Blogia

gurrion

La Maternidad de Elna. Reseña del libro

La Maternidad de Elna. La historia de la mujer que salvó la vida de 597 niños. Assumpta Montellà. Barcelona, Ara Llibres, 2019. 167 páginas

Quiero hacer una mención especial, antes de hablar del libro. Nuria López y yo nos conocimos en Canovelles, avanzada la década de los setenta del pasado siglo. Coincidimos en el Colegio Público Jacint Verdaguer de la citada población. Ella estudiaba EGB y yo había sido destinado a dicho colegio como maestro. Fui su tutor. En 1981 abandoné Canovelles y recalé en Fraga. Con Nuria mantuvimos contacto un tiempo, a través de la correspondencia. En noviembre de 2018 nos invitaron a Mercè y a mí a un reencuentro con aquellos alumnos y alumnas que ya cumplían cincuenta años de edad. Habían pasado 38 años sin vernos y el reencuentro estuvo cargado de alegría y emotividad. Unos días antes, Nuria me mandó una foto con cartas, postales que yo le había enviado hacía tanto tiempo. Fue sorprendente que las guardara (yo también guardo las suyas, je, je). Después del reencuentro, le he mandado a Nuria algunas revistas y algunas otras publicaciones y el pasado mes de junio (2020) me anunció que había caído un libro en sus manos que le gustaría enviarme... Y así llegamos al libro...

 Cuando lo recibí y abrí el sobre, me encontré con un título y una portada que me dejaron perplejo. Pensé que Nuria se había equivocado, ya que lo que yo leía a bote pronto era que una tal Elna había parido (hay una foto de una mujer y un niño en brazos en la portada); de modo que me fui rápidamente a la contraportada en busca de alguna explicación suplementaria y ya vi que Nuria no se había equivocado y lo que quería compartir conmigo era una historia del final de la guerra incivil que asoló este país y llevó a cientos de miles de republicanos al exilio. Amén de la barbarie desatada en territorio español con los cientos de miles de asesinados, fusilados, bombardeados y ametrallados; la mayoría de ellos, todavía en las inmundas cunetas.

El éxodo republicano hacia Francia fue además de penoso por el doble efecto de perder la guerra y tener que abandonar el país, terrible por el comportamiento indecente de las autoridades francesas que maltrataron a los refugiados encerrándolos -como al ganado- en campos inmundos e insalubres donde el frío, el hambre, las enfermedades, los piojos y el hacinamiento convirtieron la estancia en un auténtico infierno. Los nombres de Argelers, San Cebrià, Barcarés, Arles, Prats de Molló, Gurs, Setfonts... son de triste y durísimo recuerdo para quienes han podido contar sus recuerdos (y, por descontado, para todos aquellos y aquellas que no pudieron hacerlo y sobre quienes cayó la desgracia y la injusticia de tener que vivir aquella horrible experiencia). Pensemos, además que, muchos de los allí encerrados acabaron en brigadas de trabajo esclavo y durísimo y otros fueron conducidos a campos de concentración nazis...

La Maternidad de Elna (en el Rosellón francés o Cataluña Norte) tiene su origen en la Asociación de Ayuda a los Niños en Guerra. Esa asociación se creó en los Países Bajos, al finalizar la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, un ingeniero suizo, humanista y defensor de la no violencia (Pierre Cérésole) animó un movimiento ciudadano que terminó en el SCI (Servicio Civil Internacional) que ya intervino, como organización humanitaria. en la España republicana, desde una sección denominada Cartel de Ayuda Suiza a los Niños de la Guerra Civil Española. Hubo otras personas importantes en sortear dificultades y conseguir fondos y materiales para paliar los efectos de la guerra... Y así llegaríamos hasta Elisabeth.

 Elisabeth Eidenbenz era joven, maestra y suiza y es la persona a la que quienes han aportado testimonio directo para confeccionar el libro, agradecen sus enormes esfuerzos para conseguir crear una isla de acogimiento y cuidados para muchas mujeres embarazadas que pudieron salir de los campos y pasar unos días antes del parto, el parto y algunas semanas después recuperándose bien alimentadas y en condiciones higiénicas convenientes. Los relatos de Remei Oliva, de María García y de quien está detrás del seudónimo de Juana Pasqual testimonian aquella situación especial, creada por esa mujer como directora de la Maternidad de Elna y cómo se las arreglaba para conseguir ayudas y para sortear a las autoridades francesas y nazis, cuando la ocupación alemana estranguló ayudas y miraba con lupa si quienes allí ingresaban eran judías. Finalmente, en abril de 1944, los alemanes cerraron definitivamente la maternidad y quienes allí trabajaban buscaron la manera de seguir ayudando en otros frentes a tantas personas como lo necesitaban. Durante cinco años, desde junio del 39 hasta su clausura, la Maternidad de Elna dignificó la vida de casi seiscientas mujeres y otros tantos niños y niñas que pudieron nacer y vivir.

El libro escrito por Assumpta Montellá ha conseguido rescatar un episodio de hondo contenido humanitario; de esos que devuelven la esperanza en la capacidad de hacer el bien, entre algunos seres humanos; los necesarios para contrarrestar a quienes tienen como objetivos la destrucción de infraestructuras, pueblos y ciudades y la tortura, la humillación y la muerte de sus semejantes (de quienes encuentras las diferencias necesarias para justificar su odio inmenso y sus ganas de matar).

La autora también ha podido hablar con algunos de los niños de la Maternidad de Elna: los hijos de aquellas mujeres que no se creían lo que les estaba pasando y agradecían cada día aquella hospitalidad y aquellos cuidados, en medio de tanta destrucción, enfermedades, miseria, frío y desolación. Los testimonios de Rubén Oliva, Felipe Sáez y Pedro Pasqual tienen una enorme carga emotiva que llegó a su cenit el día en el que se le hizo un homenaje a Elisabeth, en 2002, después de sesenta y tres años. Día en el que madres, hijos e hijas pudieron abrazar a su benefactora y disfrutar de un acto colectivo de profunda gratitud, de hondo y sincero agradecimiento.

Se han escrito muchos libros y se escribirán muchos más y todos serán pocos para reconocer los sufrimientos desmedidos que vivieron cientos de miles, millones de personas en éste y en otros conflictos bélicos, en los que quienes resultan más castigados y maltratado son los civiles. Las guerras son la expresión de los peores sentimientos albergados en la parte negra del corazón humano. Para contrarrestar tanta barbarie, aparecen de vez en cuando, personas llenas de compasión y buenos sentimientos que tratan de aminorar los efectos brutales que deben soportar algunos de sus semejantes. La Maternidad de Elna; es decir, las personas que allí trabajaron son un extraordinario ejemplo de lo dicho.

Los lectores de este libro (como de tantos otros sobre temáticas bélicas) navegamos por las páginas con ese doble sentimiento: el horror ante la humillación, la tortura, el sufrimiento y la muerte y la emoción ante quienes destilan toda su compasión, ayuda, compañía y fuerza para que triunfe la vida.

"Atlas de una pasión esférica". Reseña del libro

“Atlas de una pasión esférica”, de Toni Padilla. Ilustraciones de Pep Boatella. Ed. geoPlaneta. Barcelona, 2017. 143 páginas

En la línea de un puñado de interesantes libros que toman el fútbol como excusa, pero que a la vez nos hablan de circunstancias históricas, geográficas, sociales, económicas, políticas... que rodean a sus protagonistas o a los territorios donde transcurren o se sitúan las historias. En esos contextos podemos situar este libro. Su autor forma parte del Consejo de Redacción de la revista Panenka y eso ya podría orientar sobre las intenciones y el desarrollo del libro.

Toni Padilla escribe 34 artículos de dos, tres o cuatro páginas de texto (la mayoría, de tres páginas), más una con una ilustración de Pep Boatella. Las historias están agrupas por continentes: cinco en África; nueve en América; seis en Asia; once en Europa; dos en Oceanía y una en la Antártida. De modo que con esa estructura y tratándose de artículos independientes unos de otros, la lectura del libro se hace muy llevadera si queremos animar a adolescentes a que lean y lo lean... Voy a escribir algunos títulos para que se vea que son sugerentes y podrían excitar la curiosidad lectora y, sobre todo, para comprobar que leyendo muchos títulos nadie diría que las narraciones vayan a hablar de fútbol:

 El capitán odiado por todos. Los goleadores sin botas. Ojos verdes, rizos africanos. Jugar con rastas. Mexicanos con chapela. El defensa que quería ser expulsado. La selección que nació antes que su país. Los hijos de los deportados. El último emperador. Soldados con sonrisas de niño. Dormir con el hijo del enemigo. Esperanza bajo las bombas. La estrella que llegó en un camión. Good morning, Vietnam. Jugar en una prisión de hielo...

Al final, leeremos una aventura del breve secuestro de Alfredo di Stéfano en Venezuela (tan de moda desde hace un tiempo, entre algunos políticos) y también la afición al balón de Bob Marley o el enfrentamiento entre el chileno Carlos Caszely (que llegó a jugar en el R.C.D. Español de Barcelona) y el dictador Pinochet. El peligro de jugar un partido contra un colectivo de nazis en Ucrania o la aventura increíble de quienes arriesgaron su vida para llevar ese deporte a Bangladés, antes de la independencia del citado estado. La fundación de una escuela de fútbol para niños en plena guerra de Bosnia o un balón en los hielos de la Antártida con el Endurance y Shackleton...

El viaje que propone el autor recorre, como ya he dicho, no cinco, sino seis continentes y toca tierra en los siguientes lugares: Sudáfrica (1909), Argelia (1958), Etiopía (1968), República Democrática del Congo (1974), Sierra Leona (2001), Uruguay (1918), Brasil (1932), México (1938), Venezuela (1963), Chile (1973), Estados Unidos (1979), Jamaica (1980), El Salvador (2006), Argentina (2014), Corea (1954), Bangladés (1971), Uzbekistán (1979), Irak (1985), Japón (1990), China (2016), Bélgica (1914), Inglaterra (1917), España (1930), Rusia (1936), Países Bajos (1941), Ucrania (1942), Alemania (1983), Italia (1990), Bosnia (1993), Grecia (2010), Dinamarca (2017), Australia (1967), Samoa americana (2005) y Antártida (1914).

Espero que si lees estas líneas, se despierte en ti el deseo de sumergirte unos cuantos ratos en este libro.

Libro: "Rivalidades crónicas"

Rivalidades crónicas. 10 ciudades europeas a través de sus derbis” – Jordi Brescó. Fotografías de Pau Riera. Grupo Editorial Belgrado 76 (revista Panenka) – 2020, 319 páginas.

********************

“Panenka” es una revista de periodicidad mensual que habla del otro fútbol. Nada que ver con crónicas centradas en lo inmediato y actual... Rescata con frecuencia equipos históricos, futbolistas especiales y pone en valor esfuerzos ciudadanos en torno a ese deporte... Reportajes, entrevistas, columnas de opinión... Periodistas al servicio de nuevos enfoques y ofreciendo un producto diferente que se lee y relee reflexivamente y con atención. En sus páginas hay historia, geografía, sociología, cultura, literatura y fútbol, naturalmente.

Bueno, pues además de la revista mensual, estas gentes se han embarcado en un alargue editorial y han empezado a publicar libros. De momento, van dos. Del primero, ya hablé en este blog:

http://gurrion.blogia.com/2019/110901--indomable.-cuadernos-de-futbol-africano-de-alberto-edjogo-owono..php

Su autor nos lleva de viaje por 14 países africanos, de la mano del balón, pero haciendo un repaso exhaustivo a cada uno de esos países, en los aspectos arriba nombrados. Me gustó mucho.

Ahora acabo de leer “Rivalidades crónicas”. Jordi y Pau (el que escribe y el que hace las fotos) viajan a diez ciudades europeas, en las que dos veces cada año se disputan los dos partidos (derbis) que enfrentan a dos equipos y dos aficiones rivales. Las rivalidades que nos describen son antiguas y están sólidamente asentadas; se transmiten de generación en generación y hablan de religiones enfrentadas, de diferencias de clase, de separaciones geográficas, de izquierdas y derechas... Es una mirada que toma como excusa el balón, el fútbol, pero que habla de la realidad política, social, económica, cultural..., sobre contextos históricos determinados que este libro recupera y explica con mucha claridad. Los autores no han elegido las ciudades de aquellos derbis en los que podríamos pensar, así a bote pronto, como más publicitados en la actualidad, como Milán, Mánchester, Madrid, Sevilla, Turín, etc.  

De hecho, uno que cree estar al loro de las cosas del fútbol, no había oído hablar de la mitad de los mismos y desconocía que en algunas de esas ciudades hubiese siquiera dos equipos que vienen rivalizando desde hace décadas. Las ciudades elegidas son: Sheffield (Reino Unido), Estambul (Turquía), Praga (República Checa), Génova (Italia), Belfast (Irlanda del Norte), Glasgow (Escocia-Reino Unido), Nicosia (Chipre), Hamburgo (Alemania), Belgrado (Servia) y Estocolmo (Suecia). Los nombres de los quipos rivales de cada ciudad los dejo para que los descubras cuando te decidas a leer este libro.

El prólogo lo firma Simon Kuper, autor de un libro de culto sobre estos asuntos, titulado “Fútbol contra el enemigo” (1994), en el que abordaba los secretos y las razones que llevaban a entender el fútbol como un poderoso catalizador de muchas vidas. El subtítulo del mismo es bastante expresivo: “Un fascinante viaje alrededor del mundo en busca de los vínculos secretos entre el fútbol, el poder y la cultura”. Un estupendo libro “de viajes” por distintas geografías, historias y realidades, con el fútbol como protagonista. Imperdible.

Volviendo al que nos ocupa, la disposición estructural del libro es sencilla. Cada capítulo suele ocupar doce o catorce páginas de texto y otras tantas de fotos de gran tamaño (media página o página entera, cada una de ellas), sin pie de foto alguno. Los textos de Jordi están, en parte, en consonancia con las fotos de Pau y no hace falta ningún comentario extra, porque reflejan perfectamente algunas de las situaciones que los textos cuentan.

El autor entabla conversaciones con personas próximas a los clubes de los que quiere hablar y con personas anónimas que encuentra camino de los estadios. En todos los casos, viajan a esas ciudades las vísperas de un derbi para palpar la preparación del mismo y cómo lo viven los aficionados de uno y otro equipo, Finalmente, asisten al partido en cuestión, aunque finalmente las referencias al derbi concreto ocupan poco espacio en el relato, ya que se integran en el relato general de la “ciudad escrita”, en el que aparecen todas las referencias que he comentado con anterioridad. Pau enfoca la cámara hacia las aficiones para ofrecer una mirada de los que miran, no de los que juegan que esos ya están suficientemente retratados.

El libro se lee con facilidad e interés y está muy bien escrito. La prosa de Jordi Brescó es clara y está salpicada de derivaciones históricas y culturales que la enriquecen.

Me gustaría recomendar vívidamente su lectura, especialmente a quienes “no sean de fútbol” y pudieran rechazarlo de entrada. Verán que ese deporte que se ha convertido en el más popular del mundo (también el más manipulado y del que se han servido y se sirven tantos desalmados), está hondamente arraigado en algunas sociedades y tiene derivaciones culturales, sociales, económicas, religiosas, etc. que este libro ayuda a descubrir y, por tanto, a ofrecer una perspectiva que ayude a entender la extensión y potencia del fenómeno.

Esta gente de Panenka está haciendo un trabajo estupendo con esta visión poliédrica del mundo del fútbol. Ha decidido canalizar esa afición para editar una revista mensual y algunos libros en los que hay menos patadas al balón que patadas al estómago del lector o de la lectora.

Cosas del confinamiento, con enlaces

Ante una situación inesperada suele responderse también con gestos inesperados. Ahora echa uno la vista hacia atrás y se da cuenta de a qué velocidad ha pasado el tiempo... Al principio de decretar el estado de alarma y el consiguiente confinamiento, parecía que la cosa sería cuestión de dos o tres semanas... Pero resulta que ya casi llevamos dos meses... Y uno se va acomodando a quedarse en casa y ha organizarse el tiempo para que pase de manera amable y nada traumática. De hecho, lo que nos habían pedido era que no hiciéramos nada, que nos quedáramos en casa. Aparentemente, dos cosas fáciles de cumplir, aunque uno es consciente de que en muchos hogares se habrá vivido este tiempo con enorme incertidumbre, no exenta de violencia en otros y que algunas carencias habrán convertido el confinamiento en un duro encierro. Porque los consejos y normas eran generales, pero en cada hogar había una situación particular y no todas eran fáciles de articular para que la vida transcurriese de manera agradable y sin tensiones...

Yo decidí aportar algo desde el confinamiento y me puse a diseñar pequeños juegos con el abcdario, con esa perspectiva que he comentado, de dos o tres semanas, pero las prórrogas me iban alejando el horizonte. Llegué hasta la cuarentena (si es que viene de cuarenta) y, entonces empezó a anunciarse una desescalada gradual y opté por tomar esa fecha (o una muy próxima) para frenar. Finalmente, me alargué hasta el capítulo 50, que he publicado en la mañana de hoy, 6 de mayo. Llamé a la actividad “Desafíos alfabéticos” y abrí un cuaderno para resolverlos todos y dejarlos allí anotados. El cuaderno me ha venido justo de hojas y ahí queda toda la actividad reflejada. Lo voy a guardar como un trofeo, je, je.

Mi intención era ofrecer un pasatiempo (que podía convertirse en algo más, si quien se enfrentaba a la actividad, quería). Muchos de esos desafíos, en realidad podían convertirse en “Repertorios Alfabéticos Documentales (RAD), de manera que una vez definido el ABCdario se pudiese buscar información de las palabras o conceptos seleccionados. No en vano, pensaba en quienes estaban organizando actividades escolares desde casa (maestras y maestros) y en aportar algunas ideas fuera de la programación habitual y en la que se podían involucrar las familias. No tengo ninguna intención de averiguar ni deseo de saber si estos desafíos le han sido útiles a alguien, aunque ya algunas personas se han animado a resolver algunos y así lo han manifestado. Mientras estuve trabajando en la escuela, utilicé frecuentemente estrategias alfabéticas para resolver desafíos o para incentivar pequeñas investigaciones, individuales, por parejas o en pequeño grupo. De ahí que en mi web: “La cadiera de Macoca” haya una sección específica sobre ABCdarios; sección a la que se han incorporado estas cincuenta sugerencias, de cinco en cinco (diez artículos, por tanto), como podrás comprobar si te das una vuelta por ella: http://macoca.org

Además de esa actividad que he planteado durante cincuenta días a primera hora de la mañana, todos los días, incluidos los festivos (que con el confinamiento han dejado de serlo), durante 21 días publiqué por la tarde la conjugación de un verbo... Una conjugación especial, por supuesto, sin atender a modos ni tiempos clásicos, y buscando cierta conexión con la actualidad. Empecé con el verbo SALIR (día 6 de abril) y finalicé con ACABAR (día 2 de mayo). Agrupados de tres en tres como “Desvaríos del confinamiento”, los puedes recuperar en siete artículos que también están en la nombrada “Cadiera”.

Mi intención con este post, además de esta larga introducción, es poner los enlaces con todo lo anterior, de manera que clicando en cada uno se te abran los mencionados artículos. Que te interesan, pues adelante; que no te interesan, cierras y a otra cosa, mariposa, je, je. Yo me tomo un descanso, después de lo dicho, aunque seguiré escribiendo en la red social en la que me muevo. A continuación, lo prometido: los links de los desafíos y de los desvaríos. ¡Salud y buena lectura!:

  

.. Serie “Desafíos alfabéticos” (50 propuestas):

 

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-1

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-2

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-3

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-5

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-6 

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-7

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-8

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-9

http://macoca.org/el-rincon-de-las-palabras-10

 

.. Serie Desvaríos (21 conjugaciones):

 

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-ii

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-iii

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-iv

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-v

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-vi

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-vii

http://macoca.org/desvarios-del-confinamiento-viii

Etnología y etología del vencejo. Cuaderno de campo

Hace unos días, daba noticia de la llegada primaveral de los vencejos (Apus apus) hasta Fraga. Se veían pocos y volaban alto. Dos semanas después, son multitud y hacen demostraciones increíbles de dominio del espacio aéreo. Desde la terraza puedo ver su vertiginoso y continuo desplazamiento a una velocidad endiablada, realizando piruetas y picados de vértigo. Giran bruscamente un segundo antes de estamparse contra la pared y llevan la misma velocidad en los giros que en los desplazamientos rectilíneos. A veces, vuelan en grupos de varios ejemplares repitiendo un mismo recorrido y parecen la patrulla Águila, por la velocidad y por cómo maniobran... Yo los recuerdo (cuando aún no sabía que se llamaban así y se les denominaba “falciñas” en mi pueblo), que anidaban en agujeros del interior de la torre y que volaban alrededor de ella, siempre a mucha velocidad. En ocasiones, habíamos cogido algún ejemplar en el suelo, ya que, debido a la extrema cortedad de sus patas y el tamaño grande de sus alas, les resulta imposible reemprender el vuelo, salvo que encuentren una piedra a la que subirse, antes de despegar. Hay datos sobre su etología realmente impactantes: Los vencejos pasan la mayor parte de su vida en el aire: comen, duermen y copulan volando (que no sé yo ni cómo ni quien ha podido verlo). Únicamente se posan para poner los huevos, incubarlos y criar a sus polluelos. Permanecen en vuelo ininterrumpido durante nueve meses al año. Y, encima recuerdan donde anidaron el verano anterior y vuelven al mismo sitio... Observo que aparecen por las mañanas y al atardecer y el resto del día se ven volar muy altos, pero no se acercan a los edificios. Yo no consigo explicarme cómo encontraron, en las terrazas del edifico donde vivo, las ranuras para meterse entre la tarima de madera en el techo de la terraza y la superficie -imagino- de hormigón a la que va unida dejando un pequeño hueco. Mi asombro es que pudieran encontrar ese escondite (aparentemente invisible) para nidificar y que cada año lo recuerden y vuelvan... Cuando los veo evolucionar en el aire a esas velocidades, pienso que los diseñadores de aviones de combate se inspiraron en el vuelo de los vencejos para conseguir esa maniobrabilidad de la que hacen gala. Lo del equipamiento con ametralladoras y bombas ya fue cosa suya..., de los diseñadores, quiero decir.


Y, ahora, me voy a la etnología. Cuando yo era pequeño, los únicos vencejos que yo conocía eran una especie de cuerdas bastas de metro y medio aproximadamente, con dos flecos en las puntas (“codas”) que se guardaban atadas en “trecenales” (30 unidades). Éstos, se colocaban colgados en los maderos de los pajares o en cualquier otro edifico anexo a la casa. Cuando llegaba la siega, llevábamos los vencejos al campo correspondiente. Había que remojar “as codas”, normalmente en algún “bason” de agua de un barranco próximo o en algún “ballo” de desagüe de un extremo o el otro de la finca de trabajo. Esa tarea se le encomendaba, normalmente al más pequeño de la peonada (que también acercaba el botijo o el porrón), por lo que la desempeñé en varias campañas de siega. No resultaba nada cómodo caminar desde donde había conseguido remojar “as codas d´os vencejos” (a veces, había que caminar un buen trozo) con el brazo levantado -del que colgaba cada “trecenal”, para no arrastrarlos ni tropezar con ellos y, encima mojados. Luego, una vez ya al lado de las gavillas, te encargabas de ir sacando, vencejo a vencejo, e irlos tendiendo para que el “atador” y quienes acercaban las gavillas, pudieran ir atando los “fajos”. Los vencejos también se empleaban en los huertos para atar los fajos de “prau” o de “alfalz” ... En el caso de la siega, se siguieron utilizando hasta la llegada de las cosechadoras. Esos fueron los vencejos de mi infancia... Los que volaban eran “falciñas” o “falciños”, hasta que supe que también se les llamaba vencejos...

En definitiva, relaciones que uno va haciendo porque tiene tiempo... Salud y buena lectura.

Enciclopedia de la Pandemia y el Confinamiento

Como se acerca el Día Internacional del Libro, me gustaría proponer la edición colectiva de cuatro libros gordos (por lo menos), independientes y complementarios a la vez, sobre la pandemia. Yo lanzo la idea, pero no sé cómo podría llevarse a cabo ni si los libros debieran tener una apariencia analógica o virtual. Lo que sí tengo claro, es que debiera recogerse material escrito e impreso, fotográfico, videográfico, gráfico, sonoro, panfletario, pegatinero... y quedar como memoria de un tiempo convulso que hemos vivido, que estamos viviendo y que aún viviremos...

Llevamos un mes largo confinados y más tiempo aún escuchando noticias sobre ese virus cabrón que nos ha puesto patas arriba. En ese tiempo, ha habido y hay muchas personas que han mostrado un comportamiento ejemplar, casi heroico, en muchos casos y que están en la mente de todos. De todo ello, hemos tenido noticia, se han escrito artículos, se han hecho fotografías, se han filmado pequeños vídeos, se han grabado audios y ha aparecido en diarios, telenoticias... Todo ese ingente material informativo iría a parar al libro de los reconocimientos y agradecimientos, para dejar constancia de la amplitud enorme de la responsabilidad, de la entrega, del riesgo personal por ayudar a los demás, del comportamiento ejemplar de quienes cumplen los requisitos básicos para echar una mano en erradicar o aminorar los efectos de la pandemia.

El segundo libro lo llenaríamos con la imaginación y el sentido del humor de gente anónima o no, que nos arranca sonrisas o carcajadas, sin ocultar una mirada crítica hacia todo lo vivido y a los agentes principales. Ahí cabrían los memes, las viñetas, los textos de tanta gente que ha ido haciendo diarios del confinamiento, con mucho o algo de sentido del humor. Muy necesario para hacer todo más llevadero y que representarían una mirada interpretativa e irónica y, a la vez, un derroche de creatividad de mucha gente que se ha puesto a escribir, cuando no lo hacía habitualmente con tanta intensidad. Parece que este tipo de catástrofes han estimulado la lectura y la escritura...

En el tercer libro, debieran quedar bien registrados los comportamientos deleznables de quienes aprovechan el dolor y la zozobra, que provoca algo tan inesperado y rotundo, para dedicarse a tareas de acoso y derribo al gobierno y que, en lugar de sumar esfuerzos y generar energía positiva, son incapaces de empatizar con quienes sufren los efectos de la pandemia o quienes se entregan en cuerpo y alma a intentar remediarla. Los difusores de mentiras y bulos, noticias tóxicas; los que hacen negocio con la venta de material de protección, los que repudian a vecinos que trabajan en hospitales y no los quieres en su escalera; los que se saltan el confinamiento con chulería; los desmemoriados que no recuerdan lo que hicieron cuando estuvieron gobernando otros desastres o los autores y apoyadores de los recortes bestiales que realizaron en sanidad y educación... ¡Anda que no hay material para este volumen!

Y el cuarto libro estaría dedicado al dolor y la ausencia. Los nombres de quienes han dejado la vida tras el contagio y la enfermedad y el dolor de los familiares que no han podido acompañarlos en los últimos momentos de su vida, que no han podido compartir una última conversación o una última mirada; tomarlos de la mano y transmitirles todo el afecto y el agradecimiento de haber compartido una vida. ¡Qué tristes finales está produciendo esta cruel pandemia! Tristeza de los últimos días de quienes estaban enfermos y presentían próximo el final y de sus familiares, privados del último abrazo.

Libros abiertos para ir añadiendo testimonios e información y que formarían la Enciclopedia de la Pandemia y el Confinamiento. Cualquier lector o lectora de estas líneas, puede añadir volúmenes a la citada enciclopedia con aquellos temas que considere que no están aquí reflejados. Y ahora mismo, cedo todos los derechos, por si alguien quiere llevar adelante este desvarío. ¡Buenas tardes y perdonen las molestias!

Hablando con mis zapatillas

Ya sé que no es algo que ocurra con frecuencia...

Esta mañana he estado hablando con mis últimas zapatillas. Las iba a colocar dentro del armario de mi mesilla de noche, después de haber pasado por la lavadora anteayer... Son unas “Columbia” que compré en una tienda outlet de Escalona, antes de viajar a París el pasado otoño... Tienen un nombre curioso. Me recuerdan, por un lado, las fiestas de Labuerda de mi niñez, cuando venían a tocar los músicos de la orquesta estadillana “Jaz Columbia” y, por otra parte, los viajes del transbordador Columbia que empezaron en 1981 y cuya vida útil terminó llevándose por delante a siete astronautas que lo tripulaban el 1 de febrero de 2003 al desintegrarse pocos segundos después del despegue. También he oído hablar de la Universidad de Columbia, sita en Nueva York, en la que se graduaron gentes como Paul Auster y Barack Obama, además de otros presidentes gringos y demás personalidades. Ya veis que esto daría para un monólogo largo...

Les digo que llevan el nombre de la empresa que las diseñó y las fabrica (aunque es muy probable que hayan sido fabricadas en algún país alejado de aquel en el que se fundó la compañía, debido a la deslocalización empresarial tan de moda). La empresa en cuestión es la Columbia Sportswear Company, radicada en Estados Unidos que fabrica y distribuye ropa deportiva y que se fundó en 1938. 

Sentado en la cama, con las zapatillas a mi lado y mirándolas fijamente, hago un repaso por su currículum, que también es una parte del mío. El caso es que tengo un asomo de pena en esa situación, al verlas paradas desde hace ya muchos días. Les digo que estuvieron en París (a donde llegaron en un TGV); que pisaron el asfalto de la República francesa, que entraron en el Louvre, cruzaron varios puentes del Sena, caminaron por la Plaza del Ayuntamiento y soportaron mi plantón mientras contemplaba cómo había quedado Notre Dame. Subieron a ritmo cansino por las escaleras de caracol del Arco de Triunfo y más tarde, recorrieron la distancia hasta el Arco de la Defense. Descansaron en el barco que navegaba por el Sena, pero antes habían caminado rodeando la Torre Eiffel y habían subido las cuestas de Le Sacre Coeur. Les digo que estuvieron en el Centro Pompidou y en el Museo de Orsay, en contacto con arte de vanguardia y con obras maestras de muchas épocas diferentes... No me alargo más con la experiencia parisina, aunque quedan muchos lugares por citar, para no cansarlas ni cansaros...

Mis zapatillas Columbia siguieron sumando kilómetros, unas veces por asfalto, otras por tierra y piedras; por caminos y montes o por suelo encementado. Les recuerdo los paseos diarios por diferentes enclaves de Labuerda: escollera del Cinca, carretera de San Vicente, caminos de la huerta, montes mirando setas... De tanto pasar por los mismos sitios, seguro que reconocen los caminos “sin mirar”, incluso han tropezado más de una vez en la misma piedra, en la misma raíz levantada de un viejo caixigo o en un tocón demasiado alto... Les recuerdo que, en ocasiones, han viajado cómodamente en coche hasta el lugar donde íbamos a comenzar la caminata, en distintos lugares de Sobrarbe... Viajaron a Zaragoza y pisaron la orilla izquierda del Ebro, entre tierra y hierba; cruzaron puentes e incluso llegaron a algunos centros de la cultura como el CaixaForum o el Paraninfo universitario para asistir, silenciosamente, a la visita de varias exposiciones...

Han paseado por Figols de Tremp y algunos otros enclaves del Pallars Jussá. Me acompañaron hasta la Vall Fosca y caminamos juntos hasta el campamento Flamisell donde estuve yo en 1972 a lo largo de quince días. Fue un momento de intimidad, compartiendo recuerdos... Ese día, visitamos otros lugares del valle que ha excavado el río del mismo nombre... También estuvieron conmigo en la Terreta, una subcomarca del Pallars, y llegaron y llegamos juntos al pueblo de Sapeira, de donde proceden algunos de los ancestros de Mercè... Reconoceríais, les digo, sin problemas, las calles de Fraga, incluido el itinerario seguido para llegar al casco viejo. Me acompañasteis a la inauguración de una exposición fotográfica en el Palacio Montcada. Antes también os llevé conmigo cuando vimos la que habían montado en el espacio FotoEnric sobre “Chamineras de Sobrarbe”, con fotos que fui haciendo a lo largo del tiempo...

Vuestro último servicio, antes del parón, fue acompañarme a la ciudad portuguesa de Oporto y, por tanto, viajar en avión. Vuestro primer viaje en avión, por cierto, je, je., les digo. Caminamos kilómetros y kilómetros cada día y cuando llegaba al hotel, ¡cómo agradecíais que os liberara de mis pies y os dejara tomar aliento un buen rato! En ocasiones, zapatillas y pies estabais tan exhaustas que hacíamos algún trayecto en los viejos y encantadores tranvías porteños. Así y todo, recorrimos ambas orillas del Duero y respirabais descansando cuando hacíamos el recorrido por medio del río en barca. Ya tenéis dos ríos navegados en vuestro CV: el Sena parisino y el Douro portugués. Me acompañasteis a la librería Lello e Irmao, al café Majestic o a la Casa Portuguesa del Pastel de Bacalhau... En los tres casos, fueron momentos de descanso para vosotras -zapatillas que ahora miro- y para mis pies, pues permanecimos sentados recuperando energías o realizando mínimos desplazamientos... Cruzamos uno de los puentes de hierro, el de Luiz I, por las dos pasarelas para peatones, de ida y de vuelta, asomándonos al río y al espectacular atardecer que nos regaló el horizonte...

Y ahora, un momento antes de cerraros dentro del armario de mi mesilla de noche, siento algo de tristeza porque ya llevamos más de una semana sin que ni vosotras ni yo hayamos pisado la calle. Además, las noticias que nos llegan no son muy alentadoras, por lo que va a pasar mucho tiempo hasta que podamos andar las calles y los caminos juntos, descubriendo rincones y geografías. ¡Zapatillas Columbia, no os olvidaré nunca! Y en cuanto abran la veda de caminar, saldremos juntos y recuperaremos viejas sensaciones... Y, diciendo esto, cierro el pestillo de la mesita y sumerjo a mis zapatillas en la más completa oscuridad... Así es la vida de las cosas y las relaciones de cariño que establecemos con algunas de ellas...

Trilogía del Muchacho de Jón Kalman Stefánsson

Trilogía del frío o trilogía del muchacho: “Entre cielo y tierra” (189 páginas) “La tristeza de los ángeles” (316 páginas) y “El corazón del hombre” (382 páginas). Su autor: Jón Kalman Stefánsson. Publicados por Salamandra.

***********************************************************

Esto sucedió durante los años en que seguramente aún estábamos vivos. Mes de marzo, un mundo blanco de nieve...” Así comienza el primer libro.

Respondiendo a la sugerencia que recibí de mi amiga Silvia Luz de Luca, desde la Patagonia argentina, me centré la primera semana del confinamiento en la lectura de esta trilogía islandesa. El hecho de haber viajado con mi familia a ese país nórdico, hace dos veranos, aumentó mi curiosidad.

Todo transcurre, hace poco más de un siglo, en un poblado de pescadores de los fiordos occidentales de Islandia... El protagonista es “el muchacho”, quien queda consternado por la muerte de Bardur, su amigo, al olvidar éste la chaqueta que debería protegerle del viento gélido, pescando en alta mar, por quedarse absorto leyendo El paraíso perdido de Milton; mantiene relaciones complejas con Geirprúdur, una mujer de fuerte carácter, y realiza un viaje peligroso con Jens, el cartero que casi les cuesta la vida...

... Y me sumergí en una aventura de vendavales, nevadas, acantilados, fiordos, mares de hielo; tormentas brutales, bacalao (mucho bacalo), pescadores ahogados, casas de turba, vidas precarias, relaciones sexuales, alcohol, botes de remos o barcos con velas, comportamientos primitivos... Pero también en una narración poética, en la importancia de las palabras e incluso en la fuerza de las cartas manuscritas que pueden cambiar el rumbo de unas vidas... Y leyendo y, sobre todo, una vez concluido el tercer libro, veo al muchacho como una suerte de Jim Hawkins o un joven Ulises que vive una odisea plagada de peligros en su viaje por la vida. Un viaje emocional y físico que comprende aventuras de las que sale ileso, pero pagando un alto precio de amigos que mueren, de observación de la pobreza y la precariedad de la vida, de situaciones límite que lo ponen al borde de la muerte en varias ocasiones y ante un previsible y desfavorable desenlace final... El autor articula una narración usando un lenguaje cuidado, poético en muchas ocasiones, lleno de reflexiones filosóficas sobre la vida y sobre la muerte; sobre el uso y significado de las palabras que decimos o callamos; sobre el valor de la poesía y de los libros (presentes en todos los hogares, por humildes que fueran). Para que todo eso tenga sentido, coloca a los personajes en situaciones difíciles, en las que la generosidad, la compasión, la determinación personal, el criterio propio, la empatía..., pueden resolver momentos durísimos o salvar algunas vidas, aunque el precio que se pague no ahorre amputaciones, desesperación e incluso la muerte... El alcohol causa estragos en la vida de quienes lo ingieren con desmesura y eso genera violencia en las relaciones de pareja o en el comportamiento en general...

Hay mujeres valientes que se enfrentan a las convenciones de ese tiempo (finales del siglo XIX), como Helga y Geirprúdur enfrentada ésta a los poderosos de Lugar que no soportan su independencia; quien decide revelarse contra el maltrato de su marido, como Salvör, y quemar su granja con él -borracho- dentro, después de la última briutal paliza y huyendo con sus hijos pequeños, buscándose la vida. Hay personas como Andrea, a quien la recepción de una carta que le envía el muchacho le hace dejar la vida que llevaba al lado del pescador de corazón seco: Pétur y abandonarlo tratando de emprender otro camino y acabando en la casa de turba de Bjarni que quedó viudo y vive con su madre impedida y cuatro hijos pequeños. Hay viejos lobos de mar, como el capitán Kolbeinn que tenía una biblioteca de más de cuatrocientos libros, pero se quedó ciego y vive con amargura sus últimos tiempos, aunque el muchacho le lee por las noches de vez en cuando...Hay gentes como los caciques de Lugar (que así se llama el pueblo grande de pescadores): Fridrick o su hermano Tryggvi, ayudados por otros (Sigridur, el médico o el reverendo Porvaldur, algo atormentado con el sexo) que no están dispuestos a que nadie se salga de las normas tradicionales, aquellas que relegan a la mujer a tener que casarse, estar en casa y siempre a las órdenes y bajo la autoridad de su marido... Y hay muchos más personajes que se harán familiares con la lectura: Rakel y Oddur a quienes conseguirá unir el muchacho escribiendo una carta firmada por el segundo y dirigida a Rakel... Jens, el cartero, un hombretón que vive con su padre anciano y con una hermana que, en su inocente minusvalía, lo adora y que finalmente acudirá en busca de la nombrada Salvör para empezar otra vida. Ragnheideur, la orgullosa hija del cacique Fridrik, que viajará a Copenhague y con quien el muchacho vivirá un episodio final... Snorri y su modesta tienda que no puede competir con el colmado de Tryggvi o Skúli y su periódico “La Voluntad del Pueblo”, al que miran con recelo los poderosos...Y la chica del pelo rojo, madre soltera de una niña de tres años, con quien sueña el muchacho: Álfheidur...

Unos libros que invitan a una lectura tranquila para saborear su poética, su filosofía; invitan a detenerse y releer frases, párrafos, sentencias que merecen reflexión. Unos libros que, leídos en este mes de marzo tan desafortunado, destilan algo del frío islandés del que van sobradas sus páginas y se le mete a uno dentro. 

El autor (Reikiavich, 1963) fue pescador en su juventud y estudió Literatura, pero no terminó la carrera. Se ocupó de una biblioteca municipal durante unos años para después dedicarse a escribir a tiempo completo.

Y los tres libros, como ya he insinuado con anterioridad, están llenos de citas que invitan a la reflexión, sin duda. He elegido unas cuantas, de las muchas que podrían dar de si para conversar en un fórum sobre los tres libros o sobre cualquiera de ellos.

 

Del primer libro: 

..Los habitantes de este valle solo ven fragmentos de cielo. Sus horizontes son las montañas y los sueños”. (Pág. 80)

.. “La poesía es como el mar, un lugar profundo y oscuro, pero también azul y portentosamente bello, donde habitan muchos peces y criaturas de toda clase, no siempre buenas” (p.169)

.. “A lo mejor, el infierno de un ciego es una biblioteca...” (p.172)

.. “Quizá el objetivo del relato fuera resucitar a Bardur de entre los difuntos, penetrar en el reino de la muerte armado con palabras. Las palabras tienen el poder de los trols y la capacidad de derrocar a los dioses, pueden salvar vidas y destruirlas, Las palabras son las flechas, Las balas de rifle, las aves mitológicas que persiguen a los héroes, las palabras son los peces primitivos que descubren un secreto espantoso en las profundidades, son una red tan extensa que puede atrapar el mundo y abrazar el cielo, pero a veces no son nada, apenas unos harapos cubiertos de hielo, viejas fortalezas que la muerte y la desdicha destruyen sin esfuerzo”. (Pág. 176)

 

Del segundo libro:

.. El hombre se muere si le quitan el pan, pero si no tiene sueños se marchita”. (Pág. 23)

.. ¿Para qué sirve la literatura si no tienen el poder de cambiar el destino? Hay libros que son entretenidos pero que no remueven nada en las personas. Luego existen otros que te hacen dudar, que te dan esperanza, que amplían tu mundo y te enseñan lo que es el vértigo, Ciertos libros son esenciales, otros solo un divertimento”, dice el narrador (Pág. 26)

.. “Sin embargo, las palabras son una de las pocas cosas que tenemos a mano cuando todo parece habernos traicionado. Y tampoco olvides nunca algo que nadie entiende: que las palabras más insignificantes y las más inimaginables pueden, de un modo inesperado, soportar un peso enorme y alentar la vida para salvarla de los precipicios más vertiginosos”. (Pág. 37)

.. “Algunas palabras parecen soportar el poder demoledor del tiempo, es tan extraño, no se erosionan, probablemente queden un poco deslucidas, pero siguen ahí y conservan vidas desaparecidas hace mucho tiempo, conservan los latidos de corazones desaparecidos, el eco de las voces de niños desaparecidos, son los guardianes de antiguos besos. Algunas palabras son conchas en el tiempo, y dentro de ellas quizá esté tu recuerdo...”, le escribe el muchacho a Andrea (pág. 76).

.. “La muerte no trae consigo ningún consuelo, y en el caso de que este fuera posible, sucedería a lo largo de la vida. Sin embargo, nada hay tan mal valorado como la vida. Maldices los lunes, el mal tiempo, a los vecinos, maldice los martes, el trabajo, el invierno, pero todo desaparecerá en una fracción de segundo. Toda esa abundancia quedará reducida a nada y será reemplazada por las miserias de la muerte”. (Pág 121)

.. “Al ser humano le resulta muy saludable maldecir, es casi tan sano como rezar, y a veces más provechoso”. (pág. 283

 

Del tercer libro:

.. “La vida, como dice un libro clásico, se reduce a encontrar a otra persona con la que pasar los días y a prolongar luego esa coincidencia... Ya nacemos solos y morimos solos, resulta agotador vivir solo también” (Pág. 23)

.. “Los sueños son la luz que ilumina al hombre, la claridad que lo rodea como una aureola; en su ausencia sólo hay tinieblas.” (Pág. 69)

.. “Quien nunca ríe se transforma en piedra con el tiempo”. (Pág. 116)

Gisli, uno de los personajes del libro, hermano disidente de los nombrados más arriba como caciques de Lugar, director de la escuela, escritor y poeta, hombre culto aunque muy aficionado a la bebida dice: “Esta nación nunca será nada, dice en voz alta dirigiéndose a sí mismo, a la luz y a su bastón, si no está dispuesta  a priorizar la educación frente a la pesca, ni a creer en el poder del espíritu... Cree más en las manos que en el pensamiento, en el trabajo que en el espíritu y eso no le permite tener la paciencia necesaria para emprender grandes tareas”. (Pág. 139)

.. “Uno puede saber más que nadie, saber de la vida, ser capaz de describirla con palabras poderosas y de discernir causas y consecuencias, y no tener la menor idea de cómo conducir su propia existencia en el día a día”. (Pág. 144)

.. “Cada mañana se levanta un poco antes de las seis y estira el brazo para agarrar un libro, son poemas que lee en lo que tarda en abandonar el mundo de los sueños para entrar en la fragilidad del alba, uniendo así con un poema día y noche, sueño y vigilia, sin duda no hay mejor forma de despertar para el hombre”. (Pág. 157)

.. “Pero es agradable recibir una carta, saber que alguien se interesa tanto por ti como para tomarse el tiempo de sentarse y de escribir unas palabras, pensando en ti mientras redacta su misiva. Recibir una carta es señal de que existes, de que hay en ti más luz que tinieblas”. (Pág. 159)

.. “El muchacho le habló de Bjarni, ese hombre pausado e inquebrantable, de expresión un poco triste, le dijo que leía, que su padre había entrado en una casa en llamas para salvar algunos libros, esa gente tiene sueños, su corazón no es un pájaro muerto, ni tampoco un pedazo de bacalao seco”. (Pág. 254)

Pocas cosas cuentan tanto como recibir una carta. En las cartas habita una forma de proximidad, son capaces de abolir la distancia y son una compañía preciosa y duradera para el ser humano, pues siguen proporcionándole calor mucho tiempo después de haber sido leídas”. (Pág. 312)

.. O como está escrito en alguna parte: “El poder convierte a veces al hombre en un ser demoníaco, por eso los seres humanos pueden ser la peor plaga que existe sobre la tierra”. (Pág. 318)

“¿Dónde comienza la vida y dónde cesa la muerte, sino en un beso?” (última línea de la última página del tercer libro)

 

25 de marzo de 2020. Fiesta de Escanilla