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Maquila, de Rafael Cabanillas Saldaña

Maquila. Rafael Cabanillas Saldaña. Toledo. Editorial

Cuarto Centenario – 2023. 297 páginas

Lo he leído en Labuerda, en tres tardes de septiembre de este 2026. Otro texto de Rafael que me ha gustado mucho. Otro texto sin concesiones, sin eufemismos, llamando a las cosas y a los acontecimientos de la vida, por su nombre, aunque éste no sea nada amable en muchas ocasiones. En este libro, su autor, en parte del libro, no se aleja de la geografía física y humana en la que transcurrían las historias contadas en Quercus, Enjambre o Valhondo, libros de su ya célebre trilogía “En la raya del infinito”, aunque algunos de sus personajes bajan al llano y a la capital, viviendo otras experiencias.

Antiguamente (porque tiene otros significados), maquila era la porción de harina, grano o aceite que el molinero retenía como pago por realizar la molienda del trigo o la aceituna de un cliente. El protagonista del libro, Manuel, entre otras actuaciones, realiza todos los pasos necesarios para “comprar” el molino del abuelo Maquila (el bisabuelo de Manuel) a todos los familiares vivos (supuestos herederos del molino) , con el propósito de reconstruirlo y, aunque no vuelva a moler en él, sí consigue levantarlo y dignificarlo como vivienda (tras veinte años de trabajo), manteniendo algunos elementos, como las piedras de moler o la acequia que lo recorre en su interior, bajo una superficie acristalada que permite ver discurrir el agua que, antiguamente, hacía funcionar el molino.

Manuel se encuentra con frecuencia con el tío Justo (el último pastor del valle de Navatrasierra), pastor de cabras, dedicado toda su vida a ese oficio. Cada encuentro es una lección de vida que el pastor le da al joven bibliotecario (Manuel trabaja en la Biblioteca Nacional de Madrid). El tío Justo en sucesivos encuentros le va desvelando secretos o situaciones de su vida; de una vida durísima, con episodios de una brutalidad infinita. La descripción de su nacimiento y vida en el chozo dejan al lector duramente pensativo sobre unas condiciones extremas de miseria y de hambre. Más duras si cabe por estar en el límite de fincas cerradas con alambre; fincas dedicadas a cacerías de la gente pudiente que está rodeada de lujos y de sirvientes en condiciones de casi esclavitud; gentes que acuden a matar perdices u otras piezas de caza como jabalíes, corzos, ciervos, etc. con el único fin de divertirse y hacer negocios (uno no puede evitar trasladarse a “Los santos inocentes”, la obra de Delibes o a “la escopeta nacional”, la película de Berlanga, leyendo las descripciones que Rafael hace de esas cacerías).

Algunos episodios son de extrema dureza y reflejan brutalmente cómo vivían algunas personas, en algunos entornos, en la década de los 40 y 50 del pasado siglo. La muerte de Angelita, la madre del tío Justo, pariendo en soledad y sin ninguna asistencia, (“... que se torció el parto. El parto torcío en un chozo. Un chozo en la finca del Ahorcado. En el erial del espanto”). O el verraco que se come a uno de los hijos de la viuda Catali, mientras atiende a los otros hijos enfermos, dentro de su miserable chozo, te dejan devastado. Visión que condena a uno de los hermanos del desafortunado a la sordera y la mudez, hasta que, con el paso del tiempo, vuelva a hablar y a cantar, aunque sin desprenderse del mote de “Puespués”, por la tartamudez en la que acaba aquel trauma de horror y silencio

Vive el protagonista la ruptura con su novia Desirée de una manera traumática, frecuentemente sueña con ella y en sueños imagina otra realidad distinta a la que vive en completa soledad emocional, pero en el momento que la encontró con otro compañero de cama no se dio otra oportunidad de volver a verla, de escucharla, como ella le pidió reiteradamente... Él que seguía enamorado de Desirée, lleva aquella ruptura con desconsuelo. Y, paralelamente se entrega totalmente al cuidado de su madre -Lucía, viuda temprana e inesperada de su esposo Edilio; “el fallecimiento de mi padre coincidió con el desfallecimiento de mi madre”, dice el autor- que ha empezado un tránsito hacia el olvido. Es un tiempo de dolor inmenso, viendo, sufriendo y acompañándola en ese deterioro progresivo y terrible que condena a muchas personas a un indeseable final.

En definitiva, otro libro tremendo, donde no hay ni espacios ni tiempos para la alegría, porque lo que narra Rafael Cabanillas son situaciones de brutal injusticia de la posguerra, en la que conviven -sin tocarse, eso sí- el hambre y la miseria; el abandono más lacerante con la opulencia y los privilegios de la otra gente, de la que vive en Madrid y tiene las fincas más extensas para divertimento de seres pudientes, sin alma, que ni miran ni ven a quienes ocupan los últimos escalones de una sociedad plena de injusticias. Circunstancias relatadas con conocimiento de causa por el tío Justo que, aunque pastor de cabras, posee una experiencia y una filosofía de vida íntegra y definitoria de un tiempo y unas circunstancias comunes a otros muchos lugares de aquella España que vivían bajo una brutal dictadura... Y una extensa reflexión sobre el dolor extremo de acompañar a un ser querido (en este caso, la madre del protagonista) hasta la última etapa del viaje de la vida.

Rafael Cabanillas da la voz a hombres y mujeres silenciados, menospreciados y sometidos, en una tierra que se ha ido poco a poco vaciando, y reflexiona sobre la desaparición de una cultura milenaria y de los conocimientos transmitidos de generación en generación. Igual es porque esa tierra que le ha servido de inspiración es la que conoce como la palma de la mano, porque ha vivido y trabajado en ella.

Hagan un hueco, si todavía no lo han hecho, y acérquense a Maquila. El viaje merece la pena.

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