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Reseñas de dos libros leídos

Reseñas de dos libros que he leído recientemente, publicado ambos por la Editorial Navona. Por si te apetecen este verano...

Tortilla Flat, de John Steinbeck

“Fecha de publicación: 1935. Traducción: José Luis Piquero. Colección: Ficciones. Número de páginas: 258. ISBN: 978-84-16259-09-0. Editorial: Navona – Barcelona. Cuarta edición: abril 2015. Formato: 15 x 23cm. Género: novela picaresca. Presentación: rústica”

No había oído hablar de esta novela. Llegó a mis manos de pura casualidad, pero me lo he pasado “pirata” leyéndola. Es puro desenfado. Perfectamente actual, a pesar de estar escrita en 1935. Y también, perfectamente “antigua”, pues uno ve ramalazos del Lazarillo en algunos comportamientos... Es una novela picaresca, ambientada en Monterrey (California), que retrata el modo de vida de un grupo de personas (los “paisanos”: mezcla de indios, hispanos y diversas razas caucásicas...), desposeídos de bienes materiales (indigentes o marginados serían denominados, hoy día) que tienen un alto concepto de la amistad y de la libertad personal. Esas dos son sus grandes banderas y beber vino su más entrañable afición.

Muy pronto, uno de los protagonistas, Danny (sobre el que giran, en parte, los acontecimientos) hereda dos casas viejas en las colinas de Monterrey. Están situadas en medio de bosques de pinos, en la zona denominada Tortilla Flat (Llano de la Tortilla) y allí van a ir encontrando refugio el resto de los amigos que tantos días y noches pasaron a la intemperie: Big Joe el Portugués,  Jesús María Corcorán, Pablo Sanchez,  Pilón, El Pirata, Tito Ralph... Importante papel tienen también quienes, aún sin vivir con ellos, aparecen en el libro y en sus vidas de manera intermitente; gente como Dulzuras, Cornelia Ruiz, Torrelli (el propietario del bar más próximo), la señora Morales, Teresina...

Sus vidas transcurren al margen de los latidos de la sociedad y aprovechan todas las rendijas posibles de la misma para llevar adelante su existencia que, como ya hemos sugerido, está jalonada por una aversión al trabajo, un vagabundeo sin prisas, una fraternal camaradería, un amor desmedido al vino, algunos ramalazos de lujuria y un alto concepto de la libertad. Todos, personajes excéntricos, pero muy reales, con relaciones personales complicadas y, en muchas ocasiones, divertidas que nos hacen sonreír, pero que también invitan a la reflexión. Son gente buena, generosa, ingenua y feliz que se han desentendido de convenciones sociales, que no trabajan, ni pagan impuestos; a quienes les gusta tomar el sol, disfrutar de la pereza, estafar a sus vecinos y beber vino en grandes cantidades; pero que son capaces de proteger a otros como ellos y ayudar a quien lo necesite, aunque lo hagan, en ocasiones, como dice el traductor en el prólogo, en plan filibustero.

Como ejemplo del tono humorístico, utilizado por Steinbeck, reproduzco el siguiente fragmento en el que se narra la conexión entre la afición a beber vino y a comunicar sentimientos; dos cuestiones que –según el autor- van indisolublemente unidas, cuando se trata de beberse dos garrafas de vino: “Espiritualmente, los tragos pueden graduarse así: justo bajo el gollete de la primera botella, conversación seria y reposada. Cuatro centímetros más abajo, tristes y dulces nostalgias. Cinco centímetros más, recuerdos de viejos amores felices. Dos centímetros, recuerdos de viejos amores desdichados. Fondo de la primera botella, una vaga tristeza general. Gollete de la segunda botella, negro e impío abatimiento. Dos dedos más abajo, una canción sobre la muerte o la añoranza. Un pulgar, cualquier otra canción que uno conozca. Las graduaciones se detienen aquí porque se pierde todo rastro y ya no es posible ninguna certeza. A partir de este punto cualquier cosa puede ocurrir”.

El libro se lee con alegría porque Steinbeck lo cuenta todo con inteligencia y sentido del humor. En definitiva, su lectura garantiza un tiempo de goce intelectual, de modo que si dispones de unas tres horas libres, puedes hacerte este regalo. Yo, te lo recomiendo.

 

Reportaje al pie de la horca, de Julius Fucík

“Traducción: Libuse Prokopová. Número de páginas: 137. ISBN: 978-84-16359-13-7. Editorial Navona – Barcelona. Primera edición: junio de 2015. Formato:  15 X 23 cm. Género: autobiografía. Presentación: rústica”

Sorprendente comienzo (con una metáfora cinematográfica) el que nos regala Fucík en esta reflexión, con la que se inicia este libro, bajo el titular: “Escrito en la cárcel de la Gestapo en Pankrác, durante la primavera de 1943”:

“... Alguien, un día -quizá nunca sepamos quién ni cuándo-,  llamó a este cuarto del Palacio Petschek –salón cinematográfico-. ¡Qué idea tan genial! Una sala espaciosa, seis largos bancos en filas apretadas, ocupados por los cuerpos inmóviles de los reos y frente a ellos la pared limpia como una pantalla de cinematógrafo. Ni las productoras de todo el mundo han podido rodar tantos filmes como los proyectados por los ojos de los reos sobre el mu­ro, en espera de nuevo interrogatorio, de la tortura, de la muerte. Películas de vidas enteras o de los más pequeños fragmentos de la vi­da; películas de la madre, de la esposa, de los hijos, del hogar destruido, del porvenir destrozado; películas de camaradas valerosos y de la traición; películas del hombre a quien entregué aquella octavilla, de la sangre que correrá otra vez, del fuerte apretón de manos, del compromiso de honor; películas repletas de terror y de decisión, de odio y de amor, de angustia y de esperanza. De espaldas a la vida, cada uno, contempla aquí, diariamente, su propia muerte. Y no todos resucitan...”

Praga, ciudad con un fecundo pasado histórico y mitificada, entre otros acontecimientos, por su famosa “primavera” de 1968 que acabó con la invasión soviética de la entonces Checoslovaquia, había vivido veinticinco años antes, acontecimientos terribles bajo la ocupación nazi. Y fue en la primavera de 1942 cuando el autor de este libro fue detenido por la Gestapo y confinado en una de sus cárceles, el Palacio Petschek , primero y seguidamente en la prisión de Pankrác de la capital checa.

Julius Fucík había nacido a comienzos del siglo (en 1903) y era periodista y escritor reconocido, afiliado al Partido Comunista de Checoslovaquia. Desde su detención hasta su muerte en la horca, pasaron un año y cuatro meses, transcurridos como preso de la Gestapo, sometido a torturas sin nombre para que hablara y delatara a personas que, desde la clandestinidad, estaban tratando de organizarse para luchar contra la ocupación alemana. No consiguieron doblegar su firme voluntad de mantenerse callado y no dar ni una sola información que pudiera poner en peligro la vida de otras personas...

La lectura de este libro, de este curioso reportaje de las propias vivencias que van a conducir a quien las escribe a la muerte (sin duda, una muerte anunciada) produce una notable inquietud. Ya solo la lectura del primer capítulo, titulado “Veinticuatro horas” te lleva a pensar si no será mejor dejar este libro y buscar otra historia más amable... Finalmente, decides continuar para ir descubriendo como, en medio del inmenso dolor de las torturas, de la posible desesperación ante la inevitable muerte final, un hombre saca fuerzas del interior para no doblegarse, para cumplir con su deber de dejar constancia de lo que está viviendo; aún tiene tiempo de retratar a algunas de las personas de su entorno en prisión y reconocer en algunos de sus guardianes actitudes dignas de ser reseñadas y escritas para que sean conocidas cuando él ya no esté..., como la del guardián que le proporcionó papel y lápiz para que pudiera escribir y sacó clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas que la compañera de Fucík pudo convertir en este libro, traducido a más de 80 idiomas..

Julius Fucík, habitante de la celda 267, caminaba hacia la muerte cantando “La Internacional”, según cuenta su esposa Gusta Fucikova y la despedida que deja el escritor en su último texto, fechado el 9 de junio de 1943 es un lacónico: “Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!” Seguimos alerta porque el mal habita entre nosotros.

Este emotivo y duro “reportaje” refleja cómo algunas personas, en situaciones límite, tuvieron una reacción de enorme dignidad y valentía; de una sangre fría y una determinación ejemplares y sintieron en su interior una extraña fuerza que los mantuvo con la cabeza alta, incorruptibles, sabedores de que sus pequeñas acciones podrían contribuir a dejar un futuro mejor para quienes tuvieran la fortuna de vivir en él. Eran seres de una pasta especial, como Julius Fucík, recordado en su país y al que, si lees este libro, no olvidarás.

Esta edición de Novona editorial se abre con un poema que Pablo Neruda dedicó a Julius Fucík; poema que también se reproduce en la contraportada del libro, y que comienza así:

“Por las calles de Praga, en invierno, cada día, / pasé junto a los muros de la casa de piedra / en que fue torturado Julius Fucík / ...”

Para terminar esta reseña, aunque pueda parecer consejo innecesario, sugerir una vez finalizada la lectura del libro (o tras la finalización de un capítulo cualquiera) realizar búsquedas en Internet de algunos nombres que aparecen en el texto, sean de personas, de ciudades, de instalaciones y ver fotografías o leer informaciones complementarias; es decir, aprovechar la tecnología para alargar la dimensión del libro leído, siempre que sea posible.

06/07/2015 14:32 gurrion #. sin tema

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