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CABREOTERAPIA (IV) Colectiva

 

El pasado miércoles tuvimos en el CPR de Alcañiz la última sesión del curso: “El valor educativo de las bibliotecas escolares”. Regresé de allí satisfecho del trabajo que hicimos, de los debates que se produjeron, de las observaciones hechas por las personas participantes, etc. Algunas de esas personas respondieron a mi propuesta de escribir algunos cabreos cotidianos para elaborar un nuevo capítulo de la  cabreoterapia,  colectiva. La que sigue es la cuarta entrega de este serial, con 50 nuevos motivos para cabrearse; porque, según dicen varias anónimas colaboradoras y algunos anónimos colaboradores, a ellas y a ellos lo que les cabrea de verdad es:

  

1. Aprobar las oposiciones sin plaza. 2. Engancharme a diferentes series de televisión. 3. La impuntualidad. 4. Pasarme con la sal cuando cocino. 5. Que la gente escupa en el suelo de la calle cuando camina o pasea. 6. Ponerme mala en vacaciones. 7. Comerme una almendra amarga. 8. Que la última pipa de la bolsa esté “podrida” y me deje con un asqueroso sabor de boca. 9. Que cuando voy conduciendo con el coche, me digan el conocido: “¡mujer tenías que ser...!” 10. Que me echen el humo del tabaco a la cara. 11. Que cuando voy conduciendo, el de atrás se acerque mucho a mi coche. 12. Que me tomen el pelo. 13. Que me hagan una pregunta y, seguidamente, no hagan ni caso de la contestación que acabo de dar. 14. La gente que siempre está contenta. 15. Que las aceras de mi pueblo sean tan estrechas. 16. Los peñistas. 17. No poder hacer todo lo que quiero. 18. No tener ni idea de literatura. 19. Que me localicen al encender el móvil. 20. El desorden, tanto en casa, como en el trabajo. 21. La gente que grita. 22. La gente que no es sincera. 23. La hipocresía, cuando alguien finge ser lo que no es. 24. Los tunos. 25. Despertarme cinco minutos antes de que suene el despertador. 26. Cabrearme. 27. El cinismo. 28. Hacer la lista de la compra y darme cuenta, al llegar al supermercado, de que me la he olvidado en casa. 29. Que se acabe la batería del teléfono en mitad de la conversación. 30. El cambio climático. 31. Tener mucha ropa para planchar. 32. Las injusticias de la vida, ¡hay tantísimas!. 33. Que pongan veinte minutos de anuncios y cinco de película. 34. El engaño y la mentira, sobre todo si la víctima soy yo. 35. La subida de impuestos. 36. Las personas que no razonan sus argumentos. 37. El abuso de autoridad. 38. Que se me olviden las cosas, los nombres... 39. No tener cinco minutos diarios para mí. 40. Los ruidos estridentes de las motos. 41. La burocracia. 42. Que el coche de delante no use los intermitentes cuando hace una maniobra. 43. Las preguntas sin respuesta: ¿Por qué hay ricos y pobres?, ¿guapos y feos?, ¿buenos y malos?... 44. Ver el ejemplo que da la televisión a las niñas y a los niños (y a los mayores) en programaciones rosas, deportes, películas... 45. Que no me escuchen cuando estoy hablando. 46. Repetir las cosa más de dos veces. 47. La “mala leche”. 48. La niebla matinal cuando tengo que viajar y sufrirla. 49. Que alguien diga algo en público que yo también había pensado, pero que no me atreví a decir; me cabreo conmigo, claro. 50. La falta de tiempo para dedicarlo a mis aficiones o a perderlo, simplemente.

Más adelante, volveremos con cincuenta nuevos argumentos. Tengo ganas de bucear en la prensa con este propósito.

 

P. D.: El pasado fin de semana: viernes y sábado, en Labuerda se celebró la fiesta pequeña, San Sebastián, con hoguera, baile, caridad, ronda, comida, recena, rifas... En realidad, una manera muy humana de echarle un pulso al invierno, porque, como dicen estos improvisados versos:

 

 

San Sebastián en Abuerda

ye un santo muy querito

pues con a suya foguera 

acotolamos o frío.

Amás as chens no paran

de minchar con fundamento

de brincar con a mosica

y olvidase de l´ibierno.

San Sebastián ye barbudo

y cada mes de chinero

baixa t´a plaza mayor

p´alegrar o nuestro pueblo.

5 comentarios

Mariano -

Algunos llevamos toda una vida llenando formularios a sabiendas de que no tienen mucha utilidad y también nos vemos obligados a renombrar las cosas de la educación cada cierto tiempo. ¿Te imaginas que los objetos de la vida cotidiana fueran cambiando de nombre porque cambiara el gobierno o fuéramos ya autonomía de primera...? Pues en educación nos tratan así. Yo creo que ahora mismo, lo menos importante (para quienes mandan en educación y para todos los exiliados de la tiza, que siguen siendo muchos) es lo que pasa en las aulas. Ahí qué se apañe la maestrita o el maestrito. El caos de medidas, programas, etc. es mayor cada curso y nadie se toma la molestia de valorar si algo funciona realmente (estoy hablando de una valoración seria y no complaciente con quien se inventó la medida en cuestión, con quien tuvo la ocurrencia). Yo ya casi ni me cabreo en realidad; veo que no hay salida y no nos queda otra que volver a las trincheras (y como decía Groucho, creo recordar, como no tenemos tiempo de hacerlas, habrá que comprarlas hechas). Ánimo, amigo, que hay muchos que ni se cabrean ni sufren por estas cosas. Tenemos que cuidarnos, que también hay vida más allá del aula y en muchas ocasiones, necesita de nuestra atención. Un abrazo. Mariano

José Luis -

Bien Mariano, si no puedes leer Heraldo no te apures, que tengo más motivos. Puedes dedicar dos horas semanales para adaptar los proyectos curriculares a la nueva ley, a las competencias, etc., sin conocer nada de ellas, dando palos de ciego, haciendo trabajo que a la semana siguiente hay que deshacer. Puedes hacer decenas de estos asuntos burocráticos que consisten en cortar y pegar, y en rellenar por rellenar papeles oficiales sin fundamento. Copiando del currículo oficial y transcribiendo literalmente al documento de centro. O rellenar la encuesta sobre cuándo integrar los 30' obligatorios de lectura diaria que ahora parece lo obligatorio (encuesta que es la monda de graciosa). A la vez que haces estos asuntos, piensas en la cantidad de cosas que quedan por hacer en las clases con los niños, y, voilá, cabreo al canto.

De hecho, puedes contar con mi experiencia. Cabrea a los pocos minutos.

Un abrazo.

Mariano -

Hola, José Luis:

Esta gente me cabrean hace ya mucho tiempo. NO puedo leer ahora Heraldo y en la edición dicital leo algo sobre una homilía en contra del laicismo. No tienen respeto por nada; se atreven a hablar de todo y para colmo creen en la infalibilidad...
Cuídate, amigo y utilizando sus propios ruegos, "que dios nos libre de ellos".

José Luis -

Hola Mariano.

Lee Heraldo y encontrarás un puñado de motivos para el cabreo. Te recomiendo, para un cabreo magnífico garantizado, leer al obispo de Huesca en la página 40 de hoy lunes. En la sección "Galería", esa que aproximadamente integra los asuntos de cultura y variedades (lo del obispo supongo que serán eso, variedades).

Un abrazo.

Fina -

Después de pasar unas semanas subiendo al cole para dibujar y pintar escenarios para la obra de teatro de los niños, quiero añadir un supermegacabreo a la lista:
- las madres que piensan que trabajan más que tú y nunca tienen tiempo para ayudar pero que el día de la fiesta aparecen y disfrutan toda la tarde de lo bien que ha quedado todo y lo guapos que van sus hijos sin agradecer ni valorar el esfuerzo que hay detrás de todo lo que ven.

Pues eso....un saludo