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DOS LIBROS QUE SE ME HAN JUNTADO Y QUE DENUNCIAN EL LADO OSCURO DEL SER HUMANO

Estos días finales de un año y principios de otro, se me han juntado en mi mesa de trabajo dos libros que hablan de la barbarie; de algunos comportamientos crueles e inhumanos, puestos de manifiesto a gran escala y generadores de brutales e irreparables daños. Igual no son las fechas más indicadas para hablar de ellos, pero es ahora cuando he podido armar este texto resumen de ambos.

1.- El primero, (El campo de concentración de Sachsenhausen. Acontecimientos y evolución, de Günter Morsch y Astrid Ley), me lo compró mi hijo Daniel cerca de Berlín. Estuvo visitando con un grupo de amigos y amigas el citado campo, en la población de Oraniemburgo. En realidad, según puede leerse en el prefacio, se trata de uncatálogode 191 páginas:El catálogo del campo de concentración nacionalsocialista de Sachsenhausen 1936-1945 es, por su noble fin, una auténtica colección histórica de la memoria visual de Sachsenhausen.

En él abundan las fotografías que documentan una parte importante de los sucesos que allí ocurrieron y también se reproducen multitud de documentos; además de objetos, dibujos y grabados realizados por las personas que estuvieron allí encerradas, buena parte de las cuales perdieron su vida; fueron vilmente asesinados con los métodos más variados. Imagino que pisar la tierra donde estaban instalados los barracones de los internos o los alojamientos de sus guardianes, así como las instalaciones disuasorias como torres de vigilancia, muros, alambradas, etc. debe producir o remover sentimientos profundos a quienes vemos en esos restos la materialización de la ferocidad, de la falta de compasión, de la brutalidad, del desprecio más absoluto hacia las personas. Mirar y leer este libro, pasar sus páginas despacio para leer el contenido de lo que la instalación guarda, como memoria colectiva de un tiempo roto y descarnado, no es precisamente una fiesta.

Leyéndolo, la cabeza no deja de moverse, como certificando externamente esa incredulidad interior que uno vive en silencio mientras los ojos transitan doloridos por las líneas que reproducen las palabras de algunos supervivientes, como Heinz Wollmann, judío alemán, quien recuerda:Tuve que cargar sacos de cemento, me derrumbé. Bubi Krüger me golpeó en la cara con la culata del fusil, aquí mismo, me rompió la nariz, todos los dientes fuera. ´¡Levántate!¡Hijo de perra!.

El humo de las chimeneas de los crematorios, los vapores que se elevaban desde las ascuas de los huesos, se depositaban sobre el campo y sus alrededores. Cuando los fuegos eran atizados para que ardieran a más temperatura, caían copos gruesos de hollín que dejaban manchas en la ropa, las manos y las caras. Todo el tiempo teníamos presente la matanza. Lo peor era nuestra impotencia, recuerda Harry Naujoks, prisionero político alemán.

El libro (o catálogo) va ofreciendo también fotografías de propaganda, realizadas por los nazis, que pretendían dar una imagen de normalidad y de trabajo y hasta de buen trato. De hecho realizaban montajes fotográficos y fílmicos en los que se mostraba una imagen de lareeducacióna través del deporte y del trabajo duro¡Qué cinismo más escalofriante! Todo ello, claro, contrasta terriblemente con los testimonios de los supervivientes, con los dibujos realizados por muchos internos y con los objetos que realizaban en la clandestinidad y que hoy forman parte de la exposición permanente del museo. Y siguen los recuerdos macabros de quienes salieron vivos de aquella instalación destinada a degradar y exterminar seres humanos:Miembros de las SS indicaban la divisa a los recién llegados, señalaban hacia la chimenea del crematorio y decían: ´hay un camino hacia la libertad, pero sólo a través de esa chimenea´, recuerda otro superviviente.

Sirva esta información para calibrar hasta qué punto había individuos que diseñabanen este caso, buscando un beneficio comercial- sistemas de tortura y de desprecio del ser humano:A partir del verano de 1940, por encargo de la industria alemana del calzado, los prisioneros tenían que probar suelas de zapato pasando por una pista de prueba de calzado construida especialmente con esa finalidad alrededor del patio de la revista. Independientemente del tiempo que hiciera, los prisioneros que formaban parte de ese grupo de castigo tenían que recorrer a paso ligero este circuito de 700 metros hasta llegar incluso a alcanzar un total de 40 kilómetros al día. Quienes no aguantaban la velocidad eran golpeados por la SS. Fueron pocos los que sobrevivieron esta tortura más allá de un par de semanas.

El prisionero ucraniano Iván Rudschenko relataba en 1996:Imagínese usted coger a cuestas a una persona que ha muerto o que vive todavía. Todavía vive, respira, habla, y lo cargas y lo tiras sobre el carro y lo llevas al crematorio. A principios de febrero de 1945, el número de prisioneros del campo de concentración de Sachsenhausen alcanzó su cifra más alta: casi 70.000 hombres y mujeres estaban internados en el campo principal de Oranienburg y en los numerosos campos exteriores. Muchas fábricas alemanas utilizaron batallones de trabajadores de varias nacionalidades (rusos, franceses, noruegos, polacos), tanto del campo central como de los campos exteriores de Sachsenhausen; mano de obra barata que era tratada con brutalidad. Había un ensañamiento especial con los judíos, los gitanos, los homosexuales... La mayoría debían trabajar en la producción de armas, en fábricas de ladrillos, formando brigadas que debían reparar los daños ocasionados por los bombardeosY también aparecen en el libro retratos con ostentosas gorras de tipos que respondían al nombre de Hans, Otto, Kart, Hermann, Antón, Wilhelmcriminales de guerra, miembros de las SS que escribieron una de las páginas más salvajes e inhumanas de la historia; en realidad, faltan adjetivos para calificarla.

 

2.- Un tiempo después, adquirí por encargo en la librería:Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940), de Ascensión Badiola Ariztimuño. Lo solicité después de mi viaje a Bilbao, en el mes de septiembre, por asuntos de bibliotecas escolares. Comenté a algunos de mis anfitriones lo que me había contado mi padre varias veces: que estuvo prisionero en la Universidad de Deusto, convertida en campo de concentración y que llegó a albergar alrededor de cinco mil detenidos. Me quedé de piedra cuando me confesaron que no habían oído ni hablar del asunto. Ya de regreso, indagué en Internet y di con esta reciente publicación (editada en 2011 por Txertoa argitaletxea, de Donostia). La misma autora nos aclara en el prólogo:El motivo de comenzar en el verano de 1937 no es otro que el hecho de que fue el 19 de junio de aquel año cuando Bilbao cayó en manos de los sublevados y, apenas dos meses después, el 25 de agosto, se firmó la Rendición de Guriezo, también conocida como pacto de Santoña, por el que el ejército vasco, Euzko Gudarostea, entregó las armas a las tropas italianas y fue recluido en el Penal del Dueso, en Santoña, () He elegido 1940 para poner fin al periodo de estudio porque fue a primeros de aquel año cuando se clausuró el campo de concentración de Deusto. Fue entonces también cuando concluyó el periodo más crudo en cuanto a consejos de guerra, penas de muerte y ejecuciones.

El grueso de este libro lo ocupan dos partes. En la primera encontramos desarrollados estos titulares:Del penal de El Dueso a las cárceles bilbaínas; se hace un repaso por la persecución al clero: los curasrojo-separatistas; se habla del régimen de alimentación y alojamiento en el penal; se da información de cárceles vizcaínas, como Larrinaga, Escolapios, chalet de Orue, Carmelo y Amorebieta; incluso de la habilitación de las plazas de toros como posibles campos, del barco de prisioneros Upo Mendi, etc.

La segunda parte viene titulada así:Campos de concentración, batallones de trabajo y colonias penitenciarias militarizadas. Nos habla la autora de cómo se clasificaban los prisioneros; del campo de concentración del Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de la Universidad de Deusto y su apertura y cierre; de los batallones disciplinarios de trabajo e industrias militarizadas; de los trabajos con mano de obra prisionera; de las obras de reconstrucción de Bilbao; de los prisioneros de las minas de Gallarta, Galdames y La Arboleda; de los campos de concentración de Lezama, Orduña; del aeropuerto de Sondika realizado por prisioneros.

Ascensión ofrece unas páginas de conclusiones a su investigación y luego aparecen largos listados de personas cuya estancia quedó registrada en alguno de los campos; a pesar de que se destruyó la mayor parte de la documentación, como se nos recuerda en el libro, en varios pasajes.

Se reproducen con mucha frecuencia fragmentos de cartas escritas por prisioneros que aportan información de primera mano sobre las condiciones de vida, la alimentación, los castigos, las condenas injustas y sin fundamento, los fusilamientos, la represión en general. Documentos que nos acercan a lo que ocurrió en realidad porque la propaganda del régimen decía:Para nosotros, los prisioneros son hombres indefensos, por eso nos creemos con el deber moral de velar por su salud…” (no es necesario seguir copiando, ¿no creen?) y podemos leer un titular de noticia aparecida en un periódico de la época que dice:En el campo de concentración de Deusto se improvisó un taller que en diez días ha construido millares de juguetesy lleva un subtítulo, todavía más surrealista:Un delicado obsequio de los prisioneros de guerra a carmencito Franco, hija del Caudillo.

Por el contrario éste es parte del relato de uno de los prisioneros de Deusto: “Había tanta cola en los váteres que apenas llegabas a tiempo para hacer tus necesidades. Si no llegabas a tiempo las hacías en una lata que te daban al llegar, que hacía la función de plato. Eran unas latas redondas de sardinas. Si no podías aguantar, cuando llegabas al váter, limpiabas la lata y esa misma servía después para el almuerzo. Eso, en realidad, no era nada. La gente se arrojaba desde la cuarta planta para matarse…” En una carta fechada el 17 de diciembre de 1937, podemos leer: “Esta madrugada van a ejecutar a los coroneles Azcárate e Irezábal, a Lafuente, a Arenillas y a otros diez más. Con estos catorce, la suma de los ejecutados esta semana es de 131. () Para la semana que viene se anuncian 200 ejecuciones más (todos los oficiales milicianos, médicos y los oficiales de servicios auxiliares del ejército de Euskadi”.

Brevísimas pinceladas de dos libros que cuentan historias paralelas en el tiempo; en lugares geográficos distanciados por miles de kilómetros, pero igual de bárbaras, igual de desalentadoras y difícilmente imaginables desde la cordura, desde el respeto, desde los fundamentos de la evolución humana… ¡Parece mentira que pueda existir tanta crueldad, tanto menosprecio por la vida, tanta brutalidad anidando en el corazón de quienes se autodenominan seres humanos!

07/01/2012 11:03 gurrion #. sin tema

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gravatar.comAutor: Anny

Hola Mariano
Por fin tengo un poco tiempo para leer tu blog. Dos libros muy interesantes pero como dices no muy confortantes. En particular el segundo libro se trata de un tema que todavía en España no es evidente para publicar o poner de manifiesto de manera tan detallada. Pero la verdad tiene derecho de ser conocida. Uno puede siempre esperar que las crueldades de la historia nos aprenderán algo, aunque no tengo tanto confianza en qué eso pasará de verdad..
Indudablemente siempre faltarán adjetivos para calificar la crueldad de lo que se ha pasado en los campos de concentración en ambos guerras, tanto en la “vuestra” como en la “nuestra”, consecutivas en el tiempo pero de hecho estrechamente entrelazadas.Basta con leer sobre la trágica suerte de miles de españoles republicanos hechos prisoneros por los nazis en Francia y enviados a varios campos de concentraciones en Alemania, Polonia y Austria. Entre otros, el libro de Mariano Constante, originario de Riglos, presenta el relato impresionante de su estancia en el campo de Mauthausen cerca de Vienna (Los años rojos, holocausto de los españoles). Sin embargo, el período 1936-1945 no fue el estreno de estas prácticas horrorosas. Parece que ya las “inventan” en el siglo diecinueve durante la sublevación en Cuba y luego en la guerra de Filipinas y la de los Anglo-Boers en Sudafrica cuando encerraron las familias de los guerreros en campos para quebrar su moral. Pero necesitaba las fantasias más morbosas, obscuras y torcidas de unas cuantas personas más para llegar hasta lo que ha pasado en los campos «modernos» del siglo veinte. Como dices, visitar estos lugares donde se ubicaban campos produce fuertes sentimientos. En mi caso, las visitas a los sitios alemanes de Bergen-Belsen (cerca de Hannover) y de Dachau (cerca de Munich) me quedaban con un sentimiento de perplejidad y de tristeza. Uno puede preguntarse como personas que han sobrevivido estas atrocidades pueden volver a una vida «normal» y continuar a creer en el humano de los «humanos», eso me parece casi imposible. No todos pueden opinar como lo hace la chica judía Anne Frank que a escondite con su familia en Amsterdam para evitar de ser llevada a los campos. Ella, que bien conoce la atrocidad de los Nazis y lo que estan haciendo, escribe en su famoso diario que esta convencida que a pesar de todo, en cada persona aunque cruel, queda algo de bien..Puede ser, pero si este bien nunca sale a poco sirve..
Anny

Fecha: 15/01/2012 13:50.


Autor: Mariano

Hola, Anny:
Esa pregunta que deslizas en tu comentario, me la hago yo muchas veces cuando leo relatos de personas que vivieron los horrores de los campos o que fueron protagonistas de episodios de torturas salvajes o soportaron otras violencias que acabaron con la vida de algunos miembros de sus familias. ¿De dónde sacan la fuerza y las convicciones serenas para seguir viviendo, después de esas experiencias en el límite de la vida o de la dignidad humana, pisoteada y destrozada por sus verdugos? Pero la historia del ser “inhumano” está llena, llena de barbaridades, de atrocidades cometidas contra sus semejantes… Poco que añadir a tu certero comentario. Un abrazo.

Fecha: 15/01/2012 22:32.


Autor: Mariano

“De secretaria de Pablo Neruda al campo de exterminio nazi”. Así viene titulada una noticia en la edición del viernes, 13 de enero del Heraldo de Aragón. En ella se nos informa de que la editorial Renacimiento publica las memorias de Mercedes Núñez Targa quien, durante los años de la República, fue secretaria de Pablo Neruda., con el título de “Destinada al crematorio”. Detenida en 1939 por la policía franquista ingresó en la cárcel de Ventas, con 12 años de condena. Excarcelada por un error huyó a Francia y allí pasó varios meses en el campo de concentración de Argelès. Se incorporó a la resistencia francesa y acabó en el campo de concentración de Ravensbrück. Fue liberada el 14 de abril de 1945 por tropas norteamericanas y reseñó aquel encuentro liberador con estas palabras: “Los soldados americanos nos dan la mano. Algunos, viendo nuestra increíble miseria física, lloran”.

Fecha: 16/01/2012 00:16.


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