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UN “GURRIÓN” AQUÍ, UN “BIBLIOTELANDIA” ALLÁ

Se acaba marzo, un mes escolarmente largo, desembocando –una vez más- en las vacaciones de Semana Santa. Siguiendo con la dificultades para escribir con regularidad en este blog (acrecentadas en los últimos tiempos por asuntos de salud familiar) trato, antes de que venza marzo, de entregar un segundo post que no desaliente a algún esporádico lector o lectora de este territorio y a mí me convenza de que todavía soy capaz de hacerlo y que debo remontar, je, je. En este tercer mes del año han visto la luz las dos revistas que, en estos momentos, mantengo abiertas y quería hacer algunas reflexiones al respecto.

La primera que salió fue El Gurrión, durante la primera semana de marzo. Una vez más debí guardar artículos para el número siguiente, debido a la alta participación de colaboradoras y colaboradores. Algo un tanto insólito porque ninguno de los que “gurrioneamos” (y aunque la palabra se parezca) percibimos un euro por nuestro trabajo sumativo que posibilita que llevemos ya 126 números y varios miles de páginas escritas e impresas. Trabajamos por amor al arte o por imperativo ético voluntario. Nos gusta escribir y divulgar y perdimos la vergüenza inicial a contar lo que vivimos o pensamos. Con estos materiales sensibles e interiores (buena pasta, sin duda) se fabrica cada número de El Gurrión. Y, en este enlace adjunto, puedes leer el último número, en formato digital:

 http://www.elgurrion.com/numeros/126.pdf

A estas alturas, ya está en mi poder el 75% del número de mayo, porque la mayoría de quienes colaboran de manera habitual, la misma semana que reciben un número, ya envían la colaboración del número siguiente. Para mí, es un lujo y un orgullo poder coordinar (de manera tan fácil) esa espontánea generosidad, esa creatividad que se muestra con los artículos de opinión, los pequeños reportajes, las noticias comentadas, los dibujos artísticos, las narraciones de visitas, viajes o excursiones…

Para terminar este comentario, dejo la presentación del número 126, con un título poco esperanzador, pero era lo que pedía el cuerpo en ese momento (y hoy aún podría ser algo más sombrío…):

“Pocos motivos para la alegría…

Poco que decir, con la que está cayendo. De hecho, con la cascada de recortes que estamos sufriendo, que se mantenga y salga periódicamente, una revista como El Gurrión, es un auténtico milagro, pero lo seguiremos intentando con ahínco.

Estamos hartos de escuchar desastres a nuestro alrededor, de ver y comprobar con qué facilidad mienten algunas personas que nos gobiernan, con qué chulería nos tratan y con qué seguridad nos dicen lo que será bueno para nosotros, mientras nos partimos de risa (porque se piensan que somos tontos). ¡Vaya pandilla! A este paso, ¡siempre hacia atrás, por cierto!, vamos directos a las cavernas. ¡Qué vergüenza y qué rabia se siente viendo que se juzga antes al juez que al delincuente; que se desmantelan algunos derechos laborales conquistados a lo largo de casi un siglo; que se congelan o rebajan los sueldos de los de siempre; que se dice una cosa y se hace justo la contraria; que siguen contándonos cuentos y ya nos los sabemos todos; que hay “chorizos” para dar y vender y que andan sueltos por las calles en lugar de estar en la cárcel; que el franquismo parece menos residual de lo que imaginábamos; que los ricos siguen teniendo favores y paraísos fiscales para seguir siéndolo; que la iglesia sigue cobrando del estado en un país supuestamente aconfesional; que se desmantelan la sanidad y la escuela pública; que se arrincona la investigación científica; que los bancos son objetivo de salvación en lugar de serlo las personas… Y lo que vendrá con la “primavera andaluza”.

Un par de semanas después, conseguía “dar a luz” un nuevo número de Bibliotelandia. Lejos queda aquel folio doblado en tamaño cuartilla, aparecido en noviembre de 1989 (realizado con una multicopista, del mismo modo que había nacido nueve años antes El Gurrión. Es natural que con el tiempo que llevan ya, compartan algún detalle en origen, je, je).

Ya hace unos cuantos números (últimamente, sacamos dos por curso escolar) este boletín (uno de los pocos que se publican desde una biblioteca escolar) sale con doce páginas y se imprime íntegramente en la misma imprenta que El Gurrión (otra cosa que comparten). Por si no lo había explicado antes, tiene como misión el registro, la información y la divulgación de las actividades que se generan en la biblioteca escolar del Colegio Público Miguel Servet de Fraga. Hace pocos días, comentaba una persona en un pequeño foro (a raíz de haber recibido el último número de Bibliotelandia), que daba mucho gusto verlos todos juntos y comprobar que allí estaban descritas las actividades que se iban haciendo, año a año.

Y no nos limitamos a contar lo que hacemos, también dejamos en sus páginas testimonios de las relaciones que “por culpa” de la biblioteca del colegio, hemos establecido con personas de otras geografías que nos piden materiales, nos felicitan por ello o solicitan algún tipo de colaboración. Siempre hay espacio para algunas citas literarias, extraídas de los libros que leemos. Recordamos a algunos de los creadores que nos van dejando y nos alegramos de los premios que otros van recibiendo. No dejamos pasar algunas efemérides que consideramos interesante nombrar o recordar… Todo ese caudal informativo llega a todos los domicilios del alumnado del centro. Desconocemos cuánto se lee, cuánto se guarda…, pero nos gustaría que se hiciesen ambas cosas. También es un buen material de intercambio y salutación de las amistades que comparten anhelos en otros puntos del país, que llevan muchos años alumbrando proyectos de lectura y escritura, fomentando lo mismo que por aquí estamos empeñados en fomentar y tratando de generar en niños y niñas curiosidad cultural, deseos de conocer y saber algo más cada día. Aquí puedes leer este ejemplar del que estoy hablando:

http://macoca.org/IMG/pdf/a-BIBLIOTELANDIA_65.pdf

El Gurrión y Bibliotelandia son dos espacios donde viven las palabras: las que nos gustan, las que nos recuerdan, las que nos acompañan, las que nos motivan, las que nos definen, las que nos enlazan, las que nos sorprenden, las que nos desafían, las que nos cultivan, las que nos curan y nos animan… Son dos ventanas abiertas por las que poder mirar, intercambiar miradas o contraponerlas. Son, en definitiva, dos registros que guardan lo que escribimos para que se comparta y para que no se pierda.

LECTURA EN VOZ ALTA Y EXPRESIÓN ESCRITA

Ya tocaba un post escrito, sobre todo, por los chicos y chicas del aula. Como ya había hecho otros años, les leí el libro de Samuel Alonso “El grito de la grulla”. Dispusimos en la biblioteca escolar de una maleta con cuarenta libros relacionados directa o indirectamente con la paz y la guerra, con las relaciones y los conflictos… Uno de los títulos que guardaba la maleta era este libro, cuya historia se sitúa a finales de la Segunda Guerra Mundial, con el enfrentamiento entre Japón y los Estados Unidos, en la zona del Pacífico.

La lectura en voz alta, además de fomentar la atención, ofrece a todos los chicos y chicas de la clase la posibilidad de participar en un debate, en una ronda de opiniones, en un pequeño foro de reflexión,  sobre el libro, una vez leído. Y eso fue lo que hicimos. Luego, expresaron por escrito algunas sensaciones que tuvieron o vivieron durante la lectura y cada cual intentó explicarlo a su manera. Les ofrecí el título y ese fue uno de los textos que escriben cada fin de semana. Un poco más tarde de lo habitual, pero aquí están algunos de esos escritos.

 SENTIMIENTOS PERSONALES TRAS ESCUCHAS LA LECTURA DE “EL GRITO DE LA GRULLA”

1. El grito de la grulla nos cuenta una historia que pasa en Nagasaki (Japón), durante la segunda guerra mundial.

En el colegio les enseñan a hacer grullas de papel, porque en Japón dicen que una grulla te alarga la vida. Noriaki es un amigo de Junichiro (el protagonista). El padre de Junichiro va a la guerra y, además, es un kamikace. El padre de Junichiro muere en la guerra.

Un día estalla una bomba atómica, Junichiro se despierta en el hospital, herido, donde hay cientos de grullas de papel en el techo.

Me ha gustado el libro. Que lean en voz alta un libro me gusta mucho. El libro me ha producido tristeza, porque no me gustan las guerras, no las entiendo y nos sé qué haría si ahora tuviéramos una guerra aquí.

Me han gustado las grullas de papel, y lo que significan. También me han gustado las leyendas. (Ana Begué Ibarz)

  2. El libro “El grito de la grulla” es un libro bastante interesante y con muchos sentimientos. Te aporta muchas cosas y también te las hace sentir. Creo, que estos son los libros mas apreciados por la gente, porque no es lo mismo un libro que no te aporta nada, que uno que te diga muchas cosas.

A mí, por ejemplo, me ha enseñado unas cuantas cosas. Yo siento los sentimientos enseguida; por eso este libro me ha aportado sentimientos de tristeza, cuando matan al padre de Junichiro..., de emoción, por ejemplo, cuando se separan los dos amigos… Cuando matan a su padre me pongo en en su lugar y pienso qué haría yo. Pero sobre todo me hace pensar en que toda la historia ha pasado y está pasando ahora también, y hay muchos niños que no tienen padres, y que han sido afectados por las bombas…

También me han gustado las leyendas. Es muy bonita la leyenda de “El cogote rojo de la grulla”. Nunca había leído una historia así, porque es difícil encontrarla. Tampoco es un libro muy corto, sino  normalito; aunque si fuera largo, igual merecería la pena leerlo. (Alba Doya Riera)

 3. “El grito de la grulla” es uno de los libros que había en la maleta de la paz. Es un libro triste, pero a mí me ha gustado. Es una historia real (bueno, con los libros, nunca se sabe) y yo pienso, ¿cómo habría reaccionado yo, en esa situación? Y me contesto, a mi misma, yo no hubiera vivido, ni siquiera hubiera luchado. El libro se va mezclando. Entran leyendas. Es un libro diferente a los demás. Las leyendas, aunque se vayan del cuento, tienen algo que ver. Además, son leyendas muy bonitas, que me he alegrado de conocer. He conocido la palabra kamikaze. Es la persona que pone en peligro su vida y la de los demás. El final de la historia, no me ha gustado mucho, porque el protagonista, por lo que más o menos se cuenta el libro, podríamos pensar que, al final, muere... Yo le pondría un final feliz, porque la persona que lo lee o lo escucha se pone triste, como yo.

Un final feliz, como por ejemplo: él lucha por no morir. Está en el hospital pero se cura. Después de un año, se encuentra con su madre, que también estaba en el hospital, y cuando salió se fue. Y la guerra, se acaba. Los dos viven felices, recordando a su padre.

A mí, pues este final, me gusta más. Porque ya sabes que son felices, los dos. (Mónica Satorres Álvarez)

 4. Este libro se sitúa en los últimos días de la guerra entre Japón y Estados Unidos. Cuenta esos días desde el punto de vista de un niño llamado Junichiro. El libro me ha gustado y me ha interesado mucho. Dos de las partes que me ha impactado bastante han sido: cuando cae la bomba atómica y cuando cuentan que el padre del niño se ha presentado a “kamikaze” y muere. Las tres leyendas que encierra el libro me han parecido bonitas e interesantes. Después de escuchar la lectura, he sentido tristeza por lo que  ocurrió y me ha hecho pensar en ello. En la parte de la bomba atómica he sentido tensión y temor. El final del libro me ha hecho pasarlo un poco mal y he tenido pena al ver que caía la bomba y que la madre de Junichiro seguramente estaría muerta. Lo que ha contado el libro me ha parecido fatal porque en esa guerra lanzaron dos bombas atómicas que mataron a miles de personas que no tenían nada que ver con la guerra entre los países. (Marc Serveto Castañ)

 5. Este libro me ha hecho pensar mucho en si mi padre fuera piloto de un Cero (un avión de guerra japonés) y tuviera que ser un soldado. Eso me ha puesto en la piel de Junichiro .

Cuando la madre va recibiendo los telegramas de su padre y cada vez esta peor… El telegrama que no le enseño a Junichiro empieza a hacerlo sospechar de la muerte de su padre. Me ha gustado pero el pobre Junichiro y su madre me dan mucha pena. Después del bombardeo, toda la ciudad quedó destrozada y casi  nula de vida humana. A continuación de la catástrofe todas las ilusiones de la familia de Junichiro quedaron quemadas por el bombardeo. (Iván Sampietro Soplón)

6. El Grito de la grulla me ha producido:

Rabia: porque es injusto que los de Estados Unidos  vayan destruyendo Japón.

Tristeza: porque el padre de Junichiro haya muerto.

Alegría: la parte del libro en la que el maestro les enseña a hacer grullas de papel.

Ternura: porque había una parte que hablaba  muy bien de la madre de Junichiro.

Rabia otra vez,  porque el padre de Junichiro, que era un kamikace, se mata estrellándose contra un barco y a mí me parece mal porque nadie se tendría que matar. (Paula Campillo Godia).

7. Mis sentimientos sobre el libro han sido muy tristes por todo lo que ha pasado.

Me ha dado mucha pena cuando el padre de Junichiro se apunta a ser kamikaze para destruir un barco. No me ha gustado que la madre de Junichiro no le quisiera enseñar el telegrama, si al final siempre lo sabrá. Por otra parte me ha alegrado cuando Junichiro  y su amigo Noriaki miraban tumbados en el descapado cómo volaban las grullas y cómo se movían las nubes. También me gustó cuando Junichiro curó a la grulla herida que se coló por la boca de la cometa en forma de pez. (Gerard Gine Buisán)

 Y aquí quedan estos testimonios escritos de las palabras que llegaron a sus oídos y cómo las ha interpretado cada cual. Los enlaces para conocer los contenidos de “la maleta de la paz” están a continuación. Son dos post publicados en el blog de la biblioteca escolar:

 http://servetbiblio.blogspot.com.es/2012/01/una-maleta-en-la-biblioteca.html

http://servetbiblio.blogspot.com.es/2012/01/dies-libropaz-mas.html

 

CCV (Ciudadanía con la Conciencia Violentada)

 Podría ser el nombre de un grupo de facebook o un grupo ciudadano que ha decidido realizar protestas en la calle cierto día de la semana o el embrión de un nuevo partido… Creo que hay una parte de la ciudadanía, de la sociedad civil que se halla en esa situación, de un tiempo a esta parte. Situación motivada por un encadenamiento (parece que interminable o infinito) de noticias negativas, de decisiones crueles y contra natura, de intervenciones públicas excedidas, de declaraciones retrógradas, de comportamientos inexplicables…

Asistimos a un desfile de acontecimientos noticiosos que turban el ánimo, que nos dejan sin aliento, que nos golpean el estómago, que nos dejan un amargo sabor de boca y que, muchas veces, nos sumen en la desesperanza.

 1. Algunos ciudadanos no entendemos la condena tremenda al juez Garzón; a un juez que se ha enfrentado a casos y a tramas que han puesto en jaque nuestra salud democrática y que, de manera tremenda y escandalosa se le aplica un castigo inmenso, para una persona reconocida internacionalmente, por enfrentarse a la trama gürteliana y que también se le sienta en el banquillo por intentar aclarar los crímenes del franquismo. Un ciudadano de a pie “no contaminado” difícilmente puede entender que se juzgue antes (y se condene de manera contundente) al juez que a los presuntos delincuentes a quienes perseguía…

 2.- Estamos en tiempo de consagración de la mentira. Ésta se ha hecho tan habitual que se miente sin tapujos, a la vista de todos y, además, se televisa; y el “presunto mentiroso” ni parpadea cuando los medios de comunicación confrontan lo que dijo con lo que dice. Se afirma categóricamente que subir los impuestos es una medida contraproducente con la generación de empleo; a los pocos meses, se suben los impuestos, ¡y encima se saca pecho! Se dice que de ninguna manera se va a abaratar el despido a los trabajadores y a los pocos meses, una reforma laboral se carga conquistas que necesitaron cien años para lograrse y consolidarse. Se miente desde altas instancias de la política, lo que legitima todas las mentiras que los “modestos ciudadanos” quieran proferir…

 3.- Conocemos a diario tramas destapadas sobre políticos, empresarios, etc. que se han enriquecido contraviniendo las normas legales y malversando dineros públicos… Y hablamos de millones de euros… La acción de la policía y la justicia debería ir encaminada, en primer y fundamental lugar, a recuperar el dinero; a que quienes son acusados y se demuestra que hicieron lo que se les imputa devuelvan toda la pasta. Menos cárcel de lujo (que cuesta dinero al contribuyente) y que devuelvan lo que robaron. Las leyes deberían facilitar la expropiación de todos los bienes y también estar por encima de las tramas inventadas para hacer desaparecer los dineros ajenos, cayendo en manos de testaferros, familiares, etc.

 4.- A los ciudadanos de a pie que sobrevivimos con sueldos razonables o bajos; en todo caso, con lo que se nos paga con una nómina. Que utilizamos el dinero conseguido con nuestro trabajo para pagar la vivienda y las necesidades básicas que el vivir diario lleva consigo; que pagamos los gastos de la educación de nuestros hijos, una vez que han abandonado la escuela pública (por terminar allí sus estudios), que poseemos un coche para desplazarnos… no podemos entender que se nos abofetee moralmente cada vez que nos enteramos que un sinvergüenza ha escondido en un paraíso fiscal millones robados al erario público. ¿Por qué los estados no se ponen de acuerdo para eliminar ese tipo de espacios opacos a la justicia y la investigación, refugio de dineros robados por dictadores, traficantes de todo pelaje, políticos corruptos, empresarios sin escrúpulos y raleas parecidas?

 5.- Uno de los escándalos que más duele es la inversión de dineros públicos en obras de infraestructuras innecesarias que, encima, están mal proyectadas o peor ejecutadas y que, en cualquier caso no son utilizadas. El caso del exceso de aeropuertos, muchos de los cuales es posible que no lleguen a utilizarse nunca es sangrante. Los niveles de estupidez han llegado al cenit. “¡Cómo no vamos a tener un aeropuerto en mi pueblo si lo tiene en el de al lado…!” Con razonamientos de ese calibre, “pues nosotros más o también”, se han enterrado millones y millones, de dineros públicos. Primero fueron las modestas marquesinas de autobuses (incluso en los pueblos en los que ya no pasaban ni paraban). Subimos el nivel y nos fuimos a los pabellones polideportivos; hubo un considerable número de piscinas climatizadas; llegaron los palacios de congresos y finalmente los aeropuertos… ¡Qué escalada!

 6.- Lo de los bancos es difícil de digerir. Cuando piensas en la secuencia de los hechos o la escuchas contar de nuevo, te deja sin palabras. Animaron con enorme alegría al personal a formalizar hipotecas para comprar piso, casa, coche y demás accesorios, quitándoles cualquier preocupación a las personas… Les ofrecieron el paraíso financiero y cuando todo se fue al garete no se sintieron responsables de nada. Toda la culpa era de los usuarios de los productos bancarios (hace tiempo que estas entidades ofrecen “productos”)… Y al poco tiempo, supimos y sabemos que el Gobierno inyectó millones y millones a cajas y bancos para sanearlos y conocimos que los sueldos de quienes estaban en la cúspide del poder bancario, responsables en un gran número de casos de haber arruinado al banco y a sus clientes, tenían unos sueldos millonarios y recibían unas indemnizaciones escandalosas (por haberse cargado la entidad)… Bueno, uno escuchaba eso y no sabía qué arma comprarse para ir a por ellos (perdonen esta evidente exageración). Y alguna expresidenta de una Caja arruinada aún anda litigando con la justicia porque quiere cobrar lo que ella se aprobó como sueldo y como jubilación “por un trabajo tan bien hecho”. ¡Increíble, intolerable, inaudito!

 7.- Cada vez que un obispo a autoridad religiosa similar se sienta delante de un micrófono y se pone a opinar de todo lo inimaginable, se siente una enorme vergüenza. Quienes seríamos incapaces de condenar nada que desconociéramos; ellos, con una supuesta “autoridad” que nadie sabe de dónde la sacan, pontifican sobre la tierra y el cielo. ¿Qué coño saben del matrimonio si nunca se han casado? ¿Qué saben de relaciones sexuales si se supone que no han catado hembra porque hicieron voto de castidad? Denuncian el adoctrinamiento de la Educación para la Ciudadanía quienes no han hecho otra cosa que adoctrinar desde todos los lugares posibles y en todas las épocas. Que hablen a sus fieles desde los púlpitos, pero al resto “que no nos salven”, que no nos importan sus opiniones. Y luego se aprovechan de la vaca-estado ordeñándola con ansias. Reciben, incomprensiblemente millones de euros para financiar su “obras y milagros”, tiene potestades impensables en asuntos educativos: nombran sus profesores de religión, aunque los paga el estado y se apuntan a todas las “concertaciones” posibles, que garantizan dinero para pagar sueldos, mientras piensan, regodeándose: “Tú pagas y yo organizo y gobierno como me da la gana”. ¿Qué niveles de  ética y moralidad gastan? Y eso que estamos en un país –dice-, aconfesional, ¿qué querrá decir eso?

8.- ¿Es necesario reprimir manifestaciones reivindicativas con esa brutalidad que hemos visto estos días pasados en Valencia? Tras un primer día de cargas desaforadas, tildando a los estudiantes de “enemigos”, entre otras lindezas, surgen las protestas por todos lados y los mandos no se disculpan, sino que ofrecen vagas explicaciones… Pero ya no vuelve a producirse ese nivel de represión, señal evidente de que se extralimitaron de largo el primer día, aunque no quieran reconocerlo directamente. Hace unos años, quienes salían  a la calle eran los que ahora gobiernan con los obispos y los curas, casi cada sábado montaban una manifa-fiestuki (¡que ya tuvo narices la cosa!) Nunca salieron los antidisturbios a disolverlos, ni a darle porrazos en la cabeza o en el culo a monseñor… El objetivo es únicamente, sembrar el miedo, porque las personas que tienen miedo se encuentran paralizadas y desactivadas para la reivindicación.

 9.- Los desmanes urbanísticos españoles constituyen hoy día uno de los museos del horror, al aire libre, que más hectáreas ocupa en Europa. Entendamos por desmanes las construcciones ilegales en tantos lugares de nuestras costas y de espacios naturales protegidos del interior; las famosas y desiertas plataformas logísticas y toda la cantidad de urbanizaciones que han quedado a mitad o solo se han iniciado o solamente se ha urbanizado el suelo (y allí, rodeadas de la nada vemos calles, aceras, papeleras, farolas, pasos de peatones… que jalonan rectángulos grandes donde crecen hierbas, zarzas y donde cagan los perros que llevan a pasear sus amos). ¡Menuda herencia, consumida por el paso del tiempo, convertida ya en chatarra oxidada…! Sólo el sol y el viento; la niebla, a veces, acompañan a estos “desiertos urbanísticos” que quedarán ahí como testigos de un tiempo de vergüenza, donde se especuló con todo lo especulable y que al final dejó un rastro de pobreza instalado en la vida y los horizontes de miles de personas…

 Y, como no quiero que esto sea un decálogo, ahí lo dejo. Otro día, retomaremos –tal vez- este tema y seguiremos hablando de otros rincones de suciedad. Todo lo anterior, creo, genera una sensación de impotencia y una agresión evidente a nuestra conciencia. Son los antiejemplos, las conductas reprobables, la muestra de que muchos tipos fueron operados de escrúpulos antes de nacer y su vida no tiene otro fin que enriquecerse sin trabajar, estafando, robando, corrompiéndose… Sin miedo a infringir las leyes necesarias, a saltar las barreras que acotan algunas prácticas delictivas o deshonestas, a sobornar a quien sea necesario con el único fin del enriquecimiento ilegítimo, que les permite acceder a una vida que por la vía de la legalidad y el trabajo nunca podrían alcanzar… Desde luego, no tiene ninguna intención de seguir los preceptos que algunos aprendimos de nuestros padres: ser trabajadores, ser honrados y vivir con honestidad… ¡Cabrones!

LA PALABRA MANUSCRITA

Es incuestionable que nuestros buzones particulares se sienten ávidos de recibir algún sobre con letra manuscrita. Dejando de lado esa personificación, esa figura literaria, una mayoría de dueños y dueñas de los referidos buzones ya ni recuerdan cuándo fue la última vez que recogieron en el interior un sobre, dirigido a sus personas, escrito a mano.

 Hace tiempo que se anuncia la muerte de la carta manuscrita, pero quienes practicamos desde siempre esa posibilidad comunicativa, seguimos “erre que erre” deslizando nuestros pensamientos y nuestros dedos -armados de pluma o bolígrafo- por el folio en blanco o de color, rayado o cuadriculado.

 Hay algo de ritual amable, afectivo y creativo en el hecho de escribir a mano. Uno piensa en la persona a la que va a escribir, la trae del libro-puzzle de la memoria hasta la portada de la misma; recuerda la última vez que hablaron, la última vez que se escribieron… Tiene delante la última carta recibida, que acaba de releer y hace una prospección de lo que le quiere contar. Contesta interiormente a algunos interrogantes: ¿por qué ha elegido ese día y esa hora para escribirle?, ¿qué hecho o suceso ha motivado esa preparación que acabará en una carta personal?, ¿qué estado de ánimo le ha llevado a tomar esa decisión de escribir?... Si la relación con el destinatario o la destinataria de esas reflexiones previas es larga y frecuente o breve y reciente, el repaso mental por encuentros, charlas, comunicaciones por diversos medios tendrá distinto calado, pero será el humus, el terreno abonado sobre el que se construirá el texto que está a punto de iniciarse.

 Escribir a mano es dibujar letras, que forman palabras y frases, que transmiten todo aquello que queremos comunicar y cada línea, cada párrafo, cada folio se convierte en una obra única, y muy probablemente irrepetible.

 Además, cuando escribimos para que alguien nos lea, tenemos un plus motivacional que nos hace escribir con más claridad, ordenar mejor nuestras ideas, ser más claros en la exposición…, con la finalidad legítima de generar un documento que se entienda perfectamente, que seduzca y contente al receptor de nuestros pensamientos y de nuestros afectos.

 Desde pequeño escribí cartas a embajadas, a editoriales y revistas… buscando que me fueran enviados folletos, libritos, revistas, etc. Desde pequeño asumí en mi casa el responder las cartas familiares que recibían mis padres, las felicitaciones navideñas… También les vi escribir a ellos, tanto a mi padre como a mi madre, cartas a los parientes u otras que tenían otros objetivos. Desde pequeño les escribí frecuentemente cuando estaba interno… Y aquellas cartas que escribía y aquellas respuestas que recibía hablaban de la vida, de lo cotidiano en una situación alejada del hogar familiar y eran un consuelo y una recomposición del ánimo. Y fueron frecuentes y encendidas las cartas de amor de la juventud, aquellas que ayudaban a minimizar la distancia y las ausencias repetidas. Escribí muchas cartas a la prensa, en un tiempo en el que, aquello que me soliviantaba era canalizado y asimilado mejor, tras la descarga de escribirlo y verlo publicado… Y he seguido escribiendo hasta la actualidad: cartas reflexivas, cartas emocionadas, cartas que acompañan regalos editoriales… Y aún encuentro algunos corresponsales que también sienten esa necesidad y que también se emocionan escribiendo y recibiendo textos manuscritos Y también escribo (y mucho) correos electrónicos desde hace años y plasmo mis reflexiones en distintos blogs, sin hacer ascos –ni mucho menos- a las herramientas comunicativas que la tecnología ha puesto en nuestras manos.

 Y no nos conformamos con escribir nosotros. Quienes estamos conviviendo con las criaturas en edad escolar, animamos a éstos a escribir. Y procuramos que la correspondencia escolar sea una actividad que les dé la posibilidad de practicar ese intercambio, más o menos personal en este caso, con otros chicos y chicas de similar edad que viven a muchos kilómetros de distancia. A lo largo de los años, han sido muchos los intercambios escolares realizados, a través de la correspondencia: Santander, Mallorca, Lleida, Asturias, Valencia, Managua, Badajoz… Nuestras cartas han viajado acompañando dibujos, trabajos, revistas, cuentos, poesías… y el cartero o la cartera trajo de vuelta nuevas cartas llenas de noticias, acompañadas también de los mismos ingredientes que ya he señalado. Y también usamos las nuevas tecnologías en ese proceso de intercomunicación, pero no abandonamos lo manuscrito…

 Es frecuente que alguien que recibe una carta manuscrita, se alegre enormemente (después de estar meses recibiendo solamente propaganda comercial, cartas con facturas del teléfono, el agua, la luz, el gas, las basuras o la contribución…) Y lo exprese de manera muy efusiva: “¡No sabes qué alegría me llevé al ver el sobre manuscrito y, al abrirlo, encontrarme con tu carta…!” Por eso, no deberíamos abandonar esta práctica, porque tiene indudables efectos afectivos y anímicos. Por eso, en las escuelas, deberíamos insistir en practicar el arte de escribir a mano con finalidades concretas que permitan aumentar notablemente la motivación de chicos y chicas… A veces, esas experiencias calan hondo y tienen unos efectos terapéuticos insondables, pero objetivamente  recomendables…

 Para terminar, aporto este texto que me envió, por e-mail, mi amiga SilviaLuz, desde la Patagonia argentina. Un texto, cuya lectura ha motivado estas reflexiones previas (algo confusas, creo yo), pero que os aclarará perfectamente Guillermo Jaim Etcheverry, autor del texto siguiente, titulado: “Escrito a mano”. Jaime es educador y ensayista.

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 “¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas.

 En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.

 Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.

 En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.

 Por su parte, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.

 Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.

 Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.

 Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta. Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere.

 En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.

 Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado: Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible”. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia.

 La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: “dentro de un tiempo, no la podremos leer”. Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo...”   

La palabra amenazada

No conocía a Ivonne Bordelois hasta que estas pasadas navidades recibí un regalo, en forma de libro, desde Argentina. Me lo enviaba SilviaLuz de Luca, con quien hemos desarrollado una estrecha relación epistolar, bloggera y “feisbusera”. El pasado otoño se malogró la primera posibilidad e conocernos en carne mortal. Silvia anduvo de viaje por Europa y llegó a España, pero finalmente, no pudimos encontrarnos, de modo que esa posibilidad sigue en pie y algún día será…

 El libro que me envió Silvia no venía solo; lo acompañaba otro de temática flamenca (pero no sobre el flamenco español, sino sobre la tierra de Flandes), destinado a nuestra amiga común: Anny Anselin. Anny vive en Gante (Bélgica) y allí pudieron conocerse las dos, en ese viaje que he nombrado con anterioridad. Como Anny tiene casa cerca de Labuerda, en Puyarruego; estas pasadas navidades pude hacerle entrega del libro referido.

El caso es que mi regalo se titula “La palabra amenazada”. Es un libro de apenas 140 páginas, dividido en 12 capítulos; un ensayo militante de la poeta, ensayista y lingüista argentina, Ivonne Bordelois (Licenciada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; realizó estudios literarios y lingüísticos en La Sorbona; se doctoró en lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachussets, teniendo como director de tesis a Noam Chomsky. Dio clase en en Instituto Iberoamericano de la Universidad de Utrech (Holanda); disfrutó de una Beca Guggenheim…) Mujer de sólida formación y ensayista reconocida: su ensayo titulado El país que nos habla recibió el Premio La Nación-Sudamericana.

 Este post de hoy –que tanto he tardado en dar a luz, desde el anterior- va a tener poco de mí y mucho del libro del que estoy hablando. Es una reflexión muy lúcida sobre las palabras, sobre la lengua, sobre la poesía… Ese secuestro que algunos han hecho de las mismas o esa manipulación de su significado. De modo que copiaré algunos fragmentos que me han gustado especialmente y que “marcan tendencia”, indicándonos hacia dónde apunta la serena, pero contundente reflexión que en los distintos capítulos ofrece la profesora Bordelois, quien, por cierto, recuerda: “mis mejores profesores de castellano no fueron los que desempeñaron esa asignatura, sino aquellos que daban a la comunicación verbal con los alumnos ese fervor, esa gracia y esa vivacidad que nos hace amar el lenguaje, por encima de todo. Recuerdo a Margarita Oría, estupenda profesora de matemáticas, que siempre interrumpía sus clases en un momento dado para conversar, simplemente, con nosotros. Eran lecciones de claridad, de intimidad, de juventud, de comunicación. Y aprendíamos matemáticas mejor, a través de una experiencia de lenguaje refrescante y vitalizadota”.

 Aunque las reflexiones que contiene el libro suelen estar ejemplificadas con vivencias de su país –Argentina-, es indudable que pueden generalizarse sin más problemas a otros países del mundo, incluido el nuestro, puesto que las lenguas, las palabras y la comunicación sufren en todas partes las mismas agresiones, parecidos conflictos, iguales perversiones.

Hay una teoría antropológica que dice que accedemos a la humanidad, desde los simios, cuando la postura erecta nos permite desarrollar la maravillosa complejidad de las cuerdas vocales y abre el acceso a la palabra. Quiere decir que nuestro cuerpo está destinado en última instancia al lenguaje: si todo lo inmenso y complejo y deslumbrante y agobiador que nos ocurre no llega a canalizarse y culminar en la palabra, desembocamos necesariamente en la violencia, porque de algún modo lo no expresado crea una presión tal que no puede encauzarse de otra manera. El desprecio y la humillación de la palabra, la ignorancia de la palabra, el silenciamiento y la poda de la palabra, la violencia de la palabra desfigurada en grito, en insulto o en cliché, es la puerta mejor abierta al golpe, la cuchillada o la bomba.

Cuando en los colegios, los patios de recreo son selva de alaridos, blasfemias e insultos, cuando los maestros y profesores no saben o no pueden repartir desde su persona, su gesto y su actitud ese silencio activo y persuasivo donde la palabra encuentra su arranque más profundo y viviente, entonces la educación retrocede en un vano ejercicio formal que reparte diplomas sin alimentar a nadie: otra burocracia más al servicio de la barbarie. Cuando en los medios la propaganda impiadosa nos perfora los oídos y los programas llamados de entretenimiento se vuelven en realidad programas de ensordecimiento, descubrimos que el sistema imperante nos quiere confundidos, nos necesita aturdidos para comprar lo superfluo y ostentoso, para comer chatarra, para adiestrarnos en el descenso de nuestra autoestima, para demoler nuestra capacidad crítica y creativa y sobre todo y ante todo para votar a quien no debemos…”

 Ivonne es ensayista y poeta y su discurso sobre la poesía es digno de ser atendido: “Hay algo particularmente hermoso y natural en la poesía que nace del lenguaje porque el lenguaje nunca se acaba; no hay que salir a buscar o a comprar sus elementos, como lo debe hacer el escultor o el pintor con sus materiales… Y uno de los rasgos más peculiares de la poesía es que, a diferencia de los objetos de la ciencia, que son definidos y definibles rigurosamente, nadie puede definirla a ciencia cierta… Y la poesía debe pasar obligatoriamente por la catarsis del silencio, sobre todo del silencio lector. Antes de escribir un poema, debiéramos asomarnos a escuchar aquellos cien poemas que bordearon o dijeron lo que, acaso sin saberlo, repetiremos defectuosamente. La poesía empieza con la escucha humilde y purificadora, no con explosiones prematuras de un narcisismo mal contenido. Antes de decirnos a nosotros mismos nos han dicho Isaías, Sófocles, Shakespeare, García Lorca, Baudelaire… Personalmente siento que la poesía es aquello que rompe los límites de lo indecible y cambia nuestra lengua, transformándonos a nosotros con ella…

 Sus opiniones, en muchos pasajes son realmente contundentes y señala a quienes entorpecen determinadas prácticas o a quienes cayeron rendidos ante los avances modernos como si fueran la panacea que todo lo cura…: “Muchos de nuestros estudiantes han aprendido inglés por su afán de aprender canciones inglesas y está bien que así sea –aunque mejor aún sería, por cierto, que comprendieran a fondo el sentido de las palabras que cantan, lo cual no siempre es el caso-. Lo malo es que los docentes deserten su vocación de enseñantes y se nieguen a abrir los ojos y los oídos de sus alumnos a las páginas más hermosas de nuestra poesía en lengua española, que es música por sí sola. Los mismos que dicen que los niños no deben aprender de memoria y han desterrado la enseñanza de la poesía en las escuelas –en primer lugar, porque son incapaces de enseñarla- son los que imaginan que la memoria es una propiedad de la computadora, sin entender que la computadora es sólo una simulación de la maravillosa memoria humana. Son los mercaderes de la electrónica y también los empresarios de las fúnebres pompas del lenguaje, los enterradores oficiales del verbo. Hay que denunciarlos, hay que hostigarlos, hay que reemplazarlos. Hay que rescatar la poesía, nuestra espléndida poesía, de las mazmorras a las que la somete una mal llamada cultura sin imaginación y sin amor. Hay que reimplantarla no sólo en los programas escolares sino en los medios masivos de comunicación y en la mente y el corazón de todos los hispanohablantes”.

 En otro momento, podemos leer: “¿Y se puede ser más obtuso que aquellos que impiden, por razones de didáctica actual, el encuentro de los chicos con estas palabras milagrosas? La poesía está allí diciendo: ´Dejen que los chicos se acerquen a mí´, y los celadores del orden global y electrónico, los mismos que distribuyen pornografía a destajo por Internet, no se lo permiten.Una tecnología que impulsa a desplazar toda memoria al depósito de una computadora y destierra el aprendizaje verbal en la superficie de la tierra civilizada es una tecnología que se ensaña con nuestra conciencia lingüística, con sus poderes y placeres, para reemplazarla por el muchas veces vulnerable poderío de la máquina. Alienación de la memoria, esclavitud del mercado computacional: el deslumbramiento y entusiasmo por el innegable proceso que los ´ordenadores´ representan oculta muchas veces la violencia depredadora de esta empresa que no casualmente se acompaña de medidas pedagógicas pretendidamente progresistas, destinadas a recluir y cegar los manantiales del verbo a lo largo y lo ancho de todo el planeta… Parece imposible, en verdad, que los mismos chicos que aprenden sin esfuerzo letras de rock se nieguen ea retener poemas –adecuadamente presentados- de Enrique Banchs, Jorge Luis Borges, María Elena Walsh o Juan Gelman –los nombres que yo escogería para comenzar-, pero por supuesto hay muchos otros…”

 Citas que nos ofrecen otros puntos de vista y otros enfoques desde los que mirar y analizar… Y como el post se alarga y se trataba de ofrecer solamente algunas reflexiones para abrir boca, anoto seguidamente el párrafo final del libro: “… Puede parecer una utopía inocente, una ingenuidad elitista profesar la salvación por la palabra. Mucho más, por cierto, es necesario. En verdad, el lenguaje no nos es suficiente, pero nos es necesario; la palabra sola no puede salvarnos, pero no nos podemos salvar sin la palabra. La derrota de la palabra implica una ceguera letal, un leso crimen de humanidad, un craso fracaso que necesitamos conjurar por todos los medios a nuestro alcance para no descender al infierno que nos proponen nuestro enemigos. Y en el combate con las tinieblas, el hecho de que la luz, la inteligencia, la alegría y el pan de la palabra estén con nosotros, que la veneración por el misterio y la vida de la palabra esté con nosotros, no será ciertamente una de nuestras menores ventajas”.

 Si tienes oportunidad, hazte con un ejemplar de este libro. Es muy apropiado para leer y releer de vez en cuando y, como ya te he dicho y creo haber ejemplificado, contiene reflexiones inteligentes y pone a pensar al lector o a la lectora; en ese sentido, su lectura te abrirá nuevos horizontes en los que pensar y pondrá a prueba tus propias convicciones… (Libros del Zorzal, Buenos Aires – 2005)

ANO HUEVO

Pasada ya la manifestación de alegría universal y los deseos de felicidad que cada año se repiten a finales de diciembre y a principios de enero, uno vuelve a la realidad y ésta le golpea duramente. Hemos dejado atrás la fiesta del consumismo, colocada en unas fechas en las que debería celebrarse la de la  austeridad, si es que los símbolos siguen significando algo. Fiesta propiciada por las casas comerciales y la publicidad, con la aquiescencia de los sucesivos ministros de economía (je, je), con la vana intención de aumentar la circulación de dinero, la compra, la venta y la producción… Santa Claus, Papá Noël y los tres Reyes Magos… reencarnados, año tras año, en las abuelas y los abuelos, las madres y los padres y demás familia, convierten deseos estimulados y prescindibles en regalos predecibles, nada sorprendentes y sí abundantes, dificultando la aceptación adecuada de los mismos por parte de las criaturas que se ven cegados por el cuánto, más que estimulados por el para qué y por el cómo.

 Supervivientes, un año más, a toda esa parafernalia en la que también se incluyen los buenos deseos (provenientes, incluso de las líneas enemigas), y tras ese recorrido festivo, como decía, volvemos a la realidad, abrimos la prensa y comenzamos a leer titulares de esta segunda semana de enero:

 "La escasa lluvia caída en diciembre agrava la sequía. Navidad “floja” en el Pirineo por la crisis y la escasez de nieve. Familia busca pueblo para vivir. Los vándalos cercenan el Árbol de la Salud y arrancan la escultura de la patinadora en Jaca. El aeropuerto de Castellón gastó 30 millones en publicitarse pese a estar cerrado. La crisis volverá a destruir cientos de miles de empleos en 2012. Masiva protesta “abertzale” en apoyo a los presos de ETA. Rick Santorum abandera con su ejemplo la escolarización en casa. Los impagos de la Generalitat ponen al filo del cierre a colegios valencianos. La cúpula de los Mossos, imputada por la carga contra los indignados. El asesinato de otro experto nuclear iraní confirma la guerra secreta. Un periodista francés muere en Homs en una protesta contra El Asad. La crisis siembra la antiutopía. Una década de horror en Guantánamo. El Gobierno se vuelca en denunciar la “herencia oculta” recibida del PSOE. Rajoy asiste mudo al debate sobre sus primeras medidas económicas. PP y CiU, los más contrarios  a subir impuestos, votan elevar el IRPF. Interior destituye a la cúpula policial que investigó casos clave para el PP. La Xunta paga hasta 100 euros por viajero a las aerolíneas de bajo coste. La banca frustra la apuesta del BCE para abrir el grifo del crédito. Movilización para impedir un desahucio en Las Fuentes. El cierre de un gimnasio amenaza con dejar en la calle a casi 2000 socios y 15 trabajadores. El Seprona denuncia a seis cazadores furtivos. Los pobres tienen cuatro veces más riesgo de sufrir alguna discapacidad. EE.UU. califica de deplorable que sus marines vejen los cadáveres de talibanes. Rusia considera real la posibilidad de una guerra entre Estados Unidos e Irán. La UE alerta de que Israel se está apropiando de Cisjordania. Excolaboradores de Matas le señalan en el primer día del juicio. La violencia religiosa y la crisis económica atenazan Nigeria. Ortega jura un tercer mandato con la idea de eliminar los límites al poder. Fabra sube el IRPF y la gasolina y reduce el salario de los funcionarios. Canal 9 anuncia un ERE que puede afectar a dos tercios de sus 1800 trabajadores. El gran pacto laboral entre sindicatos y empresarios se aleja. Multado por indigente. El Consejero de la Bienestar y Familia de la Generalitat vincula las citas familiares de Navidad a los crímenes machistas. Urdangarín empleó de forma fraudulenta facturas de más de 60 empresas. Un único culpable en la muerte de Marta del Castillo. La iglesia amenaza con desahuciar a ocho enfermos de sida por impago. Cospedal cierra seis centros de la mujer. Cañete anuncia una reforma muy profunda de la Ley de Costas. Halladas seis águilas envenenadas en una finca de caza de Medio Ambiente. Cincuenta y siete muertos por violencia étnica en Sudán del Sur. El Gobierno abre la puerta a la privatización de las televisiones autonómicas. Los empleados públicos se revuelven contra los recortes de Fabra. El juez Ruz reactiva la causa por las torturas cometidas en Guantánamo. Rajoy asegura que era imprescindible subir el IRPF y promete no elevar el IVA. Un virus de gastroenteritis llena los centros de salud desde hace semanas. El Parlamento Europeo admite una denuncia de pueblos afectados por la línea de alta tensión. El juez acelera para sentar en el banquillo a Urdangarín en 2013. Matas se desvincula de la contratación del periodista que le hacía los discursos. Más de 500.000 haitianos siguen sin hogar dos años después del devastador seísmo. Treinta y un muertos en un ataque en la frontera con Afganistán. Los embargos dejarán sin casa a medio millón de familias españolas entre 2012 y 2015…"

 Ahí lo dejo, no vale la pena seguir sembrando de nubes negras el futuro inmediato, pero los noticiarios nos lo recuerdan cada día. A ver quién tiene narices de sonreír e imaginar que éste recién comenzado, será un “año feliz”… El desfile de defraudadores, de mentirosos, de abusadores, de violentos, de manipuladores, de sinvergüenzas, de maltratadores, de mediocres con algo de poder, de furtivos, de conspiradores, etc. es continuo y tendremos que estar prevenidos y protegernos, porque toda esa fauna infecta estará –un año más- pululando a nuestro lado con las mismas malas intenciones que tuvieron siempre.

 Por eso, mi deseo va a ser doble: que tengamos salud, por un lado, y capacidad para disfrutar de los placeres cotidianos, por el otro. Aquí tienes una sencilla relación de pequeñas acciones o de pequeñas posibilidades que podrán hacernos felices:

 ver amanecer; dar un paseo en buena compañía; tomar a alguien de la mano; mirarte en otros ojos; compartir una buena comida; leer un libro; cantar en la ducha; asomarse al balcón; conversar sentados en un banco; leer el periódico de papel; dar un paseo por el monte para buscar setas; contemplar un atardecer coloreado; sentarse a pensar en un parque solitario; sonreír al conocido con el que te cruzas; dar un apretón de manos como prólogo a una conversación; ir a la librería a mirar novedades; entrar en una biblioteca a ocupar unas horas hojeando; leyendo y pensando; asomarse a la ventana recién levantado; tomar el sol en un espacio abierto; escribir tus pensamientos en un cuaderno bonito de papel reciclado; respirar a pleno pulmón; mirar un rato las estrellas; escribir una carta a un amigo o a una amiga; recortar una fotografía curiosa en una revista para guardarla en el interior de un libro relacionado con ella; contemplar el vuelo de cualquier ave; escuchar el canto del petirrojo al atardecer; caminar por la orilla de un río; dar y recibir un abrazo; ver una película; acudir a disfrutar de una exposición; tomar la fresca en las noches de verano; sonreír con frecuencia; comer chocolate a deshoras; disfrutar del silencio; aumentar la colección que estés haciendo; escuchar una canción de tu grupo favorito; leer un buen libro de poemas; escribir entradas en el diario o en el blog;  … y esas cosillas.

Puedes alargar la lista con todo aquello que se te ocurra, con todas aquellas acciones que pienses que te harán feliz. Yo, ahora sí, te deseo ya “Feliz Ano Huevo”.

DOS LIBROS QUE SE ME HAN JUNTADO Y QUE DENUNCIAN EL LADO OSCURO DEL SER HUMANO

Estos días finales de un año y principios de otro, se me han juntado en mi mesa de trabajo dos libros que hablan de la barbarie; de algunos comportamientos crueles e inhumanos, puestos de manifiesto a gran escala y generadores de brutales e irreparables daños. Igual no son las fechas más indicadas para hablar de ellos, pero es ahora cuando he podido armar este texto resumen de ambos.

1.- El primero, (El campo de concentración de Sachsenhausen. Acontecimientos y evolución, de Günter Morsch y Astrid Ley), me lo compró mi hijo Daniel cerca de Berlín. Estuvo visitando con un grupo de amigos y amigas el citado campo, en la población de Oraniemburgo. En realidad, según puede leerse en el prefacio, se trata de uncatálogode 191 páginas:El catálogo del campo de concentración nacionalsocialista de Sachsenhausen 1936-1945 es, por su noble fin, una auténtica colección histórica de la memoria visual de Sachsenhausen.

En él abundan las fotografías que documentan una parte importante de los sucesos que allí ocurrieron y también se reproducen multitud de documentos; además de objetos, dibujos y grabados realizados por las personas que estuvieron allí encerradas, buena parte de las cuales perdieron su vida; fueron vilmente asesinados con los métodos más variados. Imagino que pisar la tierra donde estaban instalados los barracones de los internos o los alojamientos de sus guardianes, así como las instalaciones disuasorias como torres de vigilancia, muros, alambradas, etc. debe producir o remover sentimientos profundos a quienes vemos en esos restos la materialización de la ferocidad, de la falta de compasión, de la brutalidad, del desprecio más absoluto hacia las personas. Mirar y leer este libro, pasar sus páginas despacio para leer el contenido de lo que la instalación guarda, como memoria colectiva de un tiempo roto y descarnado, no es precisamente una fiesta.

Leyéndolo, la cabeza no deja de moverse, como certificando externamente esa incredulidad interior que uno vive en silencio mientras los ojos transitan doloridos por las líneas que reproducen las palabras de algunos supervivientes, como Heinz Wollmann, judío alemán, quien recuerda:Tuve que cargar sacos de cemento, me derrumbé. Bubi Krüger me golpeó en la cara con la culata del fusil, aquí mismo, me rompió la nariz, todos los dientes fuera. ´¡Levántate!¡Hijo de perra!.

El humo de las chimeneas de los crematorios, los vapores que se elevaban desde las ascuas de los huesos, se depositaban sobre el campo y sus alrededores. Cuando los fuegos eran atizados para que ardieran a más temperatura, caían copos gruesos de hollín que dejaban manchas en la ropa, las manos y las caras. Todo el tiempo teníamos presente la matanza. Lo peor era nuestra impotencia, recuerda Harry Naujoks, prisionero político alemán.

El libro (o catálogo) va ofreciendo también fotografías de propaganda, realizadas por los nazis, que pretendían dar una imagen de normalidad y de trabajo y hasta de buen trato. De hecho realizaban montajes fotográficos y fílmicos en los que se mostraba una imagen de lareeducacióna través del deporte y del trabajo duro¡Qué cinismo más escalofriante! Todo ello, claro, contrasta terriblemente con los testimonios de los supervivientes, con los dibujos realizados por muchos internos y con los objetos que realizaban en la clandestinidad y que hoy forman parte de la exposición permanente del museo. Y siguen los recuerdos macabros de quienes salieron vivos de aquella instalación destinada a degradar y exterminar seres humanos:Miembros de las SS indicaban la divisa a los recién llegados, señalaban hacia la chimenea del crematorio y decían: ´hay un camino hacia la libertad, pero sólo a través de esa chimenea´, recuerda otro superviviente.

Sirva esta información para calibrar hasta qué punto había individuos que diseñabanen este caso, buscando un beneficio comercial- sistemas de tortura y de desprecio del ser humano:A partir del verano de 1940, por encargo de la industria alemana del calzado, los prisioneros tenían que probar suelas de zapato pasando por una pista de prueba de calzado construida especialmente con esa finalidad alrededor del patio de la revista. Independientemente del tiempo que hiciera, los prisioneros que formaban parte de ese grupo de castigo tenían que recorrer a paso ligero este circuito de 700 metros hasta llegar incluso a alcanzar un total de 40 kilómetros al día. Quienes no aguantaban la velocidad eran golpeados por la SS. Fueron pocos los que sobrevivieron esta tortura más allá de un par de semanas.

El prisionero ucraniano Iván Rudschenko relataba en 1996:Imagínese usted coger a cuestas a una persona que ha muerto o que vive todavía. Todavía vive, respira, habla, y lo cargas y lo tiras sobre el carro y lo llevas al crematorio. A principios de febrero de 1945, el número de prisioneros del campo de concentración de Sachsenhausen alcanzó su cifra más alta: casi 70.000 hombres y mujeres estaban internados en el campo principal de Oranienburg y en los numerosos campos exteriores. Muchas fábricas alemanas utilizaron batallones de trabajadores de varias nacionalidades (rusos, franceses, noruegos, polacos), tanto del campo central como de los campos exteriores de Sachsenhausen; mano de obra barata que era tratada con brutalidad. Había un ensañamiento especial con los judíos, los gitanos, los homosexuales... La mayoría debían trabajar en la producción de armas, en fábricas de ladrillos, formando brigadas que debían reparar los daños ocasionados por los bombardeosY también aparecen en el libro retratos con ostentosas gorras de tipos que respondían al nombre de Hans, Otto, Kart, Hermann, Antón, Wilhelmcriminales de guerra, miembros de las SS que escribieron una de las páginas más salvajes e inhumanas de la historia; en realidad, faltan adjetivos para calificarla.

 

2.- Un tiempo después, adquirí por encargo en la librería:Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940), de Ascensión Badiola Ariztimuño. Lo solicité después de mi viaje a Bilbao, en el mes de septiembre, por asuntos de bibliotecas escolares. Comenté a algunos de mis anfitriones lo que me había contado mi padre varias veces: que estuvo prisionero en la Universidad de Deusto, convertida en campo de concentración y que llegó a albergar alrededor de cinco mil detenidos. Me quedé de piedra cuando me confesaron que no habían oído ni hablar del asunto. Ya de regreso, indagué en Internet y di con esta reciente publicación (editada en 2011 por Txertoa argitaletxea, de Donostia). La misma autora nos aclara en el prólogo:El motivo de comenzar en el verano de 1937 no es otro que el hecho de que fue el 19 de junio de aquel año cuando Bilbao cayó en manos de los sublevados y, apenas dos meses después, el 25 de agosto, se firmó la Rendición de Guriezo, también conocida como pacto de Santoña, por el que el ejército vasco, Euzko Gudarostea, entregó las armas a las tropas italianas y fue recluido en el Penal del Dueso, en Santoña, () He elegido 1940 para poner fin al periodo de estudio porque fue a primeros de aquel año cuando se clausuró el campo de concentración de Deusto. Fue entonces también cuando concluyó el periodo más crudo en cuanto a consejos de guerra, penas de muerte y ejecuciones.

El grueso de este libro lo ocupan dos partes. En la primera encontramos desarrollados estos titulares:Del penal de El Dueso a las cárceles bilbaínas; se hace un repaso por la persecución al clero: los curasrojo-separatistas; se habla del régimen de alimentación y alojamiento en el penal; se da información de cárceles vizcaínas, como Larrinaga, Escolapios, chalet de Orue, Carmelo y Amorebieta; incluso de la habilitación de las plazas de toros como posibles campos, del barco de prisioneros Upo Mendi, etc.

La segunda parte viene titulada así:Campos de concentración, batallones de trabajo y colonias penitenciarias militarizadas. Nos habla la autora de cómo se clasificaban los prisioneros; del campo de concentración del Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de la Universidad de Deusto y su apertura y cierre; de los batallones disciplinarios de trabajo e industrias militarizadas; de los trabajos con mano de obra prisionera; de las obras de reconstrucción de Bilbao; de los prisioneros de las minas de Gallarta, Galdames y La Arboleda; de los campos de concentración de Lezama, Orduña; del aeropuerto de Sondika realizado por prisioneros.

Ascensión ofrece unas páginas de conclusiones a su investigación y luego aparecen largos listados de personas cuya estancia quedó registrada en alguno de los campos; a pesar de que se destruyó la mayor parte de la documentación, como se nos recuerda en el libro, en varios pasajes.

Se reproducen con mucha frecuencia fragmentos de cartas escritas por prisioneros que aportan información de primera mano sobre las condiciones de vida, la alimentación, los castigos, las condenas injustas y sin fundamento, los fusilamientos, la represión en general. Documentos que nos acercan a lo que ocurrió en realidad porque la propaganda del régimen decía:Para nosotros, los prisioneros son hombres indefensos, por eso nos creemos con el deber moral de velar por su salud…” (no es necesario seguir copiando, ¿no creen?) y podemos leer un titular de noticia aparecida en un periódico de la época que dice:En el campo de concentración de Deusto se improvisó un taller que en diez días ha construido millares de juguetesy lleva un subtítulo, todavía más surrealista:Un delicado obsequio de los prisioneros de guerra a carmencito Franco, hija del Caudillo.

Por el contrario éste es parte del relato de uno de los prisioneros de Deusto: “Había tanta cola en los váteres que apenas llegabas a tiempo para hacer tus necesidades. Si no llegabas a tiempo las hacías en una lata que te daban al llegar, que hacía la función de plato. Eran unas latas redondas de sardinas. Si no podías aguantar, cuando llegabas al váter, limpiabas la lata y esa misma servía después para el almuerzo. Eso, en realidad, no era nada. La gente se arrojaba desde la cuarta planta para matarse…” En una carta fechada el 17 de diciembre de 1937, podemos leer: “Esta madrugada van a ejecutar a los coroneles Azcárate e Irezábal, a Lafuente, a Arenillas y a otros diez más. Con estos catorce, la suma de los ejecutados esta semana es de 131. () Para la semana que viene se anuncian 200 ejecuciones más (todos los oficiales milicianos, médicos y los oficiales de servicios auxiliares del ejército de Euskadi”.

Brevísimas pinceladas de dos libros que cuentan historias paralelas en el tiempo; en lugares geográficos distanciados por miles de kilómetros, pero igual de bárbaras, igual de desalentadoras y difícilmente imaginables desde la cordura, desde el respeto, desde los fundamentos de la evolución humana… ¡Parece mentira que pueda existir tanta crueldad, tanto menosprecio por la vida, tanta brutalidad anidando en el corazón de quienes se autodenominan seres humanos!

MEACUERDOS DEL PRIMER TRIMESTRE

En vísperas de vacaciones, acordamos utilizar esta fórmula para intentar sacar de nuestro interior aquellos recuerdos que se nos habían adherido a la piel y que estaban relacionados con el trabajo y la vida escolar de este primer trimestre del curso 2011-2012. Es una actividad muy apreciada. Todos los niños y niñas pueden responder al pequeño desafío, y hacerlo con un amplio número de respuestas. La lectura posterior de unos y otros nos hace caer en cuenta de cuántos recuerdos son compartidos y qué hay de originalidad en algunos de ellos; e incluso nos permite calibrar qué cosas se recuerdan… Esta es una lista incompleta, pero curiosa; es un resumen de lo que los niños y niñas de quinto recuerdan de lo que han hecho, observado y vivido en este trimestre que termina. Es también una manera de reflexionar y de mirar hacia atrás y es un documento base para comentar y, en muchas ocasiones, para sonreír. Por todo ello, ha merecido la pena hacerlo…

 Me acuerdo que el primer día de clase nos mezclaron. Me acuerdo que tenía muchos nervios el primer día de clase. Me acuerdo cuando Mariano dijo mi nombre para que él fuese mi tutor. Me acuerdo de cuando nos separamos de los amigos. Me acuerdo de cuando aprendimos la primera contraseña poética. Me acuerdo de cuando hicimos un texto colectivo sobre las vacaciones con nombres y adjetivos calificativos. Me acuerdo del primer texto largo que hicimos. Me acuerdo del primer día que hicimos biblioteca. Me acuerdo de todos los trabajos que hemos hecho. Me acuerdo de cuando supimos de la muerte de Wangari Maathai. Me acuerdo de cuando Octav trajo bombones. Me acuerdo del día que empezamos el “Cuaderno con nombres propios”. Me acuerdo de cuando me caí por la cuesta de Santa Ana. Me acuerdo que en estudio, leíamos libros. Me acuerdo de los goles que he marcado. Me acuerdo de cuando hacía el saxofón para el festival de navidad. Me acuerdo de los dibujos para Zafra. Me acuerdo del primer día que recité la contraseña poética. Me acuerdo cuando tuvimos problemas con la pelota. Me acuerdo cuando nos dijiste que cada fin de semana haríamos un texto. Me acuerdo cuando Mercè nos vino a felicitar por el patio tan limpio que estábamos dejando. Me acuerdo de cuando ensayábamos la canción. Me acuerdo de la reunión de Representantes. Me acuerdo de cuando no podía escribir porque me hice daño en un dedo. Me acuerdo cuando Mariano dijo una cosa y todos nos pusimos a reír. Me acuerdo cuando jugábamos al toro en el recreo. Me acuerdo cuando el maestro nos dijo la página de “servetbiblio” y la dirección para poder leerla. Me acuerdo de cuando nos llegó el primer paquete desde Zafra.  

 Me acuerdo cuando apunté mi primer libro en el “Diario de lectura”. Me acuerdo cuando una vez tuvimos que sacar el calendario de la pizarra porque nos molestaba. Me acuerdo del día que creí haber perdido el estuche. Me acuerdo de cuando Mariano nos enseñó los grados del adjetivo. Me acuerdo de jugar en Educación Física a zorros, gallinas y víboras. Me acuerdo de la primera presentación que hice. Me acuerdo del primer comentario que hice en un blog. Me acuerdo de la salida escolar a la Laguna de Sariñena y a Villanueva de Sijena. Me acuerdo de que, cuando llegué, no sabía a qué clase iba. Me acuerdo de cuando empecé mi “Cuaderno de contraseñas diarias”. Me acuerdo del día que Mariano nos dijo quién era Wangari Maathai. Me acuerdo del día que nos dijeron que algunos seríamos padrinos lectores. Me acuerdo del día que empezamos a hacer materiales para los niños de Zafra. Me acuerdo de cuando empezamos a hacer el Cuaderno de Aventuras Bibliotecarias. Me acuerdo del día que Mariano nos leyó un poema sobre “Zafraga”. Me acuerdo de estudiar con Mariano hombres y mujeres importantes de este mundo. Me acuerdo del primer día de tablets. Me acuerdo de cuando nos enseñaron a hacer presentaciones en powerpoint. Me acuerdo de cuándo escribimos nuestro nombres en japonés. Me acuerdo cuando nos dijeron que nos hiciéramos fotografías con árboles. Me acuerdo de las votaciones que hicimos para elegir a un representante. Me acuerdo de la reunión que hicimos para resolver conflictos. Me acuerdo de la contraseña del diablo hocicudo… Me acuerdo que en una clase de biblioteca, dibujamos poesías.

 Me acuerdo que hicimos rimas con nuestro nombre. Me acuerdo de cuando había pájaros debajo del tejado y no se callaban. Me acuerdo que un día me corté en plástica con unas tijeras. Me acuerdo que Mariano nos lee en voz alta. Me acuerdo que Héctor nos enseñó a estirar, después de correr. Me acuerdo del día que hice un cuento sobre un árbol. Me acuerdo cuando hicimos un powerpoint sobre una contraseña poética. Me acuerdo del día que nos llegó el paquete de Zafra. Me acuerdo cuando nos presentaste a los niños y niñas de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijiste que teníamos que tirar el envase del bebible en la basura. Me acuerdo cuando me cambiaste de sitio. Me acuerdo cuando Eva nos dijo que haríamos un festival de navidad. Me acuerdo del día que nos felicitó Mercè –la directora- por recoger bien el patio. Me acuerdo del día en el que el maestro nos mostró los libritos hechos por otros niños hace unos años. Me acuerdo cuando fuimos a ver la exposición de fotografías del pasillo. Me acuerdo del día que le hice una carta a Mariano. Me acuerdo cuando estábamos haciendo Educación Física y nos vino a buscar Mercè porque llovía mucho. Me acuerdo cuando me quedé sin patio por hacer el texto muy corto.  Me acuerdo de cuando fuimos al cuentacuentos de los bosques. Me acuerdo de cuando comenzó el otoño. Me acuerdo de cuando nos dijeron con qué profesor nos tocaba. Me acuerdo de cuando comenzamos a estudiar las fracciones. Me acuerdo de cuando me aprendí la primera poesía. Me acuerdo cuando fuimos a la biblioteca y Mariano nos leyó un cuento muy interesante.

Me acuerdo que celebramos la fiesta de la Castañada y se puso a llover. Me acuerdo cuando Mariano nos hizo fotos para mandar a los amigos de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijeron que teníamos que hacer fotos del otoño. Me acuerdo cuando en conocimiento del medio empezamos a trabajar con tablets y teníamos que buscar información de galaxias, planetas y satélites. Me acuerdo de cuando Héctor nos preguntó qué deporte nos gustaba. Me acuerdo cuando Eva, la profesora de plástica, nos dijo que debíamos traer materiales reciclados. Me acuerdo de leer y comentar noticias en clase. Me acuerdo que me explicaron cosas que no entendía. Me acuerdo de cuando me compré el “pen drive” para los tablets. Me acuerdo de cuando hablamos de los animales carnívoros. Me acuerdo de cuando nos explicaban la hora en inglés. Me acuerdo cuando tocó el timbre a las cuatro y nosotros no sabíamos por qué. Me acuerdo cuando sonó la alarma de incendios. Me acuerdo del primer libro que nos leyó Mariano. Me acuerdo de cuando el maestro nos dijo que íbamos a ser padrinos lectores de unos niños. Me acuerdo que los profesores dicen que no debemos pelearnos. Me acuerdo del primer entrenamiento de futbito en el colegio. Me acuerdo de cuando vimos la pizarra digital. Me acuerdo de cuando hicimos letras grandes para hacer carteles. Me acuerdo de cuando vinieron Ersin y Serkhan. Me acuerdo del primer día que puse un comentario en “servetbiblio”. Me acuerdo de cuando cada uno decía el resultado de una operación. Me acuerdo del día que llegué tarde. Me acuerdo del primer día que hicimos juegos en el pabellón. Me acuerdo de los números romanos. Me acuerdo del cuento que contó María José, de halloween. Me acuerdo del moratón que me hice cuando me atrapé el dedo con la mesa. Me acuerdo cuando en cono hablamos de los planetas. Me acuerdo cuando Mariano nos contaba cosas importantes. Me acuerdo cuando fui a buscar información sobre la xenofobia. Me acuerdo cuando nos hacías fotos con libros. Me acuerdo de mis compañeros antiguos.

 ¿Y ahora, qué hacemos con este texto colectivo? Ahora toca leerlo, comentarlo (oralmente y por escrito), jugar a reconocerse en esta lista de “meacuerdos” que ha tenido que pasar al ordenador el maestro…