Pasada ya la manifestación de alegría universal y los deseos de felicidad que cada año se repiten a finales de diciembre y a principios de enero, uno vuelve a la realidad y ésta le golpea duramente. Hemos dejado atrás la fiesta del consumismo, colocada en unas fechas en las que debería celebrarse la de la austeridad, si es que los símbolos siguen significando algo. Fiesta propiciada por las casas comerciales y la publicidad, con la aquiescencia de los sucesivos ministros de economía (je, je), con la vana intención de aumentar la circulación de dinero, la compra, la venta y la producción… Santa Claus, Papá Noël y los tres Reyes Magos… reencarnados, año tras año, en las abuelas y los abuelos, las madres y los padres y demás familia, convierten deseos estimulados y prescindibles en regalos predecibles, nada sorprendentes y sí abundantes, dificultando la aceptación adecuada de los mismos por parte de las criaturas que se ven cegados por el cuánto, más que estimulados por el para qué y por el cómo.
Supervivientes, un año más, a toda esa parafernalia en la que también se incluyen los buenos deseos (provenientes, incluso de las líneas enemigas), y tras ese recorrido festivo, como decía, volvemos a la realidad, abrimos la prensa y comenzamos a leer titulares de esta segunda semana de enero:
"La escasa lluvia caída en diciembre agrava la sequía. Navidad “floja” en el Pirineo por la crisis y la escasez de nieve. Familia busca pueblo para vivir. Los vándalos cercenan el Árbol de la Salud y arrancan la escultura de la patinadora en Jaca. El aeropuerto de Castellón gastó 30 millones en publicitarse pese a estar cerrado. La crisis volverá a destruir cientos de miles de empleos en 2012. Masiva protesta “abertzale” en apoyo a los presos de ETA. Rick Santorum abandera con su ejemplo la escolarización en casa. Los impagos de la Generalitat ponen al filo del cierre a colegios valencianos. La cúpula de los Mossos, imputada por la carga contra los indignados. El asesinato de otro experto nuclear iraní confirma la guerra secreta. Un periodista francés muere en Homs en una protesta contra El Asad. La crisis siembra la antiutopía. Una década de horror en Guantánamo. El Gobierno se vuelca en denunciar la “herencia oculta” recibida del PSOE. Rajoy asiste mudo al debate sobre sus primeras medidas económicas. PP y CiU, los más contrarios a subir impuestos, votan elevar el IRPF. Interior destituye a la cúpula policial que investigó casos clave para el PP. La Xunta paga hasta 100 euros por viajero a las aerolíneas de bajo coste. La banca frustra la apuesta del BCE para abrir el grifo del crédito. Movilización para impedir un desahucio en Las Fuentes. El cierre de un gimnasio amenaza con dejar en la calle a casi 2000 socios y 15 trabajadores. El Seprona denuncia a seis cazadores furtivos. Los pobres tienen cuatro veces más riesgo de sufrir alguna discapacidad. EE.UU. califica de deplorable que sus marines vejen los cadáveres de talibanes. Rusia considera real la posibilidad de una guerra entre Estados Unidos e Irán. La UE alerta de que Israel se está apropiando de Cisjordania. Excolaboradores de Matas le señalan en el primer día del juicio. La violencia religiosa y la crisis económica atenazan Nigeria. Ortega jura un tercer mandato con la idea de eliminar los límites al poder. Fabra sube el IRPF y la gasolina y reduce el salario de los funcionarios. Canal 9 anuncia un ERE que puede afectar a dos tercios de sus 1800 trabajadores. El gran pacto laboral entre sindicatos y empresarios se aleja. Multado por indigente. El Consejero de la Bienestar y Familia de la Generalitat vincula las citas familiares de Navidad a los crímenes machistas. Urdangarín empleó de forma fraudulenta facturas de más de 60 empresas. Un único culpable en la muerte de Marta del Castillo. La iglesia amenaza con desahuciar a ocho enfermos de sida por impago. Cospedal cierra seis centros de la mujer. Cañete anuncia una reforma muy profunda de la Ley de Costas. Halladas seis águilas envenenadas en una finca de caza de Medio Ambiente. Cincuenta y siete muertos por violencia étnica en Sudán del Sur. El Gobierno abre la puerta a la privatización de las televisiones autonómicas. Los empleados públicos se revuelven contra los recortes de Fabra. El juez Ruz reactiva la causa por las torturas cometidas en Guantánamo. Rajoy asegura que era imprescindible subir el IRPF y promete no elevar el IVA. Un virus de gastroenteritis llena los centros de salud desde hace semanas. El Parlamento Europeo admite una denuncia de pueblos afectados por la línea de alta tensión. El juez acelera para sentar en el banquillo a Urdangarín en 2013. Matas se desvincula de la contratación del periodista que le hacía los discursos. Más de 500.000 haitianos siguen sin hogar dos años después del devastador seísmo. Treinta y un muertos en un ataque en la frontera con Afganistán. Los embargos dejarán sin casa a medio millón de familias españolas entre 2012 y 2015…"
Ahí lo dejo, no vale la pena seguir sembrando de nubes negras el futuro inmediato, pero los noticiarios nos lo recuerdan cada día. A ver quién tiene narices de sonreír e imaginar que éste recién comenzado, será un “año feliz”… El desfile de defraudadores, de mentirosos, de abusadores, de violentos, de manipuladores, de sinvergüenzas, de maltratadores, de mediocres con algo de poder, de furtivos, de conspiradores, etc. es continuo y tendremos que estar prevenidos y protegernos, porque toda esa fauna infecta estará –un año más- pululando a nuestro lado con las mismas malas intenciones que tuvieron siempre.
Por eso, mi deseo va a ser doble: que tengamos salud, por un lado, y capacidad para disfrutar de los placeres cotidianos, por el otro. Aquí tienes una sencilla relación de pequeñas acciones o de pequeñas posibilidades que podrán hacernos felices:
ver amanecer; dar un paseo en buena compañía; tomar a alguien de la mano; mirarte en otros ojos; compartir una buena comida; leer un libro; cantar en la ducha; asomarse al balcón; conversar sentados en un banco; leer el periódico de papel; dar un paseo por el monte para buscar setas; contemplar un atardecer coloreado; sentarse a pensar en un parque solitario; sonreír al conocido con el que te cruzas; dar un apretón de manos como prólogo a una conversación; ir a la librería a mirar novedades; entrar en una biblioteca a ocupar unas horas hojeando; leyendo y pensando; asomarse a la ventana recién levantado; tomar el sol en un espacio abierto; escribir tus pensamientos en un cuaderno bonito de papel reciclado; respirar a pleno pulmón; mirar un rato las estrellas; escribir una carta a un amigo o a una amiga; recortar una fotografía curiosa en una revista para guardarla en el interior de un libro relacionado con ella; contemplar el vuelo de cualquier ave; escuchar el canto del petirrojo al atardecer; caminar por la orilla de un río; dar y recibir un abrazo; ver una película; acudir a disfrutar de una exposición; tomar la fresca en las noches de verano; sonreír con frecuencia; comer chocolate a deshoras; disfrutar del silencio; aumentar la colección que estés haciendo; escuchar una canción de tu grupo favorito; leer un buen libro de poemas; escribir entradas en el diario o en el blog; … y esas cosillas.
Puedes alargar la lista con todo aquello que se te ocurra, con todas aquellas acciones que pienses que te harán feliz. Yo, ahora sí, te deseo ya “Feliz Ano Huevo”.
Estos días finales de un año y principios de otro, se me han juntado en mi mesa de trabajo dos libros que hablan de la barbarie; de algunos comportamientos crueles e inhumanos, puestos de manifiesto a gran escala y generadores de brutales e irreparables daños. Igual no son las fechas más indicadas para hablar de ellos, pero es ahora cuando he podido armar este texto resumen de ambos.
1.- El primero, (“El campo de concentración de Sachsenhausen. Acontecimientos y evolución”, de Günter Morsch y Astrid Ley), me lo compró mi hijo Daniel cerca de Berlín. Estuvo visitando con un grupo de amigos y amigas el citado campo, en la población de Oraniemburgo. En realidad, según puede leerse en el prefacio, se trata de un “catálogo” de 191 páginas: “El catálogo del campo de concentración nacionalsocialista de Sachsenhausen 1936-1945 es, por su noble fin, una auténtica colección histórica de la memoria visual de Sachsenhausen”.
En él abundan las fotografías que documentan una parte importante de los sucesos que allí ocurrieron y también se reproducen multitud de documentos; además de objetos, dibujos y grabados realizados por las personas que estuvieron allí encerradas, buena parte de las cuales perdieron su vida; fueron vilmente asesinados con los métodos más variados. Imagino que pisar la tierra donde estaban instalados los barracones de los internos o los alojamientos de sus guardianes, así como las instalaciones disuasorias como torres de vigilancia, muros, alambradas, etc. debe producir o remover sentimientos profundos a quienes vemos en esos restos la materialización de la ferocidad, de la falta de compasión, de la brutalidad, del desprecio más absoluto hacia las personas. Mirar y leer este libro, pasar sus páginas despacio para leer el contenido de lo que la instalación guarda, como memoria colectiva de un tiempo roto y descarnado, no es precisamente una fiesta.
Leyéndolo, la cabeza no deja de moverse, como certificando externamente esa incredulidad interior que uno vive en silencio mientras los ojos transitan doloridos por las líneas que reproducen las palabras de algunos supervivientes, como Heinz Wollmann, judío alemán, quien recuerda: “Tuve que cargar sacos de cemento, me derrumbé. Bubi Krüger me golpeó en la cara con la culata del fusil, aquí mismo, me rompió la nariz, todos los dientes fuera. ´¡Levántate!¡Hijo de perra!”.
“El humo de las chimeneas de los crematorios, los vapores que se elevaban desde las ascuas de los huesos, se depositaban sobre el campo y sus alrededores. Cuando los fuegos eran atizados para que ardieran a más temperatura, caían copos gruesos de hollín que dejaban manchas en la ropa, las manos y las caras. Todo el tiempo teníamos presente la matanza. Lo peor era nuestra impotencia”, recuerda Harry Naujoks, prisionero político alemán.
El libro (o catálogo) va ofreciendo también fotografías de propaganda, realizadas por los nazis, que pretendían dar una imagen de normalidad y de trabajo y hasta de buen trato. De hecho realizaban montajes fotográficos y fílmicos en los que se mostraba una imagen de la “reeducación” a través del deporte y del trabajo duro… ¡Qué cinismo más escalofriante! Todo ello, claro, contrasta terriblemente con los testimonios de los supervivientes, con los dibujos realizados por muchos internos y con los objetos que realizaban en la clandestinidad y que hoy forman parte de la exposición permanente del museo. Y siguen los recuerdos macabros de quienes salieron vivos de aquella instalación destinada a degradar y exterminar seres humanos: “Miembros de las SS indicaban la divisa a los recién llegados, señalaban hacia la chimenea del crematorio y decían: ´hay un camino hacia la libertad, pero sólo a través de esa chimenea´”, recuerda otro superviviente.
Sirva esta información para calibrar hasta qué punto había individuos que diseñaban –en este caso, buscando un beneficio comercial- sistemas de tortura y de desprecio del ser humano: “A partir del verano de 1940, por encargo de la industria alemana del calzado, los prisioneros tenían que probar suelas de zapato pasando por una pista de prueba de calzado construida especialmente con esa finalidad alrededor del patio de la revista. Independientemente del tiempo que hiciera, los prisioneros que formaban parte de ese grupo de castigo tenían que recorrer a paso ligero este circuito de 700 metros hasta llegar incluso a alcanzar un total de 40 kilómetros al día. Quienes no aguantaban la velocidad eran golpeados por la SS. Fueron pocos los que sobrevivieron esta tortura más allá de un par de semanas”.
El prisionero ucraniano Iván Rudschenko relataba en 1996: “Imagínese usted coger a cuestas a una persona que ha muerto o que vive todavía. Todavía vive, respira, habla, y lo cargas y lo tiras sobre el carro y lo llevas al crematorio”. A principios de febrero de 1945, el número de prisioneros del campo de concentración de Sachsenhausen alcanzó su cifra más alta: casi 70.000 hombres y mujeres estaban internados en el campo principal de Oranienburg y en los numerosos campos exteriores. Muchas fábricas alemanas utilizaron batallones de trabajadores de varias nacionalidades (rusos, franceses, noruegos, polacos…), tanto del campo central como de los campos exteriores de Sachsenhausen; mano de obra barata que era tratada con brutalidad. Había un ensañamiento especial con los judíos, los gitanos, los homosexuales... La mayoría debían trabajar en la producción de armas, en fábricas de ladrillos, formando brigadas que debían reparar los daños ocasionados por los bombardeos… Y también aparecen en el libro retratos con ostentosas gorras de tipos que respondían al nombre de Hans, Otto, Kart, Hermann, Antón, Wilhelm… criminales de guerra, miembros de las SS que escribieron una de las páginas más salvajes e inhumanas de la historia; en realidad, faltan adjetivos para calificarla.
2.- Un tiempo después, adquirí por encargo en la librería: “Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940)”, de Ascensión Badiola Ariztimuño. Lo solicité después de mi viaje a Bilbao, en el mes de septiembre, por asuntos de bibliotecas escolares. Comenté a algunos de mis anfitriones lo que me había contado mi padre varias veces: que estuvo prisionero en la Universidad de Deusto, convertida en campo de concentración y que llegó a albergar alrededor de cinco mil detenidos. Me quedé de piedra cuando me confesaron que no habían oído ni hablar del asunto. Ya de regreso, indagué en Internet y di con esta reciente publicación (editada en 2011 por Txertoa argitaletxea, de Donostia). La misma autora nos aclara en el prólogo: “El motivo de comenzar en el verano de 1937 no es otro que el hecho de que fue el 19 de junio de aquel año cuando Bilbao cayó en manos de los sublevados y, apenas dos meses después, el 25 de agosto, se firmó la Rendición de Guriezo, también conocida como pacto de Santoña, por el que el ejército vasco, Euzko Gudarostea, entregó las armas a las tropas italianas y fue recluido en el Penal del Dueso, en Santoña, (…) He elegido 1940 para poner fin al periodo de estudio porque fue a primeros de aquel año cuando se clausuró el campo de concentración de Deusto. Fue entonces también cuando concluyó el periodo más crudo en cuanto a consejos de guerra, penas de muerte y ejecuciones”.
El grueso de este libro lo ocupan dos partes. En la primera encontramos desarrollados estos titulares: “Del penal de El Dueso a las cárceles bilbaínas”; se hace un repaso por la persecución al clero: los curas “rojo-separatistas”; se habla del régimen de alimentación y alojamiento en el penal; se da información de cárceles vizcaínas, como Larrinaga, Escolapios, chalet de Orue, Carmelo y Amorebieta; incluso de la habilitación de las plazas de toros como posibles campos, del barco de prisioneros Upo Mendi, etc.
La segunda parte viene titulada así: “Campos de concentración, batallones de trabajo y colonias penitenciarias militarizadas”. Nos habla la autora de cómo se clasificaban los prisioneros; del campo de concentración del Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de la Universidad de Deusto y su apertura y cierre; de los batallones disciplinarios de trabajo e industrias militarizadas; de los trabajos con mano de obra prisionera; de las obras de reconstrucción de Bilbao; de los prisioneros de las minas de Gallarta, Galdames y La Arboleda; de los campos de concentración de Lezama, Orduña; del aeropuerto de Sondika realizado por prisioneros.
Ascensión ofrece unas páginas de conclusiones a su investigación y luego aparecen largos listados de personas cuya estancia quedó registrada en alguno de los campos; a pesar de que se destruyó la mayor parte de la documentación, como se nos recuerda en el libro, en varios pasajes.
Se reproducen con mucha frecuencia fragmentos de cartas escritas por prisioneros que aportan información de primera mano sobre las condiciones de vida, la alimentación, los castigos, las condenas injustas y sin fundamento, los fusilamientos, la represión en general. Documentos que nos acercan a lo que ocurrió en realidad porque la propaganda del régimen decía: “Para nosotros, los prisioneros son hombres indefensos, por eso nos creemos con el deber moral de velar por su salud…” (no es necesario seguir copiando, ¿no creen?) y podemos leer un titular de noticia aparecida en un periódico de la época que dice: “En el campo de concentración de Deusto se improvisó un taller que en diez días ha construido millares de juguetes” y lleva un subtítulo, todavía más surrealista: “Un delicado obsequio de los prisioneros de guerra a carmencito Franco, hija del Caudillo”.
Por el contrario éste es parte del relato de uno de los prisioneros de Deusto: “Había tanta cola en los váteres que apenas llegabas a tiempo para hacer tus necesidades. Si no llegabas a tiempo las hacías en una lata que te daban al llegar, que hacía la función de plato. Eran unas latas redondas de sardinas. Si no podías aguantar, cuando llegabas al váter, limpiabas la lata y esa misma servía después para el almuerzo. Eso, en realidad, no era nada. La gente se arrojaba desde la cuarta planta para matarse…” En una carta fechada el 17 de diciembre de 1937, podemos leer: “Esta madrugada van a ejecutar a los coroneles Azcárate e Irezábal, a Lafuente, a Arenillas y a otros diez más. Con estos catorce, la suma de los ejecutados esta semana es de 131. (…) Para la semana que viene se anuncian 200 ejecuciones más (todos los oficiales milicianos, médicos y los oficiales de servicios auxiliares del ejército de Euskadi”.
Brevísimas pinceladas de dos libros que cuentan historias paralelas en el tiempo; en lugares geográficos distanciados por miles de kilómetros, pero igual de bárbaras, igual de desalentadoras y difícilmente imaginables desde la cordura, desde el respeto, desde los fundamentos de la evolución humana… ¡Parece mentira que pueda existir tanta crueldad, tanto menosprecio por la vida, tanta brutalidad anidando en el corazón de quienes se autodenominan seres humanos!
En vísperas de vacaciones, acordamos utilizar esta fórmula para intentar sacar de nuestro interior aquellos recuerdos que se nos habían adherido a la piel y que estaban relacionados con el trabajo y la vida escolar de este primer trimestre del curso 2011-2012. Es una actividad muy apreciada. Todos los niños y niñas pueden responder al pequeño desafío, y hacerlo con un amplio número de respuestas. La lectura posterior de unos y otros nos hace caer en cuenta de cuántos recuerdos son compartidos y qué hay de originalidad en algunos de ellos; e incluso nos permite calibrar qué cosas se recuerdan… Esta es una lista incompleta, pero curiosa; es un resumen de lo que los niños y niñas de quinto recuerdan de lo que han hecho, observado y vivido en este trimestre que termina. Es también una manera de reflexionar y de mirar hacia atrás y es un documento base para comentar y, en muchas ocasiones, para sonreír. Por todo ello, ha merecido la pena hacerlo…
Me acuerdo que el primer día de clase nos mezclaron. Me acuerdo que tenía muchos nervios el primer día de clase. Me acuerdo cuando Mariano dijo mi nombre para que él fuese mi tutor. Me acuerdo de cuando nos separamos de los amigos. Me acuerdo de cuando aprendimos la primera contraseña poética. Me acuerdo de cuando hicimos un texto colectivo sobre las vacaciones con nombres y adjetivos calificativos. Me acuerdo del primer texto largo que hicimos. Me acuerdo del primer día que hicimos biblioteca. Me acuerdo de todos los trabajos que hemos hecho. Me acuerdo de cuando supimos de la muerte de Wangari Maathai. Me acuerdo de cuando Octav trajo bombones. Me acuerdo del día que empezamos el “Cuaderno con nombres propios”. Me acuerdo de cuando me caí por la cuesta de Santa Ana. Me acuerdo que en estudio, leíamos libros. Me acuerdo de los goles que he marcado. Me acuerdo de cuando hacía el saxofón para el festival de navidad. Me acuerdo de los dibujos para Zafra. Me acuerdo del primer día que recité la contraseña poética. Me acuerdo cuando tuvimos problemas con la pelota. Me acuerdo cuando nos dijiste que cada fin de semana haríamos un texto. Me acuerdo cuando Mercè nos vino a felicitar por el patio tan limpio que estábamos dejando. Me acuerdo de cuando ensayábamos la canción. Me acuerdo de la reunión de Representantes. Me acuerdo de cuando no podía escribir porque me hice daño en un dedo. Me acuerdo cuando Mariano dijo una cosa y todos nos pusimos a reír. Me acuerdo cuando jugábamos al toro en el recreo. Me acuerdo cuando el maestro nos dijo la página de “servetbiblio” y la dirección para poder leerla. Me acuerdo de cuando nos llegó el primer paquete desde Zafra.
Me acuerdo cuando apunté mi primer libro en el “Diario de lectura”. Me acuerdo cuando una vez tuvimos que sacar el calendario de la pizarra porque nos molestaba. Me acuerdo del día que creí haber perdido el estuche. Me acuerdo de cuando Mariano nos enseñó los grados del adjetivo. Me acuerdo de jugar en Educación Física a zorros, gallinas y víboras. Me acuerdo de la primera presentación que hice. Me acuerdo del primer comentario que hice en un blog. Me acuerdo de la salida escolar a la Laguna de Sariñena y a Villanueva de Sijena. Me acuerdo de que, cuando llegué, no sabía a qué clase iba. Me acuerdo de cuando empecé mi “Cuaderno de contraseñas diarias”. Me acuerdo del día que Mariano nos dijo quién era Wangari Maathai. Me acuerdo del día que nos dijeron que algunos seríamos padrinos lectores. Me acuerdo del día que empezamos a hacer materiales para los niños de Zafra. Me acuerdo de cuando empezamos a hacer el Cuaderno de Aventuras Bibliotecarias. Me acuerdo del día que Mariano nos leyó un poema sobre “Zafraga”. Me acuerdo de estudiar con Mariano hombres y mujeres importantes de este mundo. Me acuerdo del primer día de tablets. Me acuerdo de cuando nos enseñaron a hacer presentaciones en powerpoint. Me acuerdo de cuándo escribimos nuestro nombres en japonés. Me acuerdo cuando nos dijeron que nos hiciéramos fotografías con árboles. Me acuerdo de las votaciones que hicimos para elegir a un representante. Me acuerdo de la reunión que hicimos para resolver conflictos. Me acuerdo de la contraseña del diablo hocicudo… Me acuerdo que en una clase de biblioteca, dibujamos poesías.
Me acuerdo que hicimos rimas con nuestro nombre. Me acuerdo de cuando había pájaros debajo del tejado y no se callaban. Me acuerdo que un día me corté en plástica con unas tijeras. Me acuerdo que Mariano nos lee en voz alta. Me acuerdo que Héctor nos enseñó a estirar, después de correr. Me acuerdo del día que hice un cuento sobre un árbol. Me acuerdo cuando hicimos un powerpoint sobre una contraseña poética. Me acuerdo del día que nos llegó el paquete de Zafra. Me acuerdo cuando nos presentaste a los niños y niñas de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijiste que teníamos que tirar el envase del bebible en la basura. Me acuerdo cuando me cambiaste de sitio. Me acuerdo cuando Eva nos dijo que haríamos un festival de navidad. Me acuerdo del día que nos felicitó Mercè –la directora- por recoger bien el patio. Me acuerdo del día en el que el maestro nos mostró los libritos hechos por otros niños hace unos años. Me acuerdo cuando fuimos a ver la exposición de fotografías del pasillo. Me acuerdo del día que le hice una carta a Mariano. Me acuerdo cuando estábamos haciendo Educación Física y nos vino a buscar Mercè porque llovía mucho. Me acuerdo cuando me quedé sin patio por hacer el texto muy corto. Me acuerdo de cuando fuimos al cuentacuentos de los bosques. Me acuerdo de cuando comenzó el otoño. Me acuerdo de cuando nos dijeron con qué profesor nos tocaba. Me acuerdo de cuando comenzamos a estudiar las fracciones. Me acuerdo de cuando me aprendí la primera poesía. Me acuerdo cuando fuimos a la biblioteca y Mariano nos leyó un cuento muy interesante.
Me acuerdo que celebramos la fiesta de la Castañada y se puso a llover. Me acuerdo cuando Mariano nos hizo fotos para mandar a los amigos de Zafra. Me acuerdo cuando nos dijeron que teníamos que hacer fotos del otoño. Me acuerdo cuando en conocimiento del medio empezamos a trabajar con tablets y teníamos que buscar información de galaxias, planetas y satélites. Me acuerdo de cuando Héctor nos preguntó qué deporte nos gustaba. Me acuerdo cuando Eva, la profesora de plástica, nos dijo que debíamos traer materiales reciclados. Me acuerdo de leer y comentar noticias en clase. Me acuerdo que me explicaron cosas que no entendía. Me acuerdo de cuando me compré el “pen drive” para los tablets. Me acuerdo de cuando hablamos de los animales carnívoros. Me acuerdo de cuando nos explicaban la hora en inglés. Me acuerdo cuando tocó el timbre a las cuatro y nosotros no sabíamos por qué. Me acuerdo cuando sonó la alarma de incendios. Me acuerdo del primer libro que nos leyó Mariano. Me acuerdo de cuando el maestro nos dijo que íbamos a ser padrinos lectores de unos niños. Me acuerdo que los profesores dicen que no debemos pelearnos. Me acuerdo del primer entrenamiento de futbito en el colegio. Me acuerdo de cuando vimos la pizarra digital. Me acuerdo de cuando hicimos letras grandes para hacer carteles. Me acuerdo de cuando vinieron Ersin y Serkhan. Me acuerdo del primer día que puse un comentario en “servetbiblio”. Me acuerdo de cuando cada uno decía el resultado de una operación. Me acuerdo del día que llegué tarde. Me acuerdo del primer día que hicimos juegos en el pabellón. Me acuerdo de los números romanos. Me acuerdo del cuento que contó María José, de halloween. Me acuerdo del moratón que me hice cuando me atrapé el dedo con la mesa. Me acuerdo cuando en cono hablamos de los planetas. Me acuerdo cuando Mariano nos contaba cosas importantes. Me acuerdo cuando fui a buscar información sobre la xenofobia. Me acuerdo cuando nos hacías fotos con libros. Me acuerdo de mis compañeros antiguos.
¿Y ahora, qué hacemos con este texto colectivo? Ahora toca leerlo, comentarlo (oralmente y por escrito), jugar a reconocerse en esta lista de “meacuerdos” que ha tenido que pasar al ordenador el maestro…
El pasado jueves, festivo en ésta semana denominada por el ingenio popular como “semana de la margarita”, viajamos con Mercè hasta tierras de la Litera. El día prometía porque, después de largas e interminables jornadas de niebla en Fraga, amaneció plácido y soleado. Llegamos a la localidad de Albelda y nos sorprendió el silencio con el que nos recibió y la ausencia casi total de personas por sus calles… Íbamos hasta allí atraídos por algo que habíamos leído hace tiempo en prensa y que confirmamos a través de Internet: la existencia de una red de “aljubs y sies” que podían visitarse y que se habían estudiado y recuperado hace unos años.
De hecho, pudimos leer esta información en una web dedicada a la localidad: “Existe un gran número de aljibes (aljubs) o depósitos para el agua excavados en roca arenisca, entre los que destacan los de la zona de Pedreula, que se remontan a la Edad del Bronce; junto con los silos (sies) o receptáculos para guardar el grano de la cosecha, como las del "Camí Escombrius", de época medieval, que forman parte de su patrimonio artístico. Todos estos elementos se pueden visitar recorriendo la "Ruta d’aljubs i sies", preparada para realizar senderismo o pasear en bicicleta”.
Dimos con ellos y comenzamos la ruta. Su estado de conservación no es el más adecuado para que el personal se anime a visitar estos sorprendentes vestigios del patrimonio etnológico, pero se ve perfectamente su estructura y se adivina su misión. Las formaciones de roca arenisca cedieron hace siglos al trabajo paciente e indesmayable de los habitantes de esta comarca que, ante la escasez de agua, “cortaron” la roca y construyeron estanques que recogían el agua de lluvia. Por otra parte, en un más difícil todavía, horadaron el interior de las pequeñas elevaciones areniscas y arcillosas y crearon auténticas tinajas de piedra, de grandes dimensiones, que sirvieron de silos para guardar el grano de las cosechas. Como he dicho, realmente sorprendente. Uno lamenta que para cerrar las bocas, perfectamente circulares de estas “sies” se haya puesto “tirado” encima de ellas, una especie de “palot” pequeño, de esos que vemos en la base de un montón de ladrillos o de baldosas o de sacos llenos de alguna mercancía… y que manipulan de aquí para allá esos monstruos mecánicos, denominados “toros” y que podemos ver en los almacenes de productos de construcción o de fruta.
No entendemos de rentabilidades turísticas, pero es complicado que, tal como están, pueda invitarse a que se visiten y, por otra parte, es un patrimonio arqueológico y etnográfico muy singular, digno de divulgarse.
Desde hace unos años, Albelda es más conocida por la popular "Festa del Tossino", que suele reunir a miles de personas (en una población de unos 900), un fin de semana del mes de enero y donde los visitantes se ponen tibios de productos derivados del cerdo. Aprovechando ese gentío, podría pensarse en explorar y explotar esa riqueza arqueológica heredada de otros tiempos.
Aún nos topamos con otros puntos de interés en la localidad y hasta ellos nos acercamos para conocerlos un poco mejor: “Dentro de la Villa, destaca la Iglesia Colegiata de Albelda, dedicada a San Vicente, de estilo gótico tardío del siglo XVI, con una única nave cubierta por una bóveda de crucería, capilla entre los contrafuertes y ábside poligonal. Otros monumentos de interés son las ermitas dedicadas a San Roque y San Sebastián. Esta última corona la Villa desde la cima del cerro sonde está enclavada. La ermita de san Roque, se encuentra a dos kilómetros del casco urbano”.
Si hablamos de curiosas coincidencias, éstas tampoco están nada mal. Primero que la iglesia esté dedicada a San Vicente, siendo yo de Labuerda y existiendo al lado mismo de mi pueblo otro núcleo de población llamado San Vicente de Labuerda y en segundo lugar que las dos ermitas de Albelda estén dedicadas a los dos santos que “patronean” las fiestas de Labuerda: Sebastián y Roque. Las dos se hallan bien separadas entre sí, pero con el coche las distancias son cortas. Visitamos la de “Sant Roc”, construida sobre un primer emplazamiento del siglo XVI, en territorio llano, rodeada de campos de cultivo y de bancales de frutales y con fuerte desgaste en sus paredes de piedra arenisca que el viento, la lluvia y los años han erosionado considerablemente y ascendimos por una empinadísima cuesta hasta la de “Sant Sebastià (XVII-XVIII)”, uno de los puntos más elevados del término municipal y desde el que se divisa toda la población.
Y, antes de dejar dicho término, tras la visita a la ermita nombrada de Sant Roc, nos acercamos, utilizando sobre todo la intuición, hasta la “Sabineta”. Sin duda, un árbol singular, una sabina que –según hemos leído- se calcula que debe tener una edad cercana a los 3.000 años (que no sé yo cómo se calculan esas cosas). Incluso se añade que puede ser una de las sabinas más antiguas de Europa. Pues está en medio de un campo de alfalfa, cerca de una línea de aspersores de riego, sin ninguna protección especial… Sin duda, un monumento natural que fotografiamos a nuestro gusto.
Desde allí, cuando la hora de comer empezaba a estar próxima, nos dirigimos a Tamarite, la capital de la comarca de la Litera. Pasamos por la localidad cada vez que viajamos a Figols de Tremp, pero no solemos detenernos, salvo fugazmente a comprar pan y otros productos similares: coca, pastas… en pleno viaje.
Esta vez recorrimos algunas calles de la parte interior de la villa, alrededores de la colegiata, calle Mayor… Toda una zona que contrasta con el paseo central por hallarse en una situación más delicada: casas deshabitadas, algunas en estado casi ruinoso, solares como resultado de derribos, proyectos anunciados de rehabilitación no acometidos… Regresamos al Paseo y buscamos sitio para comer. Y comimos muy bien. Los paseos matinales por Albelda nos abrieron el apetito y el restaurante “El Forn” hizo el resto. Terminada la comida, recorrimos el paseo hasta el monumento a Joaquín Costa para hacer unas fotos del mismo, en este año en el que se celebra el centenario de su fallecimiento.
El caso es que, por estas mismas fechas de 1976, recién terminado el servicio militar, acudí a Huesca, a la -entonces denominada Delegación Provincial de Educación y Ciencia- a pedir destino provisional, y me ofrecieron ir a Sabiñánigo o a Tamarite. Elegí esta última localidad, porque pensé que estaría mejor comunicada con transporte público para poder ir y venir desde Labuerda y me incorporé (creo recordar) el 13 de diciembre de ese año. Permanecí en Tamarite hasta el 30 de junio de 1977. De modo que para mí, Tamarite no es un territorio desconocido, aunque sí es cierto que me cuesta ordenar los recuerdos, porque quedan un poco lejanos. No obstante voy a utilizar esa fórmula de los “meacuerdos” para tratar de componer un puzzle de aquel tiempo.
Me acuerdo que la escuela estaba en dos edificios separados. Me acuerdo que casi todos los días debía caminar de uno al otro para impartir clases o hacer sustituciones. Me acuerdo que era el más joven del colegio, con mis 22 años. Me acuerdo que, como llegué con el curso empezado, mi horario fue siempre provisional y susceptible de ser modificado con las mencionadas sustituciones. Me acuerdo que lo más raro que tenía que hacer era dar clase de religión en 8º de EGB. Me acuerdo que hablábamos de la vida. Me acuerdo que me trataron muy bien en el colegio. Me acuerdo que me hospedaba en la Fonda Amella. Me acuerdo que empecé en una habitación grande, donde pasaba las tardes escribiendo con mi “Olivetti Dora” coplas inventadas, pequeños poemas teñidos de fiebre autonómica y aragonesista. Me acuerdo que aún guardo esas cuartillas escritas con aquella máquina. Me acuerdo que después de las navidades pasé a compartir habitación con el amigo Alberto Pavón que trabajaba en el Banco de Huesca. Me acuerdo que con Alberto íbamos muchas tardes a merendar a Binéfar. Me acuerdo que algunos días después de comer me tumbaba en la cama de la habitación a escuchar música y dos tardes me quedé dormido y me desperté cerca de las cinco. Me acuerdo de algunos maestros y maestras: Mariano, Tomás, Ramón, Modesto, Ana, Puri… Me acuerdo que al año siguiente me escribieron una bonita carta colectiva que aún conservo. Me acuerdo que Tomás y su mujer tenían una librería y yo iba a verlo muchas tardes y charlábamos mucho. Me acuerdo que Tomás era de Bello (Teruel) y me contaba cosas de su pueblo que yo anotaba en diversos papeles. Me acuerdo que años después recibí la noticia del fallecimiento inesperado de Tomás. Me acuerdo que Ramón Monedero, natural de L´Aínsa, me subió un sábado a Labuerda, de propio, con su coche. Me acuerdo que el club de fútbol Tamarite fichó a algunos jugadores con quienes yo había coincidido en el Boscos de Huesca. Me acuerdo que una tarde-noche se presentó en la fonda el Presidente del club y algún directivo más interesados en ficharme porque les habían hablado de mí los antiguos compañeros del Boscos. Me acuerdo que ya entonces había decidido no volver a jugar salvo los partidos de solteros contra casados en las fiestas de mi pueblo y les agradecí el interés, pero mi respuesta fue negativa. Me acuerdo de Ramón, que trabajaba en Extensión Agraria y con el que me fui un fin de semana a Ejea de los Caballeros a celebrar la Fiesta del Agua. Me acuerdo que la fiesta la celebraron bebiendo sobre todo vino y en abundancia. Me acuerdo que por la noche fuimos a cenar conejos a Tauste y de allí a Zaragoza, con un seat 1430 “supermirafiori”, volando literalmente por aquellas carreteras a las tantas de la madrugada. Me acuerdo que iba con otro muchacho detrás y los dos pensábamos que nos íbamos a matar. Me acuerdo que el amigo Ramón desapareció por la noche y no lo volví a ver hasta el día siguiente al mediodía. Me acuerdo que de regreso, paramos en el cuartel de Barbastro a recoger un certificado de haber impartido “Extensión cultural” durante la mili, para canjearlo por un punto en la Delegación de Educación. Me acuerdo que asistimos a varios mítines de partidos políticos, en vísperas de las Elecciones generales de junio de 1977. Me acuerdo del que hizo el PCE en una de las dependencias del colegio: la sala estaba llena de gente y había un ambiente tenso, pero muy expectante. Me acuerdo que fuimos a uno en un cine de Binéfar y no creo que hubiera más de ocho asistentes, para un aforo de más de 300. Me acuerdo que algunas personas con las que tuve relación en aquel tiempo se han borrado involuntaria e irremediablemente de mi memoria. Me acuerdo que el grupo de jotas Alma Literana actuó un par de veces en las fiestas de Labuerda de aquellos años. Me acuerdo que era cuando yo estaba en la Comisión de Fiestas. Me acuerdo que para ir a Barcelona, lo hacía con el tren desde Binéfar. Me acuerdo de las rondas de vinos y tapas con Alberto, Ramón y Miguel Ángel; a veces Ana, María Jesús y Puri, por los tres bares de la localidad: Amella, Joanet y Toro. Me acuerdo de Isabel Tenaille que conducía un programa de éxito al mediodía en TVE...
El pasado lunes, 21 de noviembre, recogimos con Mercè los ejemplares editados del número 125 de El Gurrión en la Imprenta. El martes por la tarde estaban ya en sus bolsas y en tres cajas grandes, y fueron recogidos por el transporte rápido habitual que los sube hasta la oficina de correos de L´Aínsa, desde donde se distribuyen a los domicilios de todos los suscriptores y suscriptoras. El jueves recibí mensajes a través de facebook o correos electrónicos de algunos suscriptores diciéndome que ya lo habían recibido en sus domicilios y que ya lo habían leído… Y ahí es cuando respiro y me felicito del trabajo bien hecho. Y ahí es cuando descanso brevemente, me quito otro peso de encima y empiezo a pensar ya en el número 126, que será el que saldrá el próximo mes de febrero. Esto es un sinvivir, se lo puedo asegurar…
Ha salido el número 125, justo cuando se cumplen 31 años desde que nació la revista. No estamos de celebración, es simplemente nombrar un dato curioso. Y ha salido con 52 páginas (podría haber salido con más de setenta, si hubiera incluido todos los artículos recibidos). El otro dato curioso podría ser el de comprobar la buena salud de que goza la revista, en el sentido de ser apreciada y ser vista como una plataforma de participación en una obra colectiva y como un espacio donde poder escribir, contar historias, dar la opinión, ofrecer información, etc. Me siento contento cuando pienso en el elevado número de personas que la hacemos posible; me siento contento cuando compruebo que muchas de las personas a las que invito a escribir o a contar alguna cosa puntual, responden afirmativamente; me siento contento cuando recibo una colaboración inesperada, de alguien que ha pensado que aquello sobre lo que ha reflexionado o que ha escrito, puede tener acomodo entre las páginas de El Gurrión. Me siento contento, cuando una persona nos hace llegar una fotografía leyendo la revista en un lugar remoto de este mundo.
Me siento muy contento cuando una suscriptora, escribe en su facebook: “Ayer fue un día triste para mí. Solo tuve una alegría. Un pajarico que encontré en el buzón. Vivo muy vivo, como siempre.” Otra nos cuenta: “Hoy me ha llegado El Gurrión. Como siempre, lo he recibido con gran alegría, pero al ver que venia la foto que te mandé...¡¡ me hace mucha ilusión!! Seguiré disfrutando con los artículos tan buenos que trae siempre y que seguro me proporcionarán buenos ratos de entretenimiento”… Y una tercera, me llama hoy por teléfono y desde la atalaya de sus 94 años declara: "te llamo para decirte que he recibido esa magnífica revista que es El Gurrión y que estoy disfrutando con su lectura". En estas comunicaciones y comentarios encuentra uno la gasolina necesaria para seguir realizando una tarea que no es poca cosa y que no deja tiempos ni espacios libres porque, como ya he dicho más arriba, la salida de un ejemplar obliga a concentrarse en la preparación del siguiente.
En estos tiempos que vivimos: bastante convulsos, impredecibles, de perfil negativo, cargados de pesimismo y depresión…, EL GURRIÓN quiere sorprender –más si cabe- a sus potenciales lectores y lectoras, aumentando el número de páginas, lanzando mensajes optimistas y aportando esa cuota de lectura sosegada y reflexiva que se ofrece desde sus páginas.
Quien quiera leer la revista, solo tiene que acceder a la web donde se encuentran, en formato pdf, todos los números desde el 100, inclusive: http://www.elgurrion.com
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P.D.: Curiosamente hoy, el suplemento dominical del periódico El País celebra el 35 aniversario de su nacimiento, con una portada titulada: “35 años, 35 historias”. ¡Casi somos “quintos”!, je, je.
Esta tarde he tenido clase en la biblioteca con el alumnado de 5º A, la primera hora y con el de 5º B a segunda. Hoy he querido sorprenderles con una colección de libros especiales que no pueden encontrarse en las librerías ni en las bibliotecas. Son los “libros libres”, producto de la autoedición. Producto del trabajo de algunos maestros y maestras que fomentan la creatividad de una manera abierta y que posibilitan la confección, la edición de documentos para leer y coleccionar…
La primera sorpresa ha sido cuando les he desvelado mis intenciones de hacer una clase especial con lecturas de libros realizados en el colegio por otros niños y niñas que estuvieron en las aulas antes que ellos y ellas.
La segunda sorpresa ha tenido que ver con el descubrimiento de las intenciones de quienes los escribieron, de los temas desarrollados o de los resultados sorprendentes… La cantidad de “juegos de palabras”, la intención tan distinta de unas composiciones poéticas y de otras; los puntos de partida que originaron cada uno de ellos; la sencillez de los documentos, especialmente de los “desplegables”... Cuando les he comentado que muchos maestros y maestras también “alucinan” un poco cuando ven por primera vez que en un DIN-A3 puede caber tanta información y que resulta un formato ágil y muy manejable.
He presentado primero cuatro ejemplos en formato vertical, doblados por la mitad (29,5 X 10, 5 cm): “¿Qué quieres ser de mayor?” (abril de 2004): “Cuando era pequeño me gustaba ser ASTRONAUTA, pero ya no me gusta; ahora quiero ser CIENTÍFICO. A mí me gusta descubrir y aprender cosas nuevas. Me gustaría descubrir y conocer a otros seres de otro planeta y adaptarme a su forma de ser…”, decía Daniel.
“Te recuerdo, abuela. Te recuerdo, abuelo” (enero de 2006): “Mi abuela se llama María y ahora ya no vive conmigo. Yo recuerdo que por las noches, cuando era más pequeño, siempre me contaba un cuento. También, a veces, historias de terror o de fantasía. Pero siempre me decía que durmiese con los angelitos y eso me gustaba mucho. También había ocasiones en que jugaba conmigo y lo pasábamos bien. Ella también contaba chistes que me hacían reír y me gustaban. Lo que más me gustaba de ella es que yo sabía que me quería mucho”, escribe Santiago.
“Cuentos cortos de cerdos” (curso 2004-2005): La cerdita presumida. “Había una vez una cerdita que se llamaba Rosalía. Rosalía era muy presumida, los domingos siempre se ponía una falda o un vestido. Un día, Rosalía fue a mirar qué ropa se podía poner al día siguiente y vio que todos los vestidos tenían una o dos manchas y gritó: - ¡Socorro, socorro! Una vecina se asomó a la ventana y dijo: - ¿Qué te pasa, Rosalía? Al final, resultó que todo había sido un sueño”, escribe Anna.
“Siguiendo la estela…” (mayo de 2009). Se toman cuatro versos de un poema como modelo para repetir estructura. Por ejemplo: “Había una vez una vaca / en la Quebrada de Humahuaca. / Como era muy vieja, muy vieja / estaba sorda de una oreja” (de María Elena Walsh. Y los chicos de sexto continúan con propuestas como éstas: “Había una vez un caballo / en la casa de un uruguayo. / Había nacido en Toronto / hijo de padres muy tontos”. “Había una vez una jirafa / en medio de una gran plaza. / Como era muy divertida / jugaba con los niños todo el día”…
A continuación, he presentado seis libros libres de tamaño cuartilla (15 X 21 cm) y he ido, como con los anteriores, explicando y leyéndoles parte de su contenido:
“ABECEDARIOS” (mayo de 2000) y hemos leído algunas propuestas, como éste de nombres de persona: “Ana tiene una hermana. Bartola juega a los bolos. Carolina se come una piña. David tiene una cicatriz…” Éste otro de oficios: “… la Maestra enseña a los niños la suma y la resta. El Nadador se tira a la piscina con bañador. El Oficinista haciendo recibos se deja la vista. La Peluquera hace peinados a su manera…” O sobre verbos finalizadores: “Pilar me dice que vayamos a ANDAR. Esther me acompaña a la fuente a BEBER. Javier me invita a su casa a COMER…”
“El mar de Rafael” (noviembre de 1999) lo dedicamos a Rafael Alberti la semana después de su muerte: “El mar de Rafael / lo soñamos con él. / El mar de Rafael / de agua azul y de miel. / El mar de Rafael / huele a rosa y a clavel. / El mar de Rafael / sabe a sal y sabe bien…” O bien “¿Dónde está Rafael? / En el campo buscando miel. / ¿Dónde está Rafael? / Pintando con su mujer. / ¿Dónde está Rafael? / Ni lo sé yo ni lo sabe él. / ¿Dónde está Rafael? / Durmiendo la mar de bien…”
“Brujas pirujas, hechizos, conjuros y brujerías” (marzo de 2002), relacionado con la actividad impulsada en aquel momento por la biblioteca escolar. “Hechizo para hacer que llueva: Olvida el paraguas / canta bien alto / da media vuelta / y ya estás mojado” o aquel otro “para que se recoja sola la habitación: Canta una canción. / Ráscate la nariz. / Mete todo en un cajón / y serás feliz”. Se han reído con esta pequeña retahíla: “Conozco a una bruja de Utrillas / que tiene rotas las zapatillas. / Conozco a una bruja de Monzón / que bebe la leche en porrón. / Conozco a una bruja de Huesca / que en lugar de escoba, conduce una vespa…”
“Para estar en la luna” (noviembre de 2001): “Te reflejas, luna, en el río / haga calor o haga frío. / Te reflejas, luna, en el mar / haga lluvia o malestar. / Te reflejas, luna en mis ojos / como dos brillantes focos…” O un juego de iniciales únicas: “La luna lunera lee los libros, levanta ligeras lechuzas, limpia los límites, labra los latifundios, lame lastimosas lágrimas, liba los labios, liga lazos, lía…”
“D de dragón” (febrero de 2004): “En la ciudad de Daroca / dicen que vive un dragón / que come carne de niño / y bebe vino en porrón”. “Yo conocí a un dragón / que había nacido en Barbastro / y que en vez de caminar / iba con el culo arrastro”… Hemos leído trabalenguas: “Tres dragones traviesos y otros tres dragones tranquilos tramaban trampas terroríficas detrás del trípode” o aprendido el significado de algunas siglas: “ODCC, Organización Dragonil Contra la Cerveza”; “UDE: Unión de Dragones Estúpidos”; “DCBPA: Dragones Chinos Buscan Princesas Alemanas”…
“El libro de los nombres” (septiembre de 2005). En cada página, una rima (o burla) con su nombre, un autorretrato y unas líneas averiguando por qué le pusieron a cada uno y cada una el nombre que tenían.
Seguidamente, he leído en voz alta el texto poético de Juan Farias, titulado “El hombre, el árbol y el camino”, muy propio para el tema de árboles y bosques que estamos trabajando y han podido ver las ilustraciones de una ex alumna a ese precioso texto…
Por último, he presentado 10 ejemplares de Libritos desplegables: “En recuerdo de Ana Pelegrín”; “Poesías plegables y desplegables”; “El libro de los meacuerdos”; “José Antonio Labordeta”; “Pequeños animalillos en cuartetas y “redondillos”; “Meacuerdos”; “Cuentos de bichos”; “Yo de mayor…”; “Las golondrinas regresaron a África… Nosotras y nosotros volvimos al colegio…” y, en último lugar, el recién publicado: “Contraseñas poéticas arboladas”…
En definitiva, una colección de textos, poemas, juegos con palabras, recopilación de refranes, abecedarios, textos informativos y biográficos, recopilaciones, retahílas, acrósticos, citas textuales y citas bibliográficas… Trabajos realizados con todo el rigor necesario que, guardados convenientemente, han servido esta tarde para sorprender a dos clases de chicos y chicas de quinto de primaria. No podían imaginar que otros niños y niñas hubieran hecho lo que escuchaban, primero, y lo que han podido leer después.
Yo he disfrutado mostrándoles estos documentos, leyéndoles algunos pasajes y contándoles algunas anécdotas de cuando fueron concebidos o que ocurrieron en el proceso de creación. Les he dicho que yo he participado en todos los libros, no solo en la gestación de los mismos y en las tareas de mecanografiar los textos, etc., sino que siempre he escrito algo, en la línea que estaba definida la idea y les he leído especialmente uno de los poemas-juego que escribí para Ana Pelegrín (a quien dedicamos uno de esos “plegables” o “desplegables”, poco después de su fallecimiento):
“Cada cual aprenda su juego…
El guapo con la guapa,
la fea con el feo.
Cada cual aprenda su juego…
El sastre con la sastra,
Carmela con Mateo.
Cada cual aprenda su juego…
Tú con la primera,
yo con el primero.
Cada cual aprenda su juego…
Vosotros en noviembre,
nosotros en enero.
Cada cual aprenda su juego…
En las plazas y los parques
o en los patios de recreo.
Cada cual aprenda su juego…
Ana con Pelegrín
y Coronas con Cabrero”.
Y como el tiempo es inexorable y el reloj no se detiene, cuando nos hemos dado cuenta, la hora había terminado y tendremos que buscar otro día para seguir explorando estas manifestaciones colectivas de la creatividad y de la fantasía, porque los chicos han dicho que les había gustado la clase y que querían repetir… Y a mí todo ello, me ha servido de excusa para poder escribir este texto (que ya hace días que debería haberlo hecho).
Hace dos semanas, pensar en los ríos y en los embalses, era pensar en la sequía. Las imágenes que nos devolvía la red arterial del agua era la de cauces casi secos y pantanos terrosos, de suelo cuarteado por la falta de ese líquido necesario. ¡Por fin parece que ha llegado el otoño y con él, las lluvias! He visto fotografías y algún pequeño vídeo de los ríos sobrarbeses: Ara, Cinca, Bellós… Imagino que el Irués, el Barrosa y, más abajo, el Susía, también debían llevar buenas “tumbadas”. El ímpetu con el que las aguas se deslizaban por el cauce parecía sobrecogedor. Siempre que no se desborde, poniendo en peligro la vida y las haciendas, la fuerza imparable del agua de los ríos pirenaicos es un espectáculo grandioso.
Los pantanos, por su parte, van recuperando –poco a poco- esa cuota de agua que los convierte en espectaculares lagos artificiales, superando la imagen deprimente de “cementerio marino” que tenían en los últimos tiempos.
En el post anterior empecé hablando del Cinca y del Ara, y hoy hago lo mismo, pero con nuevas perspectivas. Hoy, hablar de los citados ríos es para celebrar que han recobrado su auténtico sentido y que hacen honor a su nombre. Hoy, llevan agua a raudales y alimentan los embalses y la esperanza, acabando, momentáneamente con el fantasma de la sequía.
El pasado fin de semana anduvimos por las comarcas del Pallars Jussà leridano y por el Sobrarbe oscense. Si hay un tiempo en el que se está bien, bien, por esos parajes, ese es el otoño. En esta estación, el marco de referencia cambia sensiblemente: no hace todavía un frío extremo; ha desaparecido ese calor angustioso del verano; si sales a caminar, estás viendo casi permanentemente, paisajes con coloraciones luminosas; apetece encender el fogaril y rodearlo para apropiarse del calor del fuego; apetece refugiarse en la intimidad de la lectura o de la escritura…
1. En Figols de Tremp aún pudimos coger almendras, ordeñando a mano las ramas bajas de los árboles, y cascar algunos kilos de la cosecha del año pasado. Esas son tareas que, si no te va en ello la supervivencia, se hacen en horario de conveniencia y resultan relajantes. Siempre recuerdo que, estudiando en el Instituto de L´Aínsa, en esta época, nos acercábamos a una finca de Labuerda, en la que el dueño tenía cientos de almendros grandes y después de que los hubiera “cogido”, nos daba permiso para ir a “respigar” (recoger aquellas almendras que habían quedado por el suelo y que él no pensaba coger). Como eran tiempos de economía escasa, pero racional, íbamos con mi hermana uno o varios sábados por la tarde y llenábamos una canasta grande cada día, con cuya venta podíamos comprar unas zapatillas, por ejemplo. Hoy, con una canasta de almendras, es posible que nos dieran, no unas zapatillas para cada uno, sino los cordones de una de ellas…
Uno de los espectáculos naturales más interesantes al que uno puede asistir en este pequeño pueblo que he nombrado –Figols de Tremp, el pueblo de Mercè- es al planeo majestuoso de una nutrida bandada de buitres leonados que, cada día, se acercan al vertedero comarcal y lo sobrevuelan y se posan en él, buscando alimento. En ocasiones se detienen en una pequeña formación de robles que se hallan dentro del perímetro alambrado de la instalación y uno puede acercarse un poco a fotografiarlos, a verlos despegar desde cerca y a sentir su inquietante presencia. Son aves que alcanzan casi los tres metros de punta a punta, con las alas extendidas. Observarlos desde la terraza de casa con los prismáticos es también un gozo. Son aves con un poderoso vuelo, capaces de permanecer “una eternidad” planeando sin mover las alas, jugando con las corrientes invisibles de aire.
En Figols no hay una vegetación exuberante, pero podemos encontrar un amplio catálogo de árboles que, en este tiempo, semejan llamaradas: moreras, nogales, arces, almeces...; robles que andan cambiando de color, almendros, higueras, parras y cepas y muchas encinas que ponen a los tonos amarillos, rojos, anaranjados… un fondo oscuro reivindicativo, como diciendo: “¡Que los de hoja perenne seguimos aquí!” La estancia en un lugar tan apacible, cuando llega la temprana noche otoñal, se complementa con la posibilidad de hojear documentación “histórica” que tengo allí archivada, entre la que me voy encontrando con frecuencia materiales que ya no recordaba que guardara (en muchos caos, ni recordaba que los hubiera hecho). Muchos de ellos, la gran mayoría, tiene que ver con el trabajo en la escuela, tanto de Mercé como mío y esa “enfermedad” de guardarlo casi todo... Como también guardo libros, revistas, recortes y suplementos de prensa, las posibilidades de leer, hojear, anotar y escribir aumentan considerablemente y el tiempo siempre parece poco para satisfacer la curiosidad que se acrecienta a medida que se abren nuevas cajas o carpetas y aparecen a la vista nuevos documentos…
2. Como el fin de semana era largo (puente de Todos los Santos), desde Figols nos acercamos a Labuerda, con similares intenciones. Allí está mi campamento base y siempre falta tiempo para revolver, remover, releer, remirar… diversos tipos de documentos que uno atesora, no con la suficiente organización que desearía (sobre todo, por falta de tiempo, o eso es lo que me digo), pero que proporcionan momentos de plácida lectura o de agradable sorpresa. En Labuerda nos esperaban algunos chaparrones que anunciaban lo que el resto de la semana ha acabado siendo: un temporal de otoño con considerable intensidad.
Un paseo por la huerta y la orilla del río, permitió tomar algunas fotos muy, muy otoñales. Algunas formaciones de chopos (éstos sí, como antorchas encendidas) estaban realmente esplendorosos; y no sólo por ese amarillo flamígero de su estampa, sino por la alfombra del mismo color que se forma en el suelo, como consecuencia de la incesante caída de las hojas. El contraste entre el verde de los prados y huertos con el tono de las hojas de los árboles que los jalonan resultaba muy atractivo. Luego estaban las voluminosas moreras y los enormes nogales, en cuyas copas convivían sin problemas hojas verdes con otras amarillas y tonos intermedios, ofreciendo una imagen realmente hermosa. Algunos caminos, jalonados por diferentes ejemplares de un “arbol de infancia” -el almez-, llamado laitonero o litonero presentaban también bellas y reconfortantes imágenes otoñales. Le llamo “árbol de infancia”, por el aprecio que teníamos hacía sus frutos: los “laitones”, “litones” o “litóns”. Aunque son poco carnosos y haría falta comerse el “laitonero” entero para saciar el hambre, son gustosos y tiene dentro un hueso esférico (el “ruejo”) que los convertía en valiosos proyectiles, cuando eran disparados con un canuto de caña, contra la nuca, la cara o las piernas de algún compañero descuidado.
Recordaba, estando en Labuerda, que desde la biblioteca escolar del colegio íbamos a trabajar este trimestre en torno al Año Internacional de los Bosques y aproveché para montar una presentación, destinada a mis alumnos y alumnas, que podéis ver, pinchando en el título de la misma: El bosque.
Y, hoy sábado, aquí en Fraga, después de las lluvias de estos dos días pasados, el cielo sigue nublado y en cualquier momento podría volver a llover…
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P.D. Pero no es el único sitio donde llueve. La actualidad informativa sigue produciendo una lluvia incesante de noticias nada agradables. En el juicio contra varios etarras, la jueza que presidía el tribunal, después de ver con qué desprecio y “alegría” escuchaban los acusados, a la viuda del asesinado, relatar dolorosamente el momento de la muerte de su marido, se le escapó aquello de “Y encima se ríen estos cabrones”… Y, por lo visto, eso no se le puede decir, ni en voz baja, a un asesino. Pues yo también lo pienso cada vez que los veo (en ése y en otros juicios) con esa actitud prepotente, despreciativa e indecente.
Hoy he visto una foto en la primera página de los periódicos de Adoración Zubeldia, la viuda que ha tenido que repetir la declaración por la dimisión de la jueza y esa mujer nos deja un gesto de valentía, deteniéndose –una vez terminada su declaración- a mirar cara a cara a los asesinos de su marido. Algunos gestos nos devuelven el valor de la dignidad, eso que no cotiza en bolsa, pero que nos diferencia de los salvajes y de los cobardes.
Los ríos Cinca y Ara bajan, en este otoño atípico y menguado en lluvias, con un caudal paupérrimo. Se arrastran pesadamente dejándose llevar por los suaves desniveles que ofrecen sus cauces, como pidiendo nubes preñadas de agua y tiempos de fuertes lluvias, que no acaban de llegar…
1. Hace unos días estuvimos en Mediano y caminamos durante casi dos horas por “el fondo de un pantano”. ¡Vaya viaje más desolador! Antes de iniciar ese recorrido, consulté mis álbumes de fotos y descubrí que en septiembre de 1998 los bajos niveles de agua eran similares a los de este año. Consulté también los “gurriones” de esas fechas y pude releer un artículo, titulado “Viaje al fondo de un pantano” que se publicó en la página 7 del número 73 de la revista, aparecida en noviembre de 1998, con una foto ilustrativa. También en la portada del número 75 (mayo de 1999) aparece una foto que reflejaba esa situación de bajos niveles de agua embalsada. La vida es cíclica, al decir de algunos, y algo de razón deben tener cuando se repiten visiones y sensaciones que uno cree haber vivido ya…
Estamos, pues, ante un fenómeno que, no por menos repetido, causa honda preocupación. Porque los embalses, una vez construidos y aceptados o superados todos los aspectos negativos que producen, lucen espléndidos cuando la cota de agua acumulada es elevada y dan pavor cuando se ve la tierra reseca y cuarteada del fondo o cuando asoman ruinas que habitualmente están sumergidas. Y es que esa circunstancia, al margen de otras consideraciones, afecta a la memoria de cuando la vida transcurría, lenta pero diaria y emocionante, por los entresijos del tiempo habitado.
Mediano, en esta primera parte del otoño, tiene el rostro lúgubre de un cadáver que ha sido desenterrado en unas excavaciones. Se hace visible la elevada y orgullosa torre, la desvencijada iglesia adosada, pero todavía en pie, y la sorprendente exconjuradera, con un agujero hacia las nubes en su curiosa bóveda interior. En las inmediaciones, nos topamos con las ruinas de las casas derruidas por las bienintencionadas autoridades “para que nadie tomara mal”; ruinas que son claros exponentes del cataclismo que se cernió sobre el pueblo. Aún son visibles maderos y vigas, entre las piedras y los cascotes de hormigón y los “marueños” de aquéllas en posición caótica. Podemos contemplar gruesos bloques pétreos en paredes que aterrazaban algunas zonas de cultivo y que según desde dónde las enfocas, ofrecen a su espalda la visión de montañas emblemáticas de la comarca, como la Peña Montañesa, los Treserols o las Tres Marías (esta vez, sin una gota de nieve en las altivas cimas), como poniendo unas gotas de poesía paisajística a su duro estado actual, o dulcificándolo, sin conseguirlo.
Y más allá, un paisaje lunar, formado por pequeñas o suaves hondonadas de antiguos barrancos, de desniveles que llevan muchos días, muchos años siendo el fondo de un mar interior, por mor del interés común y del progreso.
Hay esqueletos de árboles submarinos que se mantienen enhiestos, como esperando primaveras imposibles; árboles que han quedado como fosilizados, desprovistos de ramas, de flores y de frutos; testigos de antiguos paisajes, hoy a la fuerza, imaginarios. Troncos desnudos sobre los que vuelven a posarse algunos pájaros que, tal vez, ablanden o revitalicen su duro corazón de madera.
Los puentes que unieron a gentes y lugares, hoy ya no van a ninguna parte; mantienen, eso sí, sus columnas o su arco; los malecones que delimitaban su extensión o la barandilla metálica que, incomprensiblemente, no se oxida bajo el agua.
Todo, con un color blanquecino, donde la tierra se convirtió en lodo y éste en polvo que el viento levanta y deposita sin ningún sentido ni finalidad. Bandadas de pájaros picotean por la reseca tierra que, en los antiguos campos ofrece pírricos frutos de cosechas malogradas.
¡Qué buen momento éste para las visitas guiadas! La Confederación Hidrográfica del Ebro, o quienquiera que sea dueño de esta geografía ahora visible, debería promover viajes de reconocimiento entre sus afiliados. Las comunidades de regantes deberían organizar, entre sus socios, excursiones para conocer de primera mano los efectos devastadores que sus legítimas aspiraciones de regar más tierras, causaron y causan en los territorios donde se construyen los pantanos. Sería una acción pedagógica de mucho interés. Cuando los embalses están llenos, quedamos admirados por esas enormes manchas azules que prometen generosas cosechas, agua de boca y energía para fabricar electricidad, pero cuando los niveles bajan hasta los extremos de este otoño, les aseguro que hasta los ojos acaban doloridos de contemplar la imagen de la desolación.
Y si miras hacia el norte, lo que ven tus ojos tampoco anima. La barrera montañosa de los Pirineos centrales se muestra imponente, pero no se adivina ni una mancha blanquecina, ni una gota de nieve, cuyo deshielo aportaría aguas frías y saltarinas al débil caudal del Cinca. De modo que, tras el largo paseo y los disparos de la cámara de fotos, comenzamos el regreso. Desandamos el camino, alejándonos del núcleo desolado de un pueblo que desapareció bajo las aguas y que emerge de tanto en tanto para recordarnos el precio que pagaron los vecinos que allí vivían y que fueron obligados a abandonarlo. Regresamos con un rictus de tristeza en nuestros rostros y con la única esperanza posible: que empiecen pronto las lluvias para que el agua crezca y tape esa herida reseca y dolorosa que resulta menos punzante cuando no la vemos.
2. Y cambiando de sitio, al día siguiente de este singular viaje, ascendemos el valle del Ara hasta Albella. El Ara, como ya he comentado semeja, en muchos tramos, una mancha inmóvil de agua, tan escaso es su caudal. En los alrededores de Boltaña, contemplamos preciosas imágenes del otoño, personalizadas en formaciones de chopos amarillos que crecen en sus orillas y que ponen un tono poético a la escasez. Atravesamos el Ara por el puente de Ligüerre y continuamos por la carretera estrecha que nos lleva hasta Albella. Estamos frente al valle de La Solana, iluminada por el sol otoñal de la tarde, en la que se intuyen algunos núcleos abandonados, casi tragados por una vegetación selvática. Nada más llegar a Albella, nos encontramos con Concha, a quien conocemos. Nos deja las llaves de la ermita de San Úrbez y hacia allí nos dirigimos con Mercè para verla y para contemplar los paisajes que desde el pequeño altozano en el que está ubicada se ofrecen ante nuestros ojos. Abrimos con tres llaves otros tantos candados y accedemos a un recinto pequeño, con varios altares laterales profusamente decorados con pinturas murales y repletos de imágenes religiosas. Nos llama poderosamente la atención el suelo de piedras de río colocadas formando dibujos geométricos, muy vistosos y cuidados. Este Úrbez debió ser un santo de cuidado, pues le conocemos, por lo menos, tres ermitas: la de Añisclo, ésta de Albella y la de Nocito, sin descartar que haya otras. Esa extraña ubicuidad, seguro que generó un gran número de devotos y devotas. Por fuera, la construcción es curiosa, con varios tejadillos, rematados con una sencilla espadaña, que alberga una pequeña campana y todas las fachadas pintadas de blanco inmaculado. Frente a la verja de la puerta crece un airoso almez (laitonero, en esta tierra), repleto de frutos (laitóns) maduros. La tarde tiene una luz brillante, no sé si otoñal, y puedo hacer fotos a discreción. Me gusta una en la que puedo encuadrar perfectamente la ermita en primer plano y la Peña Montañesa en el fondo (también desde aquí se ve la Peña). Había fotografiado antes esta ermita pero desde lejos (fue portada del número 95 de El Gurrión, publicado en mayo de 2004). Por cierto, la vieja baldosa adosada a la pared de la entrada principal, tiene escrito “Hermita”, una falta de ortografía festivamente perpetuada que, creo, revaloriza la baldosa en cuestión.
Regresamos al pueblo por otra calle para poder fotografiar la portada de la iglesia y la casa consistorial y casa escuela que se encuentra casi adosada. Ambas se encuentran en estado ruinoso. El tejadillo de la torre está semiderruido, así como el tejado de la casa consistorial. Está cerrado con vallas el acceso a la iglesia por razones obvias.
En el resto del lugar se aprecian muchas obras de rehabilitación; entre ellas una vistosa casa de turismo rural, a la que le llegan cuatro clientes mientras estamos por allí. Concha nos acompaña hasta su casa, casa Cebollero, de fachada grandiosa, en la que podemos ver el suelo del patio trabajado con piedrecitas de río, haciendo diversas figuras y algo deteriorado, nos dice, por ser paso de caballerías durante mucho tiempo. A pesar de todo, de mucho interés. Luego subimos hasta la gran sala-comedor que tiene un suelo como los comentados de la ermita y el patio. Mucho más trabajado, con figuras muy variadas y realizadas con enorme precisión. Por las dimensiones y los dibujos, una auténtica obra de arte que han sabido preservar, a pesar de los inconvenientes para barrerlo y mantenerlo limpio, nos comenta Concha. Alargamos un poco la conversación y nos despedimos porque queremos visitar todavía los pueblos de Planillo y San Felices y hasta allí llegamos para recorrer sus pequeños recintos, comprobar que en ambos se rehabilitan y reconstruyen casas y hacer fotos de escudos nobiliarios, chamineras, portaladas, campanarios y algunas muestras del otoño, visibles en chopos, arces, caixigos, etc.
Vemos al frente La Velilla, derruida, y hacia lo alto, el enclave vacío y sin esperanza de Cámpol que visitamos hace menos de un mes y recordamos las ruinas de Lacort, al otro lado del Ara y las de Jánovas que no vemos pero que intuimos debajo de un monte delante nuestro. Hemos pasado de un Mediano inundado a un Jánovas de papel y constatamos que tanto el pantano que se hizo como el que no se hizo han producido similares resultados, sobre todo ahora que Mediano está vacío. Y, por encima de todo, constatamos el esfuerzo de muchos sobrarbeses por levantar lo caído, por recuperar lo perdido, como un grito que reafirme su existencia. En medio de todo y, a pesar de las ruinas tapadas por los zarzales, una señal de esperanza.
La verdad es que no sé por dónde empezar. Llevo demasiados días sin escribir en este blog; sin ofrecer una reflexión, contar una excursión o realizar una observación sobre algo ocurrido en el devenir diario. Y no será porque falten temas, pero así es la vida. En ocasiones nos pasamos el tiempo recordando algunas cosas que deberíamos hacer, pero sin encontrar un momento adecuado para hacerlas. Hace días que me invade esa sensación, de que una voz interior me susurra: “tendrías que escribir algo, ¡hombre!”, pero lo voy dejando para mañana, sin darme casi cuenta que todos los días tienen “un” mañana…
Reconozco que en estos tiempos convulsos en lo económico y en lo político, podría encontrar un buen filón para escribir; ¡bien que lo han encontrado diariamente y desde hace meses los medios de comunicación! Así que, aunque solo sea tangencialmente, voy a intentar ocuparme de ello, para decir un par de cosas.
Me parece que este ataque generalizado hacia la salud y la educación que están realizando los nuevos gobiernos regionales es claramente un ataque al futuro; o, al menos, a un tipo de futuro determinado (también, desde luego, un futuro claramente imperfecto), en el que la salud y la educación públicas hayan disminuido su presencia y, en buena parte, se hayan privatizado. No tiene nada que ver con la calidad ni se nos puede vender la mentira de que “no pasa nada”, de que todo sigue igual, a pesar de esos recortes que afectan a personas y servicios. En el tema de la enseñanza, no es igual dar clase a grupos de más de veinticinco o treinta chicos y chicas que a grupos de quince y eso tiene que ver con el número de maestros y maestras, de profesorado que puedan trabajar La enseñanza pública debería de cuidarse especialmente puesto que a los centros públicos acude la mayor parte del alumnado proveniente de la emigración y de todos los sectores sociales más desfavorecidos y ello requiere más personal para atender problemáticas que la escuela concertada se quita de encima haciendo una “selección natural” que daría risa sino porque es un asunto muy serio. Arrastramos, en este país, un problema gordo desde el principio. Aquí deberían de existir dos tipos de centros, los públicos, sostenidos con fondos públicos y los privados, pagados por las familias que quisieran optar por ellos. Todo lo demás resulta tan hipócrita y tan vergonzoso… Recortar en salud y en educación, ¡qué disparate! ¿Acaso alguien puede querer que la población de su país goce de mala salud y tenga unos niveles educativos deplorables? ¡Pues, menudo futuro!
Podríamos recortar en armamento; podríamos eliminar cientos de cargos burocráticos, nombrados a dedo por los políticos de turno que nadie sabe para que sirven, más allá de colocar a los amigos y familiares o de tener alrededor gente sumisa en quien apoyarse; podríamos revisar las cadenas autonómicas de televisión, la mayoría escandalosamente deficitarias, ¿a qué intereses sirven?; podríamos ahorrar en infraestructuras inútiles (tenemos 50 aeropuertos, algunos no se estrenarán nunca y la mayoría con déficits millonarios. En Alemania funcionan 18); podríamos olvidarnos de las campañas electorales que empiezan tres meses antes de la fecha en la que deben comenzar y que suponen un gasto millonario en viajes, comidas, propaganda, alquileres de recintos, regalos, hoteles… Podríamos reducir el número de políticos: municipales, comarcales, provinciales, autonómicos, nacionales, europeos… Quizá así los “castings” fueran más efectivos y seleccionando más se quedaran fuera los incompetentes y los deshonestos… Ahora hay tantos que, por lo visto, hasta esos tienen sitio en las tareas de representación. Y podríamos seguir hablando del fraude fiscal, de la existencia de los paraísos fiscales…
Sobre la capitalización de los bancos, realizada con dinero público, llevamos un cabreo descomunal. No sé si en alguna época los banqueros han sido de fiar, seguramente sí. Actualmente –en general, claro; alguna excepción habrá- han dado una lección terrible de desvergüenza y de amoral (si es que pueden darse lecciones de algo así). Anduvieron un tiempo reclutando amablemente, con todos los elementos de seducción posibles, a ingenuos clientes (algunos quizá no tan ingenuos) para que compraran todo aquello con lo que soñaban (y si no lo habían soñado, los banqueros se encargaban de que lo soñasen a partir de la entrevista), utilizando todas las hipotecas posibles, a devolver con todas las facilidades habidas y por haber. Cuando se desinfló la economía virtual, los hipotecados cayeron bruscamente de la nube, se despertaron violentamente del sueño y se encontraron en la indigencia. Los banqueros cerraron las puertas de sus “tiendas” y ya no conocían a nadie. Los hipotecados perdieron el coche y el piso (éste pasó a ser propiedad del banco) y se decretó que, aún en esas circunstancias, debían seguir amortizando la hipoteca. ¡Qué legislación! ¡Qué derroche de justicia! Mientras tanto, los bancos han seguido aireando beneficios de manera un tanto indecente y los directivos, cobrando sumas estratosféricas (incluso cuando han llevado al banco o a la caja a la bancarrota), como indemnización. ¡Qué legislación! ¡Qué derroche de justicia!
Cada noticia relacionada con esos asuntos, hace que nos acordemos de Islandia y de la persecución de los responsables de lo que allí pasó… Porque, ¡qué pasa!, ¿Qué aquí no ha habido ningún responsable de nada? Desconozco los procesos judiciales que se abren en otros países, en los que se cuestiona la honradez y la responsabilidad de personas cercanas a los poderes financieros, económicos, políticos, empresariales, etc. pero en este país nuestro estamos hartos de que esos procesos se alarguen en el tiempo hasta límites insospechados. Al final, los ciudadanos inmersos en asuntos de vida cotidiana, ya no recordamos si fue condenado aquel sinvergüenza, si fue absuelto indebidamente aquel ladrón de guante blanco o si todavía dura el proceso contra el que se enriqueció escandalosamente en pocos años (por supuesto, sin trabajar, que es como últimamente se amasan las grandes fortunas). La verdad es que estamos bien servidos de mangantes, de gente sin escrúpulos, de tipos que medran amparados en amiguismos, en invisibilidades sospechosas y que les importa un pimiento que un elevado número de personas las pasen estrechas o vean el futuro realmente negro y comprometido para encontrar estímulos que animen a seguir viviendo. Personalmente, siento asco con frecuencia de esta situación; siento vergüenza de vivir en un país que no se acaba de quitar ese lastre de pillería, de doble moral, de hipocresía sin fin y de envidia generalizada…Tenemos para todo ello una asombrosa y nada envidiable fecundidad.
Estos días del largo puente del Pilar, con fiestas mayores en Fraga, hemos estado por Sobrarbe. En otro post hablaré de ello. Y una de las cosas que he hecho ha sido escuchar profusamente dos CDs de un dúo aragonés que comenzó en la canción popular a principios de los setenta (del siglo pasado, claro). Me refiero a La Bullonera: Javier Maestre y Eduardo Paz. Han pasado 35 años y escucho y leo las letras de algunas de sus canciones y veo que son perfectamente actuales. Las podían haber escrito para describir lo que hemos vivido y estamos viviendo y lo que he contado anteriormente. Debo decir que la música popular sobre la que construyeron buena parte de sus canciones y las ingeniosas letras creadas por ellos, forman un tandem poetico-musical que resulta maravilloso escucharlo. He disfrutado escuchándolas una y otra vez y, de paso, me han ayudado a conjurar (o a exconjurar, ya que estamos en Sobrarbe) toda la mierda que uno percibe a su alrededor.
Comenzaremos con una afirmación del valor del trabajo honrado y recordaremos para ello la canción que encabezaba el primero de sus discos: “Venimos simplemente a trabajar”. Para mí una de las más hermosas que compusieron y que dice: “No hemos venido aquí para deciros / que está dura la vida aquí debajo; / para eso está el jornal, la ley, el palo: / por eso la miseria, el herido, el condenado”. (…) “Venimos simplemente a trabajar; / como uno más, a arrimar el hombro al tajo. / Esta es nuestra herramienta: nuestras voces. / Esta nuestra canción: nuestro trabajo”. (…) “Queremos cantar al campesino, / al obrero industrial, al estudiante, / a los hombres y mujeres de esta tierra, / todos juntos dando un paso hacia adelante. / Venimos a hablar, pues, sobre la vida / desde un lugar familiar para nosotros, / que es el mismo lugar que en todas partes / le reserva al oprimido el poderoso. / Venimos simplemente a trabajar…”
En la que se titula “La bolsa o la vida”, dicen cosas tan reales y “divertidas”, tan actuales como: “Al que roba en una casa / si lo pillan lo encarcelan; / al que especula con ellas / no hay guardia que lo detenga. Ya no van con palanqueta / ni pistola ni antifaz/ que tienen inmobiliarias / los ladrones de verdad”. Y más adelante, en la misma canción, escuchamos: “Dicen que la economía / se está poniendo fatal: / porque los obreros piden / que les suban el jornal. Lo dice la patronal, / lo dice y sabe que miente; / miente para conservar / sus privilegios de siempre… Y todo ello adornado con un estribillo de chufla que coreábamos con mucho contento y que podríamos volver a cantar, cada vez que escuchamos una declaración altisonante o un disparate cotidiano, salido de la boca de nuestros próceres: ¡Ay, tachún, tararachun, ay tachún, tarará…!
También resulta agradable escuchar la que se titula “Canción de la esperanza unida”, en cuya letra podemos encontrar nuevos motivos para leerla y cantarla: “Oigo que se levantan voluntades hermanas / y prenden en el aire sus hermosas palabras / llenando este silencio con vientos de esperanza / por encima del miedo, el terror, la amenaza. Pongo mi voz, / para quien quiera usarla / como su propia voz / como su propia arma”.
Y cuando pensábamos que los “americanos” habían abandonado ya todas las bases en suelo español, resulta que un nuevo acuerdo bilateral ha llevado al actual Gobierno a permitir de nuevo que la base de Rota sea utilizada por ellos. Así que habrá que volver a escuchar la primera parte de sus celebradas “Jotas de ronda”: “Ya te pues traer aviones, / chiclé, leche en polvo o queso, / que mi pueblo ha dicho no / al forajido extranjero. Y más te vale irte ahora / que se nos hinchen los huevos / y caigas del Puente Piedra / de cabecica hasta el Ebro”. Rupu – rrupu – rún / rupu – rrupu – rún vienen los aviones / Rupu – rrupu – rún / rupu – rrupu – rún traen a Smith y a James. / Rata – tata – tá / rata – tata – tá no van a salir / ni los aeroplanos / ni los aeroplanos / ni el James ni Smith”.
Y ya para terminar este singular y modesto homenaje a La Bullonera, dos jotas: la primera relacionada con la educación y lo que ya se intuía: “Para tener en la vida / educación esmerada: / viva Dios, viva la Virgen / y la enseñanza privada”. y la segunda, viendo la sequía atroz en la que estamos metidos, para que nos sirva de rogativa festiva y laica, a ver si empieza a llover de una vez: “Cuando empezaba el Diluvio, / todos estaban alegres, / diciéndose unos a otros: / ¡Qué buen año va a ser éste!” Y no me digan que estos chicos de La Bullonera no eran unos profetas…
P.D.: El 12 de agosto de 1977, La Bullonera actuó en la Plaza Mayor de Labuerda.
El martes 25 de mayo de 1982, hace casi 30 años, empezó a publicarse en el diario El País un suplemento de Educación, de 8 páginas. Mi colección particular llega hasta el número 258, publicado el 22 de diciembre de 1987: cinco años y medio de suplementos, encuadernados en cuatro tomos, aunque faltan algunos números ¡Qué cosas hubo, que ya no hay! ¡Y qué cosas había ya planteadas que aún no se han resuelto! Haz memoria…
He estado echándoles un vistazo este fin de semana y he recordado y releído artículos de opinión, noticias, experiencias, etc. Me gusta mucho pasar algunas horas mirando o releyendo periódicos viejos, ya lo he explicado más de una vez. Siempre que lo hago, encuentro alguna noticia sorprendente, algún artículo que no recuerdo haber leído y que me alegra haberlo encontrado en esta última revisión. Si además hablan de temas educativos y uno ve que asuntos actuales ya eran preocupación esencial hace veinticinco o treinta años, uno no sabe si sonreír o llorar… También hay referencias a cuestiones que hoy ya no están vigentes y que en su día fueron importantes para un sector amplio del colectivo docente. En definitiva, reportajes, informes, artículos de opinión, convocatorias, noticias, análisis, relatos pedagógicos, experiencias, entrevistas, reseñas de libros… que retratan conflictos, anhelos, logros, decisiones, carencias, polémicas…
Como consecuencia de esa incursión en esta particular hemeroteca educativa me he entretenido en anotar una selección de titulares de noticias: las comprendidas entre el número 1 del citado suplemento y el número 50, aparecido el 10 de mayo de 1983; casi un año, por tanto de “El País Educación”, incompleto, porque me faltan algunos números, como ya he comentado. ¿Finalidad? Entretenimiento de fin de semana y ofrecimiento de material periodístico que muestra algunas pinceladas de una época social, política y educativa esperanzadora (años 80) y que nos permite, como decía, vislumbrar siquiera en qué punto estamos viendo de dónde venimos, además de satisfacer otras curiosidades. También puede servirnos de sumario en el que localizar algún asunto del que podremos investigar a través de Internet y en el que no habíamos pensado hasta encontrarlo escrito en esta larga relación temática. Y para no alargarme, estas cosas ocurrían, estos temas eran actualidad, en el mundo de la educación, hace casi treinta años:
Escuelas de verano: medio centenar de cursos entre julio y septiembre. Los estudiantes de BUP madrileños son antibelicistas, según Justicia y Paz. Un presente de estudios, un futuro de paro. La entrada de la prensa en las aulas, una tarea urgente. El problema de educar la creatividad. Posible procesamiento por escándalo público de varios profesores de un instituto gaditano: algunos padres denunciaron la reproducción de las pintadas de los retretes en una revista que edita el centro. Primera promoción de una escuela milaniana en Salamanca. Los expertos no excluyen la utilización de calculadoras en el bachillerato. El juego también se aprende: desde pequeños aprenden a crear su propio universo cultural. Cualquier propuesta de animación cultural debe fundamentarse siempre en bases pedagógicas. Solo un 3% de los escolares dispone de instalaciones deportivas dignas. Sobre el consumo de cursillos y otras modas. La formación de adultos en universidades populares. Las ideas políticas de los niños: los niños no entienden el sistema político. Para ellos, la tarea principal de los políticos es hablar.
Los niños son artistas sin proponérselo. Enseñanza confesional y órdenes religiosas: una crisis que se agranda por dificultades económicas y escasez de vocaciones. Numerosas escuelas privadas catalanas quieren ser públicas. La informática, como asignatura: una veintena de centros incluyen ordenadores entre su material didáctico. Desventuras académicas de ilustres suspendidos: Grande Covián, Savater, Cela, Einstein, Alberti, Gaudí, Castilla del Pino, Machado, Dalí, Tamales, Luis Calvo, representan la relativa importancia de un fracaso en las evaluaciones. Lenguaje y lectura: si a gusano le quitamos “gu”, queda la cola. Gabinetes psicopedagógicos y calidad de la enseñanza. Taller de arte infantil, un rincón en la escuela. Las reformas oficiales no convencen al profesorado. Lo educadores rechazan la televisión. La angustia colectiva de los educadores. La integración de los disminuidos en las escuelas, motor del cambio de la enseñanza tradicional. El Centro Carmen Amaya, una iniciativa gitana de integración.
La universidad, entre la masificación y la penuria. La necesaria revisión de la formación de los maestros: el actual Ministerio de Educación ultima un estudio sobre la reforma de las escuelas en las que se preparan los profesores y los procedimientos de acceso a la función docente. Los alumnos de los colegios públicos suspenden más. La reina de las ciencias y de los suspensos: la enseñanza de la matemática moderna ha constituido un fracaso y no ha resuelto los problemas que se planteaban con la matemática tradicional. Las posibilidades didácticas del vídeo: no es un mero subsidiario del cine, puesto que posee su propia especifidad y resulta un medio ideal para que el niño pueda investigar su propio entorno. Se extiende la prohibición de fumar en las aulas. El rompecabezas del autismo: cuando un niño no reconoce a su madre a los siete meses expresa tanto una dificultad relacional y afectiva como un déficit en su memoria de reconocimiento. Rosa Sensat, vanguardia de la renovación pedagógica. Tensión por el control de la enseñanza del eusquera: el proceso de euskaldunización parte de la realidad de un 11% de la población que utiliza normalmente el eusquera en la actualidad. El PSOE realiza en Andalucía su programa de consejos escolares. La Constitución, materia de educación para la democracia: en los dos primeros cursos de BUP no se enseña educación cívico-social. Escolares de 7º de EGB redactan su propia “constitución”. Un mecano vale más que cien horas de clase.
Primeras experiencias de ludotecas en Cataluña y Madrid. Los objetivos de la educación ambiental: la identificación entre medio ambiente y ecología es tan equívoca como la que se produce entre educación ambiental y ciencias naturales. AP (Alianza Popular) intenta desconcentrar el sistema educativo en Galicia. Animación sociocultural, la nueva educación popular. La “Siberia Extremeña”, una experiencia rural. 25.000 niños acoge la Obra de Protección de Menores. El largo camino entre la guardería y la escuela infantil: más del 80% de los centros infantiles son “piratas”, instalados en pisos, con cuidadoras menores de edad, horarios altos, sueldos de hambre, número excesivo de niños y condiciones lamentables. Cien años decisivos en el estudio del niño. Insatisfactoria implantación del Ciclo Inicial de EGB. Paralíticos cerebrales estudian preescolar. Crisis de la profesión docente en Suecia. Estudiar en la cárcel, una penosa vía de rehabilitación: solo el 2% de la población penal española cursa alguna modalidad de estudios en los distintos niveles de enseñanza. Las “ikastolas”, objetivo esencial para el Gobierno vasco. La UNED, una universidad improvisada. El fracaso escolar en bachillerato y la enseñanza individualizada: el alto índice de sus pensos (en matemáticas, física e idiomas, sobre todo) exige replantearse el problema de la recuperación. Alto índice de analfabetismos femenino en el barrio madrileño de Leganés. Los niños sordos, un largo camino de incomprensión: el desarrollo intelectual de los niños sordos profundos es muy semejante al de los niños oyentes. El Ministerio de Educación colaborará con los movimientos de renovación pedagógica. Una historia al servicio de la escuela popular: Elise Freinet murió en Francia el pasado 30 de enero.
La violencia estudiantil, un fenómeno de ida y vuelta: la “pedagogía del éxito” explica algunas de las manifestaciones de la agresividad de los estudiantes. Maestros valencianos a favor de la unidad lingüística del catalán. Turín, “modelo pedagógico en Europa”: la experiencia del municipio italiano, punto de referencia para los ayuntamientos españoles. La educación física, un lujo al alcance de pocos escolares: las plazas para profesores en los centros estatales siguen siendo las mismas de hace 12 años. Venezuela promociona su Ministerio para el Desarrollo de la Inteligencia. La educación artística, un “adorno” del sistema escolar: las actividades artísticas ocupan, en el mejor de los casos, los huecos que dejan en el horario escolar las restantes. I Simposio Nacional sobre Psicopedagogía de la Excepcionalidad. La perplejidad del maestro ante las actividades artísticas. “Silo-Unicef”, una experiencia de pedagogía agraria. La Escuela de Maestros de San Cugat: una experiencia renovadora en la formación del profesorado de EGB. La enseñanza de las ciencias puede ser divertida: aprender a “hacer ciencia” en situaciones ordinarias debe ser anterior a la adquisición de conocimientos. Encuentro sobre la escuela rural en Mesones de Isuela. Julio González Campos: “tenemos que ser lúdicos, imaginativos e investigadores.
La investigación en la escuela y la renovación pedagógica. Autogestión pedagógica del colegio Siglo XXI. Formación Profesional: la mitología de un fracaso. La tradicional “mala imagen” de la FP es fruto en gran parte de la visceral aversión de la sociedad occidental hacia el trabajo manual. Las escuelas campesinas inician un nuevo periodo de expansión. Simposio sobre la Prensa en la escuela. Los estudiantes universitarios “suspenden” a sus profesores: una encuesta realizada entre alumnos de la Universidad Autónoma de Madrid revela una visión muy negativa de la calidad de la enseñanza que reciben. La informática llega a la EGB: I cursillo de informática básica para niños en Barcelona. Los niños recuperan la palabra: los escolares de Burgos aprenden a “hacer literatura”. El mundo de la imagen, ausente de los programas escolares: sólo un 6,2% de las actividades de expresión realizadas en la escuela tiene algún tipo de relación con la imagen. Cien cuadernos para el diálogo pedagógico: el número 100 de Cuadernos de Pedagogía. La horticultura, una vía de integración para jóvenes con problemas de aprendizaje. Teatro, algo más que una “actividad extraescolar”: por medio de la representación teatral y del juego dramático, el niño aprende de su propia experiencia. El educador de calle, una alternativa ante la delincuencia juvenil. Medio millón de escolares valencianos recibirá el próximo curso enseñanza bilingüe. “Chapuzas legales” en la gestión económica de los centros públicos: 17.600 pesetas, presupuesto para gastos por aula y año en los colegios de EGB. Martin Carnoy: La escuela es la primera víctima de la crisis. Érase una vez unos niños y un autor: Alumnos de cuatro de EGB de un colegio madrileño escriben poemas en homenaje a Antonio Robles. La escuela sigue sin decirle nada a los niños gitanos: La población gitana no entiende para qué sirve la institución escolar y ésta no tiene argumentos contundentes para explicárselo. Ausencia casi absoluta de profesores varones en las escuelas infantiles.
Más adelante, tal vez me anime a tomar los del año siguiente y hacer un vaciado tan informal como éste y así recordamos “viejos tiempos”.
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