fuerza solía tratar de acallar a quien discrepara y, de ese modo, Servet fue detenido, acusado y condenado en Ginebra (Suiza). Detrás de todo ello estaba su gran enemigo Juan Calvino, reformador religioso que no participaba de las ideas de Servet. Miguel fue quemado en la hoguera el 27 de octubre de 1553, hace justamente 460 años. Gemma respondió a las numerosas preguntas que le hicieron chicos y chicas y abandonamos Villanueva tras hacernos varias fotos delante de la fachada de la casa natal y junto al monumento erigido en la plaza, en su memoria. Pasamos una jornada completa e interesante.

Coincidencias periodísticas centenarias

Hoy sábado, 2 de noviembre (cuando escribo este post), encuentro dos artículos de prensa, en dos periódicos diferentes, que leo con atención. Entre uno y otro se nos recuerda que en este año 2013, se cumple el centenario del nacimiento del escritor Albert Camus y del fotógrafo Robert Capa. Dos personalidades que pasaron por este mundo dejando una honda e imperecedera huella.


 1.- Las dos páginas centrales del suplemento Babelia (El País) de este sábado están dedicadas a Camus. El artículo lo firma Miguel Mora y lo construye con ayuda de Jean Camus (el hijo del escritor, que tenía 15 años cuando murió su padre) y de Alain Grenier (hijo de uno de los maestros de Camus –el filósofo y escritor, Jean Grenier-).

Albert Camus había nacido el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi. Su padre había muerto en la Primera Guerra Mundial. Su madre, nacida en Mahón le enseñó castellano y catalán y, aunque semianalfabeta y algo sorda, fue quien se encargó de su educación. “Ante mi madre siento que pertenezco a un noble linaje: el que no envidia nada”, diría Camus. Su infancia y adolescencia en Argel, la figura de su brava madre española y su profesor de secundaria, Jean Grenier, marcaron profundamente la sensibilidad literaria y humanista de Camus.

 En 1957, al recibir el Premio Nobel de Literatura, dijo: “Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aún más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir”.

Leemos esa cita y parece que estemos hablando de la actualidad. Esa es, tal vez, una de las mayores grandezas de Albert Camus: su pensamiento sigue siendo actual.

En ese discurso, pronunciado al recoger el Premio, recordó de manera agradecida y emotiva a sus dos maestros: los que convencieron a su madre para que no dejara y continuara sus estudios, Louis Germain y Jean Grenier.

 El día de su muerte, Camus tenía 47 años; el conductor del coche, el editor de la Pléiade –Michel Gallimard- murió cinco días después. En la maleta que Camus llevaba, había 144 páginas de un manuscrito inacabado, El primer hombre, de fuerte contenido autobiográfico y gran belleza literaria. El libro que se publicaría por decisión de su albacea –su hija, Catherine Camus en 1994- pondría a cada uno en su sitio y demostraría que Camus nunca fue un burgués (como alguno de sus enemigos trató de acusarle), ni un comunista, ni un filósofo, sino un hombre rebelde, un narrador de mundos y un enamorado de la libertad. Lo enterraron en Lourmarin, un pueblecito de la Provenza. Su lápida es la más sencilla del cementerio.

En ese libro al que hemos hecho referencia, se publican al final del mismo dos cartas. La primera se la escribe Albert Camus a su maestro y lo hace pocos días después de recibir la noticia de haber sido galardonado con Nobel de Literatura. La segunda es la respuesta del maestro, de Louis Germain. Copiamos aquí la primera:

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19 de noviembre de 1957

 Querido señor Germain:

 Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus.

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 2.- En la página de Cultura del Heraldo de Aragón de este primer sábado de noviembre, el periodista Antón Castro, se hace eco del Centenario del nacimiento de Endre Friedman; sin duda el reportero de guerra más famoso, que acabaría llamándose (y así es conocido en el mundo) Robert Capa.

 “Nació en Budapest el 22 de octubre de 2013, en el seno de una familia acomodada. Su madre era diseñadora de modas y su padre era sastre. Siendo muy joven conoció a una hermosa y joven fotógrafa, Eva Besnyö (1901-2003). Endre seguiría sus pasos y poco después aparecería en su vida otro personaje decisivo, Lajos Kassát. La fotografía le impregnó por completo y su tendencia a la rebeldía frente al régimen fascista de su país le llevaría a marcharse de Hungría: recaló en Alemania y acabaría huyendo del nazismo, hasta que definitivamente se instaló en París“. Escribe Antón Castro en el artículo referido.

 Pronto apareció en su vida una joven de origen alemán, Gerta Pohorylle (1910-1937): una mujer libre en el más amplio sentido de la palabra. Su influencia fue decisiva para “alumbrar la personalidad de un fotógrafo coronado de éxito”. A Gerda Taro (que así acabó llamándose ella) se le atribuye el siguiente razonamiento: “Creamos la ficción de un fotógrafo norteamericano llamado Robert Capa, presuntamente exitoso en su país, con el fin de atraer la atención sobre sus fotos. Decimos que hemos descubierto sus trabajos, de gran calidad, y los ofrecemos tres veces más caros que el precio del mercado”. Una estrategia que, según Castro: “también define a Capa, que será vividor, ambicioso, mujeriego, partidario del juego, del alcohol y un fabulador que roza la impostura”.

 Capa labró su fama en la Guerra Civil española: en Cerro Muriano realizó una de sus fotos más emblemáticas y controvertidas: la de un miliciano cayendo por un disparo enemigo. Captó las estremecedoras imágenes de la Batalla de Teruel (diciembre 1937 – febrero 1938). Acudió también a la Batalla del Ebro. De ese tiempo son las fotos que tomó en Fraga o cerca de la ciudad y que pudieron verse en la exposición que se celebró en el MNAC de Barcelona, entre julio y septiembre de 2009.

 Cuando estalló la Guerra Civil, Robert y Gerda vinieron a España (llegaron a Barcelona el 5 de agosto de 1936) y estuvieron juntos intermitentemente. El día 26 de julio de 1937, Gerda murió en Brunete, arrollada por una tanqueta. Capa escribió en su autobiografía: “La dejé en peligro. Nunca hubiera muerto si yo hubiera estado allí”.

Tras la Guerra Civil española vino la Segunda Guerra Mundial y Capa estuvo en Italia, en Londes y en el día D en el Desembarco de Normandía. En 1947 fundó con otros fotógrafos (Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour) la legendaria Agencia Mágnum.

El 25 de mayo de 1954, mientras acompañaba al ejército francés en Indochina, pisó una mina antipersona y murió.

 Dos personalidades con orígenes sociales bien distintos, nacidos el mismo año, con 15 días de diferencia, a miles de kilómetros de distancia, que vivieron intensamente la vida y que, en los dos casos aquélla se truncó de manera violenta e inesperada. Los dos han dejado un legado para la historia y los dos han coincidido (involuntariamente, creo) en asomarse a la prensa este primer sábado de noviembre; con el otoño refulgente y tendido, bajando de las copas de los árboles.

De cunas y nubes

Con este título: “De la cuna a la nube. Un itinerario lector que involucra a la familia”, se ha celebrado en Casa del Lector (antiguo Matadero de Madrid) un Seminario que comenzó el viernes 25 de octubre por la tarde y continuó hasta las 19:30 horas del sábado, 26 de octubre. En los enlaces siguientes, hay más información:

 http://casalector.fundaciongsr.com/story.php?id=762 

 http://servetbiblio.blogspot.com.es/2013/10/hemos-vuelto-de-madrid.html

 Como Coordinador del Seminario, conté con la ayuda de un experto en estas lides, como es mi amigo Kepa Osoro, estimulador de cerebros y provocador necesario con sus planteamientos y reflexiones. Participaron también, Teresa Corchete, con quien había compartido mesa en uno de los simposios que organizaba Felicidad Orquín; dos madres del colegio que colaboran con la biblioteca escolar desde hace 11 años: Nati Ibarz y Mari Carmen Díaz, dos madres que llevan diez años colaborando activamente con la biblioteca escolar del CEIP Miguel Servet, y el gran Antonio Basanta, un hombre con una energía y un modo de entrelazar palabras y conceptos que nos dejó profundamente cautivados: lo más parecido a un sabio.

 Para el documento de convocatoria de este evento formativo, escribí una breve presentación y para la finalización del Seminario, un texto de cierre. He querido recuperarlos para conformar esta nueva entrada en el blog.

  

 Presentación

 Parece razonable pensar que el núcleo familiar es el espacio adecuado para iniciar la construcción de un lector, ya desde la primera infancia. Sobre todo, teniendo en cuenta que es en ese tramo de edad cuando puede comenzar y asentarse la educación de los sentidos y de los sentimientos.

 De la misma manera, podemos considerar que es el momento adecuado para degustar la oralidad, aportadora de ritmo, afecto, complicidad…, y los primeros libros. Es tiempo de escuchar las palabras que arrullan, que duermen, que sanan; de ver, leer e interpretar las imágenes que proyectan sueños, que construyen historias.

 No podemos pasar por alto el hecho de que el estatus de padre o de madre ha ido cambiando con el tiempo, que atendemos a una notable variedad de familias, con una notable diversidad de compromisos ante las necesidades de las criaturas. La escuela ha asumido algunas de las funciones educativas a las que han renunciado los padres y las abuelas y los abuelos, suplen en muchas ocasiones a sus hijos y se ven obligados a desempeñar un papel que ya no debería corresponderles. Todo está cambiando.

A los padres, no obstante, podemos considerarlos como mediadores importantes en la aproximación de niños y niñas a la lectura, al conocimiento y la cultura y es necesario pensar en su formación o en desarrollar programas que los capaciten para realizar esa labor con algo más de eficacia; que sepan cómo seleccionar lecturas, qué recursos analógicos o digitales les pueden ayudar, qué programas bibliotecarios les permiten participar con mayor intensidad…

 Las bibliotecas escolares y las bibliotecas públicas son espacios de uso colectivo; recintos de acciones complementarias en los que las familias pueden participar: colaborando activamente y usando sus recursos, en el caso de las primeras y participando plenamente como lectores, aprovechando al máximo todos los programas que sean capaces de generar con esas intenciones, en el caso de las segundas. En general y en todos los casos creando una necesidad social de funcionamiento de las mismas y generando vías de participación y de reivindicación de servicios.

 Y a los viejos soportes –los libros- donde se ha venido codificando la ficción, la información, el conocimiento…, hay que unir las nuevas tecnologías que han dispuesto un panorama cambiante e incierto. Los soportes electrónicos de lectura y escritura van avanzando inexorablemente y forman parte de nuestras vidas. Convivimos con unos y otros, ¿con naturalidad?, pero ¿cómo se percibe toda esta revolución desde la librería?, desde ese establecimiento próximo al que acudimos a hojear novedades, a comprar nuevos títulos, a encargar futuras adquisiciones, a pedir asesoramiento o recomendaciones…

De todo ello se pretende hablar, contar y reflexionar en las jornadas que se organizan con ese fin.

 

(Tras el desarrollo, creemos que muy satisfactorio, del programa del Seminario y, como despedida del mismo, por parte del Coordinador, leí en voz alta estas reflexiones, a medio camino entre el humor y la vida)

 

De la cuna a la nube. Despedida

 En mi pueblo, la interpretación de las nubes y los nublados corría a cargo de los mayores. Salían a la Plaza o a la calle, pronto por la mañana, y con una mirada rápida y las manos en los bolsillos afirmaban categóricamente que aquellas nubes que venían por el norte solo traerían aire, pero las que asomaban por encima de la sierra de San Vicente eran señales de que se avecinaba agua segura… Algunas veces, acertaban en el pronóstico. Más tarde, cuando la televisión en blanco y negro llegó a nuestras casas y a nuestras vidas, el intérprete de todo lo anterior era “El hombre del tiempo” quien, por su parte, anunciaba qué zonas se verían afectadas por nubes de evolución y borrascas amenazadoras…

  Hubo un tiempo en el que los niños pequeños, recién bajados de la cuna, miraban con fascinación las nubes. Veían cómo éstas se desplazaban por el firmamento a diferente velocidad, dependiendo de aquella con la que el viento soplaba. Su fascinación tenía que ver también con las formas reconocidas que las nubes iban adoptando en su deambular caprichoso… Hoy, todavía se pueden practicar esos juegos de reconocimiento del agua condensada por encima de nosotros… Cuando eran un poco más mayores y acudían a la escuela, las nubes eran un refugio temporal para quienes no entendían la explicación del profesor o preferían desconectar de los asuntos tratados en ese momento. Eran el maestro o la maestra quienes le recordaban al pequeño ciudadano “que bajara de la nube” (en singular o en plural)… Ahora, en cambio, lo que se nos pide es que subamos a la nube y que nos quedemos allí para siempre.

 La distancia de la cuna a la nube cada día se acorta un poco más. Los artilugios que los fabricantes ponen en nuestras manos, relacionados con las tecnologías de la comunicación y de la información, son muchos y enormemente variados; de modo que tenemos a nuestro alcance, un amplio abanico de posibilidades de practicar o de desarrollar estrategias de trabajo, de comunicación, de información, de construcción... Y, ya desde la más tierna infancia, los nuevos seres están en contacto con un muestrario enorme de aparatos  que pueblan nuestro hogares y que, supuestamente, harán nuestra vida más cómoda, fácil, sostenible, rápida, descansada, globalizada...

 Hoy, es una necesidad ineludible trabajar en la nube tecnológica que proporciona Internet... Por tanto, es conveniente subir a la nube con frecuencia, pero no quedarse allí demasiado tiempo. La vida sigue a ras de suelo y es ésa la que debemos cuidar porque es la que nos regala sensaciones y experiencias cálidas y emotivas; también la que nos curte con momentos dolorosos y ausencias definitivas. El destino, o quien sea, va jalonando nuestra vida, que al ser algo en continua evolución, nos coloca frecuentemente en situaciones insospechadas. La nube tecnológica y las nubes meteorológicas es muy probable que no tengan casi nada en común (o puede que sí, no lo he reflexionado), pero al margen de todo ello, cuando regresamos del trabajo diario, cuando hemos cerrado la ventana por donde hemos estado asomados toda una jornada laboral,  todavía debe emocionarnos una conversación, un abrazo, una mirada, un apretón de manos, una narración, una lectura, la contemplación de un paisaje, la visión de unas arrugas que certifican una vida de experiencia y trabajo... Está bien que subamos nuestras cosas a la nube, pero que bajemos de allí en cuanto podamos para seguir viviendo....

 Por lo demás, espero que lo que hemos compartido estos dos días en este espacio físico privilegiado, como es Casa del Lector, os haga buen provecho.  Si habéis podido apropiaros de alguna o de varias ideas; si habéis notado que crecía vuestro ánimo al ver cómo otros superaban algunas incertidumbres; si notáis que os vais con más energía para insuflársela al funcionamiento de la biblioteca escolar y que se han despejado algunas incógnitas que teníais enquistadas en vuestros horizontes particulares, creo que habrá valido sobradamente la pena habernos encontrado. La dichosa nube, por otra parte, nos permitirá seguir conectados si ese es el deseo.

 Gracias por vuestra asistencia y en nombre de quienes hemos participado en el desarrollo del Seminario, suerte, salud y buenas lecturas.

Sorpresas que provocan los libros y las bibliotecas...

1. Debo confesar, ya de entrada, que nunca había pensado en tener un bolso rojo; pero mira por donde, este pasado mes de septiembre comenzó a llegarme uno por capítulos…

 Ya estoy viendo el rictus de tu cara, como no entendiendo nada… “¿Un bolso rojo por capítulos?, ¿qué dice este tío?”

Pues sí. Un día de septiembre, como decía, recibí en mi buzón una postal diferente de las que se suelen recibir habitualmente (aunque de tiempo en tiempo). La ilustración de la “cara A” estaba incompleta y por la “cara B” solo estaba escrita, con letra de avezada amanuense, la dirección de mi casa. A la izquierda de la misma había un texto impreso que comenzaba así: “Carlota colecciona cachivaches. ¿Y qué son los cachivaches?, pues todas aquellas cosas que los mayores consideran que no sirven para nada y que sin embargo los niños encuentran muuuuy útiles…”

 La letra con la que se había escrito la dirección postal, era bien conocida por mí y rápidamente adiviné quién era la que había tenido la sugerente idea de mostrarme una nueva forma de contar un cuento…

La postal, además, incorporaba en la parte inferior un código numérico (1/8); lo que me hizo pensar que aquella tarjeta era la octava parte de una ilustración grande y la octava parte de un relato… Cada día que llegaba una postal, la subía a clase, leía el dorso y la colgaba en la cartelera del aula para ir formando el puzzle de la ilustración. Los chicos y chicas de clase me preguntaban cada día si había llegado una nueva… Por fin, el día 14 de octubre recogí un sobre marrón certificado en correos. Dentro había una cajita con la postal que reproducía la ilustración completa que, en nuestra clase, habíamos ido completando a medida que íbamos recibiendo las tarjetas postales, junto con un libro de Ana María Matute. En la postal, unas palabras sabias: “... Sabed que todo se parece, pero que la originalidad estriba en hacer con alma lo que pensamos...”

 Y el mismo día, al bajar del colegio, tras la sesión de la tarde, recogí en el buzón la postal (8/8). El martes, antes de iniciar las clases, completé el puzzle y procedí a leer el cuento entero. Lo leí dos veces para facilitar la comprensión o para aumentar el efecto emotivo que pudiera tener el final de la pequeña historia. Después de comentar algunas palabras y echarnos unas risas tratando de pronunciar el nombre de dos de las cosas sorprendentes que encontraron Carlota y su hermana Ana, dentro de “El bolso rojo”: un afracalitríntico odintocálico y un esperticofláutico empedritonado, les pedí que escribieran un poco, contando la aventurilla…

 Dice Ana: “Cuando hemos entrado a clase, ya estaba colocada la última pieza del cuento. Nos hemos hecho una foto para enviarla a Rosa (que es el nombre de la profesora que nos ha mandado las postales). El cuento trata de una niña que se llama Carlota que guarda en un bolso rojo un montón de cachivaches…” Candela lo inicia así: “Una amiga de mi profesor nos manda cada semana dos postales de “El bolso rojo”. Hay ocho postales y detrás del texto del cuento hay un puzzle, que ya hemos terminado con la llegada de la última postal…” Y Anass piensa que: “Este cuento es increíble, porque está lleno de imaginación y de misterio. Yo recomendaría este cuento porque no importa la edad; es para adultos y pequeños”.

    El bolso rojo es una idea, escrita e ilustrada por Raquel Díaz Reguera. Forma parte de la colección “Cuentos por correo”, de ediciones TTT. En su página web se puede encontrar más información (por ejemplo, qué cuentos hay disponibles y cómo se pueden adquirir): www.trestigrestristes.com

 En mi caso, la descubridora del original recurso y la que nos ha enviado las tarjetas es mi amiga Rosa Serdio, una auténtica agitadora de las letras: lectura, poesía, promoción de ambas cosas, presentaciones de libros, entusiasta de las bibliotecas… Siempre está “felizmente conspirando” con esos asuntos y nos hace partícipes a los demás de sus descubrimientos y delirios... ¡Pues que sepa que igual nos “apropiamos” de la idea y generamos un pequeño universo de lecturas por tarjetas postales! ¡Sería la bomba!

 

2. COSAS QUE PASAN… PERO COMO DICEN QUE LAS CASUALIDADES NO EXISTEN, PUES A VER QUIÉN ME LO EXPLICA…

 Jueves 17 de octubre, a la hora del recreo. Abro la biblioteca, como hago todos los martes y jueves lectivos. A los diez minutos, hay quince chicos y chicas leyendo, terminando trabajos, charlando… He recogido un par de libros que me han devuelto y prestado otros dos… Me dirijo a la sección “PRF”, con más de dos centenares de documentos y cojo al azar un dossier de noticias relacionadas con la lectura, los libros y las bibliotecas y me pongo a leer.

  Durante muchos años, he ido realizando esta recolección de artículos o noticias que hablaban de esos temas, los he ido colgando en las carteleras o los he colocado, encuadernados “en fascículos”, en los expositores de la sala del profesorado o de la biblioteca… Me fijo en la portada del dossier y veo que corresponde al curso 2003-2004. Voy leyendo y copio algunos titulares: “Nélida Piñon reivindica la lectura para no ser manipulados”. “Alberto Manguel vindica el futuro del libro, la lectura y las bibliotecas”. “Millás revoluciona a editores y bibliotecarios” (y les dice para terminar su charla: “Lean mucho, por favor, aunque no me lean a mí”). Entrevista con Mario Benedetti: “Los otros géneros son de ficción. La poesía, no”: (Quisiera conocerme y conocerte / y calmar esta sed entre tus labios / olvidarme de todos los resabios / y jugar sin el miedo de perderte…) “La maleza acecha la casa del poeta Vicente Aleixandre”. “El mago Potter sembró la Concordia. El Premio Príncipe de Asturias reconoce la obra de J.K.Rowling por ser vínculo de unión entre generaciones”. “Barcelona dedicará un año temático al libro y la lectura en 2005”.

 Sigo avanzando, pasando páginas: aparecen Antonio Skármeta y Susana Fortes, ganador y finalista del Planeta de ese año 2003; aparece el escritor libanés, Amin Maalouf porque los editores de Madrid premiaron su labor de desarrollo del libro y de fomento de la lectura; Mariasun Landa gana el Premio Nacional de Literatura Juvenil con una obra en euskera; “La ciudad y los perros”, cumple cuarenta años…

  Algunas de las páginas de este dossier son de tamaño DINA-3 y están dobladas, como la que contiene el adiós definitivo a Vázquez Montalbán (del que estos días se celebra ya el décimo aniversario) o la siguiente que habla de que la edición en España sigue subiendo, por una cara, y de “Liberadores de libros” o bookcrossing, por la otra… Al pasar otra página doble, me encuentro con un título familiar y caigo en cuenta de que la última que he nombrado sobre edición y bookcrossing la puse dos veces, está repetida… La arranco del dossier, la coloco en una bolsa de papel que me he bajado de clase y, cuando toca el timbre señalando el final del recreo, me la subo de nuevo a mi aula.

 A las 12:45 tenemos reunión del Seminario de Biblioteca y Literatura Infantil del colegio. Reparto a las personas asistentes algunos documentos de lectura: un fragmento del relato “Noche”, de la recién elegida Premio Nobel de Literatura, Alice Munro; un artículo titulado “Cuentos crueles para niños sanos” de B. Ventura; el Pregón de Laura Gallego para el Día de la Biblioteca y también el documento-compromiso o Plan de trabajo para este curso, que se incluirá en la Programación Anual del Centro.

 Y, en estas estábamos, cuando una de las presentes interviene oralmente en la reunión porque acaba de venirle a la mente algo que no sabe cuándo le contaron o lo vio o lo escuchó… Se refiere a que algunas personas dejan un libro abandonado en un local o en un banco y otros se lo encuentran y… Mientras la compañera trata de poner en orden sus recuerdos, yo meto la mano en la bolsa de papel, saco el DINA-3 doblado que he arrancado hace una hora de un dossier y se lo dejo encima de la mesa… Hay un momento de estupefacción, de risas, de qué cosas pasan, no me digas que el artículo habla de eso… de las casualidades, de no es posible, de que las casualidades no existen, etc. Pero el caso es que yo hoy he elegido de entre los más de seis mil documentos que guarda la biblioteca, un dossier de noticias para leer a la hora del recreo y dentro de ese dossier había una hoja repetida; la he arrancado; me la he subido a clase dentro de una bolsa; estábamos hablando de temas que nada tenían que ver en absoluto con la “liberación de libros” y una de las personas presentes se ha puesto a recordar algo que había oído una vez sobre ese tema… Y ya me callo, porque, en estos casos, nunca sé qué decir.

Recopilación de folklore oral, durante el curso 2012-2013 (I)

Las buenas intenciones no siempre se pueden llevar a la práctica en el tiempo que convendría. Me pasó el curso pasado con un trabajito que hicimos sobre folklore oral. Introduje la cuestión, ayudado de recopilaciones anteriores (realizadas en el colegio o en mi clase) y de materiales más elaborados (libros de Ana Pelegrín o de Carmen Bravo Villasante, por ejemplo). Los chavales de clase anotaron en las hojas de las encuestas lo que recordaban en su casa: madre, abuela, padre… Recogí las hojas con el propósito de elaborar un libro desplegable (al uso de los libros libres que solemos editar en el aula) y también de trabajar un poco con ese material. Cumplimos con este segundo objetivo y algo de ello se puede ver en el siguiente enlace de La Cadiera de Macoca (http://macoca.org/folklore-oral-como-punto-de) pero quedó sin hacer el primero.

Pasan con rapidez las cosas y el tiempo, una faena lleva a otra; lo vas dejando y se acaba el curso sin haber podido encontrar motivación y tiempo para plasmar las aportaciones de los chicos en un post para alguno de los blogs. Y han sido estos pasados días de septiembre cuando me he reencontrado con los materiales y he realizado esta selección que pongo a disposición de quien la quiera consultar y copiar… Esta realizada en el Colegio Público Miguel Servet de Fraga, con aportaciones de Iván, Alba, Marc, Paula, Mónica, Rocío, Ana, Gerard, Yolanda, Eva, Sanae y corresponde a un trabajo del curso 2012-2013, cuando estos chicos y chicas cursaban 6º de Primaria. Son canciones de dedos y manos, nanas, formulillas para elegir, canciones de comba, canciones de goma, etc.

  Duérmete niña,

duérmete ya,

que vendrá el coco

y te comerá.

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 En la calle-lle

veinticuatro-tro

ha ocurrido-do

un asesinato-to.

Una vieja-ja

mató un gato-to

con la punta-ta

del zapato-to.

¡Pobre vieja-ja

pobre gato-to

pobre punta-ta

del zapato-to!

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 Debajo del puente

hay una serpiente

con ojos de cristal

para ir al hospital.

¿Quiere usted salir?

Sí / No

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 Cinco lobitos

tiene la loba;

blancos y negros,

detrás de la escoba.

Cinco tenía,

cinco cuidaba

y a todos juntos,

tetita les daba.

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 Soy la reina de los mares.

Señores, lo van a ver:

tiro mi pañuelo al suelo

y lo vuelvo a recoger.

¡Pañuelito, pañuelito!

¡Quién te pudiera tener

guardadito en el bolsillo

como un pliego de papel!

Que una,

que dos

y que tres.

¡Qué salga la niña que va a perder!

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 Al pasar la barca

me dijo el barquero

que las chicas guapas

no pagan dinero.

Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

¡Arriba la barca,

una, dos y tres!

 .....................

 Al pasar la barca

me dijo el barquero:

-Las niñas bonitas

no pagan dinero.

-Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

Al pasar la barca,

una, dos y tres.

Al volver la barca

me volvió a decir:

-Las niñas bonitas

no pagan aquí.

-Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

Al volver la barca,

una, dos y tres.

 ..........................

 Amarillo.

Yo conocí a un profesor

que de mates

me puso un dos;

de inglés

me puso un tres

y de lengua

me suspendió.

Amarillo

se puso mi papá

cuando le enseñé

las notas de este mes.

colorada también me puse yo

cuando me enseñó

su nuevo cinturón.

Me pegó, me castigó,

me tiró por el balcón;

menos mal, que había un colchón,

ésa fue mi salvación.

 .......................................

 Esta por esta, San Juan de la cresta.

Me ha dicho mi madre que coja ésta.

 ………………

 Una, dola, tela, catola,

quila, quilete

estaba la reina en su gabinete.

Vino Gil,

apagó el candil.

Candil, candilón,

cuenta las veinte

que las veinte son:

una, dos, tres…. veinte.

Justicia y ladrón.

 .............................

 Pinto, pinto, gorgorito

saca las cabras del veinticinco.

¿En qué lugar?

En Portugal

¿En qué calleja?

La Moraleja.

Saca la mano que viene la vieja.

 .............................

 Pinto, pinto, gorgorito

saca la vaca del veinticinco.

Tengo un buey que sabe arar

y un borrico que va a la era.

¡Pim, pam, pum, fuera!

 …………………………

 A la una, pirula.

Cabeza de mula

que tiene la (nombre)

 

Una y dos,

que viene Don Ramón,

con el escobón.

- Coge los libros,

vete a la escuela.

- Madre, no quiero

porque el maestro me pega.

Tiene razón

porque no te sabes la lección.

Lección una, dos, tres,….

 

Una, dos y tres,

pluma, tintero y papel;

para escribirle una carta

a mi querido Miguel,

que se ha marchado a la guerra

y no lo he vuelto a ver.

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 Miliquituli que matuli la potingue

Hastalamatica política chifláutica;

Miliquituli que matuli la potingue

Menuda repotingue que tiene mala gaita ta ta.

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 Viva la media naranja,

viva la naranja entera.

Vivan los guardiaciviles

que van por la carretera.

Ferrocarril, camino llano,

por el vapor se va mi hermano.

Se va mi hermano,

se va mi amor,

se va la vida que adoro yo,

que adoro yo.

El hueso de la aceituna,

de la aceituna, un tintero;

del tintero, una pluma,

de la pluma un palillero.

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 Al cocherito, leré,

me dijo anoche, leré,

que si quería, leré,

montar en coche, leré.

Y yo le dije, leré,

con gran salero, leré;

no quiero coche, leré,

que me mareo, leré.

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 El nombre de María

que cinco letras tiene:

la M, la A, la R, La I, la A:

¡M A R Í A!

Anotaciones feisbuseras septembrinas

 Antes de acabar el mes, extraigo los textos y reflexiones que he publicado a lo largo de septiembre en mi muro y los agrupo aquí para que se puedan leer todos seguidos, puesto que están ordenados cronológicamente. Sin más presentaciones, te invito a que les eches un vistazo.

 * Mañana a las 9, la cita es aquí. Buen curso para todos y todas. Mi amigo Pepe insistió a finales del pasado que éste sería nuestro año prejubilar... No sé, no sé... (1.9.2013) Foto de la fachada del Edificio A del Colegio Público Miguel Servet)

 * “Hay que estar todos unidos para conseguir los juegos…” ¡Pero, bueno!, ¿estamos locos o qué? Estos mierdasecas se creen que somos tontos, ¿no?...

Y eso nos lo dicen algunos de los políticos que nos están jodiendo vivos desde hace dos años, los que nunca nos han consultado para hacer lo que hacen y si hemos protestado nos han dado de hostias con su ejército callejero… Esos políticos que nos bajan el sueldo, favorecen los despidos de los trabajadores; recortan en sanidad, en educación y en servicios sociales; los que quieren rebajar y precarizar las pensiones. Esos políticos que su único mérito es el servilismo y la obediencia a sus jefes, que no pasan ningún control de calidad en ningún momento y que se lavan las manos en cuanto les roza un asunto turbio (provocado, generalmente, por su incapacidad, tantas veces manifiesta, o por ese deseo vergonzoso y lascivo de amasar dinero ajeno; esos políticos que está imputados y siguen cobrando de las instituciones del estado porque nadie tiene vergüenza suficiente para ponerlos de patitas en la calle… Esa pandilla de cabrones son los que ante el dilema olímpico solicitaban unidad y, además, querían que estuviéramos todos ilusionados y contentos con que Madrid fuera capital olímpica. Pues a mí me importa un pimiento el asunto y, además, prefiero lo que ha pasado. Porque, después de la enumeración que he hecho de despropósitos (y no he nombrado la corrupción y la gestión irresponsable de la crisis) nada más hubiera faltado que hubieran elegido Madrid para tener que escuchar que esa elección les legitimaba, que se habían hecho las cosas bien y que, por ejemplo, esa lerda de alcaldesa, tenía alguna neurona activa… He escuchado en televisión como ponían a caldo a los miembros del COI, menos borrachos, de todo. Digo yo que, antes de la votación, ya debían pensar lo mismo del centenar de miembros (incluidos los tres representantes españoles)… ¿Y el pastón que ya se ha invertido en esta jodida y reiterada candidatura, después de oír continuamente que no hay dinero para nada? ¿Y el pedazo de delegación que ha volado y se ha alojado en Buenos Aires? ¿No hubiera sido igual que hubieran ido algunos menos? Sobre todo sabiendo que algunos deportistas para competir tienen que pagarse de su bolsillo parte del alojamiento y el desplazamiento… Yo siento vergüenza ante estas cosas y esta noche voy a dormir bien tranquilo… Y a ver si algunos de los que han ido para allá vuelven y se van a su casita, porque son unos y unas inútiles, y se dedican a ordeñar culebras, ¡tontolabas! ¡Hala, que paséis un buen domingo! (7.9.2013) Sin foto

 * Rafa Nadal, después de rechazar el avión oficial para transportarlo desde Nueva York a España, “porque el país no está para esos dispendios”, gana su Grand Slam número 13. Dos lecciones en 24 horas: la primera de ética y vergüenza y la segunda de esfuerzo y calidad... Un auténtico fuera de serie. Que vayan aprendiendo toda la cuadrilla de mamones políticos que se desplazaron a Buenos Aires a hacer el ridículo... (10.9.2013) (Con foto de Rafa Nadal, de tenista)

 * Necesitamos renovar las emociones. Un homenaje actual para todos los “Juan sin Tierra” y un recuerdo especial para Víctor y su trágica muerte, por pronunciar las palabras necesarias. Contra todos los “pinochos” y sus herederos, ¡mal nacidos! (11.9.2013) (Con un enlace con la versión de Juan sin Tierra, hecha por Ska-P)

 * Esta mañana, he recogido en la librería el tomo XIII de la colección completa de la revista El Gurrión. Me he entretenido en sumar las páginas: 3940, más las 52 páginas del número 132 que ya no ha entrado en ese tomo, hacen un total, prácticamente de 4.000 páginas. Todas juntas, todas indizadas en la web de la revista para poder encontrar cualquier artículo, cualquier autor o autora. En ese granero-salón del que os hablé recientemente, paso algunos ratos pasando páginas a algún tomo y recordando pequeños acontecimientos o releyendo artículos que me resultan mucho más interesantes con el paso del tiempo... “El que guarda siempre tiene...” Y el que escribe ayuda a luchar contra el olvido. Buena tarde-noche de sábado. (14.9.2013) (En la foto, la colección completa y encuadernada de “gurriones”, en el estante que están colocados en Fraga).

 

 * Mañana lunes, 16 de septiembre, prácticamente todos los que estáis en esta fotografía (menos quienes éramos vuestros tutores del pasado curso, je, je) iréis al instituto y comenzaréis vuestro estudios de Educación Secundaria. Hacedlo con convicción y ganas. Es una nueva etapa en vuestras vidas que requiere concentración y trabajo. Espero y deseo que nadie se pierda por el camino. Suerte y buena actitud. Un abrazo. (15.9.2013) (La foto la tomamos en el Parque de Huesca, en el monumento a Ramón Acín, en mayo de este año).

 * El Gurrión número 60. Agosto de 1995. Dedico cuatro páginas de dicho número a José Antonio Labordeta que actúa en Labuerda el día 19; es su quinta actuación en nuestro pueblo, veinte años justo después de la primera (19.08.1975). Una de esas páginas la dedico a colocar títulos de sus canciones en forma de estrofas de cuatro versos con rima. Utilizo solamente los títulos que se adecuan a esa premisa (en total, combino cuarenta títulos de otras tantas canciones). Aquel juego aparentemente inútil me sirve ahora, 18 años después, para recordarlo, justo cuando se cumplen tres años de su muerte, y lo hago también con una foto que le hice el día 5 de junio de 2009, cenando en Morillo de Tou:

 A veces me pregunto. / Qué queda de ti. / Serenamente hablando: / Una tarde sin fin.

...

Canta, compañero, canta.
Hay que levantar.
Porque avanzamos juntos.
Tú y yo y los demás.

(19.9.2013)

 * Con el fin de semana por delante, tendréis más tiempo para leer. Estaba navegando por las tripas de La Cadiera de Macoca y me he reencontrado con este artículo sobre José Antonio Labordeta que escribí y publiqué pocos días después de su muerte; os dejo el enlace por si queréis leerlo. Buen fin de semana. (21.9.2013) (Con una foto, tomada en Morillo de Tou, por Ramón Azón. Labordeta está leyendo la autorización oficial para su primer recital en Labuerda, en el número 60 de El Gurrión.

 * Noticias insólitas, a medio camino entre la risa y la desolación. Son titulares copiados textualmente del Heraldo de Aragón del pasado viernes (20.9.2013). Mañana empieza otra semana. ¡Ánimo!:


.. “El Ayuntamiento de Huesca gasta 30.000 euros para comprar 50 árboles de gran porte en Italia”
.. “No soy violento”, dijo el asesino de Tatiana a la Policía tras matar a su mujer”.
.. “Hallados en Caspe 300 kg de pescado podrido”.
.. “Cita previa para visitar el manto de la Virgen”
.. “La DGA calcula que unos 4000 peces murieron por el vaciado del embalse de Escarra”

 (22.9.2013) (Sin ilustración, ni falta que hace...)

 * Hoy hace cuarenta años que falleció Pablo Neruda; el poeta de las caracolas y de los mascarones de proa. Yo creo que septiembre es un mes “chileno”; triste mes, sin duda, puesto que en el septiembre de 1973 se fueron Allende, Víctor Jara, Pablo y miles de chilenos más... Cada año, en estas fechas que comienza el otoño, recordamos a ese país y a quienes se llevó la barbarie golpista. Escribió tanto Neruda que es fácil recordarle, simplemente leyendo. 

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos 
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

(23.9.2013) (Con una foto de Pablo Neruda y Salvador Allende, tomada de Internet)

  * Hoy es la Mercè, la fiesta mayor de Barcelona. Por eso, a mi Mercè (que es catalana y vivió muchos años en Barcelona) le “regalo” todo este rosal danés, color “carmín encendido”. 

Y es que Mercè es un compendio maravilloso de sentido común, visión de futuro, afectividad equilibrada, efectividad probada, serena belleza, optimismo contagioso, mente analítica...; una auténtica crack. (24.9.2013) (Con una foto tomada en Roskilde, en medio de una calle y al lado de un rosal)

 * Safari sensorial por un territorio alucinante. Con Manel, Alicia, María, Valentín y Mercè. Después de un día durillo, hemos visto una veintena de ciervos; hemos cenado a la luz de una creciente oscuridad; hemos visto todo el cielo lleno de estrellas y surcado por las luces intermitentes de algunos aviones y hemos escuchado algunas notas graves de la berrea. Todo genial; lástima que algunas fotos no están a la altura... Buenas noches (25.9.2013) (Acompañando un álbum de 15 fotos)

 * Tardes de verano-otoño de 2013: la sauna escolar aragonesa

Pues nada, que no sabía qué contaros y como llevamos toda la semana sudando como cabrones, pues quería felicitar a los chicos y chicas de la consejería del ramo que decidieron que, desde el 23 de septiembre, hubiera ya jornada de mañana y tarde. ¡Qué gran idea! Mientras en la mayoría del país hace años que viven todo el curso con la jornada única, aquí ya no se contempla ni en septiembre. Realmente somos un territorio ejemplar, que conserva las costumbres ancestrales de nuestros antepasados. Algún día veremos recompensada esta injustificada cerrilidad. De momento, seguiremos disfrutando de nuestra sauna escolar aragonesa, que nos sale muy barata y nos ayuda a mantener la línea (no sé si también la cordura) al eliminar de manera natural el exceso de fluidos inútiles.

¡Mecagüenlaputadeorosytóloquesemenea! (26.9.2013) (Sin ilustración, no hacía falta)

La maleta epistolar y otras cartas de verano

El pasado 19 de agosto, bajé con Daniel al pueblo de mi madre: Escanilla, a mirar unas botellas viejas que tenía mi primo Federico por la bodega. Daniel colecciona chapas de bebidas, pero también recoge cajas de botellas y botellas viejas… Cuando ya nos íbamos, quise enseñarle a Daniel dónde estaba la cuadra en la que tenían las vacas y criaban y engordaban terneros. Le pregunté a mi primo por un par de objetos que estaban amontonados junto con troncos de leña y me dijo que los había tirado allí porque pensaba quemarlos. Lo convencí para que no lo hiciera y, uno de ellos, una maleta de madera (con papeles dentro) nos la subimos a Labuerda, rescatándola de las futuras llamas. Un par de días después, ya en Labuerda, abrí la maleta y empecé a ver que, los papeles en cuestión, en muchos casos, eran cartas viejas, dobladas, plegadas, sacadas de los sobres; había también sobres, a los que les habían arrancado los sellos (seguro que con fines coleccionistas), papeles de seda en los que habían dibujado motivos que luego serían bordados (imagino), media docena de cuadernos escolares de los años 30, etc.

 Empecé a desdoblar cartas, a leer algunas de ellas y me di cuenta que allí estaba una buena parte de la correspondencia familiar de dos décadas, aproximadamente; las de los años veinte y treinta del siglo pasado. Mi madre está pasando buenos ratos, leyendo algunas de aquellas misivas y recordando a personas de su entorno familiar a las que conoció y a las que, gracias  a las cartas, recuerda con más precisión, porque las palabras también estimulan recuerdos escondidos (que ni sabía que tenía). De vez en cuando, sale algún hallazgo especialmente interesante y pasamos un rato riendo las ocurrencias de quien escribió aquello que, ochenta años después, mi madre casi recita de memoria (por ejemplo, unas coplas que escribió una tía suya, maestra, que trabajaba y vivía en Piñel de Abajo, provincia de Valladolid).

Y yo, que sigo escribiendo cartas manuscritas (además de e-mails, post en los blogs y entradas en la página de facebook) y que he defendido siempre el valor de las comunicaciones escritas, me siento enormemente feliz con este legado que ha caído en mis manos de pura casualidad, (por ir a ver cómo estaba la antigua cuadra donde mi tío y mi primo criaban terneros y vacas) y que se ha salvado de las llamas “in extremis”. Algunas de ellas son documentos muy interesantes para publicar en El Gurrión, debidamente contextualizados y salvaguardando nombres y algunos otros detalles. Me queda una faena por hacer y es restaurar la maleta para que acabe guardando, ordenadas y desplegadas, las cartas que encontré en sus tripas. Será una maleta más, de una larga lista que he ido utilizando y nombrando en charlas y artículos; esta será “La maleta epistolar”, como ya se anticipaba en el título.

Me repetiré, una vez más. Me gusta escribir cartas a mano, y en este intercambio personal, la única persona que me supera hasta el momento, es mi amigo nonagenario –Julián Olivera Martín-. Cuando comenzó nuestra relación epistolar, íbamos a la par, pero rápidamente se puso por delante y ahora mismo me lleva una ventaja de varias decenas de cartas. Él comprende mi situación y disculpa que no pueda contestarle a todo lo que me escribe y yo pongo de mi parte todo lo que puedo para enviarle una cartita cada tres o cuatro envíos suyos y darle noticias de mi vida. Este verano la cosa ha seguido la misma tónica, con ventaja para Julián…

 A principios de agosto, preparé un documento relacionado con un proyecto de trabajo para el próximo curso, impulsado desde la biblioteca escolar. Se trataba de unas reflexiones en torno a los “libros de agua”, de los que les hablé –sin concretar- a mis compañeras al finalizar el curso. Ahora les he enviado el documento por correo postal, junto con una cartita de acompañamiento. Quienes me han contestado –ninguno con carta a mano, je, je- celebran la llegada a su buzón de un sobre manuscrito con un contenido inesperado y agradecen el detalle, a pesar de que en este caso, había dentro una propuesta de “suaves deberes vacacionales”; en total, fueron ocho cartas las que envié aquel día.

 Como ya he dicho antes, practico varias modalidades de comunicación escrita (con otras no me siento cómodo). De modo que, cuando Nati me escribe un e-mail desde Fraga o SilviaLuz, hace lo propio con un comentario en un blog, desde la Patagonia argentina, suelo responderles “con la misma moneda”: e-mail o comentario al comentario. Es lo que ocurre también en territorio facebook. Si coloco una foto con un texto o un álbum de fotos y alguien lo comenta, procuro decir algo sobre el comentario o escribir una respuesta general o mandar, en algunos casos, un mensaje personal. Quiero decir con esto, que no le hago ascos a la comunicación electrónica; no tendría ningún sentido adoptar una actitud de confrontación o de ignorancia de estos medios tecnológicos que nos han cambiado la vida. Entre e-mails y mensajes internos o comentarios a los textos de facebook, uno da y recibe pulsiones de variado signo, con un punto de humor y evidentes “granos” de afectividad; se trata, en general, de una comunicación más rápida, breve y numerosa.

 Pero una carta es una carta. Estoy hablando de un trozo de papel o de cartón, una hoja reutilizada o una tarjeta en la que, de puño y letra, escribimos lo que pensamos de aquella persona que hemos colocado en el centro de nuestra mente y con la que nos disponemos a hablar de una manera especial. Hacemos bailar las palabras para elegir aquellas que mejor expresarán lo que queremos decir. Una carta manuscrita es más propensa a la pausa, nos sugiere dilatarnos algo más en el tiempo necesario para escribirla y, además, lleva impregnado el aroma personal de quien la escribe. Si al despedirnos queremos enviar un abrazo a nuestro/a corresponsal, lo que enviaremos será un ABRAZO; frecuentemente, cuando escribimos un e-mail y nos despedimos así, lo que enviamos o recibimos es un “abarzo”, que no es lo mismo, je, je. ¡Cuántas veces, cuando escribimos con el ordenador, cambiamos sin querer el orden de las letras y se forman palabras graciosas, inesperadas, imposibles que provocan la sonrisa!

 Habitualmente, cuando envío la revista El Gurrión a las amistades suelo colocar en el interior de la publicación, unas líneas de saludo a quien va dirigida. No son, por extensión, una carta propiamente dicha, pero quieren saludar y recordar al destinatario y sé que algunos las agradecen. En este último envío (de mediados de agosto) no incluí la citada nota, pero a cambio, dentro de la revista coloqué una nueva publicación de 42 páginas: “Cuadernos de Macoca – 1”, con textos y comentarios extraídos del blog “gurrion.blogia.com” y que forman parte de la publicación digital: “Diario de un maestro”. Por vía electrónica, preferentemente a través de facebook, pero también por e-mail, algunos amigos y amigas me han enviado el recibí de ambas cosas y algunas buenas y animosas palabras. Antonio G. Teijeiro, amigo maestro y poeta gallego, hizo un amplio comentario en su blog sobre el número 132 de El Gurrión. Le escribí una carta para agradecerle el amplio tratamiento y las generosas palabras que nos dedica (a El Gurrión y a mí, je, je). Mi amiga Mamen me sorprende, de vez en cuando, con una de esas cartas que se leen con placer y desprenden un aroma singular. Ante la recepción de una carta así, una vez leída y releída, suelo contestarla pocos minutos después de recibirla, tal es la emoción que me embarga. Le escribo a Joaquina Dorado, legendaria luchadora antifranquista, en momentos en los que su salud (a sus 95 años) está un poco deteriorada…

 Necesito algo más que una maleta para guardar todas las cartas que he recibido (las guardo todas). No sé, imagino que mis hijos o los nietos, si llegan, dudarán sobre qué hacer con este patrimonio afectivo que a ellos no les dirá nada o les dirá poco, pero a mí me cuesta tirar una carta al papel reciclado. Tendré que dejarles instrucciones claras para exculparlos de cualquier decisión que tomen, je,je. Guardo cientos de cartas. Tienen letras diferentes, cuentan historias distintas, son de procedencia muy variada y en cada una de ellas hay un trocito de la persona que la escribió.

 Este mes de agosto he recibido otro grupo de cartas que me han hecho mucha ilusión; son de niños y niñas de doce años que fueron alumnos míos los dos cursos pasados. Marc, que fue el primero, escribe una carta con un  dominio del idioma impropio de su edad: “…A veces, uno, con tanto tiempo libre no sabe qué hacer y se busca cualquier entretenimiento. Algunas tardes voy a casa de mi abuela a hacerle compañía un rato… Hablando sobre temas escolares, ¿qué te han parecido estos dos últimos años? Yo, personalmente, me llevo un buen recuerdo de ese tiempo. Nunca habíamos escrito sobre nosotros, nuestros pensamientos, poemas… Yo, entre otros, creo que jamás nos habíamos sentido tan integrados en el tema de la biblioteca y la lectura…” En segundo lugar llegó la carta de Yolanda, con un comienzo muy prometedor: “Te escribo para agradecerte la bonita foto que me enviaste hace unas semanas, felicitarte por tu pasado cumpleaños, mantener una correspondencia contigo y contarte qué he estado haciendo este verano, cómo me he sentido, en qué he pensado…” Yolanda me cuenta todos los libros que ha leído y su preocupación ante el reto de empezar en septiembre la secundaria y me desea un buen próximo curso “en caso de que no te jubiles”. La carta de Gerard llegó con un regalo añadido. Había estado, con sus padres, un rato el día de la “Ronda de la bandeja” en Labuerda y me mandaba cuatro fotos que nos hicieron mientras cantaban en casa y escuchábamos las jotas alusivas. Me pregunta por mi viaje a Dinamarca; me informa que quedó clasificado en quinto lugar en el Campeonato de España de billar, celebrado en Murcia y dice: “Después del mes de julio tan intenso, este mes de agosto me lo estoy tomando con calma: duermo más, no entreno tanto y leo libros”. El mismo día llegó la carta de Mónica: “Te escribo esta carta para que sepas que me acuerdo de ti y para contarte algunas cosas del veranito…” Y a ello se aplica, con todo lujo de detalles: “Este mes de agosto, los miércoles, vamos a comer y a cenar al monte. Allí pasamos el día. El resto de mañanas nos ponemos con los vecinos a vender cosas que hacemos. Yo vendo anillos. La venta no va nada mal. He ganado 37 euros en total…” y, casi al final, Mónica escribe: “Darte las gracias por todos los buenos momentos que hemos pasado, tanto yo como mis compañeros, junto a ti; es un honor para mí…” Paula fue la siguiente en escribir y su carta no empezaba demasiado bien: “Para mí este verano ha sido uno de los peores, porque las amigas casi no nos juntamos y yo a la piscina de Fraga casi no voy…” Luego, eleva ya el tono optimista al referirse a su viaje a Andorra y manifestar claramente que lo pasó muy bien haciendo la ruta del hierro (“… era una ruta que mientras caminabas encontrabas esculturas de hierro a los lados del camino”) y visitando el museo de miniaturas. Finalmente, manifiesta muy claramente sus sentimientos hacia el futuro inmediato: “Tengo muchas ganas de comenzar el instituto, y hacer ciencias naturales en inglés y matemáticas en catalán”, cosas del trilingüismo… Y Rocío, con una letra sensiblemente mejorada, me escribe una amplia y jugosa carta: “Sé que te escribo un poco tarde, pero es que…, no sé, esperaba un poco para contarte un par de cosas más”, je, je, me río de la naturalidad. Y continúa: “Quería empezar hablándote del libro que me empecé a leer la semana pasada. Se titula <Un capitán de quince años>, y es…, de un escritor muy peculiar que digamos que escribía sobre cosas que iban a suceder y al final sucedían de verdad, pero unos cien años más tarde. Supongo que ya sabrás de quién te estoy hablando…” Rocío es mundial, realmente.

 Las seis cartas mencionadas han sido auténticos regalos. Las he recibido con sorpresa y algunos pasajes me han emocionado. Todas las contesté el mismo día que las recibí e incluí en el sobre, además de mi larga carta manuscrita de respuesta, un puzzle de cinco marcapáginas sobre una foto vieja de Labuerda y el tríptico de coleccionismo. Creo que lo guardarán todo como un bonito recuerdo y sé que cuando vieron en el buzón un sobre con su nombre, se emocionaron un poco. Otro día hablaré de las comunicaciones “feisbuseras”, para recuperarlas y echarnos unas risas. Por hoy, ya tengo/tenéis bastante.

El viejo granero y el joven salón

Antes fue granero... El espacio en el que me encuentro ahora escribiendo, antes fue granero, pero no solo. Cada año, después de la siega y de la trilla, el trigo o el ordio recogidos eran subidos en pesadas “talegas” hasta este segundo piso de la casa familiar donde se ubicaba el granero. Aquí se vaciaban los sacos y, dependiendo del estado en que se encontrase el grano, mi padre iba removiéndolo con una pala de madera para que se airease y perdiese la humedad que pudiera tener. Si llegado el momento, era conveniente o necesario vender una parte de la cosecha, había que volver a llenar sacos y realizar el camino inverso, bajarlos hasta la calle para cargarlos en el remolque y llevarlos al Servicio Nacional del Trigo…

 Pero no era solo granero este espacio que ahora ocupo, totalmente remodelado. De la mayor parte de los dieciséis maderos de 4,5 metros de luz que forman el techo, colgaban en su momento racimos de uvas, blancas o negras; manzanas y membrillos; cestas con orejones; morcillas, longanizas, chorizos y salchichones en la época del mondongo; cestas vacías o llenas; algún jamón… Cuando se mataba el cerdo o los cerdos (muchos años eran dos), el primer lugar al que se llevaba carne era al granero, para lo que se habían habilitado un par de cañizos sobre los que se depositaban los jamones, las espaldas, los lomos y costillares, los blancos, patas y rabo, vísceras aprovechables, etc. Cuando se iniciaba el mondongo, se iban bajando las distintas piezas al primer piso (a la cocina o a la masadería) donde se realizaban las labores propias de “mondonguiar”: repelar, cortar, mezclar, especiar, cocer, embutir… Durante algunos años, aquellos cañizos que habían acogido los iniciales despieces, acogían las “tortetas” y las morcillas (éstas, hasta que, al cabo de unos pocos días, se colgaban de los maderos). La cosecha de nueces y de almendras también se esparcía por el suelo del granero para que se secaran los frutos y allí estaban también una o dos canastas de judías secas, blancas o pintas…Todo lo anterior dotaba a la estancia de un olor especial, con aromas variados, procedentes de los productos que he ido nombrando; un olor de esos que se quedan pegados a la memoria…

 Como ya he dicho, no solo era granero, este salón que me acoge y en el que leo y escribo; en el que me siento a charlar con los visitantes y amigos que acuden a casa… Cuando llegaban los veranos y el exceso de gente en casa no se correspondía con el número de habitaciones y de camas, un rincón del mismo servía de habitación para uno o dos de nosotros; dormir en el granero resultaba bien agradable, había menos ruido por las mañanas y, en ocasiones, se olvidaban que estabas allí y tardaban en llamarte para iniciar una nueva jornada laboral… Y en el balcón del granero, como en el de la sala, situado debajo del primero, solíamos colgar pinochas de panizo, atadas por as codas de dos en dos para que se secaran, antes de proceder a desgranarlas.

 Cuando se hicieron obras en la falsa de la casa, muchos de los trastes que albergaba ésta, acabaron en el granero (aunque ya hacía tiempo que no se utilizaba para guardar grano); de modo que el viejo granero que cumplió varios decenios con una honrosa función, como se ha explicado, pasó a convertirse en el cementerio momentáneo de todo lo inútil que suele guardarse en una casa. Hace unos pocos años, su remodelación fue total. Tan solo los viejos maderos del techo recuerdan al viejo granero y, aunque es un salón con armarios empotrados, armarios-vitrina que guardan libros, objetos variados, fósiles, colecciones de cajas de cerillas, etc. sillones, mesa de trabajo, cajas, estanterías, etc., en ocasiones aún nos referimos a él como “el granero”…

Y, bien mirado, no es un nombre que deshonre su nueva función. Si el granero guardaba el grano que se recogía cada año, del que saldría la harina y luego el pan… Ahora, este nuevo salón es un espacio que guarda libros, de cuya lectura se obtienen ideas y esas ideas se transforman en reflexiones y pensamientos o en textos escritos que acaban en libros, en revistas o en periódicos. Materias primas, el trigo y las palabras, de productos elaborados que colman y calman el cuerpo o el espíritu…

 En estos momentos, cuando escribo estas líneas, suena en el aparato de música un CD doble de José Antonio Labordeta. Se titula “Canto a la libertad” y contiene cuarenta canciones. Me lo regalaron los compañeros de CGT Huesca, hace un par de años, por lo menos, con motivo de participar en un curso, organizado por ellos y ellas en el que impartía una ponencia de nombre algo rimbombante y, a la vez, muy claro. El curso se titulaba “Filosofía para docentes (III). Pensar la educación” y la ponencia: “Tres horas de clase con Mariano Coronas”…, y cumplí con el tiempo establecido, je, je.

 La música de José Antonio Labordeta suena aquí de una manera especial; no en vano, estoy a un paso de la Plaza Mayor de Labuerda y hace 38 años que “el abuelo” actuó en nuestro pueblo por primera vez y 37 que lo hizo por segunda vez… y puedo asegurar que en los años 75, 76,… un recital de Labordeta no era cualquier cosa y menos en un pueblo tan pequeño como Labuerda, que se llenó aquella primera noche para escuchar a un tipo serio, con un poblado bigote y una voz que cuando probaba el micro a la luz de un atardecer de agosto, dejaba al personal petrificado… Cuando escucho muchas de sus canciones, no puedo evitar trasladarme años atrás con el pensamiento, activar el recuerdo de aquellas primeras actuaciones y acordarme de algunas ausencias ya definitivas: mi padre, José Mari Pardina, Enrique Pardina, Ramón Bosch,…

 “Ya ves / que fuimos puente herido / de abrazos detenidos / por ver la libertad”.

 “Siempre te recuerdo vieja / sentada junto al hogar / acariciando la lumbre / la cadiera y el pozal… Siempre te recuerdo vieja / sentada frente al portal / repasando antiguas mudas / que ya nadie se pondrá…”

 “Rosa, rosae / y también el valor de pi, / y el recuerdo final por los muertos / de la última guerra civil…”

 “… Que queda de ti, / viejo compañero / del primer impulso / contra tanto miedo / que hubo que empujar / para devolvernos / nuestra dignidad…”

 “… Me estoy quedando sin ti / igual que el monte en invierno / cuando la nieve lo duerme / bajo un manto de silencio / guardando bajo sus sombras / agosto con sus recuerdos…”

 “He puesto sobre mi mesa / todas las banderas rotas / las que nos rompió la vida / la lluvia y la ventolera / de nuestra dura derrota.”

 Son solo algunos de sus versos tomados al azar, a la vez que escucho, recuerdo y ubico cada canción… Lo cierto es que, cuando he comenzado este post, no tenía la intención de hablar de Labordeta, pero en la vida siempre pasan cosas inesperadas y ésta, además, resulta extraordinariamente agradable. Siempre es tiempo de escuchar a Labordeta y masticar sus canciones para sentir la fuerza de sus letras, la profundidad de sus mensajes. Ahora suena la “albada”, esa canción que casi te obliga a ponerte en pie para escucharla con emoción: “Esta albada que yo canto / es una albada guerrera / que lucha porque regresen / los que dejaron su tierra”. ¡Maldita sea! ¿Cuántos jóvenes se ven obligados a salir del país para buscar en otros lo que aquí se les niega? ¿No es actual este mensaje, esta denuncia?

 Miro algunas fotos que cuelgan de la pared o están depositadas sobre armarios y estantes y cada una va tocando una fibra, despertando un sentimiento: los padres de Mercè con nuestro hijos o mis padres también con Ana Y Daniel; mis padres con sus cuatro hijos… Hay fotos que cuando las haces no piensas que algún día adquirirán un simbolismo especial. Veo una en la que mi padre y el de Mercè están charlando apoyados en una barandilla que se asoma a un pequeño estanque en la pinada de Fraga… Eran tiempos de reuniones familiares y festivas, imposibles ya de repetir. Esa conversación quedó truncada con el fallecimiento de ambos… Hay varias fotos de Ana y Daniel, y algunas en las que estamos Mercè y yo. Éstas, unas y otras, son fotografías alegres que muestran el paso del tiempo, inexorable, pero agradable a la vez, porque muestran el crecimiento de los hijos y también la belleza serena de Mercè y las entradas (o salidas, depende desde dónde se mire...) que adornan mi cabeza… Estamos en el camino y no podemos saltarnos ninguna estación…

 Y libros por todos los armarios, encima y debajo de la mesita, que custodian los sofás, amontonados en un rincón. Ahora mismo, muy a la vista: “Futbolistas de izquierdas”, “Sobrarbe a tiempo parcial”, “El Pirineo aragonés antes de Briet”, “El primer hombre”, “La lectura y la vida”, “La palabra amenazada”…, por poner algunos ejemplos de los que ando leyendo y hojeando…

 Y la Peña Montañesa, iluminada en este momento por la luz del atardecer, que puedo ver desde esta mesa en la que escribo y que me produce un gran placer porque solo tengo que levantar la vista para contemplarla en su esplendorosa quietud, cada día con una cara diferente, siempre majestuosa, imponente, mítica…

 El viejo granero, devenido en salón de lectura, de conversación, de estudio, de escritura, de vientre acogedor de libros, colecciones, recuerdos, fotografías… sigue cumpliendo su fértil función: los granos de cereal ahora son las palabras; y la cosecha o el mondongo, los libros leídos y por leer; los textos escritos en diversos soportes, expresando nobles sentimientos, percepciones emotivas, fantasías soñadas… Hablo del viejo granero, que ya es un recuerdo amable en el nebuloso túnel del tiempo, por el que uno viene transitando hace ya varias décadas y lo hago desde el nuevo salón que me acoge y me inspira, que huele a papel encuadernado, a papel impreso…; pero que si cierro los ojos y me pongo a pensar, no me resulta difícil encontrarme con olores antiguos: de manzanas y orejones, de trigo recién “aventado” o de alegre mondongo...