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LA PALABRA MANUSCRITA

Es incuestionable que nuestros buzones particulares se sienten ávidos de recibir algún sobre con letra manuscrita. Dejando de lado esa personificación, esa figura literaria, una mayoría de dueños y dueñas de los referidos buzones ya ni recuerdan cuándo fue la última vez que recogieron en el interior un sobre, dirigido a sus personas, escrito a mano.

 Hace tiempo que se anuncia la muerte de la carta manuscrita, pero quienes practicamos desde siempre esa posibilidad comunicativa, seguimos “erre que erre” deslizando nuestros pensamientos y nuestros dedos -armados de pluma o bolígrafo- por el folio en blanco o de color, rayado o cuadriculado.

 Hay algo de ritual amable, afectivo y creativo en el hecho de escribir a mano. Uno piensa en la persona a la que va a escribir, la trae del libro-puzzle de la memoria hasta la portada de la misma; recuerda la última vez que hablaron, la última vez que se escribieron… Tiene delante la última carta recibida, que acaba de releer y hace una prospección de lo que le quiere contar. Contesta interiormente a algunos interrogantes: ¿por qué ha elegido ese día y esa hora para escribirle?, ¿qué hecho o suceso ha motivado esa preparación que acabará en una carta personal?, ¿qué estado de ánimo le ha llevado a tomar esa decisión de escribir?... Si la relación con el destinatario o la destinataria de esas reflexiones previas es larga y frecuente o breve y reciente, el repaso mental por encuentros, charlas, comunicaciones por diversos medios tendrá distinto calado, pero será el humus, el terreno abonado sobre el que se construirá el texto que está a punto de iniciarse.

 Escribir a mano es dibujar letras, que forman palabras y frases, que transmiten todo aquello que queremos comunicar y cada línea, cada párrafo, cada folio se convierte en una obra única, y muy probablemente irrepetible.

 Además, cuando escribimos para que alguien nos lea, tenemos un plus motivacional que nos hace escribir con más claridad, ordenar mejor nuestras ideas, ser más claros en la exposición…, con la finalidad legítima de generar un documento que se entienda perfectamente, que seduzca y contente al receptor de nuestros pensamientos y de nuestros afectos.

 Desde pequeño escribí cartas a embajadas, a editoriales y revistas… buscando que me fueran enviados folletos, libritos, revistas, etc. Desde pequeño asumí en mi casa el responder las cartas familiares que recibían mis padres, las felicitaciones navideñas… También les vi escribir a ellos, tanto a mi padre como a mi madre, cartas a los parientes u otras que tenían otros objetivos. Desde pequeño les escribí frecuentemente cuando estaba interno… Y aquellas cartas que escribía y aquellas respuestas que recibía hablaban de la vida, de lo cotidiano en una situación alejada del hogar familiar y eran un consuelo y una recomposición del ánimo. Y fueron frecuentes y encendidas las cartas de amor de la juventud, aquellas que ayudaban a minimizar la distancia y las ausencias repetidas. Escribí muchas cartas a la prensa, en un tiempo en el que, aquello que me soliviantaba era canalizado y asimilado mejor, tras la descarga de escribirlo y verlo publicado… Y he seguido escribiendo hasta la actualidad: cartas reflexivas, cartas emocionadas, cartas que acompañan regalos editoriales… Y aún encuentro algunos corresponsales que también sienten esa necesidad y que también se emocionan escribiendo y recibiendo textos manuscritos Y también escribo (y mucho) correos electrónicos desde hace años y plasmo mis reflexiones en distintos blogs, sin hacer ascos –ni mucho menos- a las herramientas comunicativas que la tecnología ha puesto en nuestras manos.

 Y no nos conformamos con escribir nosotros. Quienes estamos conviviendo con las criaturas en edad escolar, animamos a éstos a escribir. Y procuramos que la correspondencia escolar sea una actividad que les dé la posibilidad de practicar ese intercambio, más o menos personal en este caso, con otros chicos y chicas de similar edad que viven a muchos kilómetros de distancia. A lo largo de los años, han sido muchos los intercambios escolares realizados, a través de la correspondencia: Santander, Mallorca, Lleida, Asturias, Valencia, Managua, Badajoz… Nuestras cartas han viajado acompañando dibujos, trabajos, revistas, cuentos, poesías… y el cartero o la cartera trajo de vuelta nuevas cartas llenas de noticias, acompañadas también de los mismos ingredientes que ya he señalado. Y también usamos las nuevas tecnologías en ese proceso de intercomunicación, pero no abandonamos lo manuscrito…

 Es frecuente que alguien que recibe una carta manuscrita, se alegre enormemente (después de estar meses recibiendo solamente propaganda comercial, cartas con facturas del teléfono, el agua, la luz, el gas, las basuras o la contribución…) Y lo exprese de manera muy efusiva: “¡No sabes qué alegría me llevé al ver el sobre manuscrito y, al abrirlo, encontrarme con tu carta…!” Por eso, no deberíamos abandonar esta práctica, porque tiene indudables efectos afectivos y anímicos. Por eso, en las escuelas, deberíamos insistir en practicar el arte de escribir a mano con finalidades concretas que permitan aumentar notablemente la motivación de chicos y chicas… A veces, esas experiencias calan hondo y tienen unos efectos terapéuticos insondables, pero objetivamente  recomendables…

 Para terminar, aporto este texto que me envió, por e-mail, mi amiga SilviaLuz, desde la Patagonia argentina. Un texto, cuya lectura ha motivado estas reflexiones previas (algo confusas, creo yo), pero que os aclarará perfectamente Guillermo Jaim Etcheverry, autor del texto siguiente, titulado: “Escrito a mano”. Jaime es educador y ensayista.

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 “¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas.

 En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.

 Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.

 En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.

 Por su parte, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.

 Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.

 Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.

 Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta. Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere.

 En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.

 Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado: Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible”. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia.

 La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: “dentro de un tiempo, no la podremos leer”. Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo...”   

La palabra amenazada

No conocía a Ivonne Bordelois hasta que estas pasadas navidades recibí un regalo, en forma de libro, desde Argentina. Me lo enviaba SilviaLuz de Luca, con quien hemos desarrollado una estrecha relación epistolar, bloggera y “feisbusera”. El pasado otoño se malogró la primera posibilidad e conocernos en carne mortal. Silvia anduvo de viaje por Europa y llegó a España, pero finalmente, no pudimos encontrarnos, de modo que esa posibilidad sigue en pie y algún día será…

 El libro que me envió Silvia no venía solo; lo acompañaba otro de temática flamenca (pero no sobre el flamenco español, sino sobre la tierra de Flandes), destinado a nuestra amiga común: Anny Anselin. Anny vive en Gante (Bélgica) y allí pudieron conocerse las dos, en ese viaje que he nombrado con anterioridad. Como Anny tiene casa cerca de Labuerda, en Puyarruego; estas pasadas navidades pude hacerle entrega del libro referido.

El caso es que mi regalo se titula “La palabra amenazada”. Es un libro de apenas 140 páginas, dividido en 12 capítulos; un ensayo militante de la poeta, ensayista y lingüista argentina, Ivonne Bordelois (Licenciada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; realizó estudios literarios y lingüísticos en La Sorbona; se doctoró en lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachussets, teniendo como director de tesis a Noam Chomsky. Dio clase en en Instituto Iberoamericano de la Universidad de Utrech (Holanda); disfrutó de una Beca Guggenheim…) Mujer de sólida formación y ensayista reconocida: su ensayo titulado El país que nos habla recibió el Premio La Nación-Sudamericana.

 Este post de hoy –que tanto he tardado en dar a luz, desde el anterior- va a tener poco de mí y mucho del libro del que estoy hablando. Es una reflexión muy lúcida sobre las palabras, sobre la lengua, sobre la poesía… Ese secuestro que algunos han hecho de las mismas o esa manipulación de su significado. De modo que copiaré algunos fragmentos que me han gustado especialmente y que “marcan tendencia”, indicándonos hacia dónde apunta la serena, pero contundente reflexión que en los distintos capítulos ofrece la profesora Bordelois, quien, por cierto, recuerda: “mis mejores profesores de castellano no fueron los que desempeñaron esa asignatura, sino aquellos que daban a la comunicación verbal con los alumnos ese fervor, esa gracia y esa vivacidad que nos hace amar el lenguaje, por encima de todo. Recuerdo a Margarita Oría, estupenda profesora de matemáticas, que siempre interrumpía sus clases en un momento dado para conversar, simplemente, con nosotros. Eran lecciones de claridad, de intimidad, de juventud, de comunicación. Y aprendíamos matemáticas mejor, a través de una experiencia de lenguaje refrescante y vitalizadota”.

 Aunque las reflexiones que contiene el libro suelen estar ejemplificadas con vivencias de su país –Argentina-, es indudable que pueden generalizarse sin más problemas a otros países del mundo, incluido el nuestro, puesto que las lenguas, las palabras y la comunicación sufren en todas partes las mismas agresiones, parecidos conflictos, iguales perversiones.

Hay una teoría antropológica que dice que accedemos a la humanidad, desde los simios, cuando la postura erecta nos permite desarrollar la maravillosa complejidad de las cuerdas vocales y abre el acceso a la palabra. Quiere decir que nuestro cuerpo está destinado en última instancia al lenguaje: si todo lo inmenso y complejo y deslumbrante y agobiador que nos ocurre no llega a canalizarse y culminar en la palabra, desembocamos necesariamente en la violencia, porque de algún modo lo no expresado crea una presión tal que no puede encauzarse de otra manera. El desprecio y la humillación de la palabra, la ignorancia de la palabra, el silenciamiento y la poda de la palabra, la violencia de la palabra desfigurada en grito, en insulto o en cliché, es la puerta mejor abierta al golpe, la cuchillada o la bomba.

Cuando en los colegios, los patios de recreo son selva de alaridos, blasfemias e insultos, cuando los maestros y profesores no saben o no pueden repartir desde su persona, su gesto y su actitud ese silencio activo y persuasivo donde la palabra encuentra su arranque más profundo y viviente, entonces la educación retrocede en un vano ejercicio formal que reparte diplomas sin alimentar a nadie: otra burocracia más al servicio de la barbarie. Cuando en los medios la propaganda impiadosa nos perfora los oídos y los programas llamados de entretenimiento se vuelven en realidad programas de ensordecimiento, descubrimos que el sistema imperante nos quiere confundidos, nos necesita aturdidos para comprar lo superfluo y ostentoso, para comer chatarra, para adiestrarnos en el descenso de nuestra autoestima, para demoler nuestra capacidad crítica y creativa y sobre todo y ante todo para votar a quien no debemos…”

 Ivonne es ensayista y poeta y su discurso sobre la poesía es digno de ser atendido: “Hay algo particularmente hermoso y natural en la poesía que nace del lenguaje porque el lenguaje nunca se acaba; no hay que salir a buscar o a comprar sus elementos, como lo debe hacer el escultor o el pintor con sus materiales… Y uno de los rasgos más peculiares de la poesía es que, a diferencia de los objetos de la ciencia, que son definidos y definibles rigurosamente, nadie puede definirla a ciencia cierta… Y la poesía debe pasar obligatoriamente por la catarsis del silencio, sobre todo del silencio lector. Antes de escribir un poema, debiéramos asomarnos a escuchar aquellos cien poemas que bordearon o dijeron lo que, acaso sin saberlo, repetiremos defectuosamente. La poesía empieza con la escucha humilde y purificadora, no con explosiones prematuras de un narcisismo mal contenido. Antes de decirnos a nosotros mismos nos han dicho Isaías, Sófocles, Shakespeare, García Lorca, Baudelaire… Personalmente siento que la poesía es aquello que rompe los límites de lo indecible y cambia nuestra lengua, transformándonos a nosotros con ella…

 Sus opiniones, en muchos pasajes son realmente contundentes y señala a quienes entorpecen determinadas prácticas o a quienes cayeron rendidos ante los avances modernos como si fueran la panacea que todo lo cura…: “Muchos de nuestros estudiantes han aprendido inglés por su afán de aprender canciones inglesas y está bien que así sea –aunque mejor aún sería, por cierto, que comprendieran a fondo el sentido de las palabras que cantan, lo cual no siempre es el caso-. Lo malo es que los docentes deserten su vocación de enseñantes y se nieguen a abrir los ojos y los oídos de sus alumnos a las páginas más hermosas de nuestra poesía en lengua española, que es música por sí sola. Los mismos que dicen que los niños no deben aprender de memoria y han desterrado la enseñanza de la poesía en las escuelas –en primer lugar, porque son incapaces de enseñarla- son los que imaginan que la memoria es una propiedad de la computadora, sin entender que la computadora es sólo una simulación de la maravillosa memoria humana. Son los mercaderes de la electrónica y también los empresarios de las fúnebres pompas del lenguaje, los enterradores oficiales del verbo. Hay que denunciarlos, hay que hostigarlos, hay que reemplazarlos. Hay que rescatar la poesía, nuestra espléndida poesía, de las mazmorras a las que la somete una mal llamada cultura sin imaginación y sin amor. Hay que reimplantarla no sólo en los programas escolares sino en los medios masivos de comunicación y en la mente y el corazón de todos los hispanohablantes”.

 En otro momento, podemos leer: “¿Y se puede ser más obtuso que aquellos que impiden, por razones de didáctica actual, el encuentro de los chicos con estas palabras milagrosas? La poesía está allí diciendo: ´Dejen que los chicos se acerquen a mí´, y los celadores del orden global y electrónico, los mismos que distribuyen pornografía a destajo por Internet, no se lo permiten.Una tecnología que impulsa a desplazar toda memoria al depósito de una computadora y destierra el aprendizaje verbal en la superficie de la tierra civilizada es una tecnología que se ensaña con nuestra conciencia lingüística, con sus poderes y placeres, para reemplazarla por el muchas veces vulnerable poderío de la máquina. Alienación de la memoria, esclavitud del mercado computacional: el deslumbramiento y entusiasmo por el innegable proceso que los ´ordenadores´ representan oculta muchas veces la violencia depredadora de esta empresa que no casualmente se acompaña de medidas pedagógicas pretendidamente progresistas, destinadas a recluir y cegar los manantiales del verbo a lo largo y lo ancho de todo el planeta… Parece imposible, en verdad, que los mismos chicos que aprenden sin esfuerzo letras de rock se nieguen ea retener poemas –adecuadamente presentados- de Enrique Banchs, Jorge Luis Borges, María Elena Walsh o Juan Gelman –los nombres que yo escogería para comenzar-, pero por supuesto hay muchos otros…”

 Citas que nos ofrecen otros puntos de vista y otros enfoques desde los que mirar y analizar… Y como el post se alarga y se trataba de ofrecer solamente algunas reflexiones para abrir boca, anoto seguidamente el párrafo final del libro: “… Puede parecer una utopía inocente, una ingenuidad elitista profesar la salvación por la palabra. Mucho más, por cierto, es necesario. En verdad, el lenguaje no nos es suficiente, pero nos es necesario; la palabra sola no puede salvarnos, pero no nos podemos salvar sin la palabra. La derrota de la palabra implica una ceguera letal, un leso crimen de humanidad, un craso fracaso que necesitamos conjurar por todos los medios a nuestro alcance para no descender al infierno que nos proponen nuestro enemigos. Y en el combate con las tinieblas, el hecho de que la luz, la inteligencia, la alegría y el pan de la palabra estén con nosotros, que la veneración por el misterio y la vida de la palabra esté con nosotros, no será ciertamente una de nuestras menores ventajas”.

 Si tienes oportunidad, hazte con un ejemplar de este libro. Es muy apropiado para leer y releer de vez en cuando y, como ya te he dicho y creo haber ejemplificado, contiene reflexiones inteligentes y pone a pensar al lector o a la lectora; en ese sentido, su lectura te abrirá nuevos horizontes en los que pensar y pondrá a prueba tus propias convicciones… (Libros del Zorzal, Buenos Aires – 2005)

ANO HUEVO

Pasada ya la manifestación de alegría universal y los deseos de felicidad que cada año se repiten a finales de diciembre y a principios de enero, uno vuelve a la realidad y ésta le golpea duramente. Hemos dejado atrás la fiesta del consumismo, colocada en unas fechas en las que debería celebrarse la de la  austeridad, si es que los símbolos siguen significando algo. Fiesta propiciada por las casas comerciales y la publicidad, con la aquiescencia de los sucesivos ministros de economía (je, je), con la vana intención de aumentar la circulación de dinero, la compra, la venta y la producción… Santa Claus, Papá Noël y los tres Reyes Magos… reencarnados, año tras año, en las abuelas y los abuelos, las madres y los padres y demás familia, convierten deseos estimulados y prescindibles en regalos predecibles, nada sorprendentes y sí abundantes, dificultando la aceptación adecuada de los mismos por parte de las criaturas que se ven cegados por el cuánto, más que estimulados por el para qué y por el cómo.

 Supervivientes, un año más, a toda esa parafernalia en la que también se incluyen los buenos deseos (provenientes, incluso de las líneas enemigas), y tras ese recorrido festivo, como decía, volvemos a la realidad, abrimos la prensa y comenzamos a leer titulares de esta segunda semana de enero:

 "La escasa lluvia caída en diciembre agrava la sequía. Navidad “floja” en el Pirineo por la crisis y la escasez de nieve. Familia busca pueblo para vivir. Los vándalos cercenan el Árbol de la Salud y arrancan la escultura de la patinadora en Jaca. El aeropuerto de Castellón gastó 30 millones en publicitarse pese a estar cerrado. La crisis volverá a destruir cientos de miles de empleos en 2012. Masiva protesta “abertzale” en apoyo a los presos de ETA. Rick Santorum abandera con su ejemplo la escolarización en casa. Los impagos de la Generalitat ponen al filo del cierre a colegios valencianos. La cúpula de los Mossos, imputada por la carga contra los indignados. El asesinato de otro experto nuclear iraní confirma la guerra secreta. Un periodista francés muere en Homs en una protesta contra El Asad. La crisis siembra la antiutopía. Una década de horror en Guantánamo. El Gobierno se vuelca en denunciar la “herencia oculta” recibida del PSOE. Rajoy asiste mudo al debate sobre sus primeras medidas económicas. PP y CiU, los más contrarios  a subir impuestos, votan elevar el IRPF. Interior destituye a la cúpula policial que investigó casos clave para el PP. La Xunta paga hasta 100 euros por viajero a las aerolíneas de bajo coste. La banca frustra la apuesta del BCE para abrir el grifo del crédito. Movilización para impedir un desahucio en Las Fuentes. El cierre de un gimnasio amenaza con dejar en la calle a casi 2000 socios y 15 trabajadores. El Seprona denuncia a seis cazadores furtivos. Los pobres tienen cuatro veces más riesgo de sufrir alguna discapacidad. EE.UU. califica de deplorable que sus marines vejen los cadáveres de talibanes. Rusia considera real la posibilidad de una guerra entre Estados Unidos e Irán. La UE alerta de que Israel se está apropiando de Cisjordania. Excolaboradores de Matas le señalan en el primer día del juicio. La violencia religiosa y la crisis económica atenazan Nigeria. Ortega jura un tercer mandato con la idea de eliminar los límites al poder. Fabra sube el IRPF y la gasolina y reduce el salario de los funcionarios. Canal 9 anuncia un ERE que puede afectar a dos tercios de sus 1800 trabajadores. El gran pacto laboral entre sindicatos y empresarios se aleja. Multado por indigente. El Consejero de la Bienestar y Familia de la Generalitat vincula las citas familiares de Navidad a los crímenes machistas. Urdangarín empleó de forma fraudulenta facturas de más de 60 empresas. Un único culpable en la muerte de Marta del Castillo. La iglesia amenaza con desahuciar a ocho enfermos de sida por impago. Cospedal cierra seis centros de la mujer. Cañete anuncia una reforma muy profunda de la Ley de Costas. Halladas seis águilas envenenadas en una finca de caza de Medio Ambiente. Cincuenta y siete muertos por violencia étnica en Sudán del Sur. El Gobierno abre la puerta a la privatización de las televisiones autonómicas. Los empleados públicos se revuelven contra los recortes de Fabra. El juez Ruz reactiva la causa por las torturas cometidas en Guantánamo. Rajoy asegura que era imprescindible subir el IRPF y promete no elevar el IVA. Un virus de gastroenteritis llena los centros de salud desde hace semanas. El Parlamento Europeo admite una denuncia de pueblos afectados por la línea de alta tensión. El juez acelera para sentar en el banquillo a Urdangarín en 2013. Matas se desvincula de la contratación del periodista que le hacía los discursos. Más de 500.000 haitianos siguen sin hogar dos años después del devastador seísmo. Treinta y un muertos en un ataque en la frontera con Afganistán. Los embargos dejarán sin casa a medio millón de familias españolas entre 2012 y 2015…"

 Ahí lo dejo, no vale la pena seguir sembrando de nubes negras el futuro inmediato, pero los noticiarios nos lo recuerdan cada día. A ver quién tiene narices de sonreír e imaginar que éste recién comenzado, será un “año feliz”… El desfile de defraudadores, de mentirosos, de abusadores, de violentos, de manipuladores, de sinvergüenzas, de maltratadores, de mediocres con algo de poder, de furtivos, de conspiradores, etc. es continuo y tendremos que estar prevenidos y protegernos, porque toda esa fauna infecta estará –un año más- pululando a nuestro lado con las mismas malas intenciones que tuvieron siempre.

 Por eso, mi deseo va a ser doble: que tengamos salud, por un lado, y capacidad para disfrutar de los placeres cotidianos, por el otro. Aquí tienes una sencilla relación de pequeñas acciones o de pequeñas posibilidades que podrán hacernos felices:

 ver amanecer; dar un paseo en buena compañía; tomar a alguien de la mano; mirarte en otros ojos; compartir una buena comida; leer un libro; cantar en la ducha; asomarse al balcón; conversar sentados en un banco; leer el periódico de papel; dar un paseo por el monte para buscar setas; contemplar un atardecer coloreado; sentarse a pensar en un parque solitario; sonreír al conocido con el que te cruzas; dar un apretón de manos como prólogo a una conversación; ir a la librería a mirar novedades; entrar en una biblioteca a ocupar unas horas hojeando; leyendo y pensando; asomarse a la ventana recién levantado; tomar el sol en un espacio abierto; escribir tus pensamientos en un cuaderno bonito de papel reciclado; respirar a pleno pulmón; mirar un rato las estrellas; escribir una carta a un amigo o a una amiga; recortar una fotografía curiosa en una revista para guardarla en el interior de un libro relacionado con ella; contemplar el vuelo de cualquier ave; escuchar el canto del petirrojo al atardecer; caminar por la orilla de un río; dar y recibir un abrazo; ver una película; acudir a disfrutar de una exposición; tomar la fresca en las noches de verano; sonreír con frecuencia; comer chocolate a deshoras; disfrutar del silencio; aumentar la colección que estés haciendo; escuchar una canción de tu grupo favorito; leer un buen libro de poemas; escribir entradas en el diario o en el blog;  … y esas cosillas.

Puedes alargar la lista con todo aquello que se te ocurra, con todas aquellas acciones que pienses que te harán feliz. Yo, ahora sí, te deseo ya “Feliz Ano Huevo”.

DOS LIBROS QUE SE ME HAN JUNTADO Y QUE DENUNCIAN EL LADO OSCURO DEL SER HUMANO

Estos días finales de un año y principios de otro, se me han juntado en mi mesa de trabajo dos libros que hablan de la barbarie; de algunos comportamientos crueles e inhumanos, puestos de manifiesto a gran escala y generadores de brutales e irreparables daños. Igual no son las fechas más indicadas para hablar de ellos, pero es ahora cuando he podido armar este texto resumen de ambos.

1.- El primero, (El campo de concentración de Sachsenhausen. Acontecimientos y evolución, de Günter Morsch y Astrid Ley), me lo compró mi hijo Daniel cerca de Berlín. Estuvo visitando con un grupo de amigos y amigas el citado campo, en la población de Oraniemburgo. En realidad, según puede leerse en el prefacio, se trata de uncatálogode 191 páginas:El catálogo del campo de concentración nacionalsocialista de Sachsenhausen 1936-1945 es, por su noble fin, una auténtica colección histórica de la memoria visual de Sachsenhausen.

En él abundan las fotografías que documentan una parte importante de los sucesos que allí ocurrieron y también se reproducen multitud de documentos; además de objetos, dibujos y grabados realizados por las personas que estuvieron allí encerradas, buena parte de las cuales perdieron su vida; fueron vilmente asesinados con los métodos más variados. Imagino que pisar la tierra donde estaban instalados los barracones de los internos o los alojamientos de sus guardianes, así como las instalaciones disuasorias como torres de vigilancia, muros, alambradas, etc. debe producir o remover sentimientos profundos a quienes vemos en esos restos la materialización de la ferocidad, de la falta de compasión, de la brutalidad, del desprecio más absoluto hacia las personas. Mirar y leer este libro, pasar sus páginas despacio para leer el contenido de lo que la instalación guarda, como memoria colectiva de un tiempo roto y descarnado, no es precisamente una fiesta.

Leyéndolo, la cabeza no deja de moverse, como certificando externamente esa incredulidad interior que uno vive en silencio mientras los ojos transitan doloridos por las líneas que reproducen las palabras de algunos supervivientes, como Heinz Wollmann, judío alemán, quien recuerda:Tuve que cargar sacos de cemento, me derrumbé. Bubi Krüger me golpeó en la cara con la culata del fusil, aquí mismo, me rompió la nariz, todos los dientes fuera. ´¡Levántate!¡Hijo de perra!.

El humo de las chimeneas de los crematorios, los vapores que se elevaban desde las ascuas de los huesos, se depositaban sobre el campo y sus alrededores. Cuando los fuegos eran atizados para que ardieran a más temperatura, caían copos gruesos de hollín que dejaban manchas en la ropa, las manos y las caras. Todo el tiempo teníamos presente la matanza. Lo peor era nuestra impotencia, recuerda Harry Naujoks, prisionero político alemán.

El libro (o catálogo) va ofreciendo también fotografías de propaganda, realizadas por los nazis, que pretendían dar una imagen de normalidad y de trabajo y hasta de buen trato. De hecho realizaban montajes fotográficos y fílmicos en los que se mostraba una imagen de lareeducacióna través del deporte y del trabajo duro¡Qué cinismo más escalofriante! Todo ello, claro, contrasta terriblemente con los testimonios de los supervivientes, con los dibujos realizados por muchos internos y con los objetos que realizaban en la clandestinidad y que hoy forman parte de la exposición permanente del museo. Y siguen los recuerdos macabros de quienes salieron vivos de aquella instalación destinada a degradar y exterminar seres humanos:Miembros de las SS indicaban la divisa a los recién llegados, señalaban hacia la chimenea del crematorio y decían: ´hay un camino hacia la libertad, pero sólo a través de esa chimenea´, recuerda otro superviviente.

Sirva esta información para calibrar hasta qué punto había individuos que diseñabanen este caso, buscando un beneficio comercial- sistemas de tortura y de desprecio del ser humano:A partir del verano de 1940, por encargo de la industria alemana del calzado, los prisioneros tenían que probar suelas de zapato pasando por una pista de prueba de calzado construida especialmente con esa finalidad alrededor del patio de la revista. Independientemente del tiempo que hiciera, los prisioneros que formaban parte de ese grupo de castigo tenían que recorrer a paso ligero este circuito de 700 metros hasta llegar incluso a alcanzar un total de 40 kilómetros al día. Quienes no aguantaban la velocidad eran golpeados por la SS. Fueron pocos los que sobrevivieron esta tortura más allá de un par de semanas.

El prisionero ucraniano Iván Rudschenko relataba en 1996:Imagínese usted coger a cuestas a una persona que ha muerto o que vive todavía. Todavía vive, respira, habla, y lo cargas y lo tiras sobre el carro y lo llevas al crematorio. A principios de febrero de 1945, el número de prisioneros del campo de concentración de Sachsenhausen alcanzó su cifra más alta: casi 70.000 hombres y mujeres estaban internados en el campo principal de Oranienburg y en los numerosos campos exteriores. Muchas fábricas alemanas utilizaron batallones de trabajadores de varias nacionalidades (rusos, franceses, noruegos, polacos), tanto del campo central como de los campos exteriores de Sachsenhausen; mano de obra barata que era tratada con brutalidad. Había un ensañamiento especial con los judíos, los gitanos, los homosexuales... La mayoría debían trabajar en la producción de armas, en fábricas de ladrillos, formando brigadas que debían reparar los daños ocasionados por los bombardeosY también aparecen en el libro retratos con ostentosas gorras de tipos que respondían al nombre de Hans, Otto, Kart, Hermann, Antón, Wilhelmcriminales de guerra, miembros de las SS que escribieron una de las páginas más salvajes e inhumanas de la historia; en realidad, faltan adjetivos para calificarla.

 

2.- Un tiempo después, adquirí por encargo en la librería:Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940), de Ascensión Badiola Ariztimuño. Lo solicité después de mi viaje a Bilbao, en el mes de septiembre, por asuntos de bibliotecas escolares. Comenté a algunos de mis anfitriones lo que me había contado mi padre varias veces: que estuvo prisionero en la Universidad de Deusto, convertida en campo de concentración y que llegó a albergar alrededor de cinco mil detenidos. Me quedé de piedra cuando me confesaron que no habían oído ni hablar del asunto. Ya de regreso, indagué en Internet y di con esta reciente publicación (editada en 2011 por Txertoa argitaletxea, de Donostia). La misma autora nos aclara en el prólogo:El motivo de comenzar en el verano de 1937 no es otro que el hecho de que fue el 19 de junio de aquel año cuando Bilbao cayó en manos de los sublevados y, apenas dos meses después, el 25 de agosto, se firmó la Rendición de Guriezo, también conocida como pacto de Santoña, por el que el ejército vasco, Euzko Gudarostea, entregó las armas a las tropas italianas y fue recluido en el Penal del Dueso, en Santoña, () He elegido 1940 para poner fin al periodo de estudio porque fue a primeros de aquel año cuando se clausuró el campo de concentración de Deusto. Fue entonces también cuando concluyó el periodo más crudo en cuanto a consejos de guerra, penas de muerte y ejecuciones.

El grueso de este libro lo ocupan dos partes. En la primera encontramos desarrollados estos titulares:Del penal de El Dueso a las cárceles bilbaínas; se hace un repaso por la persecución al clero: los curasrojo-separatistas; se habla del régimen de alimentación y alojamiento en el penal; se da información de cárceles vizcaínas, como Larrinaga, Escolapios, chalet de Orue, Carmelo y Amorebieta; incluso de la habilitación de las plazas de toros como posibles campos, del barco de prisioneros Upo Mendi, etc.

La segunda parte viene titulada así:Campos de concentración, batallones de trabajo y colonias penitenciarias militarizadas. Nos habla la autora de cómo se clasificaban los prisioneros; del campo de concentración del Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de la Universidad de Deusto y su apertura y cierre; de los batallones disciplinarios de trabajo e industrias militarizadas; de los trabajos con mano de obra prisionera; de las obras de reconstrucción de Bilbao; de los prisioneros de las minas de Gallarta, Galdames y La Arboleda; de los campos de concentración de Lezama, Orduña; del aeropuerto de Sondika realizado por prisioneros.

Ascensión ofrece unas páginas de conclusiones a su investigación y luego aparecen largos listados de personas cuya estancia quedó registrada en alguno de los campos; a pesar de que se destruyó la mayor parte de la documentación, como se nos recuerda en el libro, en varios pasajes.

Se reproducen con mucha frecuencia fragmentos de cartas escritas por prisioneros que aportan información de primera mano sobre las condiciones de vida, la alimentación, los castigos, las condenas injustas y sin fundamento, los fusilamientos, la represión en general. Documentos que nos acercan a lo que ocurrió en realidad porque la propaganda del régimen decía:Para nosotros, los prisioneros son hombres indefensos, por eso nos creemos con el deber moral de velar por su salud…” (no es necesario seguir copiando, ¿no creen?) y podemos leer un titular de noticia aparecida en un periódico de la época que dice:En el campo de concentración de Deusto se improvisó un taller que en diez días ha construido millares de juguetesy lleva un subtítulo, todavía más surrealista:Un delicado obsequio de los prisioneros de guerra a carmencito Franco, hija del Caudillo.

Por el contrario éste es parte del relato de uno de los prisioneros de Deusto: “Había tanta cola en los váteres que apenas llegabas a tiempo para hacer tus necesidades. Si no llegabas a tiempo las hacías en una lata que te daban al llegar, que hacía la función de plato. Eran unas latas redondas de sardinas. Si no podías aguantar, cuando llegabas al váter, limpiabas la lata y esa misma servía después para el almuerzo. Eso, en realidad, no era nada. La gente se arrojaba desde la cuarta planta para matarse…” En una carta fechada el 17 de diciembre de 1937, podemos leer: “Esta madrugada van a ejecutar a los coroneles Azcárate e Irezábal, a Lafuente, a Arenillas y a otros diez más. Con estos catorce, la suma de los ejecutados esta semana es de 131. () Para la semana que viene se anuncian 200 ejecuciones más (todos los oficiales milicianos, médicos y los oficiales de servicios auxiliares del ejército de Euskadi”.

Brevísimas pinceladas de dos libros que cuentan historias paralelas en el tiempo; en lugares geográficos distanciados por miles de kilómetros, pero igual de bárbaras, igual de desalentadoras y difícilmente imaginables desde la cordura, desde el respeto, desde los fundamentos de la evolución humana… ¡Parece mentira que pueda existir tanta crueldad, tanto menosprecio por la vida, tanta brutalidad anidando en el corazón de quienes se autodenominan seres humanos!

MEACUERDOS DEL PRIMER TRIMESTRE

En vísperas de vacaciones, acordamos utilizar esta fórmula para intentar sacar de nuestro interior aquellos recuerdos que se nos habían adherido a la piel y que estaban relacionados con el trabajo y la vida escolar de este primer trimestre del curso 2011-2012. Es una actividad muy apreciada. Todos los niños y niñas pueden responder al pequeño desafío, y hacerlo con un amplio número de respuestas. La lectura posterior de unos y otros nos hace caer en cuenta de cuántos recuerdos son compartidos y qué hay de originalidad en algunos de ellos; e incluso nos permite calibrar qué cosas se recuerdan… Esta es una lista incompleta, pero curiosa; es un resumen de lo que los niños y niñas de quinto recuerdan de lo que han hecho, observado y vivido en este trimestre que termina. Es también una manera de reflexionar y de mirar hacia atrás y es un documento base para comentar y, en muchas ocasiones, para sonreír. Por todo ello, ha merecido la pena hacerlo…

 Me acuerdo que el primer día de clase nos mezclaron. Me acuerdo que tenía muchos nervios el primer día de clase. Me acuerdo cuando Mariano dijo mi nombre para que él fuese mi tutor. Me acuerdo de cuando nos separamos de los amigos. Me acuerdo de cuando aprendimos la primera contraseña poética. Me acuerdo de cuando hicimos un texto colectivo sobre las vacaciones con nombres y adjetivos calificativos. Me acuerdo del primer texto largo que hicimos. Me acuerdo del primer día que hicimos biblioteca. Me acuerdo de todos los trabajos que hemos hecho. Me acuerdo de cuando supimos de la muerte de Wangari Maathai. Me acuerdo de cuando Octav trajo bombones. Me acuerdo del día que empezamos el “Cuaderno con nombres propios”. Me acuerdo de cuando me caí por la cuesta de Santa Ana. Me acuerdo que en estudio, leíamos libros. Me acuerdo de los goles que he marcado. Me acuerdo de cuando hacía el saxofón para el festival de navidad. Me acuerdo de los dibujos para Zafra. Me acuerdo del primer día que recité la contraseña poética. Me acuerdo cuando tuvimos problemas con la pelota. Me acuerdo cuando nos dijiste que cada fin de semana haríamos un texto. Me acuerdo cuando Mercè nos vino a felicitar por el patio tan limpio que estábamos dejando. Me acuerdo de cuando ensayábamos la canción. Me acuerdo de la reunión de Representantes. Me acuerdo de cuando no podía escribir porque me hice daño en un dedo. Me acuerdo cuando Mariano dijo una cosa y todos nos pusimos a reír. Me acuerdo cuando jugábamos al toro en el recreo. Me acuerdo cuando el maestro nos dijo la página de “servetbiblio” y la dirección para poder leerla. Me acuerdo de cuando nos llegó el primer paquete desde Zafra.  

 Me acuerdo cuando apunté mi primer libro en el “Diario de lectura”. Me acuerdo cuando una vez tuvimos que sacar el calendario de la pizarra porque nos molestaba. Me acuerdo del día que creí haber perdido el estuche. Me acuerdo de cuando Mariano nos enseñó los grados del adjetivo. Me acuerdo de jugar en Educación Física a zorros, gallinas y víboras. Me acuerdo de la primera presentación que hice. Me acuerdo del primer comentario que hice en un blog. Me acuerdo de la salida escolar a la Laguna de Sariñena y a Villanueva de Sijena. Me acuerdo de que, cuando llegué, no sabía a qué clase iba. Me acuerdo de cuando empecé mi “Cuaderno de contraseñas diarias”. Me acuerdo del día que Mariano nos dijo quién era Wangari Maathai. Me acuerdo del día que nos dijeron que algunos seríamos padrinos lectores. Me acuerdo del día que empezamos a hacer materiales para los niños de Zafra. Me acuerdo de cuando empezamos a hacer el Cuaderno de Aventuras Bibliotecarias. Me acuerdo del día que Mariano nos leyó un poema sobre “Zafraga”. Me acuerdo de estudiar con Mariano hombres y mujeres importantes de este mundo. Me acuerdo del primer día de tablets. Me acuerdo de cuando nos enseñaron a hacer presentaciones en powerpoint. Me acuerdo de cuándo escribimos nuestro nombres en japonés. Me acuerdo cuando nos dijeron que nos hiciéramos fotografías con árboles. Me acuerdo de las votaciones que hicimos para elegir a un representante. Me acuerdo de la reunión que hicimos para resolver conflictos. Me acuerdo de la contraseña del diablo hocicudo… Me acuerdo que en una clase de biblioteca, dibujamos poesías.

 Me acuerdo que hicimos rimas con nuestro nombre. Me acuerdo de cuando había pájaros debajo del tejado y no se callaban. Me acuerdo que un día me corté en plástica con unas tijeras. Me acuerdo que Mariano nos lee en voz alta. Me acuerdo que Héctor nos enseñó a estirar, después de correr. Me acuerdo del día que hice un cuento sobre un árbol. Me acuerdo cuando hicimos un powerpoint sobre una contraseña poética. Me acuerdo del día que nos llegó el paquete de Zafra. Me acuerdo cuando nos presentaste a los niños y niñas de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijiste que teníamos que tirar el envase del bebible en la basura. Me acuerdo cuando me cambiaste de sitio. Me acuerdo cuando Eva nos dijo que haríamos un festival de navidad. Me acuerdo del día que nos felicitó Mercè –la directora- por recoger bien el patio. Me acuerdo del día en el que el maestro nos mostró los libritos hechos por otros niños hace unos años. Me acuerdo cuando fuimos a ver la exposición de fotografías del pasillo. Me acuerdo del día que le hice una carta a Mariano. Me acuerdo cuando estábamos haciendo Educación Física y nos vino a buscar Mercè porque llovía mucho. Me acuerdo cuando me quedé sin patio por hacer el texto muy corto.  Me acuerdo de cuando fuimos al cuentacuentos de los bosques. Me acuerdo de cuando comenzó el otoño. Me acuerdo de cuando nos dijeron con qué profesor nos tocaba. Me acuerdo de cuando comenzamos a estudiar las fracciones. Me acuerdo de cuando me aprendí la primera poesía. Me acuerdo cuando fuimos a la biblioteca y Mariano nos leyó un cuento muy interesante.

Me acuerdo que celebramos la fiesta de la Castañada y se puso a llover. Me acuerdo cuando Mariano nos hizo fotos para mandar a los amigos de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijeron que teníamos que hacer fotos del otoño. Me acuerdo cuando en conocimiento del medio empezamos a trabajar con tablets y teníamos que buscar información de galaxias, planetas y satélites. Me acuerdo de cuando Héctor nos preguntó qué deporte nos gustaba. Me acuerdo cuando Eva, la profesora de plástica, nos dijo que debíamos traer materiales reciclados. Me acuerdo de leer y comentar noticias en clase. Me acuerdo que me explicaron cosas que no entendía. Me acuerdo de cuando me compré el “pen drive” para los tablets. Me acuerdo de cuando hablamos de los animales carnívoros. Me acuerdo de cuando nos explicaban la hora en inglés. Me acuerdo cuando tocó el timbre a las cuatro y nosotros no sabíamos por qué. Me acuerdo cuando sonó la alarma de incendios. Me acuerdo del primer libro que nos leyó Mariano. Me acuerdo de cuando el maestro nos dijo que íbamos a ser padrinos lectores de unos niños. Me acuerdo que los profesores dicen que no debemos pelearnos. Me acuerdo del primer entrenamiento de futbito en el colegio. Me acuerdo de cuando vimos la pizarra digital. Me acuerdo de cuando hicimos letras grandes para hacer carteles. Me acuerdo de cuando vinieron Ersin y Serkhan. Me acuerdo del primer día que puse un comentario en “servetbiblio”. Me acuerdo de cuando cada uno decía el resultado de una operación. Me acuerdo del día que llegué tarde. Me acuerdo del primer día que hicimos juegos en el pabellón. Me acuerdo de los números romanos. Me acuerdo del cuento que contó María José, de halloween. Me acuerdo del moratón que me hice cuando me atrapé el dedo con la mesa. Me acuerdo cuando en cono hablamos de los planetas. Me acuerdo cuando Mariano nos contaba cosas importantes. Me acuerdo cuando fui a buscar información sobre la xenofobia. Me acuerdo cuando nos hacías fotos con libros. Me acuerdo de mis compañeros antiguos.

 ¿Y ahora, qué hacemos con este texto colectivo? Ahora toca leerlo, comentarlo (oralmente y por escrito), jugar a reconocerse en esta lista de “meacuerdos” que ha tenido que pasar al ordenador el maestro…

Viaje de ida a Albelda y de “vuelta” a Tamarite

 El pasado jueves, festivo en ésta semana denominada por el ingenio popular como “semana de la margarita”, viajamos con Mercè hasta tierras de la Litera. El día prometía porque, después de largas e interminables jornadas de niebla en Fraga, amaneció plácido y soleado. Llegamos a la localidad de Albelda y nos sorprendió el silencio con el que nos recibió y la ausencia casi total de personas por sus calles… Íbamos hasta allí atraídos por algo que habíamos leído hace tiempo en prensa y que confirmamos a través de Internet: la existencia de una red de “aljubs y sies” que podían visitarse y que se habían estudiado y recuperado hace unos años.

 De hecho, pudimos leer esta información en una web dedicada a la localidad: “Existe un gran número de aljibes (aljubs) o depósitos para el agua excavados en roca arenisca, entre los que destacan los de la zona de Pedreula, que se remontan a la Edad del Bronce; junto con los silos (sies) o receptáculos para guardar el grano de la cosecha, como las del "Camí Escombrius", de época medieval, que forman parte de su patrimonio artístico. Todos estos elementos se pueden visitar recorriendo la "Ruta d’aljubs i sies", preparada para realizar senderismo o pasear en bicicleta”.

 Dimos con ellos y comenzamos la ruta. Su estado de conservación no es el más adecuado para que el personal se anime a visitar estos sorprendentes vestigios del patrimonio etnológico, pero se ve perfectamente su estructura y se adivina su misión. Las formaciones de roca arenisca cedieron hace siglos al trabajo paciente e indesmayable de los habitantes de esta comarca que, ante la escasez de agua, “cortaron” la roca y construyeron estanques que recogían el agua de lluvia. Por otra parte, en un más difícil todavía, horadaron el interior de las pequeñas elevaciones areniscas y arcillosas y crearon auténticas tinajas de piedra, de grandes dimensiones, que sirvieron de silos para guardar el grano de las cosechas. Como he dicho, realmente sorprendente. Uno lamenta que para cerrar las bocas, perfectamente circulares de estas “sies” se haya puesto “tirado” encima de ellas, una especie de “palot” pequeño, de esos que vemos en la base de un montón de ladrillos o de baldosas o de sacos llenos de alguna mercancía… y que manipulan de aquí para allá esos monstruos mecánicos, denominados “toros” y que podemos ver en los almacenes de productos de construcción o de fruta.

No entendemos de rentabilidades turísticas, pero es complicado que, tal como están, pueda invitarse a que se visiten y, por otra parte, es un patrimonio arqueológico y etnográfico muy singular, digno de divulgarse.

 Desde hace unos años, Albelda es más conocida por la popular "Festa del Tossino", que suele reunir a miles de personas (en una población de unos 900), un fin de semana del mes de enero y donde los visitantes se ponen tibios de productos derivados del cerdo. Aprovechando ese gentío, podría pensarse en explorar y explotar esa riqueza arqueológica heredada de otros tiempos.

 Aún nos topamos con otros puntos de interés en la localidad y hasta ellos nos acercamos para conocerlos un poco mejor: “Dentro de la Villa, destaca la Iglesia Colegiata de Albelda, dedicada a San Vicente, de estilo gótico tardío del siglo XVI, con una única nave cubierta por una bóveda de crucería, capilla entre los contrafuertes y ábside poligonal. Otros monumentos de interés son las ermitas dedicadas a San Roque y San Sebastián. Esta última corona la Villa desde la cima del cerro sonde está enclavada. La ermita de san Roque, se encuentra a dos kilómetros del casco urbano”.

 Si hablamos de curiosas coincidencias, éstas tampoco están nada mal. Primero que la iglesia esté dedicada a San Vicente, siendo yo de Labuerda y existiendo al lado mismo de mi pueblo otro núcleo de población llamado San Vicente de Labuerda y en segundo lugar que las dos ermitas de Albelda estén dedicadas a los dos santos que “patronean” las fiestas de Labuerda: Sebastián y Roque. Las dos se hallan bien separadas entre sí, pero con el coche las distancias son cortas. Visitamos la de “Sant Roc”, construida sobre un primer emplazamiento del siglo XVI, en territorio llano, rodeada de campos de cultivo y de bancales de frutales y con fuerte desgaste en sus paredes de piedra arenisca que el viento, la lluvia y los años han erosionado considerablemente y ascendimos por una empinadísima cuesta hasta la de “Sant Sebastià (XVII-XVIII)”, uno de los puntos más elevados del término municipal y desde el que se divisa toda la población.

Y, antes de dejar dicho término, tras la visita a la ermita nombrada de Sant Roc, nos acercamos, utilizando sobre todo la intuición, hasta la “Sabineta”. Sin duda, un árbol singular, una sabina que –según hemos leído- se calcula que debe tener una edad cercana a los 3.000 años (que no sé yo cómo se calculan esas cosas). Incluso se añade que puede ser una de las sabinas más antiguas de Europa. Pues está en medio de un campo de alfalfa, cerca de una línea de aspersores de riego, sin ninguna protección especial… Sin duda, un monumento natural que fotografiamos a nuestro gusto.

 Desde allí, cuando la hora de comer empezaba a estar próxima, nos dirigimos a Tamarite, la capital de la comarca de la Litera. Pasamos por la localidad cada vez que viajamos a Figols de Tremp, pero no solemos detenernos, salvo fugazmente a comprar pan y otros productos similares: coca, pastas… en pleno viaje.

Esta vez recorrimos algunas calles de la parte interior de la villa, alrededores de la colegiata, calle Mayor… Toda una zona que contrasta con el paseo central por hallarse en una situación más delicada: casas deshabitadas, algunas en estado casi ruinoso, solares como resultado de derribos, proyectos anunciados de rehabilitación no acometidos… Regresamos al Paseo y buscamos sitio para comer. Y comimos muy bien. Los paseos matinales por Albelda nos abrieron el apetito y el restaurante “El Forn” hizo el resto. Terminada la comida, recorrimos el paseo hasta el monumento a Joaquín Costa para hacer unas fotos del mismo, en este año en el que se celebra el centenario de su fallecimiento.

 El caso es que, por estas mismas fechas de 1976, recién terminado el servicio militar, acudí a Huesca, a la -entonces denominada Delegación Provincial de Educación y Ciencia- a pedir destino provisional, y me ofrecieron ir a Sabiñánigo o a Tamarite. Elegí esta última localidad, porque pensé que estaría mejor comunicada con transporte público para poder ir y venir desde Labuerda y me incorporé (creo recordar) el 13 de diciembre de ese año. Permanecí en Tamarite hasta el 30 de junio de 1977. De modo que para mí, Tamarite no es un territorio desconocido, aunque sí es cierto que me cuesta ordenar los recuerdos, porque quedan un poco lejanos. No obstante voy a utilizar esa fórmula de los “meacuerdos” para tratar de componer un puzzle de aquel tiempo.

 Me acuerdo que la escuela estaba en dos edificios separados. Me acuerdo que casi todos los días debía caminar de uno al otro para impartir clases o hacer sustituciones. Me acuerdo que era el más joven del colegio, con mis 22 años. Me acuerdo que, como llegué con el curso empezado,  mi horario fue siempre provisional y susceptible de ser modificado con las mencionadas sustituciones. Me acuerdo que lo más raro que tenía que hacer era dar clase de religión en 8º de EGB. Me acuerdo que hablábamos de la vida. Me acuerdo que me trataron muy bien en el colegio. Me acuerdo que me hospedaba en la Fonda Amella. Me acuerdo que empecé en una habitación grande, donde pasaba las tardes escribiendo con mi “Olivetti Dora” coplas inventadas, pequeños poemas teñidos de fiebre autonómica y aragonesista. Me acuerdo que aún guardo esas cuartillas escritas con aquella máquina. Me acuerdo que después de las navidades pasé a compartir habitación con el amigo Alberto Pavón que trabajaba en el Banco de Huesca. Me acuerdo que con Alberto íbamos muchas tardes a merendar a Binéfar. Me acuerdo que algunos días después de comer me tumbaba en la cama de la habitación a escuchar música y dos tardes me quedé dormido y me desperté cerca de las cinco. Me acuerdo de algunos maestros y maestras: Mariano, Tomás, Ramón, Modesto, Ana, Puri… Me acuerdo que al año siguiente me escribieron una bonita carta colectiva que aún conservo. Me acuerdo que Tomás y su mujer tenían una librería y yo iba a verlo muchas tardes y charlábamos mucho. Me acuerdo que Tomás era de Bello (Teruel) y me contaba cosas de su pueblo que yo anotaba en diversos papeles. Me acuerdo que años después recibí la noticia del fallecimiento inesperado de Tomás. Me acuerdo que Ramón Monedero, natural de L´Aínsa, me subió un sábado a Labuerda, de propio, con su coche. Me acuerdo que el club de fútbol Tamarite fichó a algunos jugadores con quienes yo había coincidido en el Boscos de Huesca. Me acuerdo que una tarde-noche se presentó en la fonda el Presidente del club y algún directivo más interesados en ficharme porque les habían hablado de mí los antiguos compañeros del Boscos. Me acuerdo que ya entonces había decidido no volver a jugar salvo los partidos de solteros contra casados en las fiestas de mi pueblo y les agradecí el interés, pero mi respuesta fue negativa. Me acuerdo de Ramón, que trabajaba en Extensión Agraria y con el que me fui un fin de semana a Ejea de los Caballeros a celebrar la Fiesta del Agua. Me acuerdo que la fiesta la celebraron bebiendo sobre todo vino y en abundancia. Me acuerdo que por la noche fuimos a cenar conejos a Tauste y de allí a Zaragoza, con un seat 1430 “supermirafiori”, volando literalmente por aquellas carreteras a las tantas de la madrugada. Me acuerdo que iba con otro muchacho detrás y los dos pensábamos que nos íbamos a matar. Me acuerdo que el amigo Ramón desapareció por la noche y no lo volví a ver hasta el día siguiente al mediodía. Me acuerdo que de regreso, paramos en el cuartel de Barbastro a recoger un certificado de haber impartido “Extensión cultural” durante la mili, para canjearlo por un punto en la Delegación de Educación. Me acuerdo que asistimos a varios mítines de partidos políticos, en vísperas de las Elecciones generales de junio de 1977. Me acuerdo del que hizo el PCE en una de las dependencias del colegio: la sala estaba llena de gente y había un ambiente tenso, pero muy expectante. Me acuerdo que fuimos a uno en un cine de Binéfar y no creo que hubiera más de ocho asistentes, para un aforo de más de 300. Me acuerdo que algunas personas con las que tuve relación en aquel tiempo se han borrado involuntaria e irremediablemente de mi memoria. Me acuerdo que el grupo de jotas Alma Literana actuó un par de veces en las fiestas de Labuerda de aquellos años. Me acuerdo que era cuando yo estaba en la Comisión de Fiestas. Me acuerdo que para ir a Barcelona, lo hacía con el tren desde Binéfar. Me acuerdo de las rondas de vinos y tapas con Alberto, Ramón y Miguel Ángel; a veces Ana, María Jesús y Puri, por los tres bares de la localidad: Amella, Joanet y Toro. Me acuerdo de Isabel Tenaille que conducía un programa de éxito al mediodía en TVE...

Treinta y un años: 125 gurriones

El pasado lunes, 21 de noviembre, recogimos con Mercè los ejemplares editados del número 125 de El Gurrión en la Imprenta. El martes por la tarde estaban ya en sus bolsas y en tres cajas grandes, y fueron recogidos por el transporte rápido habitual que los sube hasta la oficina de correos de L´Aínsa, desde donde se distribuyen a los domicilios de todos los suscriptores y suscriptoras. El jueves recibí mensajes a través de facebook o correos electrónicos de algunos suscriptores diciéndome que ya lo habían recibido en sus domicilios y que ya lo habían leído… Y ahí es cuando respiro y me felicito del trabajo bien hecho. Y ahí es cuando descanso brevemente, me quito otro peso de encima y empiezo a pensar ya en el número 126, que será el que saldrá el próximo mes de febrero. Esto es un sinvivir, se lo puedo asegurar…

 Ha salido el número 125, justo cuando se cumplen 31 años desde que nació la revista. No estamos de celebración, es simplemente nombrar un dato curioso. Y ha salido con 52 páginas (podría haber salido con más de setenta, si hubiera incluido todos los artículos recibidos). El otro dato curioso podría ser el de comprobar la buena salud de que goza la revista, en el sentido de ser apreciada y ser vista como una plataforma de participación en una obra colectiva y como un espacio donde poder escribir, contar historias, dar la opinión, ofrecer información, etc. Me siento contento cuando pienso en el elevado número de personas que la hacemos posible; me siento contento cuando compruebo que muchas de las personas a las que invito a escribir o a contar alguna cosa puntual, responden afirmativamente; me siento contento cuando recibo una colaboración inesperada, de alguien que ha pensado que aquello sobre lo que ha reflexionado o que ha escrito, puede tener acomodo entre las páginas de El Gurrión. Me siento contento, cuando una persona nos hace llegar una fotografía leyendo la revista en un lugar remoto de este mundo.

Me siento muy contento cuando una suscriptora, escribe en su facebook: “Ayer fue un día triste para mí. Solo tuve una alegría. Un pajarico que encontré en el buzón. Vivo muy vivo, como siempre.” Otra nos cuenta: “Hoy me ha llegado El Gurrión. Como siempre, lo he recibido con gran alegría, pero al ver que venia la foto que te mandé...¡¡ me hace mucha ilusión!! Seguiré disfrutando con los artículos tan buenos que trae siempre y que seguro me proporcionarán buenos ratos de entretenimiento”… Y una tercera, me llama hoy por teléfono y desde la atalaya de sus 94 años declara: "te llamo para decirte que he recibido esa magnífica revista que es El Gurrión y que estoy disfrutando con su lectura". En estas comunicaciones y comentarios encuentra uno la gasolina necesaria para seguir realizando una tarea que no es poca cosa y que no deja tiempos ni espacios libres porque, como ya he dicho más arriba, la salida de un ejemplar obliga a concentrarse en la preparación del siguiente.

 En estos tiempos que vivimos: bastante convulsos, impredecibles, de perfil negativo, cargados de pesimismo y depresión…, EL GURRIÓN quiere sorprender –más si cabe- a sus potenciales lectores y lectoras, aumentando el número de páginas, lanzando mensajes optimistas y aportando esa cuota de lectura sosegada y reflexiva que se ofrece desde sus páginas.

Quien quiera leer la revista, solo tiene que acceder a la web donde se encuentran, en formato pdf, todos los números desde el 100, inclusive: http://www.elgurrion.com

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 P.D.: Curiosamente hoy, el suplemento dominical del periódico El País celebra el 35 aniversario de su nacimiento, con una portada titulada: “35 años, 35 historias”. ¡Casi somos “quintos”!, je, je.

Autoedición en la Biblioteca

Esta tarde he tenido clase en la biblioteca con el alumnado de 5º A, la primera hora y con el de 5º B a segunda. Hoy he querido sorprenderles con una colección de libros especiales que no pueden encontrarse en las librerías ni en las bibliotecas. Son los “libros libres”, producto de la autoedición. Producto del trabajo de algunos maestros y maestras que fomentan la creatividad de una manera abierta y que posibilitan la confección, la edición de documentos para leer y coleccionar…

 La primera sorpresa ha sido cuando les he desvelado mis intenciones de hacer una clase especial con lecturas de libros realizados en el colegio por otros niños y niñas que estuvieron en las aulas antes que ellos y ellas.

La segunda sorpresa ha tenido que ver con el descubrimiento de las intenciones de quienes los escribieron, de los temas desarrollados o de los resultados sorprendentes… La cantidad de “juegos de palabras”, la intención tan distinta de unas composiciones poéticas y de otras; los puntos de partida que originaron cada uno de ellos; la sencillez de los documentos, especialmente de los “desplegables”... Cuando les he comentado que muchos maestros y maestras también “alucinan” un poco cuando ven por primera vez que en un DIN-A3 puede caber tanta información y que resulta un formato ágil y muy manejable.

 He presentado primero cuatro ejemplos en formato vertical, doblados por la mitad (29,5 X 10, 5 cm): “¿Qué quieres ser de mayor?” (abril de 2004): “Cuando era pequeño me gustaba ser ASTRONAUTA, pero ya no me gusta; ahora quiero ser CIENTÍFICO. A mí me gusta descubrir y aprender cosas nuevas. Me gustaría descubrir y conocer a otros seres de otro planeta y adaptarme a su forma de ser…”, decía Daniel.

Te recuerdo, abuela. Te recuerdo, abuelo” (enero de 2006): “Mi abuela se llama María y ahora ya no vive conmigo. Yo recuerdo que por las noches, cuando era más pequeño, siempre me contaba un cuento. También, a veces, historias de terror o de fantasía. Pero siempre me decía que durmiese con los angelitos y eso me gustaba mucho. También había ocasiones en que jugaba conmigo y lo pasábamos bien. Ella también contaba chistes que me hacían reír y me gustaban. Lo que más me gustaba de ella es que yo sabía que me quería mucho”, escribe Santiago.

Cuentos cortos de cerdos” (curso 2004-2005): La cerdita presumida. “Había una vez una cerdita que se llamaba Rosalía. Rosalía era muy presumida, los domingos siempre se ponía una falda o un vestido. Un día, Rosalía fue a mirar qué ropa se podía poner al día siguiente y vio que todos los vestidos tenían una o dos manchas y gritó: - ¡Socorro, socorro! Una vecina se asomó a la ventana y dijo: - ¿Qué te pasa, Rosalía? Al final, resultó que todo había sido un sueño”, escribe Anna.

Siguiendo la estela…” (mayo de 2009). Se toman cuatro versos de un poema como modelo para repetir estructura. Por ejemplo: “Había una vez una vaca / en la Quebrada de Humahuaca. / Como era muy vieja, muy vieja / estaba sorda de una oreja” (de María Elena Walsh. Y los chicos de sexto continúan con propuestas como éstas: “Había una vez un caballo / en la casa de un uruguayo. / Había nacido en Toronto / hijo de padres muy tontos”. “Había una vez una jirafa / en medio de una gran plaza. / Como era muy divertida / jugaba con los niños todo el día”…

 A continuación, he presentado seis libros libres de tamaño cuartilla (15 X 21 cm) y he ido, como con los anteriores, explicando y leyéndoles parte de su contenido:

ABECEDARIOS” (mayo de 2000) y hemos leído algunas propuestas, como éste de nombres de persona: “Ana tiene una hermana. Bartola juega a los bolos. Carolina se come una piña. David tiene una cicatriz…” Éste otro de oficios: “… la Maestra enseña a los niños la suma y la resta. El Nadador se tira a la piscina con bañador. El Oficinista haciendo recibos se deja la vista. La Peluquera hace peinados a su manera…” O sobre verbos finalizadores: “Pilar me dice que vayamos a ANDAR. Esther me acompaña a la fuente a BEBER. Javier me invita a su casa a COMER…

El mar de Rafael” (noviembre de 1999) lo dedicamos a Rafael Alberti la semana después de su muerte: “El mar de Rafael / lo soñamos con él. / El mar de Rafael / de agua azul y de miel. / El mar de Rafael / huele a rosa y a clavel. / El mar de Rafael / sabe a sal y sabe bien…” O bien “¿Dónde está Rafael? / En el campo buscando miel. / ¿Dónde está Rafael? / Pintando con su mujer. / ¿Dónde está Rafael? / Ni lo sé yo ni lo sabe él. / ¿Dónde está Rafael? / Durmiendo la mar de bien…

Brujas pirujas, hechizos, conjuros y brujerías” (marzo de 2002), relacionado con la actividad impulsada en aquel momento por la biblioteca escolar. “Hechizo para hacer que llueva: Olvida el paraguas / canta bien alto / da media vuelta / y ya estás mojado” o aquel otro “para que se recoja sola la habitación: Canta una canción. / Ráscate la nariz. / Mete todo en un cajón / y serás feliz”. Se han reído con esta pequeña retahíla: “Conozco a una bruja de Utrillas / que tiene rotas las zapatillas. / Conozco a una bruja de Monzón / que bebe la leche en porrón. / Conozco a una bruja de Huesca / que en lugar de escoba, conduce una vespa…

Para estar en la luna” (noviembre de 2001): “Te reflejas, luna, en el río / haga calor o haga frío. / Te reflejas, luna, en el mar / haga lluvia o malestar. / Te reflejas, luna en mis ojos / como dos brillantes focos…” O un juego de iniciales únicas: “La luna lunera lee los libros, levanta ligeras lechuzas, limpia los límites, labra los latifundios, lame lastimosas lágrimas, liba los labios, liga lazos, lía…”

D de dragón” (febrero de 2004): “En la ciudad de Daroca / dicen que vive un dragón / que come carne de niño / y bebe vino en porrón”.  “Yo conocí a un dragón / que había nacido en Barbastro / y que en vez de caminar / iba con el culo arrastro”… Hemos leído trabalenguas: “Tres dragones traviesos y otros tres dragones tranquilos tramaban trampas terroríficas detrás del trípode” o aprendido el significado de algunas siglas: “ODCC, Organización Dragonil Contra la Cerveza”; “UDE: Unión de Dragones Estúpidos”; “DCBPA: Dragones Chinos Buscan Princesas Alemanas”…

El libro de los nombres” (septiembre de 2005). En cada página, una rima (o burla) con su nombre, un autorretrato y unas líneas averiguando por qué le pusieron a cada uno y cada una el nombre que tenían.

 Seguidamente, he leído en voz alta el texto poético de Juan Farias, titulado “El hombre, el árbol y el camino”, muy propio para el tema de árboles y bosques que estamos trabajando y han podido ver las ilustraciones de una ex alumna a ese precioso texto…

Por último, he presentado 10 ejemplares de Libritos desplegables: “En recuerdo de Ana Pelegrín”; “Poesías plegables y desplegables”; “El libro de los meacuerdos”; “José Antonio Labordeta”; “Pequeños animalillos en cuartetas y “redondillos”; “Meacuerdos”; “Cuentos de bichos”; “Yo de mayor…”; “Las golondrinas regresaron a África… Nosotras y nosotros volvimos al colegio…” y, en último lugar, el recién publicado: “Contraseñas poéticas arboladas”…

 En definitiva, una colección de textos, poemas, juegos con palabras, recopilación de refranes, abecedarios, textos informativos y biográficos, recopilaciones, retahílas, acrósticos, citas textuales y citas bibliográficas… Trabajos realizados con todo el rigor necesario que, guardados convenientemente, han servido esta tarde para sorprender a dos clases de chicos y chicas de quinto de primaria. No podían imaginar que otros niños y niñas hubieran hecho lo que escuchaban, primero, y lo que han podido leer después.

 Yo he disfrutado mostrándoles estos documentos, leyéndoles algunos pasajes y contándoles algunas anécdotas de cuando fueron concebidos o que ocurrieron en el proceso de creación. Les he dicho que yo he participado en todos los libros, no solo en la gestación de los mismos y en las tareas de mecanografiar los textos, etc., sino que siempre he escrito algo, en la línea que estaba definida la idea y les he leído especialmente uno de los poemas-juego que escribí para Ana Pelegrín (a quien dedicamos uno de esos “plegables” o “desplegables”, poco después de su fallecimiento):

 “Cada cual aprenda su juego…

El guapo con la guapa,

la fea con el feo.

Cada cual aprenda su juego…

El sastre con la sastra,

Carmela con Mateo.

Cada cual aprenda su juego…

Tú con la primera,

yo con el primero.

Cada cual aprenda su juego…

Vosotros en noviembre,

nosotros en enero.

Cada cual aprenda su juego…

En las plazas y los parques

o en los patios de recreo.

Cada cual aprenda su juego…

Ana con Pelegrín

y Coronas con Cabrero”.

 Y como el tiempo es inexorable y el reloj no se detiene, cuando nos hemos dado cuenta, la hora había terminado y tendremos que buscar otro día para seguir explorando estas manifestaciones colectivas de la creatividad y de la fantasía, porque los chicos han dicho que les había gustado la clase y que querían repetir… Y a mí todo ello, me ha servido de excusa para poder escribir este texto (que ya hace días que debería haberlo hecho).