Cazarabet conversa ... El juego, ayer y hoy...
Envié hace unos meses un ejemplar del libro “Así nos divertíamos, así jugábamos” a los amigos Sussanna y Javier de Mas de las Matas (Teruel) y me hicieron la propuesta de contestar a uno de sus “Conversa...”, respondiendo a unas cuantas preguntas sobre el juego infantil, sobre el tiempo de juego, los cambios en los espacios lúdicos, la pérdida de modalidades de juegos, el juego en la escuela, etc., etc. Y las páginas que siguen responden a esa propuesta. Son reflexiones personales, nada categóricas, que están publicadas en la siguiente dirección:
https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas2/asinosdivertiamos.htm
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-Mariano, ¿qué fue lo que, en su día allá por 1985 cuando todavía ejercías de maestro en las aulas, hizo que escribieras este libro: Así nos divertíamos, así jugábamos?
En realidad, debo remontarme a unos años antes. Desde septiembre de 1977 hasta junio de 1981 viví en Barcelona y trabajaba en un colegio de Canovelles. Fue en ese tiempo, cuando empecé a escribir mis recuerdos lúdicos de infancia. Todo ello se plasmó en un documento del que hice 50 copias -a multicopista-, para enviar a las amistades. Posteriormente, a mediados de 1985, el Ayuntamiento de Labuerda me comunicó que habían recibido una subvención para publicaciones y convertí ese documento inicial, con algunos añadidos, en una nueva publicación, realizada en imprenta, de la que se hicieron 300 ejemplares. Se repartió por las casas de Labuerda y se vendieron algunos ejemplares en librerías, hasta agotarse. Finalmente, en 1998, en colaboración con el MRP “Aula Libre” y el CES (Centro de Estudios de Sobrarbe) hice la versión ya definitiva y bien editada: 900 ejemplares que se enviaron a los miembros de Aula Libre, a los socios del CES, etc. En aquel primer momento, hace más de 40 años, creí que debía escribir lo que se iba olvidando poco a poco y pensé que era un tema de interés. La infancia es la patria a la que volvemos con frecuencia... Y los libros en los que la retratamos u ofrecemos datos y detalles de la misma, son los que nos permiten refrescar vivencias, estimular recuerdos y “volver a vivir” lo que ya vivimos...
-¿Qué despertaban los juegos de los años que aquí desgranas que no despiertan ahora?
Vamos a ver. La recopilación-recuerdo que yo hago de los juegos infantiles de Labuerda es un trabajo de memoria de una infancia en un pueblo pequeño. La calle era el elemento socializador en el que vivíamos con total libertad. No olvidemos que había otros dos espacios-estamentos donde esa socialización estaba constreñida por normas, ritos, silencios, castigos... Me refiero a la escuela y la iglesia (catecismo, doctrina...) La Plaza y las calles eran lugares de reunión diaria, a la salida de la escuela (después de pasar fugazmente por casa para coger la merienda: pan con vino y azúcar, pan con aceite y azúcar o con manteca y azúcar (azúcar, en todos los casos, uno de los llamados ahora, “venenos blancos”). A veces, las ganas de ir a la plaza para juntarnos con los demás que podían salir, se veían frustradas porque había que echar una mano al padre en la huerta o llevarle la merienda o cualquier pequeña faena que uno tenía pendiente. Los juegos eran actividades de aprendizaje de la vida: había risas, diversión y pequeños conflictos..., como en todo.
-¿Cómo se ha ido perdiendo aquel corpus de juegos del que personas de alrededor de mi generación -yo soy del 74- todavía hemos sido herederas y practicantes?
Es evidente que la vida no se detiene y que nuevas formas de diversión han ido apareciendo y han organizado las mentes de niños y niñas. Para ello, han llegado nuevas formas de comunicación y de interrelación El primero de todos, la televisión. Las infancias de mis tiempos en la España rural carecían de pantalla y, por tanto, la práctica de juegos diversos, como instrumentos de divertimento y socialización era diaria. Cuando aparece la tele, surgen nuevos estímulos para pasar el tiempo libre y se abre el abanico de intereses: películas, series, deportes, programas infantiles... hay que compaginar el tiempo de televisión, que puede ser de consumo en soledad, con el agrupamiento lúdico en la calle... Y la calle empieza a dejar de ser un espacio abierto, libre y seguro... Progresivamente, desaparecen las piedras para dar paso al asfalto, se va llenando de coches, las plazas tienen setos y flores que conviene respetar, etc., etc. Todo camina en contra del mantenimiento de las apuestas lúdicas estacionales que conformaban una parte del universo infantil. He hablado de la televisión, pero, imagina cómo está el tema ahora con los dispositivos móviles que, muchos adultos ponen en las manos de los críos, desde muy pequeños para que no molesten, para que se entretengan..., generando una adictividad, cuando menos preocupante.
-Hoy en día, después del tiempo lectivo, hay otro dedicado a las actividades extraescolares y luego están los deberes, ¿queda tiempo para jugar?, ¿queda tiempo para disfrutar de la calle en los pueblos o de los patios internos, parques…en las ciudades?
El juego es parte muy importante y sustancial de la infancia y de la vida. Y no olvidemos que algunas infancias en algunos entornos tienen complicado hasta jugar... Dicho esto, en nuestra geografía europea, hay dos factores que lo dificultan. Por un lado está la despoblación del medio rural (y pueblos sin niños y niñas) y la motorización de la vida en las ciudades, en las que las calles no son aptas para que los chicos y chicas pequeños anden solos. A partir de ahí, vamos buscando lugares “seguros” y ahí aparecen los parques y los patios de colegios Una vez tenemos los espacios físicos, vemos que hay dos factores más que condicionan el tiempo de juego: las actividades extraescolares y las tareas escolares (los famosos deberes). Todo podría armonizarse de manera que no fueran cargas excesivas, diariamente, para los niños y niñas, ya desde pequeños. Ahí hay una responsabilidad de la familia que debería tener presente la necesidad de jugar de las criaturas pequeñas y de los colegios para no cargar excesivamente la actividad escolar, a la qua ya se dedican varias horas, en directo cada día. A veces, las jornadas de los niños y niñas son más largas que las de sus progenitores... Por tanto, el tiempo de juego se ve mediatizado por todo eso que hemos nombrado y se ha reducido el juego libre con tantas precauciones y tantas “obligaciones”.
-La verdad que, de lo mejor que te puede regalar la vida, ha sido y es poder jugar en la calle con gente, además diferente a la que coincidías en el aula… Eso, además, te aportaba otras cosas…
Ahora que está tan de moda la palabra socialización... Jugar en la calle, con quienes coincidas, que no necesariamente tienen que ser los amigos del colegio, proporciona herramientas personales para gestionar la relación establecida, para asumir las pequeñas derrotas, si en el juego practicado hay un ganador y un perdedor, pero también saber comportarse en la victoria, sin hundir en la miseria a quien ha perdido. Como era y es habitual que no siempre ganen los mismos y pierdan los mismos. Había en mi pueblo una cancioncilla que, unos días, entonábamos unos y otros días, otros: “Hemos ganau, la copa del meau; los qu´han perdido, se l´han bebido”. Coplilla que nos igualaba, por lo que he dicho. El juego es un ejercicio de aprendizaje constante, porque se reconoce a quienes tienen más habilidades para uno que para otro, se forman equipos para cooperar, se desarrollan habilidades varias: fuerza, velocidad, astucia, compañerismo, aprovechamiento de recursos... Al final, cada uno, según sus habilidades, jugaba a una cosa o a otra.
-En todos los apartados, siendo yo de una comunidad vecina, encuentro muchísimos paralelismos; algunos no los he vivido y/o jugado directamente, pero sí los he visto y muchos, sí…
Éste es uno de los misterios más interesantes. En las recopilaciones de juegos infantiles que podemos encontrar en diferentes lugares y, por tanto, en lugares muy alejados, sorprende que jugáramos con los mismos objetos o a juegos muy parecidos. Y todo ello, en tiempos en los que no existían ni televisión ni redes sociales, ni nada que pudiese servir -con rapidez- a la difusión. Sí existían otros medios para ponerse en contacto a unos con otros, claro; mucho más lentos, pero también efectivos, a la larga. Hay que pensar -si no está ya dicho con anterioridad- que los entornos rurales compartían muchas características comunes y, por tanto, en todos los sitios había piedras, madera, árboles, arbustos, semillas, flores, acequias, barrancos y ríos, montes y laderas... Una geografía y una naturaleza compartida... Siempre hubo personas, artesanos, etc. que iban de un lado a otro y que, probablemente, servían de medios de transmisión de juegos, oficios, vocabulario y otras actividades.
-En las escuelas, ¿sabes si se trabaja en los recreos en tratar de no perder muchos de estos juegos?
Recuerdo los recreos de mis primeros años de maestro (mediados los años 70 y los 80 del pasado siglo), en los que no era necesario “trabajar el juego” porque se jugaba de forma natural a la comba, a la goma, a churro, a canicas, a saltos de pídola, etc. con mucha frecuencia y de manera estacional. Una característica curiosa de las actividades lúdicas libres, era que, de golpe y porrazo, se empezaba a jugar a una cosa y durante unas semanas, solo a esa cosa... Y, de golpe y porrazo, se cambiaba a otra y así, sucesivamente... Luego hubo un tiempo en el que el profesorado de Educación física (cuando dejó de llamarse gimnasia la asignatura) en sus reuniones de seminarios comarcales, etc. recopiló e impulsó el que en esas clases hubiera un espacio para practicar esos juegos que se estaban perdiendo. Yo mismo recuerdo que fabriqué tres o cuatro “guiadores” con alambre grueso para conducir aros y llevé también los aros de las calderetas de cinc, que eran los auténticos con los que yo había jugado y cómo costaba conducir por el patio, cuando nosotros lo hacíamos con toda naturalidad... Ahí estaría otra gran diferencia. Cuando tú jugabas a algo, lo hacías y repetías hasta dominarlo; cuando te lo ofrecían en el colegio, no había tiempo para repetir tanto rato y no todo el mundo tenía la misma habilidad para dominar el juego y que le gustase hacerlo. Posteriormente, se pintaron y aún se ven perfectamente en muchos patios de recreo, “el plano”, el “tres en barro”, etc. para estimular la práctica. Pero las condiciones actuales son las que son. Y ese posible aprendizaje escolar, no se traslada fácilmente a las calles pobladas de coches... Durante el curso escolar 1990-1991 publiqué en el Heraldo escolar 35 artículos, uno por semana, bajo el título genérico de La hora del recreo”. Precisamente, el pequeño proyecto tenía la finalidad de recordar a maestras y maestros la posibilidad de recoger y estimular la práctica de los juegos infantiles, llamémosles, tradicionales, a la hora de los recreos y luego en las calles y plazas de los pueblos. No hubo seguimiento de si aumentó la práctica, pero ahí quedó un notable intento de ánimo y divulgación. En 2017, hice por mi cuenta una publicación con ese nombre, a la que añadí una amplia presentación, un largo listado de artículos refrentes al juego (hemeroteca) y otro listado de decenas de libros (bibliografía) con recopilaciones en diferentes áreas geográficas y demás consideraciones. De esta publicación, ya os hicisteis eco en vuestras páginas:
https://www.cazarabet.com/pais/kms/pais34/horarecreo.htm
También ha habido interés y se han divulgado a través de jornadas culturales, de animadores lúdicos, de algunas asociaciones que han convocado a niños y niñas en plazas y parques dedicando jornadas al aprendizaje y la práctica de algunos juegos.
-Se estimulaba mucho más la imaginación en aquellos días, ¿verdad?
Probablemente, también servían para eso. La imaginación es una facultad que admite variados estímulos; uno de ellos es el juego libre, pero también se estimula con la lectura, con la oralidad, con el cine, con la observación de la naturaleza, con el cultivo de la amistad, etc., etc. Es evidente que aquellos juegos permitían otro tipo de involucración en su práctica; diferente de la que puede darse al ver la televisión o jugar con videojuegos, etc. Pero cada uno somos hijos de una época, de un tiempo, queramos o no...
-Y si un día no había imaginación y aparecía un poco el aburrimiento, no pasaba nada… porque ahora todos los expertos nos dicen y nos hablan de “las bondades” del aburrimiento. Coméntanos, por favor…
En mis tiempos de infancia aún no se habían inventado los psicólogos y, por tanto, no había traumas relacionados con la diversión o el aburrimiento. Cuando eres niños, si te aburre una cosa, haces o intentas hacer otra y el tema queda zanjado. No teníamos estrés por estar siempre divirtiéndonos. Había ratos, de reuniones en corro, hablando de diversos asuntos y echándonos unas risas. Y eso era posible y saludable, porque nos encontrábamos en la calle, a salvo de miradas de adulto y porque desconocíamos la relación entre el aburrimiento y los problemas derivados...
-¿Qué juegos hasta te han sorprendido a ti porque los has jugado poco o conocido de manera indirecta y casi se han perdido en el tiempo?
En la jornada de filmación de juegos con Eugenio Monesma (hablo con más detalle más adelante), conocimos algunos que no habíamos visto jugar con anterioridad: uno era “la petrusca” y otro, “el tango” ... También tuvimos noticia de algunas canciones que no conocíamos... Es decir, al margen de que, durante mucho tiempo practicáramos unos juegos determinados, otros habían dejado de jugarse y de aquellos que hicimos nuestros, también la mayoría han pasado a mejor vida o a los libros de recopilación como el que nos ocupa. La vida en sí misma es un camino de pérdidas constante, que se acentúa con los años: pierdes referencias, amistades, salud, personas de tu alrededor, memoria, recuerdos y toda la larga lista de pérdidas, muy humanas, pero irremediables que puedas imaginar.
-¿Y qué juegos te sorprende que todavía se jueguen?
He podido fotografiar el dibujo del “plan” en una calle pública, lo que me lleva a pensar que después de dibujado, fue jugado. El escondite... El coleccionismo de cromos sigue de total actualidad; los juegos con pelota, el “veo, veo”, la fabricación de juguetes (antes, con materiales recogidos en la naturaleza y hoy día, con materiales reciclables...) También es necesario constatar que algunos espacios públicos están vedados para que los chicos jueguen y de tal circunstancia aporto un par de testimonios fotográficos.
-¿Qué crees, amigo Mariano, que supuso en aquel momento la publicación de este libro que recordaba a qué se jugaba y cómo se divertía la gente?
Ya sabes que uno tiene una capacidad limitada de llegar a mucha gente con sus publicaciones. Sí creo, que es un eslabón más en la tarea de recopilar el juego en la infancia. Tengo una colección cercana al centenar de libros sobre el tema. Varios de ellos, fruto del intercambio del mío con el de otros autores que hicieron algo parecido en sus respectivos lugares de nacimiento o de investigación. Sé que algunas personas que lo recibieron, por pertenecer a alguno de los colectivos colaboradores en la edición, o que lo compraron con posterioridad, dijeron que les había removido el interior para recordar su propia infancia y, en ese sentido, había tenido una emotiva utilidad. Con el paso del tiempo, queda ahí como testigo de unas vivencias que trajo el recuerdo y que puede ser consultado en algunas bibliotecas y que está archivado en la BN. Pero sí quiero comentar algunas cuestiones curiosas, no con la edición de 1998, sino con la primera de 1985.
El día 8 de enero de 1986, me llamó Ramón Martí, de Radio Valle del Cinca de Barbastro y me hizo una entrevista sobre la marcha. Eran las 8:10 de la mañana de un miércoles. Dio la casualidad que estaba en la emisora su hermano: Javier Martí que había sido profesor mío en el Instaituto de Aínsa en cuarto de Bachiller y con el que pude hablar ese día, después de mucho tiempo. Les envié un libro a cada al día siguiente. Ese mismo día, el periódico “El Día”, de Zaragoza, publicó una amplia reseña del libro.
El día 13 de enero, recibí una llamada para desplazarme a Zaragoza, a los estudios de TV para hablar del libro en cuestión. Era una entrevista en el programa “Esto es Aragón”. (El programa "Esto es Aragón" fue un espacio emblemático de la delegación territorial de Televisión Española en Aragón, durante la década de los 80, destacando como revista cultural y documental sobre la comunidad. El espacio lo presentaba la periodista Isabel Corona). Viajé en autobús el día 14 hasta la capital aragonesa y allí me recogió mi amigo José Mari Fantova de Plan, que vivía en Zaragoza, para llevarme a los estudios citados (en el edificio de la casa-chalet situada en el paseo Ruiseñores, 57-59 de la capital aragonesa). Guardo una cinta VHS con la entrevista, que luego pasó a un CD mi hijo Daniel para poderla ver con un reproductor más moderno que el magnetoscopio, je, je.
Por otra parte, ese mismo año, Eugenio Monesma se interesó por la recopilación y quiso filmar algunos de aquellos juegos. El día 24 de agosto de 1986, pasamos unas cuantas horas de mañana y tarde metidos en esa faena. Lamentablemente, nunca pudo convertir las imágenes filmadas en uno de sus documentales por cuestiones técnicas. Sí dispongo de una filmación sin montar de todo lo jugado. Precisamente en la revista El Gurrión número 179 de mayo de 2025 (páginas 33-37) explica él y explico yo las vicisitudes de aquella jornada y por qué no acabó en un documental. Artículo que puede consultarse en: https://elgurrion.com/numeros/179.pdf Y aquí seguimos, observando cómo cambia la vida en general y el desarrollo de la infancia, en relación con el juego.
(Mayo de 2026)